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“Narcopolítica” sigue vigente en Colombia. Última entrevista de Enrique Gómez Hurtado con Ricardo Angoso

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ENRIQUE GÓMEZ, EX SENADOR CONSERVADOR, HERMANO DE ALVARO GÓMEZ E HIJO DEL PRESIDENTE LAUREANO GÓMEZ

Abogado, político retirado y economista, Enrique Gómez es hijo del Presidente colombiano Laureano Gómez y hermano de Álvaro Gómez, quien fuera asesinado en el año 1995 por la narcopolítica, tal como denuncia en esta entrevista. Ligado a la Universidad Sergio Arboleda, que fundara su hermano asesinado,  ha sido durante muchos años senador colombiano por el Partido Conservador de este país y asegura que si fuera español sería miembro del Partido Popular. Se considera católico practicante y ha dicho que va a dedicar los últimos años de su vida al esclarecimiento del crimen de su hermano y a desenmascarar a los ejecutores y a los autores intelectuales del mismo. Ya ha publicado un libro sobre este asunto (¿Por qué lo mataron?) y, paradójicamente, es junto con su hijo uno de los pocos procesados en este caso por “injurias” y “calumnias”. En esta entrevista, que no tiene desperdicio por sus denuncias, se nos muestra como un hombre lúcido, capaz e inteligente.

TITULARES:

“La infiltración del narcotráfico en el país es sumamente profunda, en todos los órdenes y aspectos el país”;

“El narcotráfico está muy especializado y tiene sus propias redes que se encargan de todo. Tenemos que pensar que es una organización muy poderosa, que tiene todo el dinero del mundo y que puede comprar a quien quiera”;

“El asesinato de Álvaro Gómez fue una determinación del “régimen”, pero de éste en coordinación con la mafia de los carteles y el narcotráfico que había impregnado la política del país”.

EL LEGADO DE LOS GÓMEZ

Por: Ricardo Angoso

R.A.: ¿Qué legado ha quedado en la política colombiana de los Gómez, especialmente del Presidente Laureano (1950-1953)?

E.G.: Fueron cincuenta años de presencia ininterrumpida, en el caso de Laureano Gómez, en la vida política de Colombia a todos los niveles. Yo creo que de su legado se puede decir que es un talante, que es una manera de ser que no necesariamente implica un proceso racional previo; la gente es de buen o mal talante. Talante es una forma de ser, revolucionaria o conservadora, algo que tiene ver con un resultado psicopático, como el que nace de izquierdas o de derechas. Tiene mucho que ver con la psicología, con la genética, es una forma de entender un mensaje y de posicionarse en la vida, y explica lo que es la derecha y la izquierda desde los tiempos de Mario y de Sila, en la época romana. 

Laureano Gómez era renacentista al estilo de la contrarreforma, católico, conservador, gran retórico y hombre de una gran formación, habiendo sido un gran escritor que construía edificios políticos e intelectuales con una gran lógica interna muy fuerte. Fue una gran figura histórica de la Colombia de su tiempo y la historia lo recordará así, al margen de que se coincida o no con sus planteamientos.

R.A.: ¿Cómo juzga su presidencia, la de Laureano, que fue tan decisiva y que dio paso a una dictadura, la de Rojas Pinilla?

E.G.: Laureano llegó al poder tras la crisis del 9 de abril de 1948, el famoso “Bogotazo”, que no fue más que un ataque brutal del comunismo contra Colombia en plena Conferencia Panamericana y de donde resultó un país roto, completamente fracturado. Incluso en ese ataque se contó con la presencia de Fidel Castro en la capital colombiana. El Partido Liberal intentó acceder al poder por la fuerza tras esa crisis y esa fuerza se le añadió una contra fuerza, que es la que posibilitó la llegada al poder de Laureano Gómez. Su primera época fue espectacularmente buena, hubo un gran desarrollo. Pero Rojas Pinilla aprovechó un momento de debilidad, la enfermedad de Laureano, para dar el golpe de Estado de 1951 y comenzó nuestro destierro por unos años hasta que el país se normalizó. La imagen de Laureano es muy parecida a la Cánovas del Castillo en la historia de España, una forma de interpretar el mundo, y son figuras que se convierten en adjetivos calificativos. Estuvo cincuenta años en la vida política de Colombia, como después su hijo Álvaro Gómez, que también estuvo otro medio siglo en la política y el periodismo colombiano hasta que fue asesinado.

R.A.: ¿Cómo analiza la crisis grave que sufre el Partido Conservador, donde su familia y el propio Laureano Gómez tuvieron un gran papel, y a qué se debe?

E.G.: No es una pregunta fácil de responder, pero creo que esta crisis se debe a varios elementos y a una falta grave en su dirigencia; la calidad de los dirigentes es un factor esencial, sobre todo en el caso colombiano. En Colombia nunca ha habido partidos políticos, sino que ha habido partidarios. También en España, en el siglo XIX, nunca hubo partidos políticos, sino partidarios. Creo que partidos políticos, en el sentido clásico de la palabra, solo ha habido en España tras la muerte de Franco. El partido permanece pero los líderes pasan. Eso es un partido. Aquí lo que hay son partidarios de tal o cual caudillo, como ha ocurrido con Uribe y el Partido de la U. Se crean partidos en función de un liderazgo determinado, como pueden ser ahora el de Santos o el de Vargas Lleras, pero no tienen un valor institucional y no tienden a permanecer. El Partido Conservador, como el Liberal, era muy fuerte, con grandes caudillos, y quizá este esquema caudillista ya no funciona en la Colombia de ahora. Aquí no creo que se hayan acabado los partidos, sino los grandes caudillos que los lideraron en un momento histórico determinado. Álvaro Gómez ya había dicho que había más conservatismo que Partido Conservador y con Álvaro Uribe se asentó este esquema, estas ideas conservadoras.

R.A.: ¿Por qué este fracaso histórico de la izquierda en Colombia?

E.G.: Aquí hubo comunismo, guerrillas y sindicatos, tuvimos de todo. Pero el comunismo de aquí era revolucionario. Lo que ocurría es que el liberalismo en Colombia era un gran Leviatán que absorbía todo y lo digería. Hubo líderes izquierdistas, caudillistas en todo el sentido de la palabra, como Gaitán, que había simpatizado con las ideas fascistas y utilizaba al populismo. Incluso simpatizaba con Mussolini y utilizaba uniformes. Izquierda, propiamente dicha, no ha tenido una forma clara, quizá por eso que le explicaba antes de que no hay partidos organizados. La izquierda en Colombia ha sido una aptitud, un talante, una forma de entender la vida, que si no se organiza de una forma concreta no tiene dónde ir. Además, haber estado en primera línea durante la Guerra Fría, teniendo dentro a grupos revolucionarios de talante comunista, ha hecho que los colombianos sean conservadores y desconfíen de estas vías violentas. El conservatismo está ahí frente al liberalismo izquierdista, que podrían haber representado los Vargas Lleras en su momento.

EL ASESINATO DE ALVARO GÓMEZ

R.A.:¿En qué cree que va a quedar el crimen impune de Alvaro Gómez?

E.G.: Lo que hemos encontrado aquí desde un principio es un enredo que no conduce a ninguna parte. Pero sí algo queda claro es que fue un crimen de Estado. Alvaro Gómez estaba denunciando, de forma muy clara, la connivencia y el pacto del presidente Samper con la mafia para lograr su elección, que finalmente logró. Ese hecho, en sí mismo y reforzado por una coyuntura política muy delicada, colocó a Samper en una situación de una obligatoria renuncia. El día en que Alvaro fue asesinado teníamos una comida para vez qué hacíamos ante el momento tan difícil que estábamos viviendo, qué opciones teníamos y podíamos tomar en el caso inminente de que Samper renunciara, ese era el hecho concreto y de ahí devino el asesinato.  Eso fue así porque el gobierno resolvió que había que quitar del medio a alguien tan molesto como Alvaro Gómez. Hasta se utilizaron los mismos vehículos que se habían utilizado durante la campaña de Samper, la conexión era muy clara y todo encaja directamente a esa responsabilidad. 

