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Europa

Médicos rusos afirman que líder opositor no fue envenenado

Francisco

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EP New York/Europa

MOSCÚ — Los médicos rusos que tratan al líder opositor Alexei Navalny no creen que haya sido envenenado y se negaron a su traslado a un hospital alemán el viernes.

Navalny, de 44 años y uno de los principales críticos del presidente de Rusia, Vladimir Putin, sigue en coma en la unidad de cuidados intensivos de un hospital de la ciudad siberiana de Omsk, donde ingresó el jueves tras lo que sus colaboradores califican como un supuesto envenenamiento que creen que estuvo orquestado por el Kremlin.

Pero los médicos que lo atienden afirmaron que no se han hallado indicios de que fuese envenenado.

El subdirector del Hospital Ambulancia No. 1 de Omsk, Anatoly Kalinichenko, señaló que no se encontraron restos de veneno en el cuerpo de Navalny. La portavoz del opositor, Kira Yarmysh, publico un video en Twitter con las declaraciones del funcionario.

“El envenenamiento como diagnóstico permanece en un segundo plano, pero no creemos que el paciente haya sufrido un envenenamiento”, dijo Kalinichenko a reporteros el viernes.

Kalinichenko agregó que se envió el diagnóstico a los familiares, y se negó a revelarlo citando una ley que impide que el personal sanitario dé información confidencial sobre los pacientes.

Antes el viernes, Ivan Zhdanov, aliado de Navalny, afirmó que la policía encontró restos de una sustancia venenosa peligrosa en el cuerpo del político, pero no revelo cuál. La policía no confirmó la información.

Los doctores rusos tampoco han aprobado el traslado de Navalny a Alemania.

“El jefe médico dijo que Navalny no es trasladable. (Su) estado es inestable. La decisión de la familia de trasladarlo no es suficiente”, explicó la vocera del opositor en Twitter. Omsk está a unos 4.200 kilómetros (2.500 millas) al este de Berlín, a unas seis horas de vuelo.

Navalny cayó enfermo en un vuelo de regreso a Moscú desde la ciudad siberiana de Tomsk el jueves y fue trasladado a un hospital tras un aterrizaje de emergencia en Omsk. Según su equipo, un avión con todos los equipos necesarios espera en el aeropuerto de Omsk para llevarlo a una clínica alemana.

Alexander Murakhovsky, jefe médico del hospital donde está internado, dijo el viernes a reporteros que su estado “mejoró un poco” pero no estaba lo suficientemente estable para viajar. Los doctores siguen trabajando para determinar su diagnóstico, agregó.

En su tuit, Yarmysh señaló que “la prohibición de transferir a Navalny es necesaria para (…) esperar hasta que ya no se pueda rastrear el veneno en su cuerpo. Sin embargo, cada hora de estancamiento crea una amenaza para su vida”.

Como muchos otros políticos de la oposición en Rusia, Navalny ha sido detenido con frecuencia por las fuerzas de seguridad y acosado por grupos favorables al Kremlin. En 2017, fue atacado por varios hombres que le arrojaron antiséptico a la cara causándole daños en un ojo.

El año pasado, fue llevado a un hospital desde la cárcel en la que cumplía una sentencia tras un arresto administrativo, por lo que su equipo dijo que era un presunto envenenamiento. Los doctores señalaron entonces que sufrió una grave reacción alérgica y le dieron el alta para regresar a prisión al día siguiente.

La Fundación Anticorrupción de Navalny ha expuesto casos de corrupción entre funcionarios del gobierno, incluyendo algunos al más alto nivel. El mes pasado, el político tuvo que cerrar la fundación tras una demanda económicamente devastadora de Yevgeny Prigozhin, un empresario que mantiene una estrecha relación con el Kremlin.

