Connect with us

Agencias

Migración mundial , una dura realidad de muertos y desaparecidos que se cuentan por miles

Published

on

EP New York/ agencias
Según investigación de la agencia Asociatted Press(AP) , se han contabilizado 56.800 migrantes muertos o desaparecidos en cuatro años
 
JOHANNESBURGO (AP) — Uno por uno, de a cinco por tumba, los ataúdes eran enterrados en la tierra roja de este rincón de un cementerio sudafricano mal mantenido. La inscripción en la madera barata revela la anonimidad de estos muertos: “Desconocido B/Hombre”.

Estos hombres eran migrantes de algún país africano que no tenían nada y que trataban de sobrevivir en la pujante economía informal de la provincia de Gauteng, un nombre que quiere decir “tierra del oro”. En lugar de una vida mejor, muchos encontraron la muerte. Sus cadáveres no tienen nombre y nadie los recoge. Son más de 4.300 tan solo en Gauteng, entre el 2014 y el 2017.

Algunas de esas vidas terminaron en el cementerio de Olifantsvlei, en silencio, entre mechones de césped que crece sobre delgados letreros que dicen: la cuadra de los pobres. Son ataúdes tan pequeños que se puede pensar son para niños.

En todo el mundo la gente le escapa a las guerras, el hambre y el desempleo, y las migraciones mundiales han alcanzado niveles sin precedentes, llegando a 258 millones de migrantes en el 2017. Eso representa un aumento del 49% respecto a comienzos del siglo, según Naciones Unidas.

Menos visible es otro aspecto de estas grandes migraciones: las decenas de miles de personas que mueren o simplemente desaparecen en la empresa, que nunca son vistas de nuevo. Una gran cantidad se han ahogado, murió en un desierto o fue víctima de traficantes de personas, y sus familias no saben qué pasó con ellas. Al mismo tiempo, cadáveres anónimos llenan cementerios como el de Gauteng en todo el mundo.

En la mayoría de los, casos, nadie lleva la cuenta. Si no se preocupaban por ellos en vida, menos lo hacen ya muertos, como si nunca hubiesen existido.

La Associated Press ha documentado la muerte o desaparición de al menos 56.800 migrantes en todo el mundo desde el 2014, el doble de la única cuenta oficial que hay, la de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) de Naciones Unidas. La OIM contabilizaba más de 28.500 muertos y desaparecidos hasta el 1ro de octubre. La AP encontró otros 28.000 al recabar información de otros organismos internacionales, archivos forenses, denuncias de personas desaparecidas y certificados de defunción, y de analizar miles de entrevistas con migrantes.

La cuenta de AP es baja. Hay cadáveres de migrantes enterrados bajo la arena del desierto o en el fondo del mar. Y a menudo las familias no quieren reportar las desapariciones de sus seres queridos porque estaban en otro país sin permiso o porque se fueron sin decir hacia dónde se dirigían.

El conteo oficial de la ONU se enfoca mayormente en Europa, pero incluso allí hay muchos casos que no son tenidos en cuenta.


El caso centroamericano vs Donald Trump/BBC


Los vientos políticos están soplando en contra de los migrantes que procuran llegar a Europa y a Estados Unidos, donde el gobierno se resiste a recibir una caravana de centroamericanos que avanza hacia el norte. Como consecuencia de este giro, cada vez hay menos dinero para proyectos que llevan la cuenta de los movimientos migratorios y sus costos.

Por ejemplo, cuando más de 800 personas fallecieron en abril del 2015 al accidentarse un barco frente a la costa italiana, en el desastre de este tipo más grande de Europa, los investigadores italianos se comprometieron a identificar a las víctimas y encontrar a sus familias. Más de tres años después, bajo un nuevo gobierno populista, se están eliminando los fondos para esa tarea.

Fuera de Europa la información es más escasa todavía. Se sabe poco de los migrantes muertos o desaparecidos en América del Sur, donde Venezuela registra uno de los movimientos migratorios más grandes del mundo en la actualidad, y en Asia, la región que más migrantes genera.

