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Mundo

Leopoldo lópez está en casa pero la tiranía continúa

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WASHINGTON – El 8 de julio, el gobierno del presidente venezolano Nicolás Maduro trasladó a su preso político más prominente, Leopoldo López, hasta su casa a las 4:00 de la madrugada. El Tribunal Supremo de Justicia, controlado por Maduro, explicó, en un párrafo, que le concedía arresto domiciliario a López como “medida humanitaria” debido a su “situación de salud”. También mencionó “irregularidades sobre la distribución del expediente a un Tribunal de Ejecución”.

Sin dudas, la excarcelación de López es una muy buena noticia para su familia. Su esposa, Lilian Tintori, así como sus hijos, padres y hermanas, han sufrido por más de tres años al ver que López era procesado por motivos políticos y condenado a casi 14 años de cárcel, todo con base en cargos falsos y evidencia fabricada, según me dijo el propio fiscal del caso. Durante su detención en la cárcel militar de Ramo Verde, López fue sometido a largos períodos de aislamiento y sus familiares han padecido muchísimas humillaciones y abusos. En los últimos 90 días, a López le negaron cualquier contacto con sus abogados.

La excarcelación también representa un gran triunfo para los miles de manifestantes que han salido a las calles a diario desde fines de marzo para expresar su rechazo frente a las tácticas antidemocráticas del gobierno, y para el número creciente de líderes latinoamericanos que piden la liberación de los presos políticos y el cese inmediato de la represión.

Dado que López es el preso político más conocido de Venezuela, es altamente probable que el gobierno quiera vender su “liberación” como prueba de que la situación del país está mejorando, que las críticas internacionales son injustificadas y que los reclamos de los manifestantes son ilegítimos.

Esa pretensión no podría estar más alejada de la realidad.

López está en su casa, pero no está libre. Está sujeto a arresto domiciliario. En la misma situación se encuentra el exalcalde de Caracas Antonio Ledezma, que cumple arresto domiciliario desde hace más de dos años. A otro alcalde, Daniel Ceballos, que también fue encarcelado por motivos políticos, se le concedió arresto domiciliario por un año, pero luego lo pusieron nuevamente detrás de las rejas. Otros líderes políticos, como el excandidato presidencial Henrique Capriles Radonski, han sido inhabilitados arbitrariamente para postularse a cargos públicos por varios años.

En Venezuela, hay más de 400 presos políticos, según datos del Foro Penal Venezolano, organización sin fines de lucro que representa legalmente a detenidos. Más de 350 civiles han sido juzgados en tribunales militares, una práctica propia de las dictaduras latinoamericanas de la década de 1970 que viola flagrantemente el derecho venezolano y el internacional. Muchas de estas personas están alojadas en prisiones militares, cárceles de máxima seguridad o sedes de los servicios de inteligencia en condiciones de reclusión crueles y degradantes.

A su vez, las fuerzas de seguridad, en complicidad con grupos armados partidarios del gobierno conocidos como “colectivos”, siguen reprimiendo brutalmente las manifestaciones contra el gobierno. Desde inicios de abril, más de 90 personas han sido asesinadas, más de 1.500 resultaron heridas y más de 3.000 han sido detenidas con motivo de las manifestaciones. Los altos mandos venezolanos deben responder por las violaciones de derechos humanos generalizadas y graves cometidas por sus subordinados, incluidos casos de torturas.

A fines de junio, el presidente Maduro declaró que su gobierno jamás se rendiría ante sus opositores y que una futura derrota política terminaría en violencia. “Lo que no se pudo con los votos”, advirtió, “lo haríamos con las armas”.

Hace apenas unos días, el gobierno venezolano permitió que hampones armados irrumpieran en la Asamblea Nacional y golpearan a legisladores de oposición a plena luz del día. Esta agresión fue coordinada entre colectivos y miembros de la Guardia Nacional, según surge de grabaciones de audio que se difundieron el 7 de julio.

