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Entre aguas y escombros sigue recate en Indonesia luego del tsunami-terremoto

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EP New York , PALU, Indonesia/ agencias

Las bolsas con cadáveres son colocadas una al lado de la otra en una fosa común recientemente excavada mientras la ciudad de Palu, Indonesia, comienza a enterrar a sus muertos tras el terremoto y tsunami que cobró la vida de más de 840 personas y dejó a miles sin hogar.

Se prevé que el número de muertos, principalmente en Palu, aumente conforme se llega a las zonas que quedaron aisladas a causa de los desastres. El sismo de magnitud 7,5 impactó la mañana del viernes y desencadenó un tsunami que alcanzó los seis metros (20 pies) de altura en algunas zonas.

Tiopan Aritonang, un comandante local del ejército, dijo que 545 cuerpos llegaron tan solo de un hospital. La fosa en Palu es de 10 metros por 100 metros (33 pies por 330 pies) y su tamaño puede aumentar en caso de ser necesario, comentó Willem Rampangilei, jefe de la Agencia Nacional de Mitigación de Desastres de Indonesia.

“Esto debe hacerse lo más pronto posible por motivos de salud y religiosos”, dijo. Indonesia es de mayoría musulmana, y las costumbres religiosas dictan que los entierros se lleven a cabo poco después del deceso, por lo regular en el primer día.

El portavoz local del ejército, Mohammad Thorir dijo que la zona adjunta a un cementerio público puede albergar hasta 1.000 cuerpos. Todas las víctimas, que provienen de hospitales locales, han sido fotografiadas para ayudar a sus familiares a saber en dónde se encuentran enterrados sus seres queridos. Imágenes captadas en video muestran a los residentes caminando de bolsa en bolsa, abriéndolas para ver si pueden identificar los rostros.

Alrededor del mediodía, rescatistas, con las bocas cubiertas con mascarillas, trasladaron 18 cuerpos y los colocaron en la fosa. Una retroexcavadora aguardaba para poner tierra sobre los cuerpos. Se prevén más sepulcros.

Aeronaves militares y comerciales entregaban ayuda y provisiones. Pero existe la necesidad de maquinaria pesada para acceder a posibles sobrevivientes atrapados bajo los escombros de edificios colapsados, incluyendo un hotel de ocho pisos en Palu en donde se escucharon voces debajo de los derrumbes.

También aumentó la desesperación de las personas que sufren por la falta de alimentos y suministros. La televisión local informó que unos 3.000 habitantes se trasladaron al aeropuerto de Palu para intentar salir de la ciudad. Las imágenes muestran a algunos de ellos gritando enfurecidos debido a que no pudieron abordar un avión militar. El aeropuerto apenas reinició con las operaciones de algunos vuelos comerciales. 

“¡No hemos comido en tres días!” gritó una mujer. “¡Solo queremos estar a salvo!”

El presidente Joko “Jokowi” Widodo autorizó al país a aceptar la ayuda internacional, dijo el portavoz de la agencia de desastres Sutopo Purwo Nugroho, quien añadió que entre los objetos que se necesitan se encuentran generadores, maquinaria pesada y tiendas de campaña. Indicó que la Unión Europea y 10 países han ofrecido ayuda, incluyendo a Estados Unidos, Australia y China.

“Hoy enviaremos comida, la mayor cantidad posible, en varias aeronaves”, dijo Widodo en la capital, Yakarta.

Una mujer de 25 años fue encontrada con vida la tarde del domingo de entre los escombros del Hotel Roa-Roa, de acuerdo con la Agencia Nacional de Búsqueda y Rescate, que difundió imágenes de la víctima en una camilla y cubierta con una sábana. Varios sobrevivientes se han localizado y se han rescatado a varios de entre los escombros en distintas localidades.

Los 844 muertos confirmados que anunció Nugroho la tarde del lunes fue un incremento de apenas 12 respecto al día anterior, y casi todos se registraron en Palu. Las regencias de Donggala, Sigi y Parigi Moutong — que cuentan con una población combinada de 1,2 millones de personas — aún no se evalúan en su totalidad. Casi 50.000 personas han sido desplazadas de sus hogares tan solo en Palu, dijo el vocero.