El resultado de todo esto es que los gobiernos llevan una cuenta incompleta de las bajas asociadas con las migraciones.

“No importa de qué lado esté uno en el debate en torno al manejo de las migraciones… son seres humanos”, comentó Bram Frouws, director del Centro de Migraciones Mixtas, con sede en Ginebra, que ha estudiado los casos de 20.000 migrantes en su proyecto 4Mi desde el 2014. ”Ya sean refugiados o gente que se va en busca de trabajo, son seres humanos”.

Dejan atrás familias que se debaten entre la esperanza y el duelo, como la de Safi al-Bahri. Su hijo Majdi Barhoumi se fue de Ras Jebel, en Túnez, el 27 de mayo del 2011, rumbo a Europa en un pequeño bote con una docena de personas. El bote se hundió y no se tiene noticias de Barhoumi desde entonces. Su familia no pierde la esperanza de que esté con vida y ha construido un gallinero y comprado algunas vacas y un perro para cuando vuelva.

“Sigo esperándolo. Siempre me lo imagino detrás de mí en la casa, en el mercado, en todos lados”, expresó al-Bahari. “Cuando escucho a alguien de noche, pienso que ha regresado. Cuando oigo el ruido de una motocicleta, creo que es mi hijo que está de vuelta”.

EUROPA: LOS BARCOS QUE NUNCA LLEGAN

De las crisis asociadas con la migración, la de Europa es la más visible en toda su crueldad. Abundan las imágenes como la del cadáver de un niñito curdo en una playa, campamentos congelados en Europa oriental y una sucesión abrumadora de accidentes navales mortales.

En el Mediterráneo, cantidades de buques tanque, cargueros, cruceros y naves militares arrastran pequeñas balsas llenas de gente, impulsadas por un motor fuera de borda. Barcos más grandes que transportan cientos de personas se hunden cuando brisas suaves dan paso a fuertes vientos o cuando son azotados por el oleaje lejos de la costa.

Dos accidentes en altamar y la muerte de al menos 368 personas frente a la costa italiana en octubre del 2013 impulsaron a la OIM a investigar el tema de los migrantes fallecidos. La organización se concentra mayormente en el Mediterráneo, aunque sus investigadores piden información de otras regiones del mundo. Este año tan solo la OIM contabilizó más de 1.700 muertes en las aguas que dividan África y Europa.

Igual que los tunecinos de Ras Jebel, la mayoría de los migrantes parten en busca de trabajo.

Mounir Aguida, de 30 años, quien ya lo había intentado una vez, en una barcaza que estuvo deambulando por el mar 19 horas antes de que se fundiera el motor. A fines de agosto de este año, se subió a otra balsa con siete amigos y notó que las olas sacudían con demasiado fuerza la barcaza. A último momento él y otro migrante decidieron bajarse y regresar a la costa.

“No me gustó lo que pasaba”, explicó.

No se tiene noticias de los seis amigos, que no son tomados en cuenta por ninguna organización que lleva el registro de migrantes muertos.

Además de ver partir muchos de sus jóvenes, Túnez, y en menor escala Argelia, son una escala en el tránsito de los africanos que procuran llegar a Europa. Tiene su propio cementerio de migrantes no identificados, lo mismo que Gracia, Italia y Turquía.

De los 400 cadáveres enterrados en el cementerio tunecino desde que abrió en el 2005, solo uno ha sido identificado.

“Sus familias tal vez piensan que los demás siguen vivos, que algún día los visitarán”, expresó Chamseddin Marzou, quien atiende el cementerio. “No saben que esas personas que siguen esperando están enterradas aquí”.

ÁFRICA: DESAPARECEN SIN DEJAR RASTROS

Se habla mucho de las “olas” de migrantes africanos que tratan de cruzar el Mediterráneo, pero también hay una cantidad similar de 16 millones de personas que buscan una vida mejor en otros países africanos. Desde el 2014, al menos 18.400 africanos ha muerto cuando se desplazaban por África, según cifras de la AP y de la OIM.

