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Rusia , EEUU , Corea del Norte y China , los cuatro escenarios que impactaron el 2017

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EP New York/ opinión /Sin duda el dominio ruso en Europa y su fuerte influencia en la democracia estadounidense asi como su injerencia política en Europa a través de Vladimir Putin , marcaron el inicio del 2017. Un organigrama calculado y casi perfecto del Kremlin al influir notablemente y por vez primera en la esfera mundial dejando a su paso una inesperada estela de acertijos que ni los mismos analistas políticos han podido descifrar.

Desde inicio de año , todo hacía suponer  que con la llegada de Donald Trump al poder el mundo vería más de lo mismo , es decir, dos liderazgos repartiendose los recursos bajo la tutela del capitalismo y socialismo. Pero no. Otras peligrosas instancias de poder saltaron a la escena política mundial desnudando dos peligrosas y agresivas pretenciones asiáticas. Las pruebas nucleraes de Corea del Norte y la espansión económica de China.

Pero muy a pesar de que Donald Trump rompió el esquema de la política exterior estadounidense al pretender adherirse a rusia, el líder Norcoreano Kim Jong-Un , muestra su músculo militar y desafía a raimundo y todo el mundo. Lanza cohetes a diestra y siniestra , amenazando la paz mundial. No en vano , Trump intenta presionar a China para frenar el lanzamiento de misisles y acorrala a la ONU para que imponga sanciones severas y trata de persuadir a su par ruso pero la respuesta no corresponde con la arrogancia del magnate que ya había deteriorado su imagen retirando a Estados Unidos de importantes convenios como el Acuerdo de Paris (cambio climático) y el rompiminto  económico con China (tratado del pacífico).

Para Donald Trump en realidad ha sido un año lleno de escándalos , acusaciones y polémicas decisiones que partieron fundamentamente de la política proteccionista de “América para los americanos”. Las promesas electorales marcadas por la antiinmigración , la creación de empleo y la reforma a la salud , han sido un desgaste que el mismo partido republicano ,de mayoría en el congreso , ha refutado , sobre todo la reforma sanitaria del obamacare. El programa DACA es otro lío que al final tuvo que enviar al congreso postergando la esperanza de miles de indocumentados hijos de inmigrantes que llegaron a temporada edad a los Estados Unidos.

Otro de los desaciertos del multimillonario han sido los tweets que ha usado como fuente de información por encima incluso de los contenidos oficiales de la Casa Blanca y las continuas afrentas contra la prensa de su país. “Los medios de Estados Unidos son un engaño para la sociedad que la nutre de noticias falsas principalmente las que provienen del supuesto Rusiagate” (intromisión rusa en las elecciones), ha expresado el magnate a lo largo de casi un año de mandato.

Pero en medio de la ruidosa obsesión de trasformar su país y hacerlo “grande” , Trump se embarca en un proyecto mucho más ambicioso y piensa en la reforma fiscal para bajar los impuestos que relativamente beneficiará a los ricos y a las corporaciones para generar ahorro y para que las compañías regresen y abran nuevas oportunidades de empleo. Un peligroso proyecto que según los economistas dejaría un hueco enorme a largo plazo.

Sobre la política estadounidense Thomas Wrigth , veterano experto en política internacional aseguró que la elección de Trump marcó un nuevo período del orden internacional , pero por fortuna sus opiniones no han encontrado suficiente eco entre los norteamericanos. Éste año , ha sido una competición entre Trump y su opinión visceral de la política exterior y los cambios radicales y la burocracia más convencional que empuja a seguir con lo establecido , declaró Wrigth para BBC Mundo.

Rusia en el paredôn

Desde el primer momento de 2017 e incluso antes de que Trump se estrenara como jefe de Estado, los servicios de inteligencia estadounidenses reafirmaron que Rusia intervino en las elecciones presidenciales.
La “maquinaria de trolls” atribuida a Putin —quien ha negado todas las acusaciones— está desafiando “el orden mundial liberal que se creó tras la Segunda Guerra Mundial”, considera el experto en ciberseguridad James Andrew Lewis, vicepresidente en el Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIS, por sus sigla en inglés) de Washington.

