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Organización “Buffett” remplazará cultivos de coca por cacao en Colombia

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EP New York/agencias

TIBU, Colombia/ Protegido por francotiradores del Ejército colombiano, Howard Buffett bajó de un helicóptero y caminó por la hierba húmeda con unas botas con puntera de metal mordisqueadas por su perro.

Bajo una choza con tejado de hojalata esperaba un pequeño grupo de campesinos cocaleros. Nunca habían oído hablar del multimillonario inversionista Warren Buffett, pero después de décadas viéndose ignorados por su propio gobierno, agradecían la mano tendida del hijo mayor de Buffett, al que se referían simplemente como “el gringo”.

“Hay un dicho aquí. Entre menos se sabe, mejor”, dijo Rubén Morantes, con la piel curtida y las manos encallecidas por una vida de trabajo en el campo en uno de los territorios más peligrosos de Colombia, donde se desconfía de los forasteros.

Buffett lleva casi dos décadas recorriendo el mundo para dedicar parte de la fortuna de su padre a fomentar la seguridad alimentaria, mitigar conflictos y fomentar la seguridad pública. Pero su última apuesta es una de las más arriesgadas que ha hecho: ayudar a Colombia a librarse de la maldición de la cocaína.

Se ha centrado en Tibu, corazón de la remota y anárquica región de Catatumbo en la frontera de Venezuela, a donde Buffett acompañó al presidente, Iván Duque.

Tibu tiene la segunda mayor producción de coca de toda Colombia, con 11.400 hectáreas (28.200 acres) de cultivos, según Naciones Unidas.

La producción de droga y la violencia se han disparado en la zona desde que grupos armados llenaron el vacío dejado por los rebeldes cuando estos se retiraron tras firmar un acuerdo de paz con el gobierno en 2016.

La Fundación Howard G. Buffett se ha comprometido a gastar 200 millones de dólares en los próximos años para transformar la empobrecida región en un modelo de construcción de estado. Los planes incluyen reforzar a las fuerzas de seguridad y ayudar a los campesinos a conseguir títulos sobre las tierras y a sustituir la coca, la materia prima de la cocaína, por cultivos legales como el cacao.

La primera fase requiere construir 300 kilómetros (185 millas) de carreteras para comunicar por primera vez a los 37.000 habitantes de la zona con los mercados nacionales e internacionales. Es un desafío complicado por las guerrillas que acechan en la zona, y que el año pasado mataron a cinco personas e hirieron a varias detonando una bomba casera cuando ingenieros del Ejército trabajaban en la carretera.

“La única forma en la que tenemos confianza en que los productores pueden plantar cultivos legales es que puedan llevar esos cultivos al mercado”, dijo Buffett a los agricultores durante una visita el mes pasado con Duque a La Gabarra, un puesto avanzado rural en Tibu. Era la primera vez que un presidente colombiano visitaba el poblado, golpeado por la violencia.

El plan contempla subsidios y formación para los campesinos conforme cambien de cultivos, además de ayudarles a encontrar compradores. También aspira a reforzar la infraestructura de las fuerzas de seguridad locales.

Pero algunos expertos temen que el entusiasmo de Buffett por acelerar el desarrollo de Colombia no sea rival para la arraigada corrupción en zonas rurales que se gestionan como feudos políticos. También está el desafío planteado por miles de inmigrantes venezolanos sin raíces en la zona, y que son blanco de reclutamiento para pandillas criminales.

Mucho depende de la inversión de Buffett.

Desde el inicio del Plan Colombia liderado por Estados Unidos hace dos décadas, no se habían concentrado tantos recursos en una sola zona geográfica del país, señaló Álvaro Balcázar, que ayudó al gobierno a negociar con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) la sección del acuerdo de paz relativa a los cultivos ilegales.

“No hay antecedentes privados de ese tamaño”, comentó. “Pero la región es estratégica para la construcción de paz en Colombia”.

Como su padre, Buffett, de 65 años, tiene una reputación de sentido del humor sencillo y maneras rústicas del centro-norte de Estados Unidos. Aunque dejó los estudios universitarios en tres ocasiones, su padre quiere que le suceda como presidente no ejecutivo de Berkshire Hathaway, el conglomerado de 550.000 millones de dólares propietario de empresas como Duracell, Dairy Queen y la aseguradora GEICO, además de grandes participaciones en importantes bancos y aerolíneas estadounidenses.

