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Agencias

Ante Coronavirus , España vive momentos de impotencia y desesperación

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EP New York/opinión

Los españoles viven confinados en sus casas sin saber cuando terminará esta reclusión obligada por la pandemia e impuesta por las autoridades, mientras los casos del COVID-19 aumentan a tenor de 2.000 diarios. Ya hay casi 12.000 infectados en todo el país, la situación es realmente crítica.

 por Ricardo Angoso

Las noticias que llegan de España son cada día que pasa  más alarmantes. Los casos de coronavirus ya superan los 11.500 y  aumentan casi al ritmo de dos mil diarios, una cifra realmente alarmante y que preocupa a todos. Las cifras de fallecidos ya casi llega a los cinco centenares, mientras que la curva alcista no se detiene. El gobierno ha declarado un estado de alarma que, en resumidas cuentas, confina a estar en sus casas sin poder salir ni tener ningún contacto social ni público a 45 millones de españoles. Las camas en las Unidades de Cuidado Intensivo (UCI) escasean y dichos centros están saturados debido al creciente aumento de la enfermedad a escala nacional. El país está paralizado, la gente está encerrada en sus casas pegada a los televisores escuchando noticas y el ambiente en las calles españolas es parecido al de una ciudad bombardeada por una bomba que asfixia pero no destruye; ni si quiera se ven perros callejeros. El COVID-19 ha causado grandes estragos en España, la gente está abatida y esperando el final de una crisis que no parece tener fin.

Todos los bares, restaurantes y tiendas están cerradas menos las farmacias (droguerías) y supermercados de alimentos, pero tampoco venden mucho porque casi nadie sale a la calle, solamente se ven los coches de policía y militares patrullando sus desiertas calles. Reina el miedo y el silencio sepulcral. El transporte público, tanto trenes como autobuses y el metro, está casi paralizado y el poco que funciona suele estar atiborrado, alimentando la alarma entre las pocas personas que lo usan por el riesgo de contagio. Las iglesias también están cerradas a cal y canto, en un hecho casi inaudito en la historia de España, uno de los países con una tradición católica con más arraigo en el continente europeo.

Luego está la gestión de la crisis por parte del gobierno, mas bien caótica, tardía y poco coordinada. Incluso los responsables del gobierno, como casi todos sus ministros y el mismo presidente de Gobierno, Pedro Sánchez, llamaron a participar, en un gesto absolutamente irresponsable y casi criminal, en una manifestación en favor de las demandas feministas el 8 de marzo, mientras ya en todo el mundo la pandemia se extendía sin control y de una forma dramática. Las consecuencias de esta masiva manifestación a la vista están: dos ministras infectadas, la esposa del presidente de Gobierno también -aunque en un principio se ocultó- y aumento masivo de los casos de COVID-19 en la Comunidad de Madrid, la más afectada, seguramente debido a esta marcha que nunca debió de realizarse, en todo el Estado Español.

Por ahora, las autoridades tratan de calmar a la población pero nadie sabe a ciencia cierta por cuanto tiempo durará el estado de alarma e incluso se baraja la posibilidad de extenderlo más días y hasta después de la Semana Santa, unas fechas en las que tradicionalmente los españoles viajan de vacaciones y llegan a producirse unos treinta millones de desplazamientos, lo cual significaría un alto riesgo de contagio y, de permitirse, una irresponsabilidad obvia. Por ahora, pese a las medidas tomadas, el contagio no remite, lo que genera una gran impotencia en la población y en los servicios sanitarios, desbordados y colapsados, y los casos no dejan de aumentar. España es es el cuarto país más afectado en el mundo por el coronavirus por detrás de  Irán, Italia y China, por este orden.

Luego está la desesperación de los que tienen a sus familias atrapadas  allí y la ausencia, a veces, de noticias fiables y confiables, nadie sabe a ciencia cierta cuánto tiempo durará el encierro y si el mismo será eficaz para derrotar a la pandemia y frenar su propagación. Lo que si queda claro es que el único antídoto efectivo para frenar al COVID-19 es no exponerse ni social ni públicamente y quedarse en casa sin ningún contacto exterior, un precio muy alto porque, evidentemente, paraliza la economía.  China está saliendo del coronavirus pero tendrá que pagar el precio de tener que afrontar una segura recesión económica en los próximos meses y haber dejado en estado catatónico su economía. El coste, pese a haber detenido el contagio, es muy alto y seguramente el mundo, incluida China, tardará meses en recuperarse de una crisis todavía no concluida. La recesión global está servida, ningún país se librará de la misma. España tampoco quedará al margen de esta crisis, al tiempo que los españoles viven su reclusión forzada por la pandemia e impuesta por las autoridades entre la impotencia y la desesperación. ¿Cuánto tiempo durará esta situación? Solamente el tiempo nos dará la respuesta, tengamos paciencia.


