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Enfoque Mundial

ENTREVISTA A JUAN CARLOS BLANCO, EL CANCILLER EN LA TORMENTA

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MINISTRO DE ASUNTOS EXTERIORES DE URUGUAY DURANTE EL GOBIERNO DEL PRESIDENTE JUAN MARÍA BORDABERRY

por Ricardo Angoso

rangoso@iniciativaradical.org

 Juan Carlos Blanco fue el canciller del presidente Juan María Bordaberry durante lo que se conoció como el período cívico-militar que dio paso después a la dictadura militar (1973-1985). Blanco tuvo el dudoso honor de ser uno de los pocos civiles procesados, juzgados y condenados por hechos ocurrido en esa época, junto con el mismo Bordaberry, y en la actualidad cumple una condena de veinte años por un delito de desaparición que niega.

TITULARES:

“Bordaberry, pese a lo que se ha dicho, siempre trató de defender la legalidad de la autoridad civil frente a los militares”;

“Una gran responsabilidad de lo que aquí ocurrió la tienen los Tupamaros que, una vez fracasados en las urnas, llegaron a decir que “por aquí, por las urnas, no va la cosa”;

“Yo siempre fui muy claro y mantuve una línea de defensa de la constitucionalidad y de las instituciones representativas”;

“Guardo la esperanza de que algún día otra generación reflexione sobre todo lo que ocurrió en Uruguay y lo que hicieron con nosotros. Y se preguntará:¿qué fue lo que pasó en ese momento? Y se comprobarán las tropelías que se cometieron con nosotros”;

“Mi vida hasta el 15 de noviembre de 2035 es estar aquí, en la cárcel. Tengo 80 años y eso significa que me han condenado de por vida”;

“Se han vulnerado los acuerdos iniciales que teníamos en la transición democrática. El origen de estos procesos viene de no haber buscado la concordia y la tradición clásica de Uruguay”.

Ricardo Angoso:¿Fue usted el primer procesado en Uruguay por asuntos o delitos relativos a la dictadura militar?

Juan Carlos Blanco: Si, así fue. Pero no quiero hacer declaraciones y menos públicas, si puedo ayudarle en su trabajo, lo hago, pero sin publicaciones, ni mucho menos.

R.A.:¿Cómo llegó a la Cancillería de Uruguay en 1972?

J.C.B.:Me remito a lo que cuento en libro. Estuve trabajando en la Organización de Estados Americanos (OEA) y fui llamando por el presidente constitucional Jorge Pacheco Areco para trabajar en la cancillería uruguaya. Luego, en noviembre de 1972, el presidente Juan María Bordaberry me nombra canciller a los 36 años, en un hecho sin precedentes en la historia de Uruguay. Yo era un funcionario y llegue de una forma accidental al gobierno, nada de participar en golpes de Estado u otras historias.

R.A.:Realmente, ¿fue Bordaberry el artífice del golpe de Estado llevado a cabo por los militares?

J.C.B.: No, nada de eso. El gobierno constitucional de 1971 de Pacheco ya había encomendado antes a las Fuerzas Armadas luchar contra la subversión, considerando que para derrotarla era necesario emplear todos los medios. Entonces, cuando Bordaberry llega al poder ya estaban las Fuerzas Armadas tomando partido en la lucha contra el terrorismo. El gobierno legal llamó a las Fuerzas Armadas para que lucharan junto con la policía en la lucha contra el terrorismo; más adelante, los militares consideraron que se debían de hacer algunos cambios en las Leyes para luchar más efectivamente contra la subversión.

R.A.:¿También hubo problemas entre Bordaberry y los militares?

J.C.B.:Siempre hubo problemas. Se dice que Bordaberry llamaba  a los militares para dar un golpe de Estado y fue todo lo contrario. Los imitares trataban de ir ocupando espacios sobre los civiles y Bordaberry trataba de proteger estos espacios e instituciones. Bordaberry, pese a lo que se ha dicho, siempre trató de defender la legalidad de la autoridad civil frente a los militares. Se dieron situación de tensión, como era lógico. Nadie quería que los militares se hicieran totalmente con el poder.

R.A.:¿Más tarde se produjo la salida del gobierno de Bordaberry?

