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Luisa Ortega , una fiscal con temple constitucional

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Luisa Ortega ha sorprendido a Venezuela por sus recientes declaraciones y es ahora una férrea oponente del régimen deMaduro al denunciar la represión de las protestas y al exigir que los manifestantes encarcelados sean juzgados en tribunales civiles, no militares , como ordenó el presidente.

Hace un mes sorprendió a todos alertando sobre la ruptura del orden constitucional y rechazando la Asamblea Constituyente convocada por el gobierno de Nicolás Maduro.

En esa oportunidad, también confirmó la muerte de un manifestante a manos de las fuerzas de seguridad y se convirtió en el primer funcionario público de importancia en reconocer el descontento social por la escasez de productos básicos.

Y este miércoles la fiscal general Luisa Ortega, volvió a chocar frontalmente con el gobierno venezolano, denunciando la existencia de “terrorismo de Estado” y declarándose dispuesta a dar la vida para defender la constitución que el actual mandatario pretende reformar.Pero no está claro por cuanto tiempo más Ortega podrá seguir siendo esa rara avis en la Venezuela de hoy día: una voz disidente al frente de una de las principales instituciones estatales del país.

Esta postura ha convertido a Ortega en la más destacada de las voces que critican a Maduro desde el propio chavismo. Pero el mismo miércoles, el Tribunal Supremo de Justicia -denunciado como “ilegítimo” por la fiscal- ordenó el congelamiento de sus cuentas bancarias y le prohibió la salida del país “por la presunta comisión de faltas graves en el ejercicio de su cargo”.

Poco antes, el mismo tribunal también había emitido dos polémicas sentencias aparentemente destinadas a minar el poder de la fiscalía y preparar el camino para una eventual destitución de Ortega.Una situación que muy pocos seguramente imaginaban cuando, al liderar la acción penal contra el líder opositor Leopoldo López, que derivó en su arresto, Ortega se confirmó como una leal seguidora de Hugo Chávez, a quien todavía acostumbra citar.

“Chavismo crítico”

Por lo pronto, la fiscal, de 59 años, se ha convertido en una suerte de ídolo de la oposición, que desde hace tres meses celebra manifestaciones en contra del presidente Nicolás Maduro, al que acusan de una deriva autoritaria. En ese tiempo se han registrado más de 80 muertos, y la fiscal fue la primera en suministrar cifras oficiales contradiciendo el discurso del gobierno en medio del actual escenario de confrontación.

ILa fiscal se ha ido separando de la postura oficial del gobierno de Nicolás Maduro.Foto: @VillegasPoljak

 

A tenor de sus palabras y de la independencia que ha mostrado, Ortega forma parte del chavismo crítico con el gobierno de Nicolás Maduro. Llegó al puesto de fiscal con el aval de Hugo Chávez en 2007 y vivió el funeral del fallecido presidente en 2013 desde primera fila. “Estuvo muy comprometida con el presidente Chávez. Por su formación de izquierdas nadie desde el gobierno puede juzgarle como una traidora ni decir que está pagada por la CIA”, le dijo en mayo a BBC Mundo el politólogo Nícmer Evans, también crítico con el gobierno desde la izquierda. Y, según Evans, su giro no responde a un viraje ideológico, pues se trata de una persona de firme convicción de izquierdas, casada con un diputado oficialista y leal al proceso revolucionario, pero también firme defensora de la Constitución de 1999.

Esa es la Carta Magna de Chávez que ahora el gobierno de Maduro desea cambiar con una Asamblea Constituyente y la que Ortega juró defender con su vida. “Es una combinación de activista política y mujer de leyes”, explicó Evans, quien conoce a la fiscal y también formó parte del gobierno de Chávez.

“Una válvula de escape”

Aunque desde el oficialismo se acusa a Ortega de traidora, sus posturas también han sido elogiadas por ser independientes.

