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El (TSB) de José Alejandro González y la otra cara de Colombia

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EP New York/Enfoque cultural

Por: Paula Durán / otros medios

No es fácil ser optimista en Colombia, ni siquiera después de la firma del proceso de paz. En un país acostumbrado a la guerra y a la violencia, es raro encontrar un proyecto como Todos Somos Buenos (TSB), del fotógrafo y videógrafo bogotano José Alejandro González.

Su idea nació durante un viaje en 2014, mientras estaba regresando desde Nueva York a Bogotá. González viajaba por Centroamérica cuando sacó su cámara y empezó a buscar retratos al azar. Antes que lo fotográfico, lo que perseguía era el encuentro, dice, el momento de conexión con un desconocido. Todos Somos Buenos evoca proyectos como Humans of New York, que rescata pequeñas historias personales de los habitantes de esa ciudad, o The Interview Proyect, del cineasta David Lynch; ambas iniciativas han inspirado a González, pero TSB es la evolución de un proyecto que inició cuando vivía en Barcelona, donde estudió cine y montaje: en 2002, cuando compró su primera cámara de video, comenzó a grabar y a entrevistar a desconocidos en la calle. “Desde entonces no he parado de acercarme a la gente”, cuenta el fotógrafo.

En los últimos años, a partir de retratos de colombianos que toma de forma instantánea en cualquier pueblo y en cualquier situación, González ha dado forma a una serie que intenta atravesar abismos de clase, región e ideología para sostener una tesis más desafiante que cualquier prejuicio: los colombianos son buenos.

¿Cómo ha sido su proceso? ¿Cómo decide tomar sus fotos?

Creo mucho en el azar. Toda esta obra la entiendo como una gran secuencia de vida. Creo que cada retrato que hago me lo manda la magia. De repente, hay un impulso que me sale y digo: “A esta persona le tengo que tomar una foto”. Retrato a la Colombia que me da la calle, son los personajes que me nace retratar. Algo que me preocupa mucho son las minorías étnicas y los homosexuales en Colombia. También las personas que están oprimidas por un medio o una sociedad difícil y me gusta mostrar que hay cierta belleza en esas personas.

¿Ha encontrado algo en común entre sus fotografiados? ¿Algo que se atrevería a describir como colombianidad?

La amabilidad de la gente, su alegría. Yo admiro a esas personas, la normalidad con la que asumen la vida. Así estén viviendo dificultades, siento que ellos me regalaron el momento para tomarles una foto y yo les regale un momento de aceptación. Es un reconocimiento mutuo.

En 2016, un año en que Colombia se polarizó durante la campaña por el plebiscito por la paz, ¿qué quería transmitir con Todos Somos Buenos?

Para mí, afirmar que todos somos buenos es bien difícil. Yo me lo imagino a nivel metafórico, como en Hollywood con ese cartel grande que dice Hollywood: yo quisiera poner un letrero grande en una montaña que diga Todos Somos Buenos y que nos sirva como reflexión en cualquier pedacito de nuestra vida. Detrás de la frase TSB cada persona tiene la responsabilidad de asumir sus actos. No es un proyecto alcahueta. Existe una ley y si uno hace algo hay consecuencias, pero lo que no podemos es juzgar a otros.

¿Qué quiero yo con una cámara?

Lo que yo propongo es hacerle un retrato a toda la humanidad y que cada uno se mire en los ojos del otro. No puedo ser tan ingenuo de pensar que todos somos buenos pero sí creo que es muy atrevido estar dándonos palo y dividirnos en vez de decir: “¿Por qué no nos miramos los unos a los otros y entendemos que todos cabemos acá?”.

¿Por qué cree que para los colombianos es difícil entender que caben todos?

Cuando ganó el No en el plebiscito, yo sentí que los del Sí eran muy agresivos. Lo que pasó me pareció superválido. También es cierto que obviaron a la mitad del país que no estaba con el Sí. El 2 de octubre sentí que no estábamos listos y es que usted no puede hacer la paz sin Álvaro Uribe Vélez en Colombia. Hablar de paz es muy difícil. Si los políticos no pueden hacer las paces, ¿cómo exigirlo al país entero?

¿Qué falta?

Aceptarnos, mirarnos, vernos, escucharnos, conocernos. Es válido tener argumentos, ponernos bravos, dejarnos de hablar, pero siempre con algo en la cabeza y es que hay que respetar al otro. Y cuando tú respetas al otro, lo dejas ser como es.

¿Qué impide lograr eso en Colombia?

El miedo, la violencia, la falta de amor tan verraca que tenemos, eso se mezcla. Me da mucha alegría hablar de TSB porque va a generar discusión y si la gente habla van a tener que aceptarse y entender algo válido: cuando algo le cae realmente mal es porque algo tiene adentro que lo refleja. Somos homosexuales, somos drogadictos, somos guerrilleros, paramilitares, políticos, corruptos, buenas o malas amas de casa, buenos o malos papás, pero cada individuo está tratando de ser un poco mejor.

¿Cómo podría resumir el 2016 para Colombia?

