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Ante la crisis ,hay que iniciar un proceso urgente de reconstrucción social y económica en Colombia

Francisco

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EP New York/ opinión 

HACE FALTA OTRA COLOMBIA

por Ricardo Angoso

La reconstrucción económica del país, tras las graves secuelas sociales dejadas por la pandemia y la inútil cuarentena decretada por el presidente Iván Duque, es absolutamente necesaria, pero también habrá que impulsar un nuevo proyecto nacional sobre otras bases sociales, éticas y morales. 

También es urgente una reforma política, que implique una redefinición del país de una forma más inclusiva, y una efectiva cruzada contra la corrupción, la principal lacra de un país anclado en el pasado a merced de una casta política inescrupulosa  y viciada por un sistema casi colonial de conducir a la nación.

El regreso a la nueva normalidad de Colombia tras los graves daños causados por el tsunami de la pandemia provocada por el covid-19 está resultando mucho más complejo, traumático y conflictivo de lo que se esperaba, sobre todo debido a las violentas protestas acontecidas en los últimos días debido a la muerte de un joven abogado en un nuevo caso de violencia policial. La tensión y crispación social se hicieron evidentes, sobre todo entre los más jóvenes, después de uno de los confinamientos más largos (y fallidos) de la historia y que ha provocado, quizá por ineptitud y mal asesoramiento, una grave crisis social y económica que ahondará aún más la brecha entre los estratos más vulnerables de la sociedad y los más pudientes.

La respuesta a este malestar creciente, que se ha manifestado claramente en la virulencia de las manifestaciones y en la escasa favorabilidad de la clase política colombiana, no puede ser solamente en clave militar y policial, utilizando la violencia como único argumento y sin ahondar en las razones de este auténtico divorcio entre gobernantes y gobernados, entre el poder político y una sociedad que demanda cambios.

Sin justificar en ningún caso la violencia contra los miembros de los cuerpos de la seguridad y orden público y el vandalismo -práctica bastante arraigada en la forma de entender la protesta pública en Colombia-, hay que señalar que el país, tras un casi un año paralizado y confinado en una cuarentena absurda, estúpida y fracasada, era una olla a presión destinada a estallar, tal como sucedió y nadie supo prever. Digo cuarentena absurda, estúpida y fracasada porque nunca dio los resultados esperados y, lejos de evitar la propagación del covid-19, convirtió a Colombia en el quinto país con más casos y fallecidos del mundo, un gran “éxito” para su presidente y un despropósito inexplicable que ha destruido la economía nacional quizá por lustros.

DUQUE, CENTRADO EN LOS MAS RICOS, ALEJADO DE LOS MAS VULNERABLES

Pese a todo, el presidente Duque no ha puesto en marcha un programa de reconstrucción nacional con el foco puesto en los asuntos sociales y económicos, sino que ha practicado la política de avestruz escondiendo la cabeza ante los acuciantes problemas, como los asesinatos de los líderes sociales en el territorio colombiano, los excesos policiales -eufemismo que encubre lo que es realmente: brutalidad policial-, la destrucción de millones de empleos y el hambre y la miseria generadas por su inútil confinamiento.

Si de veras el presidente Duque quiere enderezar el rumbo de la nave y responder a las demandas reales de los ciudadanos, debería ponerse manos a la obra e iniciar un proceso de reconstrucción social y económica, atendiendo a los más vulnerables y no dando cheques a los más ricos, como ha hecho recientemente con la entrega de un cheque de 370 millones de dólares a Avianca, puesto en entredicho por la justicia y finalmente denegado, todo hay que decirlo. 

Por ejemplo, el presidente Duque, en lugar de perderse en inexplicables e ininteligibles datos económicos, debería de poner medidas prácticas, como la eliminación de determinados impuestos impopulares, como el predial al menos por este periodo,  la cancelación los préstamos gravosos por un año en todas las entidades financieras del país y la reducción de los precios de todos los servicios públicos, como agua, luz y gas, y combustibles, y verá como se puede atenuar esta tensión social y la intensidad de la crispación se irá reduciendo paulatinamente.