J.C.B.:Fue en el año 1976. Ese año tenía que haber habido elecciones. Bordaberry, entonces, disolvió el parlamento y aseguró que entregaría el gobierno al ciudadano que fuera electo para el cargo de presidente de la República. Tenía la idea y la voluntad de convocar elecciones. Luego Bordaberry presentó una propuesta para crear un régimen de corte corporativista, en lo que yo no estaba de acuerdo, y hubo un choque con algunos sectores. Así se llegó a una situación en la que se produjo la anomalía de que la institucionalidad no se respetó ni tampoco hubo elecciones. Llegados a ese punto, y en un momento de protagonismo de los militares, yo decidí renunciar y abandonar el cargo.

R.A.:¿Y que hizo desde 1976 hasta 1985, en que abandonan los militares el poder?

J.C.B.:No tuve responsabilidades políticas, aunque ocupe los últimos tres años un cargo en las Naciones Unidas para acompañar a la transición democrática y darle una visibilidad. Estuve en ese periodo pero no en posición de gobierno, sino como diplomático.

R.A.:¿Más tarde fue senador?

J.C.B.:Eso fue posteriormente, cuando se recuperó la normalidad y las instituciones recuperaron todo su vigor. Fui electo en las elecciones de 1990 y hasta el año 1995 ocupé esa responsabilidad.

R.A.:¿Cómo se volvieron abrir estas heridas que parecían dormidas en la historia de Uruguay, cómo fue que le procesaron?

J.C.B.:Sin lugar a dudas, fue un hecho sorprendente y contrario a lo que había sido la tradición uruguaya hasta nuestros tiempos. Nunca en nuestra historia se había llegado a este estado de cosas. Aquí nunca hubo ni vencidos ni vencedores, siempre se apeló a la concordia y a la reconciliación. Y hubo clemencia siempre para los vencidos.

R.A.:¿Y qué argumentaron en su contra para procesarle?

J.C.B.:En las dos causas que me llevaron a la condena, sin pruebas de ningún tipo, fueron asuntos de índole internacional. El primer caso fue una persona que se asiló en la embajada de Venezuela y fue secuestrada por agentes no identificados que después la hicieron desaparecer. Nunca se conoció quién la secuestro. Luego también se me acusó del asesinato de cuatro uruguayos en Buenos Aires. Nunca tuve ninguna conexión ni relación con esos delitos. Ni siquiera se llegó a demostrar mi responsabilidad en los mismos. Me acusan de haber sido coautor de estos crímenes. ¡Pero ni siquiera nadie habló de estos asuntos cuando yo estaba en la Cancillería! No tuve participación en ninguno de estos asuntos ni tome parte en actos represivos, ya que no era mi misión ni función. Ni remotamente tuve alguna relación con esos actos.

R.A.:¿Y había testigos en su contra?

J.C.B.:No hay testigos ni documentos, realmente no hay nada de nada que pueda avalar esta condena que sufro injustamente. Ya le he dicho que ni remotamente tuve alguna relación con ese asunto. Ni siquiera los militares nos consultaban acerca de esos asuntos, actuaban con total autonomía. Si lo hicieron, nadie me consultó ni me dijo nada en su momento.

R.A.:¿Su relación con Bordaberry fue buena?

J.C.B.:Luego que abandoné la Cancillería tuve menos relación con él. Estaba muy desencantado por el curso que habían tomado las cosas y por la forma en que los militares se habían entrometido en la vida del país. Buscó un modus vivendi con los militares en unas circunstancias difíciles. Pero, en mi caso, yo siempre fui muy claro y mantuve una línea de defensa de la constitucionalidad y de las instituciones representativas. Bordaberry, todo hay que decirlo, siempre me apoyó y me dejó que me desempeñara en mis funciones y atribuciones.

R.A.:¿Bordaberry también fue procesado?

J.C.B.:Bordaberry fue acusado de varios delitos, entre ellos el mismo del que yo fui acusado como coautor. Se trata de los cuatro crímenes de Buenos Aires a los que antes me referí. Pero también le acusaron de otras violaciones de Derechos Humanos. Se confundió, en estos casos, la responsabilidad política con la penal. Es un error que por responsabilidades políticas sean juzgados los responsables de ese periodo.