“Es una posición muy valiente y demuestra su nivel de compromiso con el país, con la Constitución, y permite generar un debate y una válvula de escape”, le dijo en su momento a BBC Mundo Olly Millán, quien fue ministra de Economía Popular con Chávez y ahora es crítica con el gobierno.

En ese entonces Millán se refería a las declaraciones de finales de marzo en las que Ortega calificó de “ruptura del orden Constitucional” dos sentencias del Tribunal Supremo de Justicia (TSJ) que suprimían poderes al Parlamento, controlado por la oposición. Poco después las dos sentencias, que fueron el detonante de la actual ola de protestas, se rectificaron parcialmente. Pero el momento marcó un antes y un después en la relación entre Ortega y el gobierno. Y, en esa misma conferencia, la fiscal aseguró que el Ministerio Público había constatado una tasa de 70,1 homicidios por cada 100.000 habitantes, es decir,21.752 homicidios intencionales o dolosos, confirmando así uno de los grandes problemas de Venezuela: la violencia.

Meses antes había criticado las Operaciones de Liberación del Pueblo (OLP), el plan de seguridad del Estado contra el crimen que ha generado denuncias de asesinatos extrajudiciales por parte de las fuerzas de seguridad.

Pero Ortega no se quedó allí. En una poco habitual entrevista con el diario estadounidense The Wall Street Journal calificó la Constitución actual como “insuperable” y en medio del enfrentamiento entre gobierno y oposición, afirmó: “No podemos pedir un comportamiento legal y pacífico a los ciudadanos si el Estado toma decisiones que no están de acuerdo a la ley”. También mostró su “preocupación” por que haya civiles que estén siendo juzgados por tribunales militares.

Derechos de autor de la imagenAFP
Image captionLa fiscal leyó las instrucciones de una bomba lacrimógena para dejar claro que no debe ser disparada de forma directa contra manifestantes.

“Incluso en los estados de excepción, el debido proceso es uno de los pocos derechos que no se puede suspender”, dijo Ortega el 25 de abril citando el artículo 337 de la Constitución venezolana. Y en una carta al presidente de la comisión presidencial para la Asamblea Constituyente mostró su desacuerdo con esta y su lealtad a la actual Carta Magna. “Para resolver la crisis indudable y sin precedentes que atraviesa el país, no es necesario, pertinente ni conveniente llevar a cabo una transformación del Estado en los términos que podría suponer una nueva Constitución”, escribió. Y por esos días también admitió la existencia de un profundo descontento por culpa de la escasez de productos básicos, algo que no ha reconocido el gobierno pese a la grave crisis económica que sufre el país.

“Represión”

En la conferencia ofrecida en marzo, con el simple gesto de leer este miércoles las instrucciones de una bomba lacrimógena, Ortega también dejó claro que las fuerzas del orden no las pueden usar para disparar directamente sobre manifestantes, tal y como ha denunciado la oposición.

Derechos de autor de la imagenGETTY IMAGES
Image captionEl caso de la muerte de Juan Pernaleta ha sido el símbolo de los fallecidos en más de 50 días de protestas.

En esa oportunidad, usó la palabra “represión”, criticada por el gobierno, y anunció que la investigación sobre la muerte del joven manifestante Juan Pernalete confirmó que la causa del deceso fue el impacto de una bomba lacrimógena. (El gobierno defiende la tesis de que murió por el disparo de una pistola de perno, algo que supuestamente quedaba claro en un video mostrado a los medios). Y en sus declaraciones de este 28 de junio Ortega fue mucho más allá al denunciar “un terrorismo de Estado” por parte de la actual administración.

“Yo lo que creo es que tenemos un terrorismo de Estado donde se perdió el derecho a manifestar, donde son reprimidas cruelmente las manifestaciones, donde se enjuicia a civiles en justicia militar”, declaró.

