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Columnistas

Turquía juega con fuego en el Cáucaso

Francisco

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EP New York/ opinión

por Ricardo Angoso

La clarísima intromisión de Turquía en el Cáucaso, atizando el conflicto entre Armenia y Azerbaiyán a causa del enclave de Nagorno Karabaj y enviado armas y voluntarios a los azeríes, aviva los riesgos de un conflicto generalizado en la región en que pueden verse implicados otros actores, como Rusia, tradicional aliado de la causa armenia, e incluso Irán.

Cada vez queda más clara la abierta intervención de Turquía en la guerra que está enfrentando en estos momentos a Armenia y Azerbaiyán por el control de la emblemática y estratégica región de Nagorno Karabaj. El presidente de Turquía, Recep Tayyip Erdogan, se está implicando más que ningún otro mandatario turco en el pasado  en un conflicto de vieja data y que tiene numerosas implicaciones geoestratégicas, ya que, seguramente, enfrentará a los dos viejos poderes, Rusia y Turquía, que siempre tuvieron intereses políticos, económicos y militares en esa región.

El presidente de Azerbaiyán, Ilham Aliyev, en su discurso del 24 de septiembre ante la Asamblea General de la ONU, ya había amenazado claramente a Armenia con una guerra para intentar recuperar un territorio que estuvo integrado en la antigua Unión Soviética hasta 1991, en que se disolvió el imperio soviético y la mayoría armenia de esa región declaró la independencia como República de Artsaj, reconocida únicamente por Ereván y con la aquiescencia de Moscú. Seguramente, el máximo líder azerí informó previamente de este ataque a Turquía y a los Estados Unidos, sus dos grandes mentores en la sociedad internacional.

No olvidemos que los armenios lograron, en una corta guerra entre 1992 y 1994, consolidar la defensa territorial del enclave en disputa y asestar un duro golpe a los azeríes, arrebatándoles miles de kilómetros cuadrados alrededor de Nagorno Karabaj y comunicando lo arrebatado, a través del estratégico corredor de Lachin, con Armenia. En total, casi 9.000 kilómetros cuadrados de Azerbaiyán están en manos armenias, bien bajo el control de Armenia o de las fuerzas que defienden la independencia de Nagorno, es decir, el 10% del país.

Azebaiyán, tras haber sido humillada y habérsele sustraído una buena parte de su base territorial, se ha armado notablemente en los últimos años, aprovechando su bonanza económica a merced de su potente industria petrolera y sus buenas relaciones con Rusia, Turquía e Israel, y está preparada para la guerra. Los azeríes han comprado en los últimos años helicópteros T129 turcos, aviones F-16, 36 sistemas Smerch rusos, varias baterías de Polonez bielorrusas, 21 T-300 Kasirga turcos y misiles balísticos israelíes LORA, un ingente material listo para una guerra quizá de larga duración y destinada a recuperar unos territorios que siempre ha considerado suyos, aunque le fueran entregados injustamente y sin ningún criterio étnico en los años veinte del siglo pasado.

También sobre Bakú, la capital de Azerbaiyán, pesa la presión de los casi 800.000 refugiados y desplazados en el conflicto de la década de los noventa del siglo pasado, hacinados muchos de ellos en campos de refugiados construidos “provisionalmente”, y la necesidad de ganar prestigio  ante los ojos de una comunidad internacional que condena las sistemáticas violaciones de los derechos humanos por parte del régimen azerí del presidente Aliyev, hijo del anterior presidente, Heydar Aliyev, en una suerte de dinastía al estilo norcoreano que controla totalmente el país desde la independencia, en 1991.

RUSIA, TURQUIA E IRAN, IMPLICADOS EN LA CRISIS DEL CAUCASO

Esta vez, a diferencia de lo que ocurrió en la guerra de 1992-1994 y la de los “cuatro días” del año 2016, parece que Azerbaiyán no está dispuesta a dar marcha atrás en su ofensiva contra los armenios y pretende recuperar, a cualquier coste, los territorios que considera como propios, mientras que Armenia se ve arrastrada en el conflicto porque moralmente y políticamente no puede abandonar a sus hermanos de Nagorno Karabaj.

“Rusia no reconoce la República de Artsaj (Nagorno-Karabaj) y su interés es dejar el conflicto congelado para seguir ejerciendo presión en armenios y azerbaiyanos; de resolverse el conflicto (por proceso de paz o una guerra resolutiva) Rusia se quedaría sin palanca negociadora. Por lo tanto, aunque Moscú apoyará a Armenia no se implicará directamente en los enfrentamientos militares a menos que azeríes y turcos traspasen ciertas líneas rojas”, asegura el analista Guillermo Pulido con cierta razón. Pese a ese no reconocimiento, por parte de Moscú, como territorio armenio a Nagorno Karabaj, es más que probable que Rusia trate de lograr un alto el fuego entre las partes tendente a seguir manteniendo su influencia sobre ambos países, a los que, paradójicamente, vende las mismas armas con las que ahora se matan.

