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Agencias

¿Estamos en una nueva guerra fría? o solo es una guerra comercial

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EP New York | polìtica mundial

Lo llamamos nueva guerra fría, pero no lo es

La competencia entre EEUU y China es muy diferente de la que rigió entre Washington y Moscú y estructuró el mundo durante la guerra fría. Pese a las limitaciones que le impone EEUU, China está inmersa de lleno en la economía global y las inversiones estadounidenses en el país no dejan de aumentar. ‘Codependencia destructiva’ podría ser más adecuado para la competencia interdependiente actual.

Lo llamamos “nueva guerra fría”, pero la relación, competencia y colaboración entre Estados Unidos y China no solo no lo es, sino que guiarse por este concepto puede llevar a errores de visión y de política . Más aún entre China y la Unión Europea, que ve, correctamente, a la superpotencia asiática como “socio, competidor y rival sistémico”.

Utilizamos el término de guerra fría por pereza intelectual, y porque estamos inmersos en un periodo de transición, es decir, de desorden, de un orden mundial a otro cuyos contornos se divisan aún mal. La guerra fría responde a otra época y situación. No es un concepto útil hoy. Pese al discurso de la tensión entre Washington y Pekín, la realidad es otra. El episodio de los globos es un reflejo.

A diferencia de la antigua Unión Soviética, China participa plenamente en la economía global, y en las cadenas de suministro que la conforman, aunque la globalización se haya frenado algo con la pandemia y con la competencia tecnológica y estratégica entre Washington y Pekín. Desde Occidente, sobre todo desde EEUU, se avanza hacia un acortamiento de estas cadenas, por medio de políticas de empresas. No solo por razones geopolíticas o geoeconómicas, pues tiene mucho que ver con la política interna estadounidense.

Con su política de America First, Donald Trump y su republicanismo radical atrajeron a una parte importante, venida a menos con la deslocalización y la automatización, de la clase obrera y media baja de EEUU. Joe Biden quiere con su política antichina y de Buy American –más allá de indudables consideraciones estratégicas de una superpotencia que teme que le haya surgido una rival– restablecer puentes con esos votantes que había perdido el Partido Demócrata. Es, además, un terreno de entendimiento con el propio Partido Republicano, radicalizado, con el que ahora tiene que tratar dado que controla la Cámara de Representantes. La política hacia China tiene mucho de política interna americana. <span;>All politics is local.

La actual administración estadounidense, inspirándose en tiempos de la guerra fría, se ha metido en una política de control de las exportaciones de tecnología avanzada hacia China, en la que está incorporando a aliados como Países Bajos, Japón y Corea del Sur, esenciales para la fabricación de los chips (microprocesadores) y otros elementos más avanzados. Un problema es que cada vez es más difícil diferenciar entre aplicaciones civiles y militares de estas tecnologías. Indudablemente, hay una carrera tecnológica entre EEUU y una China cuyos avances quiere frenar Washington tras percatarse, demasiado tarde, de que su incorporación a la economía mundial, en especial a partir de 2001 con la entrada en condiciones ventajosas de Pekín a la Organización Mundial del Comercio, no produjo la liberalización económica y política que, de manera ingenua y con desconocimiento de la cultura imperante en China, esperaba. Un ingenuidad y desconocimiento que también es frecuente en España.

«China tuvo su primer ‘momento Sputnik respecto a la inteligencia artificial con la derrota, en 2018, de un maestro del juego Go por la computadora AlphaGo de Deepmind (empresa adquirida por Google)»

El discurso de frenar a China predomina en EEUU, donde hay un amplio consenso al respecto. Algunas medidas restrictivas pueden lograrlo, al menos temporalmente. Por ejemplo, limitando la capacidad china de desarrollar la más avanzada inteligencia artificial (IA), respecto a la cual Pekín ha tenido lo que el experto e inversor Kai-Fu Lee llamó el “momento Sputnik”. Se refería al susto de EEUU cuando la URSS lanzó en 1957 el primer satélite artificial. Generó una carrera espacial, que llevó a EEUU a poner a un hombre en la Luna, a donde ahora parece que quieren volver diversas potencias, empezando por China.

