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Se agudiza crisis política en Perú tras destitución de Vizcarra

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EP New York/agencias

LIMA — Perú estaba hundido el domingo en su peor crisis política en dos décadas en medio de llamados de diversos sectores para que renuncie el presidente Manuel Merino tras protestas masivas que dejaron dos muertos y casi 100 heridos.

Al menos 13 de 19 ministros del gabinete de Merino renunciaron y el presidente del Congreso sesionaba de emergencia con la junta de portavoces de los partidos para discutir una posible dimisión del mandatario.

La seguridad social confirmó dos muertes por “proyectiles de armas de fuego”. Jack Pintado, de 22 años, recibió 11 impactos en el cráneo, rostro, tórax y genitales, mientras Jordan Sotelo, de 24 años, cuatro heridas en el tórax “a la altura del corazón”, se informó.

El Ministerio de Salud añadió que 94 quedaron heridos, entre ellos 63 hospitalizados, varios con politraumatismos, inhalación de gases lacrimógenos y heridas de armas de fuego.

Pero Mar Pérez, abogada de la reconocida organización Coordinadora Nacional de Derechos Humanos, dijo más tarde que tras recopilar información habían 112 heridos y 41 manifestantes con paradero desconocido.

El experto en seguridad y exministro del Interior José Pérez dijo a la prensa que las carabinas para disparar perdigones de goma eran armas “menos letales” y su peligrosidad aumentaba dependiendo de la “cercanía con la que se dispara, a donde va el disparo y la cantidad de pólvora que tiene el cartucho”.

Mientras tanto, el Nobel peruano de Literatura Mario Vargas Llosa dijo en un mensaje que los fallecidos “habían sido sacrificados absurdamente, estúpidamente, injustamente” por la policía y pidió cesar la represión contra “todo Perú” que protesta de forma “tan masiva” en contra de la destitución de Vizcarra.

El Congreso se reunía el domingo para pedir la renuncia de Merino y ensayar una fórmula legal que permita que uno de los 130 legisladores asuma la presidencia del país.

El presidente del Congreso, Luis Valdez, dijo a la televisora N que “tenemos que evaluar no solo la renuncia de Merino sino ver la forma constitucional de que se pueda resolver esta crisis política”.

César Landa, profesor de Derecho constitucional de la Pontificia Universidad Católica de Perú, dijo a The Associated Press que otro camino era “anular” la destitución, aprobada el lunes por el Congreso, que expulsó del poder a Martín Vizcarra y que éste retome el poder.

Merino no se ha mostrado públicamente tras las muertes y tampoco ha emitido declaraciones.

El Salvador fue el primer país en desconocer la presidencia de Merino. El presidente de ese país centroamericano Nayib Bukele dijo en su cuenta de Twitter que no reconocen “al Gobierno golpista de Merino”, en tanto que pocos países han reconocido al nuevo gobernante peruano.

El primer ministro, Antero Flores-Aráoz, dijo en la madrugada a la radio RPP que el presidente no le respondía el teléfono. “Lo estoy llamando y no logro comunicarme”, comentó. Cuando se le preguntó cuántos ministros habían renunciado, Flores-Aráoz dijo “no tengo la más remota idea”.

Las dos muertes ocurrieron en medio del excesivo uso de la fuerza por parte de la policía, una práctica denunciada ya el viernes por Human Rights Watch y Amnistía Internacional.

La Asociación Nacional de Periodistas indicó el sábado que entre el lunes y el jueves durante las manifestaciones hubo 35 ataques a reporteros y añadió que “29 han sido perpetrados por agentes policiales y 6 por sujetos no identificados en el marco de las manifestaciones ciudadanas”.

Merino, de 59 años, descartó la mañana del sábado a la radio RPP que las manifestaciones fueran contra su gobierno y añadió que los jóvenes protestaban “en el marco de su propia preocupación” contra el desempleo o por no haber culminado sus estudios.

Las protestas contra Merino empezaron el lunes y el sábado se llevaron a cabo en las principales ciudades de los Andes y la Amazonía. En Lima más de 5.000 manifestantes con mascarillas y protectores faciales llevaban carteles que decían “Merino no es mi presidente”, entre otras frases.

Merino asumió el poder el lunes luego que el Congreso, que él dirigía, destituyó de la presidencia a Martín Vizcarra mediante una cláusula vaga instaurada en el siglo XIX llamada “incapacidad moral permanente”. Se convirtió en el tercer presidente desde 2016, desnudando la fragilidad del país.

Vizcarra ganó enorme popularidad en 2018 por iniciar una cruzada anticorrupción en un país donde los expresidentes de los últimos 35 años están investigados o condenados por casos de corrupción.

El expresidente tiene prohibido salir del país por un periodo de 18 meses y se encuentra bajo indagación de la fiscalía al ser acusado por otros investigados de recibir una coima hace seis años cuando fungía como gobernador de la región Moquegua. Él negó las acusaciones y anunció que colaborará con las pesquisas.

