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El futuro de Colombia más allá del proceso de paz en la perpectiva de Iván Duque

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ENTREVISTA AL SENADOR DEL CENTRO DEMOCRÁTICO IVÁN DUQUE

Con apenas 41 años, Iván Duque es uno de los cinco candidatos oficiales del Centro Democrático y Senador de la República de Colombia por esta misma fuerza política. Abogado de formación, se ha desempeñado como asesor principal por Colombia en el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y también ha trabajado como funcionario en el Ministerio de Hacienda de su país. Se dice que es un “fichaje” del expresidente Alvaro Uribe y que es su favorito para las primarias que celebrará su partido en este año. ¿Será así?

por Ricardo Angoso

ricky.angoso@gmail.com

@ricardoangoso

TITULARES:

“Yo creo que la verdadera paz en un país se construye imponiendo a los criminales la legalidad. Y aquí, en Colombia, lo que estamos viendo es lo contrario”

 “La agenda nacional fue abandonada y los asuntos económicos no fueron atendidos en profundidad. La salud, la educación y la innovación, junto otros grandes desafíos, fueron abandonados y el país retrocedió claramente en numerosos campos”

 “Hoy en día seguimos sin conocer la suerte de más 400 secuestrados por las FARC y que están reportados por numerosas organizaciones de víctimas. Muchos de esos secuestrados, seguramente, fueron asesinados y después desaparecieron sin dejar rastro para siempre”

 “Siento vergüenza como colombiano por la actitud de Santos hacia Venezuela”


Ricardo Angoso: ¿Qué opinión le merece el desarrollo del proceso de paz entre el ejecutivo colombiano y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC)?

Iván Duque: A mí me parece que la paz de un país no se puede construir con la firma de un papel ni menos haciendo concesiones a los criminales. Ni tampoco avalando la impunidad de los terroristas. Yo creo que la verdadera paz en un país se construye imponiendo a los criminales la legalidad. Y aquí, en Colombia, lo que estamos viendo es lo contrario, es decir, que los responsables de numerosos delitos y actos criminales no van a tener las penas que realmente merecerían en un Estado de derecho. En segundo lugar, vamos a ver como el narcotráfico se va a convertir en un delito amnistiable, tal como ahora está ocurriendo. Y, en tercer lugar, vamos a asistir a un florecimiento de “industria” del narcotráfico, ya que los propios acuerdos con las FARC han dejado la puerta para que la erradicación de los cultivos de coca sea voluntaria y no obligatoria.

Luego, creo, se han cometido graves errores al dejar en la impunidad a numerosos líderes de esta organización terrorista que han cometido delitos de lesa humanidad y que podrán optar, incluso, a cargos públicos. Van a optar a cargos de elección popular sin haberse siquiera presentado ante la justicia colombiana. Todos esos elementos a los que me he referido antes, los hemos criticado y espero que algún día podamos hacer las modificaciones urgentes que los acuerdos de paz requieren.

Sobre el tema de las armas, el presidente Juan Manuel Santos habló de unas 14.000 en poder de las FARC, aunque históricamente siempre se manejó un número mayor. Yo, como candidato presidencial, he planteado que si se encuentran armas o almacenes todavía en manos de las FARC pero escondidos y sin haber sido entregados, los cabecillas de esta organización deben perder todos los beneficios de los que gozan ahora por haber mentido al pueblo colombiano. También me hubiera gustado que las Naciones Unidas hubieran supervisado con mayor insistencia las armas y su procedencia, en el sentido de que se hubieran indagado en los seriales y comprobar la procedencia de esas armas, ya que creo que muchas de ellas proceden de Venezuela, más concretamente entregadas durante la larga dictadura de Chávez y después con Maduro a las FARC. No se han entregado los arsenales numerados y especificando su procedencia, tampoco las rutas del narcotráfico que manejaban y manejan las FARC. Amén de todas estas consideraciones, que darían pie para poner suficientes objeciones a los acuerdos firmados, tampoco se ha producido un arrepentimiento de este grupo armado ante la sociedad colombiana, a la que creo que, cuando menos, deberían pedirle perdón.