Al igual que China y otros países, Rusia “no está contenta” con el actual sistema y desde la posición de “víctima” ha encontrado una herramienta muy efectiva para minar las normas democráticas de Occidente, opina lewis.

China el “gigante” asiático

Tras unos años en los que China ha ido incrementando su presencia internacional y alzando la voz en asuntos de interés global, el presidente Xi Jinping confirmó este año que esa tendencia irá a más. En un discurso que marcó la primera mitad de su mandato, Xi desveló sus objetivos para las próximas décadas: entre ellos, que China se convierta en “líder global” en cuanto a fortaleza nacional e influencia internacional para el año 2050. Y ya ha abierto camino este 2017, con proyectos que tratan de dibujar un nuevo orden mundial en el que Asia gane presencia.

¿Cuál es realmente “el pensamiento de Xi Jinping”, el líder de China?

En conversación con BBC Mundo, Wang Dong , profesor de estudios internacionales de la Universidad de Peking lamenta que muchos de “los esfuerzos que ha estado realizando China se hayan obviado” por “prejuicios ideológicos”, pues opina que la concepción del orden internacional como un sistema “liberal”, con estándares occidentales, excluye directamente a Pekín. “Creo que existe una percepción equivocada y problemática (…) No tiene en cuenta el hecho de que China ha estado defendiendo el sistema actual mucho más que Estados Unidos”, apunta el profesor.
China no está desafiando el orden mundial, está mejorándolo”

Wang recuerda sonadas acciones de Trump este año: como ordenar la salida de EE.UU. de la Unesco, del Acuerdo de París o del Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica; mientras Xi ocupaba el espacio de líder como adalid de la globalización o defensor de la lucha contra el cambio climático.

Corea del Norte desafía la paz mundial

Kim Jong no habla demasiado pero si es una amenaza constante dicen expertos. El anuncio éste año de que sus proyectiles “puede portar una ojiva súper grande y pesada y es capaz de alcanzar todo el territorio continental de EE.UU.”, puso en vilo la tranquilidad y la paz de EE.UU y el mundo. No obstante , los especialistas extranjeros aún tienen dudas de que Pyongyang realmente haya desarrollado la tecnología necesaria para que sus misiles completen su misión sin problemas, pero advierten que los avances logrados este 2017 le acercan a su objetivo.
Y, por ende, vuelve la amenaza nuclear.

¿Qué pasará en el 2018?

Sue Mi Terry, quien trabajó como analista de asuntos coreanos para la CIA de 2001 a 2008, y como consejera del gobierno de Georg W. Bush y Barack Obama , advierte que si Pyongyang se convierte en potencia nuclear, “cambiará radicalmente el panorama en Asia oriental”. La analista, asociada actualmente con el Centro de Estudios Estratégicos y de Seguridad (CSIS, por su sigla en inglés) de Washington, cree que el régimen norcoreano probablemente logrará su meta el año que viene, por lo que EE.UU. se enfrenta a una decisión muy difícil: “o vivir con Corea del Norte como potencia nuclear o… la verdad que  no hay otra”.

En 2018, “lo que es más probable que ocurra es que Estados Unidos continúe ejerciendo presión sobre Corea del Norte”, incluso si eso no evita que Pyongyang logre su meta, a la vez que se resiste a reconocer que Kim Jong-un es capaz de lanzar un ataque nuclear, dice Sue Mi Terry , a la cadena BBC.

Agencias

Rodolfo Hernández , “el Trump colombiano” , muy cerca de ganar elecciones

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EP New York/ elecciones Colombia 2022

El ‘Trump’ colombiano podría ganar las elecciones presidenciales

BOGOTÁ, Colombia — El panorama político de Colombia ha cambiado notablemente en solo 24 horas.

Durante meses, los encuestadores predijeron que Gustavo Petro, un exguerrillero convertido en senador que aspira a ser el primer presidente de izquierda del país, iría a una segunda vuelta presidencial en junio contra Federico Gutiérrez, el candidato conservador que había argumentado que votar por Petro equivalía a “un salto al vacío”.

En cambio, el domingo, los votantes respaldaron a Petro y a Rodolfo Hernández, un exalcalde y un próspero hombre de negocios con una plataforma populista anticorrupción cuyo estatus antisistema, sus declaraciones incendiarias y su enfoque político limitado a un solo tema han hecho que lo comparen con Donald Trump.