El primer “momento Sputnik” chino en referencia a la IA llegó en 2018 con la derrota de un maestro del juego Go por la computadora AlphaGo de Deepmind (empresa adquirida por Google). (Dicho sea de paso, estos días, un jugador humano aficionado ha vencido al programa, tras descubrir en él, gracias a la IA, algunos fallos en el programa.) El segundo momento, para Pekín, ha sido el lanzamiento por OpenAI (en la que Microsoft tiene grandes intereses) de la inteligencia artificial generativa de lenguaje natural ChatGTP, que tanto revuelvo ha causado, y las de otras empresas. Corriendo, Pekín va a intentar presentar la suya. China, el mayor consumidor mundial de chips, no es (¿aún?) capaz de diseñar o fabricar los más avanzados, que necesita para esta carrera.

Las medidas limitativas de Washington le están llevando a desarrollar su propia capacidad. Tomará un tiempo y el éxito no está garantizado. Pero, ejemplo de la capacidad china, en diciembre pasado Huawei solicitó su propia patente para un componente de la litografía por luz ultravioleta extrema, tecnología que hasta ahora tenía en exclusividad la empresa ASLM de Países Bajos, esencial para fabricar los semiconductores más avanzados.

Pese al discurso oficial desde Washington de una relativa separación tecnológica y en otros aspectos de China, la realidad es algo diferente. El déficit comercial de EEUU con China creció el año pasado un 8,3% anual hasta los 382.900 millones de dólares, el segundo más alto registrado. Las inversiones estadounidenses en China van viento en popa, aunque se han frenado en startups .

Apple quiere comenzar a distanciarse de China, abriendo fábricas en India, además de impulsando su colaboración con países como Vietnam, pero no lo logra de forma significativa, debido al grado de sofisticada integración de sus sistemas de producción en la nueva superpotencia. China, por su parte, alberga muchas materias primas estratégicas en la era digital, desde el litio a las tierras raras. Aunque la administración estadounidense no lo reconozca de manera oficial, EEUU y China se necesitan mutuamente.

De seguir la tensión, podrían acabar –con los europeos pillados en medio– como los protagonistas del cuadro de Goya Duelo a garrotazos o como esos boxeadores que, agotados, acaban enganchados el uno al otro en el ring.

En cuanto a Taiwán, Washington está reforzando sus relaciones políticas y estratégicas con la isla, ante la posibilidad de una invasión desde la China continental. Sin embargo, es significativo que Warren Buffet haya anunciado una desinversión de 86% en TSMC, la empresa taiwanesa que fabrica (no diseña) un 54% de los chips mundiales. ¿Por el reshoring o por otra razón? Buffet suele acertar en las tendencias mundiales.

«Tan significativo es que China haya propuesto un plan para un ‘acuerdo político’ en 12 puntos, formalmente acorde con el Derecho Internacional, aunque no distingue entre agresor y agredido, como que Occidente lo haya rechazado de plano pese a tener algunos avisos interesantes»

Está, además, la competencia geopolítica en el Sur Global. EEUU intenta rodear a China en el Pacífico por medio de alianzas con países de la región (Filipinas es el último). China (y Rusia) refuerza sus bases navales y su presencia económica y estratégica en África y en América Latina. Aunque, tras las advertencias estadounidenses, si China empieza a apoyar a Rusia con suministros militares para la guerra en Ucrania –que incomoda a China, aunque ve ahí que Occidente se puede debilitar–, la tensión se puede incrementar de manera notable. Moscú se habrá echado a los brazos de Pekín, todo lo contrario de lo que buscaron Nixon y Kissinger con su apertura a China. Pero tan significativo es que China haya propuesto un plan para un “acuerdo político” (no lo llama plan de la paz) en 12 puntos, formalmente acorde con el Derecho Internacional, aunque no distingue entre agresor y agredido, como que Occidente lo haya rechazado de plano pese a tener algunos avisos interesantes, por ejemplo, contra el uso del arma nuclear. Por detrás, hay un intento por parte de China de generar un orden mundial más acorde a sus intereses que el que nació de la guerra fría y la posguerra fría. Ese es un largo e importante proceso, o pulso, que cambiará la gobernanza global.

