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Enfoque Mundial

PREVISIBLES ESCENARIOS ANTE LA CRISIS POLÍTICA EN ESPAÑA

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Los resultados de las elecciones generales celebradas en España el pasado 20 de diciembre pusieron fin al bipartidismo reinante -dominado por dos grandes fuerzas: la derechista Partido Popular (PP) y la centro izquierdista Partido Socialista Obrero Español (PSOE)- y supusieron la conformación de un nuevo mapa político dominado por cuatro grandes actores. Aparte del PP y el PSOE, habría que anotar al nuevo sistema de fuerzas la izquierdista Podemos, que llegó al 20% de los votos y 69 de los 350 diputados, la centrista Ciudadanos, con el 13% de los sufragios y 40 diputados, y un sinfín de fuerzas nacionalistas que sin ser determinantes sí pueden llegar a decidir qué coalición gobierna en España. Estos son los cuatro escenarios predecibles de lo que puede ocurrir en el país ante la falta de una mayoría clara para elegir al futuro presidente de Gobierno que conducirá los destinos de la nación.
1.Un pacto de sentido común, algo que en la política no siempre resulta fácil, entre las tres fuerzas políticas más cercanas y moderadas del sistema, es decir, entre el PP, el PSOE y Ciudadanos, que podría llegar a sumar los 253 diputados y una sólida mayoría para poder gobernar el país. Sin embargo, para el PSOE este pacto podría suponer el abrazo del oso y significar su desaparición, algo que saben los líderes socialistas, y para Ciudadanos, tal como le pasó a otras fuerzas en el pasado, ser anexionados y fagocitados por los populares. Es un escenario que sería el lógico pero de muy imposible cumplimiento. Otra cosa será que el PSOE y Ciudadanos dejarán gobernar al PP sin entrar en el ejecutivo, pero también en ese caso el desgaste sería muy grande y es una alternativa de bastante improbable aplicación. El PSOE sufre una grave crisis, con un líder acosado y fuertes divisiones internas, y Ciudadanos, tras verse defraudado en sus expectativas políticas (llegaron a pensar que ganaban las elecciones y se quedaron en un deshonroso cuarto lugar), está literalmente noqueada y con una escasa, por no decir nula, iniciativa política tras ver la cruda realidad que arrojaban los resultados electorales. Una cosas son las encuestas y otra bien distinta lo que los ciudadanos votan.
2. Un gran pacto de la izquierda que aglutinase  al PSOE, Podemos, Izquierda Unida (IU), los independentistas catalanes (ERC-DL) e incluso la proetarra Bildu, una coalición tan heterogénea y diversa como tan incapaz de llegar al necesario consenso para gobernar el país. Tendrían la mayoría, que pasa por los 175 diputados, pero el PSOE perdería la legitimidad para liderar un proyecto coherente que aúne la búsqueda de una solución al denominado “problema catalán” y la necesaria capacidad de maniobra para gestionar adecuadamente la todavía no concluida salida de la crisis económica que sufre España, toda vez que Podemos se niega a aceptar las recetas clásicas auspiciadas por la Unión Europea (UE) y los ajustes necesarios pero dolorosos que necesita la economía. Un gobierno de esas características sería posible pero dudo de que durase más allá de unos meses y seguramente la nación, de nuevo, se viera abocada a unas nuevas elecciones.
3. Un pacto entre las dos grandes fuerzas que hasta ahora dominaban el sistema, PP y PSOE, sin Podemos ni Ciudadanos. Aunque es la opción más deseada por una buena parte del Establecimiento, los líderes más veteranos de ambas fuerzas -incluidos seguramente Felipe González y José María Aznar- y una buena parte de los comunicadores sociales, es una salida política no deseada por el máximo líder socialista, Pedro Sánchez, y su equipo, pues temen ser engullidos en futuras elecciones por la pujante fuerza que es Podemos, que ya anuló políticamente a Izquierda Unida, y que lleve a alemanización de la política española, en el sentido de que los socialdemócratas acaben convertidos en un fuerza secundaria tras la derecha y sin posibilidades de vertebrarse como una alternativa creíble.
4.No debemos de perder de vista la perspectiva de unas nuevas elecciones generales que intenten clarificar el confuso y atomizado escenario político que salió de los comicios del 20 de diciembre. Esa posibilidad de adelanto electoral no es descartable, aunque es casi seguro que los socialistas la evitarán a toda costa en la medida en que es más que posible que en una nueva cita electoral perdieran más diputados frente a Podemos y salieran de las urnas en una situación de un mayor debilidad, mientras que los populares, según señalan las encuestas, saldrían beneficiados y subirían algunos escaños. No olvidemos que al PP le han han faltado apenas diez diputados más para gobernar, ya que se si sumamos los diputados de Ciudadanos y los populares con esos diez diputados a los que me refiero salen las cuentas para casi gobernar con mayoría absoluta. Sin embargo, la perspectiva de unos nuevos comicios crearía las condiciones para una honda crisis en los socialistas, un seguro escenario de polarización entre Podemos y el PP y la agudización de una serie de retos que están sobre la mesa, como la amenaza secesionista catalana y la crisis económica, que requieren una rápida respuesta.
Así las cosas, y  en unas circunstancias dominadas por la prudencia y el temor de todos los actores políticos a que cualquier movimiento provoque un desgaste electoral futuro, lo que está claro es que se forme o no gobierno al final la única alternativa al actual parlamento conformado por tantas fuerzas y sin una mayoría clara es que habrá elecciones anticipadas y que no se completará el ciclo de gobierno de cuatro años previsto por la Constitución. El gobierno que salga será débil, tendrá que buscar grandes acuerdos para sacar adelante sus proyectos y, en definitiva, se instalará una nueva forma de gobernar en España, pero eso no será óbice para que la inestabilidad sea la tónica dominante y que ese sea el mejor camino para resolver los problemas pendientes. Habrá elecciones antes de cuatro años, pero la cuestión es saber cuándo.  Otro asunto que queda pendiente es conocer qué será mejor para España: si un gobierno débil o la convocatoria de unas nuevas elecciones. Pero esa es harina que dejo para otro costal. Veremos qué ocurre.