El argumento que le dieron a la mafia para matarlo era que Alvaro les iba a extraditar a todos si, de alguna  forma, llegaba al poder, que era necesario quitarlo del medio porque estorbaba y no olvidemos que era el momento en que toda la atención del momento estaba sobre el presidente Samper y su fiel colaborador Horacio Serpa, ya que tenían bajo  su responsabilidad el pacto con la mafia. El asesinato de Alvaro rompe esa atención hacia ellos, la desvía intencionadamente, aunque genera un gran movimiento de solidaridad nacional en todos los sectores. Pero el objetivo estaba ya conseguido inicialmente, ya que desvió la atención sobre Samper y sus relaciones con mafia. Desde ese día hasta hoy no hemos conseguido la ayuda de las instituciones del Estado que deberían haber contribuido a la investigación del crimen,  a desenredar la madeja, pero no fue así en su momento y esta impunidad dura hasta hoy. Han pasado siete fiscales generales y ninguno de ellos aportó nada y ayudó en la investigación. Algunos, tengo la impresión, porque tenían relación directa de algún de algún modo con el asesinato y otros porque cuando comienzan a investigar ven lo que hay detrás y prefieren no seguir en el caso. Ya que estamos ante un asunto de alta peligrosidad. Nunca hemos tenido realmente a un investigador que haya querido llegar al final del asunto, hasta tal punto que el proceso hoy suma la cifra de 150.000 folios. Luego hemos sufrido la rotación de los que tenían la investigación a su cargo, sin haberles dado tiempo siquiera a leer el expediente como puede entender, y llega otro que también es revelado después. Así llevamos, con esta rueda, veinte años. La investigación nunca llegó a nada, a pruebas o conclusiones decisivas. Y ahí estamos, incluso peor que antes, ya que el actual Fiscal es el peor que hemos tenido en estos años y su comportamiento es claramente obstruccionista, en el sentido que no quiere llegar al final del misterio, de resolver este asunto.

R.A.:¿Parece una suerte de conspiración, no cree?

E.G.:Pues es que el “regimen”, como le gustaba decir a Alvaro Gómez, que es un tinglado o una suerte de mafia que toma decisiones. Ya asesinaron en su momento a Luis Carlos Galán y también ocurrió lo mismo que con mi hermano: no hubo investigación. Fue otro crimen que quedo impune y la investigación, tras veinte años de engaños y confusiones, concluyó en nada.

EL NARCOTRÁFICO, SIEMPRE PRESENTE

R.A.: ¿Cómo están las cosas ahora con respecto al narcotráfico en el país?

E.G.: Ya han aprendido a blanquear el dinero y a no llamar la atención con sus gustos extravagantes y lujosos. La infiltración del narcotráfico en el país es sumamente profunda, en todos los órdenes y aspectos del país. Pese al Plan Colombia y a la intervención norteamericana, la influencia continuó en todos los sectores económicos y políticos, aun después de la salida de Samper del Gobierno. El narcotráfico tiene la capacidad de cambiar, de adaptarse a los nuevos tiempos.

Por ejemplo, es curioso que quien mató y dirigió las operaciones contra Pablo Escobar, el policía Danilo Gómez, lo hizo por encargo de la mafia y luego él fue asesinado. Mató a Escobar por encargo de la mafia. Creemos que también estuvo detrás del asesinato de mi hermano Álvaro Gómez. Pero se inventó todo un cuento desde las altas instancias, sobre todo desde la policía, para desvirtuar el tema y distraer la atención acerca de los que verdaderamente eran los responsables intelectuales y los ejecutores de ese crimen. Practicaron el “desviacionismo” para dejar impune un crimen. El fin que se perseguía era que no se llegara al fin de la investigación y que se dilatara eternamente. Financiaron la campaña de Samper, pero con todo su dinero también compraron policías y militares. El problema, tal como denunció Álvaro Gómez en su momento y vuelvo a repetirlo, sigue ahí encima de la mesa, no ha cambiado nada; el “régimen” sigue intacto.

Por eso, como el narcotráfico sigue presente y nadie puede acabar con este fenómeno delictivo, yo, como otros muchos, me he mostrado partidario de la despenalización de las drogas. Mientras las drogas sean ilegales, el narcotráfico seguirá siendo el negocio más grande de la historia de la humanidad. En cuanto se despenalicen las drogas, se acabó el negocio.

R.A.: ¿Y esa mafia que asesinó a su hermano y que estaba detrás de muchos crímenes en el país, cree que continuó durante el mandato de Uribe? 

E.G.: Sí, tengo el convencimiento de que sigue estando ahí y actuando, antes, durante y después de Uribe. Mire, el asesinato (hace cuatro años) de dos jóvenes en la costa colombiana revela hasta qué forma sigue teniendo poder la mafia. Estos dos chicos se metieron imprudentemente en la zona que controla la mafia de la droga y desde donde se embarca hacia el exterior, en una playa abandonada del departamento de Córdoba. Y quien entra allá, los matan y punto. Es una zona controlada por la mafia y donde no puede hacer nada la policía, que apenas tiene fuerzas para controlar ese tráfico. Tienen lanchas, ametralladoras, dinero… y si llega el ejército, cambian de sitio y después vuelven.

El tráfico se realiza a plena luz del día y cuando cae alguna carga ellos mismos lo condicionan para ocultar el verdadero tráfico; dan de “comer” a la policía para que parezca que hacen algo. La introducción en el país fue total, sobre todo a raíz del Gobierno de Samper, en 1994. Ni siquiera la intervención de los Estados Unidos consiguió parar ese tráfico. Ahora, para superar los problemas que creó el control del tráfico aéreo por los Estados Unidos, lo que tenemos es un gran tráfico terrestre a través de nuestras fronteras y también el tráfico marítimo, al tiempo que se ha sofisticado el aéreo al utilizarse helicópteros que vuelan a baja altura y que eluden la acción de los radares. Se utiliza a veces una combinación de ambos medios, pequeños helicópteros que llegan hasta la costa y desde allí desplazan la mercancía a través de pequeñas embarcaciones y lanchas. Hubo, además, una clara colaboración del Estado, y yo diría que en connivencia, durante el Gobierno Samper. Nunca hubo tanta claridad para traficar y hacer este negocio que durante el ejercicio de ese Gobierno.

El narcotráfico está muy especializado y tiene sus propias redes que se encargan de todo. Tenemos que pensar que es una organización muy poderosa, que tiene todo el dinero del mundo y que puede comprar a quien quiera. Nunca existió una organización criminal más poderosa en la historia. Dicen que incluso “Cuchillo”, por ejemplo, un líder de este mundo, tenía comprada a la policía. Luego estaban las conexiones entre el narcotráfico y el paramilitarismo, como demostraron las relaciones entre los hermanos Castaño y el tráfico de drogas.

R.A.: ¿No le parece paradójico que el fundador del régimen de la Constitución de 1991, Álvaro Gómez, comience a criticar lo que él llama el “régimen” y a crear una corriente crítica en torno a la lucha contra él mismo?

E.G.: El concepto del “régimen” no se refiere al Gobierno, sino al sistema político del país, que tenía mucho que ver con la naturaleza de quienes manejaban todo el entramado. Y todo esto tenía mucho que ver con la mafia, con quienes se habían acercado a Samper y manejaban todo. Era un sistema. Ese “régimen” ni siquiera permitía que sacáramos a la calle un libro que habla de todo este asunto y de quien está detrás del asesinato de Álvaro Gómez. Pero seguiremos en la lucha para que se esclarezca la verdad. Ya hemos conseguido sacar ese libro y denunciar muchas de las cosas terribles que han sucedido en nuestro país.

LOS ESCRITOS DE ALVARO GÓMEZ CONTRA EL “RÉGIMEN”

R.A.: ¿Cree que lo que escribió Álvaro Gómez en los días previos a su asesinato, criticando al Gobierno de Samper y su corrupto “régimen”, tuvieron algo que ver con su muerte? 