La votación, por un izquierdista que ha hecho su carrera atacando a la clase política conservadora y por un candidato relativamente desconocido sin respaldo formal de un partido, representó un repudio al establecimiento conservador que ha gobernado Colombia durante generaciones.

Pero también cambió la situación política para Petro. Ahora es Petro quien se presenta como el cambio seguro, y Hernández es el peligroso salto al vacío.

“Hay cambios que no son cambios”, dijo Petro en un evento de campaña el domingo por la noche, “son suicidios”.

Hernández alguna vez se definió como un seguidor de Adolf Hitler, sugirió combinar los principales ministerios para ahorrar dinero y dice que como presidente planea declarar un estado de emergencia para enfrentar la corrupción, lo que genera temores de que podría cerrar el Congreso o suspender a los alcaldes.

Sin embargo, la derecha tradicional de Colombia ha comenzado a respaldarlo, trayendo consigo muchos de sus votos y haciendo que la victoria de Petro se vea cuesta arriba.

El domingo, Gutiérrez, exalcalde de Medellín, la segunda ciudad más grande del país, apoyó a Hernández y dijo que el propósito era “cuidar la democracia”.

Pero Fernando Posada, un politólogo, dijo que la medida también era el último esfuerzo de la derecha para bloquear a Petro, cuyo plan para rehacer la economía colombiana “pone en riesgo muchos de los intereses de la clase política tradicional”.

“La derecha colombiana llegó a un escenario tan extremadamente desastroso que incluso prefieren un gobierno que no les ofrece nada con tal de que no sea Petro”, dijo Posada.

Hernández, quien hasta hace unas pocas semanas no era muy conocido en la mayor parte del país, fue alcalde de la ciudad de Bucaramanga, ubicada en la parte norte del país. Hizo su fortuna en la construcción, edificando viviendas para personas de bajos ingresos en la década de 1990.

A los 77 años, Hernández consolidó gran parte de su apoyo en TikTok, una vez abofeteó a un concejal de la ciudad frente a las cámaras y recientemente le dijo a The Washington Post que tenía un efecto “mesiánico” en sus seguidores, a quienes comparó con los secuestradores “con lavado de cerebro” que destruyeron las torres gemelas el 11 de septiembre.

Cuando lo presionaron diciéndole que esa comparación era problemática, rechazó la idea. “Lo que estoy comparando es que después de entrar en ese estado, no cambias de posición. No la cambias”.

Hasta hace apenas unos días, la narrativa política de Colombia parecía simple: durante generaciones, la política había estado dominada por unas pocas familias adineradas y, más recientemente, por un conservadurismo de línea dura conocido como uribismo, fundado por el poderoso líder político del país, el expresidente Álvaro Uribe.

Pero la frustración de los votantes con la pobreza, la desigualdad y la inseguridad, que se vio exacerbada por la pandemia, junto con una creciente aceptación de la izquierda luego del proceso de paz firmado en 2016 con la guerrilla colombiana más grande, las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), pareció cambiar la dinámica.

Para 2022, Petro, quien durante mucho tiempo ha sido el rostro combativo de la izquierda colombiana, pensó que era su momento. Y en los meses previos a las elecciones del 29 de mayo, los votantes acudieron en masa a sus propuestas: una amplia expansión de los programas sociales, detener todas las nuevas perforaciones petroleras en un país que depende de las exportaciones de petróleo y un enfoque en la justicia social.

El argumento era: izquierda contra derecha, cambio contra continuidad, la élite contra el resto del país.

Pero el improbable ascenso de Hernández refleja tanto un rechazo a la élite conservadora como a Petro.

También revela que la narrativa nunca fue tan simple.

Hernández, quien obtuvo el 28 por ciento de los votos, ha atraído a una amplia franja de votantes ansiosos por un cambio pero que nunca podría estar de acuerdo con Petro.

Petro es un exguerrillero que fue miembro de un grupo rebelde llamado el Movimiento 19 de abril (M-19) en un país donde los rebeldes aterrorizaron a la población durante décadas. Y es de izquierda en una nación que comparte frontera con Venezuela, un país sumido en una crisis humanitaria por un gobierno autoritario que reivindica a la izquierda.

