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Conversaciones privadas entre EE.UU y Diosdado Cabello estarían negociando salida del régimen socialista

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EP New York/ agencias

BOGOTÁ/ De acuerdo a incestigaciones de la agencia de prensa AP , Estados Unidos ha iniciado comunicaciones secretas con el líder socialista Diosdado Cabello mientras funcionarios cercanos al presidente Nicolás Maduro intentan obtener garantías de que no sufrirán represalias si ceden a las crecientes demandas para que deje el poder, dijo un alto funcionario gubernamental estadounidense a The Associated Press.

Cabello, considerado el hombre más poderoso de Venezuela después de Maduro, se reunió el mes pasado en Caracas con una persona que está en contacto cercano con el gobierno del presidente estadounidense Donald Trump, señaló el funcionario. Se está organizando una segunda reunión, pero aún no se ha llevado a cabo.

La AP no está revelando el nombre del intermediario ni los detalles sobre el encuentro con Cabello por temores a que esa persona pudiera sufrir represalias. El funcionario estadounidense habló a condición de guardar el anonimato porque no está autorizado a declarar sobre los contactos, que aún son preliminares. Se desconoce si Maduro aprobó dichos contactos o no.

Cabello ejerce mucho poder dentro de Venezuela, y su influencia en el gobierno y en las fuerzas de seguridad ha aumentado a medida que el poder de Maduro se ha debilitado. Pero las autoridades estadounidenses también han acusado a Cabello de estar detrás de enormes actos de corrupción, narcotráfico e incluso amenazas de muerte hacia un senador estadounidense en funciones.

El funcionario estadounidense dijo que bajo ninguna circunstancia Washington intenta promover a Cabello ni facilitar el camino para que sustituya a Maduro. En lugar de eso, la meta del contacto es incrementar la presión sobre el régimen al contribuir con la lucha que Estados Unidos cree está ocurriendo tras bambalinas entre círculos de poder rivales dentro del partido gobernante.

Se están llevando a cabo contactos similares con otros altos funcionarios venezolanos, señaló el funcionario estadounidense, y la Casa Blanca está limitándose a escuchar qué se requeriría para que traicionen a Maduro y respalden un plan de transición.

Cabello no respondió a una solicitud de comentarios.

Sin embargo, un asesor de Cabello dijo que Estados Unidos ha estado realizando crecientes y desesperados intentos por contactarlo. El asesor rechazó la idea de que el dirigente socialista estuviera traicionando a Maduro de alguna forma, y dijo que Cabello sólo se reuniría con estadounidenses contando con el permiso del presidente y si ello contribuye a que Washington cancele las sanciones que él responsabiliza de doblegar a la economía venezolana, fuertemente dependiente del petróleo. El asesor habló a condición de guardar el anonimato porque carece de autorización para declarar públicamente sobre asuntos políticos.

Una persona al tanto del encuentro en julio dijo que Cabello parecía tener amplios conocimientos y llegó bien preparado a la reunión con el enviado respaldado por Estados Unidos, con una comprensión clara de los problemas políticos de Venezuela. La persona también habló a condición de guardar el anonimato porque no tiene autorización para declarar sobre el asunto.

A medida que la crisis de Venezuela se alarga, ha surgido un patrón predecible en el que Juan Guaidó, al que Estados Unidos y docenas de otros países reconocen como presidente legítimo de Venezuela, no ha logrado granjearse el respaldo de las fuerzas armadas y con ello ascender al poder. A la vez Maduro carece de fuerza suficiente para aprehender a su rival o rescatar la maltrecha economía en medio de sanciones estadounidenses cada vez más intensas. Este mes, Washington aplicó una nueva ronda de sanciones que incauta todos los activos del gobierno de Maduro en Estados Unidos y amenaza con penalizar a compañías de terceros países que continúen realizando negocios con él.

Las conversaciones patrocinadas por Noruega entre la oposición y el gobierno han avanzado lentamente y fueron suspendidas este mes por Maduro, que acusó a Guaidó de celebrar el “bloqueo brutal” de Estados Unidos. Ni Cabello, ni las fuerzas armadas venezolanas ni la Casa Blanca están participando en esas conversaciones.

