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Caos y miedo en Afganistan tras regreso al poder del talibàn

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EP New York/agencias

Caos en Afganistán con miles tratando de escapar del país
KABUL — Las fuerzas armadas de Estados Unidos pasaban trabajos el lunes para manejar una caótica evacuación de Afganistán mientras el Talibán patrullaba la capital y trataba de proyectar calma tras derrocar el gobierno respaldado por Occidente.

El Talibán tomo Kabul el domingo después que el presidente Ashraf Ghani huyó del país, marcando el fin de una costosa campaña de dos décadas de Estados Unidos para rehacer al país. Las fuerzas de seguridad del país, entrenadas por Occidente, se desplomaron en cuestión de días, incluso antes de la retirada de los últimos soldados estadounidenses.

Miles de afganos temerosos de un regreso del Talibán al poder están tratando de escapar del país por el aeropuerto en Kabul. Videos en redes sociales mostraron a centenares de personas corriendo por la pista mientras soldados estadounidenses hacían disparos al aire. Oro video mostraba a una muchedumbre empujándose escalera arriba, tratando de abordar un avión, con algunas personas colgadas de las barandas.

La embajada estadounidense fue evacuada y la bandera arriada, con los diplomáticos trasladándose al aeropuerto para ayudar con la evacuación. Otros países occidentales también cerraron sus misiones y estaban sacando del país a personal y civiles.

En Madrid, el ministro del Interior español dijo el lunes que el personal de su embajada, los empleados afganos y policías españoles seguían en el aeropuerto en Kabul esperando repatriación. Dos aviones en ruta a Dubai habían despegado de la base militar de Zaragoza, dijo el ministro Fernando Grande-Marlaska en declaraciones a la radioemisora Cadena SER.

“La embajada se ha trasladado a todo el personal y a los miembros de protección, de la Policía Nacional, al aeropuerto. Se encuentran desde ayer allí pendientes de la repatriación. Hoy salían dos aviones para proceder a su repatriación y de otros ciudadanos que han colaborado con nosotros. Es de interés importante darles la seguridad necesaria. Será lo antes posible, el objetivo es que retornen tantos nuestros ciudadanos como los afganos que han colaborado lo antes posible”, dijo.

Para la mañana, La Autoridad de Aviación Civil de Afganistán dijo que la “parte civil” del aeropuerto estaba “cerrada hasta nuevo aviso” y que las fuerzas armadas controlaban el espacio aéreo.

El espacio aéreo afgano es usado a menudo por aviones en vuelos de larga distancia que vuelan entre el lejano oriente y Occidente. El lunes por la mañana, los datos de monitoreo no mostraron vuelos comerciales sobre el país.

La capital estaba en una tensa calma, con la mayoría de los habitantes refugiados en sus viviendas. Había reportes aislados de saqueos y hombres armados tocando a puertas. El Talibán liberó a miles de prisioneros en su avance por todo el país.

Conforme caía la noche, los talibanes se desplegaron en todo Kabul, tomando el control de los puestos de la policía abandonados y comprometiéndose a mantener el estado de derecho durante la transición. Los habitantes informaron de saqueos en partes de la ciudad, incluyendo en el exclusivo distrito diplomático. En mensajes difundidos en las redes sociales se recomendaba a la gente permanecer en sus casas y atrancar sus puertas.

En una espectacular ofensiva, el Talibán capturó casi todo Afganistán en algo más de una semana, pese a los cientos de miles de millones de dólares gastados por Estados Unidos y la OTAN durante casi 20 años para reforzar a las fuerzas de seguridad afganas. Apenas días antes, una evaluación militar estadounidense estimó que la capital no sería objeto de presión de los insurgentes durante un mes.

La caída de Kabul marca el último capítulo de la guerra más larga de Estados Unidos, la cual comenzó después de los atentados del 11 de septiembre. Washington encabezó una invasión con la que el Talibán fue sacado del poder y obligado a replegarse, pero los estadounidenses se distrajeron del conflicto debido al caos de la guerra de Irak.

Durante años, Estados Unidos buscó salir de Afganistán. El presidente Donald Trump firmó un trato con el Talibán en febrero de 2020 que limitaba las acciones militares directas contra los insurgentes. Eso permitió a los combatientes fortalecerse y maniobrar rápidamente para asumir el control de zonas cruciales cuando el presidente Joe Biden anunció sus planes de retirar a todas las fuerzas estadounidenses a finales de este mes.

