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Enfoque Mundial

Hambre , desesperación y éxodo en los grupos indígenas de Venezuela

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EP New York/ (ONU) EE.UU

Los grupos indígenas Warao y Wayúu están abandonando sus tierras para buscar protección en Brasil y Colombia, debido a la escasez de medicinas y alimentos.

Cuando la hija menor del líder comunal indígena, Eligio Tejerina, cayó enferma con neumonía, su condición se vio agravada por la severa escasez que enfrenta su nativa Venezuela.


Sus cinco hijos sobrevivientes ya estaban débiles y afligidos por el hambre. Sin posibilidad de encontrar alimento en el mercado local, su única opción era irse.

“Decidimos venir a Brasil porque nuestros hijos estaban muriendo de hambre. Ellos lloraban por el hambre. Solo comían una vez al día, por la noche. Únicamente una pequeña porción”.

La escasez generalizada de alimentos y medicinas, la inflación que continúa en aumento, los disturbios políticos y la violencia están causando que cientos de miles de venezolanos abandonen su tierra natal y busquen la seguridad en el exterior.

A medida que la situación empeora en el país, un número cada vez mayor de indígenas como Tejerina y su familia, que recorren las fronteras del país, necesitan asistencia humanitaria y protección en las vecinas Brasil y Colombia.

Los Warao, el segundo grupo indígena más grande de Venezuela, ya estaban en malas condiciones en su hogar, donde una epidemia de VIH ha devastado comunidades tradicionales en el delta del Orinoco. Decenas de niños Warao también han muerto de sarampión.

Cientos de miembros tribales han recorrido el sur de la frontera con Brasil en los últimos meses. Más de 750 indígenas venezolanos viven ahora en hamacas y tiendas de campaña en el albergue Pintolandia en Boa Vista, entre ellos el artesano de 36 años Baudilio Centeno de Tamacuro.

“Nos encontramos en una situación de privación total en Venezuela”, dice Centeno. Al no poder encontrar comida en el mercado con frecuencia, trajo a su familia de ocho a Brasil, donde intenta sobrevivir haciendo cestas y vendiendo latas de aluminio para reciclar a 3 reales (0,81 dólares) por kilo.

La difícil situación de la comunidad es compartida por el grupo indígena más numeroso de Venezuela, los Wayúu, con 270.000 personas, cuyas tierras tradicionales se encuentran en la frontera con Colombia. A medida que las condiciones empeoran en Venezuela, muchos llegan deshidratados, desnutridos y con solo la ropa que usan, con reportes de condiciones de hambruna severa. Otros describen cómo las clínicas médicas no cuentan con electricidad en Venezuela y los servicios de autobuses escolares se ven afectados por la escasez, lo que hace que sus hijos pierdan su educación.

“Luchamos por encontrar transporte para que mi hija pudiera ir a la escuela”, dice Kary Gomez, de 55 años, quien se encuentra entre los Wayúu que cruzaron al departamento colombiano de La Guajira.

“Tienen dificultades para acceder a los servicios básicos debido a la falta de documentación”.

Además de las comunidades Warao y Wayúu, ACNUR, la Agencia de la ONU para los Refugiados, está consciente de que hay por lo menos otros dos grupos, los Barí y los Yukpa, que también han buscado asistencia, y que se enfrentan a desafíos adicionales por no hablar otro idioma más que el propio.

“Obligados a salir de Venezuela, los Wayú, Warao, Barí y Yukpa, entre otros, tienen dificultades para acceder a los servicios básicos debido a la falta de documentación”, dijo Johanna Reina, asistente de protección en Colombia.

“Se enfrentan a desafíos de pérdida de identidad, incluyendo su idioma, y un dramático deterioro de sus estructuras organizacionales”, añadió.

La mayoría de las personas que abandonan Venezuela y se dirigen a Brasil o Colombia necesitan asistencia urgente en relación con documentación, albergue, alimentación y atención médica, y ACNUR está trabajando con los respectivos Gobiernos y organizaciones socias para satisfacer esas necesidades.

A principios de esta semana, un juez federal en el estado fronterizo de Roraima en Brasil suspendió la admisión de venezolanos al país y cerró brevemente la frontera, aunque el fallo fue anulado por el Tribunal Supremo del país el lunes por la noche.

