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Organización “Buffett” remplazará cultivos de coca por cacao en Colombia

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EP New York/agencias

TIBU, Colombia/ Protegido por francotiradores del Ejército colombiano, Howard Buffett bajó de un helicóptero y caminó por la hierba húmeda con unas botas con puntera de metal mordisqueadas por su perro.

Bajo una choza con tejado de hojalata esperaba un pequeño grupo de campesinos cocaleros. Nunca habían oído hablar del multimillonario inversionista Warren Buffett, pero después de décadas viéndose ignorados por su propio gobierno, agradecían la mano tendida del hijo mayor de Buffett, al que se referían simplemente como “el gringo”.

“Hay un dicho aquí. Entre menos se sabe, mejor”, dijo Rubén Morantes, con la piel curtida y las manos encallecidas por una vida de trabajo en el campo en uno de los territorios más peligrosos de Colombia, donde se desconfía de los forasteros.

Buffett lleva casi dos décadas recorriendo el mundo para dedicar parte de la fortuna de su padre a fomentar la seguridad alimentaria, mitigar conflictos y fomentar la seguridad pública. Pero su última apuesta es una de las más arriesgadas que ha hecho: ayudar a Colombia a librarse de la maldición de la cocaína.

Se ha centrado en Tibu, corazón de la remota y anárquica región de Catatumbo en la frontera de Venezuela, a donde Buffett acompañó al presidente, Iván Duque.

Tibu tiene la segunda mayor producción de coca de toda Colombia, con 11.400 hectáreas (28.200 acres) de cultivos, según Naciones Unidas.

La producción de droga y la violencia se han disparado en la zona desde que grupos armados llenaron el vacío dejado por los rebeldes cuando estos se retiraron tras firmar un acuerdo de paz con el gobierno en 2016.

La Fundación Howard G. Buffett se ha comprometido a gastar 200 millones de dólares en los próximos años para transformar la empobrecida región en un modelo de construcción de estado. Los planes incluyen reforzar a las fuerzas de seguridad y ayudar a los campesinos a conseguir títulos sobre las tierras y a sustituir la coca, la materia prima de la cocaína, por cultivos legales como el cacao.

La primera fase requiere construir 300 kilómetros (185 millas) de carreteras para comunicar por primera vez a los 37.000 habitantes de la zona con los mercados nacionales e internacionales. Es un desafío complicado por las guerrillas que acechan en la zona, y que el año pasado mataron a cinco personas e hirieron a varias detonando una bomba casera cuando ingenieros del Ejército trabajaban en la carretera.

“La única forma en la que tenemos confianza en que los productores pueden plantar cultivos legales es que puedan llevar esos cultivos al mercado”, dijo Buffett a los agricultores durante una visita el mes pasado con Duque a La Gabarra, un puesto avanzado rural en Tibu. Era la primera vez que un presidente colombiano visitaba el poblado, golpeado por la violencia.

El plan contempla subsidios y formación para los campesinos conforme cambien de cultivos, además de ayudarles a encontrar compradores. También aspira a reforzar la infraestructura de las fuerzas de seguridad locales.

Pero algunos expertos temen que el entusiasmo de Buffett por acelerar el desarrollo de Colombia no sea rival para la arraigada corrupción en zonas rurales que se gestionan como feudos políticos. También está el desafío planteado por miles de inmigrantes venezolanos sin raíces en la zona, y que son blanco de reclutamiento para pandillas criminales.

Mucho depende de la inversión de Buffett.

Desde el inicio del Plan Colombia liderado por Estados Unidos hace dos décadas, no se habían concentrado tantos recursos en una sola zona geográfica del país, señaló Álvaro Balcázar, que ayudó al gobierno a negociar con las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) la sección del acuerdo de paz relativa a los cultivos ilegales.

“No hay antecedentes privados de ese tamaño”, comentó. “Pero la región es estratégica para la construcción de paz en Colombia”.

