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Mujeres y política en América Latina

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MUJERES Y POLÍTICA EN AMÉRICA LATINA: LOS LÍMITES DEL PODER

Por Ricardo Angoso

@ricardoangoso

ricky.angoso@gmail.com

La llegada al poder de un grupo mujeres en América Latina en los primeros años del siglo XX, como lo eran los casos de Dilma Rousseff, en Brasil, Michelle Bachelet, en Chile, y Cristina Fernández Kirchner, en Argentina, por citar tan sólo algunas, generó grandes esperanzas y expectativas muy positivas en todo el continente. Sin embargo, muy pronto comenzaron a aparecer problemas y la inercia del pasado, que atrapa tanto a hombres como mujeres sin distinción, se hizo presente y se vieron claros cuáles eran los límites desde donde podían ejercer sus responsabilidades, que eran, ni más ni menos, los que señalaba el sistema.

 Cada uno de estos tres casos es muy diferente entre sí, pues la realidad latinoamericana no es homogénea, sino que es un continente plural, diverso y con culturas políticas muy diferentes de una nación a otra. Por ejemplo, el caso de Rousseff constituyó un fiasco no esperado ni anunciado, pues el momento político, social y económico que atravesaba Brasil era un ejemplo exitoso de cómo hacer las cosas. En efecto, tras varios años de gestión ejemplar en todos los órdenes e impoluta en los que se refiere a la corrupción, el presidente Luiz Ignácio Lula da Silva (2003-2011) cedió el testigo a Dilma Rousseff, una ex guerrillera con una larga vocación política y muy ligada a su antecesor en todos los sentidos.

 ROUSSEFF, DE LA ESPERANZA A LA DECEPCIÓN

Se esperaba una transición tranquila, un aterrizaje suave sin contratiempos, pues la herencia recibida mostraba un balance muy exitoso. La economía funcionaba bien, millones de brasileños habían salido de la pobreza, la sociedad respiraba tranquila tras décadas de zozobra y el país era considerado una potencia mundial sin más eufemismos, quizá la gran esperanza para el continente. Lula salía por la puerta grande de la máxima magistratura del Brasil, era aclamado por amigos, enemigos y una comunidad internacional que asistía atónita al gran éxito político y económico de Brasil en el siglo XXI.

 Sin embargo, como se vio más tarde, lo único previsible en política es que todo es imprevisible. En marzo de 2016, y como un rayo inesperado que anunciaba la tormenta que estaba por llegar, Lula era atestado por la policía brasileña. Su casa fue allanada en búsqueda de pruebas concluyentes. Al parecer, el ya expresidente Lula está implicado en el caso Petrobras y su detención, junto con la entrada de la policía en su casa, se enmarcaba en la operación anti-corrupción Lava Jato, que lideraba el juez Sergio Moro. El asunto relaciona a Lula, junto con otros políticos y empresarios, en una trama de sobornos usando los recursos de la empresa pública Petrobras. Lula habría recibido unos ocho millones de dólares entre pagos por conferencias, viajes, regalos y otras dádivas. Como dato escabroso, hay que reseñar que el tinglado mafioso hasta le amuebló la casa y le rehabilitó el apartamento donde vivía el reconocido líder izquierdista.

 A partir de ese momento, de la caída del mito Lula, la bola de nieve se precipitó sobre la montaña y no hacía más que crecer y crecer, amenazando con transformarse en un alud y arrasar con todo, incluyendo a Rousseff. Los brasileños, llenos de ira y rabia, se echaron a las calles, demandando responsabilidades a una clase política que hacía la vista gorda y exigiendo luz y taquígrafos ante el gran escándalo de Petrobras. Al tiempo, la crisis económica hacía mella en el país, la inflación se disparaba, el poder adquisitivo decrecía, los juegos olímpicos eran vistos como una quimera para distraer la atención de los verdaderos problemas y el pesimismo se extendía por toda la sociedad, de izquierda a derecha y de abajo a arriba, socialmente hablando. Ese clima precipito una notable caída en la popularidad de la presidenta, cada día más desconcertada y con poco músculo político para hacer frente a la crisis. Rousseff no cayó por que su partido estuviera implicado en la trama de corrupción, que sí lo estaba, claro, sino porque no supo tener ni olfato político ni reflejos para hacer frente al golpe que se le venía encima. No supo alejarse de su mentor, Lula, y por eso su caída fue heroica. De héroes están los cementerios llenos.