R.A.:¿Habló con Bordaberry cuando estuvo encarcelado?

J.C.B.:No, nunca traté con él. Creo que nos encontramos en algún juzgado por estos asuntos, pero nada más. Incluso yo estaba preso y él estaba en la casa arrestado. Tuvimos una relación normal, pero no tuvimos muchas ocasiones de volver a hablar.

R.A.:¿Y cómo puede evolucionar su causa, tiene esperanzas de salir?

J.C.B.:He agotado todas las vías, no hay esperanzas. Mi vida hasta el 15 de noviembre de 2035 es estar aquí, en la cárcel. Tengo 80 años y eso significa que me han condenado de por vida. Formalmente, me han condenado de por vida. No se respeta nada, ni las reglas básicas jurídicas. Han hecho la excepción para que incluso en un caso como el mío no me pueda beneficiar de la edad.

R.A.:¿No esperó alguna medida de gracia del presidente José Mujica, que había sido guerrillero y participado en la lucha armada?

J.C.B.:Mujica había dicho antes de llegar al gobierno que no quería que los viejos estuvieran presos pero luego se desdijo y no se concretó nada. Y aquí estamos, todavía presos y sin esperanza. No olvidemos que Mujica pertenecía a los Tupamaros y fueron ellos los que iniciaron el conflicto en Uruguay, cuando atacaron el orden constitucional y a un gobierno democrático.

Los Tupamaros arrancan con sus actividades terroristas en 1963, en pleno gobierno democrático. Teníamos un gobierno democrático votado por más del 90% de los ciudadanos. Eramos un país libre, con todas las libertades y derechos, y sin presos políticos. Ese es el contexto en que vivíamos y en el que los Tupamaros actúan. Uruguay no era una dictadura, entonces, y algunos prefirieron utilizar la vía armada para llegar al poder que las vías políticas. Aquí, además, no se dio la represión que se dio en otros lugares, como la Argentina y Chile.

Se creó una comisión de la verdad y la paz para determinar que había ocurrido con la represión y determinó que tan solo había habido en la dictadura 28 desaparecidos. Uno es terrible, pero no se llegó a la represión de otras partes. Solo uno es censurable, pero no es la magnitud de otros países. En doce años de dictadura militar solo hay 28 muertos, no es un genocidio, eso está claro. Seamos objetivos y veamos eso en perspectiva. En Uruguay ni hubo ni genocidio ni exterminio. No se puede comparar con lo que ocurrió en Argentina, donde hubo miles de muertos.

R.A.: ¿Considera como algunos que con ustedes ha habido una justicia asimétrica?

J.C.B.:Se han vulnerado los acuerdos iniciales que teníamos en la transición democrática. El origen de estos procesos viene de no haber buscado la concordia y la tradición clásica de Uruguay. Yo ya he terminado todos mis recursos y no veo salida. Pese a todo lo que han hecho, yo perdono, incluso a los que me han condenado y buscado la venganza. Creo que algún día llegará alguien y ponga fin a esta situación, alguien que en el futuro se pregunte por qué fuimos condenados. Yo busco la paz y la concordia, ofrezco mi mano y el perdón, que son patrimonio de todos los uruguayos. Luego, como católico, no le guardo rencor a nadie y nos les guardo rencor a mis enemigos.

Me han dado muy duro y me atribuyeron un poder que nunca tuve. Yo abandoné en 1976 y durante diez años no tuve ningún poder ni actividad. Me tengo que reír ante esta situación, no he querido perder el sentido del humor. Nunca he sido una persona agresiva ni violenta, es una paradoja, algo irreal, que yo esté pasando por esta situación. Estoy preso sin pruebas ni fundamentos.

El comienzo de este proceso fue muy difícil. Realicé mi defensa, pero fue inútil y nadie me escuchó. En algún momento alguien se preguntará algo y quizá ya no estemos aquí para luchar por nuestra inocencia; la mayor parte de mis amigos ya están muertos y yo ya tengo muchos años. La mayor parte de los actores de ese periodo han muerto. Pero guardo la esperanza de que algún día otra generación reflexione sobre todo lo que ocurrió en Uruguay y lo que hicieron con nosotros. Y se preguntará:¿qué fue lo que pasó en ese momento? Y se comprobarán las tropelías que se cometieron con nosotros.