Después de que los insurgentes ingresaron a Kabul, los negociadores del Talibán debatían una transferencia del poder, dijo un funcionario afgano. Éste, que solicitó el anonimato para poder hacer declaraciones sobre las negociaciones a puerta cerrada, dijo que eran “tensas”.

Se desconocía de momento la fecha en que tendría lugar la transferencia del poder y quién estaba negociado por los talibanes. Los negociadores por el gobierno incluían al expresidente Hamid Karzai; el dirigente del grupo político y paramilitar Hizb-e-Islami, Gulbudin Hekmatyar, y Abdulá, abierto crítico de Ghani.

Karzai apareció en un video publicado en internet, acompañado por sus tres hijas jóvenes, diciendo que permaneció en Kabul.

“Estamos tratando de solucionar pacíficamente el problema de Afganistán con el liderazgo Talibán”, declaró.

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Con inf. de AP

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9/11 , 20 años después del dolor

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EP New York/ 9/11

Nueva York, una ciudad herida pero cambiada 20 años después del 11S

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23 fallecidos deja hasta el momento la tormenta ‘Ida’ en el área tri-estatal

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EP New York/Tormenta Ida

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Talibanes celebran salida estadounidense de Afganistan y toman control de Kabul

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EP Newyork/Afganistan

Durante la evacuación, las fuerzas estadounidenses ayudaron a trasladar a unos 120.000 ciudadanos estadounidenses, afganos y de otros países, según la Casa Blanca

El Talibán proclama su victoria en Kabul y promete seguridad
KABUL — El Talibán hizo un recorrido triunfal el martes por el aeropuerto internacional de Kabul, horas después de la retirada de tropas que puso fin a la guerra más larga de Estados Unidos. De pie en la pista, líderes del grupo prometieron asegurar el país, reabrir el aeropuerto y dar una amnistía a sus antiguos rivales.

En una demostración de control, líderes talibanes caminaron por la pista escoltados por miembros de la unidad de élite Badri. Los comandos posaron con orgullo para la prensa vestidos con uniformes de camuflaje.

Poner el aeropuerto de nuevo en funcionamiento es uno de los considerables desafíos que afronta el Talibán para gobernar un país de 38 millones de habitantes que durante dos décadas sobrevivió con miles de millones de dólares en ayuda extranjera.

“Afganistán es libre por fin”, dijo a The Associated Press en la pista del aeropuerto Hekmatula Wasiq, un líder talibán. “El lado militar y el civil (del aeropuerto) están con nosotros y bajo control. Esperamos anunciar nuestro gobierno. Todo es pacífico. Todo es seguro”.

Wasiq instó a la gente a regresar al trabajo y reiteró la promesa talibán de ofrecer una amnistía general. “El pueblo debe ser paciente”, dijo. “Poco a poco devolveremos todo a la normalidad. Llevará tiempo”.

Un miembro destacado de la oficina política del Talibán felicitó a los afganos por su “gran victoria” al lograr la “plena independencia del país” con la salida de las fuerzas estadounidenses.

Shahabuddin Delawar habló ante un centenar de personas, aparentemente todos hombres, en un evento en Kabul transmitido por la televisión estatal. Delawar fustigó al enemigo —las fuerzas de Estados Unidos y la OTAN— y acusó a Occidente de difundir propaganda para socavar al Talibán.

“Pronto se verá el progreso” de la nación. La imagen en la TV estatal aparecía con el subtítulo “Celebración del Día de la Independencia y el fin de la invasión estadounidense de Afganistán”.

Apenas unas horas antes, el Ejército estadounidense completó su mayor evacuación aérea de personas no combatientes en la historia.

El martes por la mañana aún quedaban signos del caos registrado en los últimos días. En la terminal se veían maletas y ropas tiradas entre montones de documentos. Había alambres de cuchillas para separar zonas y autos volcados y vehículos estacionados bloqueaban rutas en torno al aeropuerto civil, un indicio de las medidas tomadas para proteger contra posibles ataques suicidas con vehículos.

Varios vehículos con combatientes talibanes recorrían la única pista del Aeropuerto Internacional Hamid Karzai, en la zona militar al norte del aeropuerto. Antes del amanecer, combatientes fuertemente armados caminaban por los hangares de la zona militar entre algunos de los siete helicópteros CH-46 que utilizó el Departamento de Estado en sus evacuaciones antes de inutilizarlos.

