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Belisario Betancur , un legado empañado por el dolor y la tragedia

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EP New York/ agencias

Conocido como el presidente que lidió con las dos tragedias más impactantes de la historia de Colombia , el desastre de Armero y la toma del Palacio de Justicia,  y el iniciador del primer proceso de paz , Belisario Betancur , falleció éste viernes en Bogotá a la edad de 95 años. El expresidente conservador había sido internado en una clínica por complicaciones renales. 

Belisario Betancur Cuartas , quien gobernó al país entre 1982 y 1986, en uno de los periodos más complejos de la historia de Colombia fue un destacado Poeta, intelectual, contertulio, humanista, filántropo, pero sobre todo político y líder del Partido Conservador , reseña la revista Semana de Bogotá.

Además de lidiar con los violentos hechos de una época marcada por los capos de la droga  , Betancur tuvo que afrontar la furia de la naturaleza. En la Semana Santa de 1983 un terremoto dejó casi destruida Popayán y otras poblaciones vecinas: hubo más de 300 muertos y más de 10.000 familias damnificadas. Una dura prueba para un Estado que no sabía nada de prevención ni atención de este tipo de desastres.

Toma del Palacio de Justicia

Luego , para noviembre de 1985 fue la peor semana en la vida de Betancur. El 6 de noviembre, un comando armado del M-19 se tomó el Palacio de Justicia en Bogotá para hacerle un juicio sumario por no haber cumplido lo acordado en el proceso de paz. Tanto la toma, como la retoma por parte de las Fuerzas Militares; junto a los 98 muertos y desaparecidos que dejó este hecho, lo persiguieron hasta su muerte, incluida la sombra de ir a juicio.

Armero: crónica de un desastre anunciado

Cuando Colombia apenas se reponía de las retaliaciones de los narcotraficantes en cabeza de Pablo Escobar , llega la tragedia anunciada de Armero. El 13 de noviembre de 1985, la erupción del Nevado del Ruíz borró Armero y dejó bajó tierra a más de 22.000 personas. Lo ocurrido es algo que el país conoce a profundidad.

A Betancur también se le recuerda porque fue el presidente que renunció a ser la sede del Mundial de Fútbol de 1986, porque el país no tenía la capacidad económica para realizarlo. También por extender el Impuesto al Valor Agregado (IVA) a la población. A pesar de los tiempos que le tocaron, Betancur trató de hacer un gobierno en favor de los pobres y cercano al pueblo, apunta la revista Semana.

son algunas de las muchas palabras que podrían definir a este hombre nacido en un humilde hogar campesino de Amagá (Antioquia).

La muerte del político fue confirmada por el mandatario Iván Duque, quien indicó en su cuenta de Twitter que el legado de Betancur en la política, en la historia y en la cultura es un “ejemplo para todas las generaciones futuras”.

Varios políticos y otras figuras de la vida colombiana expresaron a través de las redes sociales sus condolencias y dedicaron palabras de elogio y reconocimiento a quien fuera el artífice del proceso de paz con algunos grupos rebeldes.

“Todo honor y toda gloria al Presidente Belisario Betancur. Gran patriota, gran amigo y gran ejemplo de entereza, honestidad y humildad”, dijo en su cuenta de Twitter el exmandatario Juan Manuel Santos al lamentar el fallecimiento del político.

Betancur fue el primer colombiano de origen humilde en llegar a la presidencia de Colombia en 1982, un cargo ostentado exclusivamente hasta entonces por miembros de las élites colombianas.

El político, que era hijo de campesinos que vivían en pobreza extrema en el estado occidental de Antioquia, ascendió a la cima del poder casi cuatro décadas después de comenzar su carrera política en 1945, como militante del Partido Conservador. Con la ayuda de becas se graduó de abogado y economista, además se desempeñó como escritor, periodista y poeta.

Al expresidente le tocó gobernar en un espacio de tiempo considerado entre los más oscuros y violentos de la historia de Colombia.

Su llegada a la presidencia provocó una oleada de entusiasmo tras prometer que durante su mandato de cuatro años buscaría la paz con la guerrilla con el fin de librar a los colombianos de un conflicto armado que hasta la actualidad ha dejado más 250.000 muertos y millones de desplazados durante más de 50 años.

Su intento de hacer las paces con la guerrilla no se demoró. A apenas tomó posesión el 7 de agosto de 1982 llevó adelante esa iniciativa, desafiando incluso a los miembros de su propio partido.

El proceso de paz fue vigoroso y no tardó en rendir frutos. Al menos por un instante parecía que la paz finalmente llegaría a Colombia cuando logró en 1983 un acuerdo con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), la mayor y más antigua guerrilla del país.

El acuerdo de paz, empero, se truncó rápidamente luego de que los miembros de la Unión Patriótica –un incipiente partido encabezado por las FARC– acabaran siendo víctimas de actos de exterminio en los cuales fallecieron unos 4.000 de sus integrantes. Las muertes de activistas de izquierda, incluidos alcaldes y congresistas, durante esa ola de terror fueron atribuidas a militares y paramilitares de extrema derecha.