Como su padre, Buffett, de 65 años, tiene una reputación de sentido del humor sencillo y maneras rústicas del centro-norte de Estados Unidos. Aunque dejó los estudios universitarios en tres ocasiones, su padre quiere que le suceda como presidente no ejecutivo de Berkshire Hathaway, el conglomerado de 550.000 millones de dólares propietario de empresas como Duracell, Dairy Queen y la aseguradora GEICO, además de grandes participaciones en importantes bancos y aerolíneas estadounidenses.

Pero ha pasado buena parte de su vida adulta recorriendo el mundo, tomando fotografías de naturaleza y escribiendo libros. También tiene una plantación de maíz, y en 2017 acaparó titulares por servir como jefe de policía de Macon County, Illinois, donde vive y tiene la sede su fundación.

Comenzó a explorar el mundo de adolescente con un viaje a la Praga soviética en 1969 para visitar a uno de los muchos estudiantes de intercambio que su madre recibía en la casa familiar en Omaha, Nebraska. Pero su amor por los viajes no se ha visto acompañado por curiosidad culinaria: en Catatumbo llevaba una bolsa térmica azul para comida con su sándwich de mantequilla de maní y mermelada y una lata de Dr. Pepper.

Como filántropo, su prioridad ahora es ayudar a Colombia y El Salvador, cuya lucha contra el narcotráfico tiene un impacto directo en Estados Unidos. Entre los dos países ya ha gastado o comprometido un total de 310 millones de dólares, lo que incluye financiar un nuevo centro de policía forense en El Salvador y un sistema moderno para ayudar a la fiscalía del país a seguir la pista de las investigaciones penales.

Como policía voluntario, que el año pasado hizo 678 horas de patrulla, Buffett ha visto de primera mano el coste humano de la drogadicción. Unas pocas semanas antes de viajar a Colombia, un compañero y él montaban guardia a la 1 de la madrugada ante un motel en Decatur, Illinois, cuando detuvieron a un hombre por posesión de crack. Con él había una mujer que dijo tener problemas con las drogas, de modo que Buffett le pagó dos noches de alojamiento en el lugar. Después le ofreció acudir a un centro de rehabilitación en el condado pagado por una donación de la Buffett Foundation con la esperanza de que encontrara ayuda.

Estas personas necesitan nuestra ayuda”, dijo. “No son delincuentes”.

Tras años centrado en África, y especialmente en Ruanda, donde trabaja con el gobierno para impulsar agricultura sostenible, ha dirigido su atención a América Latina. En la década de 1990 pasó tanto tiempo en su granja de Sudáfrica que obtuvo la residencia permanente.

Buffett comenzó a trabajar en Colombia en 2008 ayudando a la estrella del pop Shakira a abrir escuelas en su ciudad natal, Barranquilla. También financió una unidad del Ejército que retira miles de minas colocadas en antiguas zonas de conflicto. Aprovechando sus contactos empresariales, creó un programa para ayudar a unas 100 familias en el sur de Colombia a dejar de cultivar coca para producir café de gran calidad para Nespresso.

Aunque es un gran defensor del acuerdo de paz de 2016, tiene una relación estrecha con Duque, un conservador preocupado por la seguridad y que llegó al cargo criticando el acuerdo.

Duque ha prometido reducir a la mitad la producción de cocaína en el país para final de 2023.

La producción de droga se disparó después de que su predecesor, el premio Nobel de la Paz Juan Manuel Santos, detuviera la erradicación aérea en 2015 debido a las preocupaciones sobre el efecto en la salud de los herbicidas que utilizaba el programa.

Pero alcanzar ese objetivo requiere enormes recursos que el gobierno no tiene, además de superar la indiferencia de votantes urbanos que viven al margen del conflicto y tienen otras prioridades.

Ahí es donde entra Buffett.

Los 200 millones de dólares prometidos por Buffett para Tibu son más del triple de lo que ha gastado el gobierno durante dos años en obra pública en 170 municipios de riesgo, dentro de un plan de rescate y desarrollo rural contemplado por el acuerdo de paz. La Agencia estadounidense de Desarrollo Internacional gasta 230 millones de dólares al año en Colombia, aunque sus proyectos están repartidos por todo el país.

Además del dinero, los socios antiguos de la Fundación Buffett elogian su labor por su independencia y agilidad. Obtiene su dinero de una donación anual de Warren Buffett en acciones de Berkshire Hathaway, de modo que puede correr riesgos que pocos se atreven a tomar, según expertos en desarrollo.