Yo no tuve mando ni autoridad para cometer esos crímenes, pero incluso voy más allá y le aseguró que desde el gobierno no se dieron esas órdenes para cometer esos crímenes de los que nos acusan. No creo que ni Bordaberry diera esas órdenes a nadie. Hubo víctimas lamentables en una situación de violencia que se produjo por la irrupción del terrorismo en la vida política de Uruguay. Creo que la intervención de los militares tenía que haber durado menos tiempo, pero sin perder de vista que cuando los soldados salen a la calle a patrullar y restaurar el orden, la gente aplaudía y veía con satisfacción esa intervención. Una gran responsabilidad de lo que aquí ocurrió la tienen los Tupamaros que, una vez fracasados en las urnas, llegaron a decir que “por aquí, por las urnas, no va la cosa”. No sacaron ni un solo diputado y apelaron a las armas para tomar el poder.

R.A.:¿No le permiten salir ni un día al mes?

J.C.B.:Alguna vez, unas horas al mes. Pero hay que tomarse este asunto con mucha paciencia. Gracias a Dios soy una persona religiosa y tengo fe en que algún día todo pasará. También mi familia me apoya mucho y viene a visitarme con frecuencia. No me quiero dejar ganar por el odio. Uruguay nunca fue un país de odio, que es un valor incalculable. No somos un país de gente violenta o que odie. Nuestra moderación es una realidad. Estoy bien y apelo a la paciencia. Me han tratado como un monstruo y me hace gracia. Incluso uno de los crímenes de los que se me acusan era uno de mis mejores amigos, cómo puede ser posible. Dicen que soy coautor del asesinato de un amigo y claro que no es cierto.

Yo sufro por mi familia, que quizá se ha llevado la peor parte en esta historia, pero yo me encuentro tranquilo porque sé que soy inocente. Fuerza y paciencia son las dos claves a las que he apelado para sobrevivir en estas circunstancias tan adversas. Incluso charló y he tenido amigos carceleros, veo todo este estado de casos como algo surrealista. Llevo nueve años presos y ya me he familiarizado con la cárcel. Solo lo siento por mi familia, que padece estas circunstancias. Mis amigos ya han muerto. Lo que sientes aquí es que algunos que quizá deberían haber venido a verte no vinieron, mientras que te sorprende que, por ejemplo, te venga a ver un policía que te conoció en la cárcel cuando te vigilaba.

TEXTOS DEL LIBRO “EL CANCILLER EN LA TORMENTA”

“…he sido objeto de reiteradas denuncias y procedimientos en los que nunca hubo una sola prueba concreta que apoyara las acusaciones.
Durante un lapso de veintidós años he sido hostilizado sin tregua, moviéndose en mi contra todos los resortes del Estado más la consiguiente repercusión en los medios de comunicación. Mientras en los miles y miles de fojas de actuaciones en los tres Poderes y en las comisiones relacionadas con derechos humanos nada me involucra en ningún hecho criminal…”

“…Es la culminación de la ola de la izquierda cambiando la historia, la marea de la historia recientes incidiendo sobre la política del presente…”

“…mi prisión es mostrada como prueba de que hay una nueva actitud con respecto a los Derechos Humanos y los excesos de la dictadura son castigados. El hecho de que yo sea inocente es, a esos efectos, un detalle menor… A la manera de los sacrificios bárbaros, mi prisión sirve en alguna forma para aplacar en el terreno político a las fieras, dándoles algo, o alguien, para devorar…”

“…Sé sin asomo de duda que mi participación en ese tiempo turbado fue con la intención indeclinable de perseverar todo los posible de un Uruguay que se debatía en un conflicto sin precedentes y de encontrar en medio de la tormenta los caminos que nos llevaran hacia adelante conforme a nuestras tradiciones…”

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Agencias

Petro promete poner fin a la violencia en Colombia

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EP New York/Latinoamérica

Petro jura como presidente, promete poner fin a la violencia

BOGOTÁ — Gustavo Petro juró el domingo como el primer presidente de izquierda en la historia de Colombia y prometió poner fin definitivo a la violencia interna y buscar una nueva estrategia en la lucha contra el narcotráfico.