“Se han producido sentencias del TSJ que además de romper el orden constitucional, ya muy maltratado, le entregan la investigación de los derechos humanos posiblemente a quienes violen los derechos humanos“, dijo de la decisión judicial que le dio a la Defensoría del Pueblo la posibilidad de hacer investigaciones penales, hasta entonces monopolio del Ministerio Público.

“Cayó en las redes de los antirrevolucionarios”

En un inicio, los miembros más altos del gobierno prefirieron eludir una crítica formal, aunque en su momento el ministro del Interior, Néstor Reverol, criticó el proceder de la fiscalía. “No ha garantizado la aplicación de la justicia”, denunció ya a finales de mayo, citando como ejemplo la liberación de unos implicados en el ataque a un domicilio en Mérida, en el oeste del país.

“Lo que profundiza la crisis política son posiciones como la de ella”, dijo también en esa oportunidad su mentor y antecesor como fiscal general, Isaías Rodríguez en una entrevista con la televisión estatal. “Le tengo mucho afecto, pero cayó en las redes de los antirrevolucionarios”, aseguró Rodríguez. “La fiscalía está ardiendo por dentro. La fiscalía no es una institución para jugar a la candelita”, dijo el exfiscal y exvicepresidente.

En esos días el diputado oficialista Pedro Carreño también la atacó en twitter. “Pena ajena da ver a Luisa Ortega nerviosa, dubitativa y llena de contradicciones, leyendo libreto no hecho por ella. JUSTIFICANDO VIOLENCIA”, escribió en mayúsculas.

Fue precisamente Carreño quien el 16 de junio le solicitó al Tribunal Supremo iniciar el proceso de remoción de la fiscal general, por “la comisión de faltas graves en el ejercicio de su cargo”, así como las medidas cautelares aprobadas el miércoles. Poco antes, el diputado oficialista también le había solicitado al TSJ una evaluación del estado mental de Ortega, a la que acusó de “no estar en sus cabales”. Y en los últimos días las descalificaciones en contra de la funcionaria se han multiplicado entre los representantes del oficialismo.

“Veo como una vulgaridad el extremismo en que ha caído el Ministerio Público y llamo a la señora Luisa Ortega, que la veo muy nerviosa y desesperada, a que vuelva al equilibrio”, declaró el pasado 22 de junio.

“Si se quiere meter en la diatriba política porque tiene aspiraciones de ser candidata presidencial de la (alianza opositora) MUD (…) tiene todos los derechos para hacerlo, pero no se puede utilizar una institución tan delicada” acusó en esa oportunidad el mandatario.

Esperanza para la oposición

Mientras sucede todo esto, la oposición jalea su postura institucional e independiente del resto de los poderes del Estados, todos afines al oficialismo excepto el Parlamento.

“Con las declaraciones de la fiscal el gobierno debe salir a pedir perdón”, dijo en mayo el líder opositor Henrique Capriles.

“Este es el verdadero golpe de Estado… ¡y sin helicóptero!”, fue, por su parte, la reacción de Jesús “Chúo” Torrealba al anuncio de las sentencias del TSJ contra la Fiscalía.

Ortega, sin embargo, no siempre fue objeto de devoción por parte de la oposición. Ella estaba al mando de la fiscalía que lideró las controvertidas acusaciones en 2014 -tras una oleada de fuertes protestas- contra estudiantes y contra el líder opositor Leopoldo López, condenado a 14 años de prisión por los delitos de instigación pública, daños a la propiedad, incendio intencional y asociación para delinquir. Pero ahora la esperanza que tienen muchos es que no sea la única voz disidente dentro del monolítico oficialismo. Aunque negros nubarrones penden sobre su futuro.

En teoría, la destitución de la fiscal sólo sería posible a través de la Asamblea Nacional, controlada por la oposición, pero esta fue declarada en desacato por el TSJ en otra polémica sentencia. Y el poder judicial ya fijó para el próximo 4 de julio la audiencia sobre la solicitud de antejuicio de Ortega, por lo que no está garantizado que esta vaya a poder completar su mandato, que expira en 2021.