A fin de salir del estancamiento, algunos conspiradores pretenden que Estados Unidos conciba un plan que proteja de un eventual enjuiciamiento a los miembros del gobierno que le den la espalda a Maduro. Washington ha reiterado que ofrecería alivio de sanciones a altos miembros del gobierno socialista si toman “medidas concretas y significativas” para poner fin al régimen de Maduro. En mayo pasado, levantó rápidamente las penalizaciones al exjefe de espionaje de Maduro, el general Manuel Cristopher Figuera, después de que desertó durante un fallido levantamiento militar.

Como jefe de la Asamblea Nacional Constituyente, Cabello tiene la autoridad para destituir a Maduro, un cargo que podría ser útil en cualquier transición negociada. Pero hasta el momento ha dirigido a la institución, a la que Estados Unidos considera ilegítima, como una herramienta para frenar automáticamente las iniciativas del Congreso de mayoría opositora, y sin dar muestra de una posible deserción.

No está claro quién inició contactos con Cabello. Pero un funcionario estadounidense señaló que el dirigente socialista está hablando a espaldas del asediado Maduro a pesar de sus despliegues casi diarios de lealtad y sus frecuentes arengas en contra de Trump.

Un político opositor al que se le informó del contacto dijo que el ministro del Poder Popular para la Defensa, Vladimir Padrino, y el ministro del Interior, Justicia y Paz, Néstor Reverol, son algunos de los funcionarios que han tenido contacto indirecto con los estadounidenses, resaltando el grado al que Maduro está rodeado de conspiradores incluso después de que un levantamiento militar orquestado por la oposición en abril pasado fue sofocado fácilmente. El político habló a condición de guardar el anonimato debido a que no está autorizado a declarar sobre el tema. La AP no pudo verificar de manera independiente la versión del político opositor.

Cabello, de 56 años, ha sido percibido desde hace tiempo como rival de Maduro, alguien que cuenta con posturas económicas más pragmáticas y cuya ideología no están tan apegada con la de la Cuba comunista. Se sentó a la derecha de Hugo Chávez cuando el difunto mandatario socialista designó a Maduro, sentado a su izquierda, como su sucesor en su última aparición pública antes de morir a consecuencia de un cáncer en 2013.

Al parecer, Cabello no formó parte de los funcionarios de alto rango que participaron en la conspiración para destituir a Maduro en abril, cuando Guaidó y su mentor Leopoldo López aparecieron en un puente del este de Caracas rodeados de un pequeño contingente militar. Desde el fallido levantamiento, la influencia del ex teniente del ejército sobre el gobierno y las fuerzas armadas ha ido en aumento, con la designación de aliados cercanos al frente del ejército y del Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (SEBIN), la temida policía política.

Además sigue siendo popular entre la base chavista, luego de que en los últimos cinco años ha llegado a todo el país con un programa en la televisión estatal que goza de una elevada audiencia y a través del cual arremete contra la oposición y Estados Unidos.

“Saludo solidario al hermano presidente”, dijo en su más reciente transmisión, en la que Maduro participó vía telefónica como invitado especial. “Aquí nosotros no tenemos ni secretos ni tenemos mentiras, cada vez que vamos haciendo algo se lo vamos informando a nuestro pueblo, nuestro pueblo es un pueblo consciente, informado, que toma decisiones y fija posiciones”.

No es la primera vez que Estados Unidos intenta negociar con Cabello. En 2015, Thomas Shannon, que en ese entonces fungía como asesor del secretario de Estado John Kerry, se reunió con Cabello en Haití para allanar el camino a las elecciones legislativas, en las que la oposición se impuso por amplio margen.

Pero hasta ahora, el gobierno de Trump ha demostrado un profundo desdén hacia Cabello, imponiéndole sanciones el año pasado por supuestamente organizar el trasiego de drogas y dirigir una enorme red de sobornos a través de la cual se malversaron fondos estatales, e invertir los fondos robados en bienes raíces en Florida. Estados Unidos también cree que Cabello analizó un plan para asesinar al senador republicano por Florida, Marco Rubio, quien lo llamó el “Pablo Escobar de Venezuela”.