“Rendimos cuentas principalmente a la Hacienda estadounidense”, bromeó Buffett, que ve los reveses como un inversor de capital riesgo que sabe que debe pasar por las vacas flacas antes de tener un gran éxito.

“Si eres una organización benéfica y tienes tu gala anual para recaudar mucho dinero, no puedes salir ahí y decirle a la gente que tuviste estos cinco fracasos y este éxito. La gente no va a firmar los cheques”, dijo. “Nosotros podemos tomar una decisión en cinco minutos si sabemos lo que queremos hacer”.

Es escéptico con el gobierno de Estados Unidos y Naciones Unidas, y prefiere no trabajar con ninguno de los dos.

“El motivo es que no podemos depender de ellos”, afirmó Buffett, que dijo haber salido perjudicado por la institución humanitaria estadounidense USAID en 2011, cuando la organización abandonó un programa conjunto valorado en 10 millones de dólares para proporcionar semillas a hambrientos campesinos en Sudán del Sur, justo cuando se desató la violencia en el estado independiente más joven del mundo.

“Las balas empezaron a volar y se fueron. Pero es que, estás en Sudán del Sur, por supuesto que van a volar balas”, dijo.

Su fundación, en cambio, trabaja con socios conocidos por ofrecer resultados rápidos con pocos gastos estructurales, una combinación que según dijo es difícil encontrar entre los “bandidos periféricos” que se benefician de las ayudas de Estados Unidos en el extranjero. Un grupo que le acompañaba a Catatumbo era Mercy Corps, con sede en Portland, Oregon, y que ayuda a los granjeros a lidiar con el laberinto burocrático colombiano para obtener títulos de sus tierras.

En un reconocimiento a la reputación de sentido común de su padre, Buffett suele pedir consejo al hombre apodado como “oráculo de Omaha”.

“Es mi tabla de resonancia, como mi conciencia en cierto modo”, dijo Buffett. “Pero él nunca pregunta, ‘¿Por qué haces eso?’ ni ‘¿Por qué corres ese riesgo?’”.

En Tibu, tras hacer algunas bromas y plantar un árbol de cacao, se le veía entusiasmado mientras la comitiva presidencial se apresuraba a marcharse cuando una densa niebla amenazaba con dejarlos en medio de ninguna parte.

“Sé que Emilio está muy preocupado por marcharse”, dijo Buffett a los granjeros a través de un traductor, refiriéndose al asesor posconflicto de Duque, Emilio Archila. “Pero yo no, porque aquí hay un montón de chocolate”.

(Con información de AP)

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Joshua Goodman está en Twitter como: https://twitter.com/APjoshgoodman

 

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La izquierda gana por primera vez elecciones presidenciales en Colombia

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EP New York/agencias

BOGOTÁ  — Colombia giró hacia la izquierda por primera vez en su historia al elegir al exrebelde y actual senador Gustavo Petro como su nuevo presidente, en una segunda vuelta electoral que mostró el descontento hacia la clase política tradicional en medio de un aumento de la desigualdad, los precios de los productos básicos y la violencia.

En una jornada en la que también se eligió a la líder social Francia Márquez como su vicepresidenta, la primera mujer de raza negra en ocupar el cargo, Petro se impuso al impredecible magnate de bienes raíces Rodolfo Hernández y de inmediato tendió la mano a sus opositores y críticos para intentar unir a una Colombia de varios rostros e intereses.

Cuando subió al escenario tras la victoria, ni el mismo Petro podía creer que fuera el presidente, aunque dijo haber soñado con ese momento. La tercera fue la vencida, perdió en 2010 cuando no tenía posibilidades reales y en 2018 contra el saliente mandatario conservador Iván Duque en el balotaje.

Su triunfo, sin embargo, no fue holgado. Según los resultados preliminares, obtuvo el 50,4% de los votos, suficientes para vencer en el balotaje a Hernández, que logró el 47% de los sufragios. El resultado anticipa que gobernará con la presión de la oposición, además de que no tendrá mayoría en el Congreso.