Cuando la gente desaparece desplazándose por África, rara vez deja rastros. La OIM dice que el desierto del Sahara bien puede haber matado más gente que el Mediterráneo. Pero nunca se sabrá a ciencia cierta en una región en la que las fronteras no significan nada y los gobiernos no buscan a los desaparecidos. El sol ardiente y los vientos del desierto descomponen rápidamente los cadáveres y los entierran bajo la arena. Cuando son encontrados, es imposible identificarlos.

Con una economía próspera y un gobierno estable, Sudáfrica atrae más migrantes que ninguna otra nación africana. También tiene una de las tasas de delitos violentos más altas del mundo y la policía se preocupa más de resolver crímenes que de identificar migrantes.

“Es triste, pero tiene su lógica. Un policía quiere encontrar al asesino, porque puede matar más gente”, señaló Jeanine Vellema, supervisora de ocho cementerios. La identificación de los migrantes es una tarea que corresponde mayormente a sus familias, que son siempre pobres y están distantes.

Los cadáveres van a parar a cementerios como el de Olifantsvlei y otros parecidos, a tumbas sin nombres. Hay al menos 180 tumbas anónimas, con varios cadáveres en cada una.

El Comité Internacional de la Cruz Roja ha comenzado un programa piloto en una de las morgues de Gauteng, en el que se toman fotos, huellas digitales, información dental y muestras del ADN de los cadáveres no identificados. La información es guardada en un banco de datos y tal vez pueda ayudar a identificar algún cadáver.

“Toda persona tiene derecho a su dignidad. Y a su identidad”, dice Stephen Fonseca, director forense regional del Comité de la Cruz Roja.

ESTADOS UNIDOS: 

https://youtu.be/cRXwfBGpRqk

A más de 9.000 kilómetros (casi 6.000 millas), en los desiertos a lo largo de la frontera entre México y Estados Unidos, yacen los cadáveres de migrantes que fallecen tratando de cruzar territorios tan despiadados como las aguas del Mediterráneo. Muchos le escapaban a la violencia y la pobreza de Guatemala, Honduras, El Salvador e incluso México. Algunos son hallados meses o años después, cuando solo quedan los esqueletos. Otros logran hacer una última, desesperada llamada y no se vuelve a tener noticias de ellos.

En el 2010, el Equipo Argentino de Antropología Forense y la morgue local de Pima County, en Arizona, comenzaron un esfuerzo para identificar a los cadáveres encontrados a ambos lados de la frontera. Desde entonces, el “Border Project”, o “Proyecto Frontera” ha identificado a 183 cadáveres, pero quedan muchos más sin identificar.

Al menos 3.861 personas murieron o desaparecieron en la frontera desde el 2014, según un recuento de los totales de la AP y la OIM, que incluye denuncias de desaparición de personas del Centro Colibrí para Derechos Humanos del lado estadounidense y del grupo argentino del lado mexicano, así como con datos centroamericanos. El meticuloso trabajo de identificación puede tomar años y se ve afectado por la escasez de recursos, de información oficial y de coordinación no sólo entre países, sino también entre los distintos estados de una misma nación.

Para las familias de los desaparecidos, es su única esperanza. Aunque para los familiares de Juan Lorenzo Luna y Armando Reyes esa esperanza se está diluyendo.

Luna, de 27 años, y Reyes, de 22, eran cuñados que partieron de una pequeña localidad del norte de México, llamada Gómez Palacio, en agosto del 2016. Habían tratado de cruzar la frontera cuatro meses antes, pero se entregaron exhaustos a los agentes de la Patrulla de Fronteras para que les deportaran.

Sabían que arriesgaban sus vidas. Después de todo, el padre de Reyes murió intentando el cruce en 1995 y un tío desapareció en el 2004. Pero Luna, un hombre de familia tranquilo, quería ganar suficiente dinero para comprar una camioneta y volver luego con su esposa y dos hijos. Reyes quería un trabajo mejor que le permitiese darle una buena vida a su hija recién nacida.

De los cinco que partieron de Gómez Palacio, dos consiguieron cruzar y uno regresó. La única información que dieron sobre los cuñados fue que dejaron de caminar y planeaban entregarse de nuevo. No se supo nada de ellos después de eso.

