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Agencias

Guerra civilizadora de Trump vs políticas migratorias

Francisco

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EP FLORIDA NEWS | POLÍTICA MUNDIAL

La nueva guerra civilizadora de Trump

por : Thomas L. Friedman

Cada pocos años, se me recuerda una de mis reglas cardinales del periodismo: cuando veas elefantes volando, no te rías, toma nota. Porque si ves elefantes volando, está pasando algo muy distinto que tú no entiendes, pero que tú y tus lectores necesitan entender.

Traigo esto a colación hoy en respuesta a la Estrategia de Seguridad Nacional de 33 páginas del gobierno de Donald Trump, publicada la semana pasada. Se ha observado ampliamente que, en un momento en que nuestra rivalidad geopolítica con Rusia y China es más acalorada que en ningún otro momento desde la Guerra Fría —y Moscú y Pekín están cada vez más estrechamente alineados contra Estados Unidos—, la doctrina de seguridad nacional Trump 2025 apenas menciona a estos dos desafiantes geopolíticos.

Aunque el informe examina los intereses estadounidenses en todo el mundo, lo que más me intriga de él es cómo habla de nuestros aliados europeos y de la Unión Europea. Cita las actividades de nuestras democracias hermanas europeas que “socavan la libertad y la soberanía políticas, las políticas migratorias que están transformando el continente y creando conflictos, la censura de la libertad de expresión y la supresión de la oposición política, el hundimiento de las tasas de natalidad y la pérdida de identidades nacionales y de confianza en uno mismo”. “Si continúan las tendencias actuales”, prosigue, “el continente será irreconocible en 20 años o menos”.

De hecho, advierte el documento estratégico, a menos que nuestros aliados europeos elijan partidos nacionalistas más “patrióticos”, comprometidos a frenar la migración, Europa se enfrentará al “borrado de la civilización”. Lo que no se dice, pero está implícito, es que los juzgaremos no por la calidad de su democracia, sino por el rigor con que frenen el flujo migratorio de los países musulmanes hacia el sur de Europa.

Se trata de un elefante volador que nadie debería ignorar. Es un lenguaje distinto a cualquier análisis anterior sobre seguridad nacional estadounidense, y a mi juicio revela una profunda verdad sobre este segundo gobierno de Trump: hasta qué punto llegó a Washington para luchar en la tercera guerra civil de Estados Unidos, no para luchar en la nueva guerra fría de Occidente.

Sí, en mi opinión, estamos en una nueva guerra civil por un lugar llamado hogar.

En primer lugar, debo hacer un rápido desvío hacia el “hogar”. Hoy en día se tiende a reducir todas las crisis a la árida métrica de la economía, a las maquinaciones del tablero de ajedrez de las campañas políticas o militares, o a los manifiestos ideológicos. Todos, por supuesto, tienen su relevancia, pero cuanto más tiempo llevo trabajando como periodista, más he descubierto que el mejor punto de partida para desentrañar una historia son las disciplinas de la psicología y la antropología. A menudo son mucho mejores a la hora de revelar las energías, ansiedades y aspiraciones primarias que animan nuestra política nacional —y la geopolítica mundial—, porque descubren e iluminan no solo lo que la gente dice que >quiere<, sino también lo que >teme< y >por lo que reza< en privado > y por qué lo hace.

Yo no estaba aquí para la Guerra Civil de la década de 1860, y todavía era un niño durante nuestra segunda gran lucha civil, el movimiento por los derechos civiles de la década de 1960 y el asesinato de Martin Luther King Jr. Pero definitivamente estoy de servicio para la tercera guerra civil de Estados Unidos. Esta, como las dos primeras, gira en torno a las preguntas “¿De quién es este país?” y “¿Quién puede sentirse a gusto en nuestra casa nacional?”. Esta guerra civil ha sido menos violenta que las dos primeras, pero es incipiente.