Ahora no es el momento de dejarse engañar y ser complacientes. Por el contrario, es indispensable más fiscalización y redoblar la presión para garantizar que López y Venezuela sean finalmente libres.

La crisis actual en Venezuela no es un conflicto entre dos ideologías o grupos políticos. Es una confrontación entre un régimen cívico-militar represivo que viola los derechos fundamentales de su pueblo e ignora descaradamente las garantías democráticas más elementales, y millones de venezolanos que se oponen a esta tiranía, incluidos muchos que antes apoyaban al gobierno.

La excarcelación de López es una señal de enorme debilidad de un régimen cada vez más aislado por la presión en las calles e internacional. Incluso la Fiscala General Luisa Ortega Díaz, quien antes apañaba al gobierno, ha criticado abiertamente a Maduro y la represión. Otro signo de la descomposición es que Ortega, justamente por sus críticas, hoy enfrenta un inminente proceso de destitución.

El arresto domiciliario de López es una notable concesión del gobierno venezolano. Pero es, muy probablemente, un repliegue táctico hecho con la intención de apaciguar las críticas y bajar la presión interna e internacional. Ahora no es el momento de dejarse engañar y ser complacientes. Por el contrario, es indispensable más fiscalización y redoblar la presión para garantizar que López y Venezuela sean finalmente libres.

Es hora de que México, Brasil, Argentina, Canadá y Estados Unidos exijan que el gobierno de Maduro autorice la visita de una misión de países representativos de la región, acompañada de miembros de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, para evaluar la situación in situ. Esta iniciativa podría darse dentro del marco de la OEA o fuera de ella si no se cuentan con los votos suficientes para autorizarla. La misión debería, específicamente, solicitar reunirse con todos los actores relevantes, incluyendo a los presos políticos, y notificarle al gobierno que las violaciones de derechos humanos no quedarán impunes. Un mensaje claro de estos países advirtiendo que los responsables de abusos deberán rendir cuentas por sus actos podría disuadir a policías y militares de que continúe la espiral de violencia, o que incluso se incremente.

 Acerca del autor

José Miguel Vivanco es director para las Americas de human right watch.

Artículo publicado en New York Times

Agencias

Rusia ataca el Este de Ucrania. “El Donbás” de la guerra

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EP New York/ Guerra de Ucrania

Kiev, 18 abr – El presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, informó la noche de este lunes a su país de que Rusia “ha empezado la gran batalla por el Donbás”, en alusión a la esperada gran ofensiva del ejército ruso para controlar todo el este del país.

“Podemos confirmar que las tropas rusas han comenzado esa batalla”, aseguró, en un mensaje difundido por vídeo, difundido por el canal informativo Ukrinform, para añadir a continuación que los soldados ucranianos “batallarán” y que “no cederán” nada del territorio del país.

“El ejército ruso ha concentrado gran parte del total de sus efectivos ahí para concentrarse en su ofensiva”, asegura, para sostener luego que “no importa cuantas tropas rusas se desplieguen: nosotros lucharemos”.

El mensaje del líder ucraniano sigue a los bombardeos registrados durante todo este lunes en el Donbás y después de que a primera hora de la mañana el gobernador regional de Lugansk, Serhiy Gaidai, proclamara el inicio de la ofensiva en una de sus ciudades, Kreminna.

“La situación ha cambiado radicalmente”, anunció entonces Gaidai, a través de Telegram, para informar luego de los primeros combates en las calles.

En paralelo a la alarma en el este del país, desde Leópolis, en el oeste y a 80 kilómetros de la frontera con Polonia, se reportaron asimismo ya por la mañana cinco ataques con misiles, que dejaron al menos siete muertos.

Especialmente dramática es la situación en Mariúpol, la estratégica ciudad portuaria del Mar Negro, que sufre a diario los bombardeos rusos desde el inicio de la invasión, el 24 de febrero.

Las autoridades ucranianas informaron este lunes, por segundo día consecutivo, de que no es posible abrir corredores humanitarios para proceder a la evacuación de los civiles porque, según Kiev, por parte de Rusia no hay garantías de seguridad.