Las autoridades les dijeron a sus familias que habían investigado prisiones y centros de detención, pero no había noticias de ellos. Cesaria Orona incluso consultó con un vidente, que le dijo que su hijo Armando había fallecido en el desierto.

Un fin de semana de junio del 2017, voluntarios encontraron ocho cadáveres cerca de una zona militar en el desierto de Arizona y colocaron imágenes en las redes sociales con la esperanza de encontrar a sus familiares. María Elena Luna quedó impactada por una de las fotos que vio en Facebook, la de un cadáver en descomposición en un paisaje árido lleno de cactus y arbustos, boca abajo, con una pierna doblada hacia afuera. La pose le resultó familiar.

“Así dormía mi hermano”, dijo en voz baja.

Junto a los cadáveres los voluntarios hallaron una identificación de un muchacho de Guatemala, una foto y un pedazo de papel con un número de teléfono. La foto era de Juan Lorenzo Luna y el teléfono el de primos de la familia. Los investigadores, no obstante, dijeron que la billetera y la identificación no pueden confirmar una identidad porque a los migrantes les roban a menudo.

“Todos lloramos”, recuerda Luna. “Pero no podemos estar seguros hasta que se haga el análisis de ADN. Hay que esperar”.

Luna y Orona dieron muestras de ADN al gobierno mexicano y al grupo argentino. En noviembre del 2017 Orona recibió una carta del gobierno mexicano diciendo que había posibilidades de que unos huesos encontrados en Nuevo León, estado fronterizo con Texas, fuesen los de Armando. Pero el análisis dio negativo.

Las mujeres siguen esperando los resultados de los análisis de los forenses argentinos.

Orona no pierde la esperanza de que los cuñados estén presos o retenidos por “gente mala”. Y cada vez que Luna oye hablar de tumbas clandestinas o de cadáveres no identificados, se angustia.

“Se me vuelven todos los recuerdos”, dijo. “No quiero pensar”.

AMÉRICA DEL SUR: “NADIE QUIERE ADMITIR QUE ESTA ES LA REALIDAD”

Los conteos de muertos y desaparecidos ignoraban totalmente uno de los desplazamientos de gente más grandes del mundo en la actualidad: los casi 2 millones de venezolanos que le escapan al derrumbe social y económico de su nación. Estos migrantes se suben a autobuses para cruzar la frontera por tierra, abordan modestas embarcaciones en la esperanza de llegar al Caribe y, cuando todo lo demás falla, caminan por días bajo el sol por carreteras o con temperaturas heladas por las montañas. Vulnerables a la violencia del narcotráfico, el hambre y las enfermedades, desaparecen o mueren de a cientos.

“No soportan un viaje tan duro, porque son recorridos muy largos”, dijo Carlos Valdés, director del Instituto Nacional Forense de la vecina Colombia. “Muchas veces comen una sola vez al día. O no comen. Y se mueren”.

Valdés dijo que las autoridades no siempre recuperan los cadáveres de los muertos porque muchos migrantes que ingresaron al país ilegalmente tienen miedo de pedir ayuda.

Valdés cree que la hipotermia ha matado a algunas personas en las montañas, pero no tiene idea de cuántas. Un migrante le dijo a la AP que durante su trayecto vio una familia que enterraba a alguien envuelto en una manta blanca, con flores rojas.

Marta Duque, de 55 años, observa la emigración venezolana desde su casa en Pamplona, Colombia. De noche abre sus puertas y les da amparo a las familias con niños pequeños. Pamplona es una de las últimas ciudades por las que pasan antes de internarse en las montañas heladas, uno de los tramos más peligrosos para los migrantes que viajan a pie. Las temperaturas están por debajo del nivel de congelación.

Dice que la pasividad de las autoridades obliga a los ciudadanos como ella a intervenir.

“Se pasan la pelota de uno a otro”, se quejó. “Nadie quiere admitir que esta es la realidad”.

