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EE.UU. supo sobre nexos de Uribe con paramilitares pero al mismo tiempo apoyó su política de “seguridad democrática”

Francisco

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EP New York/agencias

Uribe pudo tener vínculos con paramiliares

BOGOTÁ — Un funcionario de alto nivel del Departamento de Defensa de Estados Unidos tenía la firme sospecha de que el entonces presidente de Colombia Álvaro Uribe, quien ahora está bajo arresto domiciliario, tenía un historial de tratos con paramilitares, según un informe desclasificado sobre sus primeros años en el Ejecutivo.

El documento forma parte de una serie de registros compartidos con The Associated Press por la organización sin ánimo de lucro National Security Archive (Archivo Nacional de Seguridad), que sostiene que es el primero que muestra que la preocupación sobre lazos potencialmente desagradables entre Uribe y grupos armados contratados por adinerados terratenientes para protegerse de las guerrillas llegaron a los niveles más altos del Pentágono.

“Casi con toda seguridad, Uribe tuvo tratos con los paramilitares (AUC) cuando era gobernador de Antioquia”, escribió Peter Rodman, que fungía como alto responsable del Pentágono, a Donald Rumsfeld, secretario de Defensa durante la presidencia de George W. Bush, en un despacho confidencial en 2004. “Va con el cargo”.

La misiva se suma a las sospechas, que Uribe ha negado con vehemencia, de que el hombre al que se le atribuye haber cambiado el rumbo de la larga guerra del gobierno colombiano contra combatientes marxistas se relacionó con actores violentos cuando gobernaba la provincia, donde se encuentra Medellín, en la década de 1990. Estados Unidos declaró a las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC) organización terrorista extranjera en 2001.

La Corte Suprema de Colombia está investigando denuncias de que Uribe sobornó supuestamente a varios exparamilitares para que se retractaran de acusaciones que le perjudicaban, un caso que ha dividido a la nación e hizo aflorar tensiones por el proceso de paz.

Los documentos no incluyen ninguna descripción específica de interacciones directas entre el expresidente y los paramilitares, y hay poco que demuestre si Estados Unidos intentó determinar si esa relación existió realmente y a qué niveles. Pero docenas de legisladores, incluyendo numerosos aliados de Uribe, han sido encarcelados y condenados por vínculos con paramilitares, lo que establece una clara conexión entre la política y los grupos armados ilegales.

Un vocero de Uribe apuntó en un comunicado que “el único trato que el presidente Uribe tuvo con los paramilitares fue para meterlos en prisión”, y destacó varios episodios en los que altos cargos estadounidenses elogiaron su liderazgo y su historial de derechos humanos.

“Cada acción tomada a los niveles más altos del gobierno de Estados Unidos demostró que nunca ha habido ninguna duda sobre la integridad y el compromiso del presidente Uribe con los derechos humanos y el estado de derecho”, agregó en el comunicado.

Los cables diplomáticos estadounidenses, reportes de la CIA y notas de confidentes fueron obtenidos por el instituto de investigación del Archivo Nacional de Seguridad a través de solicitudes en base a la Ley de Transparencia y Acceso a la Información Pública de Estados Unidos.

El vistazo a las entrañas de la respuesta del gobierno estadounidense a los primeros años de la presidencia de Uribe (2002-2010) muestra que las autoridades estaban complacidas con su enfoque agresivo hacia los grupos guerrilleros implicados en asesinatos, secuestros y narcotráfico a gran escala. Eran los primeros años tras los atentados del 11 de septiembre de 2001, y el gobierno de George W. Bush consideró que derrotar a los rebeldes colombianos estaba en sintonía con su misión de combatir el terrorismo en todo el mundo.

En un informe, un funcionario de alto nivel del Pentágono elogió que el ejército de Uribe hubiese asesinado a 543 rebeldes de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) y capturase a 1.063 más en la primera mitad de 2003, un drástico incremento con respecto a su predecesor, Andrés Pastrana. En otro, un funcionario destacó la cobertura favorable que hicieron los medios de comunicación de los triunfos de Uribe en el campo de batalla.