Navalny hizo campaña para enfrentarse a Putin en las presidenciales de 2018, pero se le prohibió presentarse a los comicios. Estableció una red de oficinas de campaña en todo el país y desde entonces ha estado presentando a candidatos opositores a comicios frente a los aspirantes del gobernante Rusia Unida. (AP)

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Agencias

El lenguaje de la guerra de EE.UU. e Israel

Francisco

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EP FLORIDA NEWS | OPINIÓN POLÍTICA

EE. UU.-Israel solamente pueden entender el lenguaje de la guerra

Por: Níkolas Stolpkin

El optimismo que se ha generado por la tregua de dos semanas entre Irán y Estados Unidos -Pakistán como país intermediario-, hay que verlo con mucha cautela y prudencia, porque del inicial optimismo se podría pasar rápidamente al más completo pesimismo.

Las buenas intenciones suelen ser muy embriagadoras, pero la realidad en el terreno suele quitar dicha embriaguez.

Principal obstáculo para la paz: Israel

Seamos objetivos, tanto Israel como EE. UU. en el fondo de todo este asunto nunca han deseado la paz en el Medio Oriente. Ejemplos están de sobra. ¿O acaso no nos ha convencido lo que ya ha pasado en Siria, Irak, Afganistán, Palestina, Líbano, etc.?

Pero, aunque EE. UU. quiera intentar llegar a un acuerdo con Irán, el principal obstáculo para la paz siempre será Israel. Por lo que EE. UU. deberá hacer algo por lo que todos desconfían de que se pueda hacer: controlar a Israel.

(Nota del autor: A estas alturas del partido, ¿quién podría controlar a Israel?)

Tira y afloja: el juego favorito para mantener los mercados internacionales a flote.

Desde que se proclamó oficialmente el alto al fuego entre EE. UU. e Irán (el pasado martes 07 de abril), la parte israelí puede dar la impresión de que no querrá ser parte, ya que ha seguido con sus incursiones militares, incluso más intensas aún, tanto en el Líbano como en Irán. Y si prosigue, lamentablemente Hezbolá en el Líbano no se quedará de brazos cruzados, e Irán difícilmente dejará que Israel los siga agrediendo.

Por tanto, será difícil que se pueda concretar un alto el fuego total en Medio Oriente, a menos que las partes afectadas acepten las condiciones del país vencedor, quien es el que debería dar las pautas.

La resistencia en Irak ha acatado el alto al fuego desde el primer momento; Hezbolá está dispuesto a acatarlas siempre y cuando Israel lo acate; e Irán obviamente desea el alto al fuego con la condición de que se puedan respetar sus condiciones.

Pero en estos momentos claves se necesita seriedad para poder llegar a buen puerto, y no lo estamos observando. Tanto EE. UU. como Israel no parecieran tomarle peso al asunto.

Estados Unidos no puede jugar a las ambigüedades, e Israel no puede jugar al desentendido. Incluso podría dar la impresión de que Donald Trump estuviera jugando con los mercados, manteniendo el precio del petróleo en un cierto rango.

Las amenazas de Trump y los supuestos “acuerdos” o “negociaciones”, que van y vienen, ¿son parte de una estrategia para mantener los mercados internacionales a flote y no permitir que se hundan?

Actores partes de un Todo

Los actores principales de la guerra deberían estar de acuerdo en que EE. UU.-Israel son parte de un Todo, como lo puede ser en el presente las fuerzas de resistencia en el Líbano, Irak y Yemen que luchan coordinadamente junto a Irán. Si Israel se desmarca del Todo al que pertenece, entonces se volvería confuso el Todo, y así sería imposible de llegar a un consenso entre las partes que reconocen cada Todo.

Para que se logre avanzar a un acuerdo, las partes involucradas necesitan ponerse de acuerdo en las partes que conforman cada Todo.

Si la parte de un Todo no quiere ser parte de un acuerdo que involucre a su Todo, ¿el Todo podría quedar libre de represalias por parte de la contraparte, en caso de que una parte de cierto Todo quiera jugar de manera “independiente”, sin desprenderse de su Todo?

El silencio de los culpables

Los aliados de Israel (EE. UU.-Inglaterra-Unión Europea) deberían desde ya condenar enérgicamente los ataques de Israel al Líbano e Irán. No condenarlos significa avalar su posición a favor de la guerra.