R.A.: Lo que más preocupa, creo, es que la trama ligada al narcotráfico no se desactivó, ¿no piensa igual?

I.D.: Es correcto. Las FARC, como han pretendido algunos negociadores del gobierno, no es una organización que haya estado en política con las armas, sino que se han dedicado en lo últimos años a sembrar el terror en el pueblo colombiano. Las FARC están en deuda con el pueblo colombiano por todos estos años en los que cometieron terribles masacres, secuestros, crímenes, extorsiones y muchos más delitos. Incluso hoy en día seguimos sin conocer la suerte de más 400 secuestrados por las FARC y que están reportados por numerosas organizaciones de víctimas. Muchos de esos secuestrados, seguramente, fueron asesinados y después desaparecieron sin dejar rastro para siempre, tratando, de esta forma, de ocultar los crímenes perpetrados. El país debe de conocer la verdad sobre estas atrocidades cometidas por las FARC, es una obligación moral conocer lo que ocurrió con estas víctimas. Yo creo que a la larga esos crímenes serán encausados por la Corte Penal Internacional u otros países que invocando la jurisdicción penal internacional juzgen esos delitos a los que me he referido y de los que sus máximos responsables son los cabecillas de las FARC hoy en la calle gracias a la impunidad que se les ha otorgado tras no haber sido juzgados por la justicia colombiana.

R.A.:Muchos piensan que el proceso de paz fue utilizado como una cortina de humo para ocultar los graves problemas que atraviesa el país, como la crisis económica, ¿qué opinión tiene al respecto?

I.D.: Yo creo que este gobierno, y más concretamente el presidente Santos, abandonó todas sus obligaciones en estos siete años para hacer frente a los problemas que tenía Colombia, en mayor medida porque estaban atendiendo las demandas y los reclamos que les exigían las FARC. La agenda nacional fue abandonada y los asuntos económicos no fueron atendidos en profundidad. La salud, la educación y la innovación, junto otros grandes desafíos, fueron abandonados y el país retrocedió claramente en numerosos campos.

Este año, por ejemplo, en el primer trimestre hemos tenido el peor crecimiento económico en años, la confianza inversionista está por los suelos, los consumidores consumen poco o nada y el país, poco a poco, va perdiendo el optimismo ante la situación, a causa del desgobierno generado por Santos. Por nuestra parte, nosotros, desde el Centro Democrático, le estamos proponiendo al país una agenda clara de defensa de la legalidad, poniendo especial énfasis en una mayor atención en asuntos clave como salud, educación e inequidad, aspectos absolutamente desatendendidos por este gobierno. Hace falta esa agenda económica que haga realidad un capitalismo emprendedor y que, a su vez, haga posible que los beneficios generados sean empleados en el desarrollo de los más vulnerables de la sociedad. Además, creo que es muy importante apostarle a la innovación y al medio ambiente de tal forma que se genere riqueza teniendo en cuenta criterios de sostenibilidad en esa materia tan importante para la sociedad.

R.A.:¿Qué soluciones tiene usted para atajar la corrupción, ese gran flajelo de Colombia?

I.D.: Uno de los problemas es que donde hay un monopolio de la información hay un gran riesgo de corrupción. En el caso colombiano, yo he planteado abiertamente que es  necesario incrementar los niveles de transparencia y aplicar, por ejemplos, criterios más serios en lo que es la contratación directa, que debe reducirse a la mínima expresión y en casos de emergencia manifiesta. En segundo lugar, debe ser desmontandos los carteles de únicos proponentes que se están organizando en torno a la obra pública. Tercera medida: los dueños, gestores y empresas que hayan corrompido alguna vez a algún funcionario colombiano no podrán volver a trabajar con el Estado de ninguna de las formas. Y como cuarta media planteamos claramente que funcionarios que reciban coimas o sobornos no podrán volver a trabajar en la administración de por vida sin ningún miramiento ni perdón. Otro asunto importante es el de los candidatos y sus campañas; creo que es fundamental que los candidatos a cualquier cargo público se hagan responsables de los dineros que reciben en sus campañas, antes y después de las mismas. Tiene que haber un control sobre esas campañas y deben de tener un financiamiento público para determinados cargos. Finalmente, creo que es muy importante que todos los cargos públicos estén sujetos a dos mandatos como máximo en cada cargo de elección popular.