En lugar de bajar a la calle y escuchar a sus gentes, el presidente Duque atiende a los grandes gremios, se reúne con los grandes empresarios, desoye el mensaje de los más necesitados, envía más refuerzos policiales e incluso militares contra las protestas y elude las grandes reformas que el país necesita, como la puesta en marcha de un verdadero programa de transformación de la educación y la salud, que son los dos vectores que diferencian a un  país desarrollado de uno subdesarrollado. No estoy hablando de una revolución política en clave marxista, sino de pasar del pasado colonial a la modernidad, poniendo en marcha una educación de calidad de carácter universal, gratuita, pública e integradora a la que tengan acceso todos los ciudadanos sin cortapisas de carácter económico.

No puede ser posible que el derecho a la educación de calidad siga siendo en Colombia la frontera que marca las distancias entre los más ricos y los más pobres, entre los que tienen acceso al mercado laboral de primera y a los que tienen que engrosar, necesariamente, las filas de la informalidad y, casi me atrevería a decir,  de la pobreza. Como dice el escritor Mario Vargas Llosa, “hace falta al mismo tiempo una verdadera igualdad de oportunidades que sólo puede ofrecer una educación pública de altísimo nivel, que garantice, en cada generación, un punto de partida uniforme”, algo absolutamente inexistente en la sociedad colombiana de hoy.

Por no hablar del derecho a  la salud pública, ese pilar fundamental en cualquier Estado social y de derecho  que se precie como tal, y que en Colombia fue dejado en manos de la empresa privada, más concretamente bajo el control de unas empresas denominadas EPS absolutamente vampirescas y con más afán de lucro que de servicio público. Nuestro país sigue siendo uno de los pocos países del mundo sin un verdadero servicio de salud pública ni vocación de la misma, debido, en parte, a que las élites siguen pensando que la salud se resuelve a base de talonario y tarjeta de crédito sin pensar en los millones de personas carentes del acceso a la misma.  Hace falta un replanteamiento total del sistema de salud, y no es un tema ni de derechas ni de izquierdas, sino que atañe a un proyecto nacional inconcluso y que debe abordarse necesariamente sin más dilación, tal como ha puesto sobre la mesa la reciente pandemia que afectó a todos los estratos sociales por igual.

LA CORRUPCION, ASUNTO CENTRAL Y CAPITAL DE LA AGENDA POLITICA

Para ir concluyendo, y a este cuadro de auténticos desafíos que tiene ante sí la nación colombiana, no podríamos dejar de lado a la corrupción, quizá el mayor cáncer de América Latina y el factor que me atrevería decir que, casi con toda seguridad, ha imposibilitado el verdadero desarrollo de Colombia en los últimos dos siglos, sumida en un marasmo de ineptitud, soberbia institucional frente a su pueblo, desprecio hacia sus ciudadanos y  saqueo generalizado de sus menguadas arcas pública, puestas al servicio de los espurios intereses personales de una oligarquía y no en aras del bienestar general. 

Vargas Llosa, al referirse a este problema en un reciente artículo ya citado anteriormente, escribía:”¿Es fácil seguir el modelo alemán? No lo es y, por eso, muchos países que quisieran ser prósperos no pueden continuar sus pasos. ¿Cuál es el problema? Básicamente, la corrupción. Es el caso de América Latina, sin duda. La corrupción está tan profundamente arraigada en sus gobiernos, roban tanto sus ministros y funcionarios y el robar es una práctica tan extendida en casi todos los Estados, que es del todo imposible establecer una economía de mercado que funcione de verdad y haya una competencia seria y genuina en su seno”.