Pero ha pasado buena parte de su vida adulta recorriendo el mundo, tomando fotografías de naturaleza y escribiendo libros. También tiene una plantación de maíz, y en 2017 acaparó titulares por servir como jefe de policía de Macon County, Illinois, donde vive y tiene la sede su fundación.

Comenzó a explorar el mundo de adolescente con un viaje a la Praga soviética en 1969 para visitar a uno de los muchos estudiantes de intercambio que su madre recibía en la casa familiar en Omaha, Nebraska. Pero su amor por los viajes no se ha visto acompañado por curiosidad culinaria: en Catatumbo llevaba una bolsa térmica azul para comida con su sándwich de mantequilla de maní y mermelada y una lata de Dr. Pepper.

Como filántropo, su prioridad ahora es ayudar a Colombia y El Salvador, cuya lucha contra el narcotráfico tiene un impacto directo en Estados Unidos. Entre los dos países ya ha gastado o comprometido un total de 310 millones de dólares, lo que incluye financiar un nuevo centro de policía forense en El Salvador y un sistema moderno para ayudar a la fiscalía del país a seguir la pista de las investigaciones penales.

Como policía voluntario, que el año pasado hizo 678 horas de patrulla, Buffett ha visto de primera mano el coste humano de la drogadicción. Unas pocas semanas antes de viajar a Colombia, un compañero y él montaban guardia a la 1 de la madrugada ante un motel en Decatur, Illinois, cuando detuvieron a un hombre por posesión de crack. Con él había una mujer que dijo tener problemas con las drogas, de modo que Buffett le pagó dos noches de alojamiento en el lugar. Después le ofreció acudir a un centro de rehabilitación en el condado pagado por una donación de la Buffett Foundation con la esperanza de que encontrara ayuda.

Estas personas necesitan nuestra ayuda”, dijo. “No son delincuentes”.

Tras años centrado en África, y especialmente en Ruanda, donde trabaja con el gobierno para impulsar agricultura sostenible, ha dirigido su atención a América Latina. En la década de 1990 pasó tanto tiempo en su granja de Sudáfrica que obtuvo la residencia permanente.

Buffett comenzó a trabajar en Colombia en 2008 ayudando a la estrella del pop Shakira a abrir escuelas en su ciudad natal, Barranquilla. También financió una unidad del Ejército que retira miles de minas colocadas en antiguas zonas de conflicto. Aprovechando sus contactos empresariales, creó un programa para ayudar a unas 100 familias en el sur de Colombia a dejar de cultivar coca para producir café de gran calidad para Nespresso.

Aunque es un gran defensor del acuerdo de paz de 2016, tiene una relación estrecha con Duque, un conservador preocupado por la seguridad y que llegó al cargo criticando el acuerdo.

Duque ha prometido reducir a la mitad la producción de cocaína en el país para final de 2023.

La producción de droga se disparó después de que su predecesor, el premio Nobel de la Paz Juan Manuel Santos, detuviera la erradicación aérea en 2015 debido a las preocupaciones sobre el efecto en la salud de los herbicidas que utilizaba el programa.

Pero alcanzar ese objetivo requiere enormes recursos que el gobierno no tiene, además de superar la indiferencia de votantes urbanos que viven al margen del conflicto y tienen otras prioridades.

Ahí es donde entra Buffett.

Los 200 millones de dólares prometidos por Buffett para Tibu son más del triple de lo que ha gastado el gobierno durante dos años en obra pública en 170 municipios de riesgo, dentro de un plan de rescate y desarrollo rural contemplado por el acuerdo de paz. La Agencia estadounidense de Desarrollo Internacional gasta 230 millones de dólares al año en Colombia, aunque sus proyectos están repartidos por todo el país.

Además del dinero, los socios antiguos de la Fundación Buffett elogian su labor por su independencia y agilidad. Obtiene su dinero de una donación anual de Warren Buffett en acciones de Berkshire Hathaway, de modo que puede correr riesgos que pocos se atreven a tomar, según expertos en desarrollo.