 El “impeachment” contra Dilma Rousseff fue presentado en el legislativo brasileño porque, supuestamente, la presidenta había violando las normas fiscales del país, en una clara vulneración de las Leyes brasileñas, y maquillado el déficit presupuestario de un forma clara. En el verano del 2016 se presentó dicha destitución, que fue aprobada por una amplia mayoría entre las que se encontraban algunos de los que hasta entonces eran sus aliados, y en septiembre Rousseff era ya historia. El país contaba con nuevo un presidente, el derechista Michael Temer, y parecía que se cerraba un ciclo gobernando por la izquierda que parecía eterno.La inercia de un sistema pervertido caracterizado por la corrupción, las malas prácticas de una casta política viciada por las peores mañas y el agotamiento, en definitiva, de una concepción caudillista de la política de la que bebía incluso el mismo Lula, junto con otros elementos, lastraron la discutible gestión de la primera presidenta de la historia de Brasil.

 MICHELLE BACHELET, PRESIDENTA DE IZQUIERDAS HACIENDO POLÍTICAS DE DERECHAS

El gran éxito político de la transición chilena ha sido el de haber conformado una gran coalición de demócratas, de todos los colores, con el fin de llevar a buen puerto el cambio democrático y consolidar el crecimiento económico heredado sin torcer el rumbo hacia experimentos fracasados, como han hechos otros en el continente que han llevado al desastre a sus naciones. Fruto de esa cultura política, una socialista de pura raza, que incluso fue torturada en la dictadura y cuyo padre murió en ese periodo en oscuras circunstancias, llegó a la presidencia de Chile en dos ocasiones (2016-2010 y 2014-2018), rompiendo todos los paradigmas en un país machista y conservador y elevando a la máxima magistratura, por primera vez en la historia, a una mujer.

 Bachelet combinaba pragmatismo, dotes diplomáticas, habilidad política para lograr grandes consensos, y, sobre todo, no generaba tantos odios, recelos y envidias como otros candidatos socialistas. Era una mujer que abogaba por la libre empresa, tranquilizaba a los mercados y a los empresarios, hablaba un léxico que sonaba a algo parecido a la izquierda y acababa haciendo políticas de derecha, algo que no siempre era entendido por los sectores más a la izquierda de la Concertación de partidos que lideraba Bachelet y los sindicatos. El Partido Comunista Chileno (PCCH), que apoyó activamente a Bachelet en las elecciones de 2013 y que incluso tiene a dos ministros en las filas del ejecutivo (Desarrollo Social y Servicio Nacional a la Mujer), se ha mostrado muy crítico con la orientación neoliberal del gobierno pero sin dejar de apoyarle totalmente.

 Pese a sus políticas claramente neoliberales, muy atacadas sobre todo por el abandono de la salud y la educación públicas, lo que realmente echo abajo la popularidad de Bachelet en los últimos años ha sido un escándalo de corrupción en el que se ha visto envuelto su hijo, Sebastián Dávalos, y su novia. Ambos, según informaba la BBC en sus páginas, “están señalados de haber cobrado 13 facturas por unos US$400.000 por trabajos que no se realizaron, suponiendo un perjuicio fiscal de unos US$160.000. El Servicio de Impuesto Internos (SII) acusa a Compagnon y a su socio de “declaraciones de impuestos maliciosamente falsas” desde la firma Caval”. Entonces, y ya con una reacción muy tibia por parte de Bachelet, su popularidad se vino abajo, las protestas contra los recortes sociales se agudizaron en las calles y, como guinda final para la tarta, aparecieron los incendios forestales, que alimentaron un clima en el país de que la gestión presidencial había estado muy lejos de ser eficiente y profesional. Como en el caso de su amiga, la brasileña Dilma, tampoco tuvo reflejos para hacer frente a la crisis y las sociedades cuando la gente es inepta al frente de sus responsabilidades no se depara a analizar si es hombre o mujer; la historia les acaba arrollando.