El propio Rumsfeld parecía interesado en aprovechar el momento para “asestar un golpe demoledor a los narcoterroristas”, escribió en un reporte en el que ofrecía temas de conversación a un colaborador.

“Al presidente Uribe le quedan apenas unos años para completar esta tarea”, agregó.

Pero en los cables hay insinuaciones recurrentes, no tan sutiles, de que el ejército colombiano, aliados claves de Uribe, y posiblemente el propio presidente, habían establecido alianzas con las AUC, el grupo paramilitar paraguas.

Un informe de la Agencia de Inteligencia de Defensa de 1997 destacó que la cooperación militar con paramilitares había “empeorado mucho” con el general Rito Alejo del Río, quien fungió como comandante de la 17ma Brigada del Ejército hacia el final del primer mandato de Uribe como gobernador. El mismo documento apuntaba que otros dos oficiales “nunca se permitieron implicarse directamente en el fomento o apoyo de actividades paramilitares, pero dieron la espalda a lo que estaba ocurriendo”.

Del Río fue sentenciado después a 25 años de prisión por su rol en el asesinato de un líder campesino.

Uno de los registros más reveladores sobre la brutalidad de las AUC apareció en un cable de la embajada de 1997 que detalla una conversación de 90 minutos con Jorge Alveiro Valencia, un dentista, ganadero y legislador conservador suplente. Contó que de las 100 personas asesinadas en su distrito en los últimos años, 10 eran guerrilleros, otros 10 partidarios activos de los rebeldes y el resto “víctimas desafortunadas”.

Valencia relató un “asesinato de castigo” en el que los paramilitares mataron a un campesino anciano y celebraron un “funeral” por su cabeza un día, y por el resto del cuerpo al día siguiente.

“Esto es lo malo de los paramilitares (…) Son muy crueles y a menudo van detrás de gente que no lo merece”, afirmó, según el cable.

Preguntado por Uribe, Valencia dijo que “odia a la guerrilla” porque asesinó a su padre — algo que los rebeldes han negado — y que tenía relación con ganaderos y terratenientes locales que pagaban a los paramilitares para “perseguir” a combatientes.

Pero también describió a Uribe como “limpio y honesto” y señaló que no estaba implicado con ellos.

Valencia añadió que los paramilitares “lo respetan por su posición contra las guerrillas”.

Esa admiración pareció evidente cuando Valencia describió haber sido secuestrado por paramilitares en 1996. Los hombres le ataron las manos a la espalda, apuntaron con rifles a su cabeza y amenazaron con matarlo si no admitía su colaboración con la guerrilla. Él negó cualquier implicación y les ofreció dinero. Sus captores se rieron y respondieron que ya tenían mucho dinero y armas.

Según el cable, Valencia contó al personal de la embajada que lo que le salvó finalmente fueron unos documentos que llevaba en su maletín y que demostraban que conocía a Uribe.

“Oh, conoce a ‘El Viejo’”, dijeron supuestamente sus captores.

Como el material incluido en la resolución judicial de 1.554 páginas que decretó el arresto domiciliario de Uribe, no hay pruebas firmes que vinculen al exmandatario con los paramilitares sino más bien una red de conexiones lejanas. Las referencias a Uribe como “El Viejo” también aparecen en esos documentos.

Tras dos mandatos presidenciales, Uribe sigue siendo uno de los políticos más importantes del país. Es ampliamente reconocido, y venerado por muchos, por debilitar a las guerrillas hasta el punto de que optaron por negociar la paz. Pero su popularidad cayó en los últimos años, y un examen más amplio en la sociedad colombiana sobre el conflicto ha resultado en una evaluación más detenida sobre su posible rol en abusos de los derechos humanos.

La Corte Suprema ha llamado a declarar a Uribe en una investigación sobre tres masacres y el asesinato de un activista de derechos humanos mientras avanza con la pesquisa sobre la presunta manipulación de testigos.