En la guerra fría, la URSS exportaba ideología, comunismo soviético, y Occidente defendía la democracia liberal para sí. Cabe recordar la reguera de apoyos estadounidenses a golpes de Estado, como el de Pinochet en Chile. El Occidente democrático ha dejado, en general, de intentar exportar democracia liberal, salvo para defender la suya y la de sus socios (como Hungría y Polonia) o la de sus vecinos inmediatos (Ucrania). Su última y larga gran experiencia al respecto, Afganistán, salió mal. Pero la democracia avanzó en el mundo, aunque últimamente esté retrocediendo. En esta competencia, en la que desempeña un papel fundamental la desinformación, China intenta hacer atractivo su modelo desarrollo. Pero sabe que es único y de difícil repetición, aunque ya ha dejado sentado que crecimiento económico y tecnológico no requiere democracia liberal. Prefiere a los regímenes autoritarios, a los que no pide cuentas, sino contrapartidas económicas. La vigilancia de los ciudadanos/usuarios se da en todos los sistemas, aunque el uso que se hace de ella difiere. ¿Exporta China tecnoautoritarismo, con sistemas de vigilancia, censura y represión avanzados? Sin duda. Aunque también lo hace EEUU (y varios países occidentales). Si China exporta IA de reconocimiento facial a través de cámaras (a menudo con tecnología estadounidense), EEUU no se queda atrás. Una diferencia, según un reciente estudio de Brookings, es que estas exportaciones chinas se reparten entre democracias fuertes y débiles (56 % vs. 46 %), mientras EEUU lo hace más hacia las fuertes (76 % vs. 24 %).

La guerra fría comenzó con EEUU gozando de superioridad nuclear y la URSS de superioridad convencional en una Europa tomada como rehén de esta competición. Un equilibrio precario. Luego, con el desarrollo por ambos de sus capacidades nucleares, se llegó a la disuasión mutua asegurada (la Doctrina MAD) y a la paridad nuclear. Con el auge de China, las cosas cambian. Si China, como parece, está ampliando de forma significativa su arsenal nuclear para llegar a 1.500 cabezas en 2035, frente a las 3.700 de EEUU y a las 4.500 de Rusia en la actualidad, la disuasión cambiará por completo, por mucho que Pekín diga mantener la doctrina de que no será el primero en usarlas (no first use). Como indica el analista Andrew Krepinevich, la disuasión basada en la paridad funcionaba entre dos, pero la paridad deja de tener sentido entre tres. Habrá, sin embargo, potencial suficiente para destruir el planeta varias veces. Deberá repensarse por completo la ecuación nuclear –base del orden mundial–, más aún cuando Vladímir Putin ha sacado a Rusia del único gran acuerdo de control de armamentos nucleares que quedaba, el Nuevo Start. Habrá que pensar, como poco, en triadas. Más complejidad. Más inestabilidad.

No es, pues, una nueva guerra fría. Pero sí una situación de dependencia mutua y de profunda competencia entre una superpotencia que quiere seguir prevaleciendo y otra que quiere seguir ascendiendo. Un pulso polidimensional (con dimensiones que se alimentan entre sí). El término “nueva guerra fría” es facilón, y por eso se usa. ¿Entonces qué? ¿“Lucha existencial” para lo que queda de siglo, como la ha calificado el republicano Mike Gallagher, de la nueva comisión bipartita de la Cámara de Representantes de EEUU para combatir la competencia china? Esperemos que no. Para Rana Foroohar, analista de Financial Times,China y EEUU están atrapados en una “codependencia destructiva”. Puede valer. Pero habrá que encontrar una mejor definición de esta competencia interdependiente. No son tiempos de simplismos.