“Rendimos cuentas principalmente a la Hacienda estadounidense”, bromeó Buffett, que ve los reveses como un inversor de capital riesgo que sabe que debe pasar por las vacas flacas antes de tener un gran éxito.

“Si eres una organización benéfica y tienes tu gala anual para recaudar mucho dinero, no puedes salir ahí y decirle a la gente que tuviste estos cinco fracasos y este éxito. La gente no va a firmar los cheques”, dijo. “Nosotros podemos tomar una decisión en cinco minutos si sabemos lo que queremos hacer”.

Es escéptico con el gobierno de Estados Unidos y Naciones Unidas, y prefiere no trabajar con ninguno de los dos.

“El motivo es que no podemos depender de ellos”, afirmó Buffett, que dijo haber salido perjudicado por la institución humanitaria estadounidense USAID en 2011, cuando la organización abandonó un programa conjunto valorado en 10 millones de dólares para proporcionar semillas a hambrientos campesinos en Sudán del Sur, justo cuando se desató la violencia en el estado independiente más joven del mundo.

“Las balas empezaron a volar y se fueron. Pero es que, estás en Sudán del Sur, por supuesto que van a volar balas”, dijo.

Su fundación, en cambio, trabaja con socios conocidos por ofrecer resultados rápidos con pocos gastos estructurales, una combinación que según dijo es difícil encontrar entre los “bandidos periféricos” que se benefician de las ayudas de Estados Unidos en el extranjero. Un grupo que le acompañaba a Catatumbo era Mercy Corps, con sede en Portland, Oregon, y que ayuda a los granjeros a lidiar con el laberinto burocrático colombiano para obtener títulos de sus tierras.

En un reconocimiento a la reputación de sentido común de su padre, Buffett suele pedir consejo al hombre apodado como “oráculo de Omaha”.

“Es mi tabla de resonancia, como mi conciencia en cierto modo”, dijo Buffett. “Pero él nunca pregunta, ‘¿Por qué haces eso?’ ni ‘¿Por qué corres ese riesgo?’”.

En Tibu, tras hacer algunas bromas y plantar un árbol de cacao, se le veía entusiasmado mientras la comitiva presidencial se apresuraba a marcharse cuando una densa niebla amenazaba con dejarlos en medio de ninguna parte.

“Sé que Emilio está muy preocupado por marcharse”, dijo Buffett a los granjeros a través de un traductor, refiriéndose al asesor posconflicto de Duque, Emilio Archila. “Pero yo no, porque aquí hay un montón de chocolate”.

(Con información de AP)

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Joshua Goodman está en Twitter como: https://twitter.com/APjoshgoodman

 

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jefe de la misión de observación electoral de la Unión Europea en Colombia, calificó el proceso electoral de “ordenado, tranquilo, transparente y fluido”.

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EP FLORIDA NEWS | ELECCIONES COLOMBIA 2026

Las reñidas elecciones presidenciales de Colombia del domingo se encaminan a una segunda vuelta, con el avance de un candidato de extrema derecha, lo que podría anunciar una nueva victoria electoral de la ola de derecha que se está extendiendo por toda América Latina, según mostraron los resultados oficiales preliminares.

El candidato, Abelardo de la Espriella, se enfrentará ahora a Iván Cepeda, senador del partido de izquierda del presidente saliente del país, Gustavo Petro.

De la Espriella, cuyo ascenso se produjo a finales de la campaña, se asemeja a un nuevo tipo de líderes populistas llamativos de América Latina, como el salvadoreño Nayib Bukele, quien comparte el enfoque de línea dura del presidente Donald Trump frente a la delincuencia y ha prometido aplicarlo a los narcotraficantes.

Con más del 99 por ciento de los votos escrutados, los resultados publicados por el registro civil nacional revelaron un electorado dividido en dos. De la Espriella obtuvo el 44,73 por ciento de los votos y Cepeda el 40,91 por ciento. Como ninguno de los candidatos obtuvo más del 50 por ciento, se celebrará una segunda vuelta el 21 de junio.

