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Blog de Sucesos y Noticias

Alerta en Los Angeles por alta contaminación ambiental

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80% de californianos tienen la salud en riesgo por condiciones de aire nocivo

Informe de la Asociación Pulmonar de Estados Unidos

LOS ANGELES,  /PRNewswire

El reporte sobre la Condición del Aire 2016 de la Asociación Pulmonar de Estados Unidos que se presentó hoy indica que a pesar de las mejoras que siguen habiendo en la calidad del aire, ocho de cada diez californianos viven en condados que tienen niveles de contaminación por ozono o material particulado que son nocivos para la salud. El reporte de este año utiliza datos sobre la contaminación por ozono y material particulado pertenecientes al periodo entre 2012 y 2014. El ozono y el material particulado son dos de los contaminantes más comunes que pueden ser mortales para la salud pública.  

El área metropolitana de Bakersfield volvió a ocupar el primer puesto como el área del país más contaminada por material particulado, mientras que Los Angeles sigue en las primeras posiciones de la lista como una de las áreas más contaminadas por ozono.  Específicamente, de las 10 ciudades con peor contaminación del aire de los Estados Unidos, las áreas metropolitanas de California se clasifican de la siguiente manera:

Contaminación por ozono /6 de las 10 primeras ciudades

LA-Long Beach-Riverside /Bakersfield /Visalia-Porterville-Hanford /Fresno-Mader

Sacramento-Roseville /Modesto-Merced

Contaminación por Material particulado, contaminación anual

Bakersfield/ Fresno- Madera/ Visalia-Poterville-Hanford / Modesto-merced/ San Jose-SF-Oakland-Stockto/ LA-Long Beach-Riverside

Si bien muchas ciudades de California aparecen entre las 10 primeras con la peor contaminación del aire, para varias ciudades fue el año más limpio hasta la fecha en lo que se refiere a la contaminación por ozono o material particulado. Este es el caso de Los Angeles que obtuvo los niveles más bajos de contaminación del aire en los 17 años en que se ha publicado el reporte de la Condición del Aire. “Gracias a vehículos y combustibles más limpios, así como a las políticas innovadoras de California a favor de un aire limpio, estamos observando que avanzamos de manera firme en nuestra lucha por un aire más limpio,” afirmó  Olivia J. (Gertz) Diaz-Lapham, Presidenta y Directora General de la Asociación Americana del Pulmón en California. “Sin embargo, más del 80% de los californianos – 32 millones de residentes – todavía viven en condados saturados de aire nocivo para la salud durante ciertas partes del año. Básicamente debemos de hacer más para proteger la salud de los californianos.”

A pesar de estas clasificaciones, el reporte sobre la Condición del Aire 2016 también muestra que muchas ciudades de California mejoraron significativamente en la reducción de la contaminación nociva para la salud causada por el ozono y material particulado desde que se publicó el reporte por primera vez en 2004. La región del sur de California ha reducido en un 90% los niveles de contaminación nocivos para la salud desde que se publicó el reporte por primera vez. De todos modos, todavía hay que mejorar para proteger mejor la salud pública de los efectos mortales de la contaminación del aire. Este año, El Centro, Los Angeles,Sacramento y Visalia tuvieron el número más reducido reportado hasta la fecha de días nocivos para la salud debido a la contaminación por ozono. Asimismo, Salinas fue nombrada de nuevo una de las ciudades más limpias del país y, de cuatro ciudades, fue la única que se clasificó en las listas de ciudades más limpias en las tres categorías. Santa Maria-Santa Barbara y Redding-Red Bluff también aparecieron en la lista de las ciudades más limpias de contaminación por material particulado.

Los problemas persistentes de la contaminación en California se deben principalmente a las emisiones provocadas por medios de transportación, como automóviles, camiones y autobuses de diésel, locomotoras, barcos, equipo agrícola y otras fuentes como las refinerías de petróleo, fábricas, quema de leña en áreas residenciales e incendios forestales. Las condiciones meteorológicas, el calor y la geografía de Californiafacilitan la formación de esmog y de hollín.