Ricardo Angoso
Analista Internacional

Bush-Rubio, ¿tándem ganador de los republicanos para las elecciones presidenciales?

Se puede decir que la única opción ganadora que tiene el bando republicano es el tándem Bush-Rubio, que aúna experiencia, madurez política, juventud, diversidad racial, bilingüismo, manejo de la economía, larga trayectoria profesional y, sobre todo, razón de Estado a la hora de anteponer su claro sentido de servicio público a sus intereses personales

Ricardo Angoso/periodista Español

Analista internacional

 

 

A medida que va avanzando la precampaña para las primarias del Partido Republicano norteamericano, las cosas se van viendo con una mayor claridad y el ruido mediático generado por Donald Trump se va apagando a medida que su cascada retórica de mamarrachadas lejos ya de escandalizar sirve tan solo para caricaturizar a un personaje a medio camino entre el esperpentismo y el patetismo. Trump sabe poco de política, pero lo suficiente para saber que nunca va a ganar las elecciones primarias en el interior de su partido y ser el nominado como candidato presidencial.

Sin embargo, la amenaza de que si no gana esta batalla Trump se presente como independiente y divida al electorado conservador sigue pendiendo de un hilo y, de producirse, sería el peor escenario posible para los republicanos. Ya en la década de los noventa, un independiente ultraconservador,Ross Perot, le robó al bando republicano la victoria frente a los demócratas e impidió la reelección del presidente Bush padre. Trump está vendiendo su marca comercial en esta campaña, el objetivo es que su nombre se haga universalmente conocido -lo que en cierta medida ya ha logrado- y consiga vender más sus productos para acaparar una mayor fortuna. Trump también debe saber que las elecciones se ganan desde el centro y que sus exabruptos le pueden dar una cierta popularidad ahora, pero que pueden convertirse, en el largo plazo, en una suerte de bumerán que le deje fuera de juego.

En esta carrera electoral, marcada por el impacto mediático de las mamarrachadas de Trump y el claro liderazgo de

Donald Trump

Donald Trump

 

Hillary Clinton en el campo demócrata, hay demasiado ruido, pocos contenidos programáticos serios y escasos espacios para un debate serio y sosegado entre los candidatos. Pero, en medio de este protagonismo inesperado y también buscado por Trump, hay dos candidatos que sobresalen en el campo republicano por su carácter de símbolos e iconos.