“Cabello es uno de los peores entre los peores dentro de Venezuela”, dijo Fernando Cutz, exasesor de seguridad nacional en Latinoamérica en los gobiernos de Barack Obama y Trump. “Si la estrategia es intentar negociar con el jefe de la mafia, tienen al tipo indicado. Pero esa estrategia conlleva grandes riesgos”.

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Goodman está en Twitter como: https://twitter.com/APjoshgoodman

 

 

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9/11 , 20 años después del dolor

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EP New York/ 9/11

Nueva York, una ciudad herida pero cambiada 20 años después del 11S

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23 fallecidos deja hasta el momento la tormenta ‘Ida’ en el área tri-estatal

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EP New York/Tormenta Ida

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Talibanes celebran salida estadounidense de Afganistan y toman control de Kabul

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EP Newyork/Afganistan

Durante la evacuación, las fuerzas estadounidenses ayudaron a trasladar a unos 120.000 ciudadanos estadounidenses, afganos y de otros países, según la Casa Blanca

El Talibán proclama su victoria en Kabul y promete seguridad
KABUL — El Talibán hizo un recorrido triunfal el martes por el aeropuerto internacional de Kabul, horas después de la retirada de tropas que puso fin a la guerra más larga de Estados Unidos. De pie en la pista, líderes del grupo prometieron asegurar el país, reabrir el aeropuerto y dar una amnistía a sus antiguos rivales.

En una demostración de control, líderes talibanes caminaron por la pista escoltados por miembros de la unidad de élite Badri. Los comandos posaron con orgullo para la prensa vestidos con uniformes de camuflaje.

Poner el aeropuerto de nuevo en funcionamiento es uno de los considerables desafíos que afronta el Talibán para gobernar un país de 38 millones de habitantes que durante dos décadas sobrevivió con miles de millones de dólares en ayuda extranjera.

“Afganistán es libre por fin”, dijo a The Associated Press en la pista del aeropuerto Hekmatula Wasiq, un líder talibán. “El lado militar y el civil (del aeropuerto) están con nosotros y bajo control. Esperamos anunciar nuestro gobierno. Todo es pacífico. Todo es seguro”.

Wasiq instó a la gente a regresar al trabajo y reiteró la promesa talibán de ofrecer una amnistía general. “El pueblo debe ser paciente”, dijo. “Poco a poco devolveremos todo a la normalidad. Llevará tiempo”.

Un miembro destacado de la oficina política del Talibán felicitó a los afganos por su “gran victoria” al lograr la “plena independencia del país” con la salida de las fuerzas estadounidenses.

Shahabuddin Delawar habló ante un centenar de personas, aparentemente todos hombres, en un evento en Kabul transmitido por la televisión estatal. Delawar fustigó al enemigo —las fuerzas de Estados Unidos y la OTAN— y acusó a Occidente de difundir propaganda para socavar al Talibán.

“Pronto se verá el progreso” de la nación. La imagen en la TV estatal aparecía con el subtítulo “Celebración del Día de la Independencia y el fin de la invasión estadounidense de Afganistán”.

Apenas unas horas antes, el Ejército estadounidense completó su mayor evacuación aérea de personas no combatientes en la historia.

El martes por la mañana aún quedaban signos del caos registrado en los últimos días. En la terminal se veían maletas y ropas tiradas entre montones de documentos. Había alambres de cuchillas para separar zonas y autos volcados y vehículos estacionados bloqueaban rutas en torno al aeropuerto civil, un indicio de las medidas tomadas para proteger contra posibles ataques suicidas con vehículos.

Varios vehículos con combatientes talibanes recorrían la única pista del Aeropuerto Internacional Hamid Karzai, en la zona militar al norte del aeropuerto. Antes del amanecer, combatientes fuertemente armados caminaban por los hangares de la zona militar entre algunos de los siete helicópteros CH-46 que utilizó el Departamento de Estado en sus evacuaciones antes de inutilizarlos.