E.G.: Estoy seguro de que estos escritos fueron la causa de la muerte de Álvaro Gómez.El Gobierno de Samper se tambaleaba profundamente, con una oposición generalizada y actuando en todos los órdenes. El país se estaba hundiendo en la ignominia y el gobierno del “régimen” estaba terminado, necesitaba crear movimientos de distracción. Y, evidentemente, Samper estaba preocupado. Por ejemplo a mí me trataba abiertamente como el jefe de los “conspi”, de los conspiradores, está claro. Yo quería tumbar al Gobierno abiertamente, como tantos otros, a través de las instituciones y utilizando los cauces políticos, pero Samper se inventó la “conspiración”. Entonces, la mafia creyó ver en Álvaro Gómez, como también el círculo corrompido que estaba con ella, un peligro para sus intereses. El mismo día que lo mataron se iba a reunir con diputados conservadores y liberales en La Calera, pero evidentemente no se llegó a reunir porque lo mataron antes. No había ninguna conspiración en marcha, sino el ansia de compartir con sus compañeros de las cámaras legislativas sus preocupaciones y anhelos ante la marcha del país. Se buscaba un cambio de Gobierno, pero no era una operación secreta.

El asesinato de Álvaro Gómez fue una determinación del “régimen”, pero la “ejecución” fue de este aparato en coordinación con la mafia de los carteles y el narcotráfico que había calado en la política del país. Fue, además, una advertencia de cómo deben ser las cosas y un ejemplo de superioridad ante los otros. El “régimen” mostró su capacidad de convencimiento y así Samper no tenía que renunciar. Se introdujeron hasta en los propios colaboradores de Álvaro Gómez y su mano derecha en el primer informativo del país, que él dirigía, estaba ligado en cierta medida al “régimen”. Las presiones para dejar fuera de juego, tanto a nivel informativo como político, a Álvaro Gómez estaban al orden del día. El poder del régimen era omnímodo. Álvaro Gómez era un hombre con una personalidad que se desdoblaba en periodista y político, un hombre temido por el “régimen”.

EL LIBRO “¿POR QUÉ LO MATARON?”

R.A.: ¿Por qué ha escrito el libro ¿Por qué lo mataron?, referido al crimen de su hermano Álvaro Gómez?

E.G.: Primero: lo he escrito porque ya soy muy mayor y no tengo nada que temer. Tengo  87 años. El libro tardó mucho en salir porque durante este tiempo hemos estado esperando a través de los cauces normales (de la investigación) a que se dilucidara el caso del asesinato de Álvaro Gómez, con la debida seriedad. Hemos tenido ya en este asunto seis fiscales generales, hemos solicitado un certificado de cuantos fiscales especiales han estado al frente del caso de Álvaro Gómez y no lo hemos obtenido; parece ser que han sido como una veintena, lo cual da un promedio, en los 16 años desde que ocurrió el magnicidio, de uno por menos de un año. El expediente del caso tiene casi 150000 folios llenos de una serie de declaraciones y de teorías que no se justifican, simplemente porque lo que se ha tratado es de ahogar el caso a través del empapelamiento descomunal. 

Cuando un fiscal especial se encarga del caso al mismo tiempo se ocupa de otros casos, como el último que, además de este asesinato, llevaba el asunto de los computadores de Raúl Reyes, que no es un caso cualquiera y le ocupó mucho tiempo porque es una cuestión compleja. Lo que se está buscando y hacia donde caminamos es hacia la prescripción; en el caso de otro magnicidio, como el de Galán, ocurrió lo mismo y acabó prescribiendo. Se tuvo que declarar de lesa humanidad ese crimen para que no prescribiera, lo mismo que se está pensando hacer con el de Álvaro Gómez, para que no prescriba. Incluso, a pesar del libro, la investigación no se mueve y no avanza; hubo unas declaraciones de los extraditados que decían conocer las causas y poseer algunos elementos que podían permitir avanzar en la investigación e insistimos ante la Fiscalía para que les tomara declaración. Nunca se logró que se hiciera algo, no se produjo ningún adelanto.

Así llegamos al punto en que pusimos en marcha, nosotros mismos, un equipo para que investigase las circunstancias y los hechos que llevaron al asesinato de Álvaro Gómez; fruto de todas esas investigaciones se fue armando este libro y los documentos que aparecen en el mismo, un trabajo que tardó varios años. La opinión pública debe conocer y tener claro que ha habido un propósito de no investigar el asesinato de Álvaro Gómez y que todo lo que se hace en este sentido es para desviar el curso del esclarecimiento del caso. Investigamos tres versiones distintas sobre el caso, teorías en definitiva, y muchas de ellas, a pesar de algunos encarcelamientos, eran falsas. Intentaban decirnos que el caso estaba resuelto, pero no era así. En el libro, además, he tratado de exponer la realidad y presentar las cosas como son, incluso revelando el papel siniestro de personajes como Ignacio Londoño, alguien habitual en Casa de Nariño en los tiempos de Ernesto Samper. Un hombre de la mafia y que está en la cárcel; todo el mundo sabe lo que hacía y lo que era, pero nadie lo dice tan abiertamente como yo lo he expuesto en el libro, esencialmente porque se sabe lo que le puede pasar a uno en el molino de la mafia. Quizá he escrito este libro porque, como le dije, ya soy una persona mayor y no tengo miedo a nada. Lo demás del libro, aparte de esa acusación, son documentos y testimonios que intentan llevar al lector a que entienda lo que realmente sucedió durante este proceso.

R.A.: ¿Cree que el libro responde a la pregunta de por qué lo mataron?

E.G.: Por eso lo puse con interrogantes, si lo hubiera puesto afirmativamente estaría dando la respuesta. Así le dejo al lector que se haga la pregunta. No estoy en condiciones de afirmar nada y tampoco tengo conclusiones claras que me den la respuesta a la pregunta; tengo la obligación, como víctima correlativa del asesinato, de poner ante la opinión pública unos hechos que han llevado a la distorsión de este caso por parte de las instancias judiciales para no llegar a la verdad y esclarecer los hechos de este asesinato.

R.A.: En este libro parece que el expresidente Ernesto Samper es un actor fundamental. ¿Es así?

E.G.: Está presente en toda la trama, en el sentido de que estaba caído cuando aparecieron todas las pruebas que señalaban que estaba sometido y financiado por la mafia; obedecía a los mandatos de los mafiosos. Álvaro Gómez era la personalidad más importante en Colombia que estaba señalando esa circunstancia y esa sumisión de Samper a los dictados de la mafia, también diciendo que nadie estaba conspirando contra el Presidente pero que no se podía quedar porque representaba a esa mafia. Así se produce una crisis nacional y Samper estaba prácticamente fuera del Gobierno. Hubo una serie de reuniones, que relato en el libro, con las que el ejecutivo intentaba buscar un sofisma de distracción para que el caso del dinero de la mafia no fuera el asunto principal. Se intentó, incluso, inventar un conflicto con Venezuela y crear las condiciones para que este tema no fuera el centro de los debates de la vida política. Luego llegó el asesinato e inmediatamente la opinión pública tuvo otras cosas en qué pensar, y el Gobierno consiguió la adhesión de una opinión pública que se volcó en la defensa de las instituciones ante la angustia que se generó. Así, Samper pudo terminar su mandato con absoluta tranquilidad y su nexo con la mafia quedó casi en el olvido.

R.A.: ¿Cree que las condiciones actuales son buenas para llegar al final de la investigación de este asunto?

E.G.: Yo estoy convencido de que si hubiera la voluntad, aun habiendo pasado diecinueve años desde el crimen, se podría llegar a alcanzar una respuesta válida a lo que ocurrió y resolver este proceso. Lo que falta es la voluntad, no la ha habido ni la hay.

R.A.: ¿Y quién impide que se resuelva este crimen?

E.G.: Es mucha la gente a la que no le conviene que esto se resuelva por distintas razones. Hay cuestiones de prestigio personal, motivos políticos, ligazones con la mafia… Mucha gente estuvo implicada en este asunto y entorpeció la investigación. Álvaro Gómez hablaba del “régimen”, que es un tinglado de gentes que tienen intereses comunes coincidentes y que se sabe claramente que pertenecen al Establecimiento. A estas gentes del “régimen” no les interesa llegar al final de la madeja y descubrir quién mató realmente a Álvaro Gómez.

R.A.: ¿Horacio Serpa parece que tuvo un papel fundamental también en este asunto?

