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CUBA: ¡Socialismo o Muerte! , un anacronismo interminable y absurdo

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EP New York/opinión

La Revolución cubana da muestras desde hace años de una falta de perspectivas vitales que a estas alturas de la historia resulta un anacronismo histórico  interminable, inexplicable y absurdo.


 

por Ricardo Angoso

Lo interminable e inexplicable

Interminable porque sesenta años de absurda e inútil Revolución solo han conseguido la destrucción total y material de un nación arrastrada a un proceso absolutamente fracasado en todos los aspectos de la vida, pero especialmente en lo económico y en lo social. E inexplicable porque no se puede entender la estupidez y la testarudez de un régimen anclado en un modelo ineficiente, ineficaz y que ya demostró durante la larga noche comunista que también padeció Europa su absoluto fracaso y la incompetencia total a la hora de generar prosperidad, riqueza y bienestar. Los pueblos de Europa del Este y de la extinta Unión Soviética que padecieron la satrapía socialista durante décadas bien saben de ese naufragio.

Cuba, materialmente, está que se cae a pedazos. La Habana es hoy un paisaje posbélico porque en todos los rincones asoma la destrucción, la desidia, el abandono, la ruina física, la suciedad, el oxido y la miseria, como un cóctel infernal que acabó consumiendo todo y sirve de fondo a una decoración apocalíptica que no es más que la triste realidad de este socialismo surrealista, estúpido hasta la médula y fracasado. Los cubanos, como si ya no fuera con ellos está guerra y se hubieran acostumbrado a la presencia de lo absurdo, pasean como zombies por las calles ajenos al desastre y a la destrucción causada por esta guerra lanzada contra el sentido común y la inteligencia.

Ni siquiera se asombran del daño causado por la ceguera de unos dirigentes incompetentes e ineptos, sino que se muestran ausentes y distantes ante la catástrofe, como si no fuera con ellos y nada ya se pudiera hacer ante lo inevitable. Nadie entiende el absurdidad de un sistema empecinado en seguir repitiendo año tras año los mismos errores.

En este ambiente, que tiene algo de teatro u opera bufa de mal gusto, luego resuenan como una broma los eslóganes que de vez en cuando aparecen en las hediondas paredes de La Habana. “Hasta la victoria siempre”, reza un gran mural con la imagen del Che Guevara, uno de los principales “planificadores” del desastre económico en que se convirtió Cuba tras la Revolución, allá por el año 1959. Luego hay otros eslóganes no menos estúpidos como “unidos hasta la victoria” o “¡socialismo o muerte!”, una redundancia sin sentido pues ambas cosas tienen el mismo significado.

Esos eslóganes vacíos, carentes de sentido tras años de absurdos planes, rectificaciones inútiles que siempre iban por el peor de los caminos, anuncios de nuevos cambios y estrambóticas noticias sobre proyectos destinados al mar de los fracasos, ya han dejado de tener sentido entre los cubanos de a pie más preocupados de la carencia generalizada de productos básicos, especialmente alimentos que llevarse a la boca, y los incesantes cortes de los servicios fundamentales, como el agua y la luz. El internet está absolutamente restringido, claro. En los escasos supermercados cubanos no se encuentra casi nada y cuando se encuentra algo, aunque no lo necesites, hay que comprarlo porque seguramente se acabará en un rato y no volverá a aparecer con certeza en años. Eslóganes vacíos como los supermercados, palabras huecas destinadas al consumo fácil mientras los estantes llevan años sin objetos básicos. El cuentico de la Revolución cubana ya no se lo cree nadie, hace años que las fábulas revolucionarias del realismo socialista que presentaban como unos idealistas a los líderes revolucionarios de la Sierra Maestra  no cuelan ni se las traga ningún cubano en pleno juicio; nada más llegar a La Habana comenzaron los paredones de fusilamiento sin contemplaciones y las absurdas expropiaciones que llevaron al actual caos. Una pandilla de criminales que acabaron con todo soplo de libertad y democracia, como anhelaban entonces millones de cubanos que fueron absolutamente defraudados y engañados por unos dirigentes sin escrúpulos henchidos de gloria y ansias de poder.