“El papel de ella es sacar al país del bochinche de ‘estás conmigo o contra mí’ en un momento en el que se necesita que las instituciones respondan a sus objetivos”, le dijo Nícmer Evans a BBC Mundo en mayo, cuando Ortega empezaba a convertirse en una importante actriz política en la crisis de Venezuela. Pero queda por verse si lo conseguirá o, en el caso de una eventual destitución, si se convertirá en una víctima más de la convulsa política venezolana o el detonante que por fin la solucione.

Línea

(*) Este artículo del corresponsal de BBC Mundo en Venezuela, Daniel García, fue publicado originalmente el 25 de mayo de 2017 y actualizado el 29 de junio para incluir los recientes fallos del Tribunal Supremo de Justicia en contra de la fiscal Ortega así como su reacción a los mismos.

Agencias

jefe de la misión de observación electoral de la Unión Europea en Colombia, calificó el proceso electoral de “ordenado, tranquilo, transparente y fluido”.

Francisco

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EP FLORIDA NEWS | ELECCIONES COLOMBIA 2026

Las reñidas elecciones presidenciales de Colombia del domingo se encaminan a una segunda vuelta, con el avance de un candidato de extrema derecha, lo que podría anunciar una nueva victoria electoral de la ola de derecha que se está extendiendo por toda América Latina, según mostraron los resultados oficiales preliminares.

El candidato, Abelardo de la Espriella, se enfrentará ahora a Iván Cepeda, senador del partido de izquierda del presidente saliente del país, Gustavo Petro.

De la Espriella, cuyo ascenso se produjo a finales de la campaña, se asemeja a un nuevo tipo de líderes populistas llamativos de América Latina, como el salvadoreño Nayib Bukele, quien comparte el enfoque de línea dura del presidente Donald Trump frente a la delincuencia y ha prometido aplicarlo a los narcotraficantes.

Con más del 99 por ciento de los votos escrutados, los resultados publicados por el registro civil nacional revelaron un electorado dividido en dos. De la Espriella obtuvo el 44,73 por ciento de los votos y Cepeda el 40,91 por ciento. Como ninguno de los candidatos obtuvo más del 50 por ciento, se celebrará una segunda vuelta el 21 de junio.

El domingo por la noche, Petro cuestionó los resultados preliminares y dijo que no los aceptaría hasta que se completara el recuento oficial de votos. Cepeda, veterano defensor de los derechos humanos, obtuvo el apoyo de la amplia base del proyecto político de Petro, que ha intentado representar a las poblaciones pobres y marginadas que por mucho tiempo han quedado fuera de los salones del poder. Petro estaba limitado a un solo mandato presidencial.

El inesperado ascenso de De la Espriella desbarató lo que la clase política colombiana había creído que sería una victoria fácil para ellos frente a Cepeda. Paloma Valencia, senadora conservadora que contaba con el apoyo de algunos de los políticos más poderosos del país, solo obtuvo el domingo el 6,84 por ciento de los votos.

Los expertos afirman que los resultados son una sorprendente reprimenda a la clase dirigente conservadora que ha gobernado en gran medida Colombia, un país sudamericano diverso de 54 millones de habitantes, desde su independencia hace más de 200 años. Petro fue el primer dirigente político de izquierda de Colombia.

“Es la primera vez que el país se divide entre un bloque de izquierda y otro de derecha”, dijo María Jimena Duzán, destacada periodista de investigación y comentarista política colombiana. Con la elección del próximo líder de Colombia aún en el aire, se esperaba que los funcionarios de Washington siguieran de cerca la próxima ronda de votaciones.

El gobierno de Trump se ha esforzado por impulsar la ola de derecha en América Latina mientras busca aliados para su agresiva lucha contra los narcotraficantes.