En primer lugar, está Jeb Bush, uno de los candidatos republicanos a tener en cuenta por su larga y dilatada carrera política, en la que tenemos que destacar su paso por la gobernación de Florida y otros cargos de no menor importancia -senador durante varios años-. Bush pertenece a una de las sagas políticas más conocidas del país y que ha dado dos presidentes a los Estados Unidos en periodos controvertidos en la historia de este país. Hombre cercano y afable, Bush también ha destacado en el mundo de los negocios y tiene conocimientos amplios en los asuntos de política doméstica norteamericana. Además, tiene un carácter pausado, moderado y ajeno a todo tipo de escándalos. Bush puede ser el candidato del centro en el bando republicano, pero a su vez también puede aunar a los sectores descontentos con la forma en que los demócratas han gobernado el país en los últimos años e incluso de los sectores más conservadores como el Tea Party, para quienes sería una pesadilla que llegue un demócrata nuevamente  a la Casa Blanca.

Esa candidatura de Bush a la máxima magistratura del país, si es que consigue ganar la larga batalla de las primarias, que apenas acaba de comenzar y se presiente larga hasta que un candidato se vislumbre como ganador, podría ser quizá el único contrapeso serio a la candidatura de Clinton. Nuevamente, como ha ocurrido en otras ocasiones, una saga política al estilo de los Kenedy vuelve a estar en la primera línea de la contienda política en Estados Unidos. Mejor dicho, dos sagas, los Clinton y los Bush, parecen ser las destinadas a competir por la presidencia de la mayor potencia del mundo.

Marco Rubio y Jeb Bush

Marco Rubio y Jeb Bush

 

Ganar el voto latino, única alternativa para vencer en las elecciones. Pero aparte de Bush, los republicanos pueden tener otra baza a su favor: el político hispano y joven Mario Rubio. Rubio es, a sus 44 años, uno de los senadores más jóvenes del Senado norteamericano y una de las firmes promesas del bando republicano. Abogado de profesión, bilingüe y con una notable vocación política, este joven candidato a la presidencia puede dar a los republicanos lo que ahora les falta, es decir, el voto de los casi cuarenta millones de latinos -cifra que podría ser mayor si sumamos los ilegales- que viven en los Estados Unidos y que mayoritariamente orientan su voto hacia los demócratas.

Va a resultar muy difícil, a partir de ahora, que un futuro presidente de los Estados Unidos sea elegido sin los votos de los latinos y los afroamericanos. Los futuros presidentes norteamericanos tendrán que concitar grandes apoyos en esas poblaciones para ser elegidos, tal como lo logró Obama en las últimas elecciones. Tan solo la estupidez supina de Trump, que está en campaña por negocios y no por política, puede haber llegado a planteamientos erróneos en las filas republicanas en el sentido de desconsiderar e infravalorar el potente y cada vez más emergente voto latino.

En definitiva, y para concluir, después de un somero análisis de los candidatos republicanos, sus propuestas programáticas y sus planteamientos estratégicos, se puede decir que la única opción ganadora que tiene el bando republicano es el tándem Bush-Rubio, que aúna experiencia, madurez política, juventud, diversidad racial, bilingüismo, manejo de la economía, larga trayectoria profesional y, sobre todo, razón de Estado a la hora de anteponer su claro sentido de servicio público a sus intereses personales. Bush tiene la suficiente edad y bagaje intelectual y profesional para ser el próximo presidente de los Estados Unidos, algo que no ocurre con el todavía bisoño, inexperto -hasta veces ignorante: sigue negando el cambio climático y se queda tan ancho- y joven Rubio, que debe esperar algún tiempo y aprender que en estas carreras políticas lo más importante es saber manejar los tiempos y dejar que las grandes oportunidades se le presenten. Si se cumpliera este deseo personal, que es el de muchos también en los Estados Unidos, es más que seguro que la retórica y demagogia de los demócratas, por mucho que se empeñe Hilary en presentarse como una persona cabal de ideas conservadoras, casi cercana a los republicanos, será ampliamente derrotada y asistiremos a un nuevo ciclo en este país.

@ricardoangoso

rangoso@iniciativaradical.org

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Agencias

Rusia ataca el Este de Ucrania. “El Donbás” de la guerra

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EP New York/ Guerra de Ucrania

Kiev, 18 abr – El presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, informó la noche de este lunes a su país de que Rusia “ha empezado la gran batalla por el Donbás”, en alusión a la esperada gran ofensiva del ejército ruso para controlar todo el este del país.

“Podemos confirmar que las tropas rusas han comenzado esa batalla”, aseguró, en un mensaje difundido por vídeo, difundido por el canal informativo Ukrinform, para añadir a continuación que los soldados ucranianos “batallarán” y que “no cederán” nada del territorio del país.

“El ejército ruso ha concentrado gran parte del total de sus efectivos ahí para concentrarse en su ofensiva”, asegura, para sostener luego que “no importa cuantas tropas rusas se desplieguen: nosotros lucharemos”.

