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Colombia

Seguridad pública y cultivos de coca , han empeorado notablemente en Colombia: General Barrera

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ENTREVISTA AL GENERAL JAIME RUIZ BARRERA, MILITAR COLOMBIANO Y ANALISTA


“Uribe reconoció el error que supuso suprimir el Fuero Militar porque en la práctica suponía el fin de la jurisdicción penal militar, tal como sucedió finalmente”.

“Se ha producido una alianza entre algunos sectores del régimen venezolano y el narcotráfico, junto con las FARC, para producir, comercializar y exportar la cocaína hacia otros países del mundo”.

“El estado de la seguridad pública ha empeorado notablemente en Colombia”.

“Soy muy pesimista acerca de la posibilidad de un acuerdo con el Ejército de Liberación Nacional; son condiciones que no pueden ser asumidas por el gobierno colombiano”.

“Las FARC, evidentemente, incumplieron su parte, mientras que el gobierno gastó ingentes recursos en una implementación de los acuerdos de difícil cumplimiento, dejando una pésima herencia al nuevo gobierno del presidente Duque”.


por Ricardo Angoso

ricky.angoso@gmail.com

@ricardoangoso


El general Jaime Ruiz Barreras, con una larga experiencia en la milicia a sus espaldas, es el presidente de la Asociación Colombiana de Oficiales en la Reserva (ACORE). Hombre de ideas claras y principios firmes, siempre ha tenido serias dudas acerca del procedimiento y la forma en que se negoció el proceso de paz en Colombia. En esta entrevista, realizada recientemente en Bogotá, analiza los últimos acontecimientos vividos en el país y las expectativas con respecto a las negociaciones con otros grupos terroristas, como el ELN. También examina el incremento de los cultivos ilícitos de coca.

Ricardo Angoso:¿Cómo ha quedado la Justicia Especial para la Paz (JEP) tras los últimos cambios legislativos que se efectuaron?

Jaime Ruiz Barrera: Desde el punto de vista institucional, la JEP ha sido motivo de preocupación permanente, por razón de la seguridad jurídica, para los miembros de la Fuerza Pública que se vieron implicados en hechos que sucedieron durante el conflicto armado en Colombia. En este momento, la JEP, que está basada en lo que fue la justicia transicional, es un instrumento que aceptamos y entendimos dentro del sistema penal y lo único que exigimos en su momento es que nos dieran un tratamiento especial y diferenciado para no caer en el mismo saco que los terroristas y ser puestos al mismo nivel que los integrantes de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), un grupo terrorista como todo el mundo sabe.

En estas condiciones, desde el punto de vista de la seguridad jurídica, entendimos que era una fórmula aplicable y nuestra gran frustración vino cuando nos sentimos engañados por el gobierno, en el sentido que el Jefe de Estado, el presidente Juan Manuel Santos, nos había garantizado la seguridad jurídica y lo que ocurrió no fue así porque los magistrados que se eligieron para la JEP y que estaban destinados a juzgar a la Fuerza Pública eran poco fiables. El 50% de los designados procedían claramente de la extrema izquierda y el problema no eran sus ideas, sino que eran activistas radicales que profesaban esa ideología públicamente y con antecedentes claros de detractores de las Fuerzas Armadas, incluyendo aquí su participación en procesos como miembros de las fuerzas militares. Se generaron así una serie de conflictos que nosotros denunciamos en su momento y formulamos los reparos oportunamente, no siendo atendidos por el gobierno de entonces. Ese fue el gran engaño al que fuimos sometidos. Otro asunto que se nos trató de incluir fue el famoso artículo 28 del Estatuto de Roma, artículo no aceptado en muchas partes del mundo y que atentaba directamente contra nuestra carta política, la Constitución de la República. Sin embargo, lo descubrimos a tiempo ese asunto y conseguimos que se hicieran algunas modificaciones. Ese fue el gran engaño que sufrimos y el gran rechazo que manifestamos hacia algunos aspectos relativos a la JEP.