R.A.: La sociedad colombiana está hastiada de sus políticos y de la política en general, ¿tiene el Centro Democrático una oferta diferenciada del resto de los partidos o es más de lo mismo?

I.D.: Yo hago parte de esos millones de colombianos que estamos cansados de la política tradicional y la prueba de ello es que yo no soy un político tradicional. He entrado en la política para tratar de hacer un trabajo diferente con valores, principios y proyectos en permanente diálogo con la ciudadanía. Y hoy estoy convencido que los colombianos quieren una política totalmente distinta que no se base en las clientelas, en los favores, en los abolengos tradicionales, sino que permitan que surgan unos nuevos líderes políticos. También es importante que todos los colombianos tengan cabida en el sistema superando esos anacronismos de la izquierda y la derecha. Una nueva clase política diferenciada de la anterior  debe tener unos principios y valores firmes, tal como defendemos nosotros. Nuestra candidatura, creo, tiene esos planteamientos claros y se los presenta al pueblo colombiano. Nuestros ejes pasan por la defensa de la legalidad, por el desarrollo de una política de equidad, por fomentar el emprendimiento, que permita tener un sector privado pujante, y una visión innovadora al frente de las iniciativas públicas y privadas sin perder la sostenibilidad, tanto en lo social como en lo ambiental. Nuestra oferta pasa por que todos los colombianos tengan cabida en un gran proyecto nacional sin exclusiones y basado absolutamente en la legalidad.

R.A.: Veo una gran confusión de cara a las próximas elecciones, hay muchos candidatos y una gran división, ¿se atrevería a profetizar en qué quedaría una hipotética segunda vuelta?

I.D.: Yo no soy bueno para hacer cábalas, lo que si le digo es que estamos trabajando con toda la convicción y entereza para que Iván Duque sea el próximo presidente de todos los colombianos.

R.A.:¿En qué se diferencia su candidatura de la resto de los precandidatos a las próximas elecciones?

I.D.: Yo no desacredito nunca el producto de los demás para vender mi producto. Pretendo presentar al país una visión integral para hacer frente a los desafíos que tiene ante sí Colombia. Se trata de que seamos capaces de pasar la página de la vieja política y tomar el rumbo hacia una Colombia más moderna. Hay que ser capaces de pasar esa página también en lo económico, que se resume en que producimos pocos productos y la economía colombiana no se ha diversificado ni ha sido capaz de generar empleo. Pero para ese cambio,  hay que ser capaces de apostar a la innovación y  a las nuevas tecnologías.

Son muchas las cosas que hay que cambiar. Tenemos que hacer posible que la equidad sea una realidad que permita la expansión de la clase media para permitir a todos los colombianos construir su propio proyecto de vida. Entonces, mi diferenciación con respecto a los demás candidatos es bien clara y hemos presentado un libro con 162 propuestas que le hacemos al país. Somos la única candidatura que ha sido capaz de presentar ese programa tema por tema con las propuestas bien definidas. Nuestras propuestas son claras, financiables, precisas y prácticas para que los colombianos puedan conocer bien nuestro proyecto de país. Le apostamos al futuro, al cambio para Colombia.

R.A.: Por cierto, ¿hemos pasado la página de las FARC o hay riesgos ante el futuro?