Un equipo de ACNUR se mantuvo en la frontera y continuó monitoreando la situación durante el breve cierre de ayer. Informaron que unos 210 venezolanos no pudieron finalizar los trámites migratorios, pero no fueron deportados. No se llevaron a cabo devoluciones.

A través de su oficina local en Riohacha, la capital del departamento colombiano de La Guajira, ACNUR también está trabajando en estrecha colaboración con las autoridades y los socios locales para proporcionar educación a los niños Wayúu. En la escuela Maimajasay, alrededor de 200 niños Wayúu encuentran un ambiente de aprendizaje seguro que nutre y fomenta las tradiciones indígenas, con muchas clases impartidas en su lengua materna, Wayúunaiki.

Esfuerzos similares se han realizado en Brasil, donde los niños de Warao reciben clases básicas en su idioma natal en el albergue de Boa Vista.

“Todavía no sabemos lo que sucederá en Venezuela. Lo que importa es que aquí estamos bien”.

“Usualmente nos reunimos para contar historias y cuentos tradicionales”, dice Tejerina.

Hay al menos 26 grupos indígenas en Venezuela. A medida que la situación continúa, se necesita más asistencia para ayudar a los desarraigados de sus tierras, que no ven ninguna posibilidad de retorno en el corto plazo.

“Todavía no sabemos lo que sucederá en Venezuela. Lo que importa es que aquí estamos bien”, dice Centeno, que no está seguro de si su familia podrá regresar a casa y cuándo. “Nuestros hijos pueden comer y nos sentimos seguros”.

Con reportes adicionales de Regina De La Portilla y Jessica Watts.


Tema relacionado: Venezuela y el mayor éxodo de latinoamérica

 

Agencias

Amenaza de Putin sobre armas nucleares es irresponsable y peligrosa: Biden

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EP New York || Asamblea ONU

Naciones Unidas – La guerra en Ucrania, la proliferación nuclear, Rusia, Irán, China y la crisis alimentaria mundial coparon el discurso del presidente de EE.UU., Joe Biden, ante la Asamblea General de la ONU.

La invasión rusa en Ucrania

«Esta guerra busca acabar con el derecho a Ucrania de existir, dicho de manera simple», sentenció el mandatario estadounidense.

El presidente ruso, Vladímir «Putin, asegura que él tenía que actuar porque Rusia estaba siendo amenazada (pero) nadie amenazó a Rusia. Solamente Rusia fue la que buscó el conflicto», añadió Biden.

El presidente de EE.UU. también acusó a Putin de hacer «amenazas irresponsables sobre el uso de armas nucleares».

Irán y China también tuvieron su lugar

«Estados Unidos es claro: nunca permitiremos a Irán hacerse con un arma nuclear. Sigo pensando que la diplomacia es la mejor forma de lograr este resultado», señaló Biden.

«No buscamos el conflicto, no buscamos una Guerra Fría. No queremos que ninguna nación tenga que elegir entre Estados Unidos y otro aliado. Pero, Estados Unidos promoverá un Indopacífico libre, abierto, seguro y un mundo próspero», afirmó Biden ante las reciente tensiones con China.

El pedido de reformas en el Consejo de Seguridad

«Creo que ha llegado el momento de hacer esta institución más inclusiva», indicó el mandatario estadounidense en referencia al Consejo de Seguridad de la ONU.

«La base de la Carta de Naciones Unidas, una orden basado en normas estable y justo, está siendo atacada por aquellos que quieren destruirla para su propia ventaja política», insistió Biden.

El hambre no da espera

«Mucha gente está sufriendo en todos los países del mundo. Sin importar lo que nos divida, si los padres no pueden alimentar a sus hijos, nada más importa», dijo el presidente de EE.UU. al anunciar una ayuda de 2.900 millones de dólares para combatir la crisis alimentaria. EFE noticias

 

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EE.UU

Los tres factores que cambiarían el rumbo de la guerra en Ucrania

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EP New York|opinión|otros medios

Mientras que algunos soldados rusos en Ucrania están votando con sus pies en contra de la vergonzosa guerra de Putin, su retirada veloz no significa que Putin vaya a rendirse. De hecho, la semana pasada abrió un nuevo frente: contra la energía.

El presidente de Rusia cree que ha encontrado una guerra fría que podría ganar y va a intentar congelar a Europa este invierno, literalmente, al cortar los suministros del gas y el petróleo rusos para presionar a la Unión Europea hasta que abandone a Ucrania.