En su primer discurso le habló a esa otra mitad de Colombia que no votó por él y propuso un “gran diálogo nacional” que incluya a sus más férreos opositores para lograr consensos que le permitan hacer las ambiciosas reformas que prometió en campaña y que incluyen buscar una millonaria reforma fiscal para financiar programas sociales como educación superior gratuita y subsidios para madres cabezas de hogar.

“El triunfo que Petro muestra que la estrategia de miedo, de odio y de estigmatización hacia la izquierda ya no funciona en Colombia como política para ganar votantes”, dijo a The Associated Press Elizabeth Dickinson, analista senior para Colombia del International Crisis Group.

En Colombia la izquierda estuvo marginada debido a la asociación percibida con el conflicto armado del país, que se prolongó por cinco décadas con la extinta guerrilla de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) hasta que en el 2016 firmaron un acuerdo de paz con el Estado. En su juventud, Petro militó en la guerrilla M-19 de naturaleza nacionalista y antiimperialista, hasta que dejó las armas en 1991 en otro acuerdo de paz.

Con Petro, Colombia se une al grupo de países latinoamericanos que eligieron gobiernos de izquierda, como Pedro Castillo, en Perú; Xiomara Castro, en Honduras y Gabriel Boric, en Chile. La otra elección pendiente en la región es en octubre en Brasil, donde el izquierdista y exmandatario Luiz Inácio Lula da Silva lidera las encuestas en Brasil.

Tras la victoria de Petro, todos lo felicitaron, incluido el gobierno de Estados Unidos, con quien el izquierdista ha dicho que cambiará los acuerdos impulsados hasta ahora, incluidos los relacionados con la lucha contra el narcotráfico y que han significado la presencia de agentes estadounidenses en territorio colombiano.

“Le propongo a América latina integrarnos más decididamente… no sólo porque tengamos la sangre latina, también la afro, la indígena ancestral”, dijo Petro en su discurso, en el que planteó a los “gobiernos progresistas” que es “insostenible” un futuro sustentado en “los altos precios del petróleo, del carbón y del gas”. En campaña prometió no otorgar nuevas licencias de explotación petrolera ni permitir el fracking, una técnica utilizada para sacar gas y petróleo de rocas profundas utilizando agua con químicos a alta presión.

Petro intentó disipar los miedos que aún tienen sus detractores, que advertían que Colombia viraría hacia el comunismo y se convertiría en “otra Venezuela”. En su discurso ante cientos de sus seguidores en Bogotá y divulgado en directo en redes sociales, aseguró que “vamos a desarrollar el capitalismo en Colombia, no porque lo adoremos, sino porque tenemos primero que superar la pre modernidad en Colombia, el feudalismo en Colombia, los nuevos esclavismos”.

El presidente electo prometió en campaña sacudir las relaciones exteriores con Venezuela y Estados Unidos. Por un lado, planea reanudar las relaciones diplomáticas con el gobierno de Nicolás Maduro, al que Duque no reconoce como legítimo y con el que rompió relaciones desde 2019. Además, buscará liderar la lucha contra el cambio climático para proteger la selva amazónica, para lo cual buscaría un diálogo con Estados Unidos sobre las altas emisiones de gases efecto invernadero. Con el país norteamericano también plantea revisar el tratado de libre comercio firmado hace una década y la estrategia de lucha contra las drogas.

“Petro puede trabajar con Estados Unidos muy pragmáticamente… la relación va a seguir siendo fuerte. Pero a Petro le va a gustar replantear el tema de erradicación de cultivos ilícitos. Creo que el mandato de Petro y los intereses de implementar el acuerdo de paz significan un cambio de política en la política de drogas, lo cual debe ser negociado con Estados Unidos, que provee financiación”, aseguró Dickinson.

A nivel interno, Petro y Márquez han prometido gobernar para “los nadies y las nadies”, es decir, las minorías y los pobres, que en Colombia alcanzan el 39% de la población, según cifras oficiales del 2021.

“Que el viejo y la vieja puedan tener una pensión, que el joven y la joven puedan tener una universidad, que el niño y la niña pueden tener la leche y el pan y la carne no sea un objeto de lujo”, dijo Petro.