Los seres humanos tienen una necesidad estructural y duradera de un hogar, no solo como refugio físico, sino también como ancla psicológica y brújula moral. Por eso Dorothy en  El mago de Oz (mi película favorita) acertó plenamente: “No hay lugar como el hogar”. Y cuando las personas pierden esa sensación de hogar —ya sea por una guerra, un cambio económico rápido, un cambio cultural, un cambio demográfico, un cambio climático o un cambio tecnológico— tienden a perder su centro de gravedad. Pueden sentirse como si fueran arrojadas de un lado a otro en un tornado y se aferraran con desesperación a cualquier cosa lo bastante estable a la que sujetarse, y eso puede incluir a cualquier líder que parezca lo bastante fuerte como para volver a atarlas a ese lugar llamado hogar, por fraudulento que sea ese líder o poco realista la perspectiva.

Con esto como telón de fondo, no puedo recordar otro momento en los últimos 40 años en el que haya viajado por Estados Unidos, y por el mundo, y haya encontrado a más gente haciéndose la misma pregunta: “¿De quién es este país?” O como dijo Itamar Ben-Gvir, ministro israelí nacionalista de extrema derecha, en hebreo, en sus anuncios políticos durante las elecciones israelíes de 2022: “¿Quién es el propietario aquí?”.

Y no es casualidad. En la actualidad, hay más personas que viven fuera de su país de nacimiento que en ningún otro momento de la historia. Hay aproximadamente 304 millones de migrantes en todo el mundo: algunos buscan trabajo, otros educación, otros seguridad frente a conflictos internos, otros huyen de sequías, inundaciones y la deforestación.

En nuestro propio hemisferio, la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza de Estados Unidos informa de que los encuentros con migrantes en nuestra frontera sur alcanzaron máximos históricos en 2023, mientras que las estimaciones del Centro de Investigación Pew sugieren que la población total no autorizada en Estados Unidos creció hasta los 14 millones en el mismo año, lo que rompe un periodo de una década de relativa estabilidad.

Pero no se trata solo de los migrantes. La tercera guerra civil de Estados Unidos se libra en múltiples frentes.

En un frente están los estadounidenses blancos, predominantemente cristianos, que se resisten al surgimiento de un Estados Unidos dominado por las minorías, que ya se vislumbra en nuestro futuro en algún momento de la década de 2040, impulsado por el descenso de las tasas de natalidad entre los estadounidenses blancos y el crecimiento de la población hispana, asiática y multirracial.

En otro frente están los estadounidenses negros que siguen luchando contra quienes levantarían nuevos muros para alejarlos de un lugar llamado hogar.

Luego están los estadounidenses de todos los orígenes que intentan estabilizarse en medio de corrientes culturales que parecen cambiar cada semana: nuevas expectativas sobre cuestiones como la identidad, los baños e incluso el tipo de letra, así como la forma en que nos reconocemos unos a otros en la plaza pública.

En otro frente, los vientos huracanados del cambio tecnológico, impulsados ahora por la inteligencia artificial, están barriendo los lugares de trabajo más rápido de lo que la gente puede asentar los pies. Y en un quinto frente, los jóvenes estadounidenses de todas las razas, credos y colores se esfuerzan por permitirse incluso una vivienda modesta, el refugio físico y psicológico que durante tanto tiempo ha anclado el sueño americano.

Mi sensación es que ahora tenemos millones de estadounidenses que se levantan cada mañana sin saber cuál es el guion social, la escala económica o las normas culturales que está bien practicar en su casa. Están psicológicamente desamparados.

Cuando Donald Trump hizo de la construcción de un muro a lo largo de la frontera con México el motivo central de su primera campaña, eligió instintivamente una palabra que cumplía una doble función para millones de estadounidenses. Un “muro” significaba una barrera física contra la migración descontrolada que estaba acelerando nuestra transición a un Estados Unidos donde las minorías son mayoría. Pero también significaba un muro contra el ritmo y el alcance del cambio: los torbellinos culturales, digitales y generacionales que reconfiguran la vida cotidiana.

Ese es, para mí, el profundo telón de fondo de la Estrategia de Seguridad Nacional de Trump. No le interesa volver a librar la Guerra Fría para defender y ampliar las fronteras de la democracia.

En mi opinión, lo que le interesa es librar la guerra civilizatoria sobre qué es el “hogar” estadounidense y qué es el “hogar” europeo poniendo énfasis en la raza y la fe judeo-cristiana, y en quién es un aliado en esa guerra y quién no.