Esas muertes no las cuenta nadie, lo mismo que decenas de decesos en el mar. Tampoco nadie lleva la cuenta de las denuncias de desapariciones en Colombia, Perú y Ecuador. En total, al menos 3.410 venezolanos ha sido dados por desaparecidos o muertos en una migración entre países latinoamericanos cuyos peligros han pasado casi inadvertidos. Muchos de los muertos sucumbieron a enfermedades que eran fácilmente tratables.

Entre los desaparecidos está Randy Javier Gutiérrez, quien cruzaba Colombia a pie con un hermano y una tía en la esperanza de llegar a Perú, donde estaba su madre.

La madre de Gutiérrez, Mariela Gamboa, dijo que un individuo se ofreció a llevar en su auto a las dos mujeres, pero no a su hijo. Las mujeres dijeron que lo esperarían en la estación de autobuses de Cali, a unos 257 kilómetros (160 millas), pero él nunca llegó. Los mensajes que le han enviado a su teléfono desde ese día, hace cuatro meses, no han sido vistos.

“Estoy muy preocupada”, dice la madre. “No sé qué hacer”.

ASIA: UNA GRAN INCÓGNITA

La región con más migrantes del mundo, Asia, es también la que menos información tiene sobre los desaparecidos tras dejar sus patrias. Los gobiernos no están dispuestos o no están en condiciones de dar cuenta de las personas que emigran a otros países de la región o al Medio Oriente, los dos destinos más comunes.

Los asiáticos representan el 40% de los migrantes del mundo y más de la mitad de ellos nunca se van de la región. La Associated Press pudo documentar más de 8.200 desapariciones o muertes de migrantes.

Hay numerosas tendencias: indios que se van a los Emiratos Árabes Unidos, bangladesíes que quieren llegar a la India, musulmanes rohinyas que les escapan a la persecución en Myanmar, afganos que le huyen a la guerra. En una región donde abunda el tráfico de personas y los desplazamientos por la fuerza, las bajas cifras de muertos y desaparecidos no indican que los peligros son escasos, sino que no hay buena información.

Almass tenía apenas 14 años cuando su madre viuda decidió alejarlo del Talibán y enviarlos a él y a su hermano de 11 años de su casa en Khost, Afganistán, hacia Alemania, usando traficantes. Los niños se subieron primero a una camioneta con unas 40 personas, caminaron por días en la frontera, se treparon a otro vehículo, esperaron un tiempo en Teherán y caminaron más días.

Su hermano Murtaza estaba agotado para cuando llegaron a la frontera entre Irán y Turquía. Pero el contrabandista dijo que no había tiempo para descansar, que había dos puestos fronterizos en las inmediaciones y que temía que niños menores más pequeños hiciesen ruido y los delatasen.

Almass llevaba un bebé en sus brazos y tenía tomado de la mano a su hermano cuando escucharon gritos de guardias iraníes y sonaron disparos. Se tiró por un barranco y perdió el conocimiento.

Al despertarse, pasó dos días solo, hasta que se topó con otros tres niños que también se habían separado del grupo, y luego con un cuarto. Nadie había visto a su hermano. Y aunque el niño tenía una identificación, solo Almass había aprendido de memoria la información que debían darle al contrabandista.

Cuando Almass logró llamar a su casa desde Turquía, no fue capaz de decirle a su madre lo que había pasado. Le dijo que Murtaza no podía hablar en ese momento pero la mandaba muchos cariños.

Eso fue a principios del 2014. Almass, quien ahora tiene 18 años, no ha hablado con su familia desde entonces.

Cuenta que buscó a su hermano entre los 2.773 niños que la Cruz Roja da por desaparecidos mientras intentaban llegar a Europa. También se buscó a sí mismo entre los 2.097 adultos cuya desaparición reportaron menores. No estaban en ninguna de esas listas.

Almass pudo llegar a Europa y habla un francés entrecortado con una mujer que le dio albergue en una granja de 400 años en la región de Limouisin. Pero perdió su familia. El teléfono de su casa en Afganistán ya no funciona, su pueblo fue tomado por el Talibán y no sabe cómo encontrarla. Ni al hermano que se le escapó de entre las manos hace cuatro años.

“No sé dónde están”, dijo angustiado. “Y ellos no saben dónde estoy yo”.