Vizcarra dijo la noche del sábado en su cuenta de Twitter: “Lamento profundamente las muertes ocurridas a causa de la represión de este gobierno ilegal e ilegítimo”. Añadió que “el país no permitirá que la muerte de estos valerosos jóvenes quede impune”.

Las marchas son las primeras tras una atenuación de los contagios de coronavirus. La propagación de COVID-19 ha convertido a Perú en uno de los países con mayor número de decesos per cápita en todo el mundo y ha sumido a la economía nacional en una recesión con una proyección de pérdida en 2020 de 14 puntos del Producto Interno Bruto, según el Fondo Monetario Internacional .

El gobierno de Merino prometió que su gabinete ministerial iba a ser multipartidario, pero eligió a uno de tendencia conservadora. El primer ministro Antero Flores-Aráoz, de 78 años, dijo durante la semana “no entender” las razones por las que protestaban los jóvenes.

Flores-Aráoz retornó al Ejecutivo luego que en 2009 renunció junto a un gabinete ministerial de ese entonces luego de una rebelión de indígenas amazónicos en la que murieron 34 personas, 24 de ellos agentes y 10 civiles.

Los indígenas protestaban contra dos decretos aprobados en el marco del Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos que permitían que empresas privadas perforen los suelos de las comunidades en busca de petroleo y gas. Tras la masacre los decretos fueron derogados.

Si Merino continúa como presidente de Perú debería culminar su gestión el 28 de julio de 2021 cuando entregue el mando al nuevo mandatario elegido bajo elecciones democráticas. (AP)


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Renuncia presidente interino Manuel Merino

Tras una noche represión y muerte, el presidente transitorio de Perú, Manuel Merino, no pudo resistir más su endeble mandato y renunció al cargo que había asumido hacía solo cinco días, un breve periodo que será recordado por haber provocado las protestas más masivas de los últimos 20 años en el país.

Después de negarse a escuchar cómo decenas de miles de peruanos le demandaban a gritos en las calles que diese un paso atrás tras haber concentrado en su persona los poderes ejecutivo y legislativo, Merino finalmente , dio su brazo a torcer y renunció debido a la brutal represión de la Policía contra las manifestaciones (EFE)

 

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9/11 , 20 años después del dolor

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EP New York/ 9/11

Nueva York, una ciudad herida pero cambiada 20 años después del 11S

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23 fallecidos deja hasta el momento la tormenta ‘Ida’ en el área tri-estatal

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EP New York/Tormenta Ida

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Talibanes celebran salida estadounidense de Afganistan y toman control de Kabul

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EP Newyork/Afganistan

Durante la evacuación, las fuerzas estadounidenses ayudaron a trasladar a unos 120.000 ciudadanos estadounidenses, afganos y de otros países, según la Casa Blanca

El Talibán proclama su victoria en Kabul y promete seguridad
KABUL — El Talibán hizo un recorrido triunfal el martes por el aeropuerto internacional de Kabul, horas después de la retirada de tropas que puso fin a la guerra más larga de Estados Unidos. De pie en la pista, líderes del grupo prometieron asegurar el país, reabrir el aeropuerto y dar una amnistía a sus antiguos rivales.

En una demostración de control, líderes talibanes caminaron por la pista escoltados por miembros de la unidad de élite Badri. Los comandos posaron con orgullo para la prensa vestidos con uniformes de camuflaje.

Poner el aeropuerto de nuevo en funcionamiento es uno de los considerables desafíos que afronta el Talibán para gobernar un país de 38 millones de habitantes que durante dos décadas sobrevivió con miles de millones de dólares en ayuda extranjera.

“Afganistán es libre por fin”, dijo a The Associated Press en la pista del aeropuerto Hekmatula Wasiq, un líder talibán. “El lado militar y el civil (del aeropuerto) están con nosotros y bajo control. Esperamos anunciar nuestro gobierno. Todo es pacífico. Todo es seguro”.

Wasiq instó a la gente a regresar al trabajo y reiteró la promesa talibán de ofrecer una amnistía general. “El pueblo debe ser paciente”, dijo. “Poco a poco devolveremos todo a la normalidad. Llevará tiempo”.

Un miembro destacado de la oficina política del Talibán felicitó a los afganos por su “gran victoria” al lograr la “plena independencia del país” con la salida de las fuerzas estadounidenses.

Shahabuddin Delawar habló ante un centenar de personas, aparentemente todos hombres, en un evento en Kabul transmitido por la televisión estatal. Delawar fustigó al enemigo —las fuerzas de Estados Unidos y la OTAN— y acusó a Occidente de difundir propaganda para socavar al Talibán.

“Pronto se verá el progreso” de la nación. La imagen en la TV estatal aparecía con el subtítulo “Celebración del Día de la Independencia y el fin de la invasión estadounidense de Afganistán”.

Apenas unas horas antes, el Ejército estadounidense completó su mayor evacuación aérea de personas no combatientes en la historia.