Colombia se encuentra entre esos países que, al día de hoy, no ha podido ganar la batalla contra la corrupción. Parafraseando a un secretario general del partido comunista chino de antaño, o Colombia acaba con la corrupción o la corrupción acabará con Colombia. Esos son, a modo de breve catálogo, los grandes desafíos que tiene el país tras la pandemia, pero habría muchos más asuntos a los que referirse, tales como la justicia, la vivienda y el desarrollo de una verdadero sistema de infraestructuras, pero hemos querido insistir en las tareas mínimas que tiene ante sí el presidente Duque en un momento decisivo para nuestra nación. 

El presidente debe rectificar y ejecutar una verdadera agenda social absolutamente necesaria porque, si no lo hace, habrá quien sabrá sacar provecho de la gravísima situación social por la que atraviesa el país y conducir al mismo hacia un abismo similar al que ya padecen otros de la región -por ejemplo, Venezuela-. Y las élite colombiana, mejor dicho su rancia y abyecta oligarquía, debería entender que sin esos necesarios cambios que ahora demanda una buena parte de la ciudadanía, a la que no le se escucha por los gritos enfurecidos de millones de desesperados condenados al hambre y la miseria por este inútil ejecutivo, debería entender que tendría que ejecutarlos no por el bienestar general, sino por su interés propio porque, de no hacerlo, algún día puede que se acuerden de ese viejo refrán castellano que dice que “cuando las barbas de tu vecino veas afeitar, pon las tuyas a remojar”. Ojalá aprendan la lección de Venezuela antes de que sea demasiado tarde. 


RICARDO ANGOSO GARCÍA / Coordinador del Foro Ideas para la Democracia:

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Agencias

jefe de la misión de observación electoral de la Unión Europea en Colombia, calificó el proceso electoral de “ordenado, tranquilo, transparente y fluido”.

Francisco

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EP FLORIDA NEWS | ELECCIONES COLOMBIA 2026

Las reñidas elecciones presidenciales de Colombia del domingo se encaminan a una segunda vuelta, con el avance de un candidato de extrema derecha, lo que podría anunciar una nueva victoria electoral de la ola de derecha que se está extendiendo por toda América Latina, según mostraron los resultados oficiales preliminares.

El candidato, Abelardo de la Espriella, se enfrentará ahora a Iván Cepeda, senador del partido de izquierda del presidente saliente del país, Gustavo Petro.

De la Espriella, cuyo ascenso se produjo a finales de la campaña, se asemeja a un nuevo tipo de líderes populistas llamativos de América Latina, como el salvadoreño Nayib Bukele, quien comparte el enfoque de línea dura del presidente Donald Trump frente a la delincuencia y ha prometido aplicarlo a los narcotraficantes.

Con más del 99 por ciento de los votos escrutados, los resultados publicados por el registro civil nacional revelaron un electorado dividido en dos. De la Espriella obtuvo el 44,73 por ciento de los votos y Cepeda el 40,91 por ciento. Como ninguno de los candidatos obtuvo más del 50 por ciento, se celebrará una segunda vuelta el 21 de junio.

El domingo por la noche, Petro cuestionó los resultados preliminares y dijo que no los aceptaría hasta que se completara el recuento oficial de votos. Cepeda, veterano defensor de los derechos humanos, obtuvo el apoyo de la amplia base del proyecto político de Petro, que ha intentado representar a las poblaciones pobres y marginadas que por mucho tiempo han quedado fuera de los salones del poder. Petro estaba limitado a un solo mandato presidencial.

El inesperado ascenso de De la Espriella desbarató lo que la clase política colombiana había creído que sería una victoria fácil para ellos frente a Cepeda. Paloma Valencia, senadora conservadora que contaba con el apoyo de algunos de los políticos más poderosos del país, solo obtuvo el domingo el 6,84 por ciento de los votos.

Los expertos afirman que los resultados son una sorprendente reprimenda a la clase dirigente conservadora que ha gobernado en gran medida Colombia, un país sudamericano diverso de 54 millones de habitantes, desde su independencia hace más de 200 años. Petro fue el primer dirigente político de izquierda de Colombia.