_____

Hinnant informó desde Ras Jebel, Túnez, junto con Mehdi El Arem. En este despacho colaboraron Kristen Gelineau (Sydney), Niniek Karmini (Yakarta, Indonesia), Jim Gomez (Manila), Lotfi Bouchouchi (Argelia), Christine Armario (Bogotá) y María Verza (Ciudad de México).

Agencias

Buscan víctimas en hotel cubano tras explosión

Published

on

EP New York / Cuba

Agencias

LA HABANA — Rescatistas y bomberos continuaban extrayendo escombros durante la madrugada del sábado en busca de víctimas en lo que fue un lujoso hotel en La Habana, que se convirtió en un amasijo de fierros y escombros de concreto, luego de una explosión provocada aparentemente por una fuga de gas. El último recuento oficial era de 22 fallecidos, uno de los cuales era un niño, y decenas de heridos.

Aunque las inmediaciones del Hotel Saratoga permanecían acordonadas, se podía observar por la noche el trabajo de la maquinaria pesada y camiones cargando cascajo y otros escombros, mientras palas mecánicas levantaban pedazos de pared y mampostería para despejar el lugar, constató The Associated Press.

A primera hora de la madrugada del sábado, el portal oficial Cubadebate indicó que una persona fue sacada de entre los escombros por los rescatistas. No informó sobre su estado de salud, pero se conjeturaba que estaba con vida, pues en un video colocado por la página se ve a los paramédicos subir a toda prisa a la persona en una ambulancia.

Además, Cubadebate mencionó que los expertos estaban tratando de hacer un “camino seguro” hacia el sótano, donde presuntamente se había logrado establecer contacto con alguien atrapado.

El ministro de Turismo, Juan Carlos García, informó que todas las víctimas eran de nacionalidad cubana, pues el hotel iba a reinaugurarse el próximo 10 de mayo, luego de dos años de paralización por la COVID-19 y estaba en remodelación, por lo que no tenía clientes.

Luego de que el humo y el polvo se disipó en la noche, pudo verse la gran afectación del edificio. Los primeros pisos se notaban devastados, la fachada completamente arrancada permitía distinguir colchones, partes del mobiliario, cristales colgando, cortinas hechas girones y cojines.

La explosión se produjo poco antes las 11 de la mañana del viernes y el ruido estremecedor se escuchó por todos los alrededores. “No ha sido una bomba, no ha sido un atentado… ha sido un accidente muy lamentable”, dijo a periodistas el presidente Miguel Díaz-Canel, quien acudió al lugar.

A su vez, el doctor Julio Guerra, del Ministerio de Salud, dijo en conferencia de prensa que había al menos 74 lesionados. Está “en proceso de identificación los cadáveres”, agregó el galeno, quien además indicó que en las próximas horas se darán a conocer los nombres.

“Todavía estamos buscando a un grupo importante de personas que puedan estar bajo los escombros”, dijo el teniente coronel Noel Silva, del cuerpo de Bomberos.

En las inmediaciones del hotel había personas que se identificaron como familiares de los desaparecidos y que esperaban tener noticias.

“No quiero moverme de aquí”, dijo a la AP, Cristina Avellar, quien aguardaba alguna información de Odalys Barrera, una cajera de 57 años del Saratoga y madre de dos hijas, la mayor de las cuales acaba de dar a luz.

Avellar, madrina de las hijas de Barrera, permanecía frente al hotel desde que se enteró del accidente. La familia completa se puso de acuerdo para buscar por los distintos hospitales o hacer guardia frente a la mole destruida.

Unos metros más allá estaban parientes de Juan Carlos Haza, quienes conjeturaban sobre la posibilidad de que puedan hallarse personas en los sótanos —aunque se desconoce si vivas o muertas— en las próximas horas.

Entre lágrimas hablaba Beatriz Céspedes Cobas, de 26 años, hermana de Shaidis Cobas, de 27. “Le tocaba trabajar hoy. Ella es camarera. Yo trabajo a dos cuadras. Sentí el estruendo y al comienzo ni asocié”, dijo a la AP.