De la Espriella, de 47 años, abogado que nunca ha ocupado un cargo público, subió en las encuestas en la recta final de la campaña presentándose como un <outsider< antisistema y avivando el temor a que la izquierda convierta a Colombia en Venezuela, el fallido Estado autoritario vecino.

También aprovechó la preocupación generalizada por la seguridad, prometiendo acabar con los grupos armados y las bandas que, según muchos colombianos, han hecho de la extorsión una parte real de sus vidas. En un aparente guiño al sistema penitenciario
de Bukele en El Salvador, De la Espriella prometió construir 10 prisiones de máxima seguridad en la selva.

Cepeda, de 63 años, es un firme aliado de Petro, quien se presentó con una plataforma de continuidad y la promesa de defender a las víctimas de los conflictos armados del país, así como a los pobres. Aunque los expertos dicen que Cepeda se benefició de la sólida base de la izquierda —y de un reciente y considerable aumento del salario mínimo—, no estaba claro si su personalidad reservada y sus discursos centrados en la política atraerían a los votantes como lo hizo la presencia galvanizadora de Petro.

“Petro abrió el camino para que alguien no carismático, como él, sino con una figura más profunda, pueda llegar”, dijo Eduardo Ayala, politólogo que asistió a un mitin de Cepeda en la capital, Bogotá.

Muchos de los partidarios de De la Espriella se hicieron eco de la afirmación de su candidato de que Cepeda sería más radical que Petro. “Sería un desastre”, dijo Klaudia Rincón, profesora de matemáticas de octavo grado en Barranquilla, la ciudad caribeña costera donde De la Espriella depositó su voto, mientras se dirigía a las urnas. “Comunismo total”.

Votantes, comentaristas y analistas coincidieron en que las elecciones no habían sido como ninguna otra que se recuerde.

La campaña de De la Espriella combinó el populismo a la antigua usanza con nuevas artimañas, como videos generados por inteligencia artificial que mostraban con realismo a sus rivales políticos conspirando contra él. Para eludir una norma que prohíbe llevar ropa de campaña a las urnas, se pidió a sus partidarios que vistieran la camiseta amarillo canario de la selección nacional de fútbol de Colombia.

Muchos votantes dijeron el domingo que, a pesar de la grandilocuencia de De la Espriella, les tranquilizaba su compañero de fórmula, José Manuel Restrepo, un experimentado economista que fue ministro de Hacienda del anterior presidente conservador, Iván Duque.

El voto de la derecha, que se dividió entre De la Espriella y Valencia, podría consolidarse en torno al candidato de extrema derecha en la segunda vuelta. Los expertos dijeron que los votantes centristas podrían inclinarse hacia la izquierda en la segunda vuelta, pero que Cepeda tendría que asegurarles que no nacionalizará industrias ni adoptará medidas de extrema izquierda que afecten a la economía.

Se enfrenta a una ardua batalla, no solo por el sentimiento antiizquierdista, sino por la decepción que existe en muchos sectores con Petro, cuyo mandato estuvo marcado por escándalos personales y gubernamentales y por un gasto desbocado que dejó una deuda de niveles propios de la era de la pandemia, dijeron los economistas.

En contienda con De la Espriella, se enfrenta a una figura llamativa que cautivó a un amplio número de seguidores con discursos virtuosos pronunciados desde una caja blindada, una mascota tigre y un eslogan pegadizo: “¡Firme por la Patria!”.

El espectáculo pareció eclipsar, para muchos, su falta de experiencia.

“Me parece que es un tipo inteligente”, dijo Silvia García, de 67 años, intérprete jubilada de conferencias internacionales, quien votó por el candidato en Barranquilla y predijo que construiría un gabinete fuerte.

Muchos votantes parecieron pasar por alto las controversias que han perseguido a De la Espriella a lo largo de su carrera, incluido el escrutinio sobre su relación con clientes colombianos de mala reputación en la opinión pública, como Alex Saab, aliado cercano del exdirigente venezolano, quien ha sido extraditado a Estados Unidos.

