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Inesperado colapso de cumbre nuclear entre Kim Jong-Un y Donald Trump

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EP EUA/ agencias

El colapso del diálogo impidió que Trump se apuntase una victoria muy necesaria ante los problemas que enfrenta en su país, incluyendo la declaración de su exabogado personal, Michael Cohen, en el Congreso, donde esta semana dijo que el presidente era “racista” y un “estafador”, y afirmó que conocía de antemano los esfuerzos de las potencias extranjeras para ayudar a que el republicano llegase a la Casa Blanca en 2016.

HANÓI, Vietnam / La cumbre nuclear entre el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y el líder de Corea del Norte, Kim Jong Un, fracasó el jueves luego de que las partes no pudieron alcanzar un acuerdo por sus discrepancias en torno a las sanciones estadounidenses a la hermética nación, en un desalentador final para un encuentro de alto nivel que buscaba desactivar la amenaza global.

En una conferencia de prensa tras el abrupto y anticipado final de la reunión, Trump culpó del desenlace a la insistencia de Pyongyang en la retirada de todas las sanciones económicas impuestas por Washington sin comprometerse a eliminar su arsenal nuclear.

“Algunas veces hay que marcharse”, explicó Trump agregando que él había propuesto un acuerdo que estaba “listo para ser firmado”.

“Yo prefiero hacerlo bien antes que hacerlo rápido”, dijo el presidente estadounidense. “Estamos en posición de hacer algo muy especial”.

Apenas unas horas después de que los dos países se mostrasen esperanzados sobre un acuerdo, las caravanas de Trump y Kim abandonaban el hotel del centro de Hanói en el que se celebró la cumbre con minutos de diferencia tras la cancelación del almuerzo y la ceremonia de firma del acuerdo. La Casa Blanca adelantó la conferencia de prensa de Trump, que partió de regreso a Washington más de dos horas antes lo previsto.

El final del entendimiento se produjo apenas horas después de que Trump y Kim pareciesen estar listos para avanzar hacia una normalización en la relación entre las dos naciones, que técnicamente siguen en guerra, mientras el líder estadounidense rebajaba las expectativas acerca de que el encuentro pudiese arrojar un pacto para que el Norte tomase medidas concretas para abandonar su programa nuclear.

En una especie de cambio de roles, Trump redujo deliberadamente parte de la presión sobre Pyongyang abandonando su dura retórica y declarando que “no hay apuro. Solo queremos lograr el acuerdo correcto”. Kim, por su parte, cuando fue preguntado por desnuclearización, dijo: “Si no estuviera dispuesto a hacerlo no estaría aquí ahora”.

El colapso del diálogo impidió que Trump se apuntase una victoria muy necesaria ante los problemas que enfrenta en su país, incluyendo la declaración de su exabogado personal, Michael Cohen, en el Congreso, donde esta semana dijo que el presidente era “racista” y un “estafador”, y afirmó que conocía de antemano los esfuerzos de las potencias extranjeras para ayudar a que el republicano llegase a la Casa Blanca en 2016.

Trump insistió en que su relación con Kim seguía siendo buena, pero no se comprometió a la celebración de un tercer encuentro entre ellos, añadiendo que una posible nueva reunión ” puede que no sea en mucho tiempo”. Aunque tanto él como su secretario de Estado, Mike Pompeo, dijeron que durante el encuentro de Hanói se realizaron avances significativos, las dos partes parecían a galaxias de distancia en lo relativo a un acuerdo que estuviese a la altura de los objetivos de Washington.

“Básicamente, ellos querían el levantamiento de las sanciones en su totalidad, y nosotros no podemos hacer eso”, dijo Trump a reporteros. Kim, según explicó, parecía dispuesto a cerrar la principal instalación nuclear del país, el Centro de Investigación Científica Nuclear de Yongbyon, si se retiraban los castigos. Pero según su propuesta seguiría en posesión de misiles, ojivas y sistemas de armas, apuntó Pompeo. Además, se sospecha que en la hermética nación habría centros secretos de producción de combustible nuclear.

La política estadounidense de larga data hacia Pyongyang indica que las sanciones no podrán levantarse hasta que el país se comprometa, o ejecute, una desnuclearización total, verificable e irreversible. Trump rechazó reafirmarse en esta meta el jueves, insistiendo en que quería flexibilidad de cara a los contactos con Kim. “No quiero ponerme en esa posición desde el punto de vista de la negociación”, dijo.