R.A.:¿Cree que usted que en Colombia se pueden dar situaciones parecidas a las de Argentinas y otros países, donde los militares han sido procesados, condenados y pagan cárceles?

J.R.B.:El instrumento como tal para justicia me parece válido, y no pongo objeciones al mismo, pero para mí el problema reside en quienes lo van a aplicar. El gran rechazo por parte de las institución armada, tiene más que ver con los responsables que finalmente ejecutarán la JEP que con la JEP en sí misma, esa nuestra posición oficial y así lo hemos explicado en las instancias en las que fuimos llamados. Nosotros, entonces, vimos que la JEP nos parecía como dar un salto al vacío y desde las reservas hubo una serie de contactos con algunas fuerzas políticas presentes en el legislativo colombiano, viendo que había una buena conexión y que compartíamos casi el mismo discurso. Así conseguimos que algunos impedimentos que nosotros teníamos con respecto a la JEP fueran recogidas y aceptadas por varios grupos políticos. Eso se aprobó en el Congreso y en estos momentos este asunto está inmerso en una revisión constitucional. Si estas sugerencias presentadas por nosotros son aceptadas por la Corte Constitucional, entonces se aplicarían de inmediato y significaría que el 50% de los magistrados de la JEP tendrían que dejar sus cargos. En esas condiciones, claro está, los miembros de la Fuerza Pública tendrían unas mejores condiciones y recuperarían la confianza en esa institución.

EXPECTATIVAS ANTE EL NUEVO GOBIERNO

R.A.:¿Qué expectativas tiene sobre el manejo de los asuntos militares con respecto al presidente Iván Duque, cree que cometerá errores parecidos a los Uribe cuando quitó el Fuero Militar?

J.R.B.:Efectivamente, fue así, como usted dice, y nosotros lo discutimos abiertamente con el presidente Uribe y él reconoció su error, pidiendo en su momento a su ministro de Defensa, Camilo Ospina, que viniera a Acore y diera sus explicaciones, porque Uribe también se sentía engañado. Uribe reconoció el error que supuso suprimir el Fuero Militar porque en la práctica suponía el fin de la jurisdicción penal militar, tal como sucedió finalmente. Ahora, sin embargo, el presidente Duque ha hablado de recuperar la justicia penal militar y recuperar ese Fuero Militar, asimismo considera que, al igual que muchos países democráticos del mundo, en Colombia debe ocurrir algo similar, en el sentido de recuperar ese trato especial a los miembros de la Fuerza Pública. Así lo ha prometido y esperemos que cumpla con esas promesas durante su mandato presidencial.

R.A.:¿Qué balance hace del presidente Santos aparte del proceso de paz?

J.R.B.:Sobre este tema tenemos suficiente información de lo que ha acontecido y tenemos distintas fuentes para analizar el asunto en profundidad que nos han confirmado el gran engaño de que, finalmente, lo que se anunció no es lo que es realmente se firmó. Las FARC, evidentemente, incumplieron su parte, mientras que el gobierno gastos ingentes recursos en una implementación de los acuerdos de difícil cumplimiento, dejando una pésima herencia al nuevo gobierno del presidente Duque. Fuentes muy serias y competentes con las que nos  hemos reunido últimamente, como las Naciones Unidas, coinciden con nosotros, en el sentido de que una buena parte de los acuerdos firmados en la práctica no han sido aplicados. Las Naciones Unidas, incluso, nos han constatado que muchos de los que abandonaron las armas se han unido a lo que ahora se llaman como “disidencias de las FARC”, abandonando las zonas de concentración previstas en los Acuerdos de Paz de La Habana, y están en las misma actividad criminal. Los acuerdos, en definitiva, no se han cumplido y no han funcionado como estaba previsto.

AUMENTO DE LA INSEGURIDAD EN LAS CALLES COLOMBIANAS

R.A.:¿No le parece que los acuerdos de paz tampoco han tenido traducción inmediata en una mejora de la seguridad pública?


