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Afganistán , un final precipitado. ¿Qué viene ahora?

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EP New York/otros medios

Un final precipitado y un comienzo oscuro en Afganistán

El último vuelo estadounidense que salió de Kabul deja tras de sí una estela de promesas incumplidas y preguntas difíciles sobre el destino del país.

El final de la guerra más larga de Estados Unidos no fue muy ceremonioso: la basura volaba por la única pista de aterrizaje del aeropuerto de Kabul, los afganos estaban afuera de las puertas de embarque con la vana esperanza de poder ser evacuados del país y los talibanes lanzaban disparos de triunfo hacia el firmamento nocturno.

En sus últimos días, dos marines estadounidenses se despedían con un apretón de manos de los combatientes talibanes en medio del tenue resplandor de la terminal de vuelos nacionales. Había filas de personas hambrientas y deshidratadas que serían evacuadas en aeroplanos grises con rumbo a futuros inciertos. La dirigencia de los talibanes era la que dictaba las condiciones mientras una generación de afganos experimentaba el final de 20 años de una suerte de esperanza generalizada.

Por todo Estados Unidos hay pasos a desnivel y bancas en parques que han sido bautizadas en honor a las personas fallecidas en la guerra.

El final, al menos para los estadounidenses y sus aliados occidentales, llegó un lunes, después de que —en las últimas horas de una guerra perdida— los miles de soldados estadounidenses que defendían el Aeropuerto Internacional Hamid Karzai salieron en enormes aviones de transporte, uno tras otro, hasta que ya no quedó ninguno.

A diferencia del legado de los soviéticos que fueron derrotados antes que ellos, el de los estadounidenses no fue un entorno plagado de restos de vehículos blindados destrozados. Más bien, dejaron todas las armas y el equipo necesarios para abastecer a los talibanes, los vencedores, durante los próximos años, el resultado de dos décadas y 83.000 millones de dólares gastados en entrenamiento y equipamiento para el ejército afgano y las fuerzas policiales que se desmoronaron frente a un mal liderazgo y un respaldo estadounidense cada vez más escaso.

Credit…Jim Huylebroek para The New York Times

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Credit…Jim Huylebroek para The New York Times

Una vez más, Afganistán concluye un ciclo que ha definido en repetidas ocasiones los últimos 40 años de violencia y conmoción: por quinta vez desde la invasión soviética de 1979, ha fracasado un mandato y ha surgido otro. Lo que ha venido después de cada una de esas conclusiones ha sido venganza, ajuste de cuentas y, con el tiempo, otro ciclo de guerra y caos.

Ahora les toca a los talibanes decidir si van a perpetuar el ciclo de venganza, como lo hicieron en 1996 al arrebatarle el poder a un grupo de caudillos en conflicto, o si en verdad emprenderán el nuevo rumbo que sus dirigentes han prometido en los últimos días: uno de tolerancia y reconciliación.

Han pasado casi 20 años desde que Osama bin Laden y Al Qaeda ejecutaron los atentados terroristas del 11 de septiembre de 2001 en Estados Unidos y el presidente George W. Bush anunció que su país invadiría Afganistán como la primera acción de una guerra mundial contra el terrorismo. Ahora, Estados Unidos tiene que definir su relación con los mismos gobernantes islamistas que derrocó en 2001 —una vez más, una cuestión de venganza o tolerancia— y tratar de evitar el resurgimiento de cualquier amenaza terrorista internacional que provenga de Afganistán.

Ahora son menos probables los ataques aéreos en las zonas rurales afganas que convierten a las personas fallecidas en simples puntos de los gráficos de barras de los informes de Naciones Unidas que casi nadie lee. No habrán más bombas enterradas, de manera presurosa, a orillas de la carretera al caer la noche, y que podrían explotar al paso de un vehículo gubernamental o un minibús lleno de familias.

Lo que hay es una angustia generalizada sobre la verdadera tendencia que proyectará el gobierno talibán ahora que los estadounidenses se han ido. Además, existe el temor de que la caótica precipitación del desmoronamiento del gobierno durante el avance de los talibanes deje una economía irreparable, hambruna y muchas ruinas.