 CRISTINA FERNÁNDEZ KIRCHNER, DE ÉMULA DE EVITA A SALIR POR LA PUERTA DE ATRÁS

Cristina Fernández de Kirchner fue elegida presidenta de la República de Argentina tras una época turbulenta en que su marido, el saliente y flamante presidente Néstor Kirchner (2003-2007), salía con unos índices de popularidad bastantes aceptables tras una década de turbulencias, inestabilidad creciente en la sociedad argentina y grandes tsunamis económicos que arrasaron a la clase media de ese país. En apenas cuatro años de peronismo con tintes izquierdistas, Néstor calmó a la población con ciertas dosis de proteccionismo social, retórica populista, asistencialismo público sin medida y una pizca de carisma sólo bien entendido en Argentina, una nación en donde sigue siendo un enigma quien puede votar por los peronistas. Pero, ya se sabe, lo que dijo Perón: “En la Argentina hay socialistas, liberales, progresistas, comunistas….¡Sin embargo, todos somos peronistas!”.

 Si bien el marido salió bien parado de su mandato presidencial, a pesar de haber vuelto a dividir el país con el tema de la dictadura, al abrir los procesos contra los ancianos militares, que ya parecía cerrado, Cristina fue unos pasos más allá en su demagogia facilista y barata y, sobre todo, en su discurso arrollador contra los empresarios, militares, la Iglesia, el peronismo moderado, los medios de comunicación y el mundo occidental. Demonizó a la economía de mercado, hundiendo a los mercados, polarizó al país, ahondando la división con su discurso radical, crispó a la sociedad hasta el límite con sus obsesiones contra una supuesta oligarquía que conspiraba contra la nación y, lo que es peor que todo lo anterior, aisló a la Argentina de sus socios naturales de toda la vida, como los Estados Unidos y Europa, para establecer una alianza contra natura con la Cuba de Castro, la Venezuela del sátrapa Maduro, la Bolivia de Evo Morales y otras dictaduras de medio mundo,  entre las que destacaban la China comunista e incluso Siria. Romper alcanzas históricas es relativamente fácil pero recomponerlas puede ser tarea de décadas, e incluso a veces son irrecuperables. Estados Unidos ya mira con desdén, diría que hasta con desprecio, la política exterior titubeante, acomodaticia y poco seria de los argentinos.

 Así las cosas, la émula de Evita, que se creía llamada a hacer historia y ser parte de la misma en el futuro, salió con unos índices de popularidad bajísimos, una economía en franca decadencia, una sociedad altamente polarizada por haber vuelto a enfrascarse en el eterno debate sobre los acontecimientos del pasado, un país con la moral bien baja y, sí lo siento por los argentinos, más aislado del mundo que nunca. Con el espíritu nacional por los suelos, como su moneda, y su poder adquisitivo más devaluado que nunca, aunque siempre se puede llegar más bajo, Argentina se enfrentó al primer día del poskirchnerismo, tras llegar Mauricio Macri a la presidencia en diciembre del 2015, con una pesada herencia que seguramente lastrará a esta nación durante años. Luego Cristina fue procesada por varios delitos, dos de sus colaboradores cercanos, detenidos por corrupción, y se descubrió toda una trama de sobornos y compras a políticos donde se mezclaban los intereses privados de los gobernantes con el vil metal. Otra presidencia más que mostraba a las claras cuáles son los límites del poder en América Latina: la herencia del pasado, una cultura política dominada por el torbellino populista que aún perdura y la ausencia de un sistema político condicionado por eso que existe en toda democracia que se llama como la exhibición de los famosos checks and balances, es decir, los controles y contrapesos que deben existir en una democracia que merezca tal nombre.

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Agencias

Yulia Navalnaya continuará con legado político de Navalny

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EP New York | enfoque mundial

Yulia Navalnaya incursiona en política para preservar el legado de Navalny

La esposa de Alexéi Navalny había evitado la atención mediática, pero la muerte del líder opositor más famoso de Rusia puede hacer que eso sea imposible. “No tengo derecho a rendirme”, dijo.

Era agosto de 2020, Yulia Navalnaya, la esposa del líder opositor más famoso de Rusia, daba grandes zancadas por los pasillos desgastados y sombríos de un hospital provincial ruso en busca de la habitación donde su esposo yacía en coma.