Pedro Sánchez, presidente de España, pareciera ser el primero que ha condenado los intensos ataques criminales contra el Líbano por parte de Israel. Algo que bien podrían emular los demás líderes de la Unión Europea. Porque si se han negado a prestar sus territorios para que EE. UU. pueda atacar a Irán ¿por qué no condenar a Israel y aplicar sanciones? Claro, se les es más fácil para ellos condenar y sancionar a Rusia con respecto a Ucrania y terminar siendo más dependientes de EE. UU., ¿no?

Medios de comunicación

Algo a destacar es que los Grandes Medios de Comunicación Occidentales no están poniendo mucho énfasis en la violación del alto al fuego por parte de Israel. Más han puesto énfasis en los acuerdos que se pudieran llevar a cabo en Islamabad, Pakistán. ¿Cuál será el comportamiento de los Grandes Medios de Comunicación Occidentales si Hezbolá (en el Líbano) e Irán se puedan defender de los ataques de Israel? ¿Los titulares, pronto, serán “Irán y Hezbolá han violado el cese al fuego”, “Irán ha roto el acuerdo”?

Llega a ser increíble cómo los Grandes Medios de Comunicación Occidentales han terminado por naturalizar los crímenes de guerra de Israel y EE. UU. Crímenes de guerra que quedan en la más absoluta impunidad. Más de 250 muertos y más de mil heridos en la última incursión de Israel en el Líbano y los Grandes Medios Occidentales ni siquiera se inmutan. Otra cosa muy distinta sería si esos muertos y heridos hubiesen sido provocados por Rusia en algún país europeo como en Alemania; los Grandes Medios Occidentales tendrían semanas o meses hablando del tema. Pero como hoy es Líbano… ¿A quién le importa?

Hoy es el Líbano, pero todos fuimos testigos de toda la tragedia que vivió Gaza con los palestinos y no se pudo hacer nada. ¡¡¡Nada!!! ¿Cómo quieren que el mundo sienta alguna empatía por los israelíes cuando caen misiles iraníes en territorios ocupados?

Y mañana los Grandes Medios de Comunicación Occidentales tendrán que naturalizar la injusticia, si EE. UU. decidiera apoderarse de Groenlandia. Trump nuevamente ha advertido a sus “aliados” de la OTAN sobre ese “enorme trozo de hielo tan mal gestionado”.

Lenguaje de la guerra

Si los actores afectados no desean entender el significado del alto al fuego como la mejor vía para aceptar su derrota en el terreno, entonces lo más probable es que las fuerzas de Irán y la resistencia en el Líbano, Irak y Yemen querrán hacerle entender su derrota por medio del lenguaje de la guerra, único lenguaje que podrían entender.

Irán junto a sus aliados tienen como uno de sus principales objetivos expulsar la presencia militar de EE. UU. en la región, por lo que podrían atacar todos los intereses norteamericanos en Medio Oriente de una forma tal que ni siquiera puedan alcanzar a pedir clemencia.

Fuera del tablero EE. UU., Israel quedaría “desamparado” y podría terminar pagando por todos sus crímenes. ¿Se avizora un nuevo Nuremberg?

EE. UU. desea salir de Medio Oriente por las malas, ya que no pudieron convencerlo por las buenas.

Pero esta vez quizá Irán haya captado el juego del “tira y afloja” de Trump para mantener cierto nivel de los mercados a flote, por lo que esta vez Irán podría apostar en zambullir los mercados hasta las profundidades más desconocidas, cerrando el estrecho de Bab el-Mandeb y quién sabe si después se les ocurra cortar los cables submarinos de internet que pasan por el estrecho de Ormuz y el Mar Rojo (el grueso de todos los cables). ¿De qué manera se habrían de reparar los daños si estos se pudieran encontrar en zonas donde existieran operaciones militares activas? ¿Europa, África, Asia están preparados para tal escenario?

https://stolpkin.net/

Níkolas Stolpkin

Análisis internacional – Geopolítica

NOTA : La opinión y el análisis de los contenidos políticos son responsabilidad de los autores.