Michael Evans, analista del Archivo Nacional de Seguridad, dijo que no hay indicios de que los supuestos vínculos de Uribe hayan tenido impacto alguno en la ayuda que recibe el país de Estados Unidos, que aumentó significativamente durante su presidencia.

“La presunta relación de Uribe con una organización declarada como terrorista por Estados Unidos fueron mucho menos importantes que su desempeño como presidente”, afirmó Evans.

El gobierno de Donald Trump ha mostrado su apoyo inquebrantable a Uribe, y el vicepresidente, Mike Pence, elogió recientemente a Uribe como “héroe” en un tuit en el que pedía a las autoridades colombianas que le permitiesen defenderse fuera de los confines del arresto domiciliario.

En la conversación con Valencia, el terrateniente, el nombre de Uribe salió a relucir frecuentemente, aunque el personal diplomático no pareció buscar más detalles sobre sus posibles vínculos con paramilitares. Valencia, quien dejó clara su admiración por Uribe, insinuó una relación indirecta al tiempo que negó la implicación del dirigente.

Describió a los paramilitares como una consecuencia inevitable, aunque terrible, de un conflicto en el que las fuerzas armadas de Colombia no querían o no podían derrotar a los rebeldes por sí mismas.

Los terratenientes, cansados de las amenazas, vieron en la contratación de paramilitares su única alternativa, señaló.

“Todos pagan”, dijo. (Con información de AP)

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Agencias

jefe de la misión de observación electoral de la Unión Europea en Colombia, calificó el proceso electoral de “ordenado, tranquilo, transparente y fluido”.

Francisco

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EP FLORIDA NEWS | ELECCIONES COLOMBIA 2026

Las reñidas elecciones presidenciales de Colombia del domingo se encaminan a una segunda vuelta, con el avance de un candidato de extrema derecha, lo que podría anunciar una nueva victoria electoral de la ola de derecha que se está extendiendo por toda América Latina, según mostraron los resultados oficiales preliminares.

El candidato, Abelardo de la Espriella, se enfrentará ahora a Iván Cepeda, senador del partido de izquierda del presidente saliente del país, Gustavo Petro.

De la Espriella, cuyo ascenso se produjo a finales de la campaña, se asemeja a un nuevo tipo de líderes populistas llamativos de América Latina, como el salvadoreño Nayib Bukele, quien comparte el enfoque de línea dura del presidente Donald Trump frente a la delincuencia y ha prometido aplicarlo a los narcotraficantes.

Con más del 99 por ciento de los votos escrutados, los resultados publicados por el registro civil nacional revelaron un electorado dividido en dos. De la Espriella obtuvo el 44,73 por ciento de los votos y Cepeda el 40,91 por ciento. Como ninguno de los candidatos obtuvo más del 50 por ciento, se celebrará una segunda vuelta el 21 de junio.

El domingo por la noche, Petro cuestionó los resultados preliminares y dijo que no los aceptaría hasta que se completara el recuento oficial de votos. Cepeda, veterano defensor de los derechos humanos, obtuvo el apoyo de la amplia base del proyecto político de Petro, que ha intentado representar a las poblaciones pobres y marginadas que por mucho tiempo han quedado fuera de los salones del poder. Petro estaba limitado a un solo mandato presidencial.

El inesperado ascenso de De la Espriella desbarató lo que la clase política colombiana había creído que sería una victoria fácil para ellos frente a Cepeda. Paloma Valencia, senadora conservadora que contaba con el apoyo de algunos de los políticos más poderosos del país, solo obtuvo el domingo el 6,84 por ciento de los votos.

Los expertos afirman que los resultados son una sorprendente reprimenda a la clase dirigente conservadora que ha gobernado en gran medida Colombia, un país sudamericano diverso de 54 millones de habitantes, desde su independencia hace más de 200 años. Petro fue el primer dirigente político de izquierda de Colombia.