J.R.B.:Muchas fuentes aseguran que incluso los delitos se han incrementado exponencialmente en muchas partes del país, como en el Cauca, Catacumbo, Aracua, Putumayo, el Chocó y el Valle, por poner solamente algunos ejemplos. La criminalidad aumentó espectacularmente en estos años y así me lo han hecho saber muchas fuentes. Y me consta.  El gobierno saliente, el de Santos, ha tratado de maquillar las cifras sobre la criminalidad en el país, pero la situación es muy preocupante y los delitos de todo tipo aumentaron en estos últimos años. Se requieren acciones inmediatas, tal como le hemos planteado al presidente Duque, y como primera medida, creo, se debe aumentar el pie de fuerza, tanto de la Policía Nacional como de las Fuerzas Armadas en general porque si no se seguirá desbordando esta criminalidad hasta niveles insoportables para el país.

R.A.:¿Cree que en Colombia se debería separar la Policía Nacional de la estructura general de las Fuerzas Armadas?

J.R.B.:La experiencia nuestra, tras tantos años de conflictos, nos permite dar una respuesta clara y contundente: no. No se debe hacer esa separación por la que preguntas. Es más, muchos países y expertos internacionales que han venido hasta Colombia  han asegurado que la interacción entre nuestras militares y la Policía Nacional ha sido positiva para el país, ha sido la mejor de las soluciones ante los problemas que teníamos y que ha funcionado bien. Actuamos coordinadamente en equipo y en conjunto dando buenos resultados.

La Policía Nacional nuestra requiere capacidad para entrar en combate porque hace frente a bandas y grupos criminales muy potentes y bien organizados. Tenga en cuenta que la Policía Nacional, en el sentido tradicional que la entendemos como fuerza para actuar en áreas urbanas, no tendría esa capacidad necesaria para hacer frente a esos grupos ilegales y entrar en combate cuando la situación así lo requiera. Necesitamos fuerzas con alto nivel de operatividad y con medios efectivos para hacer frente a los desafíos que tenemos. Por fortuna, esa coordinación y unidad de mando se ha mantenido y ojalá siga así por mucho tiempo, pese a que las FARC en las negociaciones de La Habana intentaron buscar esa separación, aunque finalmente no lo lograron por suerte para todos los colombianos.

EL AUMENTO DE LOS CULTIVOS DE COCA

R.A.:¿A que se ha debido ese aumento en las hectáreas de cultivo de cocaína en todo el país?

J.R.B.:La gran demanda, obviamente, genera que los precios de este producto se disparen y cuando se disparan, el negocio mejora y aumenta. Luego las organizaciones como las FARC recurrieron a este negocio para obtener dividendos y el sistema lo han perfeccionado hasta construir toda una estructura criminal que, incluso, cuenta con la ayuda del exterior, como es el caso claro de Venezuela. Se ha producido una alianza entre algunos sectores del régimen venezolano y el narcotráfico, junto con las FARC, para producir, comercializar y exportar la cocaína hacia otros países del mundo. El caso venezolano es absolutamente oprobioso, ya que no solo participa en el comercio ilegal sino que también protege a los líderes de las FARC que están en el negocio ilícito del tráfico de drogas.

Este problema del narcotráfico, además, está muy ligado al aumento de la criminalidad y la inseguridad en muchas partes del país. Muchos líderes sociales han sido asesinados por tener intereses encontrados con los que mueven el negocio de la droga. Mientras no se controle el narcotráfico en el país, mientras no se erradique este flagelo, la criminalidad y la inseguridad pública seguirán siendo la tónica dominante en el país. Ese fenómeno creciente de los cultivos de coca es preocupante y vincula a miles de personas, algo que tendrá que enfrentar el nuevo gobierno si de veras quiere atajar la criminalidad.

R.A.:¿Qué noticias tiene de las disidencias de las FARC?