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Articulos Destacados

Ucrania: El Caballo de Troya de la OTAN

Francisco

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EP NEW YORK. | UCRANIA

Por: Nikolás Stolpking

La entrada en escena del Oreshnik, ha dejado a la OTAN, EE. UU., Unión Europea desatados; están vueltos locos. Unos están discutiendo posibles “ataques preventivos” en territorio ruso, otros están proponiendo “devolverles” a Ucrania las armas atómicas que supuestamente les fueron “arrebatadas”, otros están llamando a las empresas para que se “preparen para la guerra”, otros quieren ampliar la red de bunkers, etc. ¿Qué otros delirios tendremos que masticar?

–¡Calma! ¡Calma! ¡Que no panda el cúnico!, diría el Chapulín Colorado. Es simplemente que si sigues provocando al Oso, te va a llegar un avellano. Bien, prosigamos.

Después del lanzamiento ruso del misil balístico Oreshnik, sin carga nuclear, sobre territorio ucraniano, como respuesta a los ataques con misiles ATACMS y Storm Shadow sobre territorio ruso, uno tendería a pensar que los responsables occidentales, como mínimo, tendrían que pensarlo muy bien antes de nuevamente “autorizar” a Ucrania el lanzamiento de misiles balísticos tácticos sobre territorio ruso. Pero, como se ha visto en estos últimos días, no ha sido el caso. Y no es de extrañar, en todo caso. A EE. UU., Gran Bretaña o a la Unión Europea no les importa, en absoluto, el destino de Ucrania. Lo único que les importa  es defender los intereses del propio EE. UU.

Estamos hablando, además, de la entrada en escena de nuevas tecnologías en el campo de batalla que podrían marcar la diferencia. El Oreshnik, un misil balístico con velocidad hipersónica (3,3 a 4 km/s); puede portar ojivas nucleares; difícil de detectar e imposible de interceptar por los actuales sistemas de defensa antimisiles estacionados en Europa; y su alcance podría llegar a los 5,500 kilómetros. O sea, podría alcanzar a toda Europa en menos de 20 minutos.

Vladimir Putin fue claro al señalar que las pruebas de los nuevos sistemas de misiles en el campo militar proseguirían si la amenaza a la seguridad de Rusia persistían: “Consideramos que tenemos el derecho a utilizar nuestras armas contra objetivos militares de aquellos países que permiten el uso de sus armas contra nuestros objetivos, y en caso de una escalada de acciones agresivas, responderemos con la misma decisión y de la misma manera”.

Lo razonable, en una situación así, es que se quiera desescalar el conflicto, ¿no?, pero sucede todo lo contrario: se desea seguir escalando.

Quizá haya llegado el momento para reflexionar y aceptar la derrota de Ucrania y su titiritero (OTAN) ante la determinación de Rusia. Que podría ser muy fácil en teoría, pero que bastaría con que el titiritero empezara a abandonar a Ucrania. Pero pareciera que el Bloque Occidental Capitalista estuviera lejos de reflexionar y aceptar los nuevos cambios tectónicos que se están desarrollando en el mundo.

Proseguir la escalada, no hace más que hacer daño a la propia Ucrania, que no sabemos aún cómo habrá de quedar conformada, terminado el conflicto. Pero de que quedará más pequeña (Ucrania), quedará más pequeña.

La OTAN, lo mejor que podría hacer sería convencer a los líderes ucranianos de que al juego hay que ponerle fin; que ahora hay que conducir hacia el terreno de las negociaciones. Pero, en la práctica, vemos todo lo contrario. Pareciera que existiera más interés en proseguir el conflicto por parte de las potencias Occidentales que de la propia Ucrania.

Seguir con el juego ante el nuevo escenario es suicida. ¿Qué disparates están pensando? ¿“Entregar armas nucleares a Ucrania”? ¿“Autorizar a Ucrania más lanzamientos de misiles en territorio ruso”? ¿“Ataques preventivos sobre Rusia”? ¿“Nuevos sistemas de defensa anti-misiles”? ¿“Envío de tropas militares OTAN hacia Ucrania”? ¿Acaso no se ha entendido bien el mensaje que plantó en las cabezas el Oreshnik?