Los predecesores de Putin en el Kremlin aprovecharon los inviernos frígidos para derrotar a Napoleón y a Hitler, y está claro que Putin cree que el frío es su as bajo la manga para derrotar al presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski, quien le dijo a su nación la semana pasada: “Rusia hará todo en los 90 días de este invierno para quebrar la resistencia de Ucrania, la resistencia de Europa y la resistencia del mundo”.

Ojalá pudiera decir con certeza que Putin fracasará y que los estadounidenses lo vencerán en producción. Y ojalá pudiera escribir que Putin se arrepentirá de sus tácticas, porque a la larga transformarán a Rusia de ser un zar de la energía para Europa a una colonia energética de China, donde ahora Putin está vendiendo mucho de su petróleo a un precio descontado para compensar su pérdida de los mercados occidentales.

Sí, ojalá pudiera escribir todas esas cosas. Pero no puedo, a menos que Estados Unidos y sus aliados de Occidente dejen de vivir en un mundo de fantasía verde en el cual podemos pasar de los combustibles fósiles contaminantes a una energía renovable limpia con solo encender un interruptor.

Ojalá eso fuera posible. Esta columna ha estado dedicada desde hace 27 años a abogar por la energía limpia y mitigar el cambio climático. Sigo comprometido —absolutamente— con esos fines. Pero no puedes esperar los fines a menos que también busques los medios.

¡Y está muy claro que no hemos hecho eso!

A pesar de todas las inversiones en energía eólica y solar durante los últimos cinco años, los combustibles fósiles —petróleo, gas y carbón— representaron el 82 por ciento del uso total de energía primaria en el mundo en 2021 (necesaria para cosas como la calefacción, el transporte y la generación de electricidad), lo que supone un descenso de apenas 3 puntos porcentuales en esos cinco años. Solo en Estados Unidos, en 2021, cerca del 61 por ciento de la generación de electricidad procedía de combustibles fósiles (principalmente carbón y gas natural), mientras que cerca del 19 por ciento procedía de la energía nuclear y alrededor del 20 por ciento de fuentes de energía renovables.

En un mundo de clases medias crecientes y ávidas de energía en Asia, África y América Latina, se necesitan enormes cantidades de nuevas energías limpias para hacer siquiera una pequeña mella en nuestra estructura energética general. No es cuestión de encender un interruptor. Tenemos una larga transición por delante, y solo lo lograremos si adoptamos cuanto antes un razonamiento inteligente y pragmático en materia de política energética, lo que a su vez conducirá a una mayor seguridad climática y económica.

Si no, Putin aún tendrá el poder de herir gravemente a Ucrania y Occidente.

Antes de que comenzara la guerra en Ucrania, Rusia suministraba casi el 40 por ciento del gas natural y la mitad del carbón que Europa utilizaba para calefacción y electricidad. La semana pasada, Rusia anunció que suspendería la mayoría de los suministros de gas a Europa hasta que se le levanten las sanciones occidentales. Putin también ha prometido cortar todos los cargamentos de petróleo a Europa si los aliados occidentales llevan a cabo su plan de limitar lo que pagan por el petróleo ruso.

Sin alternativas suficientes y costeables de suministros de gas natural, reportó The Financial Times, algunas fábricas en Europa han tenido que cerrar “por no poder pagar el costo del combustible”. Los costos de la energía —que en algunos países europeos han aumentado hasta un 400 por ciento— “están llevando a los consumidores a una pobreza casi total”.

Este invierno algunas personas tendrán que decidir entre calentarse o comer, y eso está obligando a sus gobiernos a ofrecer subsidios masivos, trastocando sus presupuestos, en aras de evitar represalias populistas y presiones para que Ucrania se rinda ante Putin; algunos incluso están volviendo a quemar carbón.

Si queremos que los precios del gas y el petróleo bajen lo suficiente para impulsar la economía estadounidense y, al mismo tiempo, ayudar a nuestros aliados europeos a escapar de la opresión rusa mientras también aceleramos la producción de energía limpia —llamémosla nuestra “triada energética”— necesitamos un plan de transición que logre un equilibrio entre seguridad climática, energética y económica.

El presidente de Estados Unidos, Joe Biden, acaba de dar un gran impulso a la producción de energía limpia del país con su proyecto de ley sobre el clima, que también fomenta la producción de gas y petróleo más limpios mediante incentivos inteligentes para frenar las fugas de metano de los productores de petróleo y gas, y motivando a estos a invertir más en tecnologías de captura de carbono.