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El País de España

Andrés Ortega

Andrés Ortega Klein (Madrid, 1954) es escritor, analista y periodista. Ha sido en dos ocasiones (1994-1996 y 2008-2011) Director del Departamento de Análisis y Estudios del Gabinete de la Presidencia del Gobierno. Ha tenido una larga carrera en periodismo como corresponsal en Londres y Bruselas y columnista y editorialista de El País

 

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Agencias

Los 90 segundos clave que frenaron el tráfico en puente de baltimore

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EP New York | Baltimore

“Héroes” detuvieron el tránsito antes de caída de puente en Baltimore; obreros podrían haber muerto

BALTIMORE, Maryland, EE.UU. (AP) — En plena noche, la radio emitió un aviso de 12 segundos: un enorme carguero había perdido la dirección y se dirigía hacia el puente Francis Scott Key.

En unos 90 segundos, los agentes de policía respondieron que habían conseguido frenar el tráfico rodado sobre el puente en ambas direcciones. Uno de ellos dijo que estaba a punto de acercarse para alertar a un equipo de construcción.

Pero ya era demasiado tarde. Sin gobierno y cargado con grandes contenedores, el buque se estrelló contra uno de los pilares.

“Todo el puente acaba de caer”, dijo un frenético agente. “(…) A quien sea, a todo el mundo… todo el puente acaba de colapsar”.

Cuando el portacontenedores Dalí se estrelló contra el pilar alrededor a la 01:30 de la madrugada, hizo que un largo tramo del puente — una pieza clave en la infraestructura de transporte de la región — se desplomara sobre el río Patapsco. Se cree que seis personas han muerto y se espera que la pérdida del puente altere el tránsito en la zona y la actividad de un puerto comercial vital.

Al menos ocho personas cayeron al agua. Dos sobrevivieron y los otras seis, todas identificadas como parte de un equipos de construcción que estaba rellenando baches en la calzada, están desaparecidas. Está previsto que la operación de búsqueda se reanude el miércoles por la mañana.

Entre los desaparecidos hay guatemaltecos, hondureños y mexicanos, dijeron diplomáticos de los tres países. El hondureño fue identificado como Maynor Yassir Suazo Sandoval.

Funcionarios federales y estatales indicaron que el siniestro parecía ser un incidente. La Junta Nacional de Seguridad en el Transporte está investigando lo ocurrido, y las llegadas y salidas de embarcaciones del puerto de Baltimore quedaron suspendidas indefinidamente.

El capitán Michael Burns Jr., del Maritime Center for Responsible Energy, apuntó que llevar un barco a puerto y sacarlo en aguas restringidas con un margen de maniobra limitado es “una de las cosas técnicamente más difíciles y exigentes que hacemos”.

“Hay realmente pocas cosas que den más miedo que la pérdida de potencia en aguas restringidas”, afirmó. Y cuando una barco pierde la propulsión y el gobierno, “queda realmente a merced del viento y la corriente”.

Un video mostró al buque desplazándose a una velocidad, que según el gobernador, Wes Moore, era de unos 8 nudos — aproximadamente 15 kilómetros por hora (9 millas por hora) — hacia el puente de 2,6 kms (1,6 millas) de largo. En ese momento todavía había tráfico cruzando el puente, y algunos vehículos parecieron escapar de la tragedia por apenas unos segundos. El impacto hizo que la estructura se quebrase y cayese al agua en cuestión de segundos, y los restos podían verse sobresaliendo en el río más tarde en el día.

La policía apuntó que no hay evidencia de que nadie más cayese al mar además de los trabajadores, aunque no se descartó la posibilidad.

Un ejecutivo de la empresa que empleaba a los desaparecidos, Brawner Builders, explicó que en el momento del derrumbe estaban trabajando en el centro del puente.