I.D.: La página de las FARC no se puede pasar cuando se le han dado tantas concesiones a los terroristas. Por ello, para realmente pasar la página necesitamos que en el país haya justicia, que se persiga efizcamente al narcotráfico, que la erradicación y sustitución de los cultivos de coca sea algo obligatorio y no voluntario. Para pasar la página necesitamos también que en este país se elimine la corrupción de nuestra vida pública de una vez por todas, que se persiga eficazmente el tráfico de drogas y que se combata efizcamente el crimen. Queremos pasar página de muchas cosas, pero tenemos que trabajar y ser capaces de explicar a los colombianos nuestra propuesta política de cambio.

R.A.:¿Cómo examina la penosa situación por la que atraviesa Venezuela?

I.D.: Es triste ver a un presidente de Colombia que hace años escribía columnas sobre Venezuela, en el sentido de que no podíamos quedarnos de brazos cruzados ante la dictadura que se avecinaba en el país, hoy, ese mismo presidente, Santos, es un cómplice de lo que está ocurriendo en esa nación porque no ha tenido la gallardía y el valor de denunciar los atropellos de un sátrapa contra un pueblo que está pidiendo democracia y libertad en las calles. Colombia no puede ser indiferente ante lo que está ocurriendo en Venezuela y no se puede quedar en la diplomacia de salón.

Necesitamos que haya una gran cruzada internacional contra un régimen de esas características. La comunidad internacional, como ya hizo en otras situaciones parecidas, debe de actuar para poner fin a una dictadura que utiliza indiscriminadamente la fuerza contra su pueblo todos los días; es una situación inadmisible que requiere una acción internacional urgente. En Venezuela se ha producido detenciones masivas, se aplican las torturas contra los disidentes, se persigue a civiles indefensos y el país se ha convertido una inmensa cárcel. Por todo lo que está ocurriendo, he presentado una demanda ante la Fiscalía de la Corte Penal Internacional contra Nicolás Maduro que ha sido firmada por otros 75 senadores y representantes colombianos. Ya estamos buscando el respaldo internacional a esa iniciativa, que ha recibido apoyos en Chile, y esperemos que poco a poco seamos capaces de que se dé un verdadero cambio en Venezuela que permita la expresión democrática y libre de su pueblo.

R.A.:¿No le llama la atención el silencio de Santos cuando ya muchas figuras de la izquierda, como Pepe Múgica o Felipe González, condenan a la dictadura de Maduro?

I.D.:Me parece que el silencio nos hace cómplices. Si Santos permanece en silencio, con esa diplomacia de salón a la que me refería antes, viendo como un dictador oprime y tortura a su pueblo a mí me da vergüenza como colombiano porque históricamente ambos pueblos, ambas naciones, han estado muy unidas. Me da vergüenza porque si uno mira para atrás ve que hubo grandes líderes colombianos que se enfrentaron y atacaron a las dictaduras más brutales, mientras que hoy la realidad es bien distinta y Colombia mira para otro lado ante el sufrimiento del pueblo venezolano. Otra cosa que me da vergüenza es que Colombia permanezca en Unasur porque si esa organización no es capaz de que Venezuela cumpla con sus obligaciones democráticas, yo creo que nosotros no pintamos nada ahí sentados y deberíamos irnos. Me da vergüenza lo que ha hecho el presidente Santos con Venezuela, me duele profundamente como colombiano. Se trata, en definitiva, de defender los valores y los principios democráticos frente a la tiranía que encarna Maduro, de defender la Carta Democrática Interamericana que firmó Colombia junto con otros países democráticos del continente, ni más ni menos.

Otros temas y entrevistas de Ricardo Angoso 

 

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EP New York/reportajes

Por:Gioconda Belli

¿Vendrán por mí? ¿Qué se sentirá ser encarcelada por la misma gente con la que peleé hombro a hombro para derrocar la dictadura de 45 años de los Somoza en Nicaragua, mi país?

