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El Reino Unido tras el Brexit , entre la apatía y la incertidumbre

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EP New York/opinión

El país vive la llegada del Brexit con aparente normalidad, pero nadie sabe a ciencia cierta qué pasará después del periodo de transición fijado entre esta milenaria nación y la Unión Europea (UE), que durará hasta el 31 de enero del presente año. No hay miedo, pero si el temor a que el nivel de vida se deteriore y el país entre en un periodo incierto.

por Ricardo Angoso

Cuando apenas han pasado unas semanas desde la salida del Reino Unido de la Unión Europea (UE), la normalidad es total en el Reino Unido después de meses de un eterno debate que parecía no tener fin, pero la incertidumbre sigue dominando en los mercados y en las empresas y nadie sabe qué pasará en el largo plazo tras esta ruptura que pone fin a un “matrimonio” que duró 47 años. La incertidumbre gravita entre los británicos que todavía no saben a ciencia cierta la incidencia que tendrá esta abrupta ruptura en sus vidas y en las de las futuras generaciones, aunque también piensan en sus bolsillos y ahí, precisamente, es donde más duele.

“Muchas empresas siguen pensando en cambiar sus oficinas y trasladarse a Europa, bien sea a Madrid, Dublín o Bruselas, pero nadie sabe a ciencia cierta qué pasará el día después del periodo de transición y los planes de contingencia, como suele ocurrir siempre, cambian según pasan los días”, me cuenta un empleado español de City Bank rumbo al Reino Unido. Está en lo cierto, muchas empresas ya se trasladaron hace tiempo hacia otras capitales del continente pero todavía quedan muchas cuyos cuarteles generales continúan en Londres u otras ciudades británicas.

Mientras tanto, el primer ministro británico, Boris Johnson, acelera sus planes en cuanto a la modernización de las infraestructuras, poniendo en marcha un ambicioso plan de atención a las vetustas redes ferroviarias, y viajando por todo el país, en un intento por transmitir confianza a los sectores que se consideran más afectados por la salida de la UE.

El mandatario británico visita granjas, mercados, fábricas y cualquier lugar donde considere que puede infundir ánimo y optimismo a sus conciudadanos, todavía algo perplejos porque llegó la fecha deseada por algunos y temida por muchos, como, por ejemplos, los jóvenes menores de 30 años, que votaron masivamente contra el Brexit. El primer ministro aparece en todos los medios, se fotografía con todo el mundo, reparte besos, se viste como un obrero y pretende con ese aire campechano e informal, aunque a veces huele a la naftalina de los palacios de Londres, hacer olvidar a la gente de a pie el largo sainete vivido por esta nación en los últimos tres años.

No olvidemos que Johnson ganó las últimas elecciones más por deméritos de sus adversarios que por méritos propios, pero ganó por mayoría absoluta -casi goleada- y punto, que es lo que cuenta en una democracia. Si los laboristas no se hubieran empeñado en un candidato tan pésimo como Jeremy Corbyn, socialista radical y simpatizante de abyectos regímenes, seguramente hubieran ganado las últimas elecciones y la situación sería bien distinta hoy, pero esa es política ficción para las novelas y los ensayistas de salón.

Las recetas de las nacionalizaciones, el dirigismo estatalista al estilo cubano y las expropiaciones sin ton ni son, tal como exhibía Corbyn en su surrealista programa, son  experiencias del pasado para el estudio de los economistas y no para su aplicación real en una nación desarrollada, europea -por mucho que les pese a los británicos- y anclada en la modernidad. Londres no es Caracas, señor Corbyn, ni tampoco La Habana.

