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Blog de Sucesos y Noticias

El periodismo frente a las arremetidas de Donald Trump

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Por : Jim Rutenberg

Si eres periodista y crees que Donald Trump es un demagogo que le hace juego a las peores tendencias racistas y nacionalistas de Estados Unidos, que queda bien con los dictadores y que sería un peligro si llega a controlar armas nucleares, ¿cómo diablos se supone que debes cubrirlo? Porque si uno cree todas esas cosas, tiene que olvidarse del manual del periodismo que ha estado vigente, por lo menos en la escuela estadounidense, durante la mayor parte de la mitad del siglo y abordar el tema de una forma en la que nunca lo ha hecho en su carrera.

Si la visión que uno tiene de la presidencia de Trump es que sería un peligro, entonces las coberturas habrán de reflejarlo. Uno deberá acercarse más que nunca a ser antagónico. Ese es un territorio incómodo e inexplorado para todo periodista convencional que no escribe una columna de opinión y, según los estándares normales, resulta insostenible.

Entonces la pregunta es: ¿Aplican las normas habituales? Y, en caso de no ser así, ¿qué aplica entonces?

En términos generales, esto desequilibra esa forma idealista de periodismo con “P” mayúscula que nos enseñaron a respetar siempre. Aceptémoslo: desde el día en que Trump anunció su candidatura, el equilibro brilla por su ausencia. A lo largo de las elecciones primarias y los caucus, el desequilibro estuvo a su favor, como lo demostraron algunas estadísticas brutales: sus aproximadamente 2 mil millones de dólares en cobertura gratuita durante la primaria estuvieron casi seis veces por encima de su rival republicano más cercano. Ahora, como candidato oficial a la presidencia por el partido Republicano, el desequilibro está en su contra. Periodistas y comentaristas analizan sus pronunciamientos y temperamento en materia política pensando cómo sería su comportamiento en la Casa Blanca, algo que durante mucho tiempo se había considerado improbable.

Para los reporteros convencionales es arriesgado dividir el debate político de este año en “normal” y “anormal”, como señaló hace poco Ezra Klein, jefe de redacción de Vox. En cierto sentido, eso es justo lo que los reporteros están haciendo. Y resulta inevitable, porque Trump está manejando su campaña de formas nunca antes vistas. Ningún periodista vivo había visto antes que el candidato de un partido principal le pusiera condiciones financieras a los aliados de la OTAN, discutiera públicamente con la familia de un soldado caído del ejército estadounidense o incitara a Rusia a intervenir en una elección presidencial de Estados

Unidos hackeando a su oponente (era una broma, aclaró Trump posteriormente, que los medios no entendieron).

Si bien los llamados velados al racismo y el nacionalismo no son nuevos, plantear la posibilidad de prohibir provisionalmente el ingreso a Estados Unidos a los musulmanes o poner en duda la imparcialidad de un juez federal por su ascendencia mexicana sí lo son. “Tener un candidato que manifiesta su simpatía hacia uno de nuestros adversarios más dañinos y amenazantes, un candidato que echa por tierra todas las normas que establecen cómo se debe tratar a las familias cuyos hijos dieron la vida por el país, un candidato que propone reconsiderar las alianzas que han regido nuestra política exterior durante sesenta años, eso exige cobertura, una cobertura abundante y virulenta”, manifestó Carolyn Ryan, editora de la sección de política de The New York Times. “Esto no quiere decir que no pondremos todo de nuestra parte para cubrir a Hillary Clinton desde distintos ángulos; lo hacemos y lo haremos”.

De Clinton se puede decir que ningún candidato presidencial había logrado la candidatura de su partido después de una investigación del FBI sobre el uso de un servidor de correo electrónico privado para , en algunos casos, intercambiar información secreta de seguridad nacional. Esto merece escrutinio, al igual que todo su historial. No obstante, los candidatos no generan la misma cantidad de noticias.

Trump es un novato político que ha pasado su carrera dirigiendo una empresa privada y apareciendo en un reality show exitoso. Por supuesto que no es un desconocido, pero hay tanto que todavía desconocemos sobre sus puntos de vista y su nivel de conocimiento de asuntos importantes. Sus posiciones llegarían a la primera plana aún cuando no fueran en contra del consenso político existente (sí lo son).

La reacción de los medios ante todo esto ha sido sorprendente. No es extraño encontrarnos con artículos periodísticos que lo describen como “errático” sin hacer mención de sus contrincantes. Las “verificaciones de datos” de sus afirmaciones siguen creciendo de manera impactante, sobrepasando por mucho a las de Clinton.