En 1970, me uní a la resistencia urbana clandestina del Frente Sandinista de Liberación Nacional, conocido como FSLN. Tenía 20 años. La larga y sangrienta lucha para librarnos de Anastasio Somoza Debayle ahora es un recuerdo que produce un orgullo agridulce. Alguna vez fui parte de una generación joven y valiente dispuesta a morir por la libertad. De los diez compañeros que estaban en mi célula clandestina, tan solo sobrevivimos dos. El 20 de julio de 1979, tres días después de que Somoza fue expulsado gracias a una insurrección popular, entré caminando a su búnker en una colina desde donde se veía Managua, llena del sentimiento de haber logrado lo imposible.

Ninguna de esas ilusiones sobrevive el día de hoy. En retrospectiva, para mí está claro que Nicaragua también pagó un costo demasiado alto por esa revolución. Sus jóvenes líderes se enamoraron demasiado de sí mismos; pensaron que podíamos superar todos los obstáculos y crear una utopía socialista.

Miles murieron para derrocar a Anastasio Somoza y muchos más perdieron la vida en la guerra de los contras que le siguió. Ahora, el hombre que alguna vez fue elegido para representar nuestra esperanza de cambio, Daniel Ortega, se ha convertido en otro tirano. Junto con su excéntrica esposa, Rosario Murillo, gobiernan Nicaragua con puño de hierro.

Ahora que las elecciones de noviembre se acercan cada vez más, la pareja parece poseída por el miedo de perder el poder. Atacan y encarcelan a quien consideren un obstáculo para ellos. En las últimas semanas, encarcelaron a seis candidatos presidenciales y arrestaron a muchas personas más, entre ellas a figuras revolucionarias prominentes que alguna vez fueron sus aliadas. El mes pasado, incluso fueron tras mi hermano. Para evitar ser capturado, huyó de Nicaragua. No estaba paranoico: tan solo unos días más tarde, el 17 de junio, más de una veintena de policías armados hicieron una redada en su casa; lo estaban buscando. Su esposa estaba sola. Buscaron en cada rincón y se fueron después de cinco horas.

La noche siguiente varios hombres enmascarados y armados con cuchillos y un rifle entraron a robar a su casa. Se escuchó a uno de ellos decir que era un “segundo operativo”. Otro amenazó con matar a su esposa y violar a mi sobrina, que había llegado para pasar la noche con su madre. Ortega y Murillo parecen estar usando la forma más cruda de terror para intimidar a sus opositores políticos.

En lo personal, nunca admiré a Ortega. A mí siempre me pareció un hombre mediocre e hipócrita, pero su experiencia en la calle le permitió aventajar a muchos de sus compañeros.

En 1979, fue la cabeza del primer gobierno sandinista y el presidente de 1984 a 1990. La derrota frente a Violeta Chamorro en las elecciones de 1990 dejó una cicatriz en la psique de Ortega. Regresar al poder se volvió su única ambición. Después del fracaso electoral, muchos de nosotros quisimos modernizar el movimiento sandinista. Ortega no aceptó nada de eso. Consideró nuestros intentos de democratizar el partido como una amenaza a su control. A quienes no estuvimos de acuerdo con él nos acusó de venderle el alma a Estados Unidos, y se rodeó de aduladores. Su esposa se puso de su lado aun después de que su hija acusó a Ortega, su padrastro, de haber abusado sexualmente de ella a la edad de 11 años, un escándalo que habría sido el fin de la carrera de otro político.

De hecho, Murillo, a quien se le ha caracterizado como una Lady Macbeth tropical, renovó la imagen de Ortega con astucia luego de que este perdió dos elecciones más. Sus ideas New Age aparecieron en símbolos de amor y paz y pancartas pintadas con colores psicodélicos. De manera muy conveniente, Ortega y su esposa se metamorfosearon en católicos devotos tras décadas de ateísmo revolucionario. Para tener a la Iglesia católica más de su lado, su némesis en la década de 1980, Ortega accedió a respaldar una prohibición total al aborto. También firmó en 1999 un pacto con el presidente Arnoldo Alemán, quien luego fue declarado culpable de corrupción, para llenar puestos de gobierno con cantidades iguales de partidarios. A cambio, el Partido Liberal Constitucionalista de Alemán accedió a reducir el porcentaje de votos necesarios para ganar la presidencia.