A pesar de todo, el primer ministro tiene ante la mesa muchos retos y desafíos a los que tendrá que hacer frente si no quiere defraudar a una ciudadanía que en estos últimos años han visto pasar por el número diez de Dowing Street a tres ministros más ocupados en gestionar una salida airosa de la UE que  dedicados a sus asuntos cotidianos, tales como el estado del deteriorado sistema de salud británico, la inseguridad pública, el caos que presenta el sistema de transportes -los trenes, por ejemplo, son malos, caros y nunca llegan en hora- y la pobreza que  asombra en cada esquina y es visible en casi todas las ciudades británicas. Por poner tan solo un gráfico ejemplo sobre este asunto, se calcula que el Reino Unido hay casi 500.000 personas sin techo, es decir, durmiendo en la calle literalmente, y la cifra va en aumento, según señalan los expertos en el tema. El año 2018, según datos oficiales, 726 personas sin hogar murieron en las calles británicas, una cifra alarmante y preocupante si tenemos en cuenta que la renta per capita británica se encuentra entre las veinte primeras del mundo con más de 40.000 dólares americanos en su haber.

ESCOCIA, ¿RUMBO A LA INDEPENDENCIA?

Nada más firmarse el acuerdo definitivo entre la UE y el Reino Unido, la primera ministra o ministra principal de Escocia, Nicola Sturgeon, amenazó directamente al gobierno británico con convocar una consulta independentista si los planes consumados llegaban a cumplirse y el país abandonaba el barco europeo. Esa misma determinación ha acompañado a Sturgeon después del 31 de enero, cuando definitivamente Londres cumplió sus planes y abandonó la UE tras décadas de pertenencia a la misma, defraudando las expectativas de millones de ciudadanos que esperaban una segunda consulta sobre la secesión británica.

Ahora, los ojos están puestos en las elecciones municipales del próximo año, en las que el gobernante Partido Nacionalista de Escocia -SNS, en sus siglas en inglés- tiene el objetivo de hacerse con casi todo el poder local escocés sobre las ruinas de los partidos liberal, conservador y laborista. Escocia fue antaño un feudo laborista hasta que desde hace unos años el discurso nacionalista fue en auge y el SNS fue capaz de robarle al laborismo sus importantes “graneros” en esta región del Reino Unido, de tal forma que ahora los laboristas cuentan con apenas un representante por Escocia en el parlamento nacional cuando en el 2010 tenían 41, mientras que los nacionalistas han pasado de seis en esa fecha a los 48 actuales sobre un total de 59 en juego. Además, el SNS ha impregnado un giro progresista a su nacionalismo y el votante laborista se encuentra cómodo votando a los secesionistas escoceses.

Si estos resultados del nacionalismo escocés se confirmarán en las urnas, pues en estos últimos diez años siempre ha mostrado una tendencia ascendente, es más que seguro que se apostará por una nueva consulta independentista al estilo de la celebrada en el año 2014, en que el voto afirmativo a la causa independentista sumó el 45% pero no fue suficiente para aprobar la secesión. Ahora, sin embargo, todos los sondeos señalan que el independentismo ganas adeptos y que sería capaz de vencer en el referéndum de llegar a celebrarse, si finalmente los ejecutivos de Escocia y Londres se ponen de acuerdo acerca de la celebración del mismo, algo que por ahora cuenta con el rechazo del primer ministro Johnson.

IRLANDA DEL NORTE O EL BREXIT BLANDO

Irlanda del Norte ha conseguido al menos un Brexit “blando” y por ahora mantendrá una posición a medio camino entre la UE y la salida total de esta institución, tal como no ocurrirá con el resto del Reino Unido. Las normas comunitarias y el acervo de la UE permanecerán intactos, al menos hasta el final del periodo de transición, y la frontera no será una frontera dura, permitiendo el tránsito de pasajeros y mercancías y quedando la unión aduanera con el Reino Unido en los puertos, una suerte de acuerdo que pretende aplacar la ira de muchos ciudadanos irlandeses que no quieren quedarse como ciudadanos de segunda en este nuevo escenario.

El problema sigue siendo que el nacionalismo irlandés sigue considerando en el corto y largo plazo como único horizonte posible para solucionar los problemas cotidianos, al margen o no de la salida de la UE, la unificación total de la isla en una sola nación. En la otra parte, en el bando de los unionistas protestantes, dicho posibilidad inspira recelo, miedo e incluso terror en los sectores más radicales, pues piensan que perderían su identidad y se convertirían en una minoría incomoda, desplazada e incluso marginada. Congeniar esas dos visiones, cuando no concepciones de la vida misma, implicará altas dosis de ingeniería política.