Indicó que había 114 extranjeros en Paly y Donggala al momento de los desastres y se han rendido cuentas de todos salvo de un belga, un surcoreano y seis franceses.


 

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9/11 , 20 años después del dolor

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EP New York/ 9/11

Nueva York, una ciudad herida pero cambiada 20 años después del 11S

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23 fallecidos deja hasta el momento la tormenta ‘Ida’ en el área tri-estatal

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EP New York/Tormenta Ida

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Talibanes celebran salida estadounidense de Afganistan y toman control de Kabul

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EP Newyork/Afganistan

Durante la evacuación, las fuerzas estadounidenses ayudaron a trasladar a unos 120.000 ciudadanos estadounidenses, afganos y de otros países, según la Casa Blanca

El Talibán proclama su victoria en Kabul y promete seguridad
KABUL — El Talibán hizo un recorrido triunfal el martes por el aeropuerto internacional de Kabul, horas después de la retirada de tropas que puso fin a la guerra más larga de Estados Unidos. De pie en la pista, líderes del grupo prometieron asegurar el país, reabrir el aeropuerto y dar una amnistía a sus antiguos rivales.

En una demostración de control, líderes talibanes caminaron por la pista escoltados por miembros de la unidad de élite Badri. Los comandos posaron con orgullo para la prensa vestidos con uniformes de camuflaje.

Poner el aeropuerto de nuevo en funcionamiento es uno de los considerables desafíos que afronta el Talibán para gobernar un país de 38 millones de habitantes que durante dos décadas sobrevivió con miles de millones de dólares en ayuda extranjera.

“Afganistán es libre por fin”, dijo a The Associated Press en la pista del aeropuerto Hekmatula Wasiq, un líder talibán. “El lado militar y el civil (del aeropuerto) están con nosotros y bajo control. Esperamos anunciar nuestro gobierno. Todo es pacífico. Todo es seguro”.

Wasiq instó a la gente a regresar al trabajo y reiteró la promesa talibán de ofrecer una amnistía general. “El pueblo debe ser paciente”, dijo. “Poco a poco devolveremos todo a la normalidad. Llevará tiempo”.

Un miembro destacado de la oficina política del Talibán felicitó a los afganos por su “gran victoria” al lograr la “plena independencia del país” con la salida de las fuerzas estadounidenses.

Shahabuddin Delawar habló ante un centenar de personas, aparentemente todos hombres, en un evento en Kabul transmitido por la televisión estatal. Delawar fustigó al enemigo —las fuerzas de Estados Unidos y la OTAN— y acusó a Occidente de difundir propaganda para socavar al Talibán.

“Pronto se verá el progreso” de la nación. La imagen en la TV estatal aparecía con el subtítulo “Celebración del Día de la Independencia y el fin de la invasión estadounidense de Afganistán”.

Apenas unas horas antes, el Ejército estadounidense completó su mayor evacuación aérea de personas no combatientes en la historia.

El martes por la mañana aún quedaban signos del caos registrado en los últimos días. En la terminal se veían maletas y ropas tiradas entre montones de documentos. Había alambres de cuchillas para separar zonas y autos volcados y vehículos estacionados bloqueaban rutas en torno al aeropuerto civil, un indicio de las medidas tomadas para proteger contra posibles ataques suicidas con vehículos.

Varios vehículos con combatientes talibanes recorrían la única pista del Aeropuerto Internacional Hamid Karzai, en la zona militar al norte del aeropuerto. Antes del amanecer, combatientes fuertemente armados caminaban por los hangares de la zona militar entre algunos de los siete helicópteros CH-46 que utilizó el Departamento de Estado en sus evacuaciones antes de inutilizarlos.

El vocero del grupo, Zabihula Muyahid, se dirigió a los miembros presentes de la unidad Badri. “Confío en que sean muy prudentes al tratar con el país”, dijo. “Nuestro país ha sufrido guerra e invasión y el pueblo no tiene más tolerancia”.