Funcionó. En 2006, Ortega ganó con tan solo el 38 por ciento de los votos. En cuanto asumió el cargo, comenzó a desmantelar instituciones estatales ya de por sí debilitadas. Obtuvo el apoyo del sector privado al permitirle tener voz y voto en las decisiones económicas a cambio de que aceptara sus políticas. Modificó la Constitución, la cual prohibía expresamente la reelección, para que se permitiera una cantidad indefinida de reelecciones. Luego, en 2016, en la campaña para su tercer periodo, Ortega eligió a su esposa para la vicepresidencia.

Ortega y Murillo parecían haber asegurado su poder hasta abril de 2018, cuando un grupo de esbirros sandinistas reprimió con violencia una pequeña manifestación en contra de una reforma que iba a reducir las pensiones de seguridad social. Varias protestas pacíficas arrasaron todo el país. Ortega y Murillo reaccionaron con furia y combatieron la revuelta con balas: 328 personas fueron asesinadas, 2000 lesionadas y 100.000 exiliadas, de acuerdo con la Comisión Interamericana de Derechos Humanos. Paramilitares armados deambularon por las calles matando a diestra y siniestra, y los hospitales tenían la orden de negar la asistencia médica a los manifestantes heridos. Los doctores que desobedecieron fueron despedidos. El régimen impuso un estado de emergencia de facto y suspendió los derechos constitucionales. Se prohibieron las manifestaciones públicas de cualquier índole. Nuestras ciudades fueron militarizadas. Ortega y Murillo justificaron estas acciones con una gran mentira: el levantamiento era un golpe de Estado planeado y financiado por Estados Unidos.

Las siguientes elecciones de Nicaragua están programadas para el 7 de noviembre. A finales de la primavera, los dos principales grupos de oposición acordaron elegir a un candidato bajo el cobijo de Alianza Ciudadana. Cristiana Chamorro, hija de la expresidenta Chamorro, tuvo un sólido respaldo en las encuestas. Poco después de que anunció su intención de contender por la presidencia, le impusieron un arresto domiciliario. El gobierno parece haber fabricado un caso de lavado de dinero con la noción equivocada de que eso iba a legitimar su arresto. Le siguieron más detenciones: otros cinco candidatos a la presidencia, periodistas, un banquero, un representante del sector privado, dos contadores que trabajaban para la fundación de Cristiana Chamorro y hasta su hermano, todos ellos acusados bajo leyes nuevas y de una ambigüedad conveniente que en esencia hacen que cualquier tipo de oposición a la pareja en el poder sea un delito de traición. Ortega insistió en que todos los detenidos eran parte de una inmensa conspiración apoyada por Estados Unidos para derrocarlo.

Ahora, los nicaragüenses nos encontramos sin ningún recurso, ninguna ley, ninguna policía que nos proteja. Una ley que le permite al Estado encarcelar hasta por 90 días a las personas que estén bajo investigación ha remplazado el habeas corpus. La mayoría de los presos no ha podido ver a sus abogados ni a sus familiares. Ni siquiera estamos seguros de dónde los tienen detenidos. Por las noches, muchos nicaragüenses se van a la cama con el temor de que su puerta sea la siguiente que derribe la policía.

Soy poeta, soy escritora. Soy una crítica manifiesta de Ortega. Tuiteo, doy entrevistas. Con Somoza, me juzgaron por traición. Tuve que exiliarme. ¿Ahora enfrentaré la cárcel o de nuevo el exilio?

¿Por quién irán después?

Gioconda Belli es una poeta y novelista nicaragüense. Fue presidenta del centro nicaragüense de PEN International.

Publicado en NYT.

