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Colombia

Colombia en tiempos del Covid-19, una verdadera pandemia en servicios y seguridad

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EP New York/ opinión

El Banco ITAU , un ejemplo. entre muchos , del deplorable comportamiento de un banco contra sus clientes durante la pandemia

por Ricardo Angoso

En estos tiempos de pandemia, les recomendamos no creer mucho, sino más bien nada, a nuestros gobernantes a nivel nacional, regional y local, pues la mayoría de sus promesas suelen ser pura paja, que se dice vulgarmente, y la mayor parte de los datos ofrecidos, como sus millones de mercados, moratorias en los préstamos bancarios y supuestas ayudas, son una vulgar mentira.

Pregunten a sus vecinos, familiares y amigos si alguno recibió algún mercado o algún tipo de ayuda y se sorprenderán que, realmente, los millones de beneficiados de los programas de la Alcaldía  y el Gobierno nacional, por no hablar de otros entes, son realmente inexistentes; ni se tiene noticias de los mismos ni las habrá en el futuro, con toda seguridad.

Igual ocurre con los anuncios de los bancos, las entidades públicas y privadas, la cámara de comercio y las empresas prestadoras de servicios, en el sentido de que nos ayudarían a los desgraciados empresarios o simples ciudadanos que hemos caído en medio de un confinamiento en manos de semejantes sinvergüenzas. La alcaldesa prometió que por un mes no pagaríamos servicios y el asunto se lo llevó el viento, del mismo modo que el presidente Duque informó que habría moratoria en los préstamos bancarios, otra mentira más en la larga lista que hemos tenido que sufrir durante esta auténtica pandemia de farsantes para la que no hay ninguna vacuna. A continuación, les contaré mi experiencia con mi propio banco durante esta crisis y la cadena de agravios que sufrí por parte de esta empresa en estos escasos cuarenta días de confinamiento. Lo que relato a continuación es tan real como la vida misma.

1.Moratoria en los préstamos. Lo he solicitado tres veces, pero no ha habido manera. Ni me lo confirmaron por correo, como decían, y encima en una segunda ocasión me aseguraron que en la primera vez que lo solicite se les habían borrado los datos del sistema y habría que volver a comenzar el proceso. A la tercera tampoco fue la vencida, pues al cabo de unos días ejecutaron el cobro y me dejaron la cuenta en sobrecubierto, con los correspondientes costos de intereses y molestias de tener que salir en plena cuarentena para cubrirlo. Al día de hoy, pese a las quejas, llamadas y envíos de correos, no ha habido respuesta. O pagas, o te embargan, así funciona el sistema de atención al cliente del Banco Itau.

2.El teléfono no funciona o esperas horas para que te atiendan. Esta gente no tiene piedad. Te diriges al banco, pides hablar con alguien, solicitas alguna información o prestación de algún servicio y te mandan al teléfono 581 81 81. En esa línea, si consigues que alguien te atienda después de esperar como mínimo una hora, siempre el que atiende el teléfono te remite a otro colega suyo porque ellos son incapaces de atender la demanda, entonces: ¿para qué contratan a esa gente que solamente sirve para coger un teléfono? Después de nuevas esperas, siempre en línea y gastando tu plata, al final toman  notan para dar cuenta de una queja por la que nadie responde y de la que supuestamente te informarán a través de un correo electrónico que nunca te llegará. O te llega con una clave para abrirlo que no tienes, es todo como de una novela de Kafka, un mundo surrealista y absurdo. Itau, desde luego, no es de este mundo.

3.No atiende nadie en el banco y te manda a una web chimba. Vas al banco y como autómatas, y no como auténticos profesionales de la banca, que para eso les pagan y se supone que están formados, siempre te responden que nuevamente llames al teléfono 581 81 81 o vayas a la página web. ¿Para que abren las oficinas y tienen a cinco o seis personas trabajando ahí que no sirven para nada?