La viceprimera ministra, Iryna Vereshchuk, instó a través de la cuenta oficial en Telegram a Rusia a abrir uno de estos corredores humanitarios para posibilitar esas operaciones.

Según fuentes ucranianas, en una acería de Mariúpol hay cerca de un millar de civiles refugiados. Ahí se encuentran también atrincherados los últimos soldados ucranianos que tratan de resistir el ataque ruso a esa ciudad.

Información de EFE

 

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Agencias

Putin y ejército ruso avanzan mientras piden a Ucrania que deponga las armas para dialogar

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EP New York/agencias

La ofensiva rusa avanza mientras presidente de Ucrania , Zelennskyy , pide ayuda a líderes mundiales.
KIEV, Ucrania  — La ofensiva de Rusia sobre Ucrania llegó el viernes a las inmediaciones de la capital luego de lanzar ataques aéreos sobre ciudades y bases militares y de entrar al país desde tres flancos en una invasión que podría reescribir el orden de la seguridad mundial tras la Guerra Fría.

El sonido de las explosiones sacudió Kiev antes del amanecer y más tarde se escucharon disparos cerca del barrio gubernamental, mientras los líderes occidentales convocaban una reunión de urgencia y el presidente de Ucrania pedía ayuda internacional para frenar un ataque que podría derrocar a su gobierno elegido democráticamente, causar un gran número de víctimas y provocar daños en la economía mundial.

Entre los indicios de la que capital ucraniana estaba bajo una creciente amenaza, el ejército dijo el viernes que un grupo de espías y saboteadores rusos fue visto en un distrito a las afueras de Kiev, y la policía pidió a la gente que no saliese de una céntrica estación de metro por los tiroteos en la zona. En otros puntos de la ciudad, los soldados establecieron posiciones defensibas en puentes y los vehículos blindados recorrían las calles, mientras muchos residentes esperaban inquietos en el portal de sus edificios de departamentos.

El secretario de Estado de Estados Unidos, Antony Blinken, señaló que Kiev “bien podría quedar bajo un asedio” en lo que funcionarios de Washington creen que es un intento descarado del presidente ruso, Vladimir Putin, de instalar su propio régimen.

La agresión, anticipada desde hace semanas por Estados Unidos y sus aliados occidentales, es la mayor guerra terrestre en Europa desde la Segunda Guerra Mundial. Tras semanas negando estar planeando una invasión, al autocrático Putin lanzó su ataque contra un país que se ha inclinado cada vez más hacia la democracia occidental alejándose de la órbita de Moscú.

Con su poder cada vez más en duda, el presidente Volodymyr Zelenskyy pidió a los líderes mundial sanciones aún más severas que las impuestas por los aliados y asistencia en materia de defensa.

“Si no nos ayudan ahora, si no ofrecen una ayuda potente a Ucrania, mañana la guerra llamará a su puerta”, afirmó el mandatario, que cortó los lazos diplomáticos con Moscú, declaró la ley marcial y ordenó una movilización total del ejército para los próximos 90 días.

Zelenskyy dijo que él es el objetivo número uno de los rusos, pero apuntó que tenía previsto quedarse en Kiev. La primera ministra de Suecia, Magdalena Andersson, señaló a primera hora del viernes que el ucraniano asistió a una reunión de líderes de la Unión Europea por videollamada desde lo que parecía ser una especie de búnker.

Mientras las sirenas antiaéreas sonaban en Kiev en la madrugada del viernes, los huéspedes de un hotel en el centro de la ciudad eran dirigidos a un refugio improvisado en el sótano, forrado con pilas de colchones y botellas de agua. Los trabajadores, todos estudiantes universitarios locales, servían té y galletas a los clientes. Algunas personas salieron a un patio para fumar o tomar el aire.

“Todos estamos asustados y preocupados. No sabemos qué hacer, qué va a pasar en unos días”, señaló una de las empleadas, Lucy Vashaka, de 20 años.