El escritor de economía Noah Smith argumentó en su Substack de esta semana que esta era la razón clave por la que el movimiento MAGA empezó a alejarse de Europa occidental y a acercarse a la Rusia de Vladimir Putin: porque los devotos de Trump veían a Putin como un mayor defensor del nacionalismo cristiano blanco y de los valores tradicionales que las naciones de la Unión Europea.

Históricamente, “en la mente estadounidense”, escribió Smith, “Europa se erigía al otro lado del mar como un lugar de homogeneidad atemporal, donde la población blanca nativa siempre había estado y siempre permanecería”. Sin embargo, “en la década de 2010, los estadounidenses se dieron cuenta de que esta imagen sagrada de Europa ya no era exacta. Con la disminución de su población de trabajadores, los países europeos acogieron a millones de refugiados musulmanes y otros inmigrantes de Medio Oriente, Asia Central y del Sur, muchos de los cuales no se asimilaron tan bien como sus homólogos estadounidenses.

Smith añadió que a la derecha estadounidense actual, liderada por el movimiento MAGA, “no le importa intrínsecamente la democracia, ni los aliados, ni la OTAN, ni el proyecto europeo. Le importa la ‘civilización occidental’. A menos que Europa expulse en masa a los inmigrantes musulmanes y empiece a hablar de su herencia cristiana, es poco probable que el Partido Republicano levante una mano para ayudar a Europa con alguno de sus problemas”.

En otras palabras, cuando la protección de la “civilización occidental” —cuyo centro son la raza y la fe— se convierte en la pieza central de la seguridad nacional de Estados Unidos, la mayor amenaza pasa a ser la migración incontrolada en Estados Unidos y Europa occidental, no Rusia o China. Y “la protección de la cultura estadounidense, la ‘salud espiritual’ y las ‘familias tradicionales’ se enmarcan como requisitos centrales de la seguridad nacional”, como señaló el analista de defensa Rick Landgraf en el sitio web de defensa War on the Rocks. Y por eso el documento de la Estrategia de Seguridad Nacional de Trump no es un accidente ni la obra de unos cuantos ideólogos de bajo nivel. Es, de hecho, la piedra de Roseta que explica lo que realmente anima a este gobierno en casa y en el extranjero.

Publicado en NYT

 

Agencias

EE.UU. e Irán y las negociaciones de paz

Francisco

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FLORIDA NEWS | CONFLICTO EE.UU. – IRÁN.

Tanto Estados Unidos como Irán aseguran haber ganado la guerra.

Estados Unidos e Irán se han marchado de Pakistán sin haber llegado a un acuerdo que logre poner fin a la guerra que se inició el pasado 28 de febrero con el ataque de Israel y EE.UU. a la República Islámica, y al que Teherán respondió extendiendo el conflicto a la región.

Pero la puerta no se ha cerrado definitivamente. De hecho, Washington y Teherán han logrado sentarse cara a cara durante 21 horas, un logro bastante significativo, y el encuentro entre el vicepresidente de EE.UU., JD Vance, y el presidente del Parlamento iraní, Mohammad Bagher Ghalibaf, ha sido el de más alto nivel entre ambas naciones desde la Revolución islámica de 1979.

No hay que olvidar que el último acuerdo entre ambos países hace ahora más de una década solo se alcanzó después de 18 meses de idas y venidas.

En esas 21 horas se han tratado “temas sustantivos”, dijo Vance en la breve rueda de prensa que concedió al alba de este domingo y justo antes de volver a Washington. Sin embargo, continuó, Teherán se mostró reacio a aceptar las “líneas rojas” de EE.UU., y afirmó que se marchaban habiendo dejado “una última oferta”.

Ghalibaf, por su parte, señaló que la delegación iraní “planteó iniciativas con visión de futuro, pero la parte contraria no logró, en última instancia, ganarse la confianza de la delegación iraní en esta ronda de negociaciones”.

Desconfianza mutua

La desconfianza entre las partes es patente, pero las declaraciones tanto de Vance como de Ghalibaf ponen de manifiesto que el diálogo no está completamente roto.

En realidad, las conversaciones indirectas entre estadounidenses e iraníes continuaron a través de Pakistán después de que los altos representantes abandonaran Islamabad, según publican las principales agencias de europa.