J.R.B.:En una reunión con las Naciones Unidas hace un año se hablaba de entre 1.200 a 1.500 pero lo cierto es que esas “disidencias” de las FARC han ido creciendo y por ahora han ido conformando hasta unos 19 grupos y actúan por ahora desarticuladamente pero seguramente con la intención final de crear un mando unificado. Creo que si no se les ataca de frente y duramente, este problema irá a más y acabará convirtiéndose en una amenaza real a la seguridad del Estado.

R.A.:¿Qué perspectivas tiene con respecto al proceso de paz tan cuestionado por muchos?

J.R.B.:Este asunto lo hemos discutido mucho y abiertamente en la reserva activa y tenemos mucha información pero también preocupación. Hemos seguido las negociaciones entre el gobierno saliente y las FARC, llegando a la conclusión de que ha sido un total fracaso el tal proceso de paz. Las razones por las que ha fracasado son debidas, en primer lugar, porque las FARC  han venido actuando sin unidad de mando ni teniendo el control sobre sus fuerzas. Los que actuaron como negociadores son unos representantes que no tienen la autoridad para tomar decisiones sobre lo que se acuerde o, finalmente, se llegue a pactar. Cada cuadrilla o los frentes, como ellos se llaman, tiene sus propios intereses, cada uno dedicado a acciones ilegales específicas y diferenciadas con respecto a los otros, bien sea en el narcotráfico, en la actividad delictiva urbana o en la minería ilegal, dependiendo al “negocio” en el que estén metidos. Son grupos que actúan dispersamente y muchas veces fuera del control del mando.

R.A.:¿Qué pasará con el proceso en ciernes de negociación con el Ejército de Liberación Nacional (ELN)?

J.R.B.:Con respecto al ELN, el presidente entrante Duque ya ha dicho que escuchará a la Iglesia Católica y a las Naciones Unidas, que ya escucharon y estuvieron en contacto con esta organización terrorista, para saber en qué punto está el asunto y que es lo quiere este grupo. Ambas instituciones llevan mucho tiempo en contacto con el ELN. Pero Duque ya advirtió que hay ponerle términos a esas negociaciones y un sistema de verificación de lo que se pueda acordar. Después, el ELN, a través de uno de sus voceros que responde con alias de “Pablito”, que dicho sea de paso es uno de los más radicales de esta organización, que no aceptan precondiciones previas. Con lo cual, mi conclusión es que será muy difícil llegar a acuerdos porque tienen posiciones muy radicales. Están amenazando claramente al presidente Duque de que está en la disyuntiva de paz o guerra, así de claro. Son impositivos y están poniendo al país ante un ultimátum que el presidente Duque creo que no lo puede aceptar, es decir, me muestro pesimista con respecto a un proceso de negociación con este grupo.


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Agencias

Siglos después, en un palacio moderno, un presidente con ínfulas de cruzado decidió reencauchar una idea.

Francisco

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EP FLORIDA NEWS | ANÁLISIS POLÍTICO

Por Gabriel Ángel Ardila | Colombia

El presidente y sus molinos delirantes que mueven a buenos titulares

 

En la Edad Media, un héroe ingenioso levantó molinos de viento para que el pueblo tuviera pan. Sus aspas giraban con noble propósito: harina para la mesa, progreso para la aldea.

Hoy, en cambio, un presidente “genial” se sube al escenario con casco de conquistador y proclama:

—¡Molinos inteligentes! ¡La sustitución energética será nuestra cruzada!

Aplauden los asesores como si acabara de descubrir el fuego, mientras los molinos modernos no muelen trigo, sino titulares. Cada aspa gira con discursos reciclados, diseñados para tapar sus metidas de pata con Trump y sus otros enredos.

El pueblo, incrédulo, observa:

Los campesinos preguntan si de esos molinos saldrá pan o solo promesas.

Los comerciantes calculan si la energía “inteligente” servirá para encender la nevera o solo para iluminar la propaganda.

Los cronistas anotan que la “reconquista de Venezuela descremada” suena más a menú de cafetería que a estrategia geopolítica.