¿Cómo Rusia podría hacer entender a Occidente?

Porque pareciera que Occidente no quisiera entender la seriedad del asunto. Occidente sigue con el mismo entusiasmo, o más, como cuando comenzó a “apoyar” a Ucrania. Y Rusia sigue con la misma estrategia de la Operación Militar Especial (SVO) sobre Ucrania. Occidente y su “ayuda” a Ucrania, no tiene visos de querer parar por el momento, al contrario, tiene sumo interés porque prosiga. Porque, entiéndase bien, EE. UU. y aliados no quieren perder sus posiciones privilegiadas en el tablero.

EE. UU. y aliados (OTAN)  deberían aceptar el nuevo terreno de juego. No están para seguir jugando a escalar. Lo más razonable que pueden hacer es aceptar la nueva realidad, e incluso la disolución de la OTAN. Porque… ¿Qué razón tiene de existir una estructura político-militar al no poder brindar protección a Europa ante las nuevas tecnologías militares en manos de Rusia? El Oreshnik ha dejado a la OTAN como un chiste.

Pero la OTAN no deja de sorprender: desde el comienzo de la SVO los países que conforman la OTAN corrieron a mandar “ayuda” a Ucrania. Primero eran cosas tales como cascos y municiones, después misiles anti-tanque y misiles anti-aéreo, pero, como Ucrania poco avanzaba en el campo de batalla, la “ayuda” evolucionó a misiles tácticos de largo alcance (ATACMS), lanzacohetes múltiples HIMARS, tanques, aviones, etc. Pero como los ucranianos seguían sin avanzar significativamente en el campo de batalla y, además, se encontraron con un déficit sustancial de soldados, ¿cuál fue la idea “brillante” que se les ocurrió? Golpear e incursionar en territorio ruso; y ahora golpear con misiles ATACMS y Storm Shadow. Siendo que, estos últimos, como ya se ha señalado cientos de veces, no-pueden-ser-operados-sin-el-apoyo-de-especialistas-extranjeros (no-ucranianos).

¿Qué vendría después? La respuesta rusa: el lanzamiento del misil balístico hipersónico Oreshnik sobre un complejo militar ucraniano. Con el mensaje adjunto de que la próxima vez podría llegar más lejos y que podría llevar ojivas más dañinas si se insistiera en atacar territorio ruso con los misiles de largo alcance. ¿Cuál ha sido la respuesta de la OTAN en estos últimos días? Algo de no creer: intensificar más los ataques con sus propias armas en territorio ruso.

Acá ya no se trata de Ucrania. Ucrania pasó a ser un producto, un títere, que se sigue vendiendo en los Medios, pero que no tiene valor alguno. Ucrania simplemente se ha convertido en un caballo de Troya moderno que es arrastrado por la OTAN. Ucrania es únicamente un medio. Y Rusia lo sabe.

¿Qué mejor que instalar en el imaginario colectivo que Ucrania es un “indefenso” al cual hay que “ayudar” frente a un “invasor” gigante, “imperialista”, que quiere “expandir” su territorio? Los Medios occidentales no te dirán que la OTAN está en suelo ucraniano apretando el gatillo, te dirán que están “proporcionando instrucciones”, “proporcionando datos”, “proporcionando permiso”, “proporcionando armas para la autodefensa”.

Si Ucrania es el caballo de Troya de la OTAN, ¿por qué dejar que camine el artefacto? ¿Por qué no apagar el artefacto de una vez por todas? ¿Por qué no desarmar el artefacto, paso a paso? ¿Qué podría hacer la OTAN con un artefacto inservible?

Rusia simplemente debe ir por el caballo de Troya.

¿Qué otras sorpresas en el ámbito tecnológico-militar sacará a la luz Rusia? ¿La nueva realidad militar podrá lograr poner en pausa a Occidente?