Pero el factor más importante para ampliar rápidamente nuestra explotación de petróleo, gas, energía solar, eólica, geotérmica, hidroeléctrica o nuclear es dar a las empresas que las buscan (y a los bancos que las financian) la certeza normativa de que, si invierten miles de millones, el gobierno los ayudará a construir con rapidez las líneas de transmisión y los oleoductos para llevar su energía al mercado.

A los ecologistas les encantan los paneles solares, pero odian las líneas de transmisión. Quiero ver cómo logran salvar el planeta con ese enfoque.

Philip Anschutz, el conservador multimillonario que hizo una fortuna extrayendo petróleo, ha estado tratando de construir una línea eléctrica para conectar su enorme parque eólico en Wyoming con su mercado objetivo en Las Vegas. La planificación de esa línea comenzó hace 17 años, y solo en diciembre pasado Anschutz finalmente llegó a “un acuerdo con un rancho de Colorado para atravesar su tierra” para llevar sus electrones limpios al mercado, informó Bloomberg.

“Muchos de los mejores lugares para desarrollar energía limpia son desiertos y llanuras alejadas”, se lee en el reportaje, “pero tender líneas eléctricas para llegar a ellos puede llevar una década o más debido a las aprobaciones necesarias de las agencias estatales, el gobierno federal y los terratenientes del sector privado. Los retrasos son una de las mayores amenazas para las ambiciones del presidente estadounidense, Joe Biden, de eliminar los combustibles fósiles de las redes eléctricas”.

Con el propósito de obtener el apoyo crítico del senador Joe Manchin para el paquete climático de Biden, los líderes demócratas del Senado, liderados por Chuck Schumer, aceptaron un acuerdo lateral: respaldar un proyecto de ley que agilizaría, aunque no eliminaría, las revisiones medioambientales y otras regulaciones que a menudo entorpecen la obtención de permisos para las líneas de transmisión y los oleoductos que se necesitan para que los proyectos de gas, petróleo, energía solar y eólica sean económicamente viables. Si nuestra principal vía para dejar el carbón va a ser la electrificación de los vehículos y la generación de energía mediante energías renovables, necesitaremos más vías de transmisión para mover más electricidad, y necesitaremos más sistemas de reserva de gas natural para los momentos en que no brille el sol o no sople el viento.

Por estas y otras razones, Biden quiere que se apruebe este paquete de permisos, como lo quieren casi todos los senadores demócratas. Schumer planea adjuntarlo al proyecto de resolución continua que el Congreso debe aprobar para mantener el gobierno abierto después de que el año fiscal termine el 30 de septiembre. Desgraciadamente, el senador Bernie Sanders se ha manifestado en contra, al igual que más de 70 miembros demócratas de la Cámara de Representantes, la mayoría del grupo progresista del Congreso. No está claro cuántos llegarán al extremo de bloquear el proyecto de ley de financiación del gobierno si incluye esta legislación de permisos, pero sí serán algunos.

Por lo tanto, los grupos de presión de las petroleras han pedido a los legisladores republicanos que compensen a los progresistas que votarán en contra y que voten a favor de la legislación. Pero el Partido Republicano ha dicho a las compañías petroleras: “No, gracias”. Los legisladores republicanos no harán nada para conseguirle otro éxito a Biden.

No sé quién es más irresponsable: los progresistas moralistas que quieren una inmaculada revolución verde de la noche a la mañana, con paneles solares y parques eólicos, pero sin nuevas líneas de transmisión ni oleoductos, o los cínicos y falsos republicanos que prefieren que gane Putin y que pierdan nuestras empresas energéticas antes que hacer lo correcto para Estados Unidos y Ucrania dándole la razón a Biden.

No puedo enfatizar esto lo suficiente: la política energética de Estados Unidos debe ser el arsenal de la democracia para derrotar el petroputinismo en Europa, proporcionando el petróleo y el gas que tanto necesitan nuestros aliados a precios razonables para que Putin no pueda chantajearlos. Este tiene que ser el motor del crecimiento económico que proporcione la energía más limpia y asequible de combustibles fósiles en nuestra transición a una economía con bajas emisiones de carbono. Y tiene que ser la vanguardia de la ampliación de las energías renovables para que el mundo llegue a ese futuro bajo en carbono tan rápido como podamos.