El reporte de este año refleja los nuevos estándares federales para los niveles de ozono (esmog): 70 partes por mil millones y el impacto que siguen teniendo las condiciones de sequía relacionadas con el cambio climático que mantienen los niveles de contaminación elevados. “La contaminación del aire continúa siendo una enorme amenaza para la salud pública y contribuye a miles de hospitalizaciones, visitas a salas de emergencia y muertes cada año de nuestros ciudadanos más vulnerables: niños, personas ancianas y personas con enfermedades pulmonares como cáncer de pulmón, bronquitis crónica o enfisema,” afirmó David Tom Cooke, MD, cirujano pulmonar y miembro del consejo directivo voluntario de la Asociación del Pulmón. “Debemos redoblar nuestros esfuerzos para hacer la transición hacia una California que no utilice combustibles fósiles para el transporte y la generación de energía invirtiendo en tecnologías de emisión cero.”

Para afrontar el reto que representa la contaminación del aire y el cambio climático, la Asociación Americana del Pulmón en California y otros grupos de salud apoyan el Proyecto de Ley del Senado 1383 (Lara)  a fin de establecer objetivos claros que reduzcan los “supercontaminantes”, como el carbono negro procedente de las emisiones de diésel y de la quema de leña, que amenazan a la salud pública y que están acelerando el cambio climático.

Acerca de la Asociación Americana del Pulmón 

Ahora en su segundo siglo, la Asociación Americana del Pulmón es la organización líder que trabaja para salvar vidas al mejorar la salud pulmonar y prevenir enfermedades del pulmón. Con su generoso apoyo, la Asociación Americana del Pulmón continúa “Luchando por el Aire” por medio de la investigación, educación y defensa. Para más información acerca de la Asociación Americana del Pulmón o para apoyar sus esfuerzos, llame al 1-800-LUNG-USA (1-800-586-4872) 

OTRAS INFORMACIONES DEL MEDIO AMBIENTE

COMO RECUPERAR UN PAISAJE PERDIDO DESPUES DE 400 AÑOS

La “isla” volcada en recuperar un paisaje que perdió hace más de 400 años

Enfoque Periodístico/Especiales EFE

La Aldea de San Nicolás, al oeste de Gran Canaria, es “una isla dentro de una isla”, una localidad que se ha volcado en un ambicioso proyecto de restauración ambiental para recuperar un paisaje que se perdió hace más de cuatrocientos años. Sus habitantes han lamentado durante décadas que el “exceso” de protección haya podido limitar su desarrollo o una expansión urbanístico-turística similar a la de otras zonas del archipiélago. Pero hoy perciben que los recursos naturales y el paisaje son su principal valor, que pueden ser la mejor oportunidad para el desarrollo y el elemento sobre el que se sustentará una oferta turística muy diferenciada.

Y es que el 82 por ciento del municipio está en espacios naturales protegidos; pertenece en su integridad a la Reserva de la Biosfera de Gran Canaria y está rodeada por varios espacios de la red europea Natura 2000, que pretende asegurar a largo plazo los hábitats y las especies más representativos de Europa.

El proyecto Life europeo “Guguy”, en el que participan el Cabildo de Gran Canaria y la empresa pública Gesplan -además de la UE- persigue recuperar los bosques endémicos de cedro canario, que ha estado al borde de la extinción, pero también las sabinas, los pinos canarios o los brezales que hace siglos tapizaban las montañas.

Especies endémicas, hábitats de interés…..