El domingo por la noche, Petro cuestionó los resultados preliminares y dijo que no los aceptaría hasta que se completara el recuento oficial de votos. Cepeda, veterano defensor de los derechos humanos, obtuvo el apoyo de la amplia base del proyecto político de Petro, que ha intentado representar a las poblaciones pobres y marginadas que por mucho tiempo han quedado fuera de los salones del poder. Petro estaba limitado a un solo mandato presidencial.

El inesperado ascenso de De la Espriella desbarató lo que la clase política colombiana había creído que sería una victoria fácil para ellos frente a Cepeda. Paloma Valencia, senadora conservadora que contaba con el apoyo de algunos de los políticos más poderosos del país, solo obtuvo el domingo el 6,84 por ciento de los votos.

Los expertos afirman que los resultados son una sorprendente reprimenda a la clase dirigente conservadora que ha gobernado en gran medida Colombia, un país sudamericano diverso de 54 millones de habitantes, desde su independencia hace más de 200 años. Petro fue el primer dirigente político de izquierda de Colombia.

“Es la primera vez que el país se divide entre un bloque de izquierda y otro de derecha”, dijo María Jimena Duzán, destacada periodista de investigación y comentarista política colombiana. Con la elección del próximo líder de Colombia aún en el aire, se esperaba que los funcionarios de Washington siguieran de cerca la próxima ronda de votaciones.

El gobierno de Trump se ha esforzado por impulsar la ola de derecha en América Latina mientras busca aliados para su agresiva lucha contra los narcotraficantes.

De la Espriella, de 47 años, abogado que nunca ha ocupado un cargo público, subió en las encuestas en la recta final de la campaña presentándose como un <outsider< antisistema y avivando el temor a que la izquierda convierta a Colombia en Venezuela, el fallido Estado autoritario vecino.

También aprovechó la preocupación generalizada por la seguridad, prometiendo acabar con los grupos armados y las bandas que, según muchos colombianos, han hecho de la extorsión una parte real de sus vidas. En un aparente guiño al sistema penitenciario
de Bukele en El Salvador, De la Espriella prometió construir 10 prisiones de máxima seguridad en la selva.

Cepeda, de 63 años, es un firme aliado de Petro, quien se presentó con una plataforma de continuidad y la promesa de defender a las víctimas de los conflictos armados del país, así como a los pobres. Aunque los expertos dicen que Cepeda se benefició de la sólida base de la izquierda —y de un reciente y considerable aumento del salario mínimo—, no estaba claro si su personalidad reservada y sus discursos centrados en la política atraerían a los votantes como lo hizo la presencia galvanizadora de Petro.

“Petro abrió el camino para que alguien no carismático, como él, sino con una figura más profunda, pueda llegar”, dijo Eduardo Ayala, politólogo que asistió a un mitin de Cepeda en la capital, Bogotá.

Muchos de los partidarios de De la Espriella se hicieron eco de la afirmación de su candidato de que Cepeda sería más radical que Petro. “Sería un desastre”, dijo Klaudia Rincón, profesora de matemáticas de octavo grado en Barranquilla, la ciudad caribeña costera donde De la Espriella depositó su voto, mientras se dirigía a las urnas. “Comunismo total”.

Votantes, comentaristas y analistas coincidieron en que las elecciones no habían sido como ninguna otra que se recuerde.

La campaña de De la Espriella combinó el populismo a la antigua usanza con nuevas artimañas, como videos generados por inteligencia artificial que mostraban con realismo a sus rivales políticos conspirando contra él. Para eludir una norma que prohíbe llevar ropa de campaña a las urnas, se pidió a sus partidarios que vistieran la camiseta amarillo canario de la selección nacional de fútbol de Colombia.

Muchos votantes dijeron el domingo que, a pesar de la grandilocuencia de De la Espriella, les tranquilizaba su compañero de fórmula, José Manuel Restrepo, un experimentado economista que fue ministro de Hacienda del anterior presidente conservador, Iván Duque.

El voto de la derecha, que se dividió entre De la Espriella y Valencia, podría consolidarse en torno al candidato de extrema derecha en la segunda vuelta. Los expertos dijeron que los votantes centristas podrían inclinarse hacia la izquierda en la segunda vuelta, pero que Cepeda tendría que asegurarles que no nacionalizará industrias ni adoptará medidas de extrema izquierda que afecten a la economía.