Los dos mandatarios parecían haber encontrado un terreno común cuando Kim, que respondió a periodistas estadounidenses por primera vez, fue preguntado por la posible apertura de una oficina de enlace estadounidense en el Norte. Trump declaró que “no es una mala idea” y su homólogo señaló que era “bienvenida”. Una oficina así supondría que Washington estaría presente por primera vez en el país.

Como telón de fondo, la cumbre tenía varias dudas recurrentes: ¿A qué está dispuesto a renunciar realmente Kim? ¿Qué pedirá Trump en vista de la creciente agitación en su país? ¿Podrá este encuentro arrojar resultados más concretos que el primero que mantuvieron hace menos de un año en Singapur y que estuvo cargado de imágenes pero no de resultados tangibles?

La idea de que Kim estaría dispuesto a entregar unas armas que su país tardó décadas en desarrollar y que considera que aseguran su supervivencia, generaba un amplio escepticismo. Pero incluso después del final de la cumbre, Trump elogió el compromiso de su homologo con la continuidad de una moratoria sobre las pruebas de misiles.

Entre los posibles acuerdos de la cumbre se barajaba una declaración de paz para la Guerra de Corea, que el Norte podría emplear para impulsar la reducción de la presencia militar estadounidense en el Sur, o un alivio de las sanciones que permitiría a Pyongyang reactivar lucrativos proyectos económicos con Seúl. (Con información de AP)

 

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9/11 , 20 años después del dolor

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EP New York/ 9/11

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23 fallecidos deja hasta el momento la tormenta ‘Ida’ en el área tri-estatal

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EP New York/Tormenta Ida

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Talibanes celebran salida estadounidense de Afganistan y toman control de Kabul

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EP Newyork/Afganistan

Durante la evacuación, las fuerzas estadounidenses ayudaron a trasladar a unos 120.000 ciudadanos estadounidenses, afganos y de otros países, según la Casa Blanca

El Talibán proclama su victoria en Kabul y promete seguridad
KABUL — El Talibán hizo un recorrido triunfal el martes por el aeropuerto internacional de Kabul, horas después de la retirada de tropas que puso fin a la guerra más larga de Estados Unidos. De pie en la pista, líderes del grupo prometieron asegurar el país, reabrir el aeropuerto y dar una amnistía a sus antiguos rivales.

En una demostración de control, líderes talibanes caminaron por la pista escoltados por miembros de la unidad de élite Badri. Los comandos posaron con orgullo para la prensa vestidos con uniformes de camuflaje.

Poner el aeropuerto de nuevo en funcionamiento es uno de los considerables desafíos que afronta el Talibán para gobernar un país de 38 millones de habitantes que durante dos décadas sobrevivió con miles de millones de dólares en ayuda extranjera.

“Afganistán es libre por fin”, dijo a The Associated Press en la pista del aeropuerto Hekmatula Wasiq, un líder talibán. “El lado militar y el civil (del aeropuerto) están con nosotros y bajo control. Esperamos anunciar nuestro gobierno. Todo es pacífico. Todo es seguro”.

Wasiq instó a la gente a regresar al trabajo y reiteró la promesa talibán de ofrecer una amnistía general. “El pueblo debe ser paciente”, dijo. “Poco a poco devolveremos todo a la normalidad. Llevará tiempo”.

Un miembro destacado de la oficina política del Talibán felicitó a los afganos por su “gran victoria” al lograr la “plena independencia del país” con la salida de las fuerzas estadounidenses.

Shahabuddin Delawar habló ante un centenar de personas, aparentemente todos hombres, en un evento en Kabul transmitido por la televisión estatal. Delawar fustigó al enemigo —las fuerzas de Estados Unidos y la OTAN— y acusó a Occidente de difundir propaganda para socavar al Talibán.

“Pronto se verá el progreso” de la nación. La imagen en la TV estatal aparecía con el subtítulo “Celebración del Día de la Independencia y el fin de la invasión estadounidense de Afganistán”.

Apenas unas horas antes, el Ejército estadounidense completó su mayor evacuación aérea de personas no combatientes en la historia.

El martes por la mañana aún quedaban signos del caos registrado en los últimos días. En la terminal se veían maletas y ropas tiradas entre montones de documentos. Había alambres de cuchillas para separar zonas y autos volcados y vehículos estacionados bloqueaban rutas en torno al aeropuerto civil, un indicio de las medidas tomadas para proteger contra posibles ataques suicidas con vehículos.