Las administraciones (los gestores del espacio natural, el Ayuntamiento, el Cabildo insular, el Gobierno canario y la Comisión Europea) han empeñado recursos en esa transformación, ya que se trata además de una de las zonas más importantes para la conservación de la isla de Gran Canaria debido al número de especies endémicas que alberga y al interés de sus diferentes hábitats. Todas las zonas donde se van a desarrollar los trabajos de restauración están incluidas en la red Natura 2000, y las partes implicadas están convencidas de que el proyecto no podría obtener los resultados deseados sin la cooperación de la población local; al principio, por los empleos directos que están generando esos trabajos, y después por las nuevas oportunidades que pueden surgir en torno a los recursos naturales de la zona.
El alcalde de La Aldea, Tomás Pérez, ha subrayado esa implicación de la población y que gracias a la labor divulgativa y de sensibilización ambiental entienda que la “impresionante riqueza” natural puede ser un atractivo turístico cada vez mayor.

En declaraciones a EFE, Tomás Pérez ha insistido en que esa cantidad de zonas protegidas no impide que tengan también alguna reserva de suelo para usos turísticos en el municipio, para que la conservación de los recursos naturales pueda avanzar de la mano del crecimiento económico y social del pueblo. El alcalde ha incidido en que el trabajo del consistorio estará durante los próximos años encaminado “a conservar y potenciar el alto valor que tiene la naturaleza para nosotros, porque muchos turistas vienen buscando ese contacto con la naturaleza que ya no encuentran en otros lugares”.

Los habitantes, dueños y partícipes del proyecto

Para el director técnico del proyecto, Gustavo Viera, gran parte del éxito se debe a la implicación de los habitantes y a que han asumido la recuperación de esos hábitat “como una oportunidad” para el futuro. “Se sienten partícipes y dueños del proyecto”, ha dicho. Al inicio del proyecto existían menos de cincuenta cedros de Gran Canaria -genéticamente diferentes a los de otras islas del archipiélago- en un estado “paupérrimo” de conservación, y aunque la iniciativa nació con la intención de reproducir unos 1.000 ejemplares, ya se han logrado unos 4.000. Viera está convencido de que este proyecto (que comenzó en 2013 y finalizará en 2017) ha sido “un acicate” para los habitantes de La Aldea, porque históricamente han sentido que las diferentes figuras de protección de sus espacios “acogotaban” al pueblo y sólo servían para frenar su desarrollo.

“El proyecto ha conseguido poner en valor esas figuras de protección y que los habitantes se den cuenta de que son una oportunidad, porque difícilmente nadie va a encontrar la riqueza natural que ellos tienen para su explotación turística o de otro tipo”, ha manifestado a EFE. A su juicio, los pobladores de La Aldea se sienten hoy “orgullosos” de su naturaleza y de que Europa les haya puesto en el foco con este proyecto, y están convencidos de que la restauración de este hábitat va a atraer a un público muy diferente y va a consolidar un modelo turístico diferente, natural y de calidad.

La principal amenaza de la reforestación son las cabras asilvestradas que viven en las montañas, procedentes de antiguas cabañas ganaderas pero que carecen ahora “de dueño y de uso” y que amenazan el éxito de las plantaciones, por lo que uno de los objetivos es también “acotar y reducir” estos herbívoros. La bióloga Isabel Nogales, directora de la Reserva Natural Especial de Güigüi, ha señalado en ese sentido que la UE ha dado “un ultimátum” para que se eliminen las cabras y evitar que frustren las labores de reforestación, por lo que se hacen batidas periódicas, aunque ha reconocido que se trata de decisiones controvertidas y polémicas, “porque a nadie le gusta matar un animal”.

Nogales, en declaraciones a EFE, ha explicado que el 80 por ciento del presupuesto previsto para plantaciones ya se ha ejecutado, y ha insistido en que ya ha comenzado a llegar a la zona un tipo de turista muy interesado en los recursos naturales y en que los habitantes han descubierto actividades nuevas -como el senderismo o la información y educación ambiental- que pueden tener mucho valor. EFE

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Articulos Destacados

Triunfo taliban en Afganistán pone en riesgo liderzgo de occidente

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EP New York/ opinión

OCCIDENTE, SIN RUMBO NI LIDERAZGO, EN PELIGRO

La derrota de los Estados Unidos en la guerra de Afganistán, dejando en el poder a los talibanes y abandonando a su suerte a la administración instalada por los occidentales en Kabul, significa una dura derrota para Occidente y el avance del totalitarismo frente a la democracia. Las consecuencias de esta debacle pueden ser fatales para el mundo libre.