Por ahora, no obstante, nada parece avizorar que los grupos radicales de ambas partes vayan a volver a la violencia tras años de paz y tranquilidad, y que los acuerdos firmados hace ya más de una veintena de años vayan a ser truncados de una forma abrupta ante la irrupción de este nuevo escenario político. Las dudas son acerca de si esta calma chica durará eternamente o si, llegado el caso y finalizado el periodo de transición entre la UE  y el Reino Unido, las armas volverán a tomar su lugar en la política norirlandesa. El tiempo nos dará la respuesta.

Luego está Gales, siempre un poco la gran olvidada de la política británica por su escaso peso demográfico -apenas tres millones- y político, que siempre alegó que la salida de la UE le afectaría mucho económicamente, en tanto y cuanto una buena parte de sus exportaciones se iban para el continente. Sin embargo, a diferencia de Escocia e Irlanda de Norte, el sentimiento nacionalista nunca fue muy alto en Gales en términos electorales y tampoco tuvo el carácter secesionista de los otros dos casos. Además, siempre se podrá esgrimir en su contra que la mayor parte de los ciudadanos -el 52%- votó a favor de la salida del Reino Unido de la UE, por mucho que les pese ahora a algunos sectores nacionalistas. Que lo hubieran pensado antes, dirán, con bastante razón, en Dowing Street 10.


RICARDO ANGOSO

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Enrique Santiago , un peligro inminente para la democracia de España

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EP EE.UU/Opinión 

¿QUIÉN ES ENRIQUE SANTIAGO QUE OCUPARÁ UN ALTO CARGO EN EL GOBIERNO DE ESPAÑA?

por Ricardo Angoso

El nombramiento del Secretario General del Partido Comunista de España, Enrique Santiago, para un alto cargo del gobierno del Reino de España es realmente preocupante, el emblema de esta época decadente y gris por la que atraviesa nuestro país y que nos ha llevado a uno de los peores momentos de nuestra joven democracia. Santiago, aparte de haber sido asesor de la organización terrorista y criminal Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), considera que el Estado de Israel es una entidad terrorista que atropella los derechos humanos y que no tiene, como piensan todavía muchos izquierdistas en España, ningún derecho a su existencia pacífica.

El sujeto, tal como ha colocado en muchos de sus comentarios en Twitter, considera legítimos los ataques terroristas de Hamas y Hezbollah contra objetivos civiles israelíes, ataca sin piedad a los líderes de Israel elegidos democráticamente y considera casi como unos héroes a los asesinos que siembran y han sembrado el terror en el Estado hebreo durante décadas. Muchos jóvenes palestinos asentados en España, que comulgan con esas ideas, se han integrado en Izquierda Unida -la coalición de la cual forman parte los comunistas españoles- y se movilizan periódicamente contra Israel en las calles españolas y a favor del movimiento BDS (Boicot, Desinversiones y Sanciones es un movimiento propalestino que aboga por una campaña global para incrementar la presión económica contra el Estado hebreo). También ha apoyado la legitimidad de la violencia política en Colombia, más concretamente de las FARC, y es una de las escasas voces que todavía defiende la dictadura comunista cubana en España sin pudor alguno.

Lo preocupante del asunto es que salvo una breve nota en Twitter de la organización ACOM, que se dedica a denunciar actos antisemitas, la noticia ha pasado desapercibida cuando no tenía que haber sido así, dada las intensidad y la profusión, cada vez mayor, de actos antisemitas en España, como la cada vez más insistente aparición de pintadas antisemitas en varias ciudades del país y la reciente profanación de un conocido cementerio hebreo en Madrid.

A este nombramiento, ya de por sí lamentable, se le viene a unir la noticia que no concitó la rotunda condena social y política que hubiera merecido el reciente alegado antisemita de una joven fascista en un acto de homenaje a la División Azul, asunto ha volvió a encender las alarmas en la comunidad judía española. La joven fascista, de nombre Isabel Peralta, emulando quizá a Ramón Serrano Suñer cuando despidiendo a la División Azul lanzó su grito de guerra de que “Rusia es culpable”, fue jaleada por tres centenares de neonazis cuando aseguró que “el judío es culpable”. Luego esta horda neonazi se manifestó impunemente en un barrio de Madrid sin que la policía, siempre tan atenta a otras cosas menores, hiciera acto de presencia.