Esto no ha sido confirmado oficialmente ni por Estados Unidos ni por Irán y, al igual que en años anteriores, siempre ha sido difícil comprender la naturaleza de cualquier debate entre intermediarios, señaló.

“Pero podría sugerir que la puerta a la mediación y a las conversaciones extraoficiales no está del todo cerrada”, sugiere Moshiti. Irán, de hecho, nunca esperó llegar a un acuerdo en una sola sesión, como confirmó un portavoz del ministerio de Asuntos Exteriores de Irán.

A la desconfianza mutua y la complejidad intrínseca de las conversaciones también se suma la dificultad de “separar los hechos de la narrativa que cada parte está difundiendo para su público nacional”, sugiere la corresponsal.

Lo que se desconoce por el momento, señala el corresponsal de asuntos globales de la BBC, Sebastian Usher, es “si se han sentado las bases para continuar las negociaciones durante el tiempo que queda de la tregua de dos semanas, y hasta qué punto cada parte estaría dispuesta a hacer concesiones para alcanzar un acuerdo que siga respondiendo a los intereses de ambas, así como a los del resto del mundo”.

Las claves: Ormuz y la cuestión nuclear

Varias cuestiones clave están en liza.
Según Estados Unidos, Irán no ha accedido a plegarse en una de las condiciones que ellos consideran clave: el programa nuclear. El propio Donald Trump publicó este domingo en su red social Truth Social que “la reunión fue bien, se llegó a un acuerdo sobre la mayoría de los puntos, pero no sobre el único que realmente importaba: la cuestión nuclear”.

No sabemos, por el momento, qué se puso sobre la mesa de negociación en lo que respecta a las capacidades nucleares de Irán. Pero el plan de 15 puntos de Trump que se filtró en las últimas semanas incluía varias exigencias clave: que Irán desmantelara todas sus principales instalaciones nucleares, pusiera fin al enriquecimiento de uranio en territorio iraní, trasladara sus reservas de uranio enriquecido fuera del país y aceptara inspecciones internacionales exhaustivas.

“En muchos sentidos”, prosiguió Trump, “los puntos acordados son mejores que continuar nuestras operaciones militares hasta el final, pero ninguno de esos puntos importa en comparación con permitir que la energía nuclear esté en manos de personas tan volátiles, difíciles e impredecibles”.

Estas palabras del presidente estadounidense hacen pensar que Washington podría contentarse con lo negociado hasta ahora si se llega también a un acuerdo sobre la cuestión nuclear.

Otro de los puntos clave ha sido, sin duda, la reapertura del estrecho de Ormuz.

Irán bloqueó este paso marítimo clave, por donde pasa el 20% del petróleo y gas natural licuado del mundo, desde el comienzo de la guerra, y lo ha convertido en una eficacísima herramienta contra el enemigo.

Irán ha manifestado su intención de imponer nuevas normas para el tráfico que transita por el estrecho. Algunos medios de comunicación sugieren que el plan de Teherán incluye el derecho a cobrar tarifas de tránsito de hasta US$2 millones por buque, cuyos ingresos se repartirían entre Irán y Omán, los dos países ribereños del estrecho de Ormuz.

Para los estados del golfo Pérsico que transportan sus valiosos hidrocarburos a través del estrecho, esto es inaceptable.

Reabrirlo se ha convertido en el gran objetivo de Trump.

“Irán prometió abrir el estrecho de Ormuz y, a sabiendas, no lo hizo. Esto causó ansiedad, trastornos y sufrimiento a muchas personas y países de todo el mundo”, escribió el presidente en Truth Social. “Tal y como prometieron, ¡más les vale iniciar el proceso para abrir esta vía navegable internacional, y rápidamente!”.

Indicios positivos

¿Se descarta, pues, una escalada por parte de Washington, al menos por ahora, ahora que Trump ha adoptado un enfoque más paciente y estratégico?

Sí, afirman algunos expertos, quienes sugieren que Irán sigue teniendo influencia sobre Estados Unidos, sobre todo debido a la prolongada interrupción del comercio mundial, la supervivencia de los dirigentes iraníes y sus aliados, y la existencia de sus reservas de uranio enriquecido.