“Es la primera vez que el país se divide entre un bloque de izquierda y otro de derecha”, dijo María Jimena Duzán, destacada periodista de investigación y comentarista política colombiana. Con la elección del próximo líder de Colombia aún en el aire, se esperaba que los funcionarios de Washington siguieran de cerca la próxima ronda de votaciones.

El gobierno de Trump se ha esforzado por impulsar la ola de derecha en América Latina mientras busca aliados para su agresiva lucha contra los narcotraficantes.

De la Espriella, de 47 años, abogado que nunca ha ocupado un cargo público, subió en las encuestas en la recta final de la campaña presentándose como un <outsider< antisistema y avivando el temor a que la izquierda convierta a Colombia en Venezuela, el fallido Estado autoritario vecino.

También aprovechó la preocupación generalizada por la seguridad, prometiendo acabar con los grupos armados y las bandas que, según muchos colombianos, han hecho de la extorsión una parte real de sus vidas. En un aparente guiño al sistema penitenciario
de Bukele en El Salvador, De la Espriella prometió construir 10 prisiones de máxima seguridad en la selva.

Cepeda, de 63 años, es un firme aliado de Petro, quien se presentó con una plataforma de continuidad y la promesa de defender a las víctimas de los conflictos armados del país, así como a los pobres. Aunque los expertos dicen que Cepeda se benefició de la sólida base de la izquierda —y de un reciente y considerable aumento del salario mínimo—, no estaba claro si su personalidad reservada y sus discursos centrados en la política atraerían a los votantes como lo hizo la presencia galvanizadora de Petro.

“Petro abrió el camino para que alguien no carismático, como él, sino con una figura más profunda, pueda llegar”, dijo Eduardo Ayala, politólogo que asistió a un mitin de Cepeda en la capital, Bogotá.

Muchos de los partidarios de De la Espriella se hicieron eco de la afirmación de su candidato de que Cepeda sería más radical que Petro. “Sería un desastre”, dijo Klaudia Rincón, profesora de matemáticas de octavo grado en Barranquilla, la ciudad caribeña costera donde De la Espriella depositó su voto, mientras se dirigía a las urnas. “Comunismo total”.

Votantes, comentaristas y analistas coincidieron en que las elecciones no habían sido como ninguna otra que se recuerde.

La campaña de De la Espriella combinó el populismo a la antigua usanza con nuevas artimañas, como videos generados por inteligencia artificial que mostraban con realismo a sus rivales políticos conspirando contra él. Para eludir una norma que prohíbe llevar ropa de campaña a las urnas, se pidió a sus partidarios que vistieran la camiseta amarillo canario de la selección nacional de fútbol de Colombia.

Muchos votantes dijeron el domingo que, a pesar de la grandilocuencia de De la Espriella, les tranquilizaba su compañero de fórmula, José Manuel Restrepo, un experimentado economista que fue ministro de Hacienda del anterior presidente conservador, Iván Duque.

El voto de la derecha, que se dividió entre De la Espriella y Valencia, podría consolidarse en torno al candidato de extrema derecha en la segunda vuelta. Los expertos dijeron que los votantes centristas podrían inclinarse hacia la izquierda en la segunda vuelta, pero que Cepeda tendría que asegurarles que no nacionalizará industrias ni adoptará medidas de extrema izquierda que afecten a la economía.

Se enfrenta a una ardua batalla, no solo por el sentimiento antiizquierdista, sino por la decepción que existe en muchos sectores con Petro, cuyo mandato estuvo marcado por escándalos personales y gubernamentales y por un gasto desbocado que dejó una deuda de niveles propios de la era de la pandemia, dijeron los economistas.

En contienda con De la Espriella, se enfrenta a una figura llamativa que cautivó a un amplio número de seguidores con discursos virtuosos pronunciados desde una caja blindada, una mascota tigre y un eslogan pegadizo: “¡Firme por la Patria!”.

El espectáculo pareció eclipsar, para muchos, su falta de experiencia.

“Me parece que es un tipo inteligente”, dijo Silvia García, de 67 años, intérprete jubilada de conferencias internacionales, quien votó por el candidato en Barranquilla y predijo que construiría un gabinete fuerte.