En un acto colmado de simbolismos en la Plaza de Bolívar, centro político e histórico de Bogotá, Petro juró defender la constitución y las leyes junto a Francia Márquez, quien también hizo historia como la primera afrodescendiente en ocupar la vicepresidencia de la nación.

El economista, de 62 años, recibió la banda presidencial de manos de María José Pizarro, congresista e hija del máximo comandante de la extinta guerrilla M-19, a la que perteneció Petro, asesinado cuando aspiraba a la presidencia.

Durante la ceremonia estuvo acompañado por la espada de Simón Bolívar, robada en enero de 1974 por el M-19 y que estuvo en su poder durante 17 años hasta que fue entregada al Estado en 1991 como un gesto de paz. Desde entonces permaneció guardada en una bóveda del Banco de la República y en 2020 fue trasladada al Palacio de Nariño, donde reside el presidente.

“Que la paz sea posible. Tenemos que terminar, de una vez y para siempre, con seis décadas de violencia y conflicto armado. Convocamos, también, a todos los armados a dejar las armas en las nebulosas del pasado. A aceptar beneficios jurídicos a cambio de la paz, a cambio de la no repetición definitiva de la violencia”, dijo el mandatario ante una multitud que lo ovacionaba al tiempo que coreaba su nombre.

Petro encarna a una izquierda que ha sido marginada y en ocasiones estigmatizada por el peso de más de cinco décadas de un conflicto armado interno que dejó 50.770 secuestrados, 121.768 desaparecidos, 450.664 asesinados y 7,7 millones desplazados forzosamente, según la Comisión de la Verdad.

Aunque desde hace cinco años el país atraviesa una etapa de posconflicto tras la firma del acuerdo de paz entre el Estado y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) -la que fuera la guerrilla más antigua de Latinoamérica-, el pacto no puso fin a la violencia.

Petro aspira a lograr una “paz total” que implique el sometimiento a la justicia de las bandas del narcotráfico -como el Clan del Golfo- y la reanudación de las negociaciones con el Ejército de Liberación Nacional (ELN), la última guerrilla activa en el país.

Durante su discurso, Petro aseguró que es momento de cambiar la política antidrogas.

“Es hora de una nueva convención internacional que acepte que la guerra contra las drogas ha fracasado rotundamente, que ha dejado un millón de latinoamericanos asesinados, la mayoría colombianos”, sostuvo. “La guerra contra las drogas fortaleció las mafias y debilitó los Estados”, agregó.

Petro deberá sortear en su mandato la creciente violencia que ha cobrado la vida de más de 560 defensores de derechos humanos desde 2016, la inflación más alta de las últimas dos décadas y la búsqueda de consensos en un país dividido.

Varios sectores temen verse afectados por su objetivo de llevar adelante reformas en el agro, la producción energética, la policía, las pensiones y la recaudación de impuestos.

Al respecto, Petro enfatizó que “los impuestos no serán confiscatorios, simplemente serán justos en un país que debe reconocer como aberración la enorme desigualdad social en la que vivimos”.

Tras ser elegido Petro adoptó una postura más moderada que la que tuvo durante la campaña, lo que resultó en un amplio apoyo y en una mayoría en el Congreso clave para sacar adelante la reforma tributaria que le dará recursos para financiar programas sociales.

“Llegó el momento de devolverle la deuda a nuestra educación pública para que alcance a todos y todas y sea de calidad. Cuidaré de nuestros abuelos y abuelas, de nuestros niños y niñas, de las personas con discapacidad, de las personas a las que la historia o la sociedad ha marginado”, remarcó el mandatario.

En el empresariado y los mercados hay gran expectativa por el contenido de la reforma tributaria y otras medidas, como la posible suspensión del otorgamiento de licencias mineras y de exploración petrolera con el objetivo de acelerar la transición energética. El sector energético aporta alrededor del 18% de los ingresos fiscales de la nación y está en el primer renglón de las exportaciones.

Ricardo Triana, director ejecutivo del Consejo de Empresas Americanas -que agrupa a más de 100 compañías estadounidenses en 17 sectores-, aseguró que en una reunión previa a su elección Petro les prometió que respetaría los contratos firmados y que no correrían peligro las inversiones en marcha.