Somos un pueblo aguerrido y fuerte y no me explico por qué seguimos adelante a pesar de todo. Yo creo que tenemos mucha fuerza y en el fondo todos tenemos ganas de normalidad, de cosas buenas. Vivir realidades donde haya espacio para la alegría a pesar de la barbarie, desunión y falta de amor en Colombia.

¿Qué le gustaría transmitir a la clase dirigente colombiana?

Que han fallado y que tienen que darse cuenta de eso, ellos también han sido responsables de toda esta catástrofe de sociedad que se representa en los ocho millones de víctimas que ha dejado el conflicto. Quiero que mis fotografías también sean como un gran mural de ojos para que esos señores digan: “Mierda, esta gente que tiene ojos como yo, que tiene familia como yo, quiere que todo vaya mejor”.

¿Hay alguna historia de alguien que ha retratado que lo haya impactado?

Hay una señora que conocí en Doncello, Caquetá. Rosalba. Resulta que esa señora tenía dos hijas y una era concejala. Un día, hace como ocho años, las Farc asesinaron a todos los concejales. Llegaron a la casa de doña Rosalba y salió su hija y le pegaron un tiro. Luego salió la otra hija a preguntar qué había pasado y le metieron otro tiro. En un minuto doña Rosalba perdió en sus brazos a sus dos hijas. Lo que me impresionó era que la señora, que vive con cuadros de sus dos hijas en su casa, iba a votar por el Sí. Colombia le faltó el respeto a esa señora, a esa mamá.

¿Qué cree que le espera a Colombia en 2017?

Que se den cuenta de que mucha gente ha sufrido, creo que las personas que pueden crear cambios de verdad tienen que ser conscientes de su responsabilidad con el otro. A raíz de tanto sufrimiento en el 2016, hay que hablar, conversar y gritar que todos somos buenos. Las Farc van a estar en esos pueblos y la gente va a tener que empezar a reconciliarse. Valoro mucho que las Farc pidieran perdón, pero van a tener que seguir haciéndolo, equivocarse y aprender.

Hablando de las Farc, usted le tomó una serie de retratos a unos miembros de sus filas. ¿Cómo fue esa experiencia?

Yo estaba en contra de ir a hacerle homenajes fotográficos a la guerrilla. Entonces la vida me mandó una oportunidad para ir a un campamento guerrillero. Y yo también me puedo equivocar y contradecir. Me hice amigo de los guerrilleros y eran fotos simbólicas, sin armas. Quería un relato más del ser humano que de sus armas. Creo que me impresioné porque son muchachos campesinos superqueridos, convencidos también, porque eso es lo que conocieron. Colombia tampoco les dio una mejor oportunidad. Habrán cometido las locuras de la vida y por eso digo, cada quien asume lo suyo. No soy nadie para juzgar a las Farc tampoco, son gente que ya decidió incluirse a la sociedad, hay que darles la bienvenida. Que la justicia determine si deben algo y cómo lo deben pagar, pero ellos como seres humanos tienen que encontrar una Colombia que no les vuelva a dar la espalda.

​(Publicado en The New York Times)

Articulos Destacados

En EE.UU. los hombres tienen más probabilidades de morir por COVID-19

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EP New York/ otros medios

En Estados Unidos, la diferencia por sexo en las tasas de mortalidad por covid varía mucho de un estado a otro, lo que sugiere que el comportamiento, al igual que la biología, es un factor que explica la brecha.

Esta es una de las conclusiones más conocidas de la pandemia: los hombres mueren de COVID-19 con mayor frecuencia que las mujeres.

Al principio, algunos científicos sospecharon que la razón era principalmente biológica, y que los tratamientos basados en el sexo para los hombres —como inyecciones de estrógeno o bloqueadores de andrógenos— podrían ayudar a reducir el riesgo de muerto.

Pero un nuevo estudio que analiza las diferencias de sexo en las muertes por COVID-19 en Estados Unidos a lo largo del tiempo sugiere que el panorama es mucho más complicado.

Si bien los hombres en general murieron a una tasa más alta que las mujeres, el estudio reveló que las tendencias variaron ampliamente con el tiempo y según el estado. Eso sugiere que los factores sociales —como tipos de trabajo, patrones de comportamiento y problemas de salud subyacentes— jugaron un papel fundamental en las aparentes diferencias de sexo, dijeron los investigadores.

“No existe una sola versión sobre las disparidades sexuales durante esta pandemia, incluso dentro de Estados Unidos”, dijo Sarah Richardson, directora del Laboratorio de Ciencias de Género en la Universidad de Harvard, que estudia el modo en que el sexo biológico interactúa con las influencias culturales en la sociedad.

Desde el comienzo de la pandemia, el equipo de Richardson comenzó a recopilar datos relativos al sexo en casos y muertes por COVID-19, antes de que los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades comenzaran a recopilar y compartir esta información. Su grupo de investigación se conectaba cada lunes por la mañana y verificaba los datos de cada estado, y los ponían en un rastreador en el sitio web del laboratorio. El rastreador, que abarca desde abril de 2020 hasta diciembre de 2021, es la única fuente de datos semanales de COVID-19 basada en el sexo y desglosada por estados.