Se enfrenta a una ardua batalla, no solo por el sentimiento antiizquierdista, sino por la decepción que existe en muchos sectores con Petro, cuyo mandato estuvo marcado por escándalos personales y gubernamentales y por un gasto desbocado que dejó una deuda de niveles propios de la era de la pandemia, dijeron los economistas.

En contienda con De la Espriella, se enfrenta a una figura llamativa que cautivó a un amplio número de seguidores con discursos virtuosos pronunciados desde una caja blindada, una mascota tigre y un eslogan pegadizo: “¡Firme por la Patria!”.

El espectáculo pareció eclipsar, para muchos, su falta de experiencia.

“Me parece que es un tipo inteligente”, dijo Silvia García, de 67 años, intérprete jubilada de conferencias internacionales, quien votó por el candidato en Barranquilla y predijo que construiría un gabinete fuerte.

Muchos votantes parecieron pasar por alto las controversias que han perseguido a De la Espriella a lo largo de su carrera, incluido el escrutinio sobre su relación con clientes colombianos de mala reputación en la opinión pública, como Alex Saab, aliado cercano del exdirigente venezolano, quien ha sido extraditado a Estados Unidos.

“Es como un doctor que va a curar o sanar a un delincuente, a un guerrillero, un paramilitar”, dijo Fabián Campos, un votante de Bogotá, sobre la carrera judicial de De la Espriella. “Si toca, pues prestarle los servicios”.

La participación fue alta el día de las elecciones, y los observadores internacionales dijeron que no había habido grandes problemas a pesar de las predicciones de fraude por ambas partes, y de las amenazas y ataques violentos durante la campaña, incluido el tiroteo mortal contra dos trabajadores de la campaña de De la Espriella.

Esteban González Pons, jefe de la misión de observación electoral de la Unión Europea en Colombia, calificó el proceso electoral de “ordenado, tranquilo, transparente y fluido”.

Hubo una participación inusualmente alta entre los colombianos residentes en el extranjero, y la mayoría de los electores en Estados Unidos votaron por De la Espriella, según mostraron los resultados. En el condado de Miami-Dade, Florida, los votantes habían hecho fila desde hacía días ante el consulado, muchos de ellos con camisetas amarillas y gritando los lemas de su campaña.

En muchos sentidos, la votación fue un referendo sobre el legado del presidente saliente, Petro.

El mandato de Petro se definió tanto por la representación histórica de las comunidades indígenas, afrocolombianas y LGBTQ como por una agenda legislativa estancada, discursos públicos digresivos y una relación inestable con Trump.

William Pineda, camionero de carga de las afueras de Bogotá, dijo que veía a Cepeda como la siguiente fase de un proyecto que, por primera vez en la historia del país, estaba del lado de los pobres y vulnerables.

Pineda dijo que Cepeda quiere ayudar a la gente de a pie, para que los ricos no lo decidan todo.

El papel central de Colombia en el tráfico de drogas de la región la convierte en una pieza clave de la campaña de Trump para erradicar los carteles<span; con la colaboración de los gobiernos regionales aliados.

De la Espriella ha dicho que buscaría un acuerdo similar al alcanzado por el vecino Ecuador, que ha aceptado la participación de las fuerzas estadounidenses en operaciones conjuntas en su territorio.

Cepeda, por su parte, cerró su campaña diciendo que deseaba poner fin al “ciclo de las violencias” de ataques militares contra grupos armados y represalias. A menudo ha hablado de la fracasada guerra contra las drogas que Estados Unidos lleva décadas librando.

Publicado en NYT

 

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Abelardo de la Espriella y Cepeda disputarán presidencia de Colombia en segunda vuelta

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EP FLORIDA NEWS | ELECCIONES COLOMBIA 2026

Bogotá, 31 may (EFE).- El candidato de ultraderecha Abelardo de la Espriella, del movimiento Defensores de la Patria, y el izquierdista Iván Cepeda, del Pacto Histórico, diputarán en segunda vuelta la Presidencia de Colombia el próximo 21 de junio al ser los más votados en la primera ronda celebrada este domingo.

Con el 98,27 % de las mesas contabilizadas, De la Espriella da la sorpresa al pasar de los 10 millones de votos (43,74 %), un resultado mejor que el que le daban las encuestas, en las que siempre estuvo en segundo lugar, detrás de Cepeda.