Petro también se comprometió a poner fin a la violencia “con una estrategia integral de seguridad… que vaya desde los programas de prevención hasta la persecución de las estructuras criminales y la modernización de las fuerzas de seguridad”.

Para ese efecto designó a Iván Velásquez como ministro de Defensa quien, según la analista política Sandra Borda, apunta a un proceso de transformación interno de las Fuerzas Armadas para acabar con la corrupción y promover el respeto de los derechos humanos.

La Plaza de Bolívar, a la que acudieron miles de personas, estuvo dividida en dos: en la primera parte se ubicaron representantes de varios países -entre ellos el rey Felipe VI de España y los presidentes de Chile, Paraguay, Ecuador y Costa Rica- y en la segunda los ciudadanos.

Además de los invitados internacionales, a la ceremonia asistieron los expresidentes colombianos Juan Manuel Santos, Ernesto Samper y César Gaviria, de tendencia liberal. Los conservadores Álvaro Uribe y Andrés Pastrana declinaron la invitación.

Ataviado con el traje tradicional del pueblo indígena guambiano, de sombrero de ala corta y traje de lanilla azul, Luis Alberto Tombe Cantero asistió a la posesión de Petro. “Es la primera vez que una posesión presidencial la acompaña realmente la base o el pueblo”, dijo a The Associated Press.

“Hoy se parte la historia de Colombia en dos. Hoy nace un nuevo sol para los nadies y las nadies”, aseguró a AP Rosa Chocó, oriunda de Cali.

La diversidad cultural de Colombia estuvo reflejada en la ceremonia de posesión y en la antesala, en la que decenas de artistas interpretaron ritmos nacionales en los parques del centro de la ciudad.

Durante la campaña Petro dijo que buscaría estrechar lazos con sus vecinos y especialmente con Venezuela, país con el que Colombia rompió relaciones en 2019.

El presidente venezolano Nicolás Maduro no fue invitado a la ceremonia de asunción dadas las profundas diferencias políticas con el mandatario colombiano saliente Iván Duque.

En la ciudad de Cúcuta, a pocos kilómetros de la frontera con Venezuela, la estudiante Daniela Cárdenas, dijo que espera que Petro lleve a cabo una reforma educativa que incluya ayuda financiera para los estudiantes universitarios. La joven estudia informática los domingos y trabaja el resto de la semana en un restaurante para pagar la matrícula y las tarifas.

“Para nosotros como estudiantes se nos dificultan muchas cosas”, dijo la estudiante de 19 años.

A unas cuadras, Aurora Rodríguez vendía cigarros, dulces y comida en la misma esquina donde tiene su puesto desde hace tres años. Dijo que siente que los gobiernos han abandonado ese estado durante mucho tiempo, permitiendo que crezca la violencia y disminuyan los servicios de atención médica, lo que espera que cambie con Petro. “Acá no tenemos seguridad, no tenemos salud”.

Justo al lado del puente fronterizo, en Venezuela, decenas de personas estallaron en aplausos en el momento en que Petro asumió el cargo.

“Ver a Gustavo Petro presidente es algo muy impresionante. Y tener la consciencia de que por primera vez en la vida somos gobierno es hermoso”, dijo a AP Javier Uscategui, un defensor de derechos humanos que trabaja con las víctimas del conflicto armado mientras usaba una gorra de béisbol con la rostros bordados del difunto líder revolucionario cubano Fidel Castro, el fallecido expresidente venezolano Hugo Chávez y otros líderes de izquierda.

Con información de EFE

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Agencias

EE.UU declara Viruela del mono como emergencia de salud pública nacional

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EP New York/Salud Pública Mundial

La administración Biden declaró el jueves el brote de viruela del simio como una emergencia de salud pública nacional en un esfuerzo por crear conciencia y acelerar los esfuerzos para combatirlo.

“Estamos preparados para llevar nuestra respuesta al siguiente nivel para abordar este virus, e instamos a todos los estadounidenses a que se tomen en serio la viruela del simio y asuman la responsabilidad de ayudarnos a enfrentar este virus”, dijo Xavier Becerra, secretario del Departamento de Salud y Servicios Humanos, durante una sesión informativa con funcionarios y medios de comunicación.