“Es la primera vez que el país se divide entre un bloque de izquierda y otro de derecha”, dijo María Jimena Duzán, destacada periodista de investigación y comentarista política colombiana. Con la elección del próximo líder de Colombia aún en el aire, se esperaba que los funcionarios de Washington siguieran de cerca la próxima ronda de votaciones.

El gobierno de Trump se ha esforzado por impulsar la ola de derecha en América Latina mientras busca aliados para su agresiva lucha contra los narcotraficantes.

De la Espriella, de 47 años, abogado que nunca ha ocupado un cargo público, subió en las encuestas en la recta final de la campaña presentándose como un <outsider< antisistema y avivando el temor a que la izquierda convierta a Colombia en Venezuela, el fallido Estado autoritario vecino.

También aprovechó la preocupación generalizada por la seguridad, prometiendo acabar con los grupos armados y las bandas que, según muchos colombianos, han hecho de la extorsión una parte real de sus vidas. En un aparente guiño al sistema penitenciario
de Bukele en El Salvador, De la Espriella prometió construir 10 prisiones de máxima seguridad en la selva.

Cepeda, de 63 años, es un firme aliado de Petro, quien se presentó con una plataforma de continuidad y la promesa de defender a las víctimas de los conflictos armados del país, así como a los pobres. Aunque los expertos dicen que Cepeda se benefició de la sólida base de la izquierda —y de un reciente y considerable aumento del salario mínimo—, no estaba claro si su personalidad reservada y sus discursos centrados en la política atraerían a los votantes como lo hizo la presencia galvanizadora de Petro.

“Petro abrió el camino para que alguien no carismático, como él, sino con una figura más profunda, pueda llegar”, dijo Eduardo Ayala, politólogo que asistió a un mitin de Cepeda en la capital, Bogotá.

Muchos de los partidarios de De la Espriella se hicieron eco de la afirmación de su candidato de que Cepeda sería más radical que Petro. “Sería un desastre”, dijo Klaudia Rincón, profesora de matemáticas de octavo grado en Barranquilla, la ciudad caribeña costera donde De la Espriella depositó su voto, mientras se dirigía a las urnas. “Comunismo total”.

Votantes, comentaristas y analistas coincidieron en que las elecciones no habían sido como ninguna otra que se recuerde.

La campaña de De la Espriella combinó el populismo a la antigua usanza con nuevas artimañas, como videos generados por inteligencia artificial que mostraban con realismo a sus rivales políticos conspirando contra él. Para eludir una norma que prohíbe llevar ropa de campaña a las urnas, se pidió a sus partidarios que vistieran la camiseta amarillo canario de la selección nacional de fútbol de Colombia.

Muchos votantes dijeron el domingo que, a pesar de la grandilocuencia de De la Espriella, les tranquilizaba su compañero de fórmula, José Manuel Restrepo, un experimentado economista que fue ministro de Hacienda del anterior presidente conservador, Iván Duque.

El voto de la derecha, que se dividió entre De la Espriella y Valencia, podría consolidarse en torno al candidato de extrema derecha en la segunda vuelta. Los expertos dijeron que los votantes centristas podrían inclinarse hacia la izquierda en la segunda vuelta, pero que Cepeda tendría que asegurarles que no nacionalizará industrias ni adoptará medidas de extrema izquierda que afecten a la economía.

Se enfrenta a una ardua batalla, no solo por el sentimiento antiizquierdista, sino por la decepción que existe en muchos sectores con Petro, cuyo mandato estuvo marcado por escándalos personales y gubernamentales y por un gasto desbocado que dejó una deuda de niveles propios de la era de la pandemia, dijeron los economistas.

En contienda con De la Espriella, se enfrenta a una figura llamativa que cautivó a un amplio número de seguidores con discursos virtuosos pronunciados desde una caja blindada, una mascota tigre y un eslogan pegadizo: “¡Firme por la Patria!”.

El espectáculo pareció eclipsar, para muchos, su falta de experiencia.

“Me parece que es un tipo inteligente”, dijo Silvia García, de 67 años, intérprete jubilada de conferencias internacionales, quien votó por el candidato en Barranquilla y predijo que construiría un gabinete fuerte.