El candidato de la izquierda, por su parte, quedó en segundo lugar, con 9,5 millones de papeletas (40,90 %), cuando falta por informar menos del 2 % de las 122.020 mesas dispuestas para las elecciones de este domingo, según la Registraduría nacional, entidad que organiza las elecciones.

Sin embargo, como ninguno obtuvo la mitad más uno de los votos necesaria para proclamarse vencedor en primera vuelta, De la Espriella y Cepeda irán a una segunda ronda en tres semanas.

El tercer puesto es para la senadora Paloma Valencia, del partido uribista Centro Democrático, que recibe 1,6 millones de votos en esta medición parcial (6,91 %).

Valencia es la gran perdedora de estas elecciones porque su votación es muy inferior al 12 % que le daban las últimas encuestas, e incluso menor a los 3,2 millones de votos que obtuvo el pasado 8 de marzo en la consulta de partidos de centro y derecha en la que fue elegida candidata.

En cuarto se sitúa Sergio Fajardo, del partido de centro Dignidad & Compromiso, con 992.510 votos, que representan el 4,26 %.

Otra candidata de centro, la exalcaldesa bogotana Claudia López, se sitúa en el quinto lugar con 221.058 votos (0,94 %). EFE

 

 

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Halagos de Trump a Xi Jinping sólo tuvo una respuesta : Estabilidad estratégica constructiva

Francisco

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EP FLORIDA NEWS | VISITA DE TRUMP A CHINA

Xi Jinping, el líder de China, se ha pasado el último año haciendo frente al presidente Donald Trump. Respondió a los aranceles de tres dígitos con aranceles de tres dígitos y restringió las exportaciones de tierras raras, obligando al gobierno de Trump a dar marcha atrás. Ambas partes salieron perjudicadas, al igual que la economía mundial.

Sin embargo, tras haber dejado clara su posición y haber establecido a China como par de Estados Unidos, Xi ahora está pasando de la represalia a la conciliación. En una cumbre celebrada esta semana en Pekín, que calificó de histórica, Xi ofreció a Washington una elección: aceptar a China como una potencia igual, con líneas rojas que no deben cruzarse, o continuar en un ciclo de conflicto que podría caer en una “trampa de Tucídides” global de colisión entre superpotencias.

Xi le dio a este plan un nombre nuevo, aunque algo forzado: “estabilidad estratégica constructiva”.

Repitió este término durante toda la cumbre, una visita diseñada para mostrarle a Trump cómo podría ser una amistad entre ambos países, con toda la pompa en las cavernosas salas del Gran Salón del Pueblo, una visita privada al Templo del Cielo y conversaciones en el interior de Zhongnanhai, el complejo amurallado y hermético de la dirigencia china.

En cierto modo, el gobierno de Trump ya estaba siguiendo las reglas de China en esta visita. El presidente estadounidense en general se mostró muy respetuoso con Xi. Trump lo colmó de elogios y se abstuvo de replicar cuando el dirigente chino advirtió a Estados Unidos que actuara con cautela en el tema de Taiwán, la isla autogobernada que reclama Pekín.

Las nuevas reglas del juego

Xi habló en términos elevados y abstractos sobre lo que implicaba exactamente la estabilidad estratégica constructiva. Habló de “cooperación” como un “pilar”; “competencia dentro de los límites adecuados”; “diferencias manejables” y “paz esperable”.

Xin Qiang, experto en Estados Unidos y China de la Universidad Fudan de Shanghái, dijo que esto se reduce a reconocer que la competencia forma parte de la relación.

A pesar de eso, los dos países pueden albergar la esperanza de que hay más razones para cooperar que para enfrentarse. La cumbre puso de relieve algunas de las formas en que podrían colaborar, como la lucha contra el flujo de fentanilo a Estados Unidos, el establecimiento de normas básicas para la inteligencia artificial y la resolución del conflicto del estrecho de Ormuz.

¿Está Washington de acuerdo?

El resumen oficial chino de la reunión decía que Trump estaba de acuerdo con la nueva definición de Xi de la relación. Aunque la Casa Blanca no lo mencionó en su propio resumen, el secretario de Estado Marco Rubio sugirió en una entrevista con la NBC el viernes que el gobierno de Trump había respaldado el concepto.