Turquía, más concretamente el “sultán” Erdogan, pretende solucionar el contencioso por la vía militar, ahogando cualquier salida política y diplomática, y jugando en la escena como una gran potencia que puede neutralizar, a sus vez, a Rusia y a Irán. Quizá Erdogan piensa que Rusia tiene las manos atadas ahora frente a Turquía y tiene poco margen de maniobra en el Cáucaso, toda vez que tras la inauguración del gasoducto TurkStream, que proveerá de gas a una buena parte de los Balcanes y Europa del Este, Turquía se convierte en parte clave del sistema energético del continente con un corredor logístico que fortalece el rol de los turcos en este mercado y del que tiene la llave de paso. Aunque la apuesta puede ser fallida, ya que tanto los Estados Unidos como Rusia están muy cansados de Erdogan y su permanente intromisión en casi todos los conflictos regionales, tales como las crisis de Libia, Siria, Palestina y ahora el Cáucaso, no queda duda de que el “sultán” sigue su viaje hacia ninguna parte enfrascado en su delirio imperial neo otomano.

Irán, por su parte, se ha mostrado muy cauto y ha llamado al diálogo entre las partes, quizá en un intento por salvar su “santa” alianza con Rusia y Turquía, evitando que salte en pedazos en un momento de alta tensión y presión por parte de la actual administración norteamericana. “Extrañamente, el Irán chiita no se ha pronunciado. Sin embargo, aunque son étnicamente turcos, los azeríes son el único otro pueblo chiita del mundo ya que fueron miembros del imperio safávida. El presidente iraní Hassan Rohani incluso había incluido a Azerbaiyán en el proyecto de federación chiita que presentó durante su segunda campaña electoral. Esa discreción iraní hace pensar que Teherán no desea entrar en conflicto con Moscú, oficialmente neutral. También influye ciertamente el hecho que Armenia ocupa un lugar nada desdeñable en el dispositivo que permite a Irán burlar las sanciones estadounidense”, se aseguraba en un reciente artículo publicado en la Red Voltaire.

Así las cosas, y con la tensión en alza en en el Cáucaso, la guerra ha generado el miedo entre la población armenia que tiene el temor a que la crisis degenere en una suerte de masacre colectiva o limpieza étnica de los armenios que viven en esa región por parte de los azeríes. No olvidemos  los  trágicos precedentes históricos en los que Turquía asesinó a más de dos millones armenios en el genocidio perpetrado entre 1915 y el año 1922 -todavía no reconocido por Ankara-, que se ha negado oficialmente a pedir perdón a Armenia al día de hoy.

También Azerbaiyán tiene un largo historial en violaciones de los derechos humanos y en matanzas organizadas de armenios, como la de Sumgait, en 1988, y la de Bakú, en enero de 1990, y ha sido condenada por numerosas organizaciones internacionales por tener un largo y oscuro historial en esta materia. Solamente una salida política acorde al derecho internacional a este eterno contencioso es la clave para la resolución del mismo y para garantizar los derechos, pero también la vida, de ambas pueblos, a pesar de la actual deriva militarista turca y de que Ankara está jugando con fuego en esta crisis. Esperemos que Rusia, quizá el único actor con capacidad de presión sobre azeríes y armenios, ponga fin a esta guerra que ya ha dejado demasiada sangre derramada sobre el Cáucaso quizá inútilmente.

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RICARDO ANGOSO GARCÍA

Coordinador del Foro Ideas para la Democracia:

http://www.foroideasparalademocracia.com/

Youtube.com: https://www.youtube.com/channel/UC9EOzzOxF5km99_0wKE9yWA?view_as=subscriber

Blog: http://iniciativaradical.org/web/

Facebook: https://www.facebook.com/ricardo.angoso

Web: https://www.casaquintahotel.com

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Agencias

Siglos después, en un palacio moderno, un presidente con ínfulas de cruzado decidió reencauchar una idea.

Francisco

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EP FLORIDA NEWS | ANÁLISIS POLÍTICO

Por Gabriel Ángel Ardila | Colombia

El presidente y sus molinos delirantes que mueven a buenos titulares

 

En la Edad Media, un héroe ingenioso levantó molinos de viento para que el pueblo tuviera pan. Sus aspas giraban con noble propósito: harina para la mesa, progreso para la aldea.