El mensaje del líder ucraniano sigue a los bombardeos registrados durante todo este lunes en el Donbás y después de que a primera hora de la mañana el gobernador regional de Lugansk, Serhiy Gaidai, proclamara el inicio de la ofensiva en una de sus ciudades, Kreminna.

“La situación ha cambiado radicalmente”, anunció entonces Gaidai, a través de Telegram, para informar luego de los primeros combates en las calles.

En paralelo a la alarma en el este del país, desde Leópolis, en el oeste y a 80 kilómetros de la frontera con Polonia, se reportaron asimismo ya por la mañana cinco ataques con misiles, que dejaron al menos siete muertos.

Especialmente dramática es la situación en Mariúpol, la estratégica ciudad portuaria del Mar Negro, que sufre a diario los bombardeos rusos desde el inicio de la invasión, el 24 de febrero.

Las autoridades ucranianas informaron este lunes, por segundo día consecutivo, de que no es posible abrir corredores humanitarios para proceder a la evacuación de los civiles porque, según Kiev, por parte de Rusia no hay garantías de seguridad.

La viceprimera ministra, Iryna Vereshchuk, instó a través de la cuenta oficial en Telegram a Rusia a abrir uno de estos corredores humanitarios para posibilitar esas operaciones.

Según fuentes ucranianas, en una acería de Mariúpol hay cerca de un millar de civiles refugiados. Ahí se encuentran también atrincherados los últimos soldados ucranianos que tratan de resistir el ataque ruso a esa ciudad.

Información de EFE

 

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El mundo no será el mismo a partir de la guerra de Ucrania.

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EP New York/ Ucrania_opinión

Las ocho palabras más peligrosas del periodismo son: “El mundo nunca volverá a ser el mismo”. En más de cuatro décadas como periodista, rara vez me he atrevido a usar esa frase. Pero ahora, tras la invasión de Vladimir Putin a Ucrania, la utilizaré. 《Thomas L  Friedman》

Nuestro mundo nunca volverá a ser el mismo porque esta guerra no tiene ningún paralelo histórico. Es una descarnada toma territorial, estilo siglo XVIII, por parte de una superpotencia, pero en un mundo globalizado del siglo XXI. Esta es la primera guerra que será cubierta en TikTok por personas increíblemente empoderadas, armadas solo con teléfonos inteligentes, por lo que los actos de brutalidad se documentarán y transmitirán por todo el mundo sin editores ni filtros. El primer día de la guerra, vimos cómo los tanques rusos invasores quedaban expuestos de forma inesperada por Google Maps, porque Google quiso alertar a los usuarios conductores que los vehículos blindados rusos estaban provocando atascos de tráfico.

Nunca hemos visto algo como esto.

Sí, el intento ruso de apoderarse de Ucrania recuerda a siglos anteriores —antes de las revoluciones democráticas en Estados Unidos y Francia—, cuando un monarca europeo o un zar ruso simplemente podía decidir que quería más territorio, que había llegado el momento de apoderarse de él, y lo hacía. Y todos en la región sabían que devoraría todo lo que pudiera y que no había una comunidad internacional que lo detuviera.

Sin embargo, al actuar de esta manera ahora, Putin no solo se ha dispuesto a reescribir de forma unilateral las reglas del sistema internacional que han estado vigentes desde la Segunda Guerra Mundial —es decir, que ninguna nación puede solo devorar a la nación vecina—, sino que también está tratando de alterar el equilibrio de poder que siente que se le impuso a Rusia después de la Guerra Fría.

Ese equilibrio —o desequilibrio, según Putin— fue el humillante equivalente a las imposiciones del Tratado de Versalles sobre Alemania tras la Primera Guerra Mundial. En el caso de Rusia, significó que Moscú tuviera que tolerar la expansión de la OTAN no solo para incluir a los antiguos países de Europa del Este que habían sido parte de la esfera de influencia de la Unión Soviética, como Polonia, sino incluso, en principio, Estados que formaban parte de la propia Unión Soviética, como Ucrania.

Veo a muchas personas citar el excelente libro de Robert Kagan The Jungle Grows Back como una manera de abreviar el regreso a este estilo cruel y brutal de geopolítica que se manifiesta en la invasión de Putin. Pero esa imagen está incompleta. No estamos en 1945 o 1989. Puede que estemos de regreso en la jungla, pero esa jungla en la actualidad está interconectada de forma más íntima que nunca por las telecomunicaciones, los satélites, el comercio, internet, las redes viales, ferroviarias y aéreas, los mercados financieros y las cadenas de suministro. Así que, si bien el drama de la guerra se está desarrollando dentro de las fronteras de Ucrania, los riesgos y repercusiones de la invasión de Putin se están sintiendo en todo el mundo, incluso en China, que tiene buenos motivos para preocuparse por su amigo en el Kremlin.