El conflicto de Estados Unidos en Afganistán fue una guerra larga con un final apresurado, o eso pareció. Pero los planes de la retirada se prepararon hace más de 18 meses, cuando el gobierno de Donald Trump firmó un acuerdo con los talibanes para retirarse del país antes del 1 de mayo de 2021. A cambio, los talibanes acordaron dejar de atacar a los estadounidenses, suspender los ataques en los que hubiera un gran número de víctimas en ciudades afganas y evitar que Al Qaeda y otros grupos terroristas hallaran refugio en su territorio.

La influencia de los talibanes, adquirida tras años de luchar contra el ejército más desarrollado del mundo, se multiplicó cuando tomaron el control de retenes y puestos de avanzada más remotos, seguidos de distritos y aldeas rurales y luego, las carreteras que los conectaban. Para inicios de este año, los talibanes se habían apostado cerca de varias ciudades clave, al tiempo que el recién inaugurado gobierno de Joe Biden analizaba si se debía respetar el acuerdo de retirada que fue firmado por Trump.

En abril, para cuando el presidente Joe Biden y la OTAN anunciaron el retiro de Estados Unidos y de las fuerzas de la coalición antes del 11 de septiembre, los talibanes ya estaban tomando un distrito tras otro. Las fuerzas de seguridad afganas se estaban rindiendo o estaban siendo diezmadas de manera masiva. Pese al poderío aéreo de Estados Unidos y un ejército afgano que, según Biden y otros altos funcionarios, tenía casi 300.000 soldados, las capitales de provincia pronto fueron sitiadas. Pero, de acuerdo con las autoridades estadounidenses, en los días finales, las fuerzas de seguridad afganas solo contaban con una sexta parte de eso.

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Credit…Jim Huylebroek para The New York Times

Más que pelear, los soldados afganos huían, pero quienes murieron enfrentando al enemigo, lo hicieron por una causa en la que, al parecer, ni siquiera sus líderes creían.

Incluso antes del anuncio de Biden y el acuerdo de Trump con los talibanes, Estados Unidos había empezado a retirarse desde diciembre de 2009, cuando el presidente Barack Obama anunció tanto un aumento de decenas de miles de tropas como su salida para 2014.

Desde entonces, los afganos y los aliados de Estados Unidos han experimentado distintas etapas de alarma y dudas, mientras intentan asegurar su futuro y sus intereses comerciales. Esta incertidumbre reforzó la corrupción endémica que Occidente denunció, pero que continuó impulsando con miles de millones de dólares con la esperanza de que algo pudiera cambiar en el país.

Ahora, al final, los políticos y empresarios afganos y la élite que se alimentaba de las arcas de la guerra han huido en gran medida. Los últimos aviones militares estadounidenses partieron, dejando atrás a unos 100.000 afganos elegibles para el reasentamiento en los Estados Unidos por su trabajo con el gobierno estadounidense.

La evacuación, que comenzó en julio como una reubicación ordenada y modesta de unos pocos miles de afganos, se convirtió en un éxodo apocalíptico cuando Kabul colapsó el 15 de agosto. Cientos, luego miles, se reunieron en las puertas del aeropuerto; la gente abandonó sus coches; y las fuerzas estadounidenses observaron con cámaras infrarrojas cómo la gente invadía sus defensas, no con tanques o explosivos, sino como una gran masa de personas.

Luego, los estadounidenses y los talibanes trabajaron juntos para despejar el aeropuerto y establecer un perímetro después de que varios afganos frenéticos cayeran desde los aviones de transporte y se escuchara el ruido sordo de los helicópteros que evacuaron la Embajada de Estados Unidos, una de las misiones diplomáticas más grandes del mundo. La evacuación se vio plagada de escenas que evocaban las de otra guerra estadounidense cuando Saigón cayó y los helicópteros fueron empujados desde los barcos hacia el mar.

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Credit…Jim Huylebroek para The New York Times

“Tenemos una relación mutuamente beneficiosa con los talibanes”, dijo un soldado de manera irónica este mes, mientras estaba apostado frente al mar de personas con carteles, documentos y pasaportes en la oscuridad de la noche. La única iluminación provenía de las linternas de los rifles que sostenían los soldados estadounidenses que gritaban para que dejaran de empujar y retrocedieran. Una persona quedó atrapada entre el alambre de púas y sus familiares aterrados la sacaron, mientras se colocaban más barreras de acero.

Hace un año, o diez, o quince, los talibanes eran sombras detrás de una fila de árboles cercanos, eran los fantasmas ocultos que abrían la tierra frente a los soldados de Estados Unidos, de la OTAN y de Afganistán para entrar a un infierno atestado de minas. Cada paso planteaba el problema de qué hacer si de pronto un amigo que estaba enfrente explotaba en dos: el torniquete va aquí, el tipo de sangre es O positivo.