Aunque hay varios ejemplos de críticas de medios conservadores hacia  Trump, este año el candidato y sus partidarios están desempolvando acusaciones viejas de sesgo izquierdista. Muchos partidarios fieles a Trump no lo ponen en duda. Esto solo sirve para empeorar su visión negativa de los medios, que en un principio no reconocieron el poder de las promesas del candidato y que por ende, tampoco reconocieron la seriedad de su candidatura.

Sin embargo, esto es lo que implica que se le tome en serio. Como me dijo Ryan: la candidatura de Trump es “extraordinaria y sin precedentes” y “asumir lo contrario sería deshonesto con los lectores”. También sería renunciar al deber más solemne del periodismo político: dilucidar cómo serían los candidatos ocupando uno de los cargos más importantes del mundo.

Agencias

China cada vez más cerca de ser la potencia mundial espacial

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EP New York/ Era espacial China

EP Redacción. Gustavo Lugo

El salto que llevó a los asiáticos a construir su propia estación, fue cuando los estadounidenses se negaron a aceptar astronautas chinos en la Estación Espacial Internacional (ISS).

En abril de este año, la nación asiática empezó la construcción de una estación espacial con el lanzamiento de Tiangong (que significa Palacio Celestial), el primero y más grande de los tres módulos de la construcción a su propia estacion espacial, y este será el hogar y lugar de trabajo de tres astronautas durante los próximos 180 días, tendrán que continuar con la construcción de la estación, revisar los equipos, realizar experimentos científicos para obtener datos y también harán algunas salidas por el espacio (caminata espacial).

A medida que el programa espacial chino se ha ido ampliando, algunos países, como Rusia, se han ofrecido a colaborar, pero otros siguen siendo cautelosos, esta por verse si la Unión Europea cooperará con China en el ámbito espacial, miestras Estados Unidos se mantiene alejado amparado en la enmienda Wolf de 2011 que cierra el camino a la verdadera cooperación bilateral en el espacio al prohibir a la NASA a invertir dinero en interacciones con China. 

Rusia, Canadá, Europa y Japón son miembros de la estacion internacional espacial (ISS).

Lo mas probable es que China no necesite la ayuda de Estados Unidos, los asiaticos ya estan por delante de Europa, y para colmo ya le pisaron los talones a los estadounidenses, Y el proposito de China es de completar la estación y tener su tripulación completa para diciembre de 2022, y consolidarse como la primera potencia mundial espacial.

Este Sabado partio la nave espacial Shenzhou-13 en el cohete Long March-2Fcon tres astronautas, dos hombres y una mujer, desde el Centro de Lanzamiento de Satélites Jiuquan en la provincia noroccidental de Gansu, a la nueva estacion en plena construccion.

Durante rueda de prensa Lin Xiqiang, subdirector de la Agencia de Vuelos Espaciales Tripulados de China, dijo que la astronauta china Wang Yaping, a bordo de Shenzhou-13, dará una clase mientras se encuentra en órbita, y se trata de la segunda vez que la astronauta transmita una conferencia en directo desde el espacio, su primera transmicion fue en junio de 2013, cuando realizó una charla sobre ciencia que fue transmitida por la televisión china durante la misión espacial Shenzhou-10.

LOS TRIPULANTES 3 (Taikonautas)

Zhai Zhigang, (55 años), es el comandante de la misión. el astronauta llevó a cabo la primera caminata espacial de China en 2008 y ahora, Shenzhou-13, es su segunda misión espacial.

Ye Guangfu (41 años) se trata de su primer viaje al espacio.

Wang Yaping, (41 años), expiloto de la fuerza aérea, viajó por primera vez al espacio en 2013, en ese entonces, se ganó el titulo de la “primera maestra espacial de China”, según medios de ese país, ya que realizó una conferencia desde el espacio para cerca de 60 millones de estudiantes que, sorprendidos y entusiasmados, la escucharon hablar sobre diferentes temas científicos.

Erik Seedhouse, profesor especializado en operaciones espaciales de la Universidad de aeronáutica Embry-Riddle, en Estados Unidos, “el motivo de esta estancia prolongada es adquirir experiencia en misiones de larga duración”, dijo el experto a la agencia de noticias AFP. Seedhouse agregó que la mayor dificultad para los astronautas “será mantener la masa muscular y reducir la pérdida ósea” en un entorno sin gravedad que lentamente va debilitando los organismos del cuerpo humano.