Una agencia de noticias, Tasnim, citó a una fuente que afirmó que “Irán no tiene prisa por negociar”. La fuente añadió que “la pelota está en el tejado de Estados Unidos”.

“La gran lección aquí es que la fuerza bruta no ha empujado a los iraníes a una posición en la que sientan que deben hacer concesiones”, señala la corresponsal para Asia meridional de la BBC, Azadeh Moshiti.

Nicholas Hopton, exembajador del Reino Unido en Irán, cree que se pueden extraer algunos indicios positivos de lo ocurrido en Islamabad. “Parece que ambas partes han abordado el asunto de forma constructiva”, afirmó Hopton a la BBC. “Han mantenido conversaciones durante un periodo de tiempo notablemente largo. Y la forma en que se llevaron a cabo las conversaciones permitió tanto debates técnicos detallados como declaraciones de carácter más general”.

A pesar de las exigencias “maximalistas” planteadas por ambas partes en Islamabad y de que la brecha entre ellas sigue siendo amplia, ambas partes parecen esperar que se celebren nuevas conversaciones, sugirió el exembajador.

“Este acuerdo —si es que finalmente se llega a alcanzar uno— probablemente incluirá nuevos elementos y será aún más complejo que el acuerdo de 2015”, afirmó, en referencia al acuerdo alcanzado con Irán por el expresidente estadounidense Barack Obama.

Trump se enfrenta a una difícil disyuntiva: intensificar el conflicto o negociar

El vicepresidente de EE. UU. lo calificó como una buena y una mala noticia. La buena noticia es que mantuvieron conversaciones sustanciales con los iraníes. La mala noticia es que no han llegado a un acuerdo.

Lo calificó como una mala noticia para Irán.

La duración de esta única sesión de negociación fue significativa y sorprendente.

Pero no es de extrañar que no se haya llegado a un acuerdo. Los estadounidenses llegaron a Pakistán con la idea de que Irán había sufrido tanto en esta guerra que era posible llegar a compromisos rápidos.

“No han decidido aceptar nuestras condiciones”, anunció Vance.

Pero Irán también tiene sus propias líneas rojas. Acudió a estas negociaciones creyendo que tenía una posición de fuerza. A pesar del grave daño sufrido en su capacidad militar, sigue siendo capaz y está dispuesto a seguir luchando.

Y sigue teniendo una influencia significativa, especialmente por su control sobre el estratégico estrecho de Ormuz.

La última vez que Teherán y Washington alcanzaron un acuerdo nuclear, hace una década, se necesitaron 18 meses de avances y retrocesos.

Trump se enfrenta ahora a una difícil elección: escalar el conflicto o negociar.

Información de BBC y agencias .

 

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Agencias

Billie Jean King Cup , Ibagué 2026

Francisco

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EP FLORIDA NEWS | DEPORTES

Por : Gustavo Lugo | Colombia

Ibagué y la Billie Jean King Cup, en el Complejo de raquetas fue el lugar del encuentro internacional de tenis en donde la capital musical de Colombia recibió las delegaciones de ocho países en el Complejo Internacional de Raquetas del Parque Deportivo confirmando  una vez mas que Ibagué está capacitada para realizar eventos internacionales de esta clase.

Ibagureños y turistas, disfrutaron de cuatro dias de tenis a nivel internacional, cumpliendo con todos los protocolos y requerimientos de las federaciones internacionales, Ibagué se consolida como ciudad capaz de realizar eventos de categoria internacionales.

En cuanto al certamen , Argentina y Brasil lograron su clasificación a los Play-Offs, por otro lado, México, Ecuador, Chile y Perú aseguraron su permanencia en el Grupo I de las Américas, en una competencia exigente y de alto nivel tenístico.

La Selección Colombia, no tuvo suerte. integrada por Emiliana Arango, Valentina Mediorreal, María Camila Torres y María Paulina Pérez, bajo la capitanía de Alejandro González, descendió al Grupo II de las Américas.

A fecha de abril de 2026, la tenista colombiana Emiliana Arango se encuentra en el puesto 86 del ranking WTA de sencillos. Ha tenido un comienzo de temporada 2026 activo, participando en torneos como la Copa Colsanitas en Bogotá y Indian Wells, buscando consolidarse en el top 100 mundial tras una destacada temporada 2025.