Mientras tanto, el visionario se pasea con aire de caballero medieval, convencido de que lucha contra gigantes. Pero los únicos gigantes son sus propios errores, disfrazados de molinos que giran al ritmo del viento de la demagogia.

Y así, entre aspas de cartón y discursos inflados, el reino descubre que los molinos del héroe medieval daban pan… (y los coristas piden queso y piden pan) y los soplos de ese lunático solo dan risa.

El héroe medieval que inventa molinos de viento evoca la imagen de la innovación como símbolo de progreso, pero también de ilusiones quijotescas: la lucha contra gigantes que en realidad son molinos. Al traerlo al presente, se evidencia un contraste entre la verdadera creatividad transformadora y el uso político de símbolos energéticos para distraer de problemas más profundos.

En un reino medieval, un héroe visionario levantó molinos de viento para que el pueblo tuviera pan sin depender de los caprichos del clima. Sus aspas giraban con noble propósito: transformar la fuerza invisible del aire en harina tangible, alimento para todos. Era un invento que hacía historia, un símbolo de ingenio y progreso.

Siglos después, en un palacio moderno, un presidente con ínfulas de cruzado decidió reencauchar la idea. “¡Molinos inteligentes!”, proclamó, mientras señalaba maqueta tras maqueta en conferencias televisadas. No eran molinos para dar pan, sino para dar titulares. Cada aspa giraba no con viento, sino con discursos huecos, diseñados para distraer de sus tropiezos con Trump y otros enredos diplomáticos.

Oh, y ahora ¿quién podrá asustarnos?

 

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Agencias

Reunión Trump vs Petro , más allá de la retórica

Francisco

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EP FLORIDA NEWS | ANÁLISIS POLÍTICO

¿Qué interesa de Colombia
en su relación con USA?

Por GABRIEL ÁNGEL ARDILA

Poco o nada: atrás quedaron los mejores momentos de la relación bilateral, cuando por algún motivo esta Nación suramericana le causaba inquietud a la de más arriba. El Plan Colombia (2000 en adelante), con inversión de EE. UU. por más de 10.000 millones de dólares en asistencia militar, económica y social, los resultados poco alentadores para ambos dejaron atrás el hecho histórico. Podría afirmarse que hoy no hay nada, distinto de la fobia por los cultivos ilícitos y la gigantesca cuota que desde ese suelo se hace al contrabando y comercio ilícito con narcóticos y otros agentes perturbadores.

Aunque polémico por el enfoque militar, aquél fue el momento de mayor cercanía y apoyo estratégico.

Aunque hubo momentos de cooperación en la Segunda Guerra Mundial y la Guerra de Corea, el punto más alto de la relación fue el Plan Colombia, que transformó la alianza en una asociación estratégica de largo plazo. Desde entonces, la relación se ha diversificado hacia comercio, medio ambiente y migración, mostrando que, pese al trauma del “I took Panama”, ambos países lograron construir una alianza sólida.

El futuro inmediato de la relación bilateral estará marcado por pragmatismo y resultados medibles. Para Colombia, esto significa que el apoyo estadounidense dependerá de avances verificables en seguridad, migración y transición energética.

Hubo en algún tiempo, incluyendo las décadas del 60-a los 90 del siglo pasado pasando por la también célebre cooperación de la era Kennedy, de “alti – bajos”. La mirada sobre esos años muestra que la relación pasó de un enfoque de desarrollo social (Kennedy, Alianza para el Progreso) a uno de seguridad y control (años 80, narcotráfico).

En ese tránsito, Colombia se consolidó como aliado confiable, aunque muchas de las promesas de desarrollo quedaron truncas.

Para los años que corrieron del presente siglo, hay poco qué rescatar en esa relación bilateral. De modo que para los Estados Unidos de norteamérica, Colombia no significa prácticamente nada diferente a las preocupaciones por los negocios ilícitos.