Hernández, con su cabello anaranjado y desprolijo y su enfoque político de hombre de negocios, también ha atraído a votantes que dicen que quieren a alguien con la ambición de Trump y que no les preocupa si es propenso a la falta de tacto. (Años después de decir que era seguidor de Adolf Hitler, Hernández aclaró que quería decir que era seguidor de Albert Einstein).

Dos de los mayores problemas del país son la pobreza y la falta de oportunidades, y Hernández apela a las personas diciéndoles que puede ayudarlos a escapar de ambos.

“Creo que él mira a Colombia como una posibilidad de crecimiento. Y en eso creo que se diferencia de los demás candidatos”, dijo Salvador Rizo, de 26 años, consultor tecnológico en Medellín. “Creo que los otros candidatos están viendo una casa que está en llamas y quieren apagar el fuego y preservar la casa. Creo que la opinión de Rodolfo es que hay una casa que puede ser un hotel enorme en el futuro”.

También ha sido un crítico implacable de la corrupción, un problema crónico que algunos colombianos califican como un cáncer.

Al principio, se comprometió a no aceptar dinero de campaña de entidades privadas y dice que él mismo está financiando su candidatura presidencial.

“La gente política roba descaradamente”, dijo Álvaro Mejía, de 29 años, quien dirige una empresa de energía solar en Cali.

Dice que prefiere a Hernández en vez de Petro, un senador desde hace muchos años, precisamente por su falta de experiencia política.

La pregunta es si Hernández podrá mantener este impulso en las semanas previas a la segunda vuelta, mientras figuras políticas clave se alinean con su campaña.

Minutos después de que obtuviera el segundo lugar el domingo, dos poderosas senadoras de la derecha, María Fernanda Cabal y Paloma Valencia, le prometieron su apoyo, y Posada predijo que era probable que otras lo respaldaran.

Uribe, quien apoyó la candidatura de Hernández a la alcaldía en 2015, es una figura cada vez más polémica que aleja a muchos colombianos. Posada pronosticó que no apoyará a Hernández para no restarle votantes.

Si Hernández logra mantener el delicado equilibrio de conseguir los votos de la derecha, sin afectar su imagen, podría ser difícil que Petro logre vencerlo.

Muchos analistas políticos creen que los aproximadamente 8,5 millones de votos que obtuvo Petro el domingo son su techo, y que muchos de los cinco millones de votos de Gutiérrez se sumarán a los seis millones que logró Hernández.

Cuando los resultados quedaron claros, los partidarios de Hernández corrieron a la sede de su campaña en una de las principales avenidas de Bogotá, la capital.

Muchos vestían camisetas, sombreros y ponchos de campaña de color amarillo brillante, que dijeron que habían comprado ellos mismos en vez de que la campaña los repartiera gratis, de acuerdo con los principios de reducción de costos de Hernández.

“Nunca había visto a una persona con las características como las del ingeniero Rodolfo”, dijo Liliana Vargas, una abogada de 39 años, usando un apodo común para Hernández, quien es ingeniero civil. “Es un ser político que no es político”, dijo. “Es la primera vez que estoy totalmente emocionada de participar en unas elecciones democráticas en mi país”.

Cerca de allí, Juan Sebastián Rodríguez, de 39 años, líder de la campaña de Hernández en Bogotá, dijo que el candidato era “un rockstar”.

Es un fenómeno”, dijo. “Estamos seguros de que vamos a ganar”.

Publicado en NYT / Julie Turkewitz is the Andes bureau chief, covering Colombia, Venezuela, Bolivia, Ecuador, Peru, Suriname and Guyana

 

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Agencias

Rodolfo Hernández , la gran sorpresa de las elecciones en Colombia

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EP New York/agencias

Rodolfo Hernández, de TikTok a balotaje en Colombia

BOGOTÁ (AP) — Autodeclarado rey de TikTok a sus 77 años, Rodolfo Hernández se convirtió en la sorpresa electoral en Colombia y se disputará la presidencia en segunda vuelta con el izquierdista Gustavo Petro, quien iba confiado por una victoria luego de liderar las encuestas.

En las urnas los colombianos optaron por dos candidatos alejados de la clase dirigente tradicional, ambos críticos del gobierno del actual presidente conservador Iván Duque, quien no goza de popularidad luego de lidiar con la pandemia y multitudinarias manifestaciones en contra de sus políticas públicas.