El Movimiento 19 de Abril (M-19), una guerrilla izquierdista de inspiración cubana y fundada por estudiantes universitarios, acusó a Betancur de “traición” por el fracaso del acuerdo de paz y el 6 de noviembre de 1985 asaltaron el Palacio de Justicia para exigir que se celebrase un juicio revolucionario en contra del mandatario en el cual magistrados del máximo tribunal actuarían como jueces.

Betancur dejó en manos de los militares retomar el control del Palacio en una fiera batalla con unos 50 guerrilleros.

El palacio fue incendiado y quedó en ruinas con un saldo de más de 100 muertos, incluidos los rebeldes, y 11 de los 24 magistrados de La Corte Suprema. Otras 11 personas, muchos de ellos trabajadores de la cafetería, desaparecieron. Años más tarde las autoridades descubrirían que algunos de los rebeldes y presuntos simpatizantes civiles fueron sacados vivos del edificio y posteriormente asesinados porque fueron testigos de tácticas de mano dura por parte de los militares cuando retomaron el edificio.

Las acciones de Betancur durante el asedio fueron cuestionadas, incluida su negativa a recibir una llamada telefónica del presidente de la Corte pidiendo negociaciones, así como por una orden del gobierno que obligó a las redes de televisión a interrumpir la cobertura del enfrentamiento y emitir un partido de fútbol.

Abatido por el rotundo fracaso de su iniciativa de paz y el sufrimiento generado por la erupción del Nevado del Ruiz, la mayor tragedia natural de la historia de Colombia, enfrentó que algunos pensaran que lo sucedido pudo atenuarse con una oportuna evacuación de la ciudad,

Betancur finalizó su gobierno el 7 de agosto de 1986 y su legado quedó empañado para siempre.

Durante años sostuvo que había perdido el control del asedio del palacio. El expresidente fue absuelto de irregularidades por una investigación del Congreso en ese momento.

El exgobernante se mantuvo al margen de la política, algo inusual entre los exmandatario colombianos, pero rompió su silencio en 2015, mostrando remordimiento por su acción cuando el entonces presidente Juan Manuel Santos estaba negociando con las FARC otro acuerdo de paz.

“Si errores cometí, pido perdón”, dijo.

Tras el fin de su gobierno, Betancur se dedicó a las labores culturales, las cuales le valieron numerosos reconocimientos, entre las que se incluyen doctorados Honoris Causa en Humanidades de las universidades estadounidenses de Colorado y Georgetown.

El exmandatario donó su biblioteca de 22.000 ejemplares a la Universidad Pontificia Bolivariana de Medellín en donde se graduó de abogado y economista.

 

Agencias

9/11 , 20 años después del dolor

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EP New York/ 9/11

Nueva York, una ciudad herida pero cambiada 20 años después del 11S

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23 fallecidos deja hasta el momento la tormenta ‘Ida’ en el área tri-estatal

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EP New York/Tormenta Ida

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Talibanes celebran salida estadounidense de Afganistan y toman control de Kabul

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EP Newyork/Afganistan

Durante la evacuación, las fuerzas estadounidenses ayudaron a trasladar a unos 120.000 ciudadanos estadounidenses, afganos y de otros países, según la Casa Blanca

El Talibán proclama su victoria en Kabul y promete seguridad
KABUL — El Talibán hizo un recorrido triunfal el martes por el aeropuerto internacional de Kabul, horas después de la retirada de tropas que puso fin a la guerra más larga de Estados Unidos. De pie en la pista, líderes del grupo prometieron asegurar el país, reabrir el aeropuerto y dar una amnistía a sus antiguos rivales.

En una demostración de control, líderes talibanes caminaron por la pista escoltados por miembros de la unidad de élite Badri. Los comandos posaron con orgullo para la prensa vestidos con uniformes de camuflaje.

Poner el aeropuerto de nuevo en funcionamiento es uno de los considerables desafíos que afronta el Talibán para gobernar un país de 38 millones de habitantes que durante dos décadas sobrevivió con miles de millones de dólares en ayuda extranjera.

“Afganistán es libre por fin”, dijo a The Associated Press en la pista del aeropuerto Hekmatula Wasiq, un líder talibán. “El lado militar y el civil (del aeropuerto) están con nosotros y bajo control. Esperamos anunciar nuestro gobierno. Todo es pacífico. Todo es seguro”.

Wasiq instó a la gente a regresar al trabajo y reiteró la promesa talibán de ofrecer una amnistía general. “El pueblo debe ser paciente”, dijo. “Poco a poco devolveremos todo a la normalidad. Llevará tiempo”.

Un miembro destacado de la oficina política del Talibán felicitó a los afganos por su “gran victoria” al lograr la “plena independencia del país” con la salida de las fuerzas estadounidenses.

Shahabuddin Delawar habló ante un centenar de personas, aparentemente todos hombres, en un evento en Kabul transmitido por la televisión estatal. Delawar fustigó al enemigo —las fuerzas de Estados Unidos y la OTAN— y acusó a Occidente de difundir propaganda para socavar al Talibán.

“Pronto se verá el progreso” de la nación. La imagen en la TV estatal aparecía con el subtítulo “Celebración del Día de la Independencia y el fin de la invasión estadounidense de Afganistán”.