Acerca de Ricardo Angoso

Coordinador del Foro Ideas para la Democracia:

http://www.foroideasparalademocracia.com/

Youtube.com:

https://www.youtube.com/channel/UC9EOzzOxF5km99_0wKE9yWA?view_as=subscriber

Blog: http://iniciativaradical.org/web/

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9/11 , 20 años después del dolor

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EP New York/ 9/11

Nueva York, una ciudad herida pero cambiada 20 años después del 11S

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23 fallecidos deja hasta el momento la tormenta ‘Ida’ en el área tri-estatal

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EP New York/Tormenta Ida

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Agencias

Talibanes celebran salida estadounidense de Afganistan y toman control de Kabul

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EP Newyork/Afganistan

Durante la evacuación, las fuerzas estadounidenses ayudaron a trasladar a unos 120.000 ciudadanos estadounidenses, afganos y de otros países, según la Casa Blanca

El Talibán proclama su victoria en Kabul y promete seguridad
KABUL — El Talibán hizo un recorrido triunfal el martes por el aeropuerto internacional de Kabul, horas después de la retirada de tropas que puso fin a la guerra más larga de Estados Unidos. De pie en la pista, líderes del grupo prometieron asegurar el país, reabrir el aeropuerto y dar una amnistía a sus antiguos rivales.

En una demostración de control, líderes talibanes caminaron por la pista escoltados por miembros de la unidad de élite Badri. Los comandos posaron con orgullo para la prensa vestidos con uniformes de camuflaje.

Poner el aeropuerto de nuevo en funcionamiento es uno de los considerables desafíos que afronta el Talibán para gobernar un país de 38 millones de habitantes que durante dos décadas sobrevivió con miles de millones de dólares en ayuda extranjera.

“Afganistán es libre por fin”, dijo a The Associated Press en la pista del aeropuerto Hekmatula Wasiq, un líder talibán. “El lado militar y el civil (del aeropuerto) están con nosotros y bajo control. Esperamos anunciar nuestro gobierno. Todo es pacífico. Todo es seguro”.

Wasiq instó a la gente a regresar al trabajo y reiteró la promesa talibán de ofrecer una amnistía general. “El pueblo debe ser paciente”, dijo. “Poco a poco devolveremos todo a la normalidad. Llevará tiempo”.

Un miembro destacado de la oficina política del Talibán felicitó a los afganos por su “gran victoria” al lograr la “plena independencia del país” con la salida de las fuerzas estadounidenses.

Shahabuddin Delawar habló ante un centenar de personas, aparentemente todos hombres, en un evento en Kabul transmitido por la televisión estatal. Delawar fustigó al enemigo —las fuerzas de Estados Unidos y la OTAN— y acusó a Occidente de difundir propaganda para socavar al Talibán.

“Pronto se verá el progreso” de la nación. La imagen en la TV estatal aparecía con el subtítulo “Celebración del Día de la Independencia y el fin de la invasión estadounidense de Afganistán”.

Apenas unas horas antes, el Ejército estadounidense completó su mayor evacuación aérea de personas no combatientes en la historia.

El martes por la mañana aún quedaban signos del caos registrado en los últimos días. En la terminal se veían maletas y ropas tiradas entre montones de documentos. Había alambres de cuchillas para separar zonas y autos volcados y vehículos estacionados bloqueaban rutas en torno al aeropuerto civil, un indicio de las medidas tomadas para proteger contra posibles ataques suicidas con vehículos.

Varios vehículos con combatientes talibanes recorrían la única pista del Aeropuerto Internacional Hamid Karzai, en la zona militar al norte del aeropuerto. Antes del amanecer, combatientes fuertemente armados caminaban por los hangares de la zona militar entre algunos de los siete helicópteros CH-46 que utilizó el Departamento de Estado en sus evacuaciones antes de inutilizarlos.