En Cuba se ensayaron todas las fórmulas del socialismo real para destruir de una forma implacable y casi irreversible la economía.Se expropiaron todos los  negocios privados, se nacionalizaron todas las industrias, hoteles, restaurantes y hasta bares, se acabó con las propiedades agrícolas para fundar inútiles cooperativas, se pusieron restricciones a todas las formas de iniciativa privada y se ahogó cualquier forma de inversión extranjera para así, de una forma definitiva, estrangular a todo el sistema productivo y abocarlo a una suerte de socialismo desde arriba que llevó al país al colapso y a la destrucción total de la economía, tal como millones de cubanos han comprobado en estos sesenta años de tedioso comunismo y economía absurdamente planificada de la peor de las formas.

TRES MILLONES DE CUBANOS EN EL EXTERIOR

Los únicos que tuvieron suerte en Cuba fueron los que se marcharon. Lo hicieron por millones y  nunca más regresaron a la isla-prisión fundada por los doctores Castro, un experimento único en el mundo por el cual se arruina un país en unos años y se convierte en un auténtico infierno. Se calcula que hay unos tres millones de cubanos que se han marchado de la isla a través de toda suerte de medios, desde improvisados buques y naves caseras hechas a base de neumáticos o en aviones cuando participaban en viajes oficiales de todo tipo y aprovechaban la primera escala para abandonar el “paraíso socialista”. Dos terceras partes de los que se han marchado residen en el oprobioso “imperio” pero donde al menos se come, bebe, duerme y se lleva una vida tranquila alejada de los vaivenes y las pesadillas del socialismo real. Nadie regresa al infierno cubano, nadie, absolutamente nadie, lo cual dice mucho de como se debe vivir en el odiado “imperio” y como se vive en esa gran ergástula anclada en el mar Caribe que algunos todavía llaman Cuba.

Y los que no se han ido es porque no han podido o les han denegado la visa para irse al “imperio”, pero todo el mundo quiere irse y tiene la vista puesta en la otra orilla, en Florida, donde viven sus amigos o familiares que les cuentan las mil y una maravillas del “infierno” norteamericano. Les explican que allá no se va la luz, que hay agua todos los días, que los supermercados están abastecidos y abren las 24 horas del día y que incluso el internet funciona a cualquier hora sin problemas con la conexión ni restricciones. Les hablan de que llevan una vida normal, que comen tres veces al día y que no hay que hacer interminables colas para conseguir algo de comida para llevársela a la boca. Todo eso se lo cuentan en persona y los confundidos cubanos, padeciendo sesenta años esa locura, se quedan boquiabiertos y no saben qué decir. Les han repetido miles de veces  estúpidas consignas que ya nadie cree.

“¡Socialismo o muerte!” es una broma macabra ideada por un régimen que ya condenó a once millones de sufridos cubanos a la muerte en vida o irse para siempre a la otra orilla, a la del “imperio”, para al menos seguir viviendo de una forma normal. Fidel Castro, la historia nunca te absolverá, te sigue condenando día a día.


Otros temas de Ricardo angoso: Bienvenido AMLO , México lindo te espera

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Enrique Santiago , un peligro inminente para la democracia de España

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EP EE.UU/Opinión 

¿QUIÉN ES ENRIQUE SANTIAGO QUE OCUPARÁ UN ALTO CARGO EN EL GOBIERNO DE ESPAÑA?

por Ricardo Angoso

El nombramiento del Secretario General del Partido Comunista de España, Enrique Santiago, para un alto cargo del gobierno del Reino de España es realmente preocupante, el emblema de esta época decadente y gris por la que atraviesa nuestro país y que nos ha llevado a uno de los peores momentos de nuestra joven democracia. Santiago, aparte de haber sido asesor de la organización terrorista y criminal Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), considera que el Estado de Israel es una entidad terrorista que atropella los derechos humanos y que no tiene, como piensan todavía muchos izquierdistas en España, ningún derecho a su existencia pacífica.

El sujeto, tal como ha colocado en muchos de sus comentarios en Twitter, considera legítimos los ataques terroristas de Hamas y Hezbollah contra objetivos civiles israelíes, ataca sin piedad a los líderes de Israel elegidos democráticamente y considera casi como unos héroes a los asesinos que siembran y han sembrado el terror en el Estado hebreo durante décadas. Muchos jóvenes palestinos asentados en España, que comulgan con esas ideas, se han integrado en Izquierda Unida -la coalición de la cual forman parte los comunistas españoles- y se movilizan periódicamente contra Israel en las calles españolas y a favor del movimiento BDS (Boicot, Desinversiones y Sanciones es un movimiento propalestino que aboga por una campaña global para incrementar la presión económica contra el Estado hebreo). También ha apoyado la legitimidad de la violencia política en Colombia, más concretamente de las FARC, y es una de las escasas voces que todavía defiende la dictadura comunista cubana en España sin pudor alguno.

