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“Si va haber paz y legislación, no puede haber guerra e investigación”, Donald Trump, discurso de la Unión

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EP/U.S./agencias

El discurso sobre el Estado de la Unión del presidente Donald Trump incluyó una propuesta para los demócratas: aparquen las investigaciones y forjemos acuerdos.

“Si va haber paz y legislación, no puede haber guerra e investigación”, apuntó Trump.

La propuesta cayó en saco roto _ generando incluso algunas risas _ pero el presidente no pareció molestarse. No se trataba de una propuesta seria sino de un atisbo de los planes de Trump para defenderse en los complicados meses que se avecinan. Con la investigación del fiscal especial cerca de terminar y los empoderados demócratas controlando la Cámara de Representantes, el dirigente se prepara para un aluvión de citaciones judiciales, vistas de alto perfil y recriminaciones políticas.

Pero como estaba previsto el presidente Donald Trump, prometió de nuevo en su discurso construir un muro fronterizo, pese a ser una fuente de división, y dijo que los intentos demócratas de iniciar “ridículas investigaciones partidistas” podrían dañar la prosperidad del país.

Trump habló frente a una sesión conjunta del Congreso en la Cámara de Representantes, en medio de una discordia política generada por sus exigencias de que los demócratas pongan fin a su oposición a financiar un muro que, en su opinión, es necesario para frenar la inmigración ilegal y el narcotráfico.

El mandatario denominó la inmigración ilegal como una “crisis nacional urgente”, pero no llegó a declarar una emergencia fronteriza que le habría permitido evitar al Congreso en su búsqueda de fondos para el muro. En su lugar, instó a demócratas y republicanos a encontrar un compromiso antes del plazo del 15 de febrero.

“En el pasado, la mayoría de la gente en este salón votó en favor de un muro, pero nunca se construyó uno apropiado. Yo lograré construirlo”, dijo Trump en su esperado discurso, a escasa distancia de su mayor rival demócrata, la nueva presidenta de la Cámara de Representantes Nancy Pelosi.

Al mismo tiempo, Trump advirtió que los intentos demócratas para investigar a su gobierno, junto con la posibilidad de una implicación estadounidense en guerras en el extranjero, podrían poner en peligro a la economía del país.

“En Estados Unidos está ocurriendo un milagro económico y lo único que puede detenerlo son las guerras tontas, la política o las ridículas investigaciones partidistas”, señaló.

Aparte de alabar los logros económicos -un desempleo cerca de un mínimo de cinco décadas y un crecimiento del empleo manufacturero, entre otros- el discurso fue ligero en lo referente a nuevas iniciativas para mantener el crecimiento en una economía que pierde impulso.

DOS BANDOS ENFRENTADOS

Pelosi, que vistió de blanco como la mayoría de las legisladoras demócratas, para celebrar el 100 aniversario de la implantación del voto femenino, aplaudió con pocas ganas y puso muchas caras serias durante el discurso.

Ella no ha dado señales de estar cediendo en su oposición a la demanda de fondos de Trump para el muro. Eso llevó al mandatario a sopesar la declaración de emergencia nacional, algo que, en su opinión, le permitiría reasignar fondos de otras partes sin la intervención del Congreso.

Algunos correligionarios conservadores le instaron a no declarar una emergencia. Una medida así “alteraría” el equilibrio de poderes entre la Casa Blanca y el Congreso, dijo la senadora republicana Susan Collins a la prensa el martes.

No obstante, está por ver si el mandatario y sus rivales logran acercar posiciones, ya que ambos están atrincherados preparándose para las elecciones de 2020, por lo que son reacios a otorgar una victoria política al otro bando.

El líder republicano se presentó en el Congreso pocas semanas después de que su solicitud de 5.700 millones de dólares para construir el muro provocó una histórica paralización parcial del gobierno por 35 días, de la cual lo culpa más de la mitad de los estadounidenses, según un sondeo de Reuters/Ipsos.

El discurso, que fue televisado a toda la nación, dio a Trump su mayor oportunidad hasta la fecha para explicar por qué cree que se necesita una barrera en la frontera sur de Estados Unidos con México. El discurso se retrasó una semana debido al cierre, que terminó el 25 de enero.