“Esto era completamente imprevisto”, dijo Jeffrey Pritzker, vicepresidente ejecutivo de la empresa. “No sabemos qué más decir. Estamos muy orgullosos de la seguridad, y tenemos conos, letreros, luces, barreras y señalizadores”.

Jesús Campos, quien ha trabajado en el puente para Brawner Builders y conoce a miembros de la cuadrilla, relató que le dijeron que estaban en un descanso y que algunos estaban sentados en sus camiones cuando el puente se vino abajo.

“Sé que hace un mes yo estaba allí, y sé lo que se siente cuando pasan los camiones”, comentó. “Imagínate saber que se está cayendo. Es tan duro que uno no sabría qué hacer”.

El padre Ako Walker, un sacerdote católico en la iglesia del Sagrado Corazón de Jesús, dijo que pasó tiempo con los familiares de los trabajadores desaparecidos mientras esperaban noticias de sus seres queridos.

“Se puede ver el dolor en sus rostros”, indicó.

Los rescatistas sacaron a dos personas del agua. y una de ellas fue atendida en un hospital y dada de alta horas después.

El accidente ocurrió mucho antes de la ajetreada hora pico de la mañana en el puente, que el año pasado fue utilizado por 12 millones de vehículos.

Entre 1960 y 2015, se produjeron 35 grandes derrumbes de puentes en todo el mundo por colisión de barcos o barcazas, según la Asociación Mundial de Infraestructura de Transporte Acuático.

Es casi seguro que el incidente del martes provocará una pesadilla logística en la Costa Este estadounidense durante meses, o tal vez años, al cerrar el tráfico marítimo en el puerto de Baltimore, un importante centro de distribución.

El secretario estatal de Transporte, Paul Wiedefeld, dijo que el tráfico marítimo de entrada y salida al puerto quedó suspendido hasta nuevo aviso, aunque los camiones podrán seguir accediendo a la infraestructura.

“Perder este puente devastará toda la región, así como a toda la Costa Este”, dijo el senador estatal de Johnny Ray Salling.

Por su parte, el secretario federal de Transporte, Pete Buttigieg, apuntó que era demasiado pronto para ofrecer una estimación del tiempo que tomará despejar el canal, que tiene unos 15 metros (50 pies) de profundidad. El presidente, Joe Biden, indicó que tiene previsto viajar a Baltimore pronto y que espera que el gobierno federal asuma el costo total de la reconstrucción.

Synergy Marine Group — la empresa administradora de la embarcación — dijo que el impacto se produjo mientras estaba bajo el control de uno o más pilotos, que son especialistas locales que ayudan a guiar a los barcos para su entrada y salida segura de los puertos. Uno de los tripulantes fue atendido en un hospital por una herida leve, agregó en un comunicado el miércoles.

El buque es propiedad de Grace Ocean Private Ltd. y el gigante naviero danés Maersk dijo que lo había fletado.

El Dalí, de 300 metros (985 pies) de largo, se dirigía desde Baltimore a Colombo, Sri Lanka, y navega con bandera de Singapur, según datos de Marine Traffic.

El portacontenedores había superado inspecciones portuarias en junio y septiembre de 2023. En la primera, se rectificó un medidor de presión de combustible defectuoso antes de zarpar, indicó la autoridad portuaria de Singapur en un comunicado el miércoles.
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Agencias

Barco de carga se estrella contra un importante puente en Baltimore

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EP New York | Baltimore

Barco de carga se estrella contra un importante puente en Baltimore

BALTIMORE, Maryland, EE.UU. — Un barco de carga perdió potencia y se estrelló contra un importante puente en Baltimore la madrugada del martes, lo que hizo que la infraestructura se partiera y cayera al agua. Varios vehículos se precipitaron a las frías aguas del río y los rescatistas buscaban al menos a seis personas.

Los operadores del buque emitieron una llamada de socorro momentos antes del accidente que derribó el Puente Francis Scott Key, lo que permitió a las autoridades limitar el tráfico de vehículos en el tramo, dijo el gobernador de Maryland.