El vocero del grupo, Zabihula Muyahid, se dirigió a los miembros presentes de la unidad Badri. “Confío en que sean muy prudentes al tratar con el país”, dijo. “Nuestro país ha sufrido guerra e invasión y el pueblo no tiene más tolerancia”.

Tras su intervención, los combatientes exclamaron: “¡Dios es el más grande!”.

En otra entrevista con la televisora estatal afgana, Muyahid habló sobre reanudar la actividad en el aeropuerto, que sigue siendo una vía crucial para los que quieren salir del país.

“Nuestro equipo técnico comprobará las necesidades técnicas y logísticas del aeropuerto”, dijo. “Si podemos arreglarlo todo por nuestra cuenta, no necesitaremos ayuda. Si hace falta ayuda técnica o logística para reparar la destrucción, entonces pediremos ayuda a Qatar o Turquía”.

El vocero no entró en detalles sobre qué estaba destruido.

El general de la Infantería de Marina Frank McKenzie, responsable del Comando Central del Ejército de Estados Unidos, había dicho antes que las tropas habían “desmilitarizado” el sistema para que no pudiera volver a utilizarse. Las autoridades dijeron que las tropas no habían volado equipamiento para asegurar que el aeropuerto podía utilizarse para operar vuelos en el futuro. Además, McKenzie señaló que las tropas estadounidenses habían inutilizado 27 camionetas Humvee y 73 aeronaves.

En el aeropuerto se produjeron escenas dramáticas después de que los Talibanes conquistaran Afganistán en una ofensiva relámpago y tomaran Kabul el 15 de agosto. Miles de afganos rodearon el aeropuerto, y algunos murieron tras aferrarse con desesperación al lateral de un avión de transporte C-17 del Ejército estadounidense que despegaba. La semana pasada murieron al menos 169 afganos y 13 militares de Estados Unidos en un ataque suicida del grupo extremista Estado Islámico en una puerta del aeropuerto.

Durante la evacuación, las fuerzas estadounidenses ayudaron a trasladar a unos 120.000 ciudadanos estadounidenses, afganos y de otros países, según la Casa Blanca. Las fuerzas de la coalición también evacuaron a sus ciudadanos y a más afganos. Pero pese a todos los que salieron, Estados Unidos y otros países admitieron que no habían evacuado a todos los que querían marcharse.

Pero el martes, tras una noche en la que combatientes talibanes dispararon al aire en señal de triunfo, nuevos guardias mantenían alejados a los curiosos y a los que de algún modo aún aspiraban a tomar un vuelo para marcharse.

“Después de 20 años hemos derrotado a los estadounidenses”, dijo Mohammad Islam, un guardia talibán en el aeropuerto, procedente de la provincia de Logar y que sostenía un rifle Kalashnikov. “Se han marchado y ahora nuestro país es libre”.

“Está claro lo que queremos”, añadió. “Queremos sharía (ley islámica), paz y estabilidad”.

Zalmay Khalilzad, el representante especial de Estados Unidos en Afganistán que supervisó las conversaciones de Estados Unidos con el Talibán, escribió en Twitter que “los afganos afrontan un momento de decisión y oportunidad” tras la retirada.

“El futuro del país está en sus manos. Elegirán su camino con plena soberanía”, escribió. “Esta es la oportunidad de poner fin a su guerra también”.

Pero el Talibán afronta lo que podría ser una sucesión de grandes crisis mientras toma el control del país. La mayoría de los miles de millones de dólares que tiene Afganistán en divisas extranjeras están ahora congelados en Estados Unidos, lo que presiona a una moneda local en franca caída. Los bancos han impuesto controles a la retirada de dinero por temor a una fuga de depósitos en el clima de incertidumbre. Funcionarios de todo el país dicen que llevan meses sin recibir sus salarios.

El equipo médico sigue escaseando y miles de personas que huyeron del avance talibán viven en condiciones penosas. Además, una fuerte sequía ha reducido la producción de alimentos en el país y hecho aún más importantes las importaciones, al tiempo que aumenta el riesgo de hambruna.

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Akhgar informó desde Estambul. El periodista de Associated Press Jon Gambrell en Dubái, Emiratos Árabes Unidos, contribuyó a este despacho.

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