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¿Por qué nos matan los terroristas?

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Por : Ricardo Angoso / Analista internacional

Las matanzas contra los ciudadanos occidentales, que comenzaron (“oficialmente”) en Nueva York en el 2001 y que continuaron con su estela sangrienta en Madrid, Londres, París, Bruselas, Berlín, Niza, Manchester y tantos otros lugares, tienen un hilo conductor: el odio de los islamistas más radicales hacia Occidente. En definitiva, la inquina  y el desprecio del Islam más brutal, con todas sus arcaicas ideas y retrógrados principios, es hacia la Europa de las libertades, el progreso y los Derechos Humanos. Nos matan porque nos odian, nos odian porque no pueden aceptarnos libres y viviendo en armonía pacífica con nuestros vecinos. Es una guerra santa declarada del integrismo más intransigente, racista y vetusto contra la Europa de las luces y la razón, pero también contra aquellos que en otras latitudes del mundo se inspiraron en estas ideas para construir sociedades libres y abiertas. Tienen  un rencor de siglos que alimentan con su miseria intelectual y moral.

 

No aceptarán nunca que vivamos en sociedades libres, donde las mujeres pueden votar, pasear libremente sin llevar un burkah y sin pedir permiso a sus maridos; no aceptarán nunca que hombres y mujeres de todas las condiciones y colores sean iguales y pueden tener los mismos derechos. No nos perdonarán nunca que no colguemos a los gays en grúas, tal como hacen en la progresista Irán que, por cierto, financia a grupos de izquierda como Podemos y regímenes abyectos como el de Nicolás Maduro. O, simplemente, que no arrojemos a las adulteras o a los homosexuales desde un quinto piso para que después una turba –no merece otro nombre- de buenos musulmanes los remate a pedradas, siguiendo las rancias tradiciones islámicas que en nombre del Profeta se “instalaron” en los territorios bajo la férula del autodenominado Estado Islámico.

 

Nos matan porque bebemos alcohol, porque no aceptamos quedarnos en la Edad Media, porque nos gusta la música, porque bailamos, tocamos el piano y porque nos negamos a aceptar vivir en regímenes teocráticos que viven anclados en la prehistoria. Ellos queman los vinilos, destruyen las radios, queman los libros prohibidos, casi todos, todo hay que decirlo, y se irritan con cualquier cosa que huela a tolerancia, progreso y libertad. Son los nuevos nazis, los bárbaros del siglo XXI que matan a los cristianos, degüellan a los infieles y miran hacia la Meca sin olvidar que su objetivo final es destruir esta Europa democrática, plural, librepensante y sustentada en esos valores fundamentales de la revolución francesa que se ganaban a sangre y fuego en las calles al grito de “¡Libertad, Igualdad y Fraternidad!”. Eso, a esos miserables asesinos, les suena a chino y alimentan su odio con nuestra sangra, muerte y dolor. Mientras que en Europa mira para otro lado para no irritar a la bestia que llevan dentro de esas sociedades, haciendo la vista gorda, siguen llegando a nuestro continente miles de musulmanes con ese veneno en su interior, auténtica quinta columna del integrismo más radical y portadores de los más trogloditas valores (¿?).

 

Este odio y este rechazo hacia nosotros, porque por eso nos están matando, ya lo definía muy gráficamente hace años la fallecida periodista italiana Oriana Falacci: “Para comprenderlo –el odio- basta mirar las imágenes que encontramos cada día en la televisión. Las multitudes que abarrotan las calles de Islamabad, las plazas de Nairobi, las mezquitas de Teherán. Los rostros enfurecidos, los puños amenazadores, las pancartas con el retrato de Bin Laden, las hogueras que queman la bandera americana y el monigote de George Bush. Quien en Occidente cierra los ojos, quien escucha los berridos Allah-akbar, Allah-akbar. ¿Simples grupos de extremistas? ¿Simples minorías de fanáticos? Son millones y millones los fanáticos. Esos millones y millones para los que Osama bin Laden es una leyenda comparable con la leyenda de Jomeini. Esos millones y millones que, desaparecido Jomeini, se reconocen en el nuevo líder, el nuevo héroe”.

 

Así es, desde los atentados del año 2001 en los Estados Unidos contra las Torre Gemelas estos fanáticos, estos apologetas del crimen, el terror y la muerte, se sienten más fuertes que nunca y se encuentran con las suficientes fuerzas para seguir su cruzada en pro de aplastarnos sin dejar rastro. Fueron capaces de golpear en el corazón del “gran Satán”, de humillar a la primera potencia del mundo y demostrar a la humanidad que nada ni nadie les parará en esta frenética carrera por borrarnos de la faz de la tierra.