Todos los partidos políticos, desde Vox hasta el PSOE, condenaron la lamentable arenga, aunque si ir más allá, como haber demandado medidas legislativas y punitivas para perseguir tales actos. Lo que no quedó tan claro es de que son culpables los judíos. El partido político Podemos, del que forma parte el susodicho Santiago, por su parte, hasta el día de hoy no ha condenado los hechos, algo habitual y lógico en esta formación financiada por Irán y con nexos conocidos con Hamas, Hezbollah y otras organizaciones antisemitas. También se ha demostrado con todo lujo de detalles que reciben dinero del sátrapa venezolano, Nicolás Maduro, otro notable enemigo de Israel y aliado de Irán en la escena internacional. El nuevo antisionismo es el antisemitismo del siglo XXI, habiendo un hilo conductor entre el viejo nazismo que no ha muerto y los nuevos defensores de la causa palestina. Odiar a Israel es más progre, claramente, que atacar a los judíos porque ellos, tan nobles en sus ideas, no son supuestamente racistas.

Pese a la presencia de Podemos en el gobierno, eso no fue óbice para que la ministra de Exteriores de España, Arancha González Laya, visitará Israel el pasado mes de diciembre y que aprovechará  la ocasión para defender la necesidad del diálogo entre israelíes y palestinos, algo que manifestó con vehemencia en todos sus encuentros con representantes del ejecutivo israelí. En su opinión, un acuerdo entre las partes debería estar en consonancia con el “espíritu de la conferencia de Madrid”, celebrada hace ya casi tres décadas, y también con la vieja fórmula que pasa por “la solución de los dos Estados”. Posiciones que están, desde luego, en las antípodas de lo que postula Podemos oficialmente, mucho más cercanas a las tesis terroristas de algunos grupos palestinos que la invocación a un diálogo al día de hoy casi imposible por muchos motivos que desbordarían el interés de esta nota.


RICARDO ANGOSO GARCÍA
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El otro “holocausto” desconocido en los campos de concentración Nazis

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EP EE.UU./ opinión

EL HOLOCAUSTO DESCONOCIDO: GAYS EN LOS CAMPOS DE CONCENTRACIÓN NAZIS

El 27 de enero es el día internacional en recuerdo a las víctimas del Holocausto, entre las que se encontraban, aparte de los judíos, miles de gitanos, prisioneros de guerra, opositores al nazismo y los siempre olvidados de esta historia: los gays.

por RICARDO ANGOSO

El 30 de enero de 1933, Adolfo Hitler fue nombrado canciller de Alemania tras haber ganado unas elecciones democráticas y habiéndose rendido el país a sus pies. En apenas unos meses, la maquinaría nazi creada por Hitler y sus acólitos cerraría el

parlamento, ilegalizaría los partidos políticos y los sindicatos e iniciaría la persecución de judíos, homosexuales, disidentes políticos, gitanos y “elementos antisociales”. La policía política del nuevo régimen, la Gestapo, crearía todo un tejido de informadores, colaboradores y simples acusadores voluntarios que convertirían a toda Alemania y los territorios que más tarde ocuparía en una gran cárcel. Nada ni nadie debía escapar a su absoluto control sobre la vida y la muerte. Había comenzado una de las mayores pesadillas de la historia de la humanidad: el régimen nazi.

Como era de prever, la homosexualidad, que antes de la llegada de Hitler al poder era tolerada por las autoridades, sería considerada por el nazismo como uno de los delitos más graves que un hombre podía cometer. Miles de alemanes y austriacos pasarían por los campos de concentración nazis por el simple hecho de ser homosexuales; tras la guerra, al ser criminalizados por la misma sociedad que un día les encerró, ni siquiera pedirían reclamaciones y el reconocimiento de la persecución que sufrieron. Aparte de ser recluidos por su condición y orientación sexual, fueron doblemente condenados al sufrir el olvido para siempre.