Apenas unas horas antes, el Ejército estadounidense completó su mayor evacuación aérea de personas no combatientes en la historia.

El martes por la mañana aún quedaban signos del caos registrado en los últimos días. En la terminal se veían maletas y ropas tiradas entre montones de documentos. Había alambres de cuchillas para separar zonas y autos volcados y vehículos estacionados bloqueaban rutas en torno al aeropuerto civil, un indicio de las medidas tomadas para proteger contra posibles ataques suicidas con vehículos.

Varios vehículos con combatientes talibanes recorrían la única pista del Aeropuerto Internacional Hamid Karzai, en la zona militar al norte del aeropuerto. Antes del amanecer, combatientes fuertemente armados caminaban por los hangares de la zona militar entre algunos de los siete helicópteros CH-46 que utilizó el Departamento de Estado en sus evacuaciones antes de inutilizarlos.

El vocero del grupo, Zabihula Muyahid, se dirigió a los miembros presentes de la unidad Badri. “Confío en que sean muy prudentes al tratar con el país”, dijo. “Nuestro país ha sufrido guerra e invasión y el pueblo no tiene más tolerancia”.

Tras su intervención, los combatientes exclamaron: “¡Dios es el más grande!”.

En otra entrevista con la televisora estatal afgana, Muyahid habló sobre reanudar la actividad en el aeropuerto, que sigue siendo una vía crucial para los que quieren salir del país.

“Nuestro equipo técnico comprobará las necesidades técnicas y logísticas del aeropuerto”, dijo. “Si podemos arreglarlo todo por nuestra cuenta, no necesitaremos ayuda. Si hace falta ayuda técnica o logística para reparar la destrucción, entonces pediremos ayuda a Qatar o Turquía”.

El vocero no entró en detalles sobre qué estaba destruido.

El general de la Infantería de Marina Frank McKenzie, responsable del Comando Central del Ejército de Estados Unidos, había dicho antes que las tropas habían “desmilitarizado” el sistema para que no pudiera volver a utilizarse. Las autoridades dijeron que las tropas no habían volado equipamiento para asegurar que el aeropuerto podía utilizarse para operar vuelos en el futuro. Además, McKenzie señaló que las tropas estadounidenses habían inutilizado 27 camionetas Humvee y 73 aeronaves.

En el aeropuerto se produjeron escenas dramáticas después de que los Talibanes conquistaran Afganistán en una ofensiva relámpago y tomaran Kabul el 15 de agosto. Miles de afganos rodearon el aeropuerto, y algunos murieron tras aferrarse con desesperación al lateral de un avión de transporte C-17 del Ejército estadounidense que despegaba. La semana pasada murieron al menos 169 afganos y 13 militares de Estados Unidos en un ataque suicida del grupo extremista Estado Islámico en una puerta del aeropuerto.

Durante la evacuación, las fuerzas estadounidenses ayudaron a trasladar a unos 120.000 ciudadanos estadounidenses, afganos y de otros países, según la Casa Blanca. Las fuerzas de la coalición también evacuaron a sus ciudadanos y a más afganos. Pero pese a todos los que salieron, Estados Unidos y otros países admitieron que no habían evacuado a todos los que querían marcharse.

Pero el martes, tras una noche en la que combatientes talibanes dispararon al aire en señal de triunfo, nuevos guardias mantenían alejados a los curiosos y a los que de algún modo aún aspiraban a tomar un vuelo para marcharse.

“Después de 20 años hemos derrotado a los estadounidenses”, dijo Mohammad Islam, un guardia talibán en el aeropuerto, procedente de la provincia de Logar y que sostenía un rifle Kalashnikov. “Se han marchado y ahora nuestro país es libre”.

“Está claro lo que queremos”, añadió. “Queremos sharía (ley islámica), paz y estabilidad”.

Zalmay Khalilzad, el representante especial de Estados Unidos en Afganistán que supervisó las conversaciones de Estados Unidos con el Talibán, escribió en Twitter que “los afganos afrontan un momento de decisión y oportunidad” tras la retirada.

“El futuro del país está en sus manos. Elegirán su camino con plena soberanía”, escribió. “Esta es la oportunidad de poner fin a su guerra también”.

Pero el Talibán afronta lo que podría ser una sucesión de grandes crisis mientras toma el control del país. La mayoría de los miles de millones de dólares que tiene Afganistán en divisas extranjeras están ahora congelados en Estados Unidos, lo que presiona a una moneda local en franca caída. Los bancos han impuesto controles a la retirada de dinero por temor a una fuga de depósitos en el clima de incertidumbre. Funcionarios de todo el país dicen que llevan meses sin recibir sus salarios.

El equipo médico sigue escaseando y miles de personas que huyeron del avance talibán viven en condiciones penosas. Además, una fuerte sequía ha reducido la producción de alimentos en el país y hecho aún más importantes las importaciones, al tiempo que aumenta el riesgo de hambruna.

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Akhgar informó desde Estambul. El periodista de Associated Press Jon Gambrell en Dubái, Emiratos Árabes Unidos, contribuyó a este despacho.

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