Esos datos permitieron a los investigadores analizar los índices de casos y muertes de COVID-19 en los 50 estados y Washington D.C., durante un período de 55 semanas.

A nivel nacional, no encontraron diferencias significativas en las tasas de casos entre hombres y mujeres. Pero las tasas de mortalidad —el número de muertes entre hombres o mujeres dividido entre la población total del estado de cada sexo— fueron a menudo más altas entre los hombres que entre las mujeres.

El grado de aumento dependía del estado y de la fecha. Por ejemplo, en Texas los hombres murieron en tasas más elevadas en todas las semanas analizadas por el grupo de investigación. En Nueva York, los hombres murieron a una tasa más elevada que las mujeres, pero la brecha no fue tan grande como en Texas, en todas las semanas excepto tres. Pero en Connecticut, las mujeres murieron más que los hombres en las 22 semanas analizadas.

“Puede haber estados que colindan, como Connecticut y Nueva York, que tienen un patrón totalmente diferente, pero que, sin embargo, experimentaron la misma ola”, dijo Richardson.

De forma acumulativa durante 55 semanas, las tasas de mortalidad fueron un poco más altas para las mujeres en dos estados, Rhode Island y Massachusetts. En nueve estados, incluido Connecticut, las tasas fueron casi iguales. En el resto del país, las tasas de mortalidad fueron más altas para los hombres.

Es poco probable que las diferencias sexuales en los genes, las hormonas o las respuestas inmunes expliquen estas diferencias, dijeron los investigadores.

“No habría ninguna razón para que la biología fuera esa variable en el tiempo y el espacio”, dijo Katharine Lee, antropóloga biológica e ingeniera de la Universidad de Washington, campus San Luis y autora del nuevo estudio.

Pero según los investigadores, los factores sociales y de comportamiento podrían ayudan a explicar muchos de estos patrones.

Por ejemplo, es más probable que los hombres tengan trabajos en el área de transporte, fábricas, plantas empacadoras de carne, agricultura y construcción, ocupaciones con tasas más altas de exposición y muertes por COVID-19. Los hombres también tienen más probabilidades de ser encarcelados y vivir en situación de calle, lo que aumenta su riesgo de exposición al virus.

Las mujeres son más propensas que los hombres a reportar lavado de manos, uso de cubrebocas y el cumplimiento de las restricciones de distanciamiento social, lo que puede reducir el riesgo de contraer el virus. Además, las mujeres son más propensas a vacunarse.

Los investigadores especularon que los estados con más restricciones de salud pública podrían ver menores diferencias por sexo. En Nueva York, donde se registraron cantidades significativamente más elevadas de muertes masculinas en las primeras seis semanas de la pandemia, las tasas de mortalidad se atenuaron una vez que entraron en vigor las restricciones. Las diferencias observadas en Nueva York también podrían explicarse en parte por una mejor recopilación de datos, así como por el subregistro de muertes en asilos de cuidado a largo plazo, donde la mayoría de los residentes son mujeres.

El grupo de investigación de Richardson no tuvo acceso a datos de edad para cada sexo, un factor importante, ya que las personas mayores tienen más probabilidades de morir de covid y los diferentes estados tienen diferentes distribuciones de edad. Incluso antes de la covid, los hombres tenían una menor esperanza de vida, posiblemente debido a tasas más altas de ciertas afecciones crónicas, comportamientos más arriesgados y trabajos más peligrosos. Esa “brecha de mortalidad preexistente”, podría ayudar a explicar la disparidad con covid en lugar de una vulnerabilidad masculina específica al virus, dijo Richardson.

Sin embargo, expertos independientes afirmaron que los nuevos hallazgos no deberían llevar a los investigadores a descartar por completo el aspecto biológico.

“No se pueden atribuir observaciones sobre cosas como la mortalidad por una enfermedad compleja como la COVID-19 y afirmar que todo es por la biología”, dijo Sabra Klein, microbióloga y codirectora del Centro Johns Hopkins para la Investigación de la Salud, el Sexo y el Género de la Mujer. “Pero tampoco creo que se pueda decir que todo es social y conductual”.

Al utilizar los registros de salud electrónicos de los hospitales Johns Hopkins en Maryland y Washington D.C., Klein descubrió que los hombres tenían tasas más altas de enfermedad grave y muerte por COVID-19. Pero un modelo bioestadístico mostró que esta disparidad podría explicarse sustancialmente por las mayores respuestas inflamatorias entre los hombres, lo que sugiere una diferencia biológica.

Además, en experimentos que analizan los efectos de la COVID-19 en los hámsteres por sexo, que pueden ser útiles porque no incluyen los factores sociales presentes en los humanos, el grupo de Klein mostró que a los machos les fue peor. Otros estudios también han demostrado que las mujeres producen una respuesta inmune más fuerte que los hombres.