Lo preocupante del asunto es que salvo una breve nota en Twitter de la organización ACOM, que se dedica a denunciar actos antisemitas, la noticia ha pasado desapercibida cuando no tenía que haber sido así, dada las intensidad y la profusión, cada vez mayor, de actos antisemitas en España, como la cada vez más insistente aparición de pintadas antisemitas en varias ciudades del país y la reciente profanación de un conocido cementerio hebreo en Madrid.

A este nombramiento, ya de por sí lamentable, se le viene a unir la noticia que no concitó la rotunda condena social y política que hubiera merecido el reciente alegado antisemita de una joven fascista en un acto de homenaje a la División Azul, asunto ha volvió a encender las alarmas en la comunidad judía española. La joven fascista, de nombre Isabel Peralta, emulando quizá a Ramón Serrano Suñer cuando despidiendo a la División Azul lanzó su grito de guerra de que “Rusia es culpable”, fue jaleada por tres centenares de neonazis cuando aseguró que “el judío es culpable”. Luego esta horda neonazi se manifestó impunemente en un barrio de Madrid sin que la policía, siempre tan atenta a otras cosas menores, hiciera acto de presencia.

Todos los partidos políticos, desde Vox hasta el PSOE, condenaron la lamentable arenga, aunque si ir más allá, como haber demandado medidas legislativas y punitivas para perseguir tales actos. Lo que no quedó tan claro es de que son culpables los judíos. El partido político Podemos, del que forma parte el susodicho Santiago, por su parte, hasta el día de hoy no ha condenado los hechos, algo habitual y lógico en esta formación financiada por Irán y con nexos conocidos con Hamas, Hezbollah y otras organizaciones antisemitas. También se ha demostrado con todo lujo de detalles que reciben dinero del sátrapa venezolano, Nicolás Maduro, otro notable enemigo de Israel y aliado de Irán en la escena internacional. El nuevo antisionismo es el antisemitismo del siglo XXI, habiendo un hilo conductor entre el viejo nazismo que no ha muerto y los nuevos defensores de la causa palestina. Odiar a Israel es más progre, claramente, que atacar a los judíos porque ellos, tan nobles en sus ideas, no son supuestamente racistas.

Pese a la presencia de Podemos en el gobierno, eso no fue óbice para que la ministra de Exteriores de España, Arancha González Laya, visitará Israel el pasado mes de diciembre y que aprovechará  la ocasión para defender la necesidad del diálogo entre israelíes y palestinos, algo que manifestó con vehemencia en todos sus encuentros con representantes del ejecutivo israelí. En su opinión, un acuerdo entre las partes debería estar en consonancia con el “espíritu de la conferencia de Madrid”, celebrada hace ya casi tres décadas, y también con la vieja fórmula que pasa por “la solución de los dos Estados”. Posiciones que están, desde luego, en las antípodas de lo que postula Podemos oficialmente, mucho más cercanas a las tesis terroristas de algunos grupos palestinos que la invocación a un diálogo al día de hoy casi imposible por muchos motivos que desbordarían el interés de esta nota.


RICARDO ANGOSO GARCÍA
Coordinador del Foro Ideas para la Democracia:

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El otro “holocausto” desconocido en los campos de concentración Nazis

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EP EE.UU./ opinión

EL HOLOCAUSTO DESCONOCIDO: GAYS EN LOS CAMPOS DE CONCENTRACIÓN NAZIS

El 27 de enero es el día internacional en recuerdo a las víctimas del Holocausto, entre las que se encontraban, aparte de los judíos, miles de gitanos, prisioneros de guerra, opositores al nazismo y los siempre olvidados de esta historia: los gays.

por RICARDO ANGOSO

El 30 de enero de 1933, Adolfo Hitler fue nombrado canciller de Alemania tras haber ganado unas elecciones democráticas y habiéndose rendido el país a sus pies. En apenas unos meses, la maquinaría nazi creada por Hitler y sus acólitos cerraría el

parlamento, ilegalizaría los partidos políticos y los sindicatos e iniciaría la persecución de judíos, homosexuales, disidentes políticos, gitanos y “elementos antisociales”. La policía política del nuevo régimen, la Gestapo, crearía todo un tejido de informadores, colaboradores y simples acusadores voluntarios que convertirían a toda Alemania y los territorios que más tarde ocuparía en una gran cárcel. Nada ni nadie debía escapar a su absoluto control sobre la vida y la muerte. Había comenzado una de las mayores pesadillas de la historia de la humanidad: el régimen nazi.