Muchos votantes parecieron pasar por alto las controversias que han perseguido a De la Espriella a lo largo de su carrera, incluido el escrutinio sobre su relación con clientes colombianos de mala reputación en la opinión pública, como Alex Saab, aliado cercano del exdirigente venezolano, quien ha sido extraditado a Estados Unidos.

“Es como un doctor que va a curar o sanar a un delincuente, a un guerrillero, un paramilitar”, dijo Fabián Campos, un votante de Bogotá, sobre la carrera judicial de De la Espriella. “Si toca, pues prestarle los servicios”.

La participación fue alta el día de las elecciones, y los observadores internacionales dijeron que no había habido grandes problemas a pesar de las predicciones de fraude por ambas partes, y de las amenazas y ataques violentos durante la campaña, incluido el tiroteo mortal contra dos trabajadores de la campaña de De la Espriella.

Esteban González Pons, jefe de la misión de observación electoral de la Unión Europea en Colombia, calificó el proceso electoral de “ordenado, tranquilo, transparente y fluido”.

Hubo una participación inusualmente alta entre los colombianos residentes en el extranjero, y la mayoría de los electores en Estados Unidos votaron por De la Espriella, según mostraron los resultados. En el condado de Miami-Dade, Florida, los votantes habían hecho fila desde hacía días ante el consulado, muchos de ellos con camisetas amarillas y gritando los lemas de su campaña.

En muchos sentidos, la votación fue un referendo sobre el legado del presidente saliente, Petro.

El mandato de Petro se definió tanto por la representación histórica de las comunidades indígenas, afrocolombianas y LGBTQ como por una agenda legislativa estancada, discursos públicos digresivos y una relación inestable con Trump.

William Pineda, camionero de carga de las afueras de Bogotá, dijo que veía a Cepeda como la siguiente fase de un proyecto que, por primera vez en la historia del país, estaba del lado de los pobres y vulnerables.

Pineda dijo que Cepeda quiere ayudar a la gente de a pie, para que los ricos no lo decidan todo.

El papel central de Colombia en el tráfico de drogas de la región la convierte en una pieza clave de la campaña de Trump para erradicar los carteles<span; con la colaboración de los gobiernos regionales aliados.

De la Espriella ha dicho que buscaría un acuerdo similar al alcanzado por el vecino Ecuador, que ha aceptado la participación de las fuerzas estadounidenses en operaciones conjuntas en su territorio.

Cepeda, por su parte, cerró su campaña diciendo que deseaba poner fin al “ciclo de las violencias” de ataques militares contra grupos armados y represalias. A menudo ha hablado de la fracasada guerra contra las drogas que Estados Unidos lleva décadas librando.

Publicado en NYT

 

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Agencias

Abelardo de la Espriella y Cepeda disputarán presidencia de Colombia en segunda vuelta

Francisco

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EP FLORIDA NEWS | ELECCIONES COLOMBIA 2026

Bogotá, 31 may (EFE).- El candidato de ultraderecha Abelardo de la Espriella, del movimiento Defensores de la Patria, y el izquierdista Iván Cepeda, del Pacto Histórico, diputarán en segunda vuelta la Presidencia de Colombia el próximo 21 de junio al ser los más votados en la primera ronda celebrada este domingo.

Con el 98,27 % de las mesas contabilizadas, De la Espriella da la sorpresa al pasar de los 10 millones de votos (43,74 %), un resultado mejor que el que le daban las encuestas, en las que siempre estuvo en segundo lugar, detrás de Cepeda.

El candidato de la izquierda, por su parte, quedó en segundo lugar, con 9,5 millones de papeletas (40,90 %), cuando falta por informar menos del 2 % de las 122.020 mesas dispuestas para las elecciones de este domingo, según la Registraduría nacional, entidad que organiza las elecciones.