Cualquier política que no maximice esas tres cosas nos dejará menos sanos, menos prósperos y menos seguros.


Thomas L. Friedman es columnista de Opinión sobre temas internacionales en el New York Times.

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Agencias

Reina Isabel II y el reinado de las siete décadas

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EP New York/ agencias

Gran Bretaña, envuelta en luto por la reina Isabel II


Era quizá la mayor figura viva del siglo XX. Muertos otros nombres universales como Nelson Mandela, Juan Pablo II, o recientemente Mijáil Gorbachov, Isabel II, reina entre los reyes, falleció este jueves tras 96 años de vida y 70 de reinado.

Para millones de personas ella fue la Reina. A secas. La única que la mayoría de la gente había conocido, no solo en el Reino Unido, sino en todo el mundo.


LONDRES  — Tañeron las campanas, y multitudes acudían a las puertas del palacio de Buckingham, mientras el país se preparaba para una nueva era con un nuevo monarca.

El rey Carlos III, que pasó muchos de sus 73 años de vida preparándose para la función, planeaba reunirse con la primera ministra el viernes y dirigirse a una nación que llora a Isabel II, la única monarca británica que había conocido la mayor parte del mundo. Llega al trono en una era de incertidumbre para el país y para la monarquía misma.

El parlamento inició una sesión especial de homenaje.

El país comenzó el viernes un periodo de luto oficial de 10 días. En la capital, Londres, se lanzarán 96 salvas de cañón, una por cada año de vida de la reina. Personas de todo el mundo se congregaron ante las embajadas británicas para rendir homenaje a la monarca, que falleció el jueves en el castillo de Balmoral, en Escocia.

Carlos III, que ha pasado gran parte de sus 73 años preparándose para reinar, sube al trono en una época de incertidumbre tanto para su país como para la propia monarquía.

El viernes, en su primer día completo en el cargo, se espera que regrese a Londres; se reúna con la primera ministra, Liz Truss, quien fue nombrada por su madre a principios de semana, y ofrezca un discurso a la nación en un momento en que muchos británicos están preocupados por la crisis energética, el encarecimiento del costo de la vida, la guerra en Ucrania y las consecuencias del Brexit.

Isabel ostentó el reinado más largo en la historia del país y fue un símbolo de constancia en una época turbulenta que vio el declive del imperio británico y la decadencia de su propia familia, cuyos miembros acudieron a su lado en la residencia de verano de Balmoral tras el empeoramiento de su salud.

El largo periodo de luto comienza el viernes con una misa de recuerdo en la catedral de San Pablo de Londres, a la que se espera que asistan Truss y los principales ministros del gobierno. Carlos, que se convirtió en rey inmediatamente después del deceso de su madre, será proclamado formalmente en una ceremonia especial el sábado.

Tras una vigilia en Edimburgo, el féretro de la reina será llevado a Londres, donde estará en una capilla ardiente por varios días antes de su funeral en la Abadía de Westminster.

Marcando el fin de la segunda era isabelina, cuando se anunció la muerte de Isabel II, la televisora pública BBC emitió el himno nacional británico, “God Save the Queen” (“Dios salve a la reina”), sobre un retrato de la monarca con su atuendo completo, y la bandera del Palacio de Buckingham se colocó a media asta. En el primero de los muchos cambios que vendrán, el himno que sonó el viernes fue “God Save the King” (“Dios salve al rey”).

El impacto de la pérdida de Isabel será enorme e impredecible para Gran Bretaña. La reina ayudó a estabilizar y a modernizar la monarquía a lo largo de décadas de enormes cambios sociales, pero su relevancia en el siglo XXI ha sido cuestionada a menudo.

El afecto permanente del público por la monarca había ayudado a mantener el respaldo a la institución a pesar de los escándalos familiares, pero Carlos no es, ni de lejos, tan popular.

El nuevo rey calificó la muerte de su madre como “un momento de la más grande tristeza para mí y para todos los miembros de mi familia”, y añadió que “Sé que su pérdida será profundamente sentida en el país, los reinos y la Mancomunidad de Naciones, y por innumerables personas en todo el mundo”.

El cambio de guardia se produce en un momento delicado para el país, apenas unos días después de que la nueva primera ministra tomase las riendas. Truss, designada por la reina para el cargo apenas 48 horas antes de su deceso, señaló que Isabel II era “la roca sobre la cual se construyó la Gran Bretaña moderna”.

AP noticias/EFE

 

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