Presenciamos durante el principio de los años 80 una amabilidad “expectante”, llena de viajeros con buenos propósitos académicos o de conquista del sueño americano. Vimos desde los bancos de varias universidades a donde nos invitaron y fuimos bien venidos, bien atendidos y hasta valorados en ejercicio académico, esa curiosidad del gringo por saber si estos vecinos en verdad serviríamos para algo. Nos capacitaron para descubrir sendas de desarrollo. Pero todo quedó en esfuerzos aislados.

El balance es pobrísimo: Se ha abandonado la investigación, se desprecia el aporte científico de muchos profesionales calificados en distintas materias y el país se empobreció mucho más con incursiones politiqueras de muy baja calificación. Ganaron los vociferantes, los de megáfono en mano, para destruir lo poco que estaba construido.

A eso va un presidente con su carga de frases grandilocuentes, alegador profesional, armado con escudos tan poderosos como los del Chapulín colorado. ¿Qué nos espera entonces?

 

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Articulos Destacados

40 años de la desaparición de Armero

Francisco

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EP NEW YORK | FLORIDA NEWS

Armero , 40 años de una historia difícil de contar.

Por Gustavo Lugo

Miles de personas se reunieron en el campo santo de Armero, para recordar a las víctimas de La tragedia de Armero que fue un desastre natural producto de la erupción del Volcan Nevado Del Ruiz el miércoles 13 de noviembre de 1985, que afectó a los departamentos de Caldas y Tolima en Colombia.

Tras sesenta y nueve años de inactividad, la erupción tomó por sorpresa a los poblados cercanos, a pesar de advertencias realizadas por parte de múltiples organismos y vulcanólogos, los cuales habían reportado indicios de actividad volcánica desde diciembre de 1984.

Los flujos piroclásticos emitidos por el crater del volcan fundieron cerca del 10 % del glaciar  de la montaña, enviando cuatro lahares flujos de lodo, tierra y escombros productos de la actividad volcánica, que descendieron por las laderas del Nevado a 60 km/h . Los lahares aumentaron su velocidad en los barrancos y faldas cercanos y se encaminaron hacia los cauces de los seis ríos que nacían en el volcán.

La población de Armero, ubicada a poco menos de 50 km del volcán, fue destruida por dichos lahares, muriendo 25.000 personas de sus 29.000 habitantes.

Los esfuerzos de rescate fueron obstaculizados por el lodo, que hacía casi imposible el moverse sin quedar atrapado. Para el momento en el que los rescatistas alcanzaron Armero, doce horas después de la erupción, muchas de las víctimas con heridas graves ya habían muerto. Alrededor del mundo se publicaron tomas de vídeo y fotografías de Omayra Sanchez (la niña de Armero como se le llama ahora), una adolescente víctima de la tragedia, que estuvo atrapada durante tres días hasta que finalmente falleció. Fotografías, videos y relatos del impacto del desastre llamaron la atención de la opinión pública  e iniciaron una controversia sobre el grado de responsabilidad del gobierno colombiano  en la catástrofe.

Esta fue la segunda erupción volcánica más mortífera del siglo XX, superada solo por la erupcion del monte pelee en 1902, y el cuarto evento volcánico más mortífero desde el año 1500. Fue una catástrofe previsible, exacerbada por el desconocimiento de la violenta historia del volcán, pues geólogos y otros expertos habían advertido a las autoridades y a los medios de comunicación sobre el peligro durante las semanas previas a la tragedia. Se prepararon mapas de riesgo para las inmediaciones, pero fueron escasamente difundidos. El día de la erupción se llevaron a cabo varios intentos de evacuación pero debido a una tormenta las comunicaciones se vieron restringidas.

Con escasa información sobre el riesgo de una erupción, muchas de las víctimas se mantuvieron en sus hogares, temerosas de que sus viviendas pudieran ser saqueadas por delincuentes en caso de evacuarlas. El ruido de la tormenta pudo haber impedido que muchos escucharan el sonido proveniente del Ruiz.