por Ricardo Angoso

Occidente, liderado por los Estados Unidos, la OTAN y los principales países europeos, ha sido derrotado y humillado en Afganistán. La retirada caótica, vergonzante, desordenada y precipitada de Kabul, abandonando a miles de colaboradores de las tropas occidentales durante estos veinte inútiles años, ha sido la guinda de la tarta de una desabrida guerra con sabor a desastre. Primero fue el  erróneo anuncio de Donald Trump, a bombo y platillo, de que las tropas norteamericanas saldrían del país, lo que alimentó el voraz apetito de los talibanes y precipitó al país al abismo, y después llegaría la retirada total programada (¿?) por el nuevo inquilino de la Casa Blanca, Joe Biden.

El reconocimiento de los talibanes por Trump, que sirvió para torpedear y acabar con las negociaciones de Doha entre las autoridades de Kabul y el Talibán, precipitaron la ofensiva militar de los mismos y su rápida victoria, avanzando en todos los frentes, que les llevó a la capital de Afganistán y a conquistar todo el poder, mientras que el régimen instalado por los occidentales se derribaba como un castillo de naipes.Su presidente,  Ashraf Ghani, huyó cargado de maletas repletas de millones de dólares, abandonando a  su suerte a sus colaboradores y al maltrecho país. 

Entre ambos, Trump y Biden, han tirado a la basura veinte años de trabajo en Afganistán para democratizar y modernizar el país, miles de millones de dólares gastados en una inútil guerra y miles de muertos dejados en el camino. Este esfuerzo casi sobrehumano al final no ha servido para nada de nada, apenas para destruir materialmente y económicamente a Afganistán quizá por décadas. Cuatro presidentes norteamericanos, durante veinte largos años (2001-2021), bastaron para acabar en el mismo contexto político y en el mismo lugar, en un Kabul  nuevamente angustiado y dominado por la pesadilla del Talibán.

Pero aparte de estas consideraciones a la hora de hacer un balance de lo ocurrido, la guerra perdida de Afganistán nos deja muchas más lecciones. Estados Unidos pierde peso, influencia, prestigio y poder en esta zona del mundo, habiendo dejado el testigo a Rusia y China, que ya se aprestan a hacer negocios con los talibanes y a trabajar por la reconstrucción del país.

Pero también Irán sale ganando, contemplando la derrota de su sempiterno enemigo, los Estados Unidos, y consolidando así, al recomponer sus relaciones con los talibanes en los últimos tiempos, un eje de influencia y poder regional que arranca en Kabul y pasa por Irán mismo, Irak, donde los iraníes siguen armando a los grupos chiítas radicales, Siria, Líbano -país controlado por la guerrilla proiraní de Hezbolá- y concluye en Gaza, controlada por sus acólitos de Hamas. Nunca Teherán había tenido tanta fuerza y poder de desestabilizar a casi todos sus vecinos; Israel debe estar alerta.

RECOMPOSICIÓN DE LA OTAN Y UN NECESARIO EJÉRCITO EUROPEO

La OTAN, además, debe iniciar una revisión estratégica tras esta derrota rotunda y contundente, en la que varios de sus principales socios, entre los que destacan Estados Unidos, el Reino Unido, Francia, Alemania, Polonia, España e Italia, tuvieron centenares de bajas y derrocharon ingentes recursos  en la reconstrucción del país. Desde el final de la Guerra Fría y la implosión de la Unión Soviética (1991), la OTAN quedó con un papel muy desdibujado y sin enemigos claros con los que batirse; extendió sus fronteras hasta Rusia, integrando al mundo poscomunista que había salido de la tutela soviética, y no supo definir sus nuevos intereses geoestratégicos ni sus enemigos.