Como era de prever, la homosexualidad, que antes de la llegada de Hitler al poder era tolerada por las autoridades, sería considerada por el nazismo como uno de los delitos más graves que un hombre podía cometer. Miles de alemanes y austriacos pasarían por los campos de concentración nazis por el simple hecho de ser homosexuales; tras la guerra, al ser criminalizados por la misma sociedad que un día les encerró, ni siquiera pedirían reclamaciones y el reconocimiento de la persecución que sufrieron. Aparte de ser recluidos por su condición y orientación sexual, fueron doblemente condenados al sufrir el olvido para siempre.

La doctrina oficial del nazismo sobre este asunto la dejó bien sintetizada y explicitada el propio Adolfo Hitler en uno de sus discursos: “La homosexualidad hace encallar todo rendimiento, destruye todo sistema basado en el rendimiento. Y a esto se añade el hecho de que un homosexual es un hombre radicalmente enfermo en el plano psíquico. Es débil y se muestra flojo en todos los casos decisivos… Nosotros debemos comprender que si este vicio continua expandiéndose en Alemania sin que lo combatamos, será el final de Alemania, el fin del mundo germánico.Hay que abatir esta peste mediante la muerte”.

Las primeras medidas contra los homosexuales

Muy pronto comenzó en la Alemania la represión de la vida homosexual. Un mes después de la llegada de Hitler al poder, en febrero de 1933, todos los bares gays de Berlín son cerrados por órdenes de las nuevas autoridades nazis. Lo mismo ocurriría con los bares gays de otras ciudades alemanas, que como Bremen, Hamburgo y Munich también poseían una rica vida nocturna.

Un año más tarde de la llegada de Hitler al poder, en 1934, la Gestapo crea una división especializada en la persecución a los homosexuales. La primera medida impulsada por esta nueva sección policial fue elaboración de las denominadas “listas rosas” con la ayuda de los servicios secretos y la policía. Miles de gays serían fichados y los primeros detenidos por esta causa eran duramente torturados para que delataran a otros y así ir ampliando la lista de “degenerados” y “antialemanes”.

Dos años más tarde del año cero del régimen, en septiembre de 1935, y en plena campaña represiva de los nazis contra sus oponentes y los elementos “antisociales” y “degenerados”, se promulgan las primeras leyes antihomosexuales, que comprenden duras penas y cargas a los que sean detenidos por esta causa. A partir de este momento, pero sobre todo desde 1936, comienzan las primeras persecuciones sistemáticas y organizadas contra los homosexuales.

Sin embargo, las mayores persecuciones y detenciones arbitrarias se producirían entre 1937 y 1939, donde miles de hombres serían detenidos, encarcelados, torturados, vejados e internados en prisiones o campos de concentración. El nazismo se ensañó especialmente con los homosexuales, que eran señalados con un triángulo rosa en los lugares donde cumplían sus condenas para que así fueran reconocidos por los otros presos y sufrieran la ira y las continuas agresiones de los otros reclusos, tal como han relatado muchos de los supervivientes de esta tragedia. Para el nazismo, los gays eran junto los judíos la “escoria social” más baja.

Nazismo y homosexualidad

Pese a todo, y paradójicamente, en el Partido Nacional Socialista (NSDAP) había numerosos homosexuales y algunos muy notorios, como el jefe de las Secciones de Asalto (SA) del movimiento nazi, Ernst Röhm. Amigo íntimo de Hitler y buen conocedor de todas las intrigas y miserias del régimen, Röhm se convirtió en un elemento molesto para el nazismo y en el depositario de demasiada información y, quizá, de algún secreto que el líder máximo de la causa no quería que nadie conociese.

Pero las cosas cambiaron súbitamente para las Secciones de Asalto y su máximo jefe. Hilter inicialmente protegió a Röhm de otros elementos del régimen que consideraban su homosexualidad como una violación de la estricta política del partido contra los homosexuales. Sin embargo, un tiempo después Hitler creyó ver en Röhm una amenaza a su poder o, quizá, un hombre molesto porque conocía un pasado que pretendía ocultar a toda costa. Y así, de la noche a la mañana, la suerte de Röhm estaría echada.