Otros expertos dijeron que tener acceso a datos más detallados —sobre factores como la raza, los ingresos y el nivel de educación— les permitiría a los investigadores tener una visión más matizada de las variaciones observadas en las diferencias de sexo.

Creo que están haciendo mucho con poco”, dijo Derek Griffith, psicólogo de salud pública y codirector del Instituto de Justicia Racial de la Universidad de Georgetown.

“Las fuentes de datos que documentan estas diferencias por lo general no tienen la capacidad de ayudar a explicarlas”, dijo, señalando los efectos en la salud que genera el estrés, las cargas financieras y la discriminación, que podrían sustentar diferencias raciales o de género en los resultados de salud, pero que son difíciles de cuantificar.

Griffith dijo que las diferencias raciales en los desenlaces de la covid eran igualmente complejos. En las primeras etapas de la pandemia, los científicos especularon que las personas negras tenían un menor riesgo de contraer el virus y que tal vez contaban con alguna protección biológica, dijo Griffith. Pero luego los datos empezaron a mostrar que las personas negras en Estados Unidos tenían un mayor riesgo de morir de COVID-19 que las personas blancas y el péndulo se inclinó en sentido contrario y algunos científicos especularon de la existencia de diferencias genéticas innatas.

Ahora, dijo Griffith, hay un mayor reconocimiento de la influencia de muchos factores socioeconómicos en las disparidades de salud. “Aun así, en ambos casos, tanto con el sexo como con la raza, se supone de buenas a primeras que la causa debe ser biológica”.

El grupo de Richardson en Harvard espera que otros investigadores empleen su conjunto de datos para analizar los impactos de las distintas políticas de salud pública en los estados.

Pero sigue habiendo lagunas de información: por ejemplo, los estudios han mostrado que la covid prolongada afecta desproporcionadamente a las mujeres y, sin embargo, la enfermedad no se monitorea a nivel estado de manera consistente. Los investigadores tampoco tienen información sobre pacientes de covid transgénero o de género no conforme.

“No son tan ricos en datos como nos gustaría para caracterizar el impacto de género completo de la pandemia de covid”, dijo Richardson.
Publicado en New York Times

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Ciencia y Tecnología

Estas son las pruebas y reglas de vacunación para entrar a EE.UU.

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EP New York/ medios digitales

¿Vas a viajar a EE. UU.? Esto hay que saber sobre las pruebas de vacunación, los refuerzos y otros detalles

Se espera que millones de viajeros surquen los cielos y las carreteras en estas fiestas. Es probable que tengan preguntas sobre las nuevas regulaciones, que inician el 8 de noviembre.

Por Ceylan Yeginsu

El 8 de noviembre, Estados Unidos levantará la prohibición de 18 meses para los turistas internacionales, siempre y cuando muestren una prueba de vacunación y un test de coronavirus negativo. Las fronteras terrestres con Canadá y México también se reabrirán para los visitantes internacionales que estén totalmente vacunados y para los ciudadanos estadounidenses que residan en esos países, así como para los turistas estadounidenses que regresan a su país. En la actualidad, el tráfico de pasajeros en Estados Unidos está a punto de alcanzar los niveles de 2019, con millones de viajeros nacionales pasando a diario por los puntos de control de la Administración de Seguridad en el Transporte.

Se espera que millones más surquen los cielos y las carreteras en las próximas semanas. Pero mientras las regulaciones de la pandemia se suavizan en algunos países, otros están endureciendo las normas de entrada para contener nuevas oleadas del virus. Los cambios en las normas, la rápida evolución de la pandemia y la falta de coordinación internacional en la reglamentación de los viajes siguen causando confusión entre los consumidores, y muchos operadores de viajes.

Es probable que los viajeros, tanto los que van al extranjero como los que entran a Estados Unidos, tengan preguntas sobre las complejas disposiciones de la época de feriados. Esto es lo que sabemos hasta ahora, pero asegúrate de revisar esta página con regularidad porque las reglas cambian

¿Dónde puedo encontrar una prueba para entrar en Estados Unidos?

Tanto las pruebas de PCR como las víricas se aceptan para viajar a Estados Unidos. Los viajeros vacunados deben hacerse la prueba 72 horas antes de su salida, mientras que los viajeros estadounidenses no vacunados deben hacerse la prueba en un plazo de 24 horas.

Muchos hoteles ofrecen instalaciones para realizar los exámenes por un pago adicional. Si no es así, pregunta en el servicio de conserjería o en la recepción del hotel por el lugar más cercano donde puedas hacerte la prueba y que te garantice los resultados en el plazo requerido.

Muchas farmacias ofrecen tests para los viajes y la mayoría de las grandes ciudades cuentan con centros de pruebas que no exigen cita previa. Los precios de los exámenes pueden variar entre 25 y 150 dólares, según el país, y las pruebas PCR son más caras y los resultados tardan más en procesarse.

Como alternativa, la mayoría de los aeropuertos ofrecen pruebas de coronavirus, pero hay que pagar un precio elevado y las filas pueden ser largas, así que asegúrate de ir con tiempo.

¿Se aceptan autopruebas?