E.G.: Fue quien llevó el dinero de la mafia a las reuniones para financiar las campañas de Samper. Era el nexo entre la mafia y la campaña electoral. El conductor de Samper y sus escoltas fueron asesinados; estaba en un ambiente muy cercano y era el ministro del Interior de Samper de entonces. También aparece muy ligado a ese personaje siniestro que es Ignacio Londoño, que era representante de la mafia. Y es lo que explicamos en el libro para que la opinión pública saque las conclusiones oportunas y conozca más o menos lo que sucedió entonces, que fue ocultado y tergiversado en su momento.

R.A.: ¿Lo que usted denuncia en el libro es una suerte de conspiración para intentar ocultar a los responsables y a los que estaban detrás del crimen?

E.G.: Inmediatamente después del asesinato aparecieron toda una serie de teorías que parecían estar preconcebidas antes del atentado. Los testigos del caso, además, nunca fueron encontrados, sino que parecían personajes señalados para servir al caso. Hubo un grupo de Sincelejo, que supuestamente estaba detrás del crimen, y que no era más que un burdo montaje creado tres días después del magnicidio. Se montaron farsas para desviar la verdadera trama que estaba detrás del crimen. No tenía ningún viso de ser real. Y lo de Sincelejo, por el que pagaron unos muchachos cinco años de cárcel, era un invento, una farsa para desviar la atención de la opinión pública. Incluso un fiscal se llegó a inventar una trama en la que Álvaro Gómez estaba implicado en un golpe de Estado y que los mismos conspiradores lo mataron. Puras mentiras para desviar la atención de lo que realmente había pasado. 

Han pasado dieciocho años y muchos de los recursos, de los testimonios, porque la gente se muere, han desaparecido, se están agotando las fuentes y estamos llegando al punto de la prescripción, del olvido, que es lo que suele suceder con la mayor parte de los magnicidios porque detrás hay mucha gente implicada que no quiere que sean resueltos. No quieren llegar a ninguna parte por intereses políticos o de otra índole. Todavía no se sabe quién mató a Kennedy y seguramente hubo detrás una organización y unos responsables, eso está claro.

R.A.: ¿No cree que el magnicidio de su hermano es muy parecido al de Jorge Eliécer Gaitán, que nunca fue resuelto?

E.G.: Era muy difícil investigar lo de Gaitán, aunque yo creo que fueron los comunistas para acabar con la Conferencia Panamericana, y cada vez es la tesis que cobra más fuerza. La gente se olvidó de lo que significó ese evento, que ocurrió precisamente en el comienzo de la Guerra Fría, cuando se intentaba forjar una alianza mundial para frenar y luchar contra el comunismo. Los Estados Unidos trataban de auspiciar esa alianza contra el comunismo en cooperación con los países de América Latina. Ese atentado frustró esas expectativas. Y no olvidemos que por aquí andaba Fidel Castro aquellos días. Luego ocurrió el asesinato de quien perpetró el crimen, que se refugió en una droguería, y arrastrarlo por las calles respondía a una técnica de distracción, se trataba de resolver el caso y así cerrarlo para siempre. Ese crimen generó el “Bogotazo” y en dos días hubo quinientos muertos, fue un desastre propiciado para acabar con la Conferencia Panamericana. El ambiente era de casi preguerra mundial, se avecinaba la Guerra Fría y los comunistas trataban de torpedear esa Conferencia. El asesinato de Álvaro Gómez se produce en un momento de grave crisis del país, de grandes convulsiones, pero la gente también lo ha olvidado rápido porque ha pasado mucho tiempo y la memoria es corta. Además muchos jóvenes no vivieron esos momentos y desconocen cuál era el estado del país. Y este libro, en ese sentido, quiere dejar constancia de la difícil situación que vivía el país en el momento en que se produce el crimen.

VIGENCIA DE LAS IDEAS DE ALVARO GÓMEZ

R.A.: ¿Las denuncias que Álvaro Gómez hace en su momento, en el sentido de que el narcotráfico había calado en el país y se había creado un “régimen” asociado al mismo, tienen vigencia hoy?

E.G.: El “régimen” es anterior al narcotráfico, es un fruto de la política; casi todos los líderes tratan de crear su propio “régimen”. La fuerza del narcotráfico, y su enorme potencial, sigue vigente en Colombia hoy. Gómez criticaba al “régimen” y al estado de cosas que se vivía. Pero después de Samper, ese “régimen” y su alianza con el narcotráfico se consolida e incluso adquiere más poder. La mafia eligió al Presidente de la República y el Gobierno se adaptó a esas circunstancias, dejándolo crecer y controlar una buena parte de la vida pública; eran visibles, incluso en Bogotá, y hacían lo que querían. La mafia se hizo con el país y era incontrolable. Luego, con Pastrana, se le entregó a la guerrilla de las FARC una parte importantísima y vital de la soberanía del país, más de 42000 kilómetros cuadrados en el Caguán. Y las FARC, ya en ese momento, estaban aliadas estratégicamente con el narcotráfico. Quizá el cambio fundamental fue gracias a las políticas del expresidente Álvaro Uribe, quien consiguió frenarlas y poner fin a ese apaciguamiento que habíamos vivido hasta entonces. El Caguán fue un refugio del narcotráfico, el terrorismo y la delincuencia, ¡qué caos!

LA INVESTIGACIÓN DEL MAGNICIDIO

R.A.:¿En estos años quién le ayudó en este trabajo por buscar la verdad de lo que realmente ocurrió con su hermano?

E.G.: El problema es que aunque quieran ayudarte no pueden porque el poder del “regimen” es muy grande. Ahora mismo controla las cuatro grandes cortes de justicia que hay en el país, ha logrado paralizar el ejército, controla una buena parte de la policía, ha sometido a los partidos politicos tradicionales, domina a la mayor parte de la clase política a través de sobornos y otros medios, los medios de comunicación están a su servicio…El Estado gasta en publicidad cantidades ingentes de dinero, como nunca se había visto antes, para doblegar a todos los medios y conseguir que le rindan pleitesía. Se compran las fidelidades a través del dinero del Estado. Nadie discute nada porque la gente es comprada y ante el dinero nadie se detiene, la gente lo acaba aceptando. Hay muy poca gente que se atreve a disentir, a contestar al régimen, todo el mundo se vende, como hemos visto con los congresistas y senadores conservadores que apoyaron a Santos por el vil dinero. Entre la droga y la mafia, la costa atlántica está tomada por Santos. 

R.A.:En definitiva, ¿parece que la “mermelada” de Santos es la continuidad del régimen?

E.G.: El que no está en el “régimen” no come, así de simples son las cosas. Se compran las fidelidades a cambio de dinero y nadie queda ajeno a este manejo de la política tan inmoral y escasamente ético.

R.A.:¿Y el presidente Pastrana, que era conservador, tan poco hizo nada por aclarar las cosas?

E.G.: Intentó colaborar, pero el problema es que esta mafia de la que hablo es tan potente que la gente no se atreve a ir más allá y colaborar con nosotros en la investigación. Esta gente no se detiene ante nadie, son capaces de matar a quien se pone a tiro en su camino, como le ocurrió a Alvaro Gómez.

R.A.:¿Tiene algo que ver esta suerte de esplendor económico que vive el país con esa mafia de la que habla?

E.G.: El narcotráfico se ha introducido en todos los aspectos de la vida en Colombia. La gente tiene que aceptar muchas veces el dinero que le ofrecen, venderse, dicho vulgarmente, porque si no lo haces te matan. El soborno se ha convertido en algo normal, hay que aceptarlo, no puedes decir que no porque si no te puede ocurrir lo peor. El “régimen” funciona así y todavía nadie lo ha tocado. Santos es parte del régimen, como los son las cuatro cortes y todos los partidos han estado detrás de él. Ni siquiera hay prensa libre, hay muy pocos columnistas que no comulguen con la verdad oficial. 

LA  ÉPOCA SANTOS

R.A.:¿No le sorprendió esta unanimidad casi total que concitó Santos?