Con Márquez, Colombia lleva a un cargo de poder a una afrocolombiana y líder ambientalista ganadora en 2018 del The Goldman Environmental Prize, quien sufrió en carne propia la persecución por su liderazgo, por su oposición a la minería ilegal, ha recibido amenazas y un atentado con una granada en 2019.

“Vamos por la paz de manera decidida, con amor, sin miedo… vamos las mujeres a erradicar el patriarcado de nuestro país. Vamos juntos a erradicar el racismo estructural”, dijo Márquez en la noche del domingo mientras la multitud coreaba “¡Sí se pudo!”.
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Con información de AP

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Tras 100 dias de guerra , Rusia tiene el 20% del control en Ucrania

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EP New York/agencias

100 días de guerra en Ucrania y Rusia no se quiere ir

Ucrania/agencias— Cuando Vladimir Putin envió las tropas rusas a Ucrania a fines de febrero, juró que no ocuparía el país vecino, pero al cumplirse el centésimo día de la invasión el viernes, parece cada vez más improbable que Rusia entregue el territorio que ha tomado.

El rublo es ahora moneda corriente en la región sureña de Jersón, junto con la grivna ucraniana. A los habitantes de esa zona y las partes controladas por Rusia en la región de Zaporiyia se les ofrece y entrega pasaportes rusos. Los gobiernos instalados por el Kremlin en ambas regiones hablan de planes para convertirse en parte de Rusia.

Los líderes respaldados por Moscú de las zonas separatistas en Donbás, en el este de Ucrania, que es mayoritariamente rusoparlante, han expresado las mismas intenciones. Putin reconoció las autoproclamadas repúblicas separatistas como Estados independientes dos días antes de la invasión. Los combates se han intensificado en el este, a medida que Rusia busca “liberar” a todo Donbás.

El Kremlin no ha expresado sus intenciones para con las ciudades, pueblos y aldeas que ha bombardeado con misiles, rodeado y finalmente capturado.

El portavoz del Kremlin, Dmitry Peskov, dijo el viernes que las fuerzas rusas han cumplido su tarea principal de proteger a los civiles en las zonas bajo control de los separatistas. Añadió que han “liberado” partes de Ucrania y que “esta obra continuará hasta que se cumplan todos los objetivos de la operación militar especial”.

En un mensaje por video en ocasión de los primeros 100 días de la guerra, el presidente ucraniano, Volodymyr Zelenskyy, dijo que su país no se rendirá fácilmente ante la agresión rusa y que se ha demostrado capaz de resistir meses de ataques de un adversario mucho más grande.

Hemos defendido Ucrania durante 100 días. La victoria será nuestra”, aseguró.

Los analistas políticos dicen que para Rusia, anexar tierras de Ucrania nunca fue el objetivo principal de la invasión, pero agregan que Moscú difícilmente cederá sus conquistas militares.

“Desde luego, (Rusia) tiene la intención de quedarse”, comentó Andrei Kolesnikov, del instituto de estudios Carnegie Endowment for International Peace. Para Rusia, “es lamentable ceder lo que ha ocupado, aunque no era parte del plan original”.

Putin ha descrito vagamente los objetivos de la invasión, cuyo propósito era la “desmilitarización” y “desnazificación” de Ucrania. La opinión generalizada era que el Kremlin instalaría un gobierno allegado en Kiev para impedir que Ucrania ingresara a la OTAN y tomara otras medidas para alejarse de la esfera de influencia rusa.

En los primeros días de la guerra, Rusia ocupó una buena parte de Jersón y la vecina Zaporiyia, pasó a controlar la mayor parte de la costa del mar de Azov y se aseguró un corredor terrestre parcial a la península de Crimea, que Rusia arrebató a Ucrania en 2014.

La recepción local no fue precisamente cordial. Los vecinos de Jersón y Melitopol salieron a las calles a enfrentar a las fuerzas rusas. Funcionarios ucranianos advirtieron que Rusia podría celebrar un referendo en Jersón para declarar un Estado independiente en la región.