 

NOS MATAN PORQUE SOMOS SERES IMPUROS ANTE SUS OJOS

Nos matan porque nos consideran seres impuros, merecedores de la muerte y porque no somos dignos de pertenecer a su fanática secta. Nos matan porque somos hombres de bien que aceptamos a las mujeres como son y porque no tenemos problemas en tener amigos gays. A sus ojos, claro, somos impuros y lo seremos de por vida, tal como bien explica la ya citada Fallaci: “En cuanto a los que se arrojaron contra las Torres y el Pentágono, los juzgo particularmente odiosos. Se ha descubierto que su jefe Muhammad Atta dejó dos testamentos. Uno que dice: “En mis funerales no quiero seres impuros, es decir, animales y mujeres”. Otro que dice: “Ni siquiera cerca de mi tumba quiero seres impuros. Sobre todo los más impuros de todos: las mujeres embarazadas”.

 

¿Se puede estar más locos, se pueden abrazar ideas más medievales que las que abrigan estas gentes en su interior? Realmente los que estamos locos somos nosotros por haber aceptado y tolerado este pensamiento aborrecible en nombre de una supuesta moral democrática y unas ideas de tolerancia que nada tienen que ver con la defensa firme de las libertades y los valores fundamentales del hombre. Pero la peor parte se la lleva la izquierda, que siempre calla, asiente y pide respeto a estos energúmenos, a estos asesinos sin piedad, mientras consiente y tolera que miles de cristianos sean asesinados en el mundo árabe y Africa por esta gentuza sin escrúpulos. Los musulmanes de Europa exigirán cada vez más, pues ellos no piden ni negocian sino que exigen e imponen. “Pues negociar con ellos es imposible. Razonar con ellos, impensable. Tratarlos con indulgencia o tolerancia o esperanza, un suicidio. Y cualquiera que piense lo contrario es un pobre tonto”, resumía muy atinadamente Fallaci.

 

Nos matan, y voy concluyendo, porque nuestra democracia es débil frente a esta nueva amenaza que ya está aquí y que cada día que pasa, como una gran bola de nieve, nos va sumiendo a todos en una pesadilla infernal de sangre y fuego, destrucción y horror. Nos matan porque al igual que en la década de los treinta del siglo pasado, cuando los fascistas se conjuraron para destruir las democracias en Europa y casi lo consiguen, los demócratas somos (y fuimos entonces) débiles y no hicimos nada para detenerlos. Luego para pararles tuvimos que recurrir a la guerra y las consecuencias son la ya consabidas: sesenta millones de muertos, el continente hundido física y moralmente y media Europa en manos de la tiranía comunista. Hoy, si no reaccionamos con fuerza, si no nos unimos frente a estos bárbaros, el día que seamos conscientes del peligro que se cierne sobre nosotros, será demasiado tarde y ya nada podremos hacer más  que aceptar  nuestro propio suicidio. Nuestra agonía. Y la larga noche, quizá, caerá para siempre sobre toda la humanidad. Nos matan porque no somos capaces de reaccionar y tenemos miedo, sobre todo por eso último nos matan y, lo más triste del caso, es que lo saben.

 ricky.angoso@gmail.com

@ricardoangoso

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Agencias

4 de enero fecha límite de vacunación en EE.UU

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EP New York/agencias

4 de enero 2022 , fecha límite de vacunación para más de 85 mill. de trabajadores de EE.UU

NUEVA YORK 4 NOV – La mayoría de los trabajadores estadounidenses tendrán que estar vacunados para el 4 de enero de 2022, según las reglas federales publicadas hoy por el gobierno de Joe Biden, que considera al Covid-19 como un riesgo ocupacional.

De esta manera, se requerirá que casi 85 millones de trabajadores estadounidenses reciban la vacuna contra el Covid-19 antes del 4 de enero. Sin embargo, algunos trabajadores quedarán exentos, pero tendrán que realizar pruebas semanales.

Cualquier empleador que no cumpla con los requisitos antes de esa fecha podría enfrentar multas de casi 14.000 dólares por cada empleado, precisó un alto funcionario de la Casa Blanca.

Por otro lado, los empleados que no quieran vacunarse serán responsables de cubrir el costo de sus propias pruebas semanales. Al mismo tiempo, los empleadores deberán proporcionar tiempo libre remunerado para que los trabajadores se vacunen y se recuperen de cualquier efecto secundario a partir del 5 de diciembre, el mismo día en que los empleados no vacunados tendrán que comenzar a usar máscaras en el lugar de trabajo.