Bienvenidos a la Interconectada Guerra Mundial: la primera guerra en un mundo totalmente interconectado. Algo así como si los cosacos se mezclaran con la red informática mundial. Como dije antes, nunca hemos visto algo como esto.

“Han pasado menos de 24 horas desde que Rusia invadió Ucrania, pero ya tenemos más información sobre lo que está pasando allí de lo que tuvimos en una semana durante la guerra de Irak”, escribió en Slate Daniel Johnson, quien fue oficial de infantería y periodista con el ejército de Estados Unidos en Irak, el jueves 24 de febrero por la tarde. “Lo que está saliendo de Ucrania es simplemente imposible de producir a tal escala sin que los ciudadanos y soldados de todo el país tengan fácil acceso a teléfonos móviles, internet y, por extensión, aplicaciones de redes sociales. Una guerra moderna a gran escala se transmitirá en directo, minuto a minuto, batalla por batalla, muerte por muerte, al mundo. Lo que está ocurriendo ya es horrible, según la información publicada tan solo en el primer día”.

¿Putin será derribado por un exceso de ambición imperial? Es demasiado pronto para decirlo. Pero estos días recuerdo la reflexión de otro líder retorcido que decidió devorar a sus vecinos en Europa. Su nombre era Adolf Hitler, y dijo: “El comienzo de cada guerra es como abrir la puerta a un cuarto oscuro. Uno nunca sabe lo que está escondido en la oscuridad”.

En el caso de Putin, me pregunto: ¿sabe lo que se esconde a plena vista y no solo en la oscuridad? ¿Conoce no solo las fortalezas de Rusia en el nuevo mundo de hoy, sino también sus debilidades? Permítanme enumerarlas.

Rusia está en proceso de apoderarse por la fuerza de un país libre con una población de 44 millones de personas, que es un poco menos de un tercio del tamaño de la población de Rusia. Y la mayoría de estos ucranianos han estado luchando por ser parte del Occidente democrático y de libre mercado durante 30 años y ya han forjado innumerables lazos comerciales, culturales y digitales con empresas, instituciones y medios de comunicación de la Unión Europea.

Sabemos que Putin ha mejorado mucho las fuerzas armadas de Rusia. Les ha agregado de todo, desde misiles hipersónicos hasta herramientas avanzadas para ataques cibernéticos. Tiene la potencia de fuego necesaria para doblegar a Ucrania. Pero en esta era moderna nunca hemos visto a un país no libre, Rusia, tratar de reescribir las reglas del sistema internacional y apoderarse de un país libre tan grande como Ucrania, en especial cuando el país no libre, Rusia, tiene una economía más pequeña que la de Texas.

Luego, pensemos en esto: gracias a la globalización vertiginosa, la UE ya es el mayor socio comercial de Ucrania, no Rusia. En 2012, Rusia era el destino del 25,7 por ciento de las exportaciones ucranianas, en comparación con el 24,9 por ciento destinado a la UE. Solo seis años después, tras la brutal toma de Crimea por Rusia y el apoyo a los rebeldes separatistas en el este de Ucrania, y la creación de vínculos económicos y políticos más estrechos de Ucrania con la UE, “el porcentaje de Rusia en las exportaciones ucranianas ha caído a solo el 7,7 por ciento mientras que el porcentaje de la Unión Europea se disparó al 42,6 por ciento”, según un análisis reciente publicado por Bruegel.org.

Si Putin no desenreda esos lazos, Ucrania seguirá acercándose a los brazos de Occidente. Si los logra desenredar, estrangulará la economía de Ucrania. Y si la UE boicotea a una Ucrania controlada por Rusia, Putin tendrá que usar dinero ruso para mantener a flote la economía de Ucrania.

¿Incluyó eso en sus planes de guerra? Pareciera que no. O como me escribió por correo electrónico un diplomático ruso retirado en Moscú: “¿que cómo termina esta guerra? Por desgracia, no hay nadie en ningún lugar a quién preguntarle”.