El martes por la mañana aún quedaban signos del caos registrado en los últimos días. En la terminal se veían maletas y ropas tiradas entre montones de documentos. Había alambres de cuchillas para separar zonas y autos volcados y vehículos estacionados bloqueaban rutas en torno al aeropuerto civil, un indicio de las medidas tomadas para proteger contra posibles ataques suicidas con vehículos.

Varios vehículos con combatientes talibanes recorrían la única pista del Aeropuerto Internacional Hamid Karzai, en la zona militar al norte del aeropuerto. Antes del amanecer, combatientes fuertemente armados caminaban por los hangares de la zona militar entre algunos de los siete helicópteros CH-46 que utilizó el Departamento de Estado en sus evacuaciones antes de inutilizarlos.

El vocero del grupo, Zabihula Muyahid, se dirigió a los miembros presentes de la unidad Badri. “Confío en que sean muy prudentes al tratar con el país”, dijo. “Nuestro país ha sufrido guerra e invasión y el pueblo no tiene más tolerancia”.

Tras su intervención, los combatientes exclamaron: “¡Dios es el más grande!”.

En otra entrevista con la televisora estatal afgana, Muyahid habló sobre reanudar la actividad en el aeropuerto, que sigue siendo una vía crucial para los que quieren salir del país.

“Nuestro equipo técnico comprobará las necesidades técnicas y logísticas del aeropuerto”, dijo. “Si podemos arreglarlo todo por nuestra cuenta, no necesitaremos ayuda. Si hace falta ayuda técnica o logística para reparar la destrucción, entonces pediremos ayuda a Qatar o Turquía”.

El vocero no entró en detalles sobre qué estaba destruido.

El general de la Infantería de Marina Frank McKenzie, responsable del Comando Central del Ejército de Estados Unidos, había dicho antes que las tropas habían “desmilitarizado” el sistema para que no pudiera volver a utilizarse. Las autoridades dijeron que las tropas no habían volado equipamiento para asegurar que el aeropuerto podía utilizarse para operar vuelos en el futuro. Además, McKenzie señaló que las tropas estadounidenses habían inutilizado 27 camionetas Humvee y 73 aeronaves.

En el aeropuerto se produjeron escenas dramáticas después de que los Talibanes conquistaran Afganistán en una ofensiva relámpago y tomaran Kabul el 15 de agosto. Miles de afganos rodearon el aeropuerto, y algunos murieron tras aferrarse con desesperación al lateral de un avión de transporte C-17 del Ejército estadounidense que despegaba. La semana pasada murieron al menos 169 afganos y 13 militares de Estados Unidos en un ataque suicida del grupo extremista Estado Islámico en una puerta del aeropuerto.

Durante la evacuación, las fuerzas estadounidenses ayudaron a trasladar a unos 120.000 ciudadanos estadounidenses, afganos y de otros países, según la Casa Blanca. Las fuerzas de la coalición también evacuaron a sus ciudadanos y a más afganos. Pero pese a todos los que salieron, Estados Unidos y otros países admitieron que no habían evacuado a todos los que querían marcharse.

Pero el martes, tras una noche en la que combatientes talibanes dispararon al aire en señal de triunfo, nuevos guardias mantenían alejados a los curiosos y a los que de algún modo aún aspiraban a tomar un vuelo para marcharse.

“Después de 20 años hemos derrotado a los estadounidenses”, dijo Mohammad Islam, un guardia talibán en el aeropuerto, procedente de la provincia de Logar y que sostenía un rifle Kalashnikov. “Se han marchado y ahora nuestro país es libre”.

“Está claro lo que queremos”, añadió. “Queremos sharía (ley islámica), paz y estabilidad”.

Zalmay Khalilzad, el representante especial de Estados Unidos en Afganistán que supervisó las conversaciones de Estados Unidos con el Talibán, escribió en Twitter que “los afganos afrontan un momento de decisión y oportunidad” tras la retirada.

“El futuro del país está en sus manos. Elegirán su camino con plena soberanía”, escribió. “Esta es la oportunidad de poner fin a su guerra también”.

Pero el Talibán afronta lo que podría ser una sucesión de grandes crisis mientras toma el control del país. La mayoría de los miles de millones de dólares que tiene Afganistán en divisas extranjeras están ahora congelados en Estados Unidos, lo que presiona a una moneda local en franca caída. Los bancos han impuesto controles a la retirada de dinero por temor a una fuga de depósitos en el clima de incertidumbre. Funcionarios de todo el país dicen que llevan meses sin recibir sus salarios.

El equipo médico sigue escaseando y miles de personas que huyeron del avance talibán viven en condiciones penosas. Además, una fuerte sequía ha reducido la producción de alimentos en el país y hecho aún más importantes las importaciones, al tiempo que aumenta el riesgo de hambruna.

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Akhgar informó desde Estambul. El periodista de Associated Press Jon Gambrell en Dubái, Emiratos Árabes Unidos, contribuyó a este despacho.

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