El Nevado del Ruiz ha hecho erupción en varias ocasiones desde el desastre y continúa siendo una amenaza para las más de 500 000 personas que viven a lo largo de los valles de los ríos Combeima, Chinchiná, Coello-Toche y Guali, Un lahar (o un grupo de lahares) similar en tamaño al de 1985 puede ser iniciado por una erupción relativamente pequeña y podría viajar hasta cien kilómetros desde el volcán. Una erupción lo suficientemente grande puede llegar a afectar con caída de ceniza a Bogota la capital del país.

Para combatir esta amenaza, el Gobierno colombiano creó la Dirección de Prevención y Atención de Desastres un ente especializado encargado de concienciar a la población sobre las amenazas naturales.

El Servicio Geológico de Estados Unidos creó también el Programa de Asistencia en Desastres Volcánicos y el Equipo de Asistencia en Crisis Volcánicas, los cuales evacuaron a cerca de 75 000 personas del área cercana al monte Pinatubo antes de la erupción de 1991. Adicionalmente, varias ciudades de Colombia cuentan con programas propios para crear conciencia frente a los desastres naturales. A su vez, el Servicio Geologico Colombiano (anteriormente Ingeominas) realiza el estudio de los riesgos de origen geológicos en el país.

Los residentes cercanos al Nevado del Ruiz son cautelosos frente a la actividad volcánica; cuando se presentó una nueva erupción en 1989, más de 2300 personas que vivían en las inmediaciones del volcán fueron evacuadas.

El fatídico 13 de noviembre

Al rededor de las 10 pm del 13 de noviembre de 1985 el Nevado del Ruiz erupcionó, expulsando tefra dacitica a más de 30 km de altura en la atmósfera, La erupción alcanzó un 3 en el indice de explosividad volcanica, <span;>La masa de dióxido de azufre expulsada en la erupción fue de aproximadamente 700 000 toneladas.

La erupción produjo flujos piroclásticos que fundieron la nieve y el glaciar de la cima del volcán, generando cuatro lahares que descendieron por los valles de los ríos en los flancos del volcán,destruyendo un pequeño lago que había sido observado en el cráter Arenas, varios meses antes de la erupción. 
El agua de tales lagos suele ser extremadamente salada y puede contener gases volcánicos disueltos. El agua caliente y ácida del lago aceleró la fusión del hielo, un efecto confirmado por la alta concentración de sulfatos y cloruros encontrados en el lahar.

Sobrevivientes de Armero recuerdan la noche como “tranquila”. La Ceniza Volcanica había caído a lo largo del día, pero se les informó a los pobladores que no había nada de qué preocuparse. 

Al caer la tarde, tras un largo periodo de calma, la ceniza volvió a caer. Las estaciones de radio locales reportaban que la ceniza debía ser ignorada y que los residentes debían permanecer en calma, limitándose a recomendar el uso de tapabocas a modo de protección frente a la ceniza. Un sobreviviente afirmó haber ido a la estación de bomberos y allí le informaron que la ceniza “no era nada”.

​La destrucción en Armero fue absoluta, con la práctica totalidad de su cabecera urbana arrasada por completo; la zona rural también se vio perjudicada, y gran parte de las zonas tradicionales de cultivos de Armero quedaron inutilizables. La pérdida de vidas fue exacerbada por la falta de un marco de tiempo preciso para la erupción y por la renuencia de las autoridades locales a la hora de tomar costosas medidas preventivas sin signos claros de peligro inminente.​ 

Debido a que su última erupción de importancia había ocurrido 140 años atrás, en 1845, era difícil para muchos aceptar el peligro del volcán; los pobladores locales incluso le llamaban el “León durmiente”.​

Armero era conocida como la “ciudad blanca” debido a los cultivos de arroz y algodón que se producían. Algunos de los lugares más emblemáticos del municipio eran la plaza, la Iglesia de San Lorenzo, el Parque los Fundadores, la Casa Cultural, la sede de Radio y la Caja Agraria.

Han pasado cuatro decadas y la mayoria de los Armeritas viven en Armero Guayabal.

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