“La gente está cansada del continuismo, pensamos que la situación está como difícil. Queremos un cambio”, dijo a The Associated Press Juan Carlos Cardona, quien caminaba el lunes por el centro de Bogotá.

Sergio Guzmán, fundador de la consultora Colombia Risk Analysis, considera que las votaciones mostraron que los colombianos quieren un cambio radical como parte de un reproche a la clase política. “No quieren un cambio moderado. Quieren pasión, peleas. Creo que los candidatos que llegaron a la segunda vuelta están tratando de encarnar eso”, explicó a la AP.

El sorpresivo ascenso de Hernández al derrotar al candidato de derecha Federico Gutiérrez, quien marcó en varias encuestas de segundo, pondría en aprietos a Petro. Aunque este último obtuvo 40% de la votación frente al 28% de Hernández, tendría que buscar más votos de centro, mientras que Hernández podría obtener los de derecha con mayor facilidad debido al temor que despierta Petro entre algunos sectores por sus propuestas contra la élite. Gutiérrez, al reconocer la derrota, anunció su apoyo a Hernández.

Petro cuestionó duramente a Hernández durante su discurso luego de la primera ronda de elecciones: ”¿Podemos ser una gran nación si admiramos a Hitler?”, “No queremos una sociedad en la que las mujeres se queden en la cocina”, “La corrupción no se combate con frases de TikTok”.

Hernández, un magnate de bienes raíces con poca experiencia en política, es conocido por sus salidas en falso. Dijo ser seguidor de Adolfo Hitler y luego se retractó diciendo que fue un lapsus y que en realidad quiso referirse al científico Albert Einstein, por ser un pensador alemán al que admiraba. En la actual campaña, cuando le preguntaron por el rol de su esposa en un eventual gobierno, Hernández dijo que es mejor que “ella haga los comentarios y apoye desde la casa. La mujer metida en el gobierno a la gente no le gusta, porque ven que es invasiva”. Luego explicó que su frase, muy criticada por las feministas, estaba descontextualizada.

Hernández ha logrado capitalizar políticamente el hastío de los ciudadanos por la corrupción, que según recientes encuestas es considerado el principal problema del país, seguido de la inseguridad y el desempleo. En un lenguaje coloquial y directo, propone un cambio en las formas de gobernar al no tranzar alianzas con “corruptos” y se muestra como un millonario que amasó su fortuna en el negocio de bienes raíces y a quien no le interesa obtener beneficio propio a costa del Estado. Financió su campaña de su propio bolsillo y de llegar a la presidencia donaría su salario y convertiría el palacio presidencial en un museo.

Algunos lo han comparado con el estilo del expresidente estadounidense Donald Trump. Camila Hernández, experta del Centro para América Latina Adrienne Arsht del Atlantic Council, dijo a la AP que se distancian porque Hernández se ha mostrado como un candidato totalmente independiente que no hace alianzas con los partidos establecidos a diferencia del expresidente Trump, que es republicano. De otro lado, se le asemeja en que Hernández se convirtió en un éxito mediático y se incorporó en plataformas donde hay muchos jóvenes como TikTok, algo nuevo en la política colombiana.

El primer discurso de Hernández tras conocer los resultados de la elección del domingo fue como su campaña: sin eventos multitudinarios. Esperaba tranquilo desde su casa en Santander, al noreste, y a través de redes sociales agradeció a sus electores por ayudarlo a vencer la “politiquería” y la “corrupción”. Se mantuvo fiel al discurso antisistema que ha sido su bandera durante su corta carrera política, que inició en 2015 cuando se lanzó como un outsider a la alcaldía de Bucaramanga, una ciudad intermedia, y salió vencedor.

Como alcalde, Hernández enfrentó varios procesos disciplinarios, uno de ellos por golpear a un concejal de oposición cuando le hacía preguntas incómodas en su despacho, un episodio por el que la Procuraduría suspendió a Hernández por varios meses. Además, responde ante la justicia por un proceso penal en el que la Fiscalía lo acusó formalmente por presuntas irregularidades en la celebración de un contrato de consultoría para implementar nuevas tecnologías para el manejo de basuras en el relleno sanitario de la ciudad que gobernó. Hernández asegura que es inocente.