“Es como un doctor que va a curar o sanar a un delincuente, a un guerrillero, un paramilitar”, dijo Fabián Campos, un votante de Bogotá, sobre la carrera judicial de De la Espriella. “Si toca, pues prestarle los servicios”.

La participación fue alta el día de las elecciones, y los observadores internacionales dijeron que no había habido grandes problemas a pesar de las predicciones de fraude por ambas partes, y de las amenazas y ataques violentos durante la campaña, incluido el tiroteo mortal contra dos trabajadores de la campaña de De la Espriella.

Esteban González Pons, jefe de la misión de observación electoral de la Unión Europea en Colombia, calificó el proceso electoral de “ordenado, tranquilo, transparente y fluido”.

Hubo una participación inusualmente alta entre los colombianos residentes en el extranjero, y la mayoría de los electores en Estados Unidos votaron por De la Espriella, según mostraron los resultados. En el condado de Miami-Dade, Florida, los votantes habían hecho fila desde hacía días ante el consulado, muchos de ellos con camisetas amarillas y gritando los lemas de su campaña.

En muchos sentidos, la votación fue un referendo sobre el legado del presidente saliente, Petro.

El mandato de Petro se definió tanto por la representación histórica de las comunidades indígenas, afrocolombianas y LGBTQ como por una agenda legislativa estancada, discursos públicos digresivos y una relación inestable con Trump.

William Pineda, camionero de carga de las afueras de Bogotá, dijo que veía a Cepeda como la siguiente fase de un proyecto que, por primera vez en la historia del país, estaba del lado de los pobres y vulnerables.

Pineda dijo que Cepeda quiere ayudar a la gente de a pie, para que los ricos no lo decidan todo.

El papel central de Colombia en el tráfico de drogas de la región la convierte en una pieza clave de la campaña de Trump para erradicar los carteles<span; con la colaboración de los gobiernos regionales aliados.

De la Espriella ha dicho que buscaría un acuerdo similar al alcanzado por el vecino Ecuador, que ha aceptado la participación de las fuerzas estadounidenses en operaciones conjuntas en su territorio.

Cepeda, por su parte, cerró su campaña diciendo que deseaba poner fin al “ciclo de las violencias” de ataques militares contra grupos armados y represalias. A menudo ha hablado de la fracasada guerra contra las drogas que Estados Unidos lleva décadas librando.

Publicado en NYT

 

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Agencias

Abelardo de la Espriella y Cepeda disputarán presidencia de Colombia en segunda vuelta

Francisco

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EP FLORIDA NEWS | ELECCIONES COLOMBIA 2026

Bogotá, 31 may (EFE).- El candidato de ultraderecha Abelardo de la Espriella, del movimiento Defensores de la Patria, y el izquierdista Iván Cepeda, del Pacto Histórico, diputarán en segunda vuelta la Presidencia de Colombia el próximo 21 de junio al ser los más votados en la primera ronda celebrada este domingo.

Con el 98,27 % de las mesas contabilizadas, De la Espriella da la sorpresa al pasar de los 10 millones de votos (43,74 %), un resultado mejor que el que le daban las encuestas, en las que siempre estuvo en segundo lugar, detrás de Cepeda.

El candidato de la izquierda, por su parte, quedó en segundo lugar, con 9,5 millones de papeletas (40,90 %), cuando falta por informar menos del 2 % de las 122.020 mesas dispuestas para las elecciones de este domingo, según la Registraduría nacional, entidad que organiza las elecciones.

Sin embargo, como ninguno obtuvo la mitad más uno de los votos necesaria para proclamarse vencedor en primera vuelta, De la Espriella y Cepeda irán a una segunda ronda en tres semanas.

El tercer puesto es para la senadora Paloma Valencia, del partido uribista Centro Democrático, que recibe 1,6 millones de votos en esta medición parcial (6,91 %).