Pero todos en Rusia podrán verlo. A medida que esta guerra se desarrolle en TikTok, Facebook, YouTube y Twitter, Putin no podrá aislar a la población rusa —y mucho menos al resto del mundo— de las horribles imágenes que se produzcan en esta guerra cuando entre en su fase urbana. Tan solo en el primer día de la guerra, más de 1300 manifestantes en toda Rusia —muchos de quienes coreaban “¡no a la guerra!”— fueron detenidos, según informó The New York Times, citando a un grupo de derechos humanos. Esa no es una cantidad pequeña en un país donde Putin tolera muy poca disidencia.

Y quién sabe cómo afectarán esas imágenes a Polonia, particularmente cuando esté desbordada por refugiados ucranianos. Menciono particularmente a Polonia porque es el puente terrestre clave de Rusia hacia Alemania y el resto de Europa Occidental. Como señaló el estratega Edward Luttwak en Twitter, si Polonia simplemente detiene el tráfico de camiones y trenes de Rusia a Alemania, “como debería”, crearía un caos inmediato para la economía de Rusia, porque las rutas alternativas son complicadas y tendrían que pasar por una Ucrania recientemente muy peligrosa.

¿Alguien dijo huelga de camioneros anti-Putin que evite que los productos rusos pasen por Europa Occidental a través de Polonia? Vigilemos ese espacio. Algunos ciudadanos polacos superempoderados con unos cuantos controles de caminos, camionetas y cargados con celulares podrían asfixiar a toda la economía de Rusia en este mundo interconectado.

Esta guerra sin paralelo histórico no será una prueba de resistencia solo para Estados Unidos y sus aliados europeos. También lo será para China. En esencia, Putin ha retado a Pekín: “¿vas a apoyar a quienes quieren derrocar el orden liderado por Estados Unidos o vas a unirte a la pandilla del alguacil de Estados Unidos?”.

No debería ser —pero lo es— una pregunta complicada para Pekín. “Los intereses de China y Rusia no son idénticos en este momento”, me dijo Nader Mousavizadeh, fundador y director ejecutivo de la consultora global Macro Advisory Partners. “China quiere competir con Estados Unidos en el Super Bowl de la economía, la innovación y la tecnología, y cree que puede ganar. Putin está listo para incendiar el estadio y matar a todos los que estén allí con tal de satisfacer sus agravios”.

El dilema para los chinos, agregó Mousavizadeh, “es que su preferencia por el tipo de orden, estabilidad y globalización que ha permitido su milagro económico está en fuerte tensión con su autoritarismo renaciente en casa y su ambición de suplantar a Estados Unidos —ya sea por la fuerza de China o la debilidad de Estados Unidos— como la superpotencia dominante del mundo y el impositor de reglas”.

Tengo pocas dudas de que, en el fondo, el presidente de China, Xi Jinping, espera que Putin se salga con la suya y logre secuestrar a Ucrania y humillar a Estados Unidos, pues eso ablandaría al mundo ante su deseo de apoderarse de Taiwán y fusionarla de nuevo a China.

Pero Xi no es ningún tonto. He aquí un par de datos interesantes sobre el mundo interconectado: en primer lugar, la economía de China depende más de Ucrania que de Rusia. Según Reuters, “China superó a Rusia para convertirse en el mayor socio comercial individual de Ucrania en 2019, con un comercio total de 18.980 millones de dólares el año pasado, un aumento de casi el 80 por ciento con respecto a 2013. […] China se convirtió en el mayor importador de cebada ucraniana en el año comercial 2020-2021”, y alrededor del 30 por ciento de todas las importaciones de maíz de China el año pasado provinieron de granjas en Ucrania.

En segundo lugar, China superó a Estados Unidos como el mayor socio comercial de la Unión Europea en 2020, y Pekín no puede permitirse que la UE se vea envuelta en un conflicto con una Rusia cada vez más agresiva y un Putin cada vez más inestable. La estabilidad de China —así como la legitimidad del Partido Comunista gobernante— depende de la capacidad de Xi de sostener y hacer crecer su ya inmensa clase media. Y eso depende de una economía mundial estable y en crecimiento.

No creo que China le imponga sanciones a Rusia, y mucho menos que suministre armas para los ucranianos, como Estados Unidos y la Unión Europea. Lo único que Pekín ha hecho hasta el momento es refunfuñar que la invasión de Putin “no fue lo que esperábamos ver”, y casi de inmediato dejar implícito que Washington había sido el “culpable” por “avivar las llamas” con la expansión de la OTAN y sus recientes advertencias de una inminente invasión rusa.