En parte de los preparativos para esta mision de 6 meses por fuera de la tierra, el mes pasado, un buque de carga entregó 6 toneladas métricas de alimentos, agua, botellas de oxígeno, trajes espaciales y otras necesidades para la estación, hay que recordar que el mes pasado, otros tres astronautas chinos completaron con éxito una estadía de tres meses a bordo, durante los cuales trabajaron en el módulo central de la estación y realizaron dos caminatas espaciales para instalar equipos.

China es el primer pais en alunizar con exito una sonda en la parte oscura de la luna, (Chang’e 4), la Chang’e 5alunizó en la luna y recogio muestras lunares que seran estudiadas en la tierra.

El termino taikonauta se puede definir como un termino hibrido chino taikong” (espacio) y del griego “naut” (viajero).  La Union Sovietica usa el termino “cosmonauta”, y los estadounidenses “astronauta”.

Los tres astronautas deben volver a la Tierra en abril de 2022, después de esto, China desplegará seis misiones más, incluidas las entregas del segundo y tercer módulo de la estación espacial y dos misiones finales con tripulación.

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Triunfo taliban en Afganistán pone en riesgo liderzgo de occidente

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EP New York/ opinión

OCCIDENTE, SIN RUMBO NI LIDERAZGO, EN PELIGRO

La derrota de los Estados Unidos en la guerra de Afganistán, dejando en el poder a los talibanes y abandonando a su suerte a la administración instalada por los occidentales en Kabul, significa una dura derrota para Occidente y el avance del totalitarismo frente a la democracia. Las consecuencias de esta debacle pueden ser fatales para el mundo libre.

por Ricardo Angoso

Occidente, liderado por los Estados Unidos, la OTAN y los principales países europeos, ha sido derrotado y humillado en Afganistán. La retirada caótica, vergonzante, desordenada y precipitada de Kabul, abandonando a miles de colaboradores de las tropas occidentales durante estos veinte inútiles años, ha sido la guinda de la tarta de una desabrida guerra con sabor a desastre. Primero fue el  erróneo anuncio de Donald Trump, a bombo y platillo, de que las tropas norteamericanas saldrían del país, lo que alimentó el voraz apetito de los talibanes y precipitó al país al abismo, y después llegaría la retirada total programada (¿?) por el nuevo inquilino de la Casa Blanca, Joe Biden.

El reconocimiento de los talibanes por Trump, que sirvió para torpedear y acabar con las negociaciones de Doha entre las autoridades de Kabul y el Talibán, precipitaron la ofensiva militar de los mismos y su rápida victoria, avanzando en todos los frentes, que les llevó a la capital de Afganistán y a conquistar todo el poder, mientras que el régimen instalado por los occidentales se derribaba como un castillo de naipes.Su presidente,  Ashraf Ghani, huyó cargado de maletas repletas de millones de dólares, abandonando a  su suerte a sus colaboradores y al maltrecho país. 

Entre ambos, Trump y Biden, han tirado a la basura veinte años de trabajo en Afganistán para democratizar y modernizar el país, miles de millones de dólares gastados en una inútil guerra y miles de muertos dejados en el camino. Este esfuerzo casi sobrehumano al final no ha servido para nada de nada, apenas para destruir materialmente y económicamente a Afganistán quizá por décadas. Cuatro presidentes norteamericanos, durante veinte largos años (2001-2021), bastaron para acabar en el mismo contexto político y en el mismo lugar, en un Kabul  nuevamente angustiado y dominado por la pesadilla del Talibán.

Pero aparte de estas consideraciones a la hora de hacer un balance de lo ocurrido, la guerra perdida de Afganistán nos deja muchas más lecciones. Estados Unidos pierde peso, influencia, prestigio y poder en esta zona del mundo, habiendo dejado el testigo a Rusia y China, que ya se aprestan a hacer negocios con los talibanes y a trabajar por la reconstrucción del país.

Pero también Irán sale ganando, contemplando la derrota de su sempiterno enemigo, los Estados Unidos, y consolidando así, al recomponer sus relaciones con los talibanes en los últimos tiempos, un eje de influencia y poder regional que arranca en Kabul y pasa por Irán mismo, Irak, donde los iraníes siguen armando a los grupos chiítas radicales, Siria, Líbano -país controlado por la guerrilla proiraní de Hezbolá- y concluye en Gaza, controlada por sus acólitos de Hamas. Nunca Teherán había tenido tanta fuerza y poder de desestabilizar a casi todos sus vecinos; Israel debe estar alerta.