Varios vehículos con combatientes talibanes recorrían la única pista del Aeropuerto Internacional Hamid Karzai, en la zona militar al norte del aeropuerto. Antes del amanecer, combatientes fuertemente armados caminaban por los hangares de la zona militar entre algunos de los siete helicópteros CH-46 que utilizó el Departamento de Estado en sus evacuaciones antes de inutilizarlos.

El vocero del grupo, Zabihula Muyahid, se dirigió a los miembros presentes de la unidad Badri. “Confío en que sean muy prudentes al tratar con el país”, dijo. “Nuestro país ha sufrido guerra e invasión y el pueblo no tiene más tolerancia”.

Tras su intervención, los combatientes exclamaron: “¡Dios es el más grande!”.

En otra entrevista con la televisora estatal afgana, Muyahid habló sobre reanudar la actividad en el aeropuerto, que sigue siendo una vía crucial para los que quieren salir del país.

“Nuestro equipo técnico comprobará las necesidades técnicas y logísticas del aeropuerto”, dijo. “Si podemos arreglarlo todo por nuestra cuenta, no necesitaremos ayuda. Si hace falta ayuda técnica o logística para reparar la destrucción, entonces pediremos ayuda a Qatar o Turquía”.

El vocero no entró en detalles sobre qué estaba destruido.

El general de la Infantería de Marina Frank McKenzie, responsable del Comando Central del Ejército de Estados Unidos, había dicho antes que las tropas habían “desmilitarizado” el sistema para que no pudiera volver a utilizarse. Las autoridades dijeron que las tropas no habían volado equipamiento para asegurar que el aeropuerto podía utilizarse para operar vuelos en el futuro. Además, McKenzie señaló que las tropas estadounidenses habían inutilizado 27 camionetas Humvee y 73 aeronaves.

En el aeropuerto se produjeron escenas dramáticas después de que los Talibanes conquistaran Afganistán en una ofensiva relámpago y tomaran Kabul el 15 de agosto. Miles de afganos rodearon el aeropuerto, y algunos murieron tras aferrarse con desesperación al lateral de un avión de transporte C-17 del Ejército estadounidense que despegaba. La semana pasada murieron al menos 169 afganos y 13 militares de Estados Unidos en un ataque suicida del grupo extremista Estado Islámico en una puerta del aeropuerto.

Durante la evacuación, las fuerzas estadounidenses ayudaron a trasladar a unos 120.000 ciudadanos estadounidenses, afganos y de otros países, según la Casa Blanca. Las fuerzas de la coalición también evacuaron a sus ciudadanos y a más afganos. Pero pese a todos los que salieron, Estados Unidos y otros países admitieron que no habían evacuado a todos los que querían marcharse.

Pero el martes, tras una noche en la que combatientes talibanes dispararon al aire en señal de triunfo, nuevos guardias mantenían alejados a los curiosos y a los que de algún modo aún aspiraban a tomar un vuelo para marcharse.

“Después de 20 años hemos derrotado a los estadounidenses”, dijo Mohammad Islam, un guardia talibán en el aeropuerto, procedente de la provincia de Logar y que sostenía un rifle Kalashnikov. “Se han marchado y ahora nuestro país es libre”.

“Está claro lo que queremos”, añadió. “Queremos sharía (ley islámica), paz y estabilidad”.

Zalmay Khalilzad, el representante especial de Estados Unidos en Afganistán que supervisó las conversaciones de Estados Unidos con el Talibán, escribió en Twitter que “los afganos afrontan un momento de decisión y oportunidad” tras la retirada.

“El futuro del país está en sus manos. Elegirán su camino con plena soberanía”, escribió. “Esta es la oportunidad de poner fin a su guerra también”.

Pero el Talibán afronta lo que podría ser una sucesión de grandes crisis mientras toma el control del país. La mayoría de los miles de millones de dólares que tiene Afganistán en divisas extranjeras están ahora congelados en Estados Unidos, lo que presiona a una moneda local en franca caída. Los bancos han impuesto controles a la retirada de dinero por temor a una fuga de depósitos en el clima de incertidumbre. Funcionarios de todo el país dicen que llevan meses sin recibir sus salarios.

El equipo médico sigue escaseando y miles de personas que huyeron del avance talibán viven en condiciones penosas. Además, una fuerte sequía ha reducido la producción de alimentos en el país y hecho aún más importantes las importaciones, al tiempo que aumenta el riesgo de hambruna.

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Akhgar informó desde Estambul. El periodista de Associated Press Jon Gambrell en Dubái, Emiratos Árabes Unidos, contribuyó a este despacho.

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