Alexéi Navalny había colapsado tras recibir lo que investigadores médicos alemanes después declararían como una dosis casi fatal de la neurotoxina novichok, y su esposa, a quien policías amenazantes le impedían moverse por el hospital, volteó hacia la cámara de un celular que tenía un integrante de su equipo.

Con voz tranquila en un momento impactante que luego se incluyó en >Navalny< un documental ganador del premio Oscar, Navalnaya dijo: “Exigimos la liberación inmediata de Alexéi, porque en este instante en este hospital hay más policías y agentes del gobierno que médicos”.

Hubo otro suceso similar el lunes, cuando bajo circunstancias incluso más trágicas, Navalnaya habló ante una cámara tres días después de que el gobierno ruso anunció que su marido falleció en una brutal colonia penal de máxima seguridad en el Ártico. Su viuda culpó al presidente Vladimir Putin por la muerte y anunció que ella asumiría la causa de su esposo y exhortó a los rusos a unírsele.

En un discurso breve y pregrabado que fue publicado en redes sociales, Navalnaya dijo: “Al matar a Alexéi, Putin mató a mi mitad, la mitad de mi corazón y la mitad de mi alma. Pero me queda otra mitad y esta me dice que no tengo derecho a rendirme”.

Durante más de dos décadas, Navalnaya había evitado asumir cualquier papel político en público porque alegaba que su propósito en la vida era apoyar a su esposo y proteger a sus dos hijos. “Considero que mi labor es que nada cambie en nuestra familia, que los niños sean niños y el hogar sea un hogar”, dijo Navalnaya a la edición rusa de la revista Harper’s Bazaar en 2021, una de las pocas entrevistas que ha concedido.

Pero eso cambió el lunes.

Navalnaya enfrenta el gran reto de intentar que vuelva a funcionar el desmotivado movimiento de oposición desde el extranjero, ya que cientos de miles de sus simpatizantes han sido obligados a exiliarse por un Kremlin cada vez más represivo que ha respondido a cualquier crítica a su invasión a Ucrania, que inició hace dos años, con duras sentencias de cárcel. El movimiento político y la fundación de su esposo, que expusieron la corrupción en las altas esferas del poder, fueron declaradas como organizaciones extremistas en 2021 y se les prohibió operar en Rusia.

Aunque no desestiman las dificultades, sus amigos y asociados creen que Navalnaya, de 47 años, tiene una oportunidad de éxito gracias a lo que llaman su combinación de inteligencia, porte, determinación férrea, resiliencia, pragmatismo y carisma.

Su presencia es algo inusual en Rusia: una mujer destacada en un país donde las mujeres reconocidas en la política son poco comunes, a pesar de sus muchos logros en otros campos. Analistas afirman que, aparte de la amplia autoridad moral que ha adquirido tras la muerte de su marido, Navalnaya podría beneficiarse de una brecha generacional en Rusia, donde los rusos más jóvenes y postsoviéticos aceptan más la equidad de género.

Tan pronto como Navalnaya hizo su declaración el lunes, la maquinaria propagandística estatal rusa se puso en acción, por lo que trató de presentarla como una herramienta de las agencias de inteligencia de Occidente y alguien que frecuentaba complejos turísticos y fiestas de celebridades.

Navalnaya nació en Moscú en una familia de clase media; su madre trabajaba para un ministerio gubernamental y su padre era empleado de un instituto de investigación. Sus padres se divorciaron al poco tiempo y su padre murió cuando ella tenía 18 años. Navalnaya se graduó en Relaciones Internacionales y después trabajó brevemente en un banco antes de conocer a Navalny en 1998 y casarse con él en 2000. Ambos eran cristianos ortodoxos rusos.

Una hija, Daria, que ahora estudia en California, nació en 2001, y un hijo, Zakhar, nació en 2008, quien asiste a la escuela en Alemania, donde vive Navalnaya.

Aunque no era abiertamente política, Navalnaya siempre estuvo al lado de su esposo. Lo acompañó en manifestaciones y durante sus numerosos procesos judiciales y sentencias de prisión. Navalnaya estaba con él durante su campaña para alcalde de Moscú en 2013, y en 2017, cuando un ataque con un tinte químico verde casi lo deja ciego de un ojo.