Valencia es la gran perdedora de estas elecciones porque su votación es muy inferior al 12 % que le daban las últimas encuestas, e incluso menor a los 3,2 millones de votos que obtuvo el pasado 8 de marzo en la consulta de partidos de centro y derecha en la que fue elegida candidata.

En cuarto se sitúa Sergio Fajardo, del partido de centro Dignidad & Compromiso, con 992.510 votos, que representan el 4,26 %.

Otra candidata de centro, la exalcaldesa bogotana Claudia López, se sitúa en el quinto lugar con 221.058 votos (0,94 %). EFE

 

 

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Agencias

Halagos de Trump a Xi Jinping sólo tuvo una respuesta : Estabilidad estratégica constructiva

Francisco

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EP FLORIDA NEWS | VISITA DE TRUMP A CHINA

Xi Jinping, el líder de China, se ha pasado el último año haciendo frente al presidente Donald Trump. Respondió a los aranceles de tres dígitos con aranceles de tres dígitos y restringió las exportaciones de tierras raras, obligando al gobierno de Trump a dar marcha atrás. Ambas partes salieron perjudicadas, al igual que la economía mundial.

Sin embargo, tras haber dejado clara su posición y haber establecido a China como par de Estados Unidos, Xi ahora está pasando de la represalia a la conciliación. En una cumbre celebrada esta semana en Pekín, que calificó de histórica, Xi ofreció a Washington una elección: aceptar a China como una potencia igual, con líneas rojas que no deben cruzarse, o continuar en un ciclo de conflicto que podría caer en una “trampa de Tucídides” global de colisión entre superpotencias.

Xi le dio a este plan un nombre nuevo, aunque algo forzado: “estabilidad estratégica constructiva”.

Repitió este término durante toda la cumbre, una visita diseñada para mostrarle a Trump cómo podría ser una amistad entre ambos países, con toda la pompa en las cavernosas salas del Gran Salón del Pueblo, una visita privada al Templo del Cielo y conversaciones en el interior de Zhongnanhai, el complejo amurallado y hermético de la dirigencia china.

En cierto modo, el gobierno de Trump ya estaba siguiendo las reglas de China en esta visita. El presidente estadounidense en general se mostró muy respetuoso con Xi. Trump lo colmó de elogios y se abstuvo de replicar cuando el dirigente chino advirtió a Estados Unidos que actuara con cautela en el tema de Taiwán, la isla autogobernada que reclama Pekín.

Las nuevas reglas del juego

Xi habló en términos elevados y abstractos sobre lo que implicaba exactamente la estabilidad estratégica constructiva. Habló de “cooperación” como un “pilar”; “competencia dentro de los límites adecuados”; “diferencias manejables” y “paz esperable”.

Xin Qiang, experto en Estados Unidos y China de la Universidad Fudan de Shanghái, dijo que esto se reduce a reconocer que la competencia forma parte de la relación.

A pesar de eso, los dos países pueden albergar la esperanza de que hay más razones para cooperar que para enfrentarse. La cumbre puso de relieve algunas de las formas en que podrían colaborar, como la lucha contra el flujo de fentanilo a Estados Unidos, el establecimiento de normas básicas para la inteligencia artificial y la resolución del conflicto del estrecho de Ormuz.

¿Está Washington de acuerdo?

El resumen oficial chino de la reunión decía que Trump estaba de acuerdo con la nueva definición de Xi de la relación. Aunque la Casa Blanca no lo mencionó en su propio resumen, el secretario de Estado Marco Rubio sugirió en una entrevista con la NBC el viernes que el gobierno de Trump había respaldado el concepto.

“Una de las cosas en las que hacen hincapié los chinos, y en la que estamos de acuerdo, es en la estabilidad estratégica de nuestra relación, una relación constructiva, pero también una relación que establezca una estabilidad estratégica para que no haya malentendidos que puedan llevar a un conflicto más amplio”, dijo Rubio.