Níkolas Stolpkin

Análisis internacional – Geopolítica – Crítica – Opinión – Pensamiento

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Agencias

¿Estamos en una nueva guerra fría? o solo es una guerra comercial

Francisco

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EP New York | polìtica mundial

Lo llamamos nueva guerra fría, pero no lo es

La competencia entre EEUU y China es muy diferente de la que rigió entre Washington y Moscú y estructuró el mundo durante la guerra fría. Pese a las limitaciones que le impone EEUU, China está inmersa de lleno en la economía global y las inversiones estadounidenses en el país no dejan de aumentar. ‘Codependencia destructiva’ podría ser más adecuado para la competencia interdependiente actual.

Lo llamamos “nueva guerra fría”, pero la relación, competencia y colaboración entre Estados Unidos y China no solo no lo es, sino que guiarse por este concepto puede llevar a errores de visión y de política . Más aún entre China y la Unión Europea, que ve, correctamente, a la superpotencia asiática como “socio, competidor y rival sistémico”.

Utilizamos el término de guerra fría por pereza intelectual, y porque estamos inmersos en un periodo de transición, es decir, de desorden, de un orden mundial a otro cuyos contornos se divisan aún mal. La guerra fría responde a otra época y situación. No es un concepto útil hoy. Pese al discurso de la tensión entre Washington y Pekín, la realidad es otra. El episodio de los globos es un reflejo.

A diferencia de la antigua Unión Soviética, China participa plenamente en la economía global, y en las cadenas de suministro que la conforman, aunque la globalización se haya frenado algo con la pandemia y con la competencia tecnológica y estratégica entre Washington y Pekín. Desde Occidente, sobre todo desde EEUU, se avanza hacia un acortamiento de estas cadenas, por medio de políticas de empresas. No solo por razones geopolíticas o geoeconómicas, pues tiene mucho que ver con la política interna estadounidense.

Con su política de America First, Donald Trump y su republicanismo radical atrajeron a una parte importante, venida a menos con la deslocalización y la automatización, de la clase obrera y media baja de EEUU. Joe Biden quiere con su política antichina y de Buy American –más allá de indudables consideraciones estratégicas de una superpotencia que teme que le haya surgido una rival– restablecer puentes con esos votantes que había perdido el Partido Demócrata. Es, además, un terreno de entendimiento con el propio Partido Republicano, radicalizado, con el que ahora tiene que tratar dado que controla la Cámara de Representantes. La política hacia China tiene mucho de política interna americana. <span;>All politics is local.

La actual administración estadounidense, inspirándose en tiempos de la guerra fría, se ha metido en una política de control de las exportaciones de tecnología avanzada hacia China, en la que está incorporando a aliados como Países Bajos, Japón y Corea del Sur, esenciales para la fabricación de los chips (microprocesadores) y otros elementos más avanzados. Un problema es que cada vez es más difícil diferenciar entre aplicaciones civiles y militares de estas tecnologías. Indudablemente, hay una carrera tecnológica entre EEUU y una China cuyos avances quiere frenar Washington tras percatarse, demasiado tarde, de que su incorporación a la economía mundial, en especial a partir de 2001 con la entrada en condiciones ventajosas de Pekín a la Organización Mundial del Comercio, no produjo la liberalización económica y política que, de manera ingenua y con desconocimiento de la cultura imperante en China, esperaba. Un ingenuidad y desconocimiento que también es frecuente en España.

«China tuvo su primer ‘momento Sputnik respecto a la inteligencia artificial con la derrota, en 2018, de un maestro del juego Go por la computadora AlphaGo de Deepmind (empresa adquirida por Google)»

El discurso de frenar a China predomina en EEUU, donde hay un amplio consenso al respecto. Algunas medidas restrictivas pueden lograrlo, al menos temporalmente. Por ejemplo, limitando la capacidad china de desarrollar la más avanzada inteligencia artificial (IA), respecto a la cual Pekín ha tenido lo que el experto e inversor Kai-Fu Lee llamó el “momento Sputnik”. Se refería al susto de EEUU cuando la URSS lanzó en 1957 el primer satélite artificial. Generó una carrera espacial, que llevó a EEUU a poner a un hombre en la Luna, a donde ahora parece que quieren volver diversas potencias, empezando por China.