En 2020, cuando Navalny fue envenenado, Navalnaya le exigió de manera pública a Putin que su marido fuera evacuado en ambulancia aérea a Alemania y, durante sus 18 días en coma, ella permaneció a su lado, habló con él y reprodujo sus canciones favoritas como “Perfect Day” de Duran Duran. Tras recuperar el conocimiento, Navalny escribió en redes sociales: “Yulia, me salvaste”.

Navalnaya sobrevivió un intento de envenenamiento en Kaliningrado un par de meses antes que seguramente estaba dirigido a él, dijeron sus amigos, pero ella no siguió pensando en eso.

Navalnaya ha sido comparada con otras mujeres que han continuado las batallas políticas de sus maridos asesinados o encarcelados. Entre ellas se encuentran Corazón Aquino, cuyo esposo fue asesinado en 1983, cuando bajaba de un avión en Filipinas al regresar de su exilio; luego, derrotó al entonces presidente Ferdinand Marcos. También está Sviatlana Tsikhanouskaya, quien lideró la oposición en las elecciones presidenciales de 2020 en Bielorrusia, país vecino de Rusia, después de que su marido fuera encarcelado. Ella misma se vio obligada al exilio.

Al final, los analistas indican que una “persona normal” con autoridad moral podría tener éxito donde alguien dedicado a la política no podría.

“Ella quiere terminar la tarea que Alexéi trágicamente dejó incompleta: hacer que Rusia sea un país libre, democrático, pacífico y próspero”, dijo Sergei Guriev, un amigo de la familia y un destacado economista ruso que es director académico del Instituto de Estudios Políticos de París. “Ella también va a demostrarle a Putin que eliminar a Alexéi no acabará con su causa”.

Publicado en New York Times

 

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Agencias

Kremlin confirma muerte de líder opositor ruso Alexei Navalny

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EP New York | Política Mundial

MOSCOW, 16 de febrero  – El líder de la oposición más destacado de Rusia Alexei Navalny colapsó y murió el viernes después de un paseo en la colonia criminal ártica “Polar Wolf” donde estaba sirviendo a una larga duración de la cárcel, el Servicio penitenciario ruso dijo.

Navalny, un ex abogado de 47 años, se hizo un lugar de prominent hace más de una década con blogs sobre lo que dijo que era una gran corrupción y opulencia entre los “crooks y ladrones” de la élite de Rusia.

El Servicio Penitenciario Federal del Distrito Autónoma de Yamalo-Nenets dijo en un comunicado que Navalny se sintió mal después de un paseo en la colonia penal de IK-3 en Kharp, a unos 1.900 km (1.200 millas) al noreste de Moscú hacia el Círculo Ártico.

Él perdió la conciencia casi de inmediato, dijo. “Todas las medidas de reanificación necesarias se llevaron a cabo, que no dieron resultados positivos”, dijo el servicio penitenciario, añadiendo que se estaban estableciendo causas de muerte.

El Kremlin dijo que el presidente Vladimir Putin fue informado de la muerte, que trajo un torrente de indignación del oeste, algunos diciendo que el líder ruso tenía responsabilidad.

Los partidarios de Navalny dijeron que no podían confirmar que estaba muerto, pero que si lo era entonces creían que había sido asesinado.

Con información de Reuters

 

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Agencias

Putin exhorta a EE.UU. a que presione a Ucrania a mesa de diálogo

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EP New York. | Entrevista a Vladimir Putin | agencias

Putin exhorta a EEUU a que impulse a Ucrania a la mesa de diálogo

El presidente ruso Vladímir Putin aprovechó una entrevista con Tucker Carlson, expresentador de Fox News, para exhortar a Washington a reconocer los intereses de Moscú y persuadir a Ucrania de acudir a la mesa de negociaciones.

Putin también señaló que Rusia está dispuesta a negociar un posible intercambio de prisioneros en el que quedaría en libertad el reportero del Wall Street Journal Evan Gershkovich, quien fue detenido en marzo pasado por cargos de espionaje que él niega. También dejó entrever que Moscú quiere que uno de sus agentes detenido en Alemania sea excarcelado.