Hace apenas unos años, Pekín se oponía con vehemencia a una política del gobierno de Biden denominada “competencia gestionada”, que tiene similitudes con lo que Xi propone ahora. Esta implicaba aceptar que ambas partes eran rivales, pero también imponer barreras para evitar que la relación derivara hacia un conflicto. Pekín rechazó ese marco por considerarlo un intento de contener a China.

La razón por la que Xi se siente hoy cómodo con la idea podría tener mucho que ver con la creciente paridad de poder entre China y Estados Unidos. Pekín siente que ya no puede ser presionado por Washington luego de haber empatado con el gobierno de Trump en la guerra comercial del año pasado, al amenazar con restringir el suministro global de minerales críticos necesarios para fabricar tecnologías modernas.

Por qué Xi está dispuesto a dialogar

Al mismo tiempo, una confrontación con Estados Unidos no beneficia a China. Su economía lleva años estancada debido a una crisis inmobiliaria, y no puede permitirse ninguna disrupción del comercio mundial, su principal motor de crecimiento.

Xi está dando a entender que quiere consolidar el empate actual para que el gobierno de Trump no interfiera en su gran visión del futuro de China: un país rebosante de poderío tecnológico e industrial preparado para superar a un Estados Unidos en declive como primera potencia mundial.

“Para China, esta frase tiene que ver con ganar tiempo y jugar para sacar ventaja mientras Pekín intenta esperar que termine el gobierno de Trump”, señaló Evan Medeiros, profesor de Georgetown que fue asesor para Asia en el Consejo de Seguridad Nacional durante la presidencia de Barack Obama.

“China quiere gestionar lo que percibe como un declive gradual de Estados Unidos con la esperanza tanto de acelerarlo como de hacerlo lo menos disruptivo posible”, añadió.

China apuesta por el largo plazo

Estados Unidos no es ajeno a los intentos de China de enmarcar la relación entre ambos países en su propio beneficio.
En 2013, Xi intentó convencer a Obama de adoptar lo que denominó “un nuevo modelo de relaciones entre grandes potencias”, que pedía a Estados Unidos respetar lo que China considera sus intereses fundamentales, como sus pretensiones sobre Taiwán y el mar de China Meridional.

Al final el gobierno de Obama se negó a respaldar el concepto, reconociendo que exigía ceder poder en Asia y dejar vulnerables a aliados y socios.

“Se trata de una maniobra clásica de China, que intenta que Estados Unidos acepte un marco como forma de enlazar a Washington y establecer los términos de la relación bilateral de cara al futuro”, dijo Medeiros sobre el más reciente intento de Xi.

“Estas frases son arenas movedizas geopolíticas”, añadió. “Una vez que entras, no puedes salir, y cuanto más lo intentas, más te arrastra China”.

Cómo utilizará China este replanteamiento

Se trata de un replanteamiento de la relación, pero en los términos de Pekín, afirmó Shen Dingli, estudioso de las relaciones internacionales en Shanghái.

China, por ejemplo, podría alegar más adelante que el gobierno de Trump había violado los principios de la estabilidad estratégica constructiva al seguir vendiendo más armas a Taiwán. “Lo que China quiere es que la relación entre China y Estados Unidos sea buena y estable, pero con la condición de que China diga: ‘Yo soy quien proporciona el camino y yo soy quien señala la dirección’”, dijo Shen.

Otros analistas chinos afirman que es necesario un nuevo marco para reducir la influencia de los sectores de línea dura hacia China en el Congreso, que amenazan con socavar el acercamiento. También existe el temor de que Trump pueda cambiar su postura sobre China después de las elecciones intermedias de 2026.

“La preocupación siempre está ahí. Es algo por lo que es muy conocido”, afirmó Xin, de la Universidad de Fudan.

Publicado en NYT

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