Los requisitos, que cubrirán a poco más de 84 millones de trabajadores, siguen una orden ejecutiva anunciada por el presidente Biden en septiembre.

Según la orden, las empresas con al menos 100 empleados deben asegurarse de que sus trabajadores estén completamente vacunados o se sometan a pruebas semanales de Covid-19.

La Casa Blanca emitió una serie de mandatos para los trabajadores que forman parte del gobierno federal y para el sector de la atención médica para alentar la vacunación contra el Covid-19.

La medida fue adoptada después de que un aumento de infecciones por coronavirus, impulsados por la variante Delta, abrumara a los hospitales y provocara un aumento en las muertes durante el verano.

Las regulaciones están dirigidas a los trabajadores de la salud y las empresas con 100 o más empleados, que cubren dos tercios de la fuerza laboral del país.

“Esto es bueno para la economía”, afirmó un alto funcionario de la Casa Blanca a la hora de justificar el plan nacional. Además de las multas para las empresas que no cumplan con el mandato, los hospitales podrían perder el acceso a los dólares de los programas Medicare y Medicaid.

Las medidas forman parte del nuevo y agresivo plan del presidente Biden para tratar de sofocar una pandemia que ensombreció su presidencia y obstaculizó la economía, debido en particular al alto grado de personas que decidieron no vacunarse.

La fecha del 4 de enero es un guiño a los grupos de la industria que insistieron en que la administración espere hasta después de las vacaciones para imponer mandatos en medio de una escasez de trabajadores.

Desde que asumió el cargo, la administración de Biden había evitado imponer mandatos de vacunas a nivel nacional, centrándose en cambio en incentivos para empresas e individuos. Pero con la llegada de la variante delta, un aumento en los casos pediátricos y zonas del país que siguen dudando en recibir una inyección, la estrategia de Covid-19 de Biden cambió en las últimas semanas.

“Hemos sido pacientes, pero nuestra paciencia se está agotando. Y su negativa nos ha costado a todos”, alegó Biden sobre los estadounidenses no vacunados el 9 de septiembre cuando anunció su plan para redactar la regla. (ANSA).

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Agencias

Covid-19 y la variante de los contenedores

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EP New York/ Economía mundial

Gustavo Lugo__Redacción EP

Sin un pasaporte de inmunidad covid-19 mundial, más controles en las fronteras, las mayores restricciones de moviizacion, congestión en los puertos, y una delicada escasez de camioneros, son los elementos esenciales para la nueva variante de contenedores que están apareciendo y que se ha covertido en un dolor de cabeza para las cadenas de suministros.
Desde que comenzó con pasos firmes la recuperación de la economía goblal, y a medida que pasan los dias, el camino se torna cada vez más oscuro por el desabastecimiento a las cadenas de suministros, las interrupciones están aumentando y los costos a los consumidores se incrementan, mientras la recuperación de la economía goblal se minorisa.
Por ende si las entregas no se realizan a tiempo los costos y los precios aumentan. A los puertos del mundo todos los dias
llegan  barcos abarrotados de contenedores, mientras el presidente Biden anunció un paquete con nuevas medidas para calmar esta crisis de suministro.
Biden anunció que el puerto de Los Ángeles pasará a prestar servicio las 24 horas del día, Biden se reunió con funcionarios de alto rango y partes interesadas para debatir los esfuerzos colectivos para resolver la crisis.
mientras el mundo lleva mas de 18 meses enfrentando la pandemia, las interrupciones a las cadenas de suministro empeoran y la escacez de productos de consumo dispara los costos, a pocos dias de comenzar la temporada navideña, afectando los bolsillos de los consumidores.
Los puertos de los Angeles y Long  Beach, han superado los records por la gran cantidad de naves cargueras, esperando para atracar y descargar la mercancia que contiernen, especialmente, ropa, muebles, autopartes, electronicos que generalmente vienen de China, Hong Kong, Japon, Vietnam, Corea del Sur.
El atoyamiento se a elevando a tal nivel debido a que de los 15.000 camioneros registrados y licenciados para operar  en el puerto de Los Angeles solo la mitad a regresado a sus sitios de trabajo.
El puerto de Los Angeles esta considerado como el puerto de carga mas activo en Norte America, este puerto con 25 terminales de carga, 82 gruas de contenedores, 8 terminales de contenedores y alrededor de 113 millas de rieles en el muelle ahora esta esperimentando su dolor mas furte de cabeza.
De acuerdo a los cálculos el 40% de los contenedores que entran a EE.UU., lo hacen por estos dos puertos ( Los Angeles y Long Beach).
Dentro de este caos naval las compañías están tomando acciones y es el caso de COSTCO, que a decidido fletar  sus propios barcos portacontenedores, aunque las compañias más pequeñas se ven obligadas a pagar por fletes más elevados.
Compañias como WALMART, incrementarán sus labores en horarios nocturnos, UPS, operará las 24 horas del día en los 7 dias de la semana, FedEx no se queda atrás e incrementará el trabajo en horas nocturnas y contempla cambios en el uso de camiones y trenes.
Samsung seguirá los pasos y operará como dice el dicho 24/7 durante tres meses, para mover cerca del 60% más de contenedores en los puertos de Los Angeles y Long Beach, Home Depot moverá un 10% más y Target desplazará un 10% mas de contenedores en el horario de menor actividad.
Sólo nos queda esperar a que se desate este nudo y a los consumidores a prepararnos a pagar por el incremento en los costos.