4.El correo electrónico tampoco sirve. Ya, una vez que has agotado todos los cauces racionales para intentar que te atienda este banco imposible e ilógico, recurres al correo electrónico y tratas de que algún ser humano te responda a tus requerimientos, pero resulta que es una demanda inútil y estéril, puesto que nadie contestará nunca tus correos dirigidos al banco o a alguien que se supone que está en su casa haciendo teletrabajo. Pero nada de nada, nunca hay respuesta, es como escribir a un ente metafísico ajeno a este mundo.

5.Ni tus asesores. Pero si los correos no responden, tampoco lo intentes con tus asesores, ya que el teléfono que viene en sus tarjetas nunca responde y se va a buzón de voz y con el correo pasa más de lo mismo: está en vía muerta que se dice, nadie responde.

6.El cajero te cobra comisiones abusivas. Finalmente, tras muchos problemas de financiación, sin dinero, ahogado económicamente y sin posibilidad de establecer comunicación humana con el banco Itau, me voy al cajero automático de su oficina y cuando por fin voy a sacar el dinero me dice que el precio por sacar 600.000 pesos con una tarjeta distinta a las suyas son ¡14.500 pesos! Qué pandilla ineptos y delincuentes!, eso es lo que poco que se puede decir de esta gente.

7.No perdonan los servicios y te dejan la cuenta en número rojos si te llega alguna factura. Los servicios siguen llegando, a pesar de que diga la alcaldesa fantástica, y vamos que si llegan, con todas las de la Ley, pues te los cobran el mismo día en que se cumple el plazo. Además, si no tienes fondos, como me ocurrió una vez, te dejan la cuenta sobregirada y los intereses corriendo en tu cuenta para cuando ingreses el dinero te den lo más duro posible. Lo que se trata, desde luego, es machacar al cliente, hundirlo hasta el fondo para que si no ha contraído el COVID-19 al menos se arruine para siempre. Para eso están los bancos, ¿no?

8.Solamente funciona la caja atendida por gente inexperta. Vas a una oficina del banco Itau y el vigilante nunca sabe nada de nada, como si fuera alguien ajeno al banco y le hubiera contratado la competencia. Luego los que están en la caja no pueden ayudarte ni resolver nada y, nuevamente, te remiten a ese maldito teléfono 581 81 81 que no atiende nadie.

9.Realmente no es un banco, ya que no presta ni servicios ni ayuda en nada. Se supone que un banco, al menos tal como lo concebimos en otros países y mi experiencia de muchos años en los negocios me ha enseñado, es una empresa prestadora de servicios y no una suerte de organización de inútiles sin fronteras que no saben nada de nada y son incapaces de atender a sus clientes de una forma adecuada, correcta, profesional y educada. Un banco nos son unos autómatas, que como loros repiten todos los días una y mi veces un teléfono de información o una web, sino es otra cosa, al menos en París, Londres o Roma.

10.Y para más INRI: me cobraron un servicio dos veces. La pasada semana me llega el recibo de la luz, que supuestamente tenía domiciliado en mi banco, y para mi sorpresa me dirijo hasta mi oficina y pregunto si ya estaba pagado y me responden que no, que había sido devuelto por falta de fondos y había que pagarlo directamente en un punto de pago. Lo pagó, abonó el dinero en un centro de pago en la Olímpica. Al cabo de unos días, entró en Itau por internet y para mi sorpresa veo que el recibo se había abonado cinco días antes del pago. Conclusión: lo pagué dos veces por negligencia manifiesta de su personal. Y ahora, encima, me dicen, que reclame a Condensa como si con ellos no fuera el tema, en una afrenta absolutamente alucinante de hasta donde puede llegar su incompetencia y escasa profesionalidad.


RICARDO ANGOSO

Coordinador del Foro Ideas para la Democracia:

http://www.foroideasparalademocracia.com/
Youtube.com:

https://www.youtube.com/channel/UC9EOzzOxF5km99_0wKE9yWA?view_as=subscriber

Blog:
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Facebook:
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Web:
https://www.casaquintahotel.com

 

Agencias

Abelardo de la Espriella y Cepeda disputarán presidencia de Colombia en segunda vuelta

Francisco

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EP FLORIDA NEWS | ELECCIONES COLOMBIA 2026

Bogotá, 31 may (EFE).- El candidato de ultraderecha Abelardo de la Espriella, del movimiento Defensores de la Patria, y el izquierdista Iván Cepeda, del Pacto Histórico, diputarán en segunda vuelta la Presidencia de Colombia el próximo 21 de junio al ser los más votados en la primera ronda celebrada este domingo.