Muchos votantes parecieron pasar por alto las controversias que han perseguido a De la Espriella a lo largo de su carrera, incluido el escrutinio sobre su relación con clientes colombianos de mala reputación en la opinión pública, como Alex Saab, aliado cercano del exdirigente venezolano, quien ha sido extraditado a Estados Unidos.

“Es como un doctor que va a curar o sanar a un delincuente, a un guerrillero, un paramilitar”, dijo Fabián Campos, un votante de Bogotá, sobre la carrera judicial de De la Espriella. “Si toca, pues prestarle los servicios”.

La participación fue alta el día de las elecciones, y los observadores internacionales dijeron que no había habido grandes problemas a pesar de las predicciones de fraude por ambas partes, y de las amenazas y ataques violentos durante la campaña, incluido el tiroteo mortal contra dos trabajadores de la campaña de De la Espriella.

Esteban González Pons, jefe de la misión de observación electoral de la Unión Europea en Colombia, calificó el proceso electoral de “ordenado, tranquilo, transparente y fluido”.

Hubo una participación inusualmente alta entre los colombianos residentes en el extranjero, y la mayoría de los electores en Estados Unidos votaron por De la Espriella, según mostraron los resultados. En el condado de Miami-Dade, Florida, los votantes habían hecho fila desde hacía días ante el consulado, muchos de ellos con camisetas amarillas y gritando los lemas de su campaña.

En muchos sentidos, la votación fue un referendo sobre el legado del presidente saliente, Petro.

El mandato de Petro se definió tanto por la representación histórica de las comunidades indígenas, afrocolombianas y LGBTQ como por una agenda legislativa estancada, discursos públicos digresivos y una relación inestable con Trump.

William Pineda, camionero de carga de las afueras de Bogotá, dijo que veía a Cepeda como la siguiente fase de un proyecto que, por primera vez en la historia del país, estaba del lado de los pobres y vulnerables.

Pineda dijo que Cepeda quiere ayudar a la gente de a pie, para que los ricos no lo decidan todo.

El papel central de Colombia en el tráfico de drogas de la región la convierte en una pieza clave de la campaña de Trump para erradicar los carteles<span; con la colaboración de los gobiernos regionales aliados.

De la Espriella ha dicho que buscaría un acuerdo similar al alcanzado por el vecino Ecuador, que ha aceptado la participación de las fuerzas estadounidenses en operaciones conjuntas en su territorio.

Cepeda, por su parte, cerró su campaña diciendo que deseaba poner fin al “ciclo de las violencias” de ataques militares contra grupos armados y represalias. A menudo ha hablado de la fracasada guerra contra las drogas que Estados Unidos lleva décadas librando.

Publicado en NYT

 

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Agencias

Abelardo de la Espriella y Cepeda disputarán presidencia de Colombia en segunda vuelta

Francisco

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EP FLORIDA NEWS | ELECCIONES COLOMBIA 2026

Bogotá, 31 may (EFE).- El candidato de ultraderecha Abelardo de la Espriella, del movimiento Defensores de la Patria, y el izquierdista Iván Cepeda, del Pacto Histórico, diputarán en segunda vuelta la Presidencia de Colombia el próximo 21 de junio al ser los más votados en la primera ronda celebrada este domingo.

Con el 98,27 % de las mesas contabilizadas, De la Espriella da la sorpresa al pasar de los 10 millones de votos (43,74 %), un resultado mejor que el que le daban las encuestas, en las que siempre estuvo en segundo lugar, detrás de Cepeda.

El candidato de la izquierda, por su parte, quedó en segundo lugar, con 9,5 millones de papeletas (40,90 %), cuando falta por informar menos del 2 % de las 122.020 mesas dispuestas para las elecciones de este domingo, según la Registraduría nacional, entidad que organiza las elecciones.

Sin embargo, como ninguno obtuvo la mitad más uno de los votos necesaria para proclamarse vencedor en primera vuelta, De la Espriella y Cepeda irán a una segunda ronda en tres semanas.