Tras su intervención, los combatientes exclamaron: “¡Dios es el más grande!”.

En otra entrevista con la televisora estatal afgana, Muyahid habló sobre reanudar la actividad en el aeropuerto, que sigue siendo una vía crucial para los que quieren salir del país.

“Nuestro equipo técnico comprobará las necesidades técnicas y logísticas del aeropuerto”, dijo. “Si podemos arreglarlo todo por nuestra cuenta, no necesitaremos ayuda. Si hace falta ayuda técnica o logística para reparar la destrucción, entonces pediremos ayuda a Qatar o Turquía”.

El vocero no entró en detalles sobre qué estaba destruido.

El general de la Infantería de Marina Frank McKenzie, responsable del Comando Central del Ejército de Estados Unidos, había dicho antes que las tropas habían “desmilitarizado” el sistema para que no pudiera volver a utilizarse. Las autoridades dijeron que las tropas no habían volado equipamiento para asegurar que el aeropuerto podía utilizarse para operar vuelos en el futuro. Además, McKenzie señaló que las tropas estadounidenses habían inutilizado 27 camionetas Humvee y 73 aeronaves.

En el aeropuerto se produjeron escenas dramáticas después de que los Talibanes conquistaran Afganistán en una ofensiva relámpago y tomaran Kabul el 15 de agosto. Miles de afganos rodearon el aeropuerto, y algunos murieron tras aferrarse con desesperación al lateral de un avión de transporte C-17 del Ejército estadounidense que despegaba. La semana pasada murieron al menos 169 afganos y 13 militares de Estados Unidos en un ataque suicida del grupo extremista Estado Islámico en una puerta del aeropuerto.

Durante la evacuación, las fuerzas estadounidenses ayudaron a trasladar a unos 120.000 ciudadanos estadounidenses, afganos y de otros países, según la Casa Blanca. Las fuerzas de la coalición también evacuaron a sus ciudadanos y a más afganos. Pero pese a todos los que salieron, Estados Unidos y otros países admitieron que no habían evacuado a todos los que querían marcharse.

Pero el martes, tras una noche en la que combatientes talibanes dispararon al aire en señal de triunfo, nuevos guardias mantenían alejados a los curiosos y a los que de algún modo aún aspiraban a tomar un vuelo para marcharse.

“Después de 20 años hemos derrotado a los estadounidenses”, dijo Mohammad Islam, un guardia talibán en el aeropuerto, procedente de la provincia de Logar y que sostenía un rifle Kalashnikov. “Se han marchado y ahora nuestro país es libre”.

“Está claro lo que queremos”, añadió. “Queremos sharía (ley islámica), paz y estabilidad”.

Zalmay Khalilzad, el representante especial de Estados Unidos en Afganistán que supervisó las conversaciones de Estados Unidos con el Talibán, escribió en Twitter que “los afganos afrontan un momento de decisión y oportunidad” tras la retirada.

“El futuro del país está en sus manos. Elegirán su camino con plena soberanía”, escribió. “Esta es la oportunidad de poner fin a su guerra también”.

Pero el Talibán afronta lo que podría ser una sucesión de grandes crisis mientras toma el control del país. La mayoría de los miles de millones de dólares que tiene Afganistán en divisas extranjeras están ahora congelados en Estados Unidos, lo que presiona a una moneda local en franca caída. Los bancos han impuesto controles a la retirada de dinero por temor a una fuga de depósitos en el clima de incertidumbre. Funcionarios de todo el país dicen que llevan meses sin recibir sus salarios.

El equipo médico sigue escaseando y miles de personas que huyeron del avance talibán viven en condiciones penosas. Además, una fuerte sequía ha reducido la producción de alimentos en el país y hecho aún más importantes las importaciones, al tiempo que aumenta el riesgo de hambruna.

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Akhgar informó desde Estambul. El periodista de Associated Press Jon Gambrell en Dubái, Emiratos Árabes Unidos, contribuyó a este despacho.

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