E.G.:No hay unanimidad, lo que hay es un aparato detrás de él apoyándole. Y la gente se acostumbra, como ocurre en las dictaduras, en donde se establece un sistema y nadie se atreve a cambiarlo porque lo sacan del juego, lo pueden incluso matar. Así ocurría en México, donde se mezclaba la política y los negocios, todo estaba junto. Todos han negociado, incluso la izquierda, pero seguir en el poder con Santos; se ha escenificado una comedia en la que se pretendía presentar como una negociación y no lo era, puro teatro para engañar a los incautos. Seguimos viviendo bajo la dictadura del “régimen”, hacen y deshacen a su antojo. Nadie se puede a atrever a disentir. La izquierda tampoco ha sido seria y se ha plegado a los intereses del régimen. Luego se ha manipulado a la gente con el asunto de la paz. En La Habana se firmará cualquier cosa con los terroristas, da igual, ya que las FARC no va a cumplir, como han hecho tantas veces a lo largo de su historia. La firma o el acuerdo no tienen ningún valor, tengo la impresión de que ya todo está precondicionado previamente.

R.A.:¿Y cómo se explica ese apoyo del Establecimiento al presidente Santos, al “régimen” que usted dice?

E.G.:Ya Lenin, que era un fino analista, hablaba de estas cosas, es decir, de los que se prestan al servicio de una causa que no es la suya, es lo que él denominaba como los “tontos útiles”. Luego este Establecimiento está ganando mucho dinero con Santos, se están haciendo de oro y no están dispuestos a renunciar a ese maná que les ha venido del cielo, nunca habían ganado tanto dinero como con este presidente. ¿Cómo iban a permitirse cambiar de gobierno si con este les ha ido como nunca antes? Luego está la manipulación del tema de la paz, que no puede ser un objetivo, sino que es un estado. Pero no creo que funcione, ya vimos qué es lo que le pasó a Pastrana en el Caguán. 

Luego no creo que las FARC, que es un cartel de la droga, vaya a dejar este negocio. Y dicen que les quieren integrar en la vida política, pero esta gente no quiere esa supuesta presencia política, sino el poder total para quedarse como en Venezuela, eso está claro. Maduro puede ser un estúpido, pero no se va a caer, sino que se va a quedar y nunca cederá el poder si no es por la fuerza. Los regímenes de izquierda solo caen por la fuerza, por las protestas. Los comunistas, como vemos en Cuba, Nicaragua o Venezuela, no se van a ir en la vida si no estallan protestas contra ellos. 

La derecha, por el contrario, es capaz de dejar el poder democráticamente, como pasó en España o en Portugal, pero estos regímenes de izquierda no son capaces de avanzar ni dejar el poder. El socialismo es un fracaso total en todos los sentidos. Luego están los que se hacen elegir por la izquierda y hacen políticas de derechas, pero no es el caso de Santos, que ha sido un fracaso total en todos los campos se mire por donde se mire. Solo tiene que ofrecer al país el pacto con las FARC, que acabará fracasando y es una suerte de traición al país. Incluso Blair y González, dos líderes históricos del socialismo europeo, hicieron políticas de derechas, nunca siguieron el guión que les señalaban los marxistas. Santos es un estafador, yo en un principio le apoye porque pensé que iba a seguir las políticas de Uribe, pero luego no fue así y desde el principio se instaló en otra historia que no iba en la dirección de lo que había prometido. Así lo he denunciado ya, aunque nadie presté mucha atención al discurso que disiente en estos momentos, vamos por el camino de Venezuela. 

NARCOTRÁFICO Y POLÍTICA, UNA ALIANZA SÓLIDA

R.A.: ¿Cómo se llegó a esta situación en la cual el narcotráfico se hizo dueño del Gobierno, de la política, en la época Samper?

E.G.: El narcotráfico se hizo dueño del país, compró todo, hasta la política. Se convirtió en un poder que llegó a controlar todas las parcelas de la vida de Colombia. Luego llegan las pruebas inequívocas que muestran cómo Samper estaba absolutamente ligado al narcotráfico a través de la financiación de su campaña y los testimonios que relacionaban cada vez más a su Gobierno con el tráfico de estupefacientes, algo que ya no se podía desmentir.

Pero no sólo era la llegada de capitales a la campaña de Samper, sino la penetración de los carteles a través de su dinero y el blanqueo del mismo en todos los órdenes de la vida social, política y económica. Nunca se negó que el dinero de la campaña electoral llegara a través de los carteles. Lo que había era un mar de fondo. Y luego está el tema de la impunidad, pues desaparecían las pruebas y nadie hacía nada por detener esta espiral delictiva. Y se llega así al convencimiento de que el Presidente Samper es parte del problema, de que está inmerso en el mismo. Fue algo que costó mucho admitirlo: que un miembro de la aristocracia bogotana se hubiera vendido a los carteles de la droga y hubiera aceptado ese juego. La infiltración de esta mafia de la droga llegó a todos los niveles, incluso en los círculos cercanos a Álvaro Gómez, como fue el caso de su secretario particular y su jefe de campaña en las últimas presidenciales, que acabó de abogado defensor de Samper. Todo estaba bajo el control de estos carteles y nada escapaba a su influencia. Tocaban todo con tal de evitar la extradición y su dinero impregnaba a todos, conseguían todos sus objetivos: hasta matar, tal como se pudo comprobar.

R.A.: ¿Por qué este estado de cosas quedó impune en Colombia? ¿Qué se hizo para acabar con esta situación?

E.G.: La justicia se negó siempre a investigar este estado de cosas. En el tema de Álvaro Gómez siempre se obstaculizó su investigación y nunca se pudo llegar al final del enredo. Quedan, en este caso, 138 pruebas por practicar que no se han practicado, se evita resolver el asunto por la vía legal, no interesa, obviamente. Se trata de que el delito prescriba, está claro, algo para lo que ya solo quedan cinco años, pues se cometió en noviembre del año 1995. Nosotros sólo exigimos justicia que es lo que hubiera querido Álvaro Gómez. Defendemos sus ideas y principios, pero queremos que también se cumpla la ley, ni más ni menos. Pero el poder de la mafia detiene que podamos llegar hasta el final y dar cumplida cuenta de nuestras obligaciones.

LA MEMORIA DE ALVARO GÓMEZ

R.A.: ¿Qué va a hacer para defender la memoria de Álvaro Gómez, su legado y que el crimen no quede impune?

E.G.: Voy a luchar los últimos años de vida para que este crimen no quede impune y que se conozca la verdad, quiénes fueron sus responsables intelectuales y sus ejecutores. Lo hago por mi hermano, pero también por mi país y mi familia.

 

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Agencias

Bolsonaristas asaltan el Congreso , el Supremo y palacio presidencial en Brasil

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EP New York | Latinoamérica | Agencias

Brasil busca castigar a los que atacaron edificios oficiales

RÍO DE JANEIRO — Las autoridades brasileñas recogían e investigaban el lunes después de que miles de partidarios del expresidente Jair Bolsonaro asaltaran el Congreso, el Supremo Tribunal Federal y el palacio presidencial y después causaran destrozos en las principales sedes de poder del país.

Los manifestantes reclamaban una intervención militar que reinstaurase al ultraderechista Bolsonaro en el poder o expulsara al presidente izquierdista Luiz Inácio Lula da Silva, recién instalado en el cargo, en escenas de caos y destrucción que recordaban a la insurrección del 6 de enero de 2021 en el Capitolio de Estados Unidos.

Alborotadores vestidos con los colores verde y amarillo de la bandera nacional rompieron ventanas, derribaron muebles y arrojaron computadoras e impresoras al suelo. Agujerearon en cinco puntos un enorme cuadro de Emiliano Di Cavalcanti, volcaron la mesa con forma de U donde se reúnen los jueces del Supremo Tribunal Federal, arrancaron la puerta del despacho de un juez y vandalizaron una emblemática estatua ante la corte. Los interiores de los edificios monumentales quedaron en estado de ruina.

En una conferencia de prensa el domingo por la noche, el ministro brasileño de relaciones institucionales dijo que se inspeccionarían los edificios para buscar pruebas como huellas dactilares e imágenes para que la gente rindiera cuentas, y señaló que los alborotadores al parecer pretendían emprender acciones similares en todo el país. El ministro de Justicia, Flávio Dino, dijo que los actos equivalían a terrorismo y amenaza de golpe de Estado y que las autoridades habían empezado a identificar a las personas que pagaron los autobuses que llevaron a los inconformes a la capital.

“No tendrán éxito en destruir la democracia brasileña. Debemos decirlo con rotundidad, con toda la firmeza y convicción”, dijo Dino. “No aceptaremos la senda de la criminalidad para librar batallas políticas en Brasil. A un delincuente se le trata como delincuente”.