El barco se estrelló contra uno de los soportes del puente, provocando que la estructura se rompiera como un juguete. Cayó al agua en cuestión de segundos, un espectáculo impactante que fue capturado en video y publicado en las redes sociales. El barco se incendió y de él salió un humo denso y negro.

El accidente ocurrió mucho antes de la ajetreada hora pico de la mañana. Dos personas fueron rescatadas y las autoridades buscaban a seis más. Se cree que todos estaban trabajando en el puente cuando se derrumbó.

“Jamás me imaginé que vería ver, verlo físicamente, al Puente Key derrumbarse así. Pareció algo salido de una película de acción”, expresó el alcalde de Baltimore, Brandon Scott, calificándolo de “una tragedia inimaginable”.

Las autoridades dijeron que una cuadrilla de trabajadores de tamaño desconocido estaba laborando en el puente en ese momento y que el sonar detectó vehículos en las aguas, que tienen allí una profundidad de 15 metros (50 pies). La temperatura en el río era de unos 8 grados Celsius (47 Fahrenheit) en la madrugada del martes, según una boya que recopila datos para la Administración Oceánica y Atmosférica.

Poco antes, Kevin Cartwright, director de comunicaciones del Departamento de Bomberos de Baltimore, dijo a The Associated Press que había varios vehículos en el puente en ese momento, incluyendo del tamaño de un camión con remolque. El derrumbe ocurrió en la madrugada, antes de la hora pico matutina cuando miles de vehículos suelen usar ese puente.

Synergy Marine Group —la empresa propietaria y administradora de la embarcación, llamada “Dalí”— confirmó que el carguero chocó contra un pilar del puente alrededor de las 1:30 de la madrugada mientras estaba bajo el control de uno o más pilotos, que son especialistas locales que ayudan a navegar embarcaciones y adentrarlas en los puertos. Añadió que la tripulación, incluyendo los capitanes, estaban localizados y no se reportaron heridos. El buque es propiedad de Grace Ocean Private Ltd.

A medida que salía el sol, se empezaron a ver trozos del puente en el agua. La rampa de ingreso al puente terminaba abruptamente en el punto donde antes comenzaba la transversal.

Cartwright dijo que al parecer quedaron unos algunos contenedores de carga guindando del puente, que se extiende sobre el río Patapsco a la entrada de un puerto muy transitado. El río desemboca al puerto de Baltimore, un importante centro de mercancías en la costa este norteamericana. El puente inaugurado en 1977 y bautizado con el nombre del compositor del himno nacional estadounidense, “The Star-Spangled Banner”.

El secretario de Transporte de Maryland, Paul Wiedefeld, dijo que todo el tráfico marítimo hacia o desde el puerto sería suspendido hasta nuevo aviso, aunque se permitiría la entrada de camiones. El FBI estaba en el lugar, pero se dijo que no había información creíble que sugiriera terrorismo. También se estaba informando al presidente Joe Biden.

El gobernador de Maryland, Wes Moore, declaró el estado de emergencia y dijo que estaba trabajando para movilizar a las fuerzas federales.

El Dalí iba de Baltimore a Colombo, Sri Lanka, bajo bandera de Singapur, según data de Marine Traffic. El buque contenedor tiene unos 300 metros (985 pies) de largo y unos 48 metros (157 pies) de ancho, según ese website.

La empresa naviera danesa Maersk dijo que había fletado la nave, que llevaba la carga de sus clientes. No había a bordo ningún tripulante de Maersk. El suceso hizo caer las acciones de Maersk en el mercado Nasdaq-Copenhague 2% en la mañana.

En 2001, un tren de mercancías que transportaba materiales peligrosos descarriló en un túnel en el centro de Baltimore y se incendió, arrojando un humo negro sobre vecindarios próximos y obligando a las autoridades a cerrar temporalmente todos los principales accesos a la ciudad.