La mayor parte de la entrevista, dada a conocer el jueves, giró en torno a Ucrania, donde la guerra está a punto de cumplir dos años. Putin repitió sus afirmaciones de que su invasión a ese país —que Kiev y sus aliados consideran un acto de agresión no provocado— era necesaria para proteger a la población rusoparlante en Ucrania y evitar que esa nación se convirtiera en una amenaza para Rusia al unirse a la OTAN.

Putin se refirió al rechazo del presidente ucraniano Volodymyr Zelenskyy a negociar con el Kremlin. Alegó que depende de Washington dejar de suministrar armas a Ucrania y convencer a Kiev —al que llamó “satélite” de Estados Unidos— de sentarse a negociar.

“Nunca hemos rechazado negociar”, declaró Putin. “Le deberían decir al actual gobierno ucraniano que se detenga y acuda a la mesa de negociaciones”.

Putin advirtió que Occidente jamás tendrá éxito en infligir un “revés estratégico” a Rusia en Ucrania, y rechazó las acusaciones de que Moscú esté tramando planes para atacar a Polonia y otras naciones de la OTAN.

Fue la primera entrevista que Putin concede a una figura de la prensa occidental desde el inicio de su invasión a gran escala a Ucrania hace dos años.

El portavoz de seguridad nacional de la Casa Blanca, John Kirby, trató de minimizar el impacto de la entrevista de Carlson antes de que fuera transmitida: “Recuerden, están escuchando a Vladímir Putin. Y cualquier cosa que tenga que decir debe tomarse con un grano de sal”.

Putin ha limitado en gran medida su contacto con los medios internacionales desde que ordenó la invasión a Ucrania en febrero de 2022. Las autoridades rusas han restringido a la prensa independiente, obligando a que algunos medios rusos dejen de operar, bloqueando a otros y ordenando la salida del país de varios reporteros extranjeros. Dos periodistas de organizaciones noticiosas estadounidenses —Gershkovich de The Wall Street Journal y Alsu Kurmasheva de Radio Free Europe/Radio Liberty— se encuentran encarcelados.

Cuando Carlson le preguntó si Rusia liberaría a Gershkovich, Putin dijo que Moscú está abierto a las negociaciones, pero reiteró que el reportero se encuentra acusado de espionaje, cargo que Gershkovich ha negado.

“Fue detenido en flagrancia cuando estaba obteniendo secretamente información confidencial”, dijo Putin sobre Gershkovich, y aladió que no descarta que el reportero pudiese volver a su país.

“No existe un tabú para resolver el asunto”, dijo. “Estamos listos para resolverlo, pero existen ciertas condiciones que se discuten en estos momentos entre los servicios especiales. Pienso que se puede llegar a un acuerdo”.

Mencionó a un hombre que se encuentra encarcelado en un “país aliado de Estados Unidos” por “liquidar a un bandido” que mató a soldados rusos durante los combates en el Cáucaso: “Puso sobre un camino a nuestros soldados que habían sido tomados como prisioneros y luego condujo un vehículo sobre sus cabezas. Hubo un patriota que lo liquidó en una de las capitales europeas”.

Putin no mencionó nombres, pero parecía referirse a Vadim Krasikov, un ruso que cumple cadena perpetua en Alemania después de ser declarado culpable de asesinar a plena luz del día a Zelimkhan “Tornike” Khangoshvili, un ciudadano georgiano de etnia chechena en 2019.

Los jueces alemanes que condenaron a Krasikov dijeron que había actuado por órdenes de las autoridades federales rusas, quienes le dieron una identidad y pasaporte falsos y los recursos para llevar a cabo el ataque.

El Wall Street Journal reiteró en un comunicado que Gershkovich “es un periodista, y el periodismo no es un crimen”, añadiendo que “cualquier caracterización de lo contrario es ficción absoluta”.

“Nos entusiasma ver el deseo de Rusia de llegar a un acuerdo que traiga a Evan a casa, y esperamos que esto conduzca a su rápida liberación y regreso con su familia y a nuestra redacción”, indicó el periódico.

Con información de AP noticias.

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