Por ahora han sido detenidas 300 personas, según dijo en Twitter la policía civil del distrito federal.

En los meses que siguieron a la derrota electoral de Bolsonaro el 30 de octubre, Brasil estuvo en vilo, receloso de cualquier vía que pudiera seguir el mandatario saliente para aferrarse al poder. Bolsonaro había avivado entre sus seguidores más fieles la creencia de que el sistema de voto electrónico era propenso al fraude, aunque nunca presentó ninguna prueba. Y su hijo, el legislador Eduardo Bolsonaro, celebró varias reuniones con el expresidente de Estados Unidos Donald Trump, Steve Bannon, viejo aliado de Trump, y su destacado asesor de campaña Jason Miller.

Los resultados de las elecciones brasileñas —las más ajustadas en tres décadas— fueron reconocidas con rapidez por políticos de todo el espectro político, incluidos algunos aliados de Bolsonaro, y docenas de gobiernos. Y Bolsonaro sorprendió casi a todo el mundo al desaparecer de la vista. No admitió la derrota ni denunció un fraude, aunque su partido y él solicitaron la anulación de millones de votos, una petición desestimada con prontitud.

Los brasileños utilizan el voto electrónico desde 1996. Expertos de seguridad electoral lo consideran un sistema menos seguro que las boletas marcadas a mano porque no dejan un registro en papel que pueda auditarse. Sin embargo, el sistema brasileño está vigilado de cerca por las autoridades y por observadores internacionales, que nunca han encontrado pruebas de manipulaciones para cometer fraude.

Aun así, seguidores de Bolsonaro rechazaron los resultados. Cortaron carreteras y acamparon ante edificios militares, instando a las fuerzas armadas a intervenir. Las protestas fueron pacíficas en su gran mayoría, aunque las amenazas aisladas de terrorismo —como una bomba hallada en un camión de combustible camino del aeropuerto de Brasilia— aumentaron las preocupaciones de seguridad.

Dos días antes de la investidura de Lula el 1 de enero, Bolsonaro voló a Estados Unidos y se instaló de forma temporal en Orlando. Muchos brasileños expresaron su alivio porque, aunque declinara participar en la transición de poder, su ausencia permitiera que ocurriera sin incidentes. O así era, hasta el domingo.

“El bolsonarismo imita las mismas estrategias que el trumpismo. Nuestro 8 de enero, una manifestación sin precedentes en la política brasileña, está claramente copiado del 6 de enero en el Capitolio”, dijo Paulo Calmon, profesor de ciencias políticas en la Universidad de Brasilia. “Los tristes episodios de hoy suponen un nuevo intento de desestabilizar la democracia y demuestran que el radicalismo populista y autoritario de la extrema derecha brasileña sigue activo al mando del expresidente Bolsonaro, el ‘Trump de Latinoamérica’”.

El presidente de Estados Unidos, Joe Biden, describió los disturbios como un “ataque a la democracia y al traspaso pacífico de poder en Brasil” en un tuit, y dijo que estaba deseando seguir trabajando con Lula.

En una conferencia de prensa desde el estado de Sao Paulo, Lula leyó un decreto recién firmado por el gobierno federal para asumir el control de la seguridad en el distrito federal. Los “fanáticos fascistas” y todos los que financiaran sus actividades deben ser castigados, señaló. El mandatario también acusó a Bolsonaro de instarles a la insurrección.

Bolsonaro rechazó la acusación del presidente el domingo por la noche. En un tuit afirmó que la protesta pacífica forma parte de la democracia, pero el vandalismo y la invasión de edificios públicos eran “excepciones a la norma”. No mencionó de forma específica las acciones de los manifestantes en Brasilia.

“Evidentemente, es el mentor intelectual de lo que está ocurriendo, de modo que no puede distanciarse de ello”, dijo Mario Sérgio Lima, analista político en Medley Advisors. “Estos grupos fueron creados por él, por el radicalismo que impuso a la política. Y no hay modo de deshacerlo (…) Parece que su grupo ya ha cruzado el Rubicón”.

A diferencia del ataque de 2021 en Estados Unidos, pocos funcionarios trabajaban en los principales edificios del gobierno en un domingo. Y los videos del suceso mostraban una presencia limitada de la policía militar capitalina. Eso hizo que muchos se preguntaran en Brasil si la policía había ignorado los numerosos signos de alarma, subestimado su capacidad o había sido cómplice de algún modo.

Un video mostraba un grupo de manifestantes que se abría paso a través de una barricada policial tras un escaso forcejeo, y apenas unos pocos agentes empleaban gas lacrimógeno. En otro se veía a agentes parados mientras los manifestantes asaltaban el Congreso, incluido uno que grababa imágenes con su celular.

“Este fue un grave error del gobierno del distrito federal. Era una tragedia anunciada”, dijo Thiago de Aragão, director de estrategia en la consultora política con sede en Brasilia Arko Advice. “Todo el mundo sabía que (los manifestantes) venían a Brasilia. Se esperaba que el gobierno del distrito federal preparase una respuesta para proteger la capital. No hicieron nada de eso”.

En su conferencia de prensa, Lula denunció “incompetencia o mala fe” por parte de la policía y prometió que algunos serían castigados.

El gobernador del distrito federal, Ibaneis Rocha, confirmó en Twitter que había destituido al jefe de seguridad pública de la capital, Anderson Torres. Medios locales informaron que Torres estaba en Orlando de vacaciones y que negaba haberse reunido allí con Bolsonaro.

“Dos años después del 6 de enero, el legado de Trump sigue envenenando nuestro hemisferio”, tuiteó el senador estadounidense Bob Menendez, que preside el comité de relaciones exteriores del Senado, y añadió que culpaba a Bolsonaro de incitar las acciones en Brasilia. “Proteger la democracia y exigir responsabilidades a actores malignos es esencial”.

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Agencias

Pelé , la leyenda del fútbol , más allá del “jogo bonito”

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EP New York | Agencias

Por Gustavo Lugo

Muere Pelé, el rey del ‘jogo bonito’

SAO PAULO  — Pelé, el rey brasileño del fútbol, único en ganar tres Copas del Mundo y una de las máximas figuras deportivas del último siglo falleció el jueves. Tenía 82 años.

El astro, cuyo nombre se convirtió en sinónimo de excelencia del fútbol y símbolo del “jogo bonito” brasileño, se había sometido a un tratamiento contra el cáncer de colon desde 2021 y permaneció hospitalizado el último mes, con una serie de padecimientos adicionales.

El Hospital Albert Einstein, donde estaba el exdeportista, informó que el fallecimiento ocurrió a consecuencia de una falla orgánica múltiple, derivada del cáncer.

“Pelé cambió todo. Transformó el fútbol en arte y entretenimiento”, dijo Neymar, figura actual de la selección brasileña. “Dio voz a los pobres, a los negros y, por encima de todo, dio visibilidad a Brasil. ¡El fútbol y Brasil elevaron su posición gracias al Rey! Ahora se ha ido, pero su magia perdurará. ¡Pelé es eterno!”.

Está planeado el funeral para el lunes y martes y su féretro será trasladado por las calles de Santos, la ciudad costera en donde inició su carrera, antes del entierro.

Considerado ampliamente como uno de los mejores futbolistas de la historia, Pelé pasó casi dos décadas fascinando a los aficionados y superando a sus rivales, como el máximo goleador en la historia del club brasileño Santos y de la selección.

Su gracia, virtudes atléticas y habilidad increíble hipnotizaron a seguidores y rivales por igual. Orquestó un estilo rápido y fluido de juego que revolucionó el fútbol –una suerte de baile semejante a la samba que llevaba además la elegancia de Brasil a la cancha.

“Todo lo que somos es gracias a ti”, escribió su hija Kely Nascimento en Instagram. “Te amamos infinitamente. Descansa en paz”.

Pelé condujo a Brasil a la elite futbolística y se convirtió en un embajador global de su deporte a lo largo de una trayectoria que comenzó en las calles del estado de Sao Paulo, donde pateaba una pelota improvisada con una media rellena de trapos o papeles.

En el debate sobre quién ha sido el mejor futbolista de la historia, el nombre de Pelé aparece siempre, a menudo junto al del también fallecido Diego Maradona y a los de dos jugadores aún en activo: Lionel Messi y Cristiano Ronaldo.