El tercer puesto es para la senadora Paloma Valencia, del partido uribista Centro Democrático, que recibe 1,6 millones de votos en esta medición parcial (6,91 %).

Valencia es la gran perdedora de estas elecciones porque su votación es muy inferior al 12 % que le daban las últimas encuestas, e incluso menor a los 3,2 millones de votos que obtuvo el pasado 8 de marzo en la consulta de partidos de centro y derecha en la que fue elegida candidata.

En cuarto se sitúa Sergio Fajardo, del partido de centro Dignidad & Compromiso, con 992.510 votos, que representan el 4,26 %.

Otra candidata de centro, la exalcaldesa bogotana Claudia López, se sitúa en el quinto lugar con 221.058 votos (0,94 %). EFE

 

 

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Agencias

Halagos de Trump a Xi Jinping sólo tuvo una respuesta : Estabilidad estratégica constructiva

Francisco

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EP FLORIDA NEWS | VISITA DE TRUMP A CHINA

Xi Jinping, el líder de China, se ha pasado el último año haciendo frente al presidente Donald Trump. Respondió a los aranceles de tres dígitos con aranceles de tres dígitos y restringió las exportaciones de tierras raras, obligando al gobierno de Trump a dar marcha atrás. Ambas partes salieron perjudicadas, al igual que la economía mundial.

Sin embargo, tras haber dejado clara su posición y haber establecido a China como par de Estados Unidos, Xi ahora está pasando de la represalia a la conciliación. En una cumbre celebrada esta semana en Pekín, que calificó de histórica, Xi ofreció a Washington una elección: aceptar a China como una potencia igual, con líneas rojas que no deben cruzarse, o continuar en un ciclo de conflicto que podría caer en una “trampa de Tucídides” global de colisión entre superpotencias.

Xi le dio a este plan un nombre nuevo, aunque algo forzado: “estabilidad estratégica constructiva”.

Repitió este término durante toda la cumbre, una visita diseñada para mostrarle a Trump cómo podría ser una amistad entre ambos países, con toda la pompa en las cavernosas salas del Gran Salón del Pueblo, una visita privada al Templo del Cielo y conversaciones en el interior de Zhongnanhai, el complejo amurallado y hermético de la dirigencia china.

En cierto modo, el gobierno de Trump ya estaba siguiendo las reglas de China en esta visita. El presidente estadounidense en general se mostró muy respetuoso con Xi. Trump lo colmó de elogios y se abstuvo de replicar cuando el dirigente chino advirtió a Estados Unidos que actuara con cautela en el tema de Taiwán, la isla autogobernada que reclama Pekín.

Las nuevas reglas del juego

Xi habló en términos elevados y abstractos sobre lo que implicaba exactamente la estabilidad estratégica constructiva. Habló de “cooperación” como un “pilar”; “competencia dentro de los límites adecuados”; “diferencias manejables” y “paz esperable”.

Xin Qiang, experto en Estados Unidos y China de la Universidad Fudan de Shanghái, dijo que esto se reduce a reconocer que la competencia forma parte de la relación.

A pesar de eso, los dos países pueden albergar la esperanza de que hay más razones para cooperar que para enfrentarse. La cumbre puso de relieve algunas de las formas en que podrían colaborar, como la lucha contra el flujo de fentanilo a Estados Unidos, el establecimiento de normas básicas para la inteligencia artificial y la resolución del conflicto del estrecho de Ormuz.

¿Está Washington de acuerdo?

El resumen oficial chino de la reunión decía que Trump estaba de acuerdo con la nueva definición de Xi de la relación. Aunque la Casa Blanca no lo mencionó en su propio resumen, el secretario de Estado Marco Rubio sugirió en una entrevista con la NBC el viernes que el gobierno de Trump había respaldado el concepto.