Sin embargo, en las últimas horas de la guerra estadounidense, los talibanes se materializaron en toda su expresión: justo en la carretera o al otro lado de la reja de la capital del país. De pronto estaban por todas partes, con sus banderas blancas con negro ondeando en torno a las posiciones estadounidenses, para controlar a la multitud y dejar que Estados Unidos terminara la guerra… pero no bajo sus condiciones.

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Credit…Victor J. Blue para The New York Times

Durante las últimas semanas de la guerra, las fuerzas estadounidenses no estaban patrullando o realizando operaciones de contrainsurgencia, ni construyendo refugios o trabajando en la construcción de la nación afgana. No hicieron redadas en los escondites de armas de los talibanes ni en las fábricas de bombas porque los fabricantes y sus comandantes ahora controlaban la ciudad.

En cambio, los jóvenes soldados e infantes de marina encontraron formas de ayudar a quienes tenían la suerte de llegar a las puertas del aeropuerto. Los llevaron hacia lo que muchos afganos creían que sería una vida mejor. A veces, esas personas no tenían los documentos adecuados, por lo que fueron rechazados.

Más allá del trauma de tener que dar ese rechazo y enfrentar esas escenas de desesperación, los estadounidenses enfrentarían una vez más la pérdida de camaradas en Afganistán durante esas horas finales: 13 militares estadounidenses fueron asesinados por un ataque terrorista del Estado Islámico el jueves cuando intentaban organizar a una multitud de afganos para que mostraran sus documentos. Casi 200 afganos murieron en el mismo incidente, en una devastadora carnicería bélica.

En Catar, Kuwait, Alemania y Estados Unidos, decenas de miles de afganos se sientan en centros de procesamiento, fuera del alcance del gobierno de los talibanes, pero sin saber cuándo o cómo llegarán a Estados Unidos.

En Estados Unidos, los historiadores y analistas estudiarán las soluciones fallidas, las estrategias equivocadas y los argumentos de los generales que aseguraron la victoria a pesar de que en sesiones informativas extraoficiales y reuniones confidenciales reconocieron que Estados Unidos estaba perdiendo la guerra. Quizás el pueblo estadounidense exigirá rendición de cuentas por las miles de vidas y los billones de dólares gastados, solo para que los talibanes vuelvan a tener el control, más poderosos de lo que eran hace 20 años.

O tal vez no les importe, y seguirán adelante en Estados Unidos, un país que seguirá siendo profundamente moldeado, política, económica y personalmente, por la guerra, aunque eso no sea evidente a simple vista.

En cuanto a los que se quedaron en Afganistán, un país de 38 millones menos los miles que han huido o muerto en las últimas semanas, todo lo que pueden hacer es mirar hacia adelante, preguntarse a sí mismos y a todos los que quieran escuchar: ¿Qué viene ahora?

Publicado en New York Times

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Thomas Gibbons-Neff es corresponsal en la oficina de Kabul y fue un soldado de la infantería de marina. @tmgneff


 

Agencias

Amenaza de Putin sobre armas nucleares es irresponsable y peligrosa: Biden

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EP New York || Asamblea ONU

Naciones Unidas – La guerra en Ucrania, la proliferación nuclear, Rusia, Irán, China y la crisis alimentaria mundial coparon el discurso del presidente de EE.UU., Joe Biden, ante la Asamblea General de la ONU.

La invasión rusa en Ucrania

«Esta guerra busca acabar con el derecho a Ucrania de existir, dicho de manera simple», sentenció el mandatario estadounidense.

El presidente ruso, Vladímir «Putin, asegura que él tenía que actuar porque Rusia estaba siendo amenazada (pero) nadie amenazó a Rusia. Solamente Rusia fue la que buscó el conflicto», añadió Biden.

El presidente de EE.UU. también acusó a Putin de hacer «amenazas irresponsables sobre el uso de armas nucleares».

Irán y China también tuvieron su lugar

«Estados Unidos es claro: nunca permitiremos a Irán hacerse con un arma nuclear. Sigo pensando que la diplomacia es la mejor forma de lograr este resultado», señaló Biden.