Fuentes distintas, que contabilizan diferentes series de partidos, estiman que el total de goles de Pelé oscila entre 650 (encuentros de liga) y 1.281 (todos sus cotejos profesionales sin límite de edad, incluidos algunos de categorías inferiores).

“O Rei” saltó a la fama a los 17 años, durante el Mundial de 1958 realizado en Suecia. Es el jugador más joven en la historia de la Copa del Mundo.

Sus compañeros lo sacaron de la cancha en hombros luego de que marcó dos goles para que la selección brasileña ganara su primer título, al imponerse 5-2 sobre el anfitrión en la final.

Una lesión lo limitó a jugar sólo dos partidos en el Mundial de 1962 en Chile, donde Brasil refrendó su cetro. En cambio, fue el emblema del equipo que se consagró campeón en 1970, en México.

Durante la final en el Estadio Azteca anotó un gol y abasteció a Carlos Alberto mediante un pase a ciegas para que la Seleção aplastara 4-1 a Italia y se convirtiera en la primera tricampeona de la historia.

La imagen de Pelé con la camiseta amarilla y el número 10 estampado en verde sobre los dorsales, perdura en la mente de los aficionados en todo el mundo, lo mismo que su característica celebración de los goles –saltando en el aire con el puño derecho por encima de la cabeza.

Su fama fue tal que los bandos de la guerra civil de Nigeria acordaron un cese al fuego en 1967 para que Pelé pudiera jugar en un partido de exhibición en el país africano.

Cuando visitó Washington, en un intento por popularizar el fútbol en Estados Unidos, fue el presidente de la nación el primero en estrecharle la mano.

“Mi nombre es Ronald Reagan y soy el presidente de los Estados Unidos”, dijo el anfitrión al visitante. “Usted, en cambio, no necesita presentarse, porque todos sabemos quién es Pelé”.

Pelé fue el primer héroe nacional brasileño de raza negra en la historia moderna. Sin embargo, rara vez habló de racismo en un país donde los ricos y poderosos suelen pertenecer a la minoría blanca.

Aficionados rivales llegaron a insultar a Pelé con ruidos semejantes a los de un mono, tanto en su país como en el extranjero.

“Él dijo que jamás habría jugado si hubiera tenido que parar cada vez que escuchaba esos cánticos”, dijo Angelica Basthi, una biógrafa de Pelé. “Él ha sido clave para el orgullo de la gente negra en Brasil, pero jamás quiso ser un abanderado”.

Después de su retiro del fútbol, Pelé incursionó en muchas actividades. Fue político –ministro extraordinario para el deporte en Brasil–, empresario adinerado y embajador para la UNESCO, la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura.

También participó en varias películas, telenovelas y hasta compuso canciones y grabó discos de música popular brasileña.

En 1981, Pelé fue coprotagonista de la película Victoria, junto a Sylvester Stallone y Michael Caine, en la que varios prisioneros utilizan un juego de fútbol para escapar de un campo de concentración durante la Segunda Guerra Mundial.

A medida que su salud se deterioró, sus viajes y apariciones públicas se volvieron menos frecuentes.

En sus últimos años, se le solía ver en silla de ruedas. No asistió a una ceremonia para develar una estatua inspirada en su imagen a fin de conmemorar al equipo campeón en 1970.

Pasó su 80mo cumpleaños apenas con unos pocos amigos en un casa de playa.

Nació con el nombre de Edson Arantes do Nascimento en la pequeña localidad de Três Corações, en el estado de Minas Gerais, el 23 de octubre de 1940. En su niñez, lustraba zapatos para comprar su modesta indumentaria de fútbol.

Su talento llamó la atención cuando tenía 11 años y un jugador profesional de la región lo llevó a las fuerzas inferiores de Santos. No pasó mucho tiempo para que llegara al primer equipo.

Pese a su juventud y a su estatura de 1,72 metros, anotaba ante jugadores más corpulentos y experimentados con la misma facilidad con que lo lograba frente a sus amigos de la infancia.

Debutó con el club brasileño en 1956, a los 16 años, y el club ganó rápidamente reconocimiento mundial.

El nombre de Pelé surgió de él mismo, quien no pronunciaba adecuadamente el nombre de un jugador llamado Bilé.

Acudió al Mundial de 1958 como suplente, pero se convirtió en un jugador clave para la selección que consiguió el campeonato.

Su primer gol en la final, en el que le hizo un sombrerito a un defensor para luego definir de volea, fue señalado como uno de los mejores en la historia de los mundiales.

El Mundial de Inglaterra 1966, ganado por los dueños de casa, fue amargo para Pelé. Luego de anotar un gol en el debut, un triunfo ante Bulgaria, Pelé fue descartado por lesión para el segundo compromiso que los brasileños perdieron contra Hungría.

Mermado físicamente por el juego brusco, gravitó poco en la derrota ante Portugal que decretó la eliminación brasileña en la fase de grupos.

Furioso por las faltas en su contra, Pelé juró que había disputado su último Mundial.

Pero cambió de opinión y lució rejuvenecido en el Mundial de 1970. Con un cabezazo, Pelé marcó aquel gol de la final en su último partido mundialista.

En total, Pelé disputó 114 partidos con la selección nacional para fijar un récord de 95 goles, incluidos 77 en partidos oficiales.

Su estadía con Santos abarcó tres décadas. Tras la campaña de 1972 permaneció semirretirado.

Clubes acaudalados de Europa trataron de ficharlo, pero el gobierno brasileño intervino para impedir su transferencia, al considerarlo patrimonio nacional.

En la cancha, la energía, visión e imaginación de Pelé fueron cruciales para una talentosa selección, con un estilo veloz y hábil que ejemplificó el “Jogo Bonito” o Juego Bonito.

En su autobiografía de 1977, Pelé volvió la expresión una parte del léxico mundial del fútbol, al titularla “Mi Vida y el Jogo Bonito”.

En 1975, se incorporó al Cosmos de Nueva York, de la North American Soccer League. Aunque tenía 34 años y había dejado atrás su época de mayores facultades, dio una prominencia fugaz al fútbol en Estados Unidos.

Guio al Cosmos al título de liga en 1977 y anotó 64 goles en tres campañas.

Pelé puso punto final a su carrera el 1 de octubre de 1977, con un partido amistoso entre el Cosmos y Santos ante una multitud de unos 77.000 espectadores en Nueva Jersey y jugando una mitad con cada club.

Entre los dignatarios que asistieron al partido figuró el único deportista que quizás rivalizaba con la fama mundial de Pelé –Muhammad Ali.

Pelé celebra los ‘100’ de su madre Celeste

Celeste , su madre , acaba de cumplir 100 años. Estuvo casada con Joao Ramos do Nascimento, un futbolista mineiro. Tuvieron tres hijos: María Lucia, Jair y Edson. Edson pasó a la historia como Pelé, el astro brasileño que ganó tres Mundiales, revolucionó el fútbol y murió este jueves en San Pablo. Celeste era su doña Tota.

Poco se sabe de Celeste Arantes do Nascimento, la mujer que acunó los sueños de su hijo cuando aún no había sido entronizado como O Rei. El 20 de noviembre, mientras se palpitaba el comienzo del Mundial de Qatar 2022, Pelé celebró el centenario cumpleaños de su mamá.

“Desde pequeño me enseñó el valor del amor y la paz. Tengo más de cien razones para estar agradecido por ser tu hijo. Les comparto estas fotos, con mucha emoción para celebrar este día. Gracias por cada día a tu lado, mamá“, manifestó el campeón del mundo en Suecia 1958, Chile 1962 y México 1970. 

En su vida personal, Pelé vivió momentos difíciles, particularmente cuando su hijo Edinho fue arrestado por cargos de drogas.

Pelé tuvo dos hijas fuera del matrimonio. Procreó cinco hijos en sus primeros dos matrimonios, con Rosemeri dos Reis Cholbi y Assiria Seixas Lemos.

Se casó después con la empresaria Marcia Cibele Aoki.

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Catar 2022 : El mundial de las controversias

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EP New York | Mundial de Catar

Catar obtuvo la Copa del Mundo que anhelaba

Al final, después de un torneo ensombrecido por la controversia desde que le otorgaron los derechos para ser el anfitrión, Catar tuvo la oportunidad que buscaba: ser el centro de atención mundial.