Entonces queda claro que China está indecisa, pero, de las tres superpotencias clave con armas nucleares —Estados Unidos, China y Rusia— China, con su postura, tiene un enorme voto decisivo sobre si Putin podrá salirse con la suya en Ucrania o no.

Liderar equivale a tomar decisiones, y si China pretende suplantar a Estados Unidos como líder mundial, tendrá que hacer algo más que hablar entre dientes.

Finalmente, hay algo más que Putin encontrará escondido a plena vista. En el mundo interconectado de hoy, la “esfera de influencia” de un líder ya no es un derecho automático que da la historia y la geografía, sino algo que debe ganarse y volver a ganarse todos los días al inspirar y no obligar a otros a seguirlo.

La cantante y actriz Selena Gomez tiene el doble de seguidores en Instagram (más de 298 millones) que ciudadanos de Rusia. Sí, Vladimir, puedo oír cómo te ríes desde aquí y recordar la broma de Stalin sobre el papa: “¿cuántas divisiones de ejército tiene Selena Gómez?”.

No tiene ninguna. Pero ella es una persona influyente con seguidores, y hay miles y miles de Selenas en internet, incluidas celebridades rusas que publican en Instagram sobre su oposición a la guerra. Y si bien no pueden hacer retroceder tus tanques, sí pueden hacer que todos los líderes de Occidente extiendan la alfombra roja para que tú y sus compinches nunca puedan viajar a sus países. Ahora eres oficialmente un paria global. Espero que te guste la comida china y norcoreana.

Por todas estas razones, en esta etapa temprana, me aventuraré a dar solo una predicción sobre Putin: Vladimir, el primer día de esta guerra fue el mejor día del resto de tu vida. No tengo duda alguna de que, en el corto plazo, tus fuerzas militares prevalecerán. Pero, a la larga, a los líderes que tratan de enterrar el futuro con el pasado no les va bien. Con el tiempo, tu nombre terminará viviendo en la infamia.

Ya sé, Vladimir, ya sé: no te importa, no más de lo que te importó comenzar esta guerra en medio de una pandemia virulenta. Y tengo que admitir que eso es lo que más miedo da de esta Interconectada Guerra Mundial. El largo plazo puede ser muy lejano y el resto de nosotros no estamos aislados de tu locura. Es decir, desearía poder predecir alegremente que Ucrania será el Waterloo de Putin, un desastre solo para él. Pero no puedo, porque en nuestro mundo interconectado, lo que pasa en Waterloo no se queda en Waterloo.

De hecho, si me preguntas cuál es el aspecto más peligroso del mundo actual, diría que es el hecho de que Putin tiene más poder sin controles que cualquier otro líder ruso desde Stalin. Y Xi tiene más poder sin controles que cualquier otro líder chino desde Mao. Pero en la época de Stalin, sus excesos se limitaron en gran medida a Rusia y las fronteras que controlaba. Y en la época de Mao, China estaba tan aislada que sus excesos afectaron solo al pueblo chino.

Ya no, el mundo actual se basa en dos extremos simultáneos: los líderes de dos de las tres naciones nucleares más poderosas, Putin y Xi, nunca han tenido más poder sin controles y nunca se ha conectado a más personas de un extremo del mundo al otro al tiempo que cada vez tienen menos amortiguadores. Así que lo que esos dos líderes decidan hacer con su poder sin límites nos tocará prácticamente a todos, directa o indirectamente.

La invasión de Putin a Ucrania es nuestra primera muestra real de lo delirante e inestable que puede llegar a ser este tipo de mundo interconectado. No será el último.


Thomas L. Friedman es columnista de Opinión sobre temas internacionales.

 

Publicado en NYT.

 

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Agencias

Putin y ejército ruso avanzan mientras piden a Ucrania que deponga las armas para dialogar

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EP New York/agencias

La ofensiva rusa avanza mientras presidente de Ucrania , Zelennskyy , pide ayuda a líderes mundiales.
KIEV, Ucrania  — La ofensiva de Rusia sobre Ucrania llegó el viernes a las inmediaciones de la capital luego de lanzar ataques aéreos sobre ciudades y bases militares y de entrar al país desde tres flancos en una invasión que podría reescribir el orden de la seguridad mundial tras la Guerra Fría.

El sonido de las explosiones sacudió Kiev antes del amanecer y más tarde se escucharon disparos cerca del barrio gubernamental, mientras los líderes occidentales convocaban una reunión de urgencia y el presidente de Ucrania pedía ayuda internacional para frenar un ataque que podría derrocar a su gobierno elegido democráticamente, causar un gran número de víctimas y provocar daños en la economía mundial.