El primer “momento Sputnik” chino en referencia a la IA llegó en 2018 con la derrota de un maestro del juego Go por la computadora AlphaGo de Deepmind (empresa adquirida por Google). (Dicho sea de paso, estos días, un jugador humano aficionado ha vencido al programa, tras descubrir en él, gracias a la IA, algunos fallos en el programa.) El segundo momento, para Pekín, ha sido el lanzamiento por OpenAI (en la que Microsoft tiene grandes intereses) de la inteligencia artificial generativa de lenguaje natural ChatGTP, que tanto revuelvo ha causado, y las de otras empresas. Corriendo, Pekín va a intentar presentar la suya. China, el mayor consumidor mundial de chips, no es (¿aún?) capaz de diseñar o fabricar los más avanzados, que necesita para esta carrera.

Las medidas limitativas de Washington le están llevando a desarrollar su propia capacidad. Tomará un tiempo y el éxito no está garantizado. Pero, ejemplo de la capacidad china, en diciembre pasado Huawei solicitó su propia patente para un componente de la litografía por luz ultravioleta extrema, tecnología que hasta ahora tenía en exclusividad la empresa ASLM de Países Bajos, esencial para fabricar los semiconductores más avanzados.

Pese al discurso oficial desde Washington de una relativa separación tecnológica y en otros aspectos de China, la realidad es algo diferente. El déficit comercial de EEUU con China creció el año pasado un 8,3% anual hasta los 382.900 millones de dólares, el segundo más alto registrado. Las inversiones estadounidenses en China van viento en popa, aunque se han frenado en startups .

Apple quiere comenzar a distanciarse de China, abriendo fábricas en India, además de impulsando su colaboración con países como Vietnam, pero no lo logra de forma significativa, debido al grado de sofisticada integración de sus sistemas de producción en la nueva superpotencia. China, por su parte, alberga muchas materias primas estratégicas en la era digital, desde el litio a las tierras raras. Aunque la administración estadounidense no lo reconozca de manera oficial, EEUU y China se necesitan mutuamente.

De seguir la tensión, podrían acabar –con los europeos pillados en medio– como los protagonistas del cuadro de Goya Duelo a garrotazos o como esos boxeadores que, agotados, acaban enganchados el uno al otro en el ring.

En cuanto a Taiwán, Washington está reforzando sus relaciones políticas y estratégicas con la isla, ante la posibilidad de una invasión desde la China continental. Sin embargo, es significativo que Warren Buffet haya anunciado una desinversión de 86% en TSMC, la empresa taiwanesa que fabrica (no diseña) un 54% de los chips mundiales. ¿Por el reshoring o por otra razón? Buffet suele acertar en las tendencias mundiales.

«Tan significativo es que China haya propuesto un plan para un ‘acuerdo político’ en 12 puntos, formalmente acorde con el Derecho Internacional, aunque no distingue entre agresor y agredido, como que Occidente lo haya rechazado de plano pese a tener algunos avisos interesantes»

Está, además, la competencia geopolítica en el Sur Global. EEUU intenta rodear a China en el Pacífico por medio de alianzas con países de la región (Filipinas es el último). China (y Rusia) refuerza sus bases navales y su presencia económica y estratégica en África y en América Latina. Aunque, tras las advertencias estadounidenses, si China empieza a apoyar a Rusia con suministros militares para la guerra en Ucrania –que incomoda a China, aunque ve ahí que Occidente se puede debilitar–, la tensión se puede incrementar de manera notable. Moscú se habrá echado a los brazos de Pekín, todo lo contrario de lo que buscaron Nixon y Kissinger con su apertura a China. Pero tan significativo es que China haya propuesto un plan para un “acuerdo político” (no lo llama plan de la paz) en 12 puntos, formalmente acorde con el Derecho Internacional, aunque no distingue entre agresor y agredido, como que Occidente lo haya rechazado de plano pese a tener algunos avisos interesantes, por ejemplo, contra el uso del arma nuclear. Por detrás, hay un intento por parte de China de generar un orden mundial más acorde a sus intereses que el que nació de la guerra fría y la posguerra fría. Ese es un largo e importante proceso, o pulso, que cambiará la gobernanza global.