«No buscamos el conflicto, no buscamos una Guerra Fría. No queremos que ninguna nación tenga que elegir entre Estados Unidos y otro aliado. Pero, Estados Unidos promoverá un Indopacífico libre, abierto, seguro y un mundo próspero», afirmó Biden ante las reciente tensiones con China.

El pedido de reformas en el Consejo de Seguridad

«Creo que ha llegado el momento de hacer esta institución más inclusiva», indicó el mandatario estadounidense en referencia al Consejo de Seguridad de la ONU.

«La base de la Carta de Naciones Unidas, una orden basado en normas estable y justo, está siendo atacada por aquellos que quieren destruirla para su propia ventaja política», insistió Biden.

El hambre no da espera

«Mucha gente está sufriendo en todos los países del mundo. Sin importar lo que nos divida, si los padres no pueden alimentar a sus hijos, nada más importa», dijo el presidente de EE.UU. al anunciar una ayuda de 2.900 millones de dólares para combatir la crisis alimentaria. EFE noticias

 

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Agencias

Federer , “el reloj Suizo” del tenis , anuncia su retiro

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EP New York/ deportes

Por: Gustavo Lugo-New York

Por la plataforma de twitter, el tenista Suizo Roger Federer de 41 años, comunico que se retira del tenis profesional.

De acuerdo a la publicacion. “Como muchos de ustedes saben, los últimos tres años se me han presentado desafíos en forma de lesiones y cirugías”, reza el texto. “He trabajado duro para volver a la forma competitiva completa pero también conozco las capacidades y los límites de mi cuerpo, y su mensaje para mí últimamente ha sido claro”, añade.

Roger, señala que es consciente de su edad y de que en los últimos 24 años ha jugado más de 1.500 partidos. Asimismo, asegura que el tenis le ha tratado con más generosidad de lo que nunca hubiera soñado, pero ahora debe reconocer que es el momento de terminar su carrera competitiva.

Roger Federer es un tenista profesional suizo. Fue clasificado como el No. 1 del mundo por la Asociación de Profesionales del Tenis durante 310 semanas, incluido un récord de 237 semanas consecutivas, y ha terminado cinco veces como el No. 1 de fin de año.

“La Copa Laver la próxima semana en Londres será mi último evento ATP”, continúa Federer. “Jugaré más al tenis en el futuro, por supuesto, pero no en Grand Slams o de gira”, agrega, detallando que se trata de una “decisión agridulce”.

Federer, ‘El Reloj Suizo’, apodo con el que se conoce al deportista por su nacionalidad, sostiene que se considera una de las personas más afortunadas de la Tierra porque nació con un talento especial para jugar al tenis y lo hizo a un nivel que nunca hubiera imaginado, durante mucho más tiempo del que jamás hubiera creído posible.

Esta no fue una decisión fácil para Federer, pero dejó muy claro que siempre estará agradecido por lo que obtuvo del tenis, Roger tuvo una racha muy dominante entre 2003 y 2018, ganando una gran cantidad de títulos en el Abierto de Australia, el Abierto de EE. UU. y Wimbledon.

Por otro lado, dio las gracias a su esposa Mirka, a sus hijos, a sus padres y a su hermana por el apoyo incondicional que le han brindado a lo largo de todos estos años. También extendió su agradecimiento a sus entrenadores, patrocinadores, rivales y seguidores.

“Finalmente, al juego del tenis: te amo y nunca te dejaré”, concluye el comunicado, Federer, que con 20 torneos de Grand Slam en su palmarés es considerado uno de los mejores jugadores de toda la historia del deporte del tenis.

los mejores deseos para Roger federer en su nueva etapa de la vida.

 

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Agencias

Artesanías colombianas conquistan el mundo con historia y diversidad

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EP New York/ artesanías colombianas

Las artesanías colombianas cruzan fronteras cautivando con historias y diversidad

Medellín (Colombia) – Las creaciones artesanales colombianas cada vez son más solicitadas por el consumidor extranjero que aprecia la delicadeza de piezas hechas a mano, la belleza de sus diseños, las fibras naturales y, en especial, las historias que cuentan parte de la esencia del artesano y de su comunidad.

La riqueza cultural de Colombia, que se exhibe por estos días en la feria Expoartesano en Medellín, le abrió las puertas del mercado internacional a artesanías provenientes de Nariño, Guajira, Amazonas y Boyacá, entre otras, donde las tradiciones son talladas, tejidas o moldeadas con un arte empezó a hablarle al mundo.