La doctrina oficial del nazismo sobre este asunto la dejó bien sintetizada y explicitada el propio Adolfo Hitler en uno de sus discursos: “La homosexualidad hace encallar todo rendimiento, destruye todo sistema basado en el rendimiento. Y a esto se añade el hecho de que un homosexual es un hombre radicalmente enfermo en el plano psíquico. Es débil y se muestra flojo en todos los casos decisivos… Nosotros debemos comprender que si este vicio continua expandiéndose en Alemania sin que lo combatamos, será el final de Alemania, el fin del mundo germánico.Hay que abatir esta peste mediante la muerte”.

Las primeras medidas contra los homosexuales

Muy pronto comenzó en la Alemania la represión de la vida homosexual. Un mes después de la llegada de Hitler al poder, en febrero de 1933, todos los bares gays de Berlín son cerrados por órdenes de las nuevas autoridades nazis. Lo mismo ocurriría con los bares gays de otras ciudades alemanas, que como Bremen, Hamburgo y Munich también poseían una rica vida nocturna.

Un año más tarde de la llegada de Hitler al poder, en 1934, la Gestapo crea una división especializada en la persecución a los homosexuales. La primera medida impulsada por esta nueva sección policial fue elaboración de las denominadas “listas rosas” con la ayuda de los servicios secretos y la policía. Miles de gays serían fichados y los primeros detenidos por esta causa eran duramente torturados para que delataran a otros y así ir ampliando la lista de “degenerados” y “antialemanes”.

Dos años más tarde del año cero del régimen, en septiembre de 1935, y en plena campaña represiva de los nazis contra sus oponentes y los elementos “antisociales” y “degenerados”, se promulgan las primeras leyes antihomosexuales, que comprenden duras penas y cargas a los que sean detenidos por esta causa. A partir de este momento, pero sobre todo desde 1936, comienzan las primeras persecuciones sistemáticas y organizadas contra los homosexuales.

Sin embargo, las mayores persecuciones y detenciones arbitrarias se producirían entre 1937 y 1939, donde miles de hombres serían detenidos, encarcelados, torturados, vejados e internados en prisiones o campos de concentración. El nazismo se ensañó especialmente con los homosexuales, que eran señalados con un triángulo rosa en los lugares donde cumplían sus condenas para que así fueran reconocidos por los otros presos y sufrieran la ira y las continuas agresiones de los otros reclusos, tal como han relatado muchos de los supervivientes de esta tragedia. Para el nazismo, los gays eran junto los judíos la “escoria social” más baja.

Nazismo y homosexualidad

Pese a todo, y paradójicamente, en el Partido Nacional Socialista (NSDAP) había numerosos homosexuales y algunos muy notorios, como el jefe de las Secciones de Asalto (SA) del movimiento nazi, Ernst Röhm. Amigo íntimo de Hitler y buen conocedor de todas las intrigas y miserias del régimen, Röhm se convirtió en un elemento molesto para el nazismo y en el depositario de demasiada información y, quizá, de algún secreto que el líder máximo de la causa no quería que nadie conociese.

Pero las cosas cambiaron súbitamente para las Secciones de Asalto y su máximo jefe. Hilter inicialmente protegió a Röhm de otros elementos del régimen que consideraban su homosexualidad como una violación de la estricta política del partido contra los homosexuales. Sin embargo, un tiempo después Hitler creyó ver en Röhm una amenaza a su poder o, quizá, un hombre molesto porque conocía un pasado que pretendía ocultar a toda costa. Y así, de la noche a la mañana, la suerte de Röhm estaría echada.

El 28 de junio de 1934, en un episodio que es conocido como la  Noche de los Cuchillos Largos, Hitler ordena el asesinato de Röhm y de todos sus partidarios. A una semana del hecho, Hitler invoca la homosexualidad de hasta entonces amigo para justificar su asesinato y el de todos sus seguidores. También anuncia que el partido nazi será “limpiado” para siempre de homosexuales, a los que acusa de antialemanes, y disuelve las Secciones de Asalto.