Reemplazaron a los alcaldes y otros funcionarios desaparecidos —secuestrados, según funcionarios y la prensa ucranianos— por gente con posiciones favorables al Kremlin. Izaron banderas rusas y las emisiones estatales rusas reemplazaron los canales de TV ucranianos para promover la versión de Moscú sobre la invasión.

Este mes se introdujo el rublo ruso como segunda moneda oficial en Jersón y Zaporiyia —al menos en las partes controladas por Rusia— y las administraciones prorrusas empezaron a ofrecer un “pago social por única vez” de 10.000 rublos (unos 163 dólares) a los pobladores.

Altos funcionarios rusos empezaron a recorrer las regiones y destacar sus perspectivas de integración a Rusia. El viceprimer ministro Marat Khusnullin visitó Jersón y Zaporiyia a mediados de mayo y dijo que podrían pasar a ser parte de “nuestra familia rusa”.

Un dirigente del partido oficialista Rusia Unida, Andrei Turchak, lo dijo sin vueltas en una reunión con habitantes de Jersón: “Rusia está aquí para siempre”.

Miembros de las administraciones prorrusas de ambas regiones anunciaron rápidamente que estas pedirán su incorporación a Rusia. Aunque no está claro si y cuándo sucedería, Rusia está sentando las bases.

Una oficina de los servicios de migración rusos en Melitopol empezó a recibir solicitudes de ciudadanía rusa en un trámite acelerado que Putin extendió a los habitantes de las regiones de Jersón y Zaporiyia. Este trámite fue aplicado por primera vez en 2019 en las zonas de Donbás controladas por rebeldes, donde más de 700.000 personas han recibido pasaportes rusos.

Oleg Kryuchkov, un funcionario de la Crimea anexada a Rusia, dijo que las dos regiones del sur han pasado a proveedores de internet rusos. La prensa estatal mostró filas de personas que buscaban adquirir tarjetas SIM rusas. Kryuchkov dijo que ambas regiones adoptaban el código de país ruso, +7, en lugar del ucraniano +380.

El legislador ruso Leonid Slutsky, miembro de la delegación rusa en las estancadas conversaciones de paz, dijo que podría haber referendos sobre la incorporación de Donbás, Jersón y Zaporiyia en julio.

Peskov, el vocero del Kremlin, respondió con evasivas cuando se le preguntó si las autoridades rusas planeaban realizar votaciones en esas zonas y dijo que dependería del desarrollo de la ofensiva rusa. Él y otros funcionarios rusos han dicho reiteradamente que la determinación del estatus futuro depende de los habitantes locales.

Tatyana Stanovaya, fundadora y directora general de R.Politik, un grupo de reflexión independiente sobre la política rusa, cree que Putin no quiere precipitarse con los referendos y correr el riesgo de que sean denunciados como una farsa.

“Quiere que el referendo sea real, para que Occidente pueda ver que, efectivamente, Rusia tenía razón, que el pueblo quiere vivir con Rusia”, declaró Stanovaya.

Petro Kobernyk, de 31 años, activista de una organización no gubernamental que huyó de Jersón con su esposa, dijo que la represión rusa comenzó desde los primeros días de la ocupación.

Describió la vida en Jersón como sombría. Con el cierre de muchas tiendas, la ciudad “se ha convertido en un mercado interminable donde la gente intercambia productos por medicamentos y alimentos”.

También hay algunos en Ucrania han dado la bienvenida a las acciones de Rusia.

Vadim Romanova, un joven de 17 años de la devastada ciudad portuaria de Mariúpol, dijo que uno de sus sueños se ha hecho realidad. “Yo quería vivir en Rusia desde que era pequeño y ahora me doy cuenta de que ni siquiera tengo que mudarme a ningún lado”, afirmó.

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Rodolfo Hernández , “el Trump colombiano” , muy cerca de ganar elecciones

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EP New York/ elecciones Colombia 2022

El ‘Trump’ colombiano podría ganar las elecciones presidenciales

BOGOTÁ, Colombia — El panorama político de Colombia ha cambiado notablemente en solo 24 horas.