De puertas para afuera, tanto Petro como Hernández proponen cambios en la política exterior. Están de acuerdo en reanudar las relaciones diplomáticas con Venezuela, rotas desde 2019 entre los presidentes Nicolás Maduro e Iván Duque. Ambos tratarían de hacer cambios con el tratado de libre comercio firmado entre Colombia y Estados Unidos hace 10 años, Petro para renegociarlo y Hernández para revisarlo.

 

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Agencias

Petro y Hernández irán a segunda vuelta presidencial

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EP Ney York/Elecciones Colombia 2022

Izquierdista y empresario van a segunda vuelta en Colombia

BOGOTÁ (agencias) — En un golpe a la clase política que tradicionalmente ha gobernado el país, el electorado colombiano se decantó por dos opciones poco convencionales en la primera vuelta presidencial: Gustavo Petro, un exrebelde que acerca por primera vez a la izquierda al poder, y Rodolfo Hernández, un empresario de propuestas populistas que se convirtió en la sorpresa electoral de la campaña.

El futuro político del país andino se definirá el 19 de junio en el balotaje. El exrebelde Petro deberá apostarle a aumentar la ventaja sobre su contrincante, luego de obtener el 40,3% de los votos en la primera ronda frente a un 28% de Hernández.

Con discursos antisistema, los dos finalistas prometen un cambio frente al gobierno del actual presidente conservador Iván Duque. Sin embargo, sus aproximaciones son distintas. Petro busca beneficiar a los más vulnerables aumentando impuestos a las élites, “democratizando” los recursos y negando nuevas licencias de explotación de petróleo. Por su parte, Hernández buscaría “curar” al país de corrupción desde el Estado enfrentando a la clase política tradicional, sin promover impuestos a la riqueza.

“El rechazo al status quo incluso entre muchos de los colombianos más conservadores… realmente muestra un disgusto con el funcionamiento tradicional de la política colombiana”, dijo a The Associated Press Adam Isacson, experto en Colombia en la Oficina en Washington para Asuntos Latinoamericanos (WOLA).

Casi 21 millones de colombianos votaron el domingo en una jornada mayoritariamente pacífica en la que todos los aspirantes reconocieron los resultados. Con el 99,9% de las urnas contabilizadas, el conteo preliminar de las autoridades electorales encaminó al país a una segunda ronda luego de que ninguno de los candidatos consiguiera la mayoría absoluta. En los próximos días se realizarán los escrutinios en los que se verificarán y luego se declararán los resultados, sin embargo, históricamente en el país suelen coincidir con el conteo preliminar.

Hernández, de 77 años, logró saltar de la política local como alcalde de Bucaramanga, al noreste del país, a la nacional en un solo intento. Como ingeniero civil, amasó una fortuna desde el sector privado con el negocio de bienes raíces y decidió incursionar en la política en 2016 al ganar su primera elección popular. “El millonario que entró a la política para no robar más”, así se describía a sí mismo en avisos publicitarios.

Disruptivo y usando un lenguaje coloquial, dijo que financió su aspiración con dinero de su propio bolsillo, por lo que no organizó grandes eventos en plazas públicas. No tuvo, como los demás candidatos, una sede dispuesta para recibir los resultados. “No soy ingenuo frente a las resistencias que habrá contra el gobierno decidido a acabar con la corrupción… no les fallaré y no descansaré un minuto en el cumplimiento de mi compromiso con todos ustedes”, aseguró a través de redes sociales, donde se hizo muy popular, sobre todo en TikTok.

Petro, quien aspira a la presidencia por tercera vez, superó por poco la votación que obtuvo en la segunda vuelta de 2018 en la que perdió contra Duque. Su reto es conquistar votos de centro y lograr derrotar el discurso de sus contradictores, que lo comparan con Hugo Chávez o Nicolás Maduro, por sus ideas de izquierda.

Con una eventual victoria de Petro, Colombia se sumaría a países de la región que eligieron recientemente a políticos de izquierda, como Pedro Castillo, en Perú; Gabriel Boric, en Chile, y Xiomara Castro, en Honduras. Desde Brasil, el ahora candidato Luiz Inácio Lula da Silva ha manifestado su apoyo público a Petro, asegurando que si ambos llegan a la presidencia se unirían para “construir una América del Sur fuerte”.