En lo que respecta a la Unión Europea (UE), una vez definidas sus verdaderas fronteras tras la salida del Reino Unido, va quedando meridianamente claro que para su verdadera puesta en escena en el mundo necesita una verdadera diplomacia europea y un ejército con capacidad para operar en el exterior, liderar misiones internacionales y garantizar la defensa de las fronteras de Europa ante las nuevas amenazas y desafíos. No queda tan claro si realmente nuestros líderes políticos tienen voluntad de seguir adelante con el proyecto porque eso implicaría riesgos para las dos potencias que ahora lideran la UE, es decir, Francia y Alemania, que quizá prefieran seguir con esta diplomacia tutelada que inspiran desde hace años y en la que modelan a su antojo el proyecto, condicionado al resto de socios o imponiendo sus decisiones en materia de inmigración, seguridad fronteriza y otras materias, tal como han hecho en numerosas ocasiones.

Pese a todo, los desafíos para Occidente son ingentes y requerirán un trabajo de ingeniería política y un nuevo liderazgo, del que carecemos en estos momentos debido a la decadencia de los Estados Unidos, presente y permanente durante el mandato de Trump y agudizada ahora con Biden, y a la falta de nervio político en el interior de la UE. Se echa en falta la década de los ochenta, caracterizada por el hiperliderazgo de dirigentes como Ronald Reagan, el primer Bush, Margaret Thatcher, Helmut Kohl y Francois Mitterrand, y por haber sentado los rieles para la derrota del bloque comunista, la democratización de Europa Central y del Este, la reunificación alemana y la desintegración de la Unión Soviética. Europa era una fiesta compartida por unos Estados Unidos victoriosos, mientras que el mundo contemplaba atónito la sucesión vertiginosa de cambios y reformas.

Ahora todo es bien distinto y las cosas han tomado derroteros inesperados. Rusia está más fuerte que nunca en la escena internacional e impone su orden neoimperial en toda su periferia, habiendo ocupados territorios de Georgia, Moldavia, Ucrania e incluso Azerbaiyán, donde instaló recientemente una base militar para “observar” el proceso de paz de ese país con Armenia. La tiranía como forma de gobierno se ha impuesto en numerosos países del mundo, tales como Siria, Bielorrusia, Cuba, Nicaragua y Venezuela, por citar solamente algunos, y la democracia está seriamente cuestionada hasta en países miembros de la OTAN, como la Turquía del sátrapa Erdogan, que ha establecido una suerte de triple alianza con Rusia e Irán. Occidente, compuesto por la alianza fundamental a través del vínculo transatlántico entre los Estados Unidos y Canadá con Europa, observa impávido que se ha convertido en una suerte de fortín democrático acosado por el populismo creciente, la amenaza integrista, el auge del autoritarismo en el mundo, la inmigración creciente y desbordada y nuevas provocaciones, como los programas nucleares puestos en marcha por Irán y Corea del Norte.

La gran cuestión que planea sobre todos estos asuntos y  retos sobre la mesa, es ¿si los líderes occidentales, sin un verdadero liderazgo de los Estados Unidos en estos momentos, serán capaces nuevamente de vertebrar y articular respuestas desde la política y la diplomacia a todos estos asuntos, tal como lo hicieron tantas veces desde el final de la Segunda Guerra Mundial? O, por el contrario, si, perdidos en estereotiopadas visiones provincianas, acabarán dejando que la actual realidad multipolar acabe siendo liderada por países como China y Rusia, potencias ambas sin principios democráticos ni respetuosas con los derechos humanos, sino más bien lo contrario, como han demostrado tantas veces a lo largo de su historia. De ser así, la más negra de las noches puede estar por llegar a todo el planeta y la sombra del totalitarismo se asomará por todo el mundo libre. ¡Atentos!

Ricardo Angoso García , analista y columnista internacional. 
 

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Agencias

9/11 , 20 años después del dolor

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EP New York/ 9/11

Nueva York, una ciudad herida pero cambiada 20 años después del 11S

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Articulos Destacados

Afganistán , un final precipitado. ¿Qué viene ahora?

