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Falta de autoridad diplomática , la otra crisis venezolana en el extranjero

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EP New York/agencias
 
Lucha de poder en Venezuela crea un duelo diplomático en el exterior

Hay unas grave crisis de la que poco se hable y de la que parece no tener una solución inmediata y es la que viven millones de venezolanos que esperan renovar sus pasaportes para diligenciar y solucionar los problemas de viaje y , en el peor de los casos, para renovar sus visas trabajo. 
 
En los últimos años, se calcula que más de 3.3 millones de venezolanos han emigrado al extranjero. La mayoría residen en Colombia , según cifras de la ONU. Muchos de ellos con problemas para renovar su pasaporte y otros documentos en las sedes diplomáticas de Venezuela y tienen que esperar años para ello, según testimonios que han sido publicados por medios y agencias de prensa en el mundo. 
 
Usuarios denuncian que tardan hasta un año en entregar el documento, mientras que tramitadores cobran entre 1.000 y 6.000 dólares por el trámite. 2 de cada 3 venezolanos ingresa a Colombia ilegalmente por falta del pasaporte. Pero entre las historias y afugias que aún pasan los venezolanos para validar sus pasaportes está la de Lorena Delgado quien acudió recientemente al consulado de Venezuela en Bogotá , la capital de Colombia , con la esperanza de renovar su caducado pasaporte, se encontró con que las puertas de metal del edificio estaban cerradas.

Días antes, el presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, había roto lazos con la vecina nación andina a la que huyeron más de un millón de compatriotas en los últimos años, retirando a todos los diplomáticos y cerrando el consulado y la embajada.

El hombre que desafía la presidencia de Maduro había nombrado a un nuevo embajador, pero él no sabía cómo ayudarla. Aunque Colombia reconoce a Juan Guaidó como presidente legítimo de Venezuela, el embajador designado por el presidente de la Asamblea Nacional no tiene acceso al consulado ni capacidad para renovar pasaportes.

“Te sientes encerrado”, dijo Delgado, de 32 años, que necesita viajar al extranjero para solicitar una visa de trabajo. “Estamos como en un limbo”.

Mientras la lucha por el poder en Venezuela se prolonga, surgió una disputa paralela por el control de las embajadas en los países que reconocen a Guaidó como presidente de Venezuela. Aunque los nuevos diplomáticos nombrados por la oposición son reconocidos en todo el mundo, Estados Unidos es el único país en el que controlan un edificio consular. En las demás naciones, los enviados de Guaidó no pueden desempeñar tareas básicas como emitir un pasaporte ya que el Registro Civil de Venezuela sigue bajo el control de Maduro.

La disputa diplomática dejó a los alrededor de 3,4 millones de venezolanos que se estima que viven en el extranjero estancados entre dos gobiernos. En la mayoría de los países, los empleados consulares siguen realizando tareas como el registro de nacimientos en el extranjero mientras los embajadores de Guaidó permanecen al otro lado de los muros de las legaciones diplomáticas, un símbolo del lento avance del movimiento.

“En estos momentos no tenemos respuesta de ninguno de los dos”, señaló Paola Soto, de 25 años, que está tratando de reunirse con su hijo de 5 años en Chile.

La batalla por el reconocimiento diplomático se libra, en gran medida, a puerta cerrada, pero en algunas ocasiones saltó a la luz pública.

En febrero, la embajadora designada por Guaidó para Costa Rica, María Faría, anunció que tomó el control de la sede diplomática en San José y publicó en Twitter una fotografía en la que aparecía ante una bandera venezolana en el interior del edificio. En el exterior se intercambiaron gritos cuando los representantes del gobierno de Maduro intentaron acceder.

El Ministerio de Asuntos Exteriores de Costa Rica, pese a reconocer a Faría como la embajadora de Venezuela, emitió un comunicado condenando sus acciones y señalando que incumplió el protocolo establecido que da al equipo de Maduro 60 días para marcharse.

En marzo se registró un incidente igual de confuso en Lima, Perú, cuando se vio a trabajadores retirando sillas e incluso un busto del héroe de la independencia de Sudamérica, Simón Bolivar, de la legación diplomática durante la noche. Los muebles volvieron al interior tras las críticas de manifestantes antigubernamentales.