“Una de las cosas en las que hacen hincapié los chinos, y en la que estamos de acuerdo, es en la estabilidad estratégica de nuestra relación, una relación constructiva, pero también una relación que establezca una estabilidad estratégica para que no haya malentendidos que puedan llevar a un conflicto más amplio”, dijo Rubio.

Hace apenas unos años, Pekín se oponía con vehemencia a una política del gobierno de Biden denominada “competencia gestionada”, que tiene similitudes con lo que Xi propone ahora. Esta implicaba aceptar que ambas partes eran rivales, pero también imponer barreras para evitar que la relación derivara hacia un conflicto. Pekín rechazó ese marco por considerarlo un intento de contener a China.

La razón por la que Xi se siente hoy cómodo con la idea podría tener mucho que ver con la creciente paridad de poder entre China y Estados Unidos. Pekín siente que ya no puede ser presionado por Washington luego de haber empatado con el gobierno de Trump en la guerra comercial del año pasado, al amenazar con restringir el suministro global de minerales críticos necesarios para fabricar tecnologías modernas.

Por qué Xi está dispuesto a dialogar

Al mismo tiempo, una confrontación con Estados Unidos no beneficia a China. Su economía lleva años estancada debido a una crisis inmobiliaria, y no puede permitirse ninguna disrupción del comercio mundial, su principal motor de crecimiento.

Xi está dando a entender que quiere consolidar el empate actual para que el gobierno de Trump no interfiera en su gran visión del futuro de China: un país rebosante de poderío tecnológico e industrial preparado para superar a un Estados Unidos en declive como primera potencia mundial.

“Para China, esta frase tiene que ver con ganar tiempo y jugar para sacar ventaja mientras Pekín intenta esperar que termine el gobierno de Trump”, señaló Evan Medeiros, profesor de Georgetown que fue asesor para Asia en el Consejo de Seguridad Nacional durante la presidencia de Barack Obama.

“China quiere gestionar lo que percibe como un declive gradual de Estados Unidos con la esperanza tanto de acelerarlo como de hacerlo lo menos disruptivo posible”, añadió.

China apuesta por el largo plazo

Estados Unidos no es ajeno a los intentos de China de enmarcar la relación entre ambos países en su propio beneficio.
En 2013, Xi intentó convencer a Obama de adoptar lo que denominó “un nuevo modelo de relaciones entre grandes potencias”, que pedía a Estados Unidos respetar lo que China considera sus intereses fundamentales, como sus pretensiones sobre Taiwán y el mar de China Meridional.

Al final el gobierno de Obama se negó a respaldar el concepto, reconociendo que exigía ceder poder en Asia y dejar vulnerables a aliados y socios.

“Se trata de una maniobra clásica de China, que intenta que Estados Unidos acepte un marco como forma de enlazar a Washington y establecer los términos de la relación bilateral de cara al futuro”, dijo Medeiros sobre el más reciente intento de Xi.

“Estas frases son arenas movedizas geopolíticas”, añadió. “Una vez que entras, no puedes salir, y cuanto más lo intentas, más te arrastra China”.

Cómo utilizará China este replanteamiento

Se trata de un replanteamiento de la relación, pero en los términos de Pekín, afirmó Shen Dingli, estudioso de las relaciones internacionales en Shanghái.

China, por ejemplo, podría alegar más adelante que el gobierno de Trump había violado los principios de la estabilidad estratégica constructiva al seguir vendiendo más armas a Taiwán. “Lo que China quiere es que la relación entre China y Estados Unidos sea buena y estable, pero con la condición de que China diga: ‘Yo soy quien proporciona el camino y yo soy quien señala la dirección’”, dijo Shen.

Otros analistas chinos afirman que es necesario un nuevo marco para reducir la influencia de los sectores de línea dura hacia China en el Congreso, que amenazan con socavar el acercamiento. También existe el temor de que Trump pueda cambiar su postura sobre China después de las elecciones intermedias de 2026.

“La preocupación siempre está ahí. Es algo por lo que es muy conocido”, afirmó Xin, de la Universidad de Fudan.

Publicado en NYT

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