Los campos de  la muerte

Se calcula que entre 10.000 y 15.000 homosexuales serían enviados a los campos de la muerte, donde los hombres que eran obligados a llevar el triángulo rosa eran especialmente maltratados por los guardias. También fueron objeto de crueles experimentos médicos. Estos experimentos eran tolerados y ordenados por el mismo jefe de las SS, Himmler, y su estado mayor, quienes consideraban una cuestión de honor convertir a estos “elementos antisociales” en alemanes de primera.

Esta difícil situación para los miles de gays de Alemania y los territorios ocupados llevaría a miles de dramas humanos. Aparte de la cárcel y los campos, miles de personas huirían de su país para siempre, muchos se suicidaron y otros miles fueron obligados a llevar una doble vida, incluso casándose, en el “paraíso” nazi. La sociedad alemana de entonces, cargada de complacencia, prefería mirar para otro lado antes de condenar la barbarie de un sistema brutal y terrible. Resulta increíble que hasta una fecha tan tardía como 1944 los militares alemanes no preparasen una conjura para eliminar de la escena a Hilter. Justo un año antes de la miserable y nada heroica caída del régimen nazi.

En 1945 cae el régimen nazi a merced de la derrota alemana en la guerra y el mundo descubre la gran vergüenza de los campos de concentración, pero para los gays no cambian mucho las cosas. Tras la guerra, los presos gays  que habían estado en los campos fueron considerados por las nuevas autoridades alemanas como “criminales”, pues la homosexualidad seguía prohibida en las dos Alemanias, y, por tanto, quedaban exentos de recibir ninguna indemnización por los años pasados en el infierno nazi. Tampoco sus familias pudieron reclamar ninguna pensión, pues eran un grupo considerado al margen de los demás. Tan sólo en la década de los sesenta y los sesenta algunos hombres del triángulo rosa se atrevieron a contar sus padecimientos y dar testimonio de su silencio sufrimiento durante décadas.

Incluso se da el vergonzoso hecho que después de que los campos fueron liberados al final de la Segunda Guerra Mundial, muchos de los prisioneros encarcelados por homosexualidad fueron reencarcelados por la República Federal Alemana (RFA) establecida por los aliados. Las enmiendas nazis al artículo 175, que convirtieron la homosexualidad de un delito menor en un delito grave, permanecieron intactas en la Alemania comunista hasta 1968 y en la democrática hasta 1969.

Aunque hay datos contradictorios entre las distintas fuentes históricas, una estimación objetiva y más o menos realista cifraría en unos 100.000 los homosexuales alemanes que fueron detenidos entre 1933 y 1945, año en que los aliados liberan los campos y ponen fin a la pesadilla nazi. Unos 50.000 de estos detenidos serían enviados por los nazis a centros de reeducación, cárceles comunes y un pequeño grupo que oscilaría entre los 10.000 y los 15.000 pasaría por los campos de la muerte. Algo más de 10.000 morirían en estos recintos del horror y la muerte.

Sesenta años después de que las tropas soviéticas y aliadas liberaran los campos de concentración y descubrieran, tras aquellas rejas, el horror y la maquinaría del crimen creada por los nazis, los homosexuales, los grandes olvidados de toda esta historia, eran relativamente reconocidos por poderes públicos y las instituciones europeas. Desgraciadamente, la mayor parte de ellos nunca tuvo conocimiento de este tardío homenaje a sus sufrimientos, pues bien o pereció en los campos de la muerte o murió antes de estos ejercicios de reconocimiento a las víctimas. Tan sólo unas decenas de estos homosexuales que sufrieron tantas penalidades y torturas han podido ver como llegaba el día en que eran públicamente reconocidos por la sociedad alemana y otras instituciones.


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Bienvenido siglo XXI , el siglo de la aparente normalidad

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EP New York/ opinión

EL SIGLO XX HA MUERTO, ¡BIENVENIDOS AL SIGLO XXI!

El covid-19 nos ha revelado, de una forma brutal y trágica, que nuestra aparente normalidad era una sensación artificial y también ha puesto sobre la mesa la vulnerabilidad de la especie humana. ¡Bienvenidos al siglo XXI!