El candidato de derecha, Federico Gutiérrez, luego de aceptar su derrota anunció su apoyo a Hernández, advirtiendo que quería salvar a Colombia del “peligro” que a su juicio representa Petro.

Para el analista político Johan Caldas, de la Universidad de la Sabana, parte del electorado que conquistó Hernández pertenece a la derecha colombiana, que abandonó a último momento a Gutiérrez y apostó por un candidato con mayores probabilidades de derrotar a Petro en segunda vuelta al no cargar con el peso del continuismo de un gobierno que termina con baja popularidad.

Hernández ha sido comparado por algunos con el expresidente estadounidense Donald Trump. Caldas dijo a la AP que aunque sus ideas son distintas, comparten algunas características, como estar alejados de “todo tipo de estructura, formalismos y pensamientos partidistas que terminan justamente por convencer a las personas que encuentran una opción de cambio justamente alejado de lo tradicional”.

Tanto la desigualdad como la corrupción y la inseguridad están entre las principales preocupaciones de los electores. “Todo el tiempo estamos asustados de que nos van a robar. El Estado no ha controlado la inseguridad y se creció más. La canasta familiar se subió más del doble de lo que costaba”, dijo a la AP Wiliam Eduardo Gerena, un taxista de 53 años, luego de votar el domingo en Bogotá.

Dos años de pandemia dejaron cicatrices en la economía colombiana e hicieron retroceder al país una década en la lucha contra la pobreza. Cifras oficiales mostraban que el 39% de los 51,6 millones de habitantes de Colombia vivían con menos de 89 dólares al mes el año pasado, una ligera mejora del 42,5% de 2020.

Con un Congreso recién renovado en marzo, el próximo presidente tendría el reto de lograr gobernabilidad sin tener las mayorías. Aunque obtuvo una votación histórica para una coalición de izquierda, Petro tendría que obtener el apoyo de los más moderados para lograr pasar sus proyectos. Mientras que Hernández, cuyo movimiento político solo tiene dos representantes de la Cámara baja, tendría que lograr acuerdos con los mismos políticos tradicionales a los que ha criticado y en algunos casos acusado de corruptos.

Con su vecino Venezuela, el próximo presidente enfrentaría el dilema sobre si reanuda o no las relaciones diplomáticas rotas desde 2019 entre Nicolás Maduro e Iván Duque. En los 2.200 kilómetros de frontera, los dos países tienen intereses y retos comunes como enfrentar las redes de narcotráfico, contrabando, trata de migrantes y reactivar el comercio legal que beneficiaría la economía local binacional.

Petro ha dicho que retomaría las relaciones diplomáticas, lo que implicaría reconocer el gobierno de Maduro y no el del líder de oposición Juan Guaidó, como hizo el gobierno de Duque. Hernández le apostaría a reactivar las relaciones consulares para impulsar el comercio y a no desgastar su mandato en la crisis venezolana.

“No creo que se vayan a establecer inicialmente relaciones diplomáticas, pero sí creo que se deben establecer contactos, tenemos colombianos en Venezuela y dos millones de migrantes venezolanos en Colombia”, aseguró a la AP Julio Londoño, ex embajador de Colombia en Cuba y ante las Naciones Unidas.

De llegar Petro a la presidencia, uno de los cambios más significativos se daría en la relación con Estados Unidos al tratar de renegociar el tratado de libre comercio con Estados Unidos que cumplió 10 años de existencia, un proceso complejo que tendría que ser aprobado por los congresos de ambos países. El actual presidente Duque criticó la propuesta asegurando que sería un error “sin precedentes”.

Con una relación bilateral que cumple 200 años de existencia, Colombia es considerado por Estados Unidos su aliado estratégico en la región. Aunque en años anteriores la prioridad ha sido la lucha antinarcóticos -al ser Colombia el mayor productor de cocaína en el mundo-, las relaciones se han diversificado y actualmente una coalición bipartidista de senadores impulsan en el Congreso estadounidense una legislación que fortalece la lucha anticorrupción, la protección del medioambiente, el crecimiento económico y la seguridad.

Con inf. de AP noticias

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