Sí, siempre y cuando la prueba cumpla varios requisitos. Debe ser un test de amplificación de antígenos o de ácidos nucleicos que haya sido aprobada para uso de emergencia por la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA, por su sigla en inglés).

Asegúrate de tener una buena conexión a internet cuando te hagas la prueba, porque tendrás que conectarte con un servicio de telesalud que verifique tu identidad y te proporcione supervisión durante la prueba.

La FDA ha autorizado ocho pruebas caseras, pero no todas ofrecen supervisión digital y resultados rápidos.

La prueba casera BinaxNOW COVID-19 AG de Abbott suele producir resultados en 15 minutos y viene con una aplicación digital llamada NAVICA, que puede ser útil para los viajes, ya que facilita el acceso a los resultados. Cuando se recibe un resultado negativo, la aplicación genera un código QR que se renueva cada vez que te haces una prueba.

¿Cuánto cuesta una autoprueba rápida?

Un paquete de BinaxNow con seis pruebas cuesta 150 dólares y se puede comprar por internet en eMed. También se pueden conseguir paquetes con dos pruebas caseras en algunas farmacias por alrededor de 25 dólares.

La prueba casera de Ellume, otra opción popular antes de hacer viajes internacionales, cuesta entre 30 y 40 dólares. Las pruebas caseras tienen mucha demanda, así que asegúrate de comprarlas con anticipación antes de tu viaje.

¿Es necesario un certificado de vacunación digital para viajar?

Aunque la mayoría de los países aceptan la tarjeta de vacunación física de los CDC, algunos lugares, como las Islas Caimán, solicitan certificados digitales e imponen restricciones de cuarentena a las personas que no los proporcionan.

Hay varios documentos digitales de salud en Estados Unidos que son convenientes para viajar, pero asegúrate de revisar los requisitos específicos del país al que viajarás. La Smart Health Card es una prueba digital de vacunación que genera un código QR, que solo muestra el nombre, fecha de nacimiento y estatus de vacunación de la persona. Se puede obtener en los estados que usan el sistema Smart Health o a través del programa de farmacias.

El Healthpass de Clear es otra alternativa que genera un código QR y proporciona detalles de la vacunación, que incluyen el tipo y número de dosis recibidas. Clear se asoció con el programa de Viaje Seguro a Hawái y provee confirmación de los resultados de pruebas para la COVID-19 de un pasajero o la prueba de vacaciones para satisfacer las exigencias estatales de exención de cuarentena. La aplicación permite a los visitantes saltarse la fila de verificación al llegar al estado.

Varios estados, como Nueva York y California, tienen sus propias aplicaciones digitales, que usan los datos del registro de vacunación del estado y se pueden usar para viajar.

Si bien la mayoría de los países aceptarán los pases digitales para ingresar, algunos exigen que los visitantes soliciten credenciales digitales locales para tener acceso a restaurantes, bares y actividades culturales. El mes pasado, Suiza fue uno de los primeros países en adoptar esta medida y solicita que todos los turistas que no sean de la Unión Europea y el espacio Schengen se registren para obtener un pase de salud suizo antes de llegar.

Para viajar a Estados Unidos, los visitantes vacunados y los estadounidenses deben presentar una prueba del virus realizada 72 horas antes de su llegada. Los viajeros estadounidenses no vacunados deben presentar una prueba negativa 24 horas antes del viaje.Credit…Saul Martinez para The New York Times

¿Son necesarias las vacunas de refuerzo para los viajes internacionales?

En la mayoría de los lugares todavía no. Pero a medida que surgen nuevas variantes del coronavirus y aumentan las preocupaciones sobre la duración de la eficacia de las vacunas, algunos países están estableciendo “fechas de expiración” de las vacunas para los viajeros.

Este verano, Croacia y Austria fueron dos de las primeras naciones en imponer fechas de vencimiento a las vacunas, y solo aceptaron segundas dosis de vacuna o inyecciones de refuerzo administradas durante el año de la visita al país. Para quienes recibieron la vacuna de una dosis de Johnson & Johnson, el periodo de validez es de 270 días después de la inyección, alrededor de 9 meses. Cualquiera que no cumpla con los criterios también tiene la opción de presentar una prueba de coronavirus negativa realizada a partir de las 72 horas antes de la salida. Estados Unidos no tiene “fechas de expiración”.

Israel adoptó un enfoque más estricto cuando, el 1 de noviembre, reabrió las puertas a los viajeros extranjeros completamente vacunados y advirtió que solo aceptará a personas que hayan sido vacunadas en los últimos seis meses.

Muchos países dicen que están abiertos a visitantes completamente vacunados, pero a medida que se implementan vacunas de refuerzo en todo el mundo, será importante leer la letra pequeña para saber qué vacunas se aceptan y durante cuánto tiempo son válidas.

¿Tendré que mostrar una prueba de vacunación para volar desde dentro de Estados Unidos?