“Dicho de manera simple, los muros funcionan y salvan vidas, así que trabajemos juntos, comprometámonos y alcancemos un acuerdo que haga realmente seguro a Estados Unidos”, dijo Trump.

El mandatario también destacó sus esfuerzos para reescribir los acuerdos comerciales con China y otras naciones para conseguir cláusulas más favorables para Estados Unidos.

Mientras sus asesores económicos trabajan para completar un acuerdo comercial con China, Trump dijo que cualquier pacto “debe incluir un cambio real y estructural para acabar con las prácticas comerciales injustas, reducir nuestro crónico déficit comercial y proteger los empleos estadounidenses”.

También advirtió a Irán por sus amenazas contra Israel: “No apartaremos la vista de un régimen que corea ‘Muerte a Estados Unidos’ y amenaza con el genocidio contra el pueblo judío”.

En materia de política exterior, el mandatario respaldó la iniciativa para intentar presionar al presidente venezolano, Nicolás Maduro, para que deje el poder y declaró la derrota casi total del grupo militante Estado Islámico.


Tema relacionado: ¿que tan ciertas son las afirmaciones de Trump en el discurso del Estado de la Unión?


 

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Talibanes celebran salida estadounidense de Afganistan y toman control de Kabul

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EP Newyork/Afganistan

Durante la evacuación, las fuerzas estadounidenses ayudaron a trasladar a unos 120.000 ciudadanos estadounidenses, afganos y de otros países, según la Casa Blanca

El Talibán proclama su victoria en Kabul y promete seguridad
KABUL — El Talibán hizo un recorrido triunfal el martes por el aeropuerto internacional de Kabul, horas después de la retirada de tropas que puso fin a la guerra más larga de Estados Unidos. De pie en la pista, líderes del grupo prometieron asegurar el país, reabrir el aeropuerto y dar una amnistía a sus antiguos rivales.

En una demostración de control, líderes talibanes caminaron por la pista escoltados por miembros de la unidad de élite Badri. Los comandos posaron con orgullo para la prensa vestidos con uniformes de camuflaje.

Poner el aeropuerto de nuevo en funcionamiento es uno de los considerables desafíos que afronta el Talibán para gobernar un país de 38 millones de habitantes que durante dos décadas sobrevivió con miles de millones de dólares en ayuda extranjera.

“Afganistán es libre por fin”, dijo a The Associated Press en la pista del aeropuerto Hekmatula Wasiq, un líder talibán. “El lado militar y el civil (del aeropuerto) están con nosotros y bajo control. Esperamos anunciar nuestro gobierno. Todo es pacífico. Todo es seguro”.

Wasiq instó a la gente a regresar al trabajo y reiteró la promesa talibán de ofrecer una amnistía general. “El pueblo debe ser paciente”, dijo. “Poco a poco devolveremos todo a la normalidad. Llevará tiempo”.

Un miembro destacado de la oficina política del Talibán felicitó a los afganos por su “gran victoria” al lograr la “plena independencia del país” con la salida de las fuerzas estadounidenses.

Shahabuddin Delawar habló ante un centenar de personas, aparentemente todos hombres, en un evento en Kabul transmitido por la televisión estatal. Delawar fustigó al enemigo —las fuerzas de Estados Unidos y la OTAN— y acusó a Occidente de difundir propaganda para socavar al Talibán.

“Pronto se verá el progreso” de la nación. La imagen en la TV estatal aparecía con el subtítulo “Celebración del Día de la Independencia y el fin de la invasión estadounidense de Afganistán”.

Apenas unas horas antes, el Ejército estadounidense completó su mayor evacuación aérea de personas no combatientes en la historia.

El martes por la mañana aún quedaban signos del caos registrado en los últimos días. En la terminal se veían maletas y ropas tiradas entre montones de documentos. Había alambres de cuchillas para separar zonas y autos volcados y vehículos estacionados bloqueaban rutas en torno al aeropuerto civil, un indicio de las medidas tomadas para proteger contra posibles ataques suicidas con vehículos.

Varios vehículos con combatientes talibanes recorrían la única pista del Aeropuerto Internacional Hamid Karzai, en la zona militar al norte del aeropuerto. Antes del amanecer, combatientes fuertemente armados caminaban por los hangares de la zona militar entre algunos de los siete helicópteros CH-46 que utilizó el Departamento de Estado en sus evacuaciones antes de inutilizarlos.