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EP New York/otros medios

Un final precipitado y un comienzo oscuro en Afganistán

El último vuelo estadounidense que salió de Kabul deja tras de sí una estela de promesas incumplidas y preguntas difíciles sobre el destino del país.

El final de la guerra más larga de Estados Unidos no fue muy ceremonioso: la basura volaba por la única pista de aterrizaje del aeropuerto de Kabul, los afganos estaban afuera de las puertas de embarque con la vana esperanza de poder ser evacuados del país y los talibanes lanzaban disparos de triunfo hacia el firmamento nocturno.

En sus últimos días, dos marines estadounidenses se despedían con un apretón de manos de los combatientes talibanes en medio del tenue resplandor de la terminal de vuelos nacionales. Había filas de personas hambrientas y deshidratadas que serían evacuadas en aeroplanos grises con rumbo a futuros inciertos. La dirigencia de los talibanes era la que dictaba las condiciones mientras una generación de afganos experimentaba el final de 20 años de una suerte de esperanza generalizada.

Por todo Estados Unidos hay pasos a desnivel y bancas en parques que han sido bautizadas en honor a las personas fallecidas en la guerra.

El final, al menos para los estadounidenses y sus aliados occidentales, llegó un lunes, después de que —en las últimas horas de una guerra perdida— los miles de soldados estadounidenses que defendían el Aeropuerto Internacional Hamid Karzai salieron en enormes aviones de transporte, uno tras otro, hasta que ya no quedó ninguno.

A diferencia del legado de los soviéticos que fueron derrotados antes que ellos, el de los estadounidenses no fue un entorno plagado de restos de vehículos blindados destrozados. Más bien, dejaron todas las armas y el equipo necesarios para abastecer a los talibanes, los vencedores, durante los próximos años, el resultado de dos décadas y 83.000 millones de dólares gastados en entrenamiento y equipamiento para el ejército afgano y las fuerzas policiales que se desmoronaron frente a un mal liderazgo y un respaldo estadounidense cada vez más escaso.

Credit…Jim Huylebroek para The New York Times

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Credit…Jim Huylebroek para The New York Times

Una vez más, Afganistán concluye un ciclo que ha definido en repetidas ocasiones los últimos 40 años de violencia y conmoción: por quinta vez desde la invasión soviética de 1979, ha fracasado un mandato y ha surgido otro. Lo que ha venido después de cada una de esas conclusiones ha sido venganza, ajuste de cuentas y, con el tiempo, otro ciclo de guerra y caos.

Ahora les toca a los talibanes decidir si van a perpetuar el ciclo de venganza, como lo hicieron en 1996 al arrebatarle el poder a un grupo de caudillos en conflicto, o si en verdad emprenderán el nuevo rumbo que sus dirigentes han prometido en los últimos días: uno de tolerancia y reconciliación.

Han pasado casi 20 años desde que Osama bin Laden y Al Qaeda ejecutaron los atentados terroristas del 11 de septiembre de 2001 en Estados Unidos y el presidente George W. Bush anunció que su país invadiría Afganistán como la primera acción de una guerra mundial contra el terrorismo. Ahora, Estados Unidos tiene que definir su relación con los mismos gobernantes islamistas que derrocó en 2001 —una vez más, una cuestión de venganza o tolerancia— y tratar de evitar el resurgimiento de cualquier amenaza terrorista internacional que provenga de Afganistán.

Ahora son menos probables los ataques aéreos en las zonas rurales afganas que convierten a las personas fallecidas en simples puntos de los gráficos de barras de los informes de Naciones Unidas que casi nadie lee. No habrán más bombas enterradas, de manera presurosa, a orillas de la carretera al caer la noche, y que podrían explotar al paso de un vehículo gubernamental o un minibús lleno de familias.

Lo que hay es una angustia generalizada sobre la verdadera tendencia que proyectará el gobierno talibán ahora que los estadounidenses se han ido. Además, existe el temor de que la caótica precipitación del desmoronamiento del gobierno durante el avance de los talibanes deje una economía irreparable, hambruna y muchas ruinas.