No. A partir del 8 de noviembre, solo quienes ingresen a Estados Unidos desde el extranjero deberán mostrar un certificado de vacunación y una prueba negativa de coronavirus tomada al menos 72 horas antes de la salida. Los viajeros estadounidenses no vacunados pueden viajar, pero al regresar deben mostrar una prueba de coronavirus realizada 24 horas antes de la salida.

Las mascarillas siguen siendo necesarias para los viajes aéreos dentro de Estados Unidos.

¿Mis hijos necesitan estar vacunados para viajar a otros países?

Cada país tiene sus propios requisitos de entrada, así que primero revisa la política de tu destino. Los niños no vacunados menores de 18 años pueden ingresar a EE. UU. si son mayores de 2 años, viajan con un adulto vacunado y se realizaron una prueba de coronavirus con resultado negativo tres días antes de la salida. Si un niño viaja solo o con un adulto no vacunado, deberá presentar una prueba negativa realizada 24 horas antes del viaje.

¿Las reglas son distintas para los cruces fronterizos terrestres?

A partir del 8 de noviembre, las fronteras terrestres de Estados Unidos con Canadá y México se reabrirán para los extranjeros completamente vacunados. Aunque los visitantes deberán mostrar un comprobante de vacunación, no existe un requisito de prueba para los cruces fronterizos terrestres. Los niños menores de 18 años pueden ingresar si van acompañados de un adulto vacunado.

Soy ciudadano estadounidense. ¿En dónde puedo encontrar las reglas para ingresar a otros países?

El NYT tiene una lista actualizada de países [en inglés] que los estadounidenses pueden visitar, con detalles de requisitos específicos de entrada.


Ceylan Yeginsu es reportera radicada en Londres. Se unió al NYT en 2013 y antes fue corresponsal en Turquía, desde donde cubría política, crisis migratoria, el conflicto kurdo y el auge del extremismo del Estado islámico en Siria y la región.

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EE.UU

Toma de talibanes en Afganistan cierra el capítulo ‘post 9/11’

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EP New York/ Otros medios

El doloroso fin de la era después del 9/11

Las escenas desesperadas en el aeropuerto de Kabul le darán a Afganistán un lugar en la memoria de Estados Unidos como otro intento fallido de reconstruir una nación.

Una era que comenzó hace dos décadas con la conmoción de un par de aviones secuestrados que se impactaban contra dos rascacielos en Estados Unidos llegó a su fin esta semana con otro momento sobrecogedor: afganos desesperados asidos con todas sus fuerzas a aviones estadounidenses con la esperanza de escapar del caos de Kabul, la caída de algunos de ellos y el hallazgo de uno, sin vida, en el tren de aterrizaje.

El Times  Una selección semanal de historias en español que no encontrarás en ningún otro sitio, con eñes y acentos. 

Ha fracasado una inversión bipartidista colosal de fuerzas del gobierno, el Tesoro y la diplomacia de Estados Unidos con el propósito de derrotar a una ideología hostil decidida a crear el Emirato Islámico de Afganistán. Durante las gestiones de cuatro presidentes, dos republicanos y dos demócratas, más de 2400 estadounidenses perdieron la vida y se gastó más de un billón de dólares para lograr objetivos que fueron cambiando, muchos de los cuales demostraron ser inalcanzables.

Se cerró el telón de la era pos9/11 con la reconquista de los talibanes del control del país que sirvió como base para atacar a Estados Unidos, en una debacle que cierra el ciclo para Estados Unidos y dejará a Afganistán dolorosamente grabado en la memoria nacional.

Aunque una serie de errores e ilusiones, así como una ingenuidad (o arrogancia) estadounidense particular en cuanto a la posibilidad de reconfigurar el mundo a su imagen, condujeron a la repentina reconquista de los talibanes casi dos décadas después de su derrota, otro factor más fundamental también influyó. En vista de que China ha decidido hacer gala de su fuerza, cambiaron las prioridades del país. El poder relativo de Estados Unidos no es lo que solía ser hace 20 años.

La capacidad y propensión del país para asignar recursos a batallas en tierras lejanas han disminuido. Acabada la Guerra Fría, los estadounidenses no están muy dispuestos a embarcarse en el tipo de compromisos militares sin fin que cimentaron democracias en Alemania, Japón, Corea del Sur y otros Estados.

“En mi carácter de presidente, mi firme convicción es que debemos concentrarnos en las amenazas que enfrentamos hoy en día, en 2021, no en las de ayer”, dijo el presidente Joe Biden el lunes para defender su decisión de proceder con una rápida retirada militar.

“Los soldados estadounidenses no pueden ni deberían pelear y morir en una guerra que las mismas fuerzas afganas no están dispuestas a combatir”, afirmó Biden.

Sin embargo, si hay un elemento que ha impulsado la presidencia de Biden, es la defensa de democracias que se encuentran en un “punto de inflexión” ante la propagación de formas represivas de gobierno, así como reafirmar los valores estadounidenses.

“Estados Unidos está de regreso”, ha sido la consigna. Pero ahora la pregunta será para qué regresó. Una cumbre planeada para diciembre, concebida para reforzar a las democracias, parece mucho menos creíble ahora que existe la posibilidad de que las escuelas en Afganistán les cierren de nuevo las puertas a las niñas y los afganos que creen en la libertad están desesperados por huir.