 

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Nuevo chantaje nuclear de Putin alerta a occidente

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EP New York | Rusia vs Ucrania

Entre el ajedrez y el chantaje: las nuevas amenazas nucleares de Vladimir Putin

El líder de Rusia sabe que sus oponentes, liderados por el presidente Joe Biden, son los que más temen una escalada del conflicto.

El presidente Vladimir Putin ha amenazado con recurrir al arsenal de armas nucleares de Rusia en tres ocasiones durante los últimos dos años: una vez al comienzo de la guerra contra Ucrania hace dos años, otra cuando estaba perdiendo terreno y de nuevo el jueves, cuando percibe que está mermando las defensas de Ucrania y la determinación estadounidense.

En todos los casos, la beligerancia ha servido para el mismo propósito. Putin sabe que sus oponentes, liderados por el presidente Joe Biden, son los que más temen una escalada del conflicto. Incluso las bravatas nucleares sirven para recordarles a sus numerosos adversarios sobre los riesgos de presionarlo demasiado.

Pero el discurso, equivalente al Estado de la Unión de EE. UU., que Putin pronunció el jueves también contenía algunos elementos nuevos. No solo señaló que redoblaba su “operación militar especial” en Ucrania. También dejó claro que no tenía intención de renegociar el último gran tratado de control de armamentos en vigor con Estados Unidos —que expira en menos de dos años—, a menos que el nuevo acuerdo decida el destino de Ucrania, presumiblemente con gran parte del mismo en manos de Rusia.

Algunos lo llamarían ajedrez nuclear, otros chantaje nuclear. En la insistencia de Putin acerca de que los controles nucleares, y la existencia continuada del Estado ucraniano deben decidirse de manera conjunta, está implícita la amenaza de que el líder ruso estaría encantado de dejar expirar todos los límites actuales sobre las armas estratégicas desplegadas. Eso lo liberaría para usar tantas armas nucleares como quisiera.

Y aunque Putin dijo que no tenía interés en emprender otra carrera armamentística, algo que contribuyó a la bancarrota de la Unión Soviética, la implicación era que Estados Unidos y Rusia, que ya se encuentran en un constante estado de confrontación, volverían a la peor competencia de la Guerra Fría.

“Estamos tratando con un Estado —dijo, refiriéndose a Estados Unidos— cuyos círculos dirigentes están emprendiendo acciones abiertamente hostiles contra nosotros. ¿Y qué?”.

“¿Van a discutir seriamente con nosotros temas de estabilidad estratégica”, añadió, utilizando el término para referirse a los acuerdos sobre controles nucleares, “mientras que al mismo tiempo intentan infligir, como ellos mismos dicen, una ‘derrota estratégica’ a Rusia en el campo de batalla?”.

Con esos comentarios, Putin subrayó uno de los aspectos distintivos y más inquietantes de la guerra en Ucrania. Una y otra vez, sus altos mandos militares y estrategas han hablado del uso de armas nucleares como el próximo paso lógico si sus fuerzas convencionales resultan insuficientes en el campo de batalla, o si necesitan ahuyentar una intervención occidental.

Esa estrategia es coherente con la doctrina militar rusa. Y en los primeros días de la guerra en Ucrania, asustó claramente al gobierno de Joe Biden y a los aliados de la OTAN en Europa, quienes dudaron en proporcionar misiles de largo alcance, tanques y aviones de combate a Ucrania por temor a que esto desencadenara una respuesta nuclear o hiciera que Rusia atacara más allá de las fronteras de Ucrania, en territorio de la OTAN.

En octubre de 2022, surgió un segundo aspecto sobre el posible uso de armas nucleares por parte de Rusia, no solo por las declaraciones de Putin, sino por informes de los servicios de inteligencia estadounidenses que sugerían que podrían utilizarse armas nucleares en el campo de batalla contra bases militares ucranianas. Tras unas semanas de tensión, la crisis disminuyó.