El vocero del grupo, Zabihula Muyahid, se dirigió a los miembros presentes de la unidad Badri. “Confío en que sean muy prudentes al tratar con el país”, dijo. “Nuestro país ha sufrido guerra e invasión y el pueblo no tiene más tolerancia”.

Tras su intervención, los combatientes exclamaron: “¡Dios es el más grande!”.

En otra entrevista con la televisora estatal afgana, Muyahid habló sobre reanudar la actividad en el aeropuerto, que sigue siendo una vía crucial para los que quieren salir del país.

“Nuestro equipo técnico comprobará las necesidades técnicas y logísticas del aeropuerto”, dijo. “Si podemos arreglarlo todo por nuestra cuenta, no necesitaremos ayuda. Si hace falta ayuda técnica o logística para reparar la destrucción, entonces pediremos ayuda a Qatar o Turquía”.

El vocero no entró en detalles sobre qué estaba destruido.

El general de la Infantería de Marina Frank McKenzie, responsable del Comando Central del Ejército de Estados Unidos, había dicho antes que las tropas habían “desmilitarizado” el sistema para que no pudiera volver a utilizarse. Las autoridades dijeron que las tropas no habían volado equipamiento para asegurar que el aeropuerto podía utilizarse para operar vuelos en el futuro. Además, McKenzie señaló que las tropas estadounidenses habían inutilizado 27 camionetas Humvee y 73 aeronaves.

En el aeropuerto se produjeron escenas dramáticas después de que los Talibanes conquistaran Afganistán en una ofensiva relámpago y tomaran Kabul el 15 de agosto. Miles de afganos rodearon el aeropuerto, y algunos murieron tras aferrarse con desesperación al lateral de un avión de transporte C-17 del Ejército estadounidense que despegaba. La semana pasada murieron al menos 169 afganos y 13 militares de Estados Unidos en un ataque suicida del grupo extremista Estado Islámico en una puerta del aeropuerto.

Durante la evacuación, las fuerzas estadounidenses ayudaron a trasladar a unos 120.000 ciudadanos estadounidenses, afganos y de otros países, según la Casa Blanca. Las fuerzas de la coalición también evacuaron a sus ciudadanos y a más afganos. Pero pese a todos los que salieron, Estados Unidos y otros países admitieron que no habían evacuado a todos los que querían marcharse.

Pero el martes, tras una noche en la que combatientes talibanes dispararon al aire en señal de triunfo, nuevos guardias mantenían alejados a los curiosos y a los que de algún modo aún aspiraban a tomar un vuelo para marcharse.

“Después de 20 años hemos derrotado a los estadounidenses”, dijo Mohammad Islam, un guardia talibán en el aeropuerto, procedente de la provincia de Logar y que sostenía un rifle Kalashnikov. “Se han marchado y ahora nuestro país es libre”.

“Está claro lo que queremos”, añadió. “Queremos sharía (ley islámica), paz y estabilidad”.

Zalmay Khalilzad, el representante especial de Estados Unidos en Afganistán que supervisó las conversaciones de Estados Unidos con el Talibán, escribió en Twitter que “los afganos afrontan un momento de decisión y oportunidad” tras la retirada.

“El futuro del país está en sus manos. Elegirán su camino con plena soberanía”, escribió. “Esta es la oportunidad de poner fin a su guerra también”.

Pero el Talibán afronta lo que podría ser una sucesión de grandes crisis mientras toma el control del país. La mayoría de los miles de millones de dólares que tiene Afganistán en divisas extranjeras están ahora congelados en Estados Unidos, lo que presiona a una moneda local en franca caída. Los bancos han impuesto controles a la retirada de dinero por temor a una fuga de depósitos en el clima de incertidumbre. Funcionarios de todo el país dicen que llevan meses sin recibir sus salarios.

El equipo médico sigue escaseando y miles de personas que huyeron del avance talibán viven en condiciones penosas. Además, una fuerte sequía ha reducido la producción de alimentos en el país y hecho aún más importantes las importaciones, al tiempo que aumenta el riesgo de hambruna.

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Akhgar informó desde Estambul. El periodista de Associated Press Jon Gambrell en Dubái, Emiratos Árabes Unidos, contribuyó a este despacho.

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