Hoy, en cambio, un presidente “genial” se sube al escenario con casco de conquistador y proclama:

—¡Molinos inteligentes! ¡La sustitución energética será nuestra cruzada!

Aplauden los asesores como si acabara de descubrir el fuego, mientras los molinos modernos no muelen trigo, sino titulares. Cada aspa gira con discursos reciclados, diseñados para tapar sus metidas de pata con Trump y sus otros enredos.

El pueblo, incrédulo, observa:

Los campesinos preguntan si de esos molinos saldrá pan o solo promesas.

Los comerciantes calculan si la energía “inteligente” servirá para encender la nevera o solo para iluminar la propaganda.

Los cronistas anotan que la “reconquista de Venezuela descremada” suena más a menú de cafetería que a estrategia geopolítica.

Mientras tanto, el visionario se pasea con aire de caballero medieval, convencido de que lucha contra gigantes. Pero los únicos gigantes son sus propios errores, disfrazados de molinos que giran al ritmo del viento de la demagogia.

Y así, entre aspas de cartón y discursos inflados, el reino descubre que los molinos del héroe medieval daban pan… (y los coristas piden queso y piden pan) y los soplos de ese lunático solo dan risa.

El héroe medieval que inventa molinos de viento evoca la imagen de la innovación como símbolo de progreso, pero también de ilusiones quijotescas: la lucha contra gigantes que en realidad son molinos. Al traerlo al presente, se evidencia un contraste entre la verdadera creatividad transformadora y el uso político de símbolos energéticos para distraer de problemas más profundos.

En un reino medieval, un héroe visionario levantó molinos de viento para que el pueblo tuviera pan sin depender de los caprichos del clima. Sus aspas giraban con noble propósito: transformar la fuerza invisible del aire en harina tangible, alimento para todos. Era un invento que hacía historia, un símbolo de ingenio y progreso.

Siglos después, en un palacio moderno, un presidente con ínfulas de cruzado decidió reencauchar la idea. “¡Molinos inteligentes!”, proclamó, mientras señalaba maqueta tras maqueta en conferencias televisadas. No eran molinos para dar pan, sino para dar titulares. Cada aspa giraba no con viento, sino con discursos huecos, diseñados para distraer de sus tropiezos con Trump y otros enredos diplomáticos.

Oh, y ahora ¿quién podrá asustarnos?

 

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Agencias

Una reflexión en tiempos de tensión diplomática

Francisco

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EP NEW YORK | OPINIÓN

Por Gabriel Ángel Ardila

A propósito de la tensa relación entre Colombia y EE.UU.

Más allá del impasse:


En tiempos de tensión diplomática, cuando los titulares se centran en desacuerdos entre gobiernos, conviene recordar que las relaciones entre países no se sostienen únicamente en acuerdos políticos, sino en los vínculos humanos, culturales y académicos que se han tejido durante décadas.

En 1983, tuve el privilegio de representar a El Espectador en un programa internacional que vinculaba a la Beca Fulbright, el USDA y Columbia University. Por delegación directa de don Guillermo Cano Isaza, compartí experiencias con colegas colombianos y delegaciones de otros países, visitamos organismos como el Fondo Monetario Internacional y el Banco Interamericano de Desarrollo, y escribimos sobre economía, cooperación y desarrollo.

Hoy, esa memoria se vuelve urgente. No solo porque los archivos que podrían respaldar eso fueron destruidos por la violencia que azotó a El Espectador, sino porque el clima actual entre Colombia y Estados Unidos amenaza con debilitar los mismos puentes que nos permitieron aprender, dialogar y crecer juntos por tanto tiempo.

No se trata de ignorar las diferencias políticas sino reconocer que los intercambios culturales y académicos —como Fulbright, las pasantías, los convenios universitarios— son espacios donde se cultiva el respeto mutuo, la comprensión profunda y la cooperación sin subordinación.

Por eso, propongo que este impasse sea una oportunidad para renovar esos lazos. Que se convoque a una mesa binacional de intercambio cultural, donde periodistas, académicos, artistas y estudiantes de ambos países puedan compartir experiencias, construir propuestas y defender el valor de la autonomía con dignidad. Es la hora de la diplomacia de verdad.

Porque si algo aprendimos en esos años —y lo seguimos aprendiendo hoy— es que el conocimiento compartido no amenaza la soberanía: ¡La fortalece!