En el año y medio transcurrido desde entonces, Biden y sus aliados han ido confiando cada vez más en que, a pesar de todas las fanfarronadas de Putin, no quería enfrentarse a la OTAN y sus fuerzas. Pero cada vez que el dirigente ruso invoca sus poderes nucleares, se desencadena una oleada de temor de que, si se le lleva demasiado lejos, podría demostrar su voluntad de hacer estallar un arma, tal vez en un lugar remoto, para hacer retroceder a sus adversarios.

“En este entorno, Putin podría volver a agitar el sable nuclear, y sería una tontería descartar por completo los riesgos de escalada”, escribió recientemente en Foreign Affairs William J. Burns, director de la CIA y exembajador de EE. UU. en Rusia cuando Putin asumió inicialmente el cargo. “Pero sería igualmente insensato dejarse intimidar innecesariamente por ellos”.

En su discurso, Putin presentó a Rusia como el Estado agredido y no como el agresor. “Ellos mismos eligen los objetivos para atacar nuestro territorio”, dijo. “Empezaron a hablar de la posibilidad de enviar contingentes militares de la OTAN a Ucrania”.

Esa posibilidad fue planteada por el presidente de Francia, Emmanuel Macron, esta semana. Mientras la mayoría de los aliados de la OTAN hablan de ayudar a Ucrania a defenderse, dijo, “la derrota de Rusia es indispensable para la seguridad y la estabilidad de Europa”. Pero la posibilidad de enviar soldados a Ucrania fue descartada de inmediato por Estados Unidos, Alemania y otros países (Macron le hizo el juego a Putin, según algunos analistas, al exponer las divisiones entre los aliados).

Sin embargo, Putin puede haber intuido que era un momento especialmente propicio para sondear cuán profundos eran los temores de Occidente. La reciente declaración del expresidente Donald Trump de que Rusia podía hacer “lo que le diera la gana” a un país de la OTAN que no contribuyera con los recursos necesarios para la defensa colectiva de la alianza, y de que él no respondería, se hizo sentir profundamente en toda Europa. También lo ha hecho la negativa del Congreso, hasta ahora, para proporcionar más armas a Ucrania.

Es posible que el dirigente ruso también estuviera respondiendo a las especulaciones de que Estados Unidos, preocupado porque Ucrania parece encaminada a la derrota, podría proporcionar misiles de mayor alcance a Kiev o confiscar los 300.000 millones de dólares de activos rusos congelados desde hace tiempo que ahora se encuentran en bancos occidentales y entregárselos al presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski, para que compre más armas.

Cualquiera que haya sido el detonante, el mensaje de Putin fue claro: considera la victoria en Ucrania como una lucha existencial, fundamental para su gran plan de restaurar la gloria de los días en que Pedro el Grande gobernó en el apogeo del Imperio ruso. Y cuando una lucha se considera una guerra de supervivencia y no una guerra de elección, el salto a discutir el uso de armas nucleares es pequeño.

Su apuesta es que Estados Unidos se dirige en la otra dirección, volviéndose más aislacionista, más reacio a enfrentarse a las amenazas de Rusia y, desde luego, sin mostrar interés frente a las amenazas nucleares rusas como hicieron los presidentes John F. Kennedy en 1962 o Ronald Reagan en los últimos días de la Unión Soviética.

El hecho de que los actuales dirigentes republicanos, que habían suministrado armas a Ucrania con entusiasmo durante el primer año y medio de guerra, hayan atendido ahora los llamados de Trump para cortar ese flujo puede ser la mejor noticia que Putin ha recibido en dos años.

“Cada vez que los rusos recurren a la beligerancia nuclear, es señal de que reconocen que aún no tienen la capacidad militar convencional que creían tener”, declaró el jueves en una entrevista Ernest J. Moniz, ex secretario de Energía del gobierno de Obama y actual director ejecutivo de la Iniciativa contra la Amenaza Nuclear, una organización que trabaja para reducir las amenazas nucleares y biológicas.

“Pero eso significa que su postura nuclear es algo en lo que confían cada vez más”, dijo. Y “eso amplifica el riesgo”.


Publicado en NYT por David E. Sanger periodista del Times durante más de cuatro décadas

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