Con el 98,27 % de las mesas contabilizadas, De la Espriella da la sorpresa al pasar de los 10 millones de votos (43,74 %), un resultado mejor que el que le daban las encuestas, en las que siempre estuvo en segundo lugar, detrás de Cepeda.

El candidato de la izquierda, por su parte, quedó en segundo lugar, con 9,5 millones de papeletas (40,90 %), cuando falta por informar menos del 2 % de las 122.020 mesas dispuestas para las elecciones de este domingo, según la Registraduría nacional, entidad que organiza las elecciones.

Sin embargo, como ninguno obtuvo la mitad más uno de los votos necesaria para proclamarse vencedor en primera vuelta, De la Espriella y Cepeda irán a una segunda ronda en tres semanas.

El tercer puesto es para la senadora Paloma Valencia, del partido uribista Centro Democrático, que recibe 1,6 millones de votos en esta medición parcial (6,91 %).

Valencia es la gran perdedora de estas elecciones porque su votación es muy inferior al 12 % que le daban las últimas encuestas, e incluso menor a los 3,2 millones de votos que obtuvo el pasado 8 de marzo en la consulta de partidos de centro y derecha en la que fue elegida candidata.

En cuarto se sitúa Sergio Fajardo, del partido de centro Dignidad & Compromiso, con 992.510 votos, que representan el 4,26 %.

Otra candidata de centro, la exalcaldesa bogotana Claudia López, se sitúa en el quinto lugar con 221.058 votos (0,94 %). EFE

 

 

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Agencias

Siglos después, en un palacio moderno, un presidente con ínfulas de cruzado decidió reencauchar una idea.

Francisco

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EP FLORIDA NEWS | ANÁLISIS POLÍTICO

Por Gabriel Ángel Ardila | Colombia

El presidente y sus molinos delirantes que mueven a buenos titulares

 

En la Edad Media, un héroe ingenioso levantó molinos de viento para que el pueblo tuviera pan. Sus aspas giraban con noble propósito: harina para la mesa, progreso para la aldea.

Hoy, en cambio, un presidente “genial” se sube al escenario con casco de conquistador y proclama:

—¡Molinos inteligentes! ¡La sustitución energética será nuestra cruzada!

Aplauden los asesores como si acabara de descubrir el fuego, mientras los molinos modernos no muelen trigo, sino titulares. Cada aspa gira con discursos reciclados, diseñados para tapar sus metidas de pata con Trump y sus otros enredos.

El pueblo, incrédulo, observa:

Los campesinos preguntan si de esos molinos saldrá pan o solo promesas.

Los comerciantes calculan si la energía “inteligente” servirá para encender la nevera o solo para iluminar la propaganda.

Los cronistas anotan que la “reconquista de Venezuela descremada” suena más a menú de cafetería que a estrategia geopolítica.

Mientras tanto, el visionario se pasea con aire de caballero medieval, convencido de que lucha contra gigantes. Pero los únicos gigantes son sus propios errores, disfrazados de molinos que giran al ritmo del viento de la demagogia.

Y así, entre aspas de cartón y discursos inflados, el reino descubre que los molinos del héroe medieval daban pan… (y los coristas piden queso y piden pan) y los soplos de ese lunático solo dan risa.

El héroe medieval que inventa molinos de viento evoca la imagen de la innovación como símbolo de progreso, pero también de ilusiones quijotescas: la lucha contra gigantes que en realidad son molinos. Al traerlo al presente, se evidencia un contraste entre la verdadera creatividad transformadora y el uso político de símbolos energéticos para distraer de problemas más profundos.