Sin embargo, como ninguno obtuvo la mitad más uno de los votos necesaria para proclamarse vencedor en primera vuelta, De la Espriella y Cepeda irán a una segunda ronda en tres semanas.

El tercer puesto es para la senadora Paloma Valencia, del partido uribista Centro Democrático, que recibe 1,6 millones de votos en esta medición parcial (6,91 %).

Valencia es la gran perdedora de estas elecciones porque su votación es muy inferior al 12 % que le daban las últimas encuestas, e incluso menor a los 3,2 millones de votos que obtuvo el pasado 8 de marzo en la consulta de partidos de centro y derecha en la que fue elegida candidata.

En cuarto se sitúa Sergio Fajardo, del partido de centro Dignidad & Compromiso, con 992.510 votos, que representan el 4,26 %.

Otra candidata de centro, la exalcaldesa bogotana Claudia López, se sitúa en el quinto lugar con 221.058 votos (0,94 %). EFE

 

 

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Agencias

Halagos de Trump a Xi Jinping sólo tuvo una respuesta : Estabilidad estratégica constructiva

Francisco

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EP FLORIDA NEWS | VISITA DE TRUMP A CHINA

Xi Jinping, el líder de China, se ha pasado el último año haciendo frente al presidente Donald Trump. Respondió a los aranceles de tres dígitos con aranceles de tres dígitos y restringió las exportaciones de tierras raras, obligando al gobierno de Trump a dar marcha atrás. Ambas partes salieron perjudicadas, al igual que la economía mundial.

Sin embargo, tras haber dejado clara su posición y haber establecido a China como par de Estados Unidos, Xi ahora está pasando de la represalia a la conciliación. En una cumbre celebrada esta semana en Pekín, que calificó de histórica, Xi ofreció a Washington una elección: aceptar a China como una potencia igual, con líneas rojas que no deben cruzarse, o continuar en un ciclo de conflicto que podría caer en una “trampa de Tucídides” global de colisión entre superpotencias.

Xi le dio a este plan un nombre nuevo, aunque algo forzado: “estabilidad estratégica constructiva”.

Repitió este término durante toda la cumbre, una visita diseñada para mostrarle a Trump cómo podría ser una amistad entre ambos países, con toda la pompa en las cavernosas salas del Gran Salón del Pueblo, una visita privada al Templo del Cielo y conversaciones en el interior de Zhongnanhai, el complejo amurallado y hermético de la dirigencia china.

En cierto modo, el gobierno de Trump ya estaba siguiendo las reglas de China en esta visita. El presidente estadounidense en general se mostró muy respetuoso con Xi. Trump lo colmó de elogios y se abstuvo de replicar cuando el dirigente chino advirtió a Estados Unidos que actuara con cautela en el tema de Taiwán, la isla autogobernada que reclama Pekín.

Las nuevas reglas del juego

Xi habló en términos elevados y abstractos sobre lo que implicaba exactamente la estabilidad estratégica constructiva. Habló de “cooperación” como un “pilar”; “competencia dentro de los límites adecuados”; “diferencias manejables” y “paz esperable”.

Xin Qiang, experto en Estados Unidos y China de la Universidad Fudan de Shanghái, dijo que esto se reduce a reconocer que la competencia forma parte de la relación.

A pesar de eso, los dos países pueden albergar la esperanza de que hay más razones para cooperar que para enfrentarse. La cumbre puso de relieve algunas de las formas en que podrían colaborar, como la lucha contra el flujo de fentanilo a Estados Unidos, el establecimiento de normas básicas para la inteligencia artificial y la resolución del conflicto del estrecho de Ormuz.

¿Está Washington de acuerdo?

El resumen oficial chino de la reunión decía que Trump estaba de acuerdo con la nueva definición de Xi de la relación. Aunque la Casa Blanca no lo mencionó en su propio resumen, el secretario de Estado Marco Rubio sugirió en una entrevista con la NBC el viernes que el gobierno de Trump había respaldado el concepto.