“¡Ya has robado suficiente en Venezuela!”, gritó una mujer enojada.

Más recientemente, el pasado lunes, el embajador de Guaidó en Estados Unidos anunció que estaba tomando el control del consulado en Nueva York y de dos edificios propiedad del ejército en Washington, donde las imágenes de Maduro fueron sustituidas por retratos de Guaidó.

El canciller venezolano, Jorge Arreaza, acusó a Washington de violar los artículos de la Convención de Viena sobre relaciones diplomáticas que requieren que los países anfitriones protejan las embajadas extranjeras aunque no exista relación entre las naciones.

Arreaza advirtió que si Estados Unidos no cumplía con sus obligaciones internacionales, el gobierno de Venezuela podría emprender acciones legales y tomar represalias con acciones recíprocas, una amenaza no muy velada de que podría ocupar su recientemente desalojada embajada en la capital. Washington retiró a su personal diplomático de Caracas por motivos de seguridad luego de que Maduro cortó relaciones con la Casa Blanca por su respaldo a Guaidó.

Gustavo Marcano, un alcalde venezolano exiliado que trabaja para la embajada de Guaidó en Estados Unidos, señaló que la adquisición del inmueble forma parte de los intentos para garantizar que los activos de Caracas en el extranjero están protegidos. Washington trabaja también para transferir otras preciadas propiedades, como CITGO, una filial de la compañía petrolera estatal PDVSA con sede en Houston, a Guaidó.

“Es el primer paso del cese de usurpación”, apuntó desde el interior del consulado de Manhattan, donde los retratos del fallecido líder socialista Hugo Chávez todavía cuelgan de las paredes.

Aunque no pueden emitir documentos como pasaportes, añadió, la legación diplomática busca soluciones para ayudar al creciente número de venezolanos que no tienen una identificación válida. Una de las ideas que se barajan es la crear una tarjeta de identificación consular que sea reconocida por el país anfitrión.

En otros países, los embajadores de Guaidó adoptaron un enfoque más amable optando por trabajar lentamente para asumir el control de los consulados junto con el Ministerio de Exteriores de la nación de turno, o evitando el tema por completo.

Humberto Calderón, embajador designado para Colombia, apuntó que está centrado en ayudar a los migrantes venezolanos y consideró que la ocupación de los inmuebles es una potencial fuente de problemas que podría dañar a los colombianos que residen en Venezuela.

“La decisión es nuestra. No hemos querido hacerlo”, manifestó.

Calderón fungió en su día como Ministro de Energía en su país y trabaja desde un hotel. Cuando Maduro cortó lazos diplomáticos con Colombia, casi todo el personal consular regresó al país a bordo de un avión enviado por el gobierno, explicó, agregando que no tienen acceso a nada de lo que dejaron en los edificios.

En otras naciones, algunos empleados de Maduro se han mantenido en sus puestos esquivando cautelosamente un enfrentamiento político de alto voltaje.

En Perú, cinco enviados nombrados por Maduro permanecen en su cargo desempeñando tareas consulares, según un alto funcionario venezolano que habló bajo condición de anonimato porque no estaba autorizado a discutir la situación. Tras conversaciones con el Ministerio de Exteriores peruano, se alcanzó un acuerdo que les permite seguir en el país y continuar trabajando en la embajada, aunque la nación reconoce al enviado de Guaidó.

“Estamos en un proceso cuyo objetivo es mantener las relaciones consulares, no diplomáticas”, señaló.

Este es un escenario que podría repetirse en la mayoría de los países: pese a que más de 50 jefes de Estado declararon su lealtad a Guaidó, inevitablemente, la necesidad los obligará a aceptar mantener una serie de lazos con el ejecutivo de Maduro.

“En última instancia, no está en el interés de ningún país mantener una embajada que esté gestionada por personal que no tiene capacidad para promover intereses comerciales o consulares”, apuntó Geoff Ramsey, investigador para Venezuela en la Oficina en Washington para Asuntos Latinoamericanos.

Y señaló como ejemplo el caso de Holanda, que pese a que también está en la lista de las naciones que reconocieron a Guaidó, se comprometió a mantener intacto el personal consular de Maduro en la isla de Curaçao, ubicada en el Caribe a unos 63 kilómetros (40 millas) de la costa venezolana. Holanda tiene emprendimientos conjuntos con la petrolera estatal venezolana.