En un reino medieval, un héroe visionario levantó molinos de viento para que el pueblo tuviera pan sin depender de los caprichos del clima. Sus aspas giraban con noble propósito: transformar la fuerza invisible del aire en harina tangible, alimento para todos. Era un invento que hacía historia, un símbolo de ingenio y progreso.

Siglos después, en un palacio moderno, un presidente con ínfulas de cruzado decidió reencauchar la idea. “¡Molinos inteligentes!”, proclamó, mientras señalaba maqueta tras maqueta en conferencias televisadas. No eran molinos para dar pan, sino para dar titulares. Cada aspa giraba no con viento, sino con discursos huecos, diseñados para distraer de sus tropiezos con Trump y otros enredos diplomáticos.

Oh, y ahora ¿quién podrá asustarnos?

 

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Agencias

Reunión Trump vs Petro , más allá de la retórica

Francisco

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EP FLORIDA NEWS | ANÁLISIS POLÍTICO

¿Qué interesa de Colombia
en su relación con USA?

Por GABRIEL ÁNGEL ARDILA

Poco o nada: atrás quedaron los mejores momentos de la relación bilateral, cuando por algún motivo esta Nación suramericana le causaba inquietud a la de más arriba. El Plan Colombia (2000 en adelante), con inversión de EE. UU. por más de 10.000 millones de dólares en asistencia militar, económica y social, los resultados poco alentadores para ambos dejaron atrás el hecho histórico. Podría afirmarse que hoy no hay nada, distinto de la fobia por los cultivos ilícitos y la gigantesca cuota que desde ese suelo se hace al contrabando y comercio ilícito con narcóticos y otros agentes perturbadores.

Aunque polémico por el enfoque militar, aquél fue el momento de mayor cercanía y apoyo estratégico.

Aunque hubo momentos de cooperación en la Segunda Guerra Mundial y la Guerra de Corea, el punto más alto de la relación fue el Plan Colombia, que transformó la alianza en una asociación estratégica de largo plazo. Desde entonces, la relación se ha diversificado hacia comercio, medio ambiente y migración, mostrando que, pese al trauma del “I took Panama”, ambos países lograron construir una alianza sólida.

El futuro inmediato de la relación bilateral estará marcado por pragmatismo y resultados medibles. Para Colombia, esto significa que el apoyo estadounidense dependerá de avances verificables en seguridad, migración y transición energética.

Hubo en algún tiempo, incluyendo las décadas del 60-a los 90 del siglo pasado pasando por la también célebre cooperación de la era Kennedy, de “alti – bajos”. La mirada sobre esos años muestra que la relación pasó de un enfoque de desarrollo social (Kennedy, Alianza para el Progreso) a uno de seguridad y control (años 80, narcotráfico).

En ese tránsito, Colombia se consolidó como aliado confiable, aunque muchas de las promesas de desarrollo quedaron truncas.

Para los años que corrieron del presente siglo, hay poco qué rescatar en esa relación bilateral. De modo que para los Estados Unidos de norteamérica, Colombia no significa prácticamente nada diferente a las preocupaciones por los negocios ilícitos.

Presenciamos durante el principio de los años 80 una amabilidad “expectante”, llena de viajeros con buenos propósitos académicos o de conquista del sueño americano. Vimos desde los bancos de varias universidades a donde nos invitaron y fuimos bien venidos, bien atendidos y hasta valorados en ejercicio académico, esa curiosidad del gringo por saber si estos vecinos en verdad serviríamos para algo. Nos capacitaron para descubrir sendas de desarrollo. Pero todo quedó en esfuerzos aislados.

El balance es pobrísimo: Se ha abandonado la investigación, se desprecia el aporte científico de muchos profesionales calificados en distintas materias y el país se empobreció mucho más con incursiones politiqueras de muy baja calificación. Ganaron los vociferantes, los de megáfono en mano, para destruir lo poco que estaba construido.

A eso va un presidente con su carga de frases grandilocuentes, alegador profesional, armado con escudos tan poderosos como los del Chapulín colorado. ¿Qué nos espera entonces?

 

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