“Una de las cosas en las que hacen hincapié los chinos, y en la que estamos de acuerdo, es en la estabilidad estratégica de nuestra relación, una relación constructiva, pero también una relación que establezca una estabilidad estratégica para que no haya malentendidos que puedan llevar a un conflicto más amplio”, dijo Rubio.

Hace apenas unos años, Pekín se oponía con vehemencia a una política del gobierno de Biden denominada “competencia gestionada”, que tiene similitudes con lo que Xi propone ahora. Esta implicaba aceptar que ambas partes eran rivales, pero también imponer barreras para evitar que la relación derivara hacia un conflicto. Pekín rechazó ese marco por considerarlo un intento de contener a China.

La razón por la que Xi se siente hoy cómodo con la idea podría tener mucho que ver con la creciente paridad de poder entre China y Estados Unidos. Pekín siente que ya no puede ser presionado por Washington luego de haber empatado con el gobierno de Trump en la guerra comercial del año pasado, al amenazar con restringir el suministro global de minerales críticos necesarios para fabricar tecnologías modernas.

Por qué Xi está dispuesto a dialogar

Al mismo tiempo, una confrontación con Estados Unidos no beneficia a China. Su economía lleva años estancada debido a una crisis inmobiliaria, y no puede permitirse ninguna disrupción del comercio mundial, su principal motor de crecimiento.

Xi está dando a entender que quiere consolidar el empate actual para que el gobierno de Trump no interfiera en su gran visión del futuro de China: un país rebosante de poderío tecnológico e industrial preparado para superar a un Estados Unidos en declive como primera potencia mundial.

“Para China, esta frase tiene que ver con ganar tiempo y jugar para sacar ventaja mientras Pekín intenta esperar que termine el gobierno de Trump”, señaló Evan Medeiros, profesor de Georgetown que fue asesor para Asia en el Consejo de Seguridad Nacional durante la presidencia de Barack Obama.

“China quiere gestionar lo que percibe como un declive gradual de Estados Unidos con la esperanza tanto de acelerarlo como de hacerlo lo menos disruptivo posible”, añadió.

China apuesta por el largo plazo

Estados Unidos no es ajeno a los intentos de China de enmarcar la relación entre ambos países en su propio beneficio.
En 2013, Xi intentó convencer a Obama de adoptar lo que denominó “un nuevo modelo de relaciones entre grandes potencias”, que pedía a Estados Unidos respetar lo que China considera sus intereses fundamentales, como sus pretensiones sobre Taiwán y el mar de China Meridional.

Al final el gobierno de Obama se negó a respaldar el concepto, reconociendo que exigía ceder poder en Asia y dejar vulnerables a aliados y socios.

“Se trata de una maniobra clásica de China, que intenta que Estados Unidos acepte un marco como forma de enlazar a Washington y establecer los términos de la relación bilateral de cara al futuro”, dijo Medeiros sobre el más reciente intento de Xi.

“Estas frases son arenas movedizas geopolíticas”, añadió. “Una vez que entras, no puedes salir, y cuanto más lo intentas, más te arrastra China”.

Cómo utilizará China este replanteamiento

Se trata de un replanteamiento de la relación, pero en los términos de Pekín, afirmó Shen Dingli, estudioso de las relaciones internacionales en Shanghái.

China, por ejemplo, podría alegar más adelante que el gobierno de Trump había violado los principios de la estabilidad estratégica constructiva al seguir vendiendo más armas a Taiwán. “Lo que China quiere es que la relación entre China y Estados Unidos sea buena y estable, pero con la condición de que China diga: ‘Yo soy quien proporciona el camino y yo soy quien señala la dirección’”, dijo Shen.

Otros analistas chinos afirman que es necesario un nuevo marco para reducir la influencia de los sectores de línea dura hacia China en el Congreso, que amenazan con socavar el acercamiento. También existe el temor de que Trump pueda cambiar su postura sobre China después de las elecciones intermedias de 2026.

“La preocupación siempre está ahí. Es algo por lo que es muy conocido”, afirmó Xin, de la Universidad de Fudan.

Publicado en NYT

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