En la guerra fría, la URSS exportaba ideología, comunismo soviético, y Occidente defendía la democracia liberal para sí. Cabe recordar la reguera de apoyos estadounidenses a golpes de Estado, como el de Pinochet en Chile. El Occidente democrático ha dejado, en general, de intentar exportar democracia liberal, salvo para defender la suya y la de sus socios (como Hungría y Polonia) o la de sus vecinos inmediatos (Ucrania). Su última y larga gran experiencia al respecto, Afganistán, salió mal. Pero la democracia avanzó en el mundo, aunque últimamente esté retrocediendo. En esta competencia, en la que desempeña un papel fundamental la desinformación, China intenta hacer atractivo su modelo desarrollo. Pero sabe que es único y de difícil repetición, aunque ya ha dejado sentado que crecimiento económico y tecnológico no requiere democracia liberal. Prefiere a los regímenes autoritarios, a los que no pide cuentas, sino contrapartidas económicas. La vigilancia de los ciudadanos/usuarios se da en todos los sistemas, aunque el uso que se hace de ella difiere. ¿Exporta China tecnoautoritarismo, con sistemas de vigilancia, censura y represión avanzados? Sin duda. Aunque también lo hace EEUU (y varios países occidentales). Si China exporta IA de reconocimiento facial a través de cámaras (a menudo con tecnología estadounidense), EEUU no se queda atrás. Una diferencia, según un reciente estudio de Brookings, es que estas exportaciones chinas se reparten entre democracias fuertes y débiles (56 % vs. 46 %), mientras EEUU lo hace más hacia las fuertes (76 % vs. 24 %).

La guerra fría comenzó con EEUU gozando de superioridad nuclear y la URSS de superioridad convencional en una Europa tomada como rehén de esta competición. Un equilibrio precario. Luego, con el desarrollo por ambos de sus capacidades nucleares, se llegó a la disuasión mutua asegurada (la Doctrina MAD) y a la paridad nuclear. Con el auge de China, las cosas cambian. Si China, como parece, está ampliando de forma significativa su arsenal nuclear para llegar a 1.500 cabezas en 2035, frente a las 3.700 de EEUU y a las 4.500 de Rusia en la actualidad, la disuasión cambiará por completo, por mucho que Pekín diga mantener la doctrina de que no será el primero en usarlas (no first use). Como indica el analista Andrew Krepinevich, la disuasión basada en la paridad funcionaba entre dos, pero la paridad deja de tener sentido entre tres. Habrá, sin embargo, potencial suficiente para destruir el planeta varias veces. Deberá repensarse por completo la ecuación nuclear –base del orden mundial–, más aún cuando Vladímir Putin ha sacado a Rusia del único gran acuerdo de control de armamentos nucleares que quedaba, el Nuevo Start. Habrá que pensar, como poco, en triadas. Más complejidad. Más inestabilidad.

No es, pues, una nueva guerra fría. Pero sí una situación de dependencia mutua y de profunda competencia entre una superpotencia que quiere seguir prevaleciendo y otra que quiere seguir ascendiendo. Un pulso polidimensional (con dimensiones que se alimentan entre sí). El término “nueva guerra fría” es facilón, y por eso se usa. ¿Entonces qué? ¿“Lucha existencial” para lo que queda de siglo, como la ha calificado el republicano Mike Gallagher, de la nueva comisión bipartita de la Cámara de Representantes de EEUU para combatir la competencia china? Esperemos que no. Para Rana Foroohar, analista de Financial Times,China y EEUU están atrapados en una “codependencia destructiva”. Puede valer. Pero habrá que encontrar una mejor definición de esta competencia interdependiente. No son tiempos de simplismos.

Publicado en

El País de España

Andrés Ortega

Andrés Ortega Klein (Madrid, 1954) es escritor, analista y periodista. Ha sido en dos ocasiones (1994-1996 y 2008-2011) Director del Departamento de Análisis y Estudios del Gabinete de la Presidencia del Gobierno. Ha tenido una larga carrera en periodismo como corresponsal en Londres y Bruselas y columnista y editorialista de El País

 

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