La invasión comenzó en la madrugada del jueves con una serie de ataques con misiles, muchos de ellos a instalaciones gubernamentales y militares clave, seguidos de inmediato por un asalto terrestre por tres flancos. Según funcionarios ucranianos y estadounidenses, las fuerzas de Moscú estaban atacando desde el este hacia Járkiv, la segunda ciudad del país; desde la región sureña de Crimea, que Rusia se anexionó en 2014, y desde Bielorrusia por el norte.

Después de que las autoridades ucranianas reportaran haber perdido el control de la clausurada central nuclear de Chernóbil, escenario del peor desastre nuclear del mundo, Rusia dijo el viernes que colaboraba con ucranianos para asegurarla, pero el bando local no corroboró dicha cooperación.

En discurso, Zelenskyy anunció el fallecimiento de 137 “héroes”, entre ellos 10 oficiales militares, mientras que uno de sus asesores dijo que en el lado ruso murieron alrededor de 400 soldados. Moscú no ofreció datos. Ninguna de las afirmaciones pudo verificarse de forma independiente.

Muchos de los que, por temor a los bombardeos, pasaron la noche en búnkeres improvisados, salieron a primera hora del viernes a una ciudad en relativa calma. Por las autovías circulaban algunos autos, además de las columnas del ejército. Las filas de la víspera en las gasolineras habían desaparecido.

Con las redes sociales amplificando el torrente de afirmaciones militares de Moscú y Kiev, es difícil determinar qué ocurre exactamente sobre el terreno.

Rusia dijo que no está atacando ciudades, pero los periodistas vieron destrozos en muchas zonas civiles y el alcalde de Kiev, Vitaly Klitschko, dijo que un proyectil causó un incendio en un edificio residencial de varias plantas. Por su parte, el regidor de una ciudad del este controlada por los rebeldes, señaló que las tropas ucranianas habían bombardeado una escuela.

Con información de los corresponsales de AP y EFE.

 

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Agencias

Rusia niega buscar un pretexto para invadir Ucrania: EE.UU.

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EP New York/política mundial /agencias

MOSCÚ  — El máximo diplomático ruso Sergey Lavrov ,  rechazó el lunes las acusaciones de Estados Unidos de que Rusia prepara un pretexto para invadir Ucrania al tiempo que soldados rusos permanecen concentrados cerca de la frontera ucraniana.

La Casa Blanca indicó el viernes que funcionarios de inteligencia estadounidenses han concluido que Moscú ha desplegado operativos en el este de Ucrania, una región controlada por rebeldes, para perpetrar actos de sabotaje ahí y culpar al gobierno ucraniano en una “operación de bandera falsa” a fin de tener un pretexto para una posible invasión.

Hablando ante los reporteros el lunes, el ministro ruso del Exterior Sergey Lavrov dijo que la afirmación estadounidense es una “desinformación total”.

Lavrov reafirmó que Rusia espera una respuesta por escrito esta semana de Estados Unidos y sus aliados a la petición de Moscú de que la OTAN garantice que no aceptará a Ucrania ni ninguna otra antigua nación soviética, ni tendrán sus fuerzas y armas ahí.

Washington y sus aliados rechazaron firmemente las demandas de Moscú durante las negociaciones de la semana pasada entre Rusia y Estados Unidos en Ginebra y una reunión relacionada entre funcionarios de la OTAN y Rusia en Bruselas, que se llevaron a cabo al tiempo que alrededor de 100.000 soldados rusos con tanques y otras armas pesadas se posicionan cerca de Ucrania en lo que Occidente teme que sea un preludio de una invasión.

Una delegación de senadores estadounidenses está de visita en Ucrania para reiterar el apoyo de Estados Unidos al país.

“Nuestra delegación congresual bipartidista envía un mensaje claro a la comunidad global: Estados Unidos mantiene su apoyo inquebrantable a nuestros socios ucranianos para defender su soberanía y ante la persistente agresión rusa”, dijo la senadora Jeanne Shaheen, una demócrata de Nueva Hampshire, en un comunicado. AP

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