9/11 , veinte años después del dolor


“Durante décadas, Afganistán ha sido víctima de las personas que querían hacerle un bien”, afirmó Lakhdar Brahimi, diplomático argelino que fungió como representante especial ante las Naciones Unidas de Afganistán e Irak. “Se llegó al punto en que ningún momento sería bueno para salir del país, así que este fue tan bueno (o malo) como cualquier otro”, opinó.

El caos generado en Kabul por el alboroto con que Estados Unidos y sus aliados intentaron evacuar a sus ciudadanos, así como a los afganos que les habían ayudado, ha provocado comparaciones inevitables con las escenas de desesperación vistas en Saigón en abril de 1975, cuando los soldados de Vietnam del Norte tomaron la ciudad. En ese entonces, como ahora, una guerrilla de insurgentes locales acabó con los planes de una superpotencia.

Pero no deberíamos exagerar la analogía. Las posturas en Estados Unidos con respecto a la guerra de Vietnam habían causado una amarga división. En cambio, la mayoría de los estadounidenses en la actualidad apoyan la salida de Afganistán. Sus prioridades son internas.

Como dijo Biden, se logró un objetivo estadounidense vital: en las últimas dos décadas el terrorismo islamista, en la forma de Al Qaeda, fue derrotado en buena medida. Pero el islam político adoptado por los talibanes ha conservado su atractivo como una alternativa a los modelos de gobierno laicos de Occidente.

Queda por verse si un talibán con destreza, afilado por la experiencia diplomática que puede haber enfriado algo del fervor extremista, cumplirá las promesas de evitar que Afganistán se convierta en un refugio terrorista de 

El debate sobre si Estados Unidos debería haber conservado una presencia militar moderada suficiente para evitar que los talibanes tomaran el control y darles cierta esperanza a las mujeres y la clase media de Afganistán que ahora se sienten traicionados causará enojo por mucho tiempo.

Casi no había ningún motivo para creer que las metas que no se alcanzaron en 20 años pudieran alcanzarse en algún momento más adelante. Por otra parte, como argumentó Saad Mohseni, empresario afgano cuyo grupo MOBY opera redes de radio y televisión en Afganistán: “Apuñalaron por la espalda a los afganos, actuaron de la manera más injusta e irresponsable posible”.

Algo que parece no ser tema de debate, al menos por ahora, es el desastre que provocó la precipitada retirada estadounidense. Tan solo hace unos días, el presidente Ashraf Ghani, que ya ha huido, creyó que todavía tendría algunas semanas para negociar una transición organizada, según una persona que habló con él en ese entonces. De hecho, sin Estados Unidos, solo tenía un castillo de naipes.

Biden, quien desde hace tiempo veía con escepticismo el objetivo de la guerra estadounidense más larga de su historia, actuó convencido de que era “muy poco probable” que los talibanes “arrasaran con todo y se apropiaran de todo el país”, como dijo el mes pasado.

Sin duda, esas palabras pesarán sobre la presidencia de Biden, aunque haya motivos para culpar a ambas partes. También le pesarán las imágenes de Kabul en que se ve la embajada de Estados Unidos cerrada y las de las fuerzas de los talibanes cargadas de armas dentro de edificios de gobierno planeados para albergar una democracia creada por los estadounidenses.

“No tengo ni la menor duda de que será un lastre para Biden, aunque Trump no le haya dejado otra alternativa”, dijo Cameron Munter, quien fue embajador de Estados Unidos en Pakistán, en referencia al convenio que suscribió el gobierno de Trump con los talibanes en 2020, entre cuyas estipulaciones se encontraba la retirada de Estados Unidos este año.

Fue el difícil legado que heredó Biden. Pero, de cualquier forma, su gobierno tenía otras opciones para no terminar con esta salida apresurada.

“El punto desastroso es que el gobierno no haya tenido un plan”, señaló Stephen Heintz, presidente de una fundación que ha trabajado en el tema de Afganistán desde 2011. “Apenas y consultaron a la OTAN y planearon poco con el gobierno afgano. Se trata de un fracaso de inteligencia, de planeación, de logística y, a fin de cuentas, un fracaso político porque, sea lo que sea, el responsable es Biden”.

En junio, el presidente de Estados Unidos, Joe Biden, se reunió con el presidente de Afganistán, Ashraf Ghani, en la Casa Blanca.
Credit…Pete Marovich para The New York Times

Otros le expresaron más apoyo al presidente. “Veinte años fue mucho tiempo para darles a los líderes afganos espacio para sembrar la semilla de una sociedad civil y, en vez de esto, solo sembraron semillas de corrupción e incompetencia”, le dijo a The New York Times Jake Auchincloss, representante por Massachusetts, demócrata e infante de marina retirado que pasó tiempo en Afganistán.