Durante meses, los encuestadores predijeron que Gustavo Petro, un exguerrillero convertido en senador que aspira a ser el primer presidente de izquierda del país, iría a una segunda vuelta presidencial en junio contra Federico Gutiérrez, el candidato conservador que había argumentado que votar por Petro equivalía a “un salto al vacío”.

En cambio, el domingo, los votantes respaldaron a Petro y a Rodolfo Hernández, un exalcalde y un próspero hombre de negocios con una plataforma populista anticorrupción cuyo estatus antisistema, sus declaraciones incendiarias y su enfoque político limitado a un solo tema han hecho que lo comparen con Donald Trump.

La votación, por un izquierdista que ha hecho su carrera atacando a la clase política conservadora y por un candidato relativamente desconocido sin respaldo formal de un partido, representó un repudio al establecimiento conservador que ha gobernado Colombia durante generaciones.

Pero también cambió la situación política para Petro. Ahora es Petro quien se presenta como el cambio seguro, y Hernández es el peligroso salto al vacío.

“Hay cambios que no son cambios”, dijo Petro en un evento de campaña el domingo por la noche, “son suicidios”.

Hernández alguna vez se definió como un seguidor de Adolf Hitler, sugirió combinar los principales ministerios para ahorrar dinero y dice que como presidente planea declarar un estado de emergencia para enfrentar la corrupción, lo que genera temores de que podría cerrar el Congreso o suspender a los alcaldes.

Sin embargo, la derecha tradicional de Colombia ha comenzado a respaldarlo, trayendo consigo muchos de sus votos y haciendo que la victoria de Petro se vea cuesta arriba.

El domingo, Gutiérrez, exalcalde de Medellín, la segunda ciudad más grande del país, apoyó a Hernández y dijo que el propósito era “cuidar la democracia”.

Pero Fernando Posada, un politólogo, dijo que la medida también era el último esfuerzo de la derecha para bloquear a Petro, cuyo plan para rehacer la economía colombiana “pone en riesgo muchos de los intereses de la clase política tradicional”.

“La derecha colombiana llegó a un escenario tan extremadamente desastroso que incluso prefieren un gobierno que no les ofrece nada con tal de que no sea Petro”, dijo Posada.

Hernández, quien hasta hace unas pocas semanas no era muy conocido en la mayor parte del país, fue alcalde de la ciudad de Bucaramanga, ubicada en la parte norte del país. Hizo su fortuna en la construcción, edificando viviendas para personas de bajos ingresos en la década de 1990.

A los 77 años, Hernández consolidó gran parte de su apoyo en TikTok, una vez abofeteó a un concejal de la ciudad frente a las cámaras y recientemente le dijo a The Washington Post que tenía un efecto “mesiánico” en sus seguidores, a quienes comparó con los secuestradores “con lavado de cerebro” que destruyeron las torres gemelas el 11 de septiembre.

Cuando lo presionaron diciéndole que esa comparación era problemática, rechazó la idea. “Lo que estoy comparando es que después de entrar en ese estado, no cambias de posición. No la cambias”.

Hasta hace apenas unos días, la narrativa política de Colombia parecía simple: durante generaciones, la política había estado dominada por unas pocas familias adineradas y, más recientemente, por un conservadurismo de línea dura conocido como uribismo, fundado por el poderoso líder político del país, el expresidente Álvaro Uribe.

Pero la frustración de los votantes con la pobreza, la desigualdad y la inseguridad, que se vio exacerbada por la pandemia, junto con una creciente aceptación de la izquierda luego del proceso de paz firmado en 2016 con la guerrilla colombiana más grande, las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), pareció cambiar la dinámica.

Para 2022, Petro, quien durante mucho tiempo ha sido el rostro combativo de la izquierda colombiana, pensó que era su momento. Y en los meses previos a las elecciones del 29 de mayo, los votantes acudieron en masa a sus propuestas: una amplia expansión de los programas sociales, detener todas las nuevas perforaciones petroleras en un país que depende de las exportaciones de petróleo y un enfoque en la justicia social.

El argumento era: izquierda contra derecha, cambio contra continuidad, la élite contra el resto del país.

Pero el improbable ascenso de Hernández refleja tanto un rechazo a la élite conservadora como a Petro.

También revela que la narrativa nunca fue tan simple.