“Es una solución de diplomacia dual para muchos de estos países”, añadió Ramsey.

Soto dijo que no sabe cómo explicarle el problema a su hijo, que se marchó de Venezuela en avión con su padre hace más de un año. Desde entonces, ella ha estado intentando reunirse con él en Chile, pero se ha quedado varada en Colombia.

“No tenemos solución. Ni aquí, ni en Venezuela, ni en ningún sitio”, afirmó.

La periodista de The Associated Press Claudia Torrens contribuyó a este despacho. AP Christine Armario está en Twitter en:http://www.twitter.com/cearmario


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9/11 , 20 años después del dolor

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EP New York/ 9/11

Nueva York, una ciudad herida pero cambiada 20 años después del 11S

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23 fallecidos deja hasta el momento la tormenta ‘Ida’ en el área tri-estatal

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Talibanes celebran salida estadounidense de Afganistan y toman control de Kabul

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EP Newyork/Afganistan

Durante la evacuación, las fuerzas estadounidenses ayudaron a trasladar a unos 120.000 ciudadanos estadounidenses, afganos y de otros países, según la Casa Blanca

El Talibán proclama su victoria en Kabul y promete seguridad
KABUL — El Talibán hizo un recorrido triunfal el martes por el aeropuerto internacional de Kabul, horas después de la retirada de tropas que puso fin a la guerra más larga de Estados Unidos. De pie en la pista, líderes del grupo prometieron asegurar el país, reabrir el aeropuerto y dar una amnistía a sus antiguos rivales.

En una demostración de control, líderes talibanes caminaron por la pista escoltados por miembros de la unidad de élite Badri. Los comandos posaron con orgullo para la prensa vestidos con uniformes de camuflaje.

Poner el aeropuerto de nuevo en funcionamiento es uno de los considerables desafíos que afronta el Talibán para gobernar un país de 38 millones de habitantes que durante dos décadas sobrevivió con miles de millones de dólares en ayuda extranjera.

“Afganistán es libre por fin”, dijo a The Associated Press en la pista del aeropuerto Hekmatula Wasiq, un líder talibán. “El lado militar y el civil (del aeropuerto) están con nosotros y bajo control. Esperamos anunciar nuestro gobierno. Todo es pacífico. Todo es seguro”.

Wasiq instó a la gente a regresar al trabajo y reiteró la promesa talibán de ofrecer una amnistía general. “El pueblo debe ser paciente”, dijo. “Poco a poco devolveremos todo a la normalidad. Llevará tiempo”.

Un miembro destacado de la oficina política del Talibán felicitó a los afganos por su “gran victoria” al lograr la “plena independencia del país” con la salida de las fuerzas estadounidenses.

Shahabuddin Delawar habló ante un centenar de personas, aparentemente todos hombres, en un evento en Kabul transmitido por la televisión estatal. Delawar fustigó al enemigo —las fuerzas de Estados Unidos y la OTAN— y acusó a Occidente de difundir propaganda para socavar al Talibán.

“Pronto se verá el progreso” de la nación. La imagen en la TV estatal aparecía con el subtítulo “Celebración del Día de la Independencia y el fin de la invasión estadounidense de Afganistán”.

Apenas unas horas antes, el Ejército estadounidense completó su mayor evacuación aérea de personas no combatientes en la historia.

El martes por la mañana aún quedaban signos del caos registrado en los últimos días. En la terminal se veían maletas y ropas tiradas entre montones de documentos. Había alambres de cuchillas para separar zonas y autos volcados y vehículos estacionados bloqueaban rutas en torno al aeropuerto civil, un indicio de las medidas tomadas para proteger contra posibles ataques suicidas con vehículos.

Varios vehículos con combatientes talibanes recorrían la única pista del Aeropuerto Internacional Hamid Karzai, en la zona militar al norte del aeropuerto. Antes del amanecer, combatientes fuertemente armados caminaban por los hangares de la zona militar entre algunos de los siete helicópteros CH-46 que utilizó el Departamento de Estado en sus evacuaciones antes de inutilizarlos.