El vocero del grupo, Zabihula Muyahid, se dirigió a los miembros presentes de la unidad Badri. “Confío en que sean muy prudentes al tratar con el país”, dijo. “Nuestro país ha sufrido guerra e invasión y el pueblo no tiene más tolerancia”.

Tras su intervención, los combatientes exclamaron: “¡Dios es el más grande!”.

En otra entrevista con la televisora estatal afgana, Muyahid habló sobre reanudar la actividad en el aeropuerto, que sigue siendo una vía crucial para los que quieren salir del país.

“Nuestro equipo técnico comprobará las necesidades técnicas y logísticas del aeropuerto”, dijo. “Si podemos arreglarlo todo por nuestra cuenta, no necesitaremos ayuda. Si hace falta ayuda técnica o logística para reparar la destrucción, entonces pediremos ayuda a Qatar o Turquía”.

El vocero no entró en detalles sobre qué estaba destruido.

El general de la Infantería de Marina Frank McKenzie, responsable del Comando Central del Ejército de Estados Unidos, había dicho antes que las tropas habían “desmilitarizado” el sistema para que no pudiera volver a utilizarse. Las autoridades dijeron que las tropas no habían volado equipamiento para asegurar que el aeropuerto podía utilizarse para operar vuelos en el futuro. Además, McKenzie señaló que las tropas estadounidenses habían inutilizado 27 camionetas Humvee y 73 aeronaves.

En el aeropuerto se produjeron escenas dramáticas después de que los Talibanes conquistaran Afganistán en una ofensiva relámpago y tomaran Kabul el 15 de agosto. Miles de afganos rodearon el aeropuerto, y algunos murieron tras aferrarse con desesperación al lateral de un avión de transporte C-17 del Ejército estadounidense que despegaba. La semana pasada murieron al menos 169 afganos y 13 militares de Estados Unidos en un ataque suicida del grupo extremista Estado Islámico en una puerta del aeropuerto.

Durante la evacuación, las fuerzas estadounidenses ayudaron a trasladar a unos 120.000 ciudadanos estadounidenses, afganos y de otros países, según la Casa Blanca. Las fuerzas de la coalición también evacuaron a sus ciudadanos y a más afganos. Pero pese a todos los que salieron, Estados Unidos y otros países admitieron que no habían evacuado a todos los que querían marcharse.

Pero el martes, tras una noche en la que combatientes talibanes dispararon al aire en señal de triunfo, nuevos guardias mantenían alejados a los curiosos y a los que de algún modo aún aspiraban a tomar un vuelo para marcharse.

“Después de 20 años hemos derrotado a los estadounidenses”, dijo Mohammad Islam, un guardia talibán en el aeropuerto, procedente de la provincia de Logar y que sostenía un rifle Kalashnikov. “Se han marchado y ahora nuestro país es libre”.

“Está claro lo que queremos”, añadió. “Queremos sharía (ley islámica), paz y estabilidad”.

Zalmay Khalilzad, el representante especial de Estados Unidos en Afganistán que supervisó las conversaciones de Estados Unidos con el Talibán, escribió en Twitter que “los afganos afrontan un momento de decisión y oportunidad” tras la retirada.

“El futuro del país está en sus manos. Elegirán su camino con plena soberanía”, escribió. “Esta es la oportunidad de poner fin a su guerra también”.

Pero el Talibán afronta lo que podría ser una sucesión de grandes crisis mientras toma el control del país. La mayoría de los miles de millones de dólares que tiene Afganistán en divisas extranjeras están ahora congelados en Estados Unidos, lo que presiona a una moneda local en franca caída. Los bancos han impuesto controles a la retirada de dinero por temor a una fuga de depósitos en el clima de incertidumbre. Funcionarios de todo el país dicen que llevan meses sin recibir sus salarios.

El equipo médico sigue escaseando y miles de personas que huyeron del avance talibán viven en condiciones penosas. Además, una fuerte sequía ha reducido la producción de alimentos en el país y hecho aún más importantes las importaciones, al tiempo que aumenta el riesgo de hambruna.

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Akhgar informó desde Estambul. El periodista de Associated Press Jon Gambrell en Dubái, Emiratos Árabes Unidos, contribuyó a este despacho.

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