Hay que recordar que para los fans del deporte blanco, como se le llama, el ingreso a los partidos fue completamente gratis.

El trabajo en equipo, desde la Alcaldesa, la logística, y todo el engranaje que se requiere para desarrollar un evento de esta manitud, dejo una huella inborrable, escribiendo una pagina mas en el tenis internacional.

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Agencias

El lenguaje de la guerra de EE.UU. e Israel

Francisco

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EP FLORIDA NEWS | OPINIÓN POLÍTICA

EE. UU.-Israel solamente pueden entender el lenguaje de la guerra

Por: Níkolas Stolpkin

El optimismo que se ha generado por la tregua de dos semanas entre Irán y Estados Unidos -Pakistán como país intermediario-, hay que verlo con mucha cautela y prudencia, porque del inicial optimismo se podría pasar rápidamente al más completo pesimismo.

Las buenas intenciones suelen ser muy embriagadoras, pero la realidad en el terreno suele quitar dicha embriaguez.

Principal obstáculo para la paz: Israel

Seamos objetivos, tanto Israel como EE. UU. en el fondo de todo este asunto nunca han deseado la paz en el Medio Oriente. Ejemplos están de sobra. ¿O acaso no nos ha convencido lo que ya ha pasado en Siria, Irak, Afganistán, Palestina, Líbano, etc.?

Pero, aunque EE. UU. quiera intentar llegar a un acuerdo con Irán, el principal obstáculo para la paz siempre será Israel. Por lo que EE. UU. deberá hacer algo por lo que todos desconfían de que se pueda hacer: controlar a Israel.

(Nota del autor: A estas alturas del partido, ¿quién podría controlar a Israel?)

Tira y afloja: el juego favorito para mantener los mercados internacionales a flote.

Desde que se proclamó oficialmente el alto al fuego entre EE. UU. e Irán (el pasado martes 07 de abril), la parte israelí puede dar la impresión de que no querrá ser parte, ya que ha seguido con sus incursiones militares, incluso más intensas aún, tanto en el Líbano como en Irán. Y si prosigue, lamentablemente Hezbolá en el Líbano no se quedará de brazos cruzados, e Irán difícilmente dejará que Israel los siga agrediendo.

Por tanto, será difícil que se pueda concretar un alto el fuego total en Medio Oriente, a menos que las partes afectadas acepten las condiciones del país vencedor, quien es el que debería dar las pautas.

La resistencia en Irak ha acatado el alto al fuego desde el primer momento; Hezbolá está dispuesto a acatarlas siempre y cuando Israel lo acate; e Irán obviamente desea el alto al fuego con la condición de que se puedan respetar sus condiciones.

Pero en estos momentos claves se necesita seriedad para poder llegar a buen puerto, y no lo estamos observando. Tanto EE. UU. como Israel no parecieran tomarle peso al asunto.

Estados Unidos no puede jugar a las ambigüedades, e Israel no puede jugar al desentendido. Incluso podría dar la impresión de que Donald Trump estuviera jugando con los mercados, manteniendo el precio del petróleo en un cierto rango.

Las amenazas de Trump y los supuestos “acuerdos” o “negociaciones”, que van y vienen, ¿son parte de una estrategia para mantener los mercados internacionales a flote y no permitir que se hundan?

Actores partes de un Todo

Los actores principales de la guerra deberían estar de acuerdo en que EE. UU.-Israel son parte de un Todo, como lo puede ser en el presente las fuerzas de resistencia en el Líbano, Irak y Yemen que luchan coordinadamente junto a Irán. Si Israel se desmarca del Todo al que pertenece, entonces se volvería confuso el Todo, y así sería imposible de llegar a un consenso entre las partes que reconocen cada Todo.

Para que se logre avanzar a un acuerdo, las partes involucradas necesitan ponerse de acuerdo en las partes que conforman cada Todo.

Si la parte de un Todo no quiere ser parte de un acuerdo que involucre a su Todo, ¿el Todo podría quedar libre de represalias por parte de la contraparte, en caso de que una parte de cierto Todo quiera jugar de manera “independiente”, sin desprenderse de su Todo?