El conflicto de Estados Unidos en Afganistán fue una guerra larga con un final apresurado, o eso pareció. Pero los planes de la retirada se prepararon hace más de 18 meses, cuando el gobierno de Donald Trump firmó un acuerdo con los talibanes para retirarse del país antes del 1 de mayo de 2021. A cambio, los talibanes acordaron dejar de atacar a los estadounidenses, suspender los ataques en los que hubiera un gran número de víctimas en ciudades afganas y evitar que Al Qaeda y otros grupos terroristas hallaran refugio en su territorio.

La influencia de los talibanes, adquirida tras años de luchar contra el ejército más desarrollado del mundo, se multiplicó cuando tomaron el control de retenes y puestos de avanzada más remotos, seguidos de distritos y aldeas rurales y luego, las carreteras que los conectaban. Para inicios de este año, los talibanes se habían apostado cerca de varias ciudades clave, al tiempo que el recién inaugurado gobierno de Joe Biden analizaba si se debía respetar el acuerdo de retirada que fue firmado por Trump.

En abril, para cuando el presidente Joe Biden y la OTAN anunciaron el retiro de Estados Unidos y de las fuerzas de la coalición antes del 11 de septiembre, los talibanes ya estaban tomando un distrito tras otro. Las fuerzas de seguridad afganas se estaban rindiendo o estaban siendo diezmadas de manera masiva. Pese al poderío aéreo de Estados Unidos y un ejército afgano que, según Biden y otros altos funcionarios, tenía casi 300.000 soldados, las capitales de provincia pronto fueron sitiadas. Pero, de acuerdo con las autoridades estadounidenses, en los días finales, las fuerzas de seguridad afganas solo contaban con una sexta parte de eso.

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Credit…Jim Huylebroek para The New York Times

Más que pelear, los soldados afganos huían, pero quienes murieron enfrentando al enemigo, lo hicieron por una causa en la que, al parecer, ni siquiera sus líderes creían.

Incluso antes del anuncio de Biden y el acuerdo de Trump con los talibanes, Estados Unidos había empezado a retirarse desde diciembre de 2009, cuando el presidente Barack Obama anunció tanto un aumento de decenas de miles de tropas como su salida para 2014.

Desde entonces, los afganos y los aliados de Estados Unidos han experimentado distintas etapas de alarma y dudas, mientras intentan asegurar su futuro y sus intereses comerciales. Esta incertidumbre reforzó la corrupción endémica que Occidente denunció, pero que continuó impulsando con miles de millones de dólares con la esperanza de que algo pudiera cambiar en el país.

Ahora, al final, los políticos y empresarios afganos y la élite que se alimentaba de las arcas de la guerra han huido en gran medida. Los últimos aviones militares estadounidenses partieron, dejando atrás a unos 100.000 afganos elegibles para el reasentamiento en los Estados Unidos por su trabajo con el gobierno estadounidense.

La evacuación, que comenzó en julio como una reubicación ordenada y modesta de unos pocos miles de afganos, se convirtió en un éxodo apocalíptico cuando Kabul colapsó el 15 de agosto. Cientos, luego miles, se reunieron en las puertas del aeropuerto; la gente abandonó sus coches; y las fuerzas estadounidenses observaron con cámaras infrarrojas cómo la gente invadía sus defensas, no con tanques o explosivos, sino como una gran masa de personas.

Luego, los estadounidenses y los talibanes trabajaron juntos para despejar el aeropuerto y establecer un perímetro después de que varios afganos frenéticos cayeran desde los aviones de transporte y se escuchara el ruido sordo de los helicópteros que evacuaron la Embajada de Estados Unidos, una de las misiones diplomáticas más grandes del mundo. La evacuación se vio plagada de escenas que evocaban las de otra guerra estadounidense cuando Saigón cayó y los helicópteros fueron empujados desde los barcos hacia el mar.