El vocero del grupo, Zabihula Muyahid, se dirigió a los miembros presentes de la unidad Badri. “Confío en que sean muy prudentes al tratar con el país”, dijo. “Nuestro país ha sufrido guerra e invasión y el pueblo no tiene más tolerancia”.

Tras su intervención, los combatientes exclamaron: “¡Dios es el más grande!”.

En otra entrevista con la televisora estatal afgana, Muyahid habló sobre reanudar la actividad en el aeropuerto, que sigue siendo una vía crucial para los que quieren salir del país.

“Nuestro equipo técnico comprobará las necesidades técnicas y logísticas del aeropuerto”, dijo. “Si podemos arreglarlo todo por nuestra cuenta, no necesitaremos ayuda. Si hace falta ayuda técnica o logística para reparar la destrucción, entonces pediremos ayuda a Qatar o Turquía”.

El vocero no entró en detalles sobre qué estaba destruido.

El general de la Infantería de Marina Frank McKenzie, responsable del Comando Central del Ejército de Estados Unidos, había dicho antes que las tropas habían “desmilitarizado” el sistema para que no pudiera volver a utilizarse. Las autoridades dijeron que las tropas no habían volado equipamiento para asegurar que el aeropuerto podía utilizarse para operar vuelos en el futuro. Además, McKenzie señaló que las tropas estadounidenses habían inutilizado 27 camionetas Humvee y 73 aeronaves.

En el aeropuerto se produjeron escenas dramáticas después de que los Talibanes conquistaran Afganistán en una ofensiva relámpago y tomaran Kabul el 15 de agosto. Miles de afganos rodearon el aeropuerto, y algunos murieron tras aferrarse con desesperación al lateral de un avión de transporte C-17 del Ejército estadounidense que despegaba. La semana pasada murieron al menos 169 afganos y 13 militares de Estados Unidos en un ataque suicida del grupo extremista Estado Islámico en una puerta del aeropuerto.

Durante la evacuación, las fuerzas estadounidenses ayudaron a trasladar a unos 120.000 ciudadanos estadounidenses, afganos y de otros países, según la Casa Blanca. Las fuerzas de la coalición también evacuaron a sus ciudadanos y a más afganos. Pero pese a todos los que salieron, Estados Unidos y otros países admitieron que no habían evacuado a todos los que querían marcharse.

Pero el martes, tras una noche en la que combatientes talibanes dispararon al aire en señal de triunfo, nuevos guardias mantenían alejados a los curiosos y a los que de algún modo aún aspiraban a tomar un vuelo para marcharse.

“Después de 20 años hemos derrotado a los estadounidenses”, dijo Mohammad Islam, un guardia talibán en el aeropuerto, procedente de la provincia de Logar y que sostenía un rifle Kalashnikov. “Se han marchado y ahora nuestro país es libre”.

“Está claro lo que queremos”, añadió. “Queremos sharía (ley islámica), paz y estabilidad”.

Zalmay Khalilzad, el representante especial de Estados Unidos en Afganistán que supervisó las conversaciones de Estados Unidos con el Talibán, escribió en Twitter que “los afganos afrontan un momento de decisión y oportunidad” tras la retirada.

“El futuro del país está en sus manos. Elegirán su camino con plena soberanía”, escribió. “Esta es la oportunidad de poner fin a su guerra también”.

Pero el Talibán afronta lo que podría ser una sucesión de grandes crisis mientras toma el control del país. La mayoría de los miles de millones de dólares que tiene Afganistán en divisas extranjeras están ahora congelados en Estados Unidos, lo que presiona a una moneda local en franca caída. Los bancos han impuesto controles a la retirada de dinero por temor a una fuga de depósitos en el clima de incertidumbre. Funcionarios de todo el país dicen que llevan meses sin recibir sus salarios.

El equipo médico sigue escaseando y miles de personas que huyeron del avance talibán viven en condiciones penosas. Además, una fuerte sequía ha reducido la producción de alimentos en el país y hecho aún más importantes las importaciones, al tiempo que aumenta el riesgo de hambruna.

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Akhgar informó desde Estambul. El periodista de Associated Press Jon Gambrell en Dubái, Emiratos Árabes Unidos, contribuyó a este despacho.

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