El pequeño Estado del desierto, una península con forma de pulgar, no ansiaba otra cosa que ser más conocido, que ser un actor en el escenario mundial en el momento de 2009 en que lanzó lo que parecía un intento poco probable de ser la sede de la Copa del Mundo varonil, el evento más popular del deporte en el planeta. Organizar el torneo ha costado más de lo que nadie pudo imaginar: en dinero, en tiempo, en vidas.

Pero la noche del domingo, cuando los fuegos artificiales iluminaron el firmamento en Lusail, cuando los hinchas argentinos cantaron y su astro, Lionel Messi, brilló al aferrarse a un trofeo que esperó toda una vida para alzar, ya todos conocían a Catar.

El desenlace espectacular, una final de ensueño que enfrentó a Argentina contra Francia, un primer título de Copa del Mundo para Messi, el mejor jugador del mundo, un partido palpitante que se definió luego de seis goles y una tanda de penales, se cercioró de que fuera así. Y, como para asegurarse, para ponerle la huella final al primer Mundial en el Medio Oriente, el emir de Catar, Tamim Bin Hamad al Thani, detuvo a un Messi resplandeciente que iba a recoger el mayor reconocimiento del deporte y lo apartó. Había algo más.

Sacó un >bisht< de bordes dorados, esa capa negra que en el Golfo se usa en las ocasiones especiales y la puso en los hombros de Messi antes de entregarle el trofeo de oro de 18 kilates.

La celebración era el fin de una tumultuosa década de un torneo que se adjudicó en un escándalo de sobornos, manchado por denuncias de abuso a los derechos humanos y lesiones contra los trabajadores migrantes contratados para construir una Copa del Mundo que costó 200.000 millones de dólares a Catar y que fue ensombrecida por decisiones polémicas sobre todo tipo de asuntos, desde el alcohol hasta las bandas de los capitanes en el brazo.

Sin embargo, durante un mes, Catar ha sido el centro del universo y ha logrado una hazaña que ninguno de sus vecinos en el mundo árabe ha conseguido, una que en ocasiones parecía impensable en los años desde que Sepp Blatter, el expresidente de la FIFA, hizo el sorprendente anuncio en un salón de conferencias de Zúrich el 2 de diciembre de 2010, cuando dijo que Catar sería la sede de la Copa del Mundo de 2022.

Es poco probable que el deporte vuelva a encontrarse pronto con un anfitrión como este. Catar tal vez haya sido la sede más inadecuada para un torneo de la dimensión de la Copa del Mundo, un país al que le faltaban tantos estadios e infraestructura e historia que su postulación fue clasificada como de “alto riesgo” por los propios evaluadores de la FIFA. Pero aprovechó la materia prima de la que disponía en abundancia para lograrlo: dinero.

Catar, respaldado por un abastecimiento de presupuesto, al parecer sin fondo, para impulsar sus ambiciones, se embarcó en un proyecto que exigía nada menos que la construcción, o reconstrucción, del país entero en aras de un torneo de fútbol que dura un mes. Esos miles de millones de dólares se gastaron dentro sus fronteras: se edificaron siete estadios nuevos, así como otros grandes proyectos de infraestructura con un costo económico y humano inmenso. Pero cuando eso no bastó, también gastó generosamente más allá de sus fronteras, comprando equipos deportivos y derechos de transmisión con valor de miles de millones de dólares y contratando a estrellas deportivas y celebridades que apoyaran su emprendimiento.

Y todo eso se desplegó en Lusail. Para cuando el partido final se jugó en el estadio de Lusail, con valor de mil millones de dólares, Catar no podía perder. El juego se emitía por todo el Medio Oriente en beIN Sports, un gigante de la televisión deportiva que se estableció luego de que Catar aseguró los derechos de organizar la Copa del Mundo. También podía reclamar como suyos a los dos mejores jugadores de la cancha: Messi, de Argentina, y el goleador francés Kylian Mbappé, ambos en la nómina del club francés Paris Saint-Germain, de propiedad catarí.

Mbappé, quien había anotado el primer triplete de una final en medio siglo, acabó el partido sentado en el césped, consolado por el presidente de Francia, Emmanuel Macron, invitado del emir, mientras los seleccionados de Argentina bailaban y festejaban a su alrededor.

La competencia brindó tramas persuasivas —y a veces inquietantes— desde el inicio, al celebrarse una inauguración intensamente política en el estadio Al Bayt, un estadio enorme diseñado para parecer una tienda beduina. Esa noche, el emir de Catar estuvo sentado junto al príncipe heredero Mohamed bin Salmán, el gobernante de hecho de Arabia Saudita, menos de tres años después de que este último liderada un bloqueo severo contra Catar.

Durante meses se discutieron acuerdos y se hicieron alianzas. El equipo catarí no era de importancia en su debut de Copa del Mundo. Perdería su primer juego y luego iría por dos derrotas más y saldría de la competencia con el peor desempeño de cualquier anfitrión en la historia del torneo.

Habría otros desafíos, algunos de ellos ocasionados por el propio Catar, como la repentina prohibición de vender alcohol en las inmediaciones de los estadios a solo dos días del juego inaugural, una decisión de último minuto que dejó a Budweiser, patrocinador histórico de la FIFA, furiosa en el banquillo.

En el segundo día del torneo, la FIFA aplastó la campaña de un grupo de equipos europeos para llevar una banda que promovería la inclusión, como parte de los esfuerzos prometidos a los grupos de activistas y críticos en sus países de origen, y luego Catar aplastó los esfuerzos de la hinchada iraní para llamar la atención sobre las protestas en su país.

Pero en la cancha, la competencia cumplió. Hubo grandes goles y grandes partidos, derrotas sorprendentes y un exceso de goles que hicieron titulares y crearon nuevos héroes, sobre todo en el mundo árabe.

Primero llegó Arabia Saudita, que ahora puede presumir de haber derrotado al campeón del Mundial en la fase de grupos. Marruecos, que solo una vez antes había alcanzado la fase de eliminación se convirtió en el primer equipo africano en llegar a las semifinales, logrando una sucesión de victorias apenas creíbles por encima de los pesos pesados del fútbol europeo: Bélgica, España y luego el Portugal de Cristiano Ronaldo.

Esos resultados ocasionaron festejos por todo el mundo árabe y en un puñado de grandes capitales europeas, mientras que también le dieron una plataforma a los hinchas en Catar para promover la causa palestina, la única intromisión de la política que las autoridades cataríes no intentaron acallar.

En las gradas, el escenario era peculiar: en varios partidos que parecían poco llenos, los vacíos se llenaban minutos después de la patada inicial, cuando las puertas se abrían para permitir que los espectadores —muchos de ellos, migrantes del sur de Asia— ingresaran sin pagar la entrada. Es probable que nunca se conozca la cantidad precisa de espectadores que pagaron, sus asientos ocupados por miles de los trabajadores y migrantes que construyeron el estadio y el país, y que lo mantuvieron en acción durante la Copa del Mundo.

Fue ese grupo de personas, originario en mayor parte de países como India, Bangladés y Nepal, que fue el rostro más visible de Catar para los casi un millón de visitantes que viajaron a la Copa del Mundo. Fungieron como voluntarios en los estadios, sirvieron la comida y operaron las estaciones de metro, pulieron los pisos de mármol y sacaron brillo a los pasamanos y las manijas de las puertas de la multitud de hoteles y complejos de apartamentos recién construidos.

Para el final del torneo, la mayoría de esos aficionados se habían ido, dejando a los argentinos —una población flotante que se calculaba en 40.000 almas— para servir como entretelón sónico del último día y el último partido. Vestidos con franjas albicelestes, se reunieron en el estadio de Lusail, para crear una atmósfera digna de Mundial —saltando y cantando los 120 minutos del encuentro y mucho después de ello— que ningún dinero catarí podría comprar.

Habían logrado exactamente lo que querían de la Copa del Mundo. Igual que Catar.

Publicado en the New York Times por Tarik Panja

Tariq Panja cubre algunos de los rincones más oscuros de la industria del deporte mundial. También es coautor de “Football’s Secret Trade”, una exposición sobre la industria multimillonaria de comercio de jugadores de fútbol.

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