Para las labores en torno al edificio se trajeron perros a fin de detectar personas y se colocó luz artificial para continuar con la extracción de los escombros durante la noche.

Una escuela primaria de 300 alumnos contigua al Saratoga debió ser evacuada y cinco menores sufrieron lesiones leves, informó el gobernador de La Habana, Reinaldo García Zapata. Agregó que además del Saratoga, hubo otras dos edificaciones de viviendas colindantes dañadas gravemente. En uno de ellos colapsaron completamente 15 departamentos y en el otro 10 tuvieron daños de magnitud. Sus residentes fueron llevados a albergues.

El hotel está ubicado frente al Capitolio, donde actualmente tiene su sede Asamblea del Poder Popular, el Parlamento cubano.

Díaz-Canel y el ministro de Salud, José Ángel Portal, recorrieron los nosocomios donde se atendían a las víctimas. Frente al Hospital Calixto García también se congregaron los familiares de los heridos buscando noticias.

Más tarde, la televisión estatal cubana mostró la operación de retiro de un camión de gas cubierto de escombros, mientras los bomberos lo rociaban constantemente con agua. Extraoficialmente, se hablaba de que ese camión pudo haber sido un factor en la explosión.

La directora de la empresa de gas, Lázara Soria, indicó que el camión abastecía al hotel —sin detallar para qué tipo de servicio– y dijo que tenía unos 12.000 litros del fluido.

El fotógrafo cubano Michel Figueroa pasaba frente al Saratoga cuando se produjo el estallido. “La explosión me tiró al piso y todavía me duele la cabeza. Me paré, pero todo fue muy rápido”, dijo mientras le mostraba a AP las imágenes que tomó.

El hotel se encuentra en una zona de construcciones antiguas y deterioradas, por lo que cientos de vecinos salieron a las calles ante el temor a nuevas explosiones.

El Saratoga, en el centro histórico de La Habana, era un hotel cinco estrellas con 96 habitaciones, dos bares, dos restaurantes, un spa y una piscina en la azotea con una vista panorámica de la ciudad. Figuras internacionales se habían alojado allí, como la cantante estadounidense Beyoncé y su esposo, Jay Z.

Con su diseño neoclásico francés, era uno de los edificios más emblemáticos de la capital cubana.

Grupo Gaviota, que administra el hotel y que pertenece al área empresarial de la Fuerzas Armadas, informó en un comunicado en su página de internet que se investiga el caso. Un pedido de comentarios enviado por la AP solicitando comentarios no fue contestado por el momento.

Andrea Rodríguez está en: www.twitter.com/ARodriguezAP


Video EFE

Continue Reading

Agencias

Colombia celebra los 90 años del escultor Fernando Botero

Published

on

EP New York/ Latinoamerica

Colombia celebra los 90 años de Fernando Botero, su artista vivo más universal

Medellín, Colombia,  – Con una exposición en homenaje, Medellín celebró los 90 años de su hijo más famoso en el mundo, el artista colombiano del volumen Fernando Botero, quien según su familia todavía sigue creando en su taller en Mónaco.Curadores, críticos y políticos se reunieron en el Museo de Antioquia para inaugurar la exposición “Botero 90 años”, que reúne pinturas y fotografías inéditas de uno de los artistas vivos más importantes del arte contemporáneo mundial.

“En nombre de los cientos de miles de visitantes que a diario se acercan a nuestras puertas (…) queremos decirle (a Botero) ¡gracias!, queremos honrar su vida”, dijo durante la ceremonia María del Rosario Escobar, directora del museo. Frente a fotografías gigantes de Botero sonriendo, Escobar destacó las enseñanza del ‘maestro’ para hacer “de la filantropía un camino”.Desde los años noventa, el artista ha donado algunas de sus creaciones a Medellín.

Sus regalos han sido un símbolo de recuperación para los habitantes de la segunda ciudad de Colombia, azotada en una época por el terrorismo del narcotráfico.”Hemos querido centrar la celebración en torno a aquello que no deja de llenarnos de orgullo y es el contar con su presencia [a través de sus obras, NDLR] y generosidad”, añadió.