El silencio de los culpables

Los aliados de Israel (EE. UU.-Inglaterra-Unión Europea) deberían desde ya condenar enérgicamente los ataques de Israel al Líbano e Irán. No condenarlos significa avalar su posición a favor de la guerra.

Pedro Sánchez, presidente de España, pareciera ser el primero que ha condenado los intensos ataques criminales contra el Líbano por parte de Israel. Algo que bien podrían emular los demás líderes de la Unión Europea. Porque si se han negado a prestar sus territorios para que EE. UU. pueda atacar a Irán ¿por qué no condenar a Israel y aplicar sanciones? Claro, se les es más fácil para ellos condenar y sancionar a Rusia con respecto a Ucrania y terminar siendo más dependientes de EE. UU., ¿no?

Medios de comunicación

Algo a destacar es que los Grandes Medios de Comunicación Occidentales no están poniendo mucho énfasis en la violación del alto al fuego por parte de Israel. Más han puesto énfasis en los acuerdos que se pudieran llevar a cabo en Islamabad, Pakistán. ¿Cuál será el comportamiento de los Grandes Medios de Comunicación Occidentales si Hezbolá (en el Líbano) e Irán se puedan defender de los ataques de Israel? ¿Los titulares, pronto, serán “Irán y Hezbolá han violado el cese al fuego”, “Irán ha roto el acuerdo”?

Llega a ser increíble cómo los Grandes Medios de Comunicación Occidentales han terminado por naturalizar los crímenes de guerra de Israel y EE. UU. Crímenes de guerra que quedan en la más absoluta impunidad. Más de 250 muertos y más de mil heridos en la última incursión de Israel en el Líbano y los Grandes Medios Occidentales ni siquiera se inmutan. Otra cosa muy distinta sería si esos muertos y heridos hubiesen sido provocados por Rusia en algún país europeo como en Alemania; los Grandes Medios Occidentales tendrían semanas o meses hablando del tema. Pero como hoy es Líbano… ¿A quién le importa?

Hoy es el Líbano, pero todos fuimos testigos de toda la tragedia que vivió Gaza con los palestinos y no se pudo hacer nada. ¡¡¡Nada!!! ¿Cómo quieren que el mundo sienta alguna empatía por los israelíes cuando caen misiles iraníes en territorios ocupados?

Y mañana los Grandes Medios de Comunicación Occidentales tendrán que naturalizar la injusticia, si EE. UU. decidiera apoderarse de Groenlandia. Trump nuevamente ha advertido a sus “aliados” de la OTAN sobre ese “enorme trozo de hielo tan mal gestionado”.

Lenguaje de la guerra

Si los actores afectados no desean entender el significado del alto al fuego como la mejor vía para aceptar su derrota en el terreno, entonces lo más probable es que las fuerzas de Irán y la resistencia en el Líbano, Irak y Yemen querrán hacerle entender su derrota por medio del lenguaje de la guerra, único lenguaje que podrían entender.

Irán junto a sus aliados tienen como uno de sus principales objetivos expulsar la presencia militar de EE. UU. en la región, por lo que podrían atacar todos los intereses norteamericanos en Medio Oriente de una forma tal que ni siquiera puedan alcanzar a pedir clemencia.

Fuera del tablero EE. UU., Israel quedaría “desamparado” y podría terminar pagando por todos sus crímenes. ¿Se avizora un nuevo Nuremberg?

EE. UU. desea salir de Medio Oriente por las malas, ya que no pudieron convencerlo por las buenas.

Pero esta vez quizá Irán haya captado el juego del “tira y afloja” de Trump para mantener cierto nivel de los mercados a flote, por lo que esta vez Irán podría apostar en zambullir los mercados hasta las profundidades más desconocidas, cerrando el estrecho de Bab el-Mandeb y quién sabe si después se les ocurra cortar los cables submarinos de internet que pasan por el estrecho de Ormuz y el Mar Rojo (el grueso de todos los cables). ¿De qué manera se habrían de reparar los daños si estos se pudieran encontrar en zonas donde existieran operaciones militares activas? ¿Europa, África, Asia están preparados para tal escenario?

https://stolpkin.net/

Níkolas Stolpkin

Análisis internacional – Geopolítica

NOTA : La opinión y el análisis de los contenidos políticos son responsabilidad de los autores.

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