La medida, que se ha estado considerando durante varias semanas, tiene como objetivo acelerar los posibles tratamientos y vacunas, que según la declaración ya no tendrían que pasar por las revisiones federales habituales.

La orden también permitirá al gobierno más flexibilidad para administrar el suministro actual de vacunas.

Actualmente, se informa que el gobierno tiene un suministro insuficiente en su reserva de Jyennos, la única vacuna contra la viruela del simio actualmente aprobada por la Administración de Alimentos y Medicamentos. Aunque las autoridades han dicho que alrededor de 1,6 millones de estadounidenses corren un alto riesgo de contraer la viruela del mono, EE. UU. solo tiene suficientes dosis de Jyennos para inocular por completo a 550.000 personas.

La Organización Mundial de la Salud declaró la viruela del simio una emergencia mundial de salud pública el 23 de julio, y algunos funcionarios estatales han hecho lo mismo, incluido el gobernador de California, Gavin Newsom, quien emitió una declaración de emergencia estatal el lunes.

La viruela del mono es una enfermedad rara similar a la viruela, aunque los síntomas a veces son más leves. Se está propagando en gran medida entre hombres que tienen sexo con hombres, así como entre personas transgénero y no binarias, aunque los funcionarios de salud advierten que cualquiera puede contraer el virus a través del contacto directo con llagas infecciosas, costras o fluidos corporales, o al tocar ropa y ropa de cama usada por una persona con el virus.

Se han confirmado casi 800 casos en California, según los datos más recientes del Departamento de Salud Pública de California.

El estado informó que el 98,3% de esos casos se confirmaron en hombres, la mayoría de los cuales se identifican como LGBTQ.

A nivel nacional, se han confirmado más de 6600 casos desde el 18 de mayo, también predominantemente entre hombres homosexuales. La mayoría de los expertos creen que esas cifras subestiman en gran medida la propagación real del virus.

La capacidad de prueba, dijo Becerra, ha aumentado a 80,000 pruebas por semana, una cifra que debería seguir creciendo.

Créditos: Los Ángeles Times

 

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Agencias

La izquierda gana por primera vez elecciones presidenciales en Colombia

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EP New York/agencias

BOGOTÁ  — Colombia giró hacia la izquierda por primera vez en su historia al elegir al exrebelde y actual senador Gustavo Petro como su nuevo presidente, en una segunda vuelta electoral que mostró el descontento hacia la clase política tradicional en medio de un aumento de la desigualdad, los precios de los productos básicos y la violencia.

En una jornada en la que también se eligió a la líder social Francia Márquez como su vicepresidenta, la primera mujer de raza negra en ocupar el cargo, Petro se impuso al impredecible magnate de bienes raíces Rodolfo Hernández y de inmediato tendió la mano a sus opositores y críticos para intentar unir a una Colombia de varios rostros e intereses.

Cuando subió al escenario tras la victoria, ni el mismo Petro podía creer que fuera el presidente, aunque dijo haber soñado con ese momento. La tercera fue la vencida, perdió en 2010 cuando no tenía posibilidades reales y en 2018 contra el saliente mandatario conservador Iván Duque en el balotaje.

Su triunfo, sin embargo, no fue holgado. Según los resultados preliminares, obtuvo el 50,4% de los votos, suficientes para vencer en el balotaje a Hernández, que logró el 47% de los sufragios. El resultado anticipa que gobernará con la presión de la oposición, además de que no tendrá mayoría en el Congreso.

En su primer discurso le habló a esa otra mitad de Colombia que no votó por él y propuso un “gran diálogo nacional” que incluya a sus más férreos opositores para lograr consensos que le permitan hacer las ambiciosas reformas que prometió en campaña y que incluyen buscar una millonaria reforma fiscal para financiar programas sociales como educación superior gratuita y subsidios para madres cabezas de hogar.

“El triunfo que Petro muestra que la estrategia de miedo, de odio y de estigmatización hacia la izquierda ya no funciona en Colombia como política para ganar votantes”, dijo a The Associated Press Elizabeth Dickinson, analista senior para Colombia del International Crisis Group.