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Agencias

Abandonan búsqueda de sobrevivientes en zona del desastre de surfside

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EP New York/Florida

SURFSIDE, Florida, EE.UU. — Los socorristas renunciaron el miércoles a cualquier esperanza de encontrar sobrevivientes en el edificio residencial que se derrumbó en Florida, y señalaron a las familias que no había “ninguna posibilidad de encontrar vida” entre los escombros, mientras los equipos reencauzaban sus esfuerzos a la recuperación de más restos.

El anuncio fue efectuado luego de reportes cada vez más pesimistas de los funcionarios de emergencia, quienes señalaron que habían estado preparando a las familias para el peor desenlace.

“En este punto, hemos agotado todas las opciones disponibles en la misión de búsqueda y rescate”, dijo la alcaldesa de Miami-Dade, Daniella Levine Cava, en una conferencia de prensa.

“Todos le hemos pedido a Dios un milagro, por lo que la decisión de pasar de una misión de rescate a una de recuperación es extremadamente difícil”, manifestó.

La transición formal estaba programada para la medianoche. Pero horas antes, los rescatistas, funcionarios, rabinos y otros guardaron un minuto de silencio junto a los escombros.

En tanto, otros ocho cuerpos fueron recuperados el miércoles, elevando la cifra de muertes confirmadas a 54, dijo la alcaldesa. Se han identificado a 33 de los fallecidos, y se desconoce el paradero de 86 personas.

El subjefe de bomberos de Miami-Dade, Raide Jadallah, les dijo a las familias en una conferencia cerrada al público que los equipos dejarán de usar perros de rescate y dispositivos especializados de sonido, pero que seguirían buscando cuerpos entre los escombros.

“Nuestra única responsabilidad en este momento es darles un cierre”, les dijo Jadallah a los familiares, algunos de los cuales sollozaban.

A diferencia de algunos derrumbes que crean espacios en forma de W donde la gente puede sobrevivir, un derrumbe de apilamiento como el ocurrido en Surfside tiende a no dejar espacios, explicó Jadallah.

“Cuando ocurre un derrumbe de apilamiento, desafortunadamente es un piso o un muro encima de un piso sobre otro piso y otro piso”, comentó. “Generalmente, un individuo tiene un tiempo determinado en cuanto a la falta de comida, agua y aire. Este derrumbe no ofrece nada de eso”.

El jefe de bomberos de Miami-Dade, Alan Cominsky, dijo que se tiene previsto que la misión de recuperación dure varias semanas más.

La esperanza de encontrar sobrevivientes se renovó brevemente luego de que los trabajadores demolieron lo que quedaba del edificio, lo que permitió a los rescatistas acceder a nuevas áreas de escombros. Había esperanzas de hallar huecos o espacios entre los restos donde alguien pudiera haber sobrevivido.

Sí había algunos de esos huecos, la mayoría de ellos en el sótano y en el estacionamiento, pero no se encontraron sobrevivientes. En lugar de eso, los rescatistas recuperaron más de una docena de cuerpos. Debido a que el edificio se vino abajo en las primeras horas del 24 de junio, muchas personas fueron halladas sin vida en sus camas.

Nadie ha sido rescatado con vida del sitio desde las primeras horas posteriores al desplome del edificio de 12 pisos.

AP noticias

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Agencias

Renuncia Carrasquilla pero protestas continúan en Colombia

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EP New York/agencias

La renuncia del ministro de Hacienda no aplaca las protestas que ya dejan 19 muertos en Colombia

Bogotá,  (EFE).- La renuncia del ministro de Hacienda de Colombia, Alberto Carrasquilla, marcó este lunes la sexta jornada de protestas contra la ya retirada reforma tributaria del Gobierno, en las que, según la Defensoría del Pueblo, han muerto al menos 19 personas y unas 800 personas han resultado heridas.

Carrasquilla, que estaba en el cargo desde el 7 de agosto de 2018 cuando comenzó el mandato del presidente Iván Duque, se convirtió en el villano de la actual crisis por la dureza del fracasado proyecto de reforma fiscal, que fue la chispa que encendió el fuego de las manifestaciones la semana pasada.