“Una de las cosas en las que hacen hincapié los chinos, y en la que estamos de acuerdo, es en la estabilidad estratégica de nuestra relación, una relación constructiva, pero también una relación que establezca una estabilidad estratégica para que no haya malentendidos que puedan llevar a un conflicto más amplio”, dijo Rubio.

Hace apenas unos años, Pekín se oponía con vehemencia a una política del gobierno de Biden denominada “competencia gestionada”, que tiene similitudes con lo que Xi propone ahora. Esta implicaba aceptar que ambas partes eran rivales, pero también imponer barreras para evitar que la relación derivara hacia un conflicto. Pekín rechazó ese marco por considerarlo un intento de contener a China.

La razón por la que Xi se siente hoy cómodo con la idea podría tener mucho que ver con la creciente paridad de poder entre China y Estados Unidos. Pekín siente que ya no puede ser presionado por Washington luego de haber empatado con el gobierno de Trump en la guerra comercial del año pasado, al amenazar con restringir el suministro global de minerales críticos necesarios para fabricar tecnologías modernas.

Por qué Xi está dispuesto a dialogar

Al mismo tiempo, una confrontación con Estados Unidos no beneficia a China. Su economía lleva años estancada debido a una crisis inmobiliaria, y no puede permitirse ninguna disrupción del comercio mundial, su principal motor de crecimiento.

Xi está dando a entender que quiere consolidar el empate actual para que el gobierno de Trump no interfiera en su gran visión del futuro de China: un país rebosante de poderío tecnológico e industrial preparado para superar a un Estados Unidos en declive como primera potencia mundial.

“Para China, esta frase tiene que ver con ganar tiempo y jugar para sacar ventaja mientras Pekín intenta esperar que termine el gobierno de Trump”, señaló Evan Medeiros, profesor de Georgetown que fue asesor para Asia en el Consejo de Seguridad Nacional durante la presidencia de Barack Obama.

“China quiere gestionar lo que percibe como un declive gradual de Estados Unidos con la esperanza tanto de acelerarlo como de hacerlo lo menos disruptivo posible”, añadió.

China apuesta por el largo plazo

Estados Unidos no es ajeno a los intentos de China de enmarcar la relación entre ambos países en su propio beneficio.
En 2013, Xi intentó convencer a Obama de adoptar lo que denominó “un nuevo modelo de relaciones entre grandes potencias”, que pedía a Estados Unidos respetar lo que China considera sus intereses fundamentales, como sus pretensiones sobre Taiwán y el mar de China Meridional.

Al final el gobierno de Obama se negó a respaldar el concepto, reconociendo que exigía ceder poder en Asia y dejar vulnerables a aliados y socios.

“Se trata de una maniobra clásica de China, que intenta que Estados Unidos acepte un marco como forma de enlazar a Washington y establecer los términos de la relación bilateral de cara al futuro”, dijo Medeiros sobre el más reciente intento de Xi.

“Estas frases son arenas movedizas geopolíticas”, añadió. “Una vez que entras, no puedes salir, y cuanto más lo intentas, más te arrastra China”.

Cómo utilizará China este replanteamiento

Se trata de un replanteamiento de la relación, pero en los términos de Pekín, afirmó Shen Dingli, estudioso de las relaciones internacionales en Shanghái.

China, por ejemplo, podría alegar más adelante que el gobierno de Trump había violado los principios de la estabilidad estratégica constructiva al seguir vendiendo más armas a Taiwán. “Lo que China quiere es que la relación entre China y Estados Unidos sea buena y estable, pero con la condición de que China diga: ‘Yo soy quien proporciona el camino y yo soy quien señala la dirección’”, dijo Shen.

Otros analistas chinos afirman que es necesario un nuevo marco para reducir la influencia de los sectores de línea dura hacia China en el Congreso, que amenazan con socavar el acercamiento. También existe el temor de que Trump pueda cambiar su postura sobre China después de las elecciones intermedias de 2026.

“La preocupación siempre está ahí. Es algo por lo que es muy conocido”, afirmó Xin, de la Universidad de Fudan.

Publicado en NYT

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