 

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Articulos Destacados

Siria demuestra que no se puede “congelar” ningún conflicto 

Francisco

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EP NEW YORK | POLÍTICA MUNDIAL

Por: Níkolas Stolpkin

Es muy vergonzoso saber que Siria haya caído en manos de grupos terroristas de forma tan estrepitosa y dinámica (¿13 días?).

Todo indica que las fuerzas terroristas se harán del control de todo o de gran parte del territorio sirio, y que sus enemigos serán Irán y el Líbano. Y ya podemos imaginar quiénes serán sus “amigos” (Israel, Turquía, Gran Bretaña, y no extrañaría también EE. UU.).

Lo irónico de todo es que los Grandes Medios Occidentales que mucho antes vendían a estos grupos como “terroristas”, ahora se venden como fuerzas “rebeldes” o “revolucionarias”; incluso ahora venden a su líder como un líder “moderado”, para de alguna forma sentir cierta simpatía por haber sacado al “dictador” Bashar al-Assad de Siria.

Los Grandes Medios Occidentales sabían de antemano que su líder Al Jawlani estuvo en Al Qaeda, ISIS, Jabhat al-Nusra y que EE. UU. todavía ofrece una recompensa de 10 millones de dólares por su captura.

O sea, estamos ante una fuerza “rebelde” (Hayat Tahrir al-Sham) que tiene su origen en Al Qaeda, bajo el nombre de Jabhat al-Nusra. Y que más encima, el que fuera líder de ISIS o Estado Islámico, Abu Bakr al-Baghdadi, participó en su creación.

Hay muchas interrogantes que con el tiempo podrán esclarecerse.
¿Una toma del poder sin armas pesadas, únicamente con armas ligeras y camionetas? ¿Una toma del poder con nula o débil resistencia siria?

¿Estamos ante un fracaso significativo de la política exterior rusa?
¿Serán atacadas en algún momento las bases militares rusas instaladas en Siria? ¿Cuál será el futuro de las bases militares rusas asentadas en Siria? ¿Por cuánto tiempo se podrá “garantizar la seguridad” (por parte de los “rebeldes” sirios) de las bases militares rusas y sus instituciones diplomáticas en Siria?

Todavía no se puede calcular las consecuencias geopolíticas que habrán en la región tras la caída de Siria en manos de los grupos terroristas.

La caída de Bashar al-Assad en Siria es un duro golpe a la resistencia contra Israel en la región. E indudablemente Israel será el más beneficiado.

Una Siria que ya no será anti-imperialista, ni anti-sionista, nos puede dar una idea de lo que habrá de significar para los movimientos de resistencia tales como el Hezbollah en el Líbano y Hamas en Gaza (Palestina).

No hay que olvidar que Siria era el puente que había entre Irán y las resistencias del Hezbollah y Hamas.

¿EE. UU., Israel, Turquía, Gran Bretaña, prestarán “ayuda” al nuevo gobierno que se forme en Siria?
¿EE. UU. retirará la recompensa por la captura de Al Jawlani, líder de los “rebeldes”?

Donald Trump, el nuevo presidente de EE. UU. que está pronto a asumir, ha declarado que EE. UU. no debería tener nada que ver con lo que está aconteciendo en Siria. Y aún así, la presente administración ha llevado a cabo una “docena de ataques aéreos de precisión” contra campamentos de ISIS en el centro de Siria, como lo ha informado, ahora último, las Fuerzas del Comando Central de EE. UU. (CENTCOM).
Incluso Joe Biden, presidente saliente de EE. UU., señaló que EE. UU. “trabajará con todos los grupos en Siria”, e incluso a través de un proceso liderado por la ONU, como garantía para la transición del poder.

¿Estamos ante un simulacro de lo que podría pasar en Ucrania con aquello de “congelar” el conflicto?
¿Podría ser Siria un punto clave, a largo plazo, para el paso de gasoductos que puedan llegar a Europa, desde el Golfo Pérsico?

¿Qué posibilidades reales podría tener Siria de terminar balcanizada?
¿Podrían aparecer nuevos grupos “rebeldes” que se quieran disputar el poder en Siria?
¿El nuevo gobierno que se forme en Siria tendrá que tener ayuda o relaciones con otros países para hacer andar su economía? ¿Qué países podrían ir en su ayuda?

Ya se está informando de una “escasez aguda de medicamentos”… ¿Qué otras cosas podrían escasear? Todo está por verse.

Pero Rusia debe tomar nota de lo que está ocurriendo: no se puede “congelar” ningún conflicto.

Níkolas Stolpkin

Columnista EP New York

Análisis internacional – Geopolítica – Crítica – Opinión – Pensamiento

https://stolpkin.net/@NStolpkin
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