El 28 de junio de 1934, en un episodio que es conocido como la  Noche de los Cuchillos Largos, Hitler ordena el asesinato de Röhm y de todos sus partidarios. A una semana del hecho, Hitler invoca la homosexualidad de hasta entonces amigo para justificar su asesinato y el de todos sus seguidores. También anuncia que el partido nazi será “limpiado” para siempre de homosexuales, a los que acusa de antialemanes, y disuelve las Secciones de Asalto.

Los campos de  la muerte

Se calcula que entre 10.000 y 15.000 homosexuales serían enviados a los campos de la muerte, donde los hombres que eran obligados a llevar el triángulo rosa eran especialmente maltratados por los guardias. También fueron objeto de crueles experimentos médicos. Estos experimentos eran tolerados y ordenados por el mismo jefe de las SS, Himmler, y su estado mayor, quienes consideraban una cuestión de honor convertir a estos “elementos antisociales” en alemanes de primera.

Esta difícil situación para los miles de gays de Alemania y los territorios ocupados llevaría a miles de dramas humanos. Aparte de la cárcel y los campos, miles de personas huirían de su país para siempre, muchos se suicidaron y otros miles fueron obligados a llevar una doble vida, incluso casándose, en el “paraíso” nazi. La sociedad alemana de entonces, cargada de complacencia, prefería mirar para otro lado antes de condenar la barbarie de un sistema brutal y terrible. Resulta increíble que hasta una fecha tan tardía como 1944 los militares alemanes no preparasen una conjura para eliminar de la escena a Hilter. Justo un año antes de la miserable y nada heroica caída del régimen nazi.

En 1945 cae el régimen nazi a merced de la derrota alemana en la guerra y el mundo descubre la gran vergüenza de los campos de concentración, pero para los gays no cambian mucho las cosas. Tras la guerra, los presos gays  que habían estado en los campos fueron considerados por las nuevas autoridades alemanas como “criminales”, pues la homosexualidad seguía prohibida en las dos Alemanias, y, por tanto, quedaban exentos de recibir ninguna indemnización por los años pasados en el infierno nazi. Tampoco sus familias pudieron reclamar ninguna pensión, pues eran un grupo considerado al margen de los demás. Tan sólo en la década de los sesenta y los sesenta algunos hombres del triángulo rosa se atrevieron a contar sus padecimientos y dar testimonio de su silencio sufrimiento durante décadas.

Incluso se da el vergonzoso hecho que después de que los campos fueron liberados al final de la Segunda Guerra Mundial, muchos de los prisioneros encarcelados por homosexualidad fueron reencarcelados por la República Federal Alemana (RFA) establecida por los aliados. Las enmiendas nazis al artículo 175, que convirtieron la homosexualidad de un delito menor en un delito grave, permanecieron intactas en la Alemania comunista hasta 1968 y en la democrática hasta 1969.

Aunque hay datos contradictorios entre las distintas fuentes históricas, una estimación objetiva y más o menos realista cifraría en unos 100.000 los homosexuales alemanes que fueron detenidos entre 1933 y 1945, año en que los aliados liberan los campos y ponen fin a la pesadilla nazi. Unos 50.000 de estos detenidos serían enviados por los nazis a centros de reeducación, cárceles comunes y un pequeño grupo que oscilaría entre los 10.000 y los 15.000 pasaría por los campos de la muerte. Algo más de 10.000 morirían en estos recintos del horror y la muerte.

Sesenta años después de que las tropas soviéticas y aliadas liberaran los campos de concentración y descubrieran, tras aquellas rejas, el horror y la maquinaría del crimen creada por los nazis, los homosexuales, los grandes olvidados de toda esta historia, eran relativamente reconocidos por poderes públicos y las instituciones europeas. Desgraciadamente, la mayor parte de ellos nunca tuvo conocimiento de este tardío homenaje a sus sufrimientos, pues bien o pereció en los campos de la muerte o murió antes de estos ejercicios de reconocimiento a las víctimas. Tan sólo unas decenas de estos homosexuales que sufrieron tantas penalidades y torturas han podido ver como llegaba el día en que eran públicamente reconocidos por la sociedad alemana y otras instituciones.