Esa iniciativa golpeaba en especial a la clase media y a la baja mediante la ampliación de la base tributaria y el cobro del IVA del 19 % a los servicios públicos.

Para reemplazarlo, Duque nombró como nuevo titular de Hacienda al hasta hoy ministro de Comercio, Industria y Turismo, José Manuel Restrepo, un economista y académico que también acompaña al presidente desde el inicio de su Gobierno.

Las movilizaciones sociales que comenzaron en noviembre de 2019 en protesta contra la política económica de Duque resurgieron con fuerza la semana pasada después de un paréntesis de más de un año por la pandemia de covid-19 que empobreció a miles de familias colombianas, y el detonante fue el controvertido proyecto de reforma tributaria.

VÍCTIMAS DE LA VIOLENCIA

Según el informe de la Defensoría, 19 personas han muerto durante las manifestaciones, 18 civiles y un policía, y actualmente está evaluando y clasificando 140 denuncias que incluyen información sobre fallecidos, desaparecidos, abuso policial y lesionados.

Sin embargo, organizaciones sociales han divulgado informes según los cuales el número de víctimas es incluso mayor que el de la Defensoría.

La ONG Temblores, que documenta violencia policial, informó que desde el 28 de abril hasta hoy contabiliza “26 personas víctimas de violencia homicida por parte de la Policía”.

Además reportó “142 víctimas violencia física”, 761 detenciones arbitrarias, 17 víctimas de “agresión en sus ojos”, nueve víctimas de violencia sexual y “56 denuncias por desapariciones en el contexto de la movilización”.

CRISIS EN CALI

Desde que comenzaron las manifestaciones, la situación más difícil se vive en Cali, capital del departamento del Valle del Cauca y principal ciudad del suroeste de Colombia, donde hay incertidumbre por cuenta de la violencia policial, los disturbios y los bloqueos, que están provocando desabastecimiento de alimentos y combustibles.

Uno de los momentos más difíciles de la jornada se vivió en un sector conocido como La Luna, en el sur de la ciudad, donde los manifestantes protagonizaron una batalla campal contra miembros del Escuadrón Móvil Antidisturbios (Esmad) de la Policía.

La difícil situación fue grabada un fotógrafo conocido como Jahfrann, que en un en vivo de Instagram se conectó con personalidades latinoamericanas como el cantante puertorriqueño Residente y el conferencista mexicano Daniel Habif para mostrarles lo que estaba ocurriendo en La Luna.

Las manifestaciones también han dejado decenas de comercios destruidos y tienen paralizada la vida de Cali.

Las imágenes de largas filas para abastecer combustible y los estantes de alimentos vacíos en algunas plazas de mercado y tiendas tienen en vilo a las autoridades, que buscan una solución a un problema que aún no es crítico pero que crece velozmente.

Incluso la Aeronáutica Civil de Colombia restringió este lunes temporalmente las operaciones del aeropuerto Alfonso Bonilla Aragón, que sirve a Cali, por las manifestaciones que constituyen la peor crisis del Gobierno de Duque.

PROTESTAS EN OTRAS CIUDADES

Los colombianos también salieron a protestar en otras ciudades como Bogotá, Medellín, Barranquilla, Bucaramanga y Manizales, en jornadas en las que hubo nuevos disturbios.

En la capital colombiana, centenares de personas se congregaron frente al condominio donde tiene su residencia privada el presidente Duque para expresar su inconformismo con el Gobierno.

Aparte de Cali, hubo violencia en Barranquilla, capital del departamento caribeño del Atlántico, donde ocurrieron saqueos a supermercados y enfrentamientos con la fuerza pública.

Los sindicatos y organizaciones sociales convocantes de la protesta volvieron a llamar a una nueva jornada de “paro nacional” que tendrá lugar el próximo miércoles 5 de mayo.


Con inf. de Agencia EFE/DW noticias

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