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Triunfo taliban en Afganistán pone en riesgo liderzgo de occidente

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EP New York/ opinión

OCCIDENTE, SIN RUMBO NI LIDERAZGO, EN PELIGRO

La derrota de los Estados Unidos en la guerra de Afganistán, dejando en el poder a los talibanes y abandonando a su suerte a la administración instalada por los occidentales en Kabul, significa una dura derrota para Occidente y el avance del totalitarismo frente a la democracia. Las consecuencias de esta debacle pueden ser fatales para el mundo libre.

por Ricardo Angoso

Occidente, liderado por los Estados Unidos, la OTAN y los principales países europeos, ha sido derrotado y humillado en Afganistán. La retirada caótica, vergonzante, desordenada y precipitada de Kabul, abandonando a miles de colaboradores de las tropas occidentales durante estos veinte inútiles años, ha sido la guinda de la tarta de una desabrida guerra con sabor a desastre. Primero fue el  erróneo anuncio de Donald Trump, a bombo y platillo, de que las tropas norteamericanas saldrían del país, lo que alimentó el voraz apetito de los talibanes y precipitó al país al abismo, y después llegaría la retirada total programada (¿?) por el nuevo inquilino de la Casa Blanca, Joe Biden.

El reconocimiento de los talibanes por Trump, que sirvió para torpedear y acabar con las negociaciones de Doha entre las autoridades de Kabul y el Talibán, precipitaron la ofensiva militar de los mismos y su rápida victoria, avanzando en todos los frentes, que les llevó a la capital de Afganistán y a conquistar todo el poder, mientras que el régimen instalado por los occidentales se derribaba como un castillo de naipes.Su presidente,  Ashraf Ghani, huyó cargado de maletas repletas de millones de dólares, abandonando a  su suerte a sus colaboradores y al maltrecho país. 

Entre ambos, Trump y Biden, han tirado a la basura veinte años de trabajo en Afganistán para democratizar y modernizar el país, miles de millones de dólares gastados en una inútil guerra y miles de muertos dejados en el camino. Este esfuerzo casi sobrehumano al final no ha servido para nada de nada, apenas para destruir materialmente y económicamente a Afganistán quizá por décadas. Cuatro presidentes norteamericanos, durante veinte largos años (2001-2021), bastaron para acabar en el mismo contexto político y en el mismo lugar, en un Kabul  nuevamente angustiado y dominado por la pesadilla del Talibán.

Pero aparte de estas consideraciones a la hora de hacer un balance de lo ocurrido, la guerra perdida de Afganistán nos deja muchas más lecciones. Estados Unidos pierde peso, influencia, prestigio y poder en esta zona del mundo, habiendo dejado el testigo a Rusia y China, que ya se aprestan a hacer negocios con los talibanes y a trabajar por la reconstrucción del país.

Pero también Irán sale ganando, contemplando la derrota de su sempiterno enemigo, los Estados Unidos, y consolidando así, al recomponer sus relaciones con los talibanes en los últimos tiempos, un eje de influencia y poder regional que arranca en Kabul y pasa por Irán mismo, Irak, donde los iraníes siguen armando a los grupos chiítas radicales, Siria, Líbano -país controlado por la guerrilla proiraní de Hezbolá- y concluye en Gaza, controlada por sus acólitos de Hamas. Nunca Teherán había tenido tanta fuerza y poder de desestabilizar a casi todos sus vecinos; Israel debe estar alerta.