RECOMPOSICIÓN DE LA OTAN Y UN NECESARIO EJÉRCITO EUROPEO

La OTAN, además, debe iniciar una revisión estratégica tras esta derrota rotunda y contundente, en la que varios de sus principales socios, entre los que destacan Estados Unidos, el Reino Unido, Francia, Alemania, Polonia, España e Italia, tuvieron centenares de bajas y derrocharon ingentes recursos  en la reconstrucción del país. Desde el final de la Guerra Fría y la implosión de la Unión Soviética (1991), la OTAN quedó con un papel muy desdibujado y sin enemigos claros con los que batirse; extendió sus fronteras hasta Rusia, integrando al mundo poscomunista que había salido de la tutela soviética, y no supo definir sus nuevos intereses geoestratégicos ni sus enemigos.

En lo que respecta a la Unión Europea (UE), una vez definidas sus verdaderas fronteras tras la salida del Reino Unido, va quedando meridianamente claro que para su verdadera puesta en escena en el mundo necesita una verdadera diplomacia europea y un ejército con capacidad para operar en el exterior, liderar misiones internacionales y garantizar la defensa de las fronteras de Europa ante las nuevas amenazas y desafíos. No queda tan claro si realmente nuestros líderes políticos tienen voluntad de seguir adelante con el proyecto porque eso implicaría riesgos para las dos potencias que ahora lideran la UE, es decir, Francia y Alemania, que quizá prefieran seguir con esta diplomacia tutelada que inspiran desde hace años y en la que modelan a su antojo el proyecto, condicionado al resto de socios o imponiendo sus decisiones en materia de inmigración, seguridad fronteriza y otras materias, tal como han hecho en numerosas ocasiones.

Pese a todo, los desafíos para Occidente son ingentes y requerirán un trabajo de ingeniería política y un nuevo liderazgo, del que carecemos en estos momentos debido a la decadencia de los Estados Unidos, presente y permanente durante el mandato de Trump y agudizada ahora con Biden, y a la falta de nervio político en el interior de la UE. Se echa en falta la década de los ochenta, caracterizada por el hiperliderazgo de dirigentes como Ronald Reagan, el primer Bush, Margaret Thatcher, Helmut Kohl y Francois Mitterrand, y por haber sentado los rieles para la derrota del bloque comunista, la democratización de Europa Central y del Este, la reunificación alemana y la desintegración de la Unión Soviética. Europa era una fiesta compartida por unos Estados Unidos victoriosos, mientras que el mundo contemplaba atónito la sucesión vertiginosa de cambios y reformas.

Ahora todo es bien distinto y las cosas han tomado derroteros inesperados. Rusia está más fuerte que nunca en la escena internacional e impone su orden neoimperial en toda su periferia, habiendo ocupados territorios de Georgia, Moldavia, Ucrania e incluso Azerbaiyán, donde instaló recientemente una base militar para “observar” el proceso de paz de ese país con Armenia. La tiranía como forma de gobierno se ha impuesto en numerosos países del mundo, tales como Siria, Bielorrusia, Cuba, Nicaragua y Venezuela, por citar solamente algunos, y la democracia está seriamente cuestionada hasta en países miembros de la OTAN, como la Turquía del sátrapa Erdogan, que ha establecido una suerte de triple alianza con Rusia e Irán. Occidente, compuesto por la alianza fundamental a través del vínculo transatlántico entre los Estados Unidos y Canadá con Europa, observa impávido que se ha convertido en una suerte de fortín democrático acosado por el populismo creciente, la amenaza integrista, el auge del autoritarismo en el mundo, la inmigración creciente y desbordada y nuevas provocaciones, como los programas nucleares puestos en marcha por Irán y Corea del Norte.

La gran cuestión que planea sobre todos estos asuntos y  retos sobre la mesa, es ¿si los líderes occidentales, sin un verdadero liderazgo de los Estados Unidos en estos momentos, serán capaces nuevamente de vertebrar y articular respuestas desde la política y la diplomacia a todos estos asuntos, tal como lo hicieron tantas veces desde el final de la Segunda Guerra Mundial? O, por el contrario, si, perdidos en estereotiopadas visiones provincianas, acabarán dejando que la actual realidad multipolar acabe siendo liderada por países como China y Rusia, potencias ambas sin principios democráticos ni respetuosas con los derechos humanos, sino más bien lo contrario, como han demostrado tantas veces a lo largo de su historia. De ser así, la más negra de las noches puede estar por llegar a todo el planeta y la sombra del totalitarismo se asomará por todo el mundo libre. ¡Atentos!

Ricardo Angoso García , analista y columnista internacional. 
 

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Agencias

9/11 , 20 años después del dolor

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EP New York/ 9/11

Nueva York, una ciudad herida pero cambiada 20 años después del 11S

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