“Para la ciudad y para nosotros como colombianos es muy importante celebrar hoy su cumpleaños”, dijo a la AFP Clara Tamayo, visitante de la exhibición. Es una “gran emoción (…) saber que está vivo, que continúa con nosotros y que sigue pintando”.

El acto finalizó con el concierto “Suite de Botero” de la Orquesta Filarmónica de Medellín dedicado a la vida del pintor y escultor.Botero nació el 19 de abril de 1932 en una familia conservadora y se forjó de forma autodidacta en un ambiente hostil para un artista.

Tras su temprano reconocimiento, saltó a Europa para abrirse un camino en las artes. Sus pinturas y esculturas han sido vendidas en millones de dólares y expuestas en Nueva York, Florencia, París, Múnich, Roma y Madrid, entre otras ciudades. Botero celebró su aniversario en el barrio monegasco de Montecarlo. Está “bien” y “trabajando todos los días” con “muchísima energía”, contó su hija Lina a Caracol Radio.

“Piensa en Colombia todos los santos días”, aseguró. “Enviamos un saludo de felicitación al maestro Fernando Botero en la conmemoración de sus 90 años.

 

Exaltamos la importancia de su obra y su legado que, a través de la pintura y la escultura, le ha dado a conocer al mundo la identidad de nuestro país”, escribió en Twitter el presidente de Colombia, Iván Duque. “La camera degli sposi”, los “Obispos muertos” y “La comida con Ingres y Piero della Francesca” son algunas de las obras del artista plástico más importante de Colombia. 

Con información de AFP

 

Continue Reading

Agencias

Rusia ataca el Este de Ucrania. “El Donbás” de la guerra

Published

on

EP New York/ Guerra de Ucrania

Kiev, 18 abr – El presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, informó la noche de este lunes a su país de que Rusia “ha empezado la gran batalla por el Donbás”, en alusión a la esperada gran ofensiva del ejército ruso para controlar todo el este del país.

“Podemos confirmar que las tropas rusas han comenzado esa batalla”, aseguró, en un mensaje difundido por vídeo, difundido por el canal informativo Ukrinform, para añadir a continuación que los soldados ucranianos “batallarán” y que “no cederán” nada del territorio del país.

“El ejército ruso ha concentrado gran parte del total de sus efectivos ahí para concentrarse en su ofensiva”, asegura, para sostener luego que “no importa cuantas tropas rusas se desplieguen: nosotros lucharemos”.

El mensaje del líder ucraniano sigue a los bombardeos registrados durante todo este lunes en el Donbás y después de que a primera hora de la mañana el gobernador regional de Lugansk, Serhiy Gaidai, proclamara el inicio de la ofensiva en una de sus ciudades, Kreminna.

“La situación ha cambiado radicalmente”, anunció entonces Gaidai, a través de Telegram, para informar luego de los primeros combates en las calles.

En paralelo a la alarma en el este del país, desde Leópolis, en el oeste y a 80 kilómetros de la frontera con Polonia, se reportaron asimismo ya por la mañana cinco ataques con misiles, que dejaron al menos siete muertos.

Especialmente dramática es la situación en Mariúpol, la estratégica ciudad portuaria del Mar Negro, que sufre a diario los bombardeos rusos desde el inicio de la invasión, el 24 de febrero.

Las autoridades ucranianas informaron este lunes, por segundo día consecutivo, de que no es posible abrir corredores humanitarios para proceder a la evacuación de los civiles porque, según Kiev, por parte de Rusia no hay garantías de seguridad.

La viceprimera ministra, Iryna Vereshchuk, instó a través de la cuenta oficial en Telegram a Rusia a abrir uno de estos corredores humanitarios para posibilitar esas operaciones.

Según fuentes ucranianas, en una acería de Mariúpol hay cerca de un millar de civiles refugiados. Ahí se encuentran también atrincherados los últimos soldados ucranianos que tratan de resistir el ataque ruso a esa ciudad.

Información de EFE

 

Continue Reading
Advertisement

Trending

Copyright © 2020 Enfoque Periodístico. Created by Conectya.

shares