RICARDO ANGOSO GARCÍA
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Ciencia y Tecnología

Bienvenido siglo XXI , el siglo de la aparente normalidad

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EP New York/ opinión

EL SIGLO XX HA MUERTO, ¡BIENVENIDOS AL SIGLO XXI!

El covid-19 nos ha revelado, de una forma brutal y trágica, que nuestra aparente normalidad era una sensación artificial y también ha puesto sobre la mesa la vulnerabilidad de la especie humana. ¡Bienvenidos al siglo XXI!

EL SIGLO XX HA MUERTO, ¡BIENVENIDOS AL SIGLO XXI!

Por : Ricardo Angoso

El covid-19 nos ha revelado, de una forma brutal y trágica, que nuestra aparente normalidad era una sensación artificial y también ha puesto sobre la mesa la vulnerabilidad de la especie humana. ¡Bienvenidos al siglo XXI!

El mundo daba vueltas sobre su eje plácidamente y ajeno a los nuevos retos y desafíos que estaban por venir, mientras sus habitantes disfrutaban, sin apenas saberlo, de la monótona tranquilidad que consiste en vivir ajeno a la gran tormenta que se está largando en las alturas. Así se sucedía la vida, como si fuera un río que se conduce a través de las fértiles tierras sin mirar hacia atrás, hasta la aparición de un hecho inesperado, de un silencioso trueno que vino a turbar nuestra frágil paz y anodina existencia.

En apenas unas semanas, las que van desde los primeros días de enero hasta mediados de marzo, en que ya medio planeta estaba confinado, el mundo cambió para siempre sin que sus aterrorizados moradores apenas lo intuyeran en esos momentos. El planeta cesó su actividad, los hombres invernaron en sus casas, esperando mejores días, y el virus, acechante con su hacha de muerte, se propagaba con una velocidad “exponencial”, al menos eso decían los expertos, y dejaba un reguero interminable de fallecidos, afectados y enfermos.

Pero, incluso, los que no enfermaban también estaban enfermos pero de otra forma, alimentando su paranoia con el miedo, la angustia, el insomnio y una larga espera que nunca tenía fin, pues, en definitiva, nadie sabía lo que estaba esperando.Eramos, quizá como en ese poema de Pessoa, aquellos que siempre  aguardaron que les abrieran la puerta frente a un muro que no tenía puerta. No había otra salida que esa salida, es decir, era un juego de suma cero de imposible resolución o un viaje hacia ninguna parte porque no había un destino donde llegar. Qué locura tan irracional.

PUNTO Y FINAL AL SIGLO XX

Este manotazo homicida, este rayo asesino y desolador, nos despertó de nuestro letargo, de nuestra falsa tranquilidad, y puso el punto y final a un siglo XX sosegado y convencional que se alargó durante veinte anodinos años. Quizá esta pandemia es nuestra definitiva entrada en la modernidad, descubriendo,  de la forma más brutal y demoledora, cuán frágil era nuestra aparente normalidad, pero también para revelarnos, de una manera vertiginosa y con la velocidad de un rayo supersónico, qué vulnerables éramos. Qué frágiles, en definitiva, éramos, como leños perdidos que el mar anega o levanta caprichosamente, tal como habría dicho el genial Luis Cernuda.

Lo que nos ha pasado en los últimos meses, cuarentenas, confinamientos, estado de alarma y millones de fallecidos en el camino, nos ha revelado la verdadera dimensión del ser humano, su debilidad ante las nuevos amenazas no computadas con anterioridad y ante hechos que se le escapan  a su comprensión, como ha ocurrido ahora con la pandemia del covid-19. Esta crisis nos turba, nos ha cambiado para siempre sin saberlo, y ha puesto una nota de color, aunque sea de negro luto, a este siglo que ahora sí comienza verdaderamente.

Son ya muchos los que han dicho que siempre habrá un antes y después de esta crisis, que el mundo no volverá a ser el mismo y que nuestros destinos, para siempre, estarán marcados con la señal casi diabólica del 2020, un año para el desván del olvido y que deberíamos resetear de nuestra memoria colectiva. El siglo XXI ha irrumpido en la cacharrería de la historia con estruendo y causando estupor entre todos nosotros, que no alcanzamos a explicarnos qué está pasando y sustrayéndonos del mundo lógico y normal que conocíamos hasta hace apenas unos meses, en que no sabíamos que el mundo iba a cambiar para siempre en unas cortas semanas. Continuará en el 2021.

RICARDO ANGOSO GARCÍA
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