En Colombia la izquierda estuvo marginada debido a la asociación percibida con el conflicto armado del país, que se prolongó por cinco décadas con la extinta guerrilla de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) hasta que en el 2016 firmaron un acuerdo de paz con el Estado. En su juventud, Petro militó en la guerrilla M-19 de naturaleza nacionalista y antiimperialista, hasta que dejó las armas en 1991 en otro acuerdo de paz.

Con Petro, Colombia se une al grupo de países latinoamericanos que eligieron gobiernos de izquierda, como Pedro Castillo, en Perú; Xiomara Castro, en Honduras y Gabriel Boric, en Chile. La otra elección pendiente en la región es en octubre en Brasil, donde el izquierdista y exmandatario Luiz Inácio Lula da Silva lidera las encuestas en Brasil.

Tras la victoria de Petro, todos lo felicitaron, incluido el gobierno de Estados Unidos, con quien el izquierdista ha dicho que cambiará los acuerdos impulsados hasta ahora, incluidos los relacionados con la lucha contra el narcotráfico y que han significado la presencia de agentes estadounidenses en territorio colombiano.

“Le propongo a América latina integrarnos más decididamente… no sólo porque tengamos la sangre latina, también la afro, la indígena ancestral”, dijo Petro en su discurso, en el que planteó a los “gobiernos progresistas” que es “insostenible” un futuro sustentado en “los altos precios del petróleo, del carbón y del gas”. En campaña prometió no otorgar nuevas licencias de explotación petrolera ni permitir el fracking, una técnica utilizada para sacar gas y petróleo de rocas profundas utilizando agua con químicos a alta presión.

Petro intentó disipar los miedos que aún tienen sus detractores, que advertían que Colombia viraría hacia el comunismo y se convertiría en “otra Venezuela”. En su discurso ante cientos de sus seguidores en Bogotá y divulgado en directo en redes sociales, aseguró que “vamos a desarrollar el capitalismo en Colombia, no porque lo adoremos, sino porque tenemos primero que superar la pre modernidad en Colombia, el feudalismo en Colombia, los nuevos esclavismos”.

El presidente electo prometió en campaña sacudir las relaciones exteriores con Venezuela y Estados Unidos. Por un lado, planea reanudar las relaciones diplomáticas con el gobierno de Nicolás Maduro, al que Duque no reconoce como legítimo y con el que rompió relaciones desde 2019. Además, buscará liderar la lucha contra el cambio climático para proteger la selva amazónica, para lo cual buscaría un diálogo con Estados Unidos sobre las altas emisiones de gases efecto invernadero. Con el país norteamericano también plantea revisar el tratado de libre comercio firmado hace una década y la estrategia de lucha contra las drogas.

“Petro puede trabajar con Estados Unidos muy pragmáticamente… la relación va a seguir siendo fuerte. Pero a Petro le va a gustar replantear el tema de erradicación de cultivos ilícitos. Creo que el mandato de Petro y los intereses de implementar el acuerdo de paz significan un cambio de política en la política de drogas, lo cual debe ser negociado con Estados Unidos, que provee financiación”, aseguró Dickinson.

A nivel interno, Petro y Márquez han prometido gobernar para “los nadies y las nadies”, es decir, las minorías y los pobres, que en Colombia alcanzan el 39% de la población, según cifras oficiales del 2021.

“Que el viejo y la vieja puedan tener una pensión, que el joven y la joven puedan tener una universidad, que el niño y la niña pueden tener la leche y el pan y la carne no sea un objeto de lujo”, dijo Petro.

Con Márquez, Colombia lleva a un cargo de poder a una afrocolombiana y líder ambientalista ganadora en 2018 del The Goldman Environmental Prize, quien sufrió en carne propia la persecución por su liderazgo, por su oposición a la minería ilegal, ha recibido amenazas y un atentado con una granada en 2019.

“Vamos por la paz de manera decidida, con amor, sin miedo… vamos las mujeres a erradicar el patriarcado de nuestro país. Vamos juntos a erradicar el racismo estructural”, dijo Márquez en la noche del domingo mientras la multitud coreaba “¡Sí se pudo!”.
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Con información de AP

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