RECOMPOSICIÓN DE LA OTAN Y UN NECESARIO EJÉRCITO EUROPEO

La OTAN, además, debe iniciar una revisión estratégica tras esta derrota rotunda y contundente, en la que varios de sus principales socios, entre los que destacan Estados Unidos, el Reino Unido, Francia, Alemania, Polonia, España e Italia, tuvieron centenares de bajas y derrocharon ingentes recursos  en la reconstrucción del país. Desde el final de la Guerra Fría y la implosión de la Unión Soviética (1991), la OTAN quedó con un papel muy desdibujado y sin enemigos claros con los que batirse; extendió sus fronteras hasta Rusia, integrando al mundo poscomunista que había salido de la tutela soviética, y no supo definir sus nuevos intereses geoestratégicos ni sus enemigos.

En lo que respecta a la Unión Europea (UE), una vez definidas sus verdaderas fronteras tras la salida del Reino Unido, va quedando meridianamente claro que para su verdadera puesta en escena en el mundo necesita una verdadera diplomacia europea y un ejército con capacidad para operar en el exterior, liderar misiones internacionales y garantizar la defensa de las fronteras de Europa ante las nuevas amenazas y desafíos. No queda tan claro si realmente nuestros líderes políticos tienen voluntad de seguir adelante con el proyecto porque eso implicaría riesgos para las dos potencias que ahora lideran la UE, es decir, Francia y Alemania, que quizá prefieran seguir con esta diplomacia tutelada que inspiran desde hace años y en la que modelan a su antojo el proyecto, condicionado al resto de socios o imponiendo sus decisiones en materia de inmigración, seguridad fronteriza y otras materias, tal como han hecho en numerosas ocasiones.

Pese a todo, los desafíos para Occidente son ingentes y requerirán un trabajo de ingeniería política y un nuevo liderazgo, del que carecemos en estos momentos debido a la decadencia de los Estados Unidos, presente y permanente durante el mandato de Trump y agudizada ahora con Biden, y a la falta de nervio político en el interior de la UE. Se echa en falta la década de los ochenta, caracterizada por el hiperliderazgo de dirigentes como Ronald Reagan, el primer Bush, Margaret Thatcher, Helmut Kohl y Francois Mitterrand, y por haber sentado los rieles para la derrota del bloque comunista, la democratización de Europa Central y del Este, la reunificación alemana y la desintegración de la Unión Soviética. Europa era una fiesta compartida por unos Estados Unidos victoriosos, mientras que el mundo contemplaba atónito la sucesión vertiginosa de cambios y reformas.

Ahora todo es bien distinto y las cosas han tomado derroteros inesperados. Rusia está más fuerte que nunca en la escena internacional e impone su orden neoimperial en toda su periferia, habiendo ocupados territorios de Georgia, Moldavia, Ucrania e incluso Azerbaiyán, donde instaló recientemente una base militar para “observar” el proceso de paz de ese país con Armenia. La tiranía como forma de gobierno se ha impuesto en numerosos países del mundo, tales como Siria, Bielorrusia, Cuba, Nicaragua y Venezuela, por citar solamente algunos, y la democracia está seriamente cuestionada hasta en países miembros de la OTAN, como la Turquía del sátrapa Erdogan, que ha establecido una suerte de triple alianza con Rusia e Irán. Occidente, compuesto por la alianza fundamental a través del vínculo transatlántico entre los Estados Unidos y Canadá con Europa, observa impávido que se ha convertido en una suerte de fortín democrático acosado por el populismo creciente, la amenaza integrista, el auge del autoritarismo en el mundo, la inmigración creciente y desbordada y nuevas provocaciones, como los programas nucleares puestos en marcha por Irán y Corea del Norte.

La gran cuestión que planea sobre todos estos asuntos y  retos sobre la mesa, es ¿si los líderes occidentales, sin un verdadero liderazgo de los Estados Unidos en estos momentos, serán capaces nuevamente de vertebrar y articular respuestas desde la política y la diplomacia a todos estos asuntos, tal como lo hicieron tantas veces desde el final de la Segunda Guerra Mundial? O, por el contrario, si, perdidos en estereotiopadas visiones provincianas, acabarán dejando que la actual realidad multipolar acabe siendo liderada por países como China y Rusia, potencias ambas sin principios democráticos ni respetuosas con los derechos humanos, sino más bien lo contrario, como han demostrado tantas veces a lo largo de su historia. De ser así, la más negra de las noches puede estar por llegar a todo el planeta y la sombra del totalitarismo se asomará por todo el mundo libre. ¡Atentos!

Ricardo Angoso García , analista y columnista internacional. 
 

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