Tanto Biden como su predecesor respondían, de diferentes maneras, al estado de ánimo estadounidense que mira hacia el interior. Vigilar el mundo es un trabajo costoso, a menudo ingrato y abundan los problemas locales. La retirada militar de Afganistán reflejó con precisión un cambio de prioridades, incluso hacia la agudización de la rivalidad entre las grandes potencias y China.

Pero Estados Unidos en Afganistán equivale a una crónica de errores y evaluaciones erróneas que plantean preguntas cruciales para los responsables políticos estadounidenses.

Desde el momento en que Estados Unidos decidió declararle la guerra a Irak en 2003 con base en inteligencia dudosa —lo que implicó abrir un segundo frente y desviar atención y recursos de Afganistán—, fue en aumento la percepción de que el conflicto en Afganistán era una misión secundaria sin dirección.

La misión de derrotar al terrorismo experimentó una peligrosa transformación y se convirtió en una lucha por construir una nación. Por desgracia, crear una democracia era un objetivo muy ambicioso en un país que nunca había organizado un censo y en el que las lealtades tribales eran muy fuertes. Siempre fue muy improbable que pudiera evitarse el fraude electoral masivo o que millones de dólares en ayuda llegaran a su destino.

Las acciones que tenían el propósito de crear un ejército afgano creíble fueron un fiasco que costó 83.000 millones de dólares.

“Intentamos crear un ejército afgano a imagen del Pentágono que, en el mundo real, es incapaz de operar sin nosotros”, se lamentó Vali R. Nasr, quien fungió como asesor en temas de política afgana entre 2009 y 2011. “No debería haber dependido de nuestro apoyo aéreo o en la capacidad que no tienen los afganos de darles mantenimiento a los helicópteros”.

Las reflexiones derivadas de este fracaso estadounidenses sin duda serán dolorosas. La tendencia a crear a imagen de Estados Unidos —en vez de adaptar los planes a ambiciones menores y más sencillas acordes a las necesidades y capacidades de los afganos— parece conllevar una lección más general para Estados Unidos en el mundo del siglo XXI.

Munter, el exembajador en Pakistán, dirigió el primer Equipo de Reconstrucción Provincial en Mosul, Irak, en 2006. Recordó que al llegar allí se encontró con que “no había ningún tipo de plan”.

Los funcionarios que distribuían la ayuda parecían más preocupados por la rapidez con la que podían hacerlo, que por el destino de la misma, “para poder convencer a la gente del Capitolio de que estábamos gastando el dinero que se nos había asignado”, dijo Munter.

La experiencia de Mosul, añadió, “parecía una versión en miniatura de lo que ocurrió a una escala mucho mayor en Afganistán”.

El elemento que tan a menudo parecía faltar en la política estadounidense, tanto en Irak como en Afganistán, era la capacidad de plantear una pregunta fundamental: ¿Qué es lo que sabemos sobre hacia donde vamos?

“Los estadounidenses han sido muy reacios a reconocer que no saben mucho sobre lo que estaba ocurriendo sobre el terreno, que pueden no saber lo que no saben y que han cometido errores por no saber lo suficiente”, dijo Brahimi.

Sin embargo, la ingenuidad estadounidense, si acaso eso fue, produjo muchos beneficios. Mohseni comparó los últimos 20 años con una “era de oro”, pues catapultó a Afganistán del siglo XII al siglo XXI. Las mujeres tuvieron acceso de nuevo a la educación. Surgió una clase media conectada con medios digitales. Se construyó infraestructura y tecnología para conectar a las personas con el mundo.

“Los afganos cambiaron para siempre”, dijo. “Para nosotros, el callejón sin salida fue bueno”.

La cuestión ahora es saber cuánto de todo eso intentarán revertir los talibanes, cambiados a su vez por la internet de la que dependen.

La amenaza más inmediata que suponen es sin duda para los afganos, y en particular para las mujeres afganas, más que para Estados Unidos. Todo parece posible, incluidas las represalias violentas y un éxodo masivo de refugiados.

“Esto es un golpe devastador para la credibilidad de Estados Unidos, que pone en tela de juicio nuestra sinceridad cuando decimos que creemos en los derechos humanos y en las mujeres”, dijo Heintz.

Cuando Richard C. Holbrooke fue el representante especial para Afganistán desde 2009 hasta su muerte en 2010, insistió en que todo su equipo leyera El americano tranquilo de Graham Greene.

En la novela, un bienintencionado e idealista oficial de inteligencia estadounidense, Alden Pyle, se enfrenta a las amargas realidades de la guerra colonial francesa en Vietnam mientras trata de llevar el cambio social y político a una sociedad compleja.

Greene, a través de su cínico periodista narrador, escribe: “Nunca conocí a un hombre que tuviera mejores motivos para todos los problemas que causó”.

Roger Cohen es el jefe de la oficina de París del Times. Fue columnista de Opinión de 2009 a 2020. Ha trabajado para el Times durante más de 30 años y ha sido corresponsal extranjero y editor extranjero. Criado en Sudáfrica y Gran Bretaña, es estadounidense naturalizado. @NYTimesCohen

Publucado en NYT

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