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Credit…Jim Huylebroek para The New York Times

“Tenemos una relación mutuamente beneficiosa con los talibanes”, dijo un soldado de manera irónica este mes, mientras estaba apostado frente al mar de personas con carteles, documentos y pasaportes en la oscuridad de la noche. La única iluminación provenía de las linternas de los rifles que sostenían los soldados estadounidenses que gritaban para que dejaran de empujar y retrocedieran. Una persona quedó atrapada entre el alambre de púas y sus familiares aterrados la sacaron, mientras se colocaban más barreras de acero.

Hace un año, o diez, o quince, los talibanes eran sombras detrás de una fila de árboles cercanos, eran los fantasmas ocultos que abrían la tierra frente a los soldados de Estados Unidos, de la OTAN y de Afganistán para entrar a un infierno atestado de minas. Cada paso planteaba el problema de qué hacer si de pronto un amigo que estaba enfrente explotaba en dos: el torniquete va aquí, el tipo de sangre es O positivo.

Sin embargo, en las últimas horas de la guerra estadounidense, los talibanes se materializaron en toda su expresión: justo en la carretera o al otro lado de la reja de la capital del país. De pronto estaban por todas partes, con sus banderas blancas con negro ondeando en torno a las posiciones estadounidenses, para controlar a la multitud y dejar que Estados Unidos terminara la guerra… pero no bajo sus condiciones.

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Credit…Victor J. Blue para The New York Times

Durante las últimas semanas de la guerra, las fuerzas estadounidenses no estaban patrullando o realizando operaciones de contrainsurgencia, ni construyendo refugios o trabajando en la construcción de la nación afgana. No hicieron redadas en los escondites de armas de los talibanes ni en las fábricas de bombas porque los fabricantes y sus comandantes ahora controlaban la ciudad.

En cambio, los jóvenes soldados e infantes de marina encontraron formas de ayudar a quienes tenían la suerte de llegar a las puertas del aeropuerto. Los llevaron hacia lo que muchos afganos creían que sería una vida mejor. A veces, esas personas no tenían los documentos adecuados, por lo que fueron rechazados.

Más allá del trauma de tener que dar ese rechazo y enfrentar esas escenas de desesperación, los estadounidenses enfrentarían una vez más la pérdida de camaradas en Afganistán durante esas horas finales: 13 militares estadounidenses fueron asesinados por un ataque terrorista del Estado Islámico el jueves cuando intentaban organizar a una multitud de afganos para que mostraran sus documentos. Casi 200 afganos murieron en el mismo incidente, en una devastadora carnicería bélica.

En Catar, Kuwait, Alemania y Estados Unidos, decenas de miles de afganos se sientan en centros de procesamiento, fuera del alcance del gobierno de los talibanes, pero sin saber cuándo o cómo llegarán a Estados Unidos.

En Estados Unidos, los historiadores y analistas estudiarán las soluciones fallidas, las estrategias equivocadas y los argumentos de los generales que aseguraron la victoria a pesar de que en sesiones informativas extraoficiales y reuniones confidenciales reconocieron que Estados Unidos estaba perdiendo la guerra. Quizás el pueblo estadounidense exigirá rendición de cuentas por las miles de vidas y los billones de dólares gastados, solo para que los talibanes vuelvan a tener el control, más poderosos de lo que eran hace 20 años.

O tal vez no les importe, y seguirán adelante en Estados Unidos, un país que seguirá siendo profundamente moldeado, política, económica y personalmente, por la guerra, aunque eso no sea evidente a simple vista.

En cuanto a los que se quedaron en Afganistán, un país de 38 millones menos los miles que han huido o muerto en las últimas semanas, todo lo que pueden hacer es mirar hacia adelante, preguntarse a sí mismos y a todos los que quieran escuchar: ¿Qué viene ahora?

Publicado en New York Times

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Thomas Gibbons-Neff es corresponsal en la oficina de Kabul y fue un soldado de la infantería de marina. @tmgneff


 

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