Hernández, quien obtuvo el 28 por ciento de los votos, ha atraído a una amplia franja de votantes ansiosos por un cambio pero que nunca podría estar de acuerdo con Petro.

Petro es un exguerrillero que fue miembro de un grupo rebelde llamado el Movimiento 19 de abril (M-19) en un país donde los rebeldes aterrorizaron a la población durante décadas. Y es de izquierda en una nación que comparte frontera con Venezuela, un país sumido en una crisis humanitaria por un gobierno autoritario que reivindica a la izquierda.

Hernández, con su cabello anaranjado y desprolijo y su enfoque político de hombre de negocios, también ha atraído a votantes que dicen que quieren a alguien con la ambición de Trump y que no les preocupa si es propenso a la falta de tacto. (Años después de decir que era seguidor de Adolf Hitler, Hernández aclaró que quería decir que era seguidor de Albert Einstein).

Dos de los mayores problemas del país son la pobreza y la falta de oportunidades, y Hernández apela a las personas diciéndoles que puede ayudarlos a escapar de ambos.

“Creo que él mira a Colombia como una posibilidad de crecimiento. Y en eso creo que se diferencia de los demás candidatos”, dijo Salvador Rizo, de 26 años, consultor tecnológico en Medellín. “Creo que los otros candidatos están viendo una casa que está en llamas y quieren apagar el fuego y preservar la casa. Creo que la opinión de Rodolfo es que hay una casa que puede ser un hotel enorme en el futuro”.

También ha sido un crítico implacable de la corrupción, un problema crónico que algunos colombianos califican como un cáncer.

Al principio, se comprometió a no aceptar dinero de campaña de entidades privadas y dice que él mismo está financiando su candidatura presidencial.

“La gente política roba descaradamente”, dijo Álvaro Mejía, de 29 años, quien dirige una empresa de energía solar en Cali.

Dice que prefiere a Hernández en vez de Petro, un senador desde hace muchos años, precisamente por su falta de experiencia política.

La pregunta es si Hernández podrá mantener este impulso en las semanas previas a la segunda vuelta, mientras figuras políticas clave se alinean con su campaña.

Minutos después de que obtuviera el segundo lugar el domingo, dos poderosas senadoras de la derecha, María Fernanda Cabal y Paloma Valencia, le prometieron su apoyo, y Posada predijo que era probable que otras lo respaldaran.

Uribe, quien apoyó la candidatura de Hernández a la alcaldía en 2015, es una figura cada vez más polémica que aleja a muchos colombianos. Posada pronosticó que no apoyará a Hernández para no restarle votantes.

Si Hernández logra mantener el delicado equilibrio de conseguir los votos de la derecha, sin afectar su imagen, podría ser difícil que Petro logre vencerlo.

Muchos analistas políticos creen que los aproximadamente 8,5 millones de votos que obtuvo Petro el domingo son su techo, y que muchos de los cinco millones de votos de Gutiérrez se sumarán a los seis millones que logró Hernández.

Cuando los resultados quedaron claros, los partidarios de Hernández corrieron a la sede de su campaña en una de las principales avenidas de Bogotá, la capital.

Muchos vestían camisetas, sombreros y ponchos de campaña de color amarillo brillante, que dijeron que habían comprado ellos mismos en vez de que la campaña los repartiera gratis, de acuerdo con los principios de reducción de costos de Hernández.

“Nunca había visto a una persona con las características como las del ingeniero Rodolfo”, dijo Liliana Vargas, una abogada de 39 años, usando un apodo común para Hernández, quien es ingeniero civil. “Es un ser político que no es político”, dijo. “Es la primera vez que estoy totalmente emocionada de participar en unas elecciones democráticas en mi país”.

Cerca de allí, Juan Sebastián Rodríguez, de 39 años, líder de la campaña de Hernández en Bogotá, dijo que el candidato era “un rockstar”.

Es un fenómeno”, dijo. “Estamos seguros de que vamos a ganar”.

Publicado en NYT / Julie Turkewitz is the Andes bureau chief, covering Colombia, Venezuela, Bolivia, Ecuador, Peru, Suriname and Guyana

 

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