El vocero del grupo, Zabihula Muyahid, se dirigió a los miembros presentes de la unidad Badri. “Confío en que sean muy prudentes al tratar con el país”, dijo. “Nuestro país ha sufrido guerra e invasión y el pueblo no tiene más tolerancia”.

Tras su intervención, los combatientes exclamaron: “¡Dios es el más grande!”.

En otra entrevista con la televisora estatal afgana, Muyahid habló sobre reanudar la actividad en el aeropuerto, que sigue siendo una vía crucial para los que quieren salir del país.

“Nuestro equipo técnico comprobará las necesidades técnicas y logísticas del aeropuerto”, dijo. “Si podemos arreglarlo todo por nuestra cuenta, no necesitaremos ayuda. Si hace falta ayuda técnica o logística para reparar la destrucción, entonces pediremos ayuda a Qatar o Turquía”.

El vocero no entró en detalles sobre qué estaba destruido.

El general de la Infantería de Marina Frank McKenzie, responsable del Comando Central del Ejército de Estados Unidos, había dicho antes que las tropas habían “desmilitarizado” el sistema para que no pudiera volver a utilizarse. Las autoridades dijeron que las tropas no habían volado equipamiento para asegurar que el aeropuerto podía utilizarse para operar vuelos en el futuro. Además, McKenzie señaló que las tropas estadounidenses habían inutilizado 27 camionetas Humvee y 73 aeronaves.

En el aeropuerto se produjeron escenas dramáticas después de que los Talibanes conquistaran Afganistán en una ofensiva relámpago y tomaran Kabul el 15 de agosto. Miles de afganos rodearon el aeropuerto, y algunos murieron tras aferrarse con desesperación al lateral de un avión de transporte C-17 del Ejército estadounidense que despegaba. La semana pasada murieron al menos 169 afganos y 13 militares de Estados Unidos en un ataque suicida del grupo extremista Estado Islámico en una puerta del aeropuerto.

Durante la evacuación, las fuerzas estadounidenses ayudaron a trasladar a unos 120.000 ciudadanos estadounidenses, afganos y de otros países, según la Casa Blanca. Las fuerzas de la coalición también evacuaron a sus ciudadanos y a más afganos. Pero pese a todos los que salieron, Estados Unidos y otros países admitieron que no habían evacuado a todos los que querían marcharse.

Pero el martes, tras una noche en la que combatientes talibanes dispararon al aire en señal de triunfo, nuevos guardias mantenían alejados a los curiosos y a los que de algún modo aún aspiraban a tomar un vuelo para marcharse.

“Después de 20 años hemos derrotado a los estadounidenses”, dijo Mohammad Islam, un guardia talibán en el aeropuerto, procedente de la provincia de Logar y que sostenía un rifle Kalashnikov. “Se han marchado y ahora nuestro país es libre”.

“Está claro lo que queremos”, añadió. “Queremos sharía (ley islámica), paz y estabilidad”.

Zalmay Khalilzad, el representante especial de Estados Unidos en Afganistán que supervisó las conversaciones de Estados Unidos con el Talibán, escribió en Twitter que “los afganos afrontan un momento de decisión y oportunidad” tras la retirada.

“El futuro del país está en sus manos. Elegirán su camino con plena soberanía”, escribió. “Esta es la oportunidad de poner fin a su guerra también”.

Pero el Talibán afronta lo que podría ser una sucesión de grandes crisis mientras toma el control del país. La mayoría de los miles de millones de dólares que tiene Afganistán en divisas extranjeras están ahora congelados en Estados Unidos, lo que presiona a una moneda local en franca caída. Los bancos han impuesto controles a la retirada de dinero por temor a una fuga de depósitos en el clima de incertidumbre. Funcionarios de todo el país dicen que llevan meses sin recibir sus salarios.

El equipo médico sigue escaseando y miles de personas que huyeron del avance talibán viven en condiciones penosas. Además, una fuerte sequía ha reducido la producción de alimentos en el país y hecho aún más importantes las importaciones, al tiempo que aumenta el riesgo de hambruna.

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Akhgar informó desde Estambul. El periodista de Associated Press Jon Gambrell en Dubái, Emiratos Árabes Unidos, contribuyó a este despacho.

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