Entre los indicios de la que capital ucraniana estaba bajo una creciente amenaza, el ejército dijo el viernes que un grupo de espías y saboteadores rusos fue visto en un distrito a las afueras de Kiev, y la policía pidió a la gente que no saliese de una céntrica estación de metro por los tiroteos en la zona. En otros puntos de la ciudad, los soldados establecieron posiciones defensibas en puentes y los vehículos blindados recorrían las calles, mientras muchos residentes esperaban inquietos en el portal de sus edificios de departamentos.

El secretario de Estado de Estados Unidos, Antony Blinken, señaló que Kiev “bien podría quedar bajo un asedio” en lo que funcionarios de Washington creen que es un intento descarado del presidente ruso, Vladimir Putin, de instalar su propio régimen.

La agresión, anticipada desde hace semanas por Estados Unidos y sus aliados occidentales, es la mayor guerra terrestre en Europa desde la Segunda Guerra Mundial. Tras semanas negando estar planeando una invasión, al autocrático Putin lanzó su ataque contra un país que se ha inclinado cada vez más hacia la democracia occidental alejándose de la órbita de Moscú.

Con su poder cada vez más en duda, el presidente Volodymyr Zelenskyy pidió a los líderes mundial sanciones aún más severas que las impuestas por los aliados y asistencia en materia de defensa.

“Si no nos ayudan ahora, si no ofrecen una ayuda potente a Ucrania, mañana la guerra llamará a su puerta”, afirmó el mandatario, que cortó los lazos diplomáticos con Moscú, declaró la ley marcial y ordenó una movilización total del ejército para los próximos 90 días.

Zelenskyy dijo que él es el objetivo número uno de los rusos, pero apuntó que tenía previsto quedarse en Kiev. La primera ministra de Suecia, Magdalena Andersson, señaló a primera hora del viernes que el ucraniano asistió a una reunión de líderes de la Unión Europea por videollamada desde lo que parecía ser una especie de búnker.

Mientras las sirenas antiaéreas sonaban en Kiev en la madrugada del viernes, los huéspedes de un hotel en el centro de la ciudad eran dirigidos a un refugio improvisado en el sótano, forrado con pilas de colchones y botellas de agua. Los trabajadores, todos estudiantes universitarios locales, servían té y galletas a los clientes. Algunas personas salieron a un patio para fumar o tomar el aire.

“Todos estamos asustados y preocupados. No sabemos qué hacer, qué va a pasar en unos días”, señaló una de las empleadas, Lucy Vashaka, de 20 años.

La invasión comenzó en la madrugada del jueves con una serie de ataques con misiles, muchos de ellos a instalaciones gubernamentales y militares clave, seguidos de inmediato por un asalto terrestre por tres flancos. Según funcionarios ucranianos y estadounidenses, las fuerzas de Moscú estaban atacando desde el este hacia Járkiv, la segunda ciudad del país; desde la región sureña de Crimea, que Rusia se anexionó en 2014, y desde Bielorrusia por el norte.

Después de que las autoridades ucranianas reportaran haber perdido el control de la clausurada central nuclear de Chernóbil, escenario del peor desastre nuclear del mundo, Rusia dijo el viernes que colaboraba con ucranianos para asegurarla, pero el bando local no corroboró dicha cooperación.

En discurso, Zelenskyy anunció el fallecimiento de 137 “héroes”, entre ellos 10 oficiales militares, mientras que uno de sus asesores dijo que en el lado ruso murieron alrededor de 400 soldados. Moscú no ofreció datos. Ninguna de las afirmaciones pudo verificarse de forma independiente.

Muchos de los que, por temor a los bombardeos, pasaron la noche en búnkeres improvisados, salieron a primera hora del viernes a una ciudad en relativa calma. Por las autovías circulaban algunos autos, además de las columnas del ejército. Las filas de la víspera en las gasolineras habían desaparecido.

Con las redes sociales amplificando el torrente de afirmaciones militares de Moscú y Kiev, es difícil determinar qué ocurre exactamente sobre el terreno.

Rusia dijo que no está atacando ciudades, pero los periodistas vieron destrozos en muchas zonas civiles y el alcalde de Kiev, Vitaly Klitschko, dijo que un proyectil causó un incendio en un edificio residencial de varias plantas. Por su parte, el regidor de una ciudad del este controlada por los rebeldes, señaló que las tropas ucranianas habían bombardeado una escuela.

Con información de los corresponsales de AP y EFE.

 

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