EL SIGLO XX HA MUERTO, ¡BIENVENIDOS AL SIGLO XXI!

Por : Ricardo Angoso

El covid-19 nos ha revelado, de una forma brutal y trágica, que nuestra aparente normalidad era una sensación artificial y también ha puesto sobre la mesa la vulnerabilidad de la especie humana. ¡Bienvenidos al siglo XXI!

El mundo daba vueltas sobre su eje plácidamente y ajeno a los nuevos retos y desafíos que estaban por venir, mientras sus habitantes disfrutaban, sin apenas saberlo, de la monótona tranquilidad que consiste en vivir ajeno a la gran tormenta que se está largando en las alturas. Así se sucedía la vida, como si fuera un río que se conduce a través de las fértiles tierras sin mirar hacia atrás, hasta la aparición de un hecho inesperado, de un silencioso trueno que vino a turbar nuestra frágil paz y anodina existencia.

En apenas unas semanas, las que van desde los primeros días de enero hasta mediados de marzo, en que ya medio planeta estaba confinado, el mundo cambió para siempre sin que sus aterrorizados moradores apenas lo intuyeran en esos momentos. El planeta cesó su actividad, los hombres invernaron en sus casas, esperando mejores días, y el virus, acechante con su hacha de muerte, se propagaba con una velocidad “exponencial”, al menos eso decían los expertos, y dejaba un reguero interminable de fallecidos, afectados y enfermos.

Pero, incluso, los que no enfermaban también estaban enfermos pero de otra forma, alimentando su paranoia con el miedo, la angustia, el insomnio y una larga espera que nunca tenía fin, pues, en definitiva, nadie sabía lo que estaba esperando.Eramos, quizá como en ese poema de Pessoa, aquellos que siempre  aguardaron que les abrieran la puerta frente a un muro que no tenía puerta. No había otra salida que esa salida, es decir, era un juego de suma cero de imposible resolución o un viaje hacia ninguna parte porque no había un destino donde llegar. Qué locura tan irracional.

PUNTO Y FINAL AL SIGLO XX

Este manotazo homicida, este rayo asesino y desolador, nos despertó de nuestro letargo, de nuestra falsa tranquilidad, y puso el punto y final a un siglo XX sosegado y convencional que se alargó durante veinte anodinos años. Quizá esta pandemia es nuestra definitiva entrada en la modernidad, descubriendo,  de la forma más brutal y demoledora, cuán frágil era nuestra aparente normalidad, pero también para revelarnos, de una manera vertiginosa y con la velocidad de un rayo supersónico, qué vulnerables éramos. Qué frágiles, en definitiva, éramos, como leños perdidos que el mar anega o levanta caprichosamente, tal como habría dicho el genial Luis Cernuda.

Lo que nos ha pasado en los últimos meses, cuarentenas, confinamientos, estado de alarma y millones de fallecidos en el camino, nos ha revelado la verdadera dimensión del ser humano, su debilidad ante las nuevos amenazas no computadas con anterioridad y ante hechos que se le escapan  a su comprensión, como ha ocurrido ahora con la pandemia del covid-19. Esta crisis nos turba, nos ha cambiado para siempre sin saberlo, y ha puesto una nota de color, aunque sea de negro luto, a este siglo que ahora sí comienza verdaderamente.

Son ya muchos los que han dicho que siempre habrá un antes y después de esta crisis, que el mundo no volverá a ser el mismo y que nuestros destinos, para siempre, estarán marcados con la señal casi diabólica del 2020, un año para el desván del olvido y que deberíamos resetear de nuestra memoria colectiva. El siglo XXI ha irrumpido en la cacharrería de la historia con estruendo y causando estupor entre todos nosotros, que no alcanzamos a explicarnos qué está pasando y sustrayéndonos del mundo lógico y normal que conocíamos hasta hace apenas unos meses, en que no sabíamos que el mundo iba a cambiar para siempre en unas cortas semanas. Continuará en el 2021.

RICARDO ANGOSO GARCÍA
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