La líder comercial para laboratorios de Artesanías de Colombia, Mónica González, explicó a Efe que el cliente internacional está buscando “productos innovadores y diferentes, y en Colombia tenemos mucha diversidad”.

“Son productos hechos a mano, no son industrializados. Cada pieza que llega al exterior está hecha por las manos del artesano y cuenta una historia. No es solo un producto. Es arte. Cada pieza es única porque ellos le ponen su esencia y la de su comunidad”, afirmó.

Las exportaciones colombianas de artesanías en 2021 fueron de 4,2 millones de dólares, lo que representó un crecimiento de 1,1 millones (35 %) con respecto al año anterior, cuando alcanzaron 3,1 millones de dólares, según cifras de Artesanías de Colombia.

Entre los productos que más exportaron los artesanos figuran la cerámica, la cestería y estatuillas.

Estados Unidos, Francia y Alemania son los principales destinos de estas creaciones, pero -según González- artesanos nacionales han logrado llevar mercancía a Australia y Nueva Zelanda.

MÁSCARAS RECORREN EUROPA

Las piezas en madera talladas a mano y enchapadas en chaquira como máscaras y animales de poder han traspasado fronteras. El artesano Carlos Mutumbajoy, del pueblo kamsá, asentado en el Valle del Sibundoy, en el departamento del Putumayo, ha conseguido que sus artesanías sean vistas en el exterior casi como tesoros, hasta el punto de haber sido expuestos en galerías de París.

“Las máscaras del Putumayo no significan para mí una artesanía; son bellas artes y lo he posicionado así en Europa”, afirmó a Efe Mutumbajoy, quien lleva 17 años participando en ferias y ha impactado con su obra en España, Francia e Italia, y antes de la pandemia pudo exportar incluso a Corea del Sur.

Aunque en México manejan un tipo de técnica similar, fue el primer país al que pudo exportar sus creaciones por “el concepto ancestral y filosófico”, en especial con las máscaras, que se convierten en una forma de “darle vida” a historias y a la cosmovisión indígena.

Colombia es un país pluricultural, biodiverso y multiétnico, es de los países más lindos del mundo. Con distintas simbologías, culturas étnicas, técnicas y materiales; esa variedad hace que compradores internacionales pongan el ojo en el país”, opinó el artesano.

REDES SOCIALES Y FERIAS, VENTANAS AL MUNDO

En el caso de Edilson Tanigama, de la Asociación Jaipono de la comunidad indígena embera-chamí, ubicada en Risaralda, se convirtió en un “reto” como artesano joven preservar un legado y una tradición ancestral.

Y lo hizo utilizando el mundo digital como la gran ventana para llevar a distintas partes del mundo collares, pulseras, pectorales y aretes que las mujeres indígenas fabrican en chaquira mostacilla.

Publicar fotografías y videos en sus redes sociales, para mostrar las artesanías y la cultura sobre el tejido, le permitió encontrar clientes internacionales, con Puerto Rico como primera estación para luego llegar a España, Inglaterra, Estados Unidos y Finlandia.

“En 2016 me regalaron un celular y empecé a curiosear y a mirar cómo vender en otras partes. Abrí una cuenta en Instagram y me vine a esta feria (Expoartesano). Me impulsé más. Tomaba fotos de mi mamá y de los otros artesanos y así empezamos a impulsarnos”, relató a Efe el artesano de 25 años.

TELAR PRECOLOMBINO EN LAS PASARELAS

Flor Imbacuán Pantoja, diseñadora y directora creativa de Hajsú Etnomoda, de la etnia Los Pastos en Nariño, ha llegado a pisar pasarelas en Europa con sus productos elaborados el un telar precolombino.

Cautivó con sus diseños que parten de la ruana y simbologías, y cruzó fronteras para mostrar el rostro y el quehacer diario de las artesanas.

Imbacuán, que se prepara para viajar a París, señaló que las ferias han sido la mejor plataforma para exportar. Las aprovecha para realizar demostraciones de oficio, y “la mujer tejedora muestra su sabiduría con el telar” y los asistentes se enamoran del proceso, 100 % hecho a mano.

“Eso ha vuelto más sensible a la gente y por eso ampliamos nuestro mercado”, dijo la artesana, hasta hacer envíos a Estados Unidos, Finlandia y Francia.
Jeimmy Paola Sierra/EFE

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