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Colombia

Entre el despertar de un sueño y el triunfo de lo absurdo nace la historia de un libro

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Periodista , solo queda un sueño

Por Gabriel Ángel Ardila / Colombia

Haber dado este paso significa desbordar los límites del desafío: el enano con destino de albañil, supera la última frontera en el interminable aprendizaje para la vida. El país como escenario, el oficio como don y las realizaciones como telón de fondo, constituyen esta obra “Periodista, solo queda el sueño” en vital testimonio de lo que jamás morirá: la poesía.

Fue mera poesía la inspiración de quien sembró la semilla. Lo es el hallazgo de experiencias con récord en kilometraje del mundo vivido y de los textos difundidos: es mera poesía la vivencia de un periodista que durmió este sueño sin sufrimientos, de traspasar fronteras y aprender las líneas melódicas, para desbaratar, y no armar, el rompecabezas. Es pura poesía.

Digan si no es poesía, este ejercicio de escribientes para el mundo de las estrellas hoy dispersas por entre las redes sociales, en este ejercicio cibernético de informar para gente tan informada y tan sabia, como los que hoy nos leen. Por eso reza en este libro:

“A propósito: escribir para este mundo implica someterse o quizá (mejor) desafiar lo ilimitado que resulta el espectro de ansias de probar o meter la pata (cuántos autores y casos podría citar!). De ahí la venta de canciones sin ningún sentido literal y con rupturas rítmicas como Habby Metal, Reggaetón y libros de fantasmas superados desde el siglo de oro de las artes: “El triunfo de lo absurdo”, podría titularse esta película.

Montañas de papel (libros), vendidas irónicamente en tiempos de índices ridículos de lectura por persona, suplen la escasa capacidad de imaginación de las masas. Apoyadas esas obras con grandes producciones de cine, facilitan a los espectadores la visión de espejismos descritos pero imposibles de descifrar, si no están resueltos en cascadas de exageraciones cinematográficas (desquiciando la inventiva). Si esos no fueran juntos, nada de autores de texto vendidos (Best Sellers) de los últimos tiempos tendría tanto éxito y tal resonancia mediática.

Pero las artes audiovisuales o las pantallas de tabletas y otras versiones del libro virtual, no seducen tanto como el papel. Referimos con cierta insistencia la mirada a “Los negocios en la era digital” donde Bill Gates confiesa ser usuario preferente del papel (carpetas y libros) para la toma de sus decisiones.

Inteligencias aisladas, absolutamente minoritarias, dominan y masifican la exageración de lo imposible: se puede ver, pero muy difícilmente, producir en la realidad. Solo que tienen la gracia de descrestar a “maestros” discutibles, que endiosan a los “actores naturales”, (referidos atrás) contra quienes hicieron inversión y esfuerzos por formarse en universidades y escuelas especializadas, dizque avalando esfuerzos diferentes para lograr lo mismo: eufemística carreta. O convalidación de sus grados de pereza. ¡Mediocridad al gusto!”.

Más que un monólogo, tiene el lector en sus manos un diálogo multilateral sobre el oficio que mayor resonancia da, pero del cual no cabe la menor esperanza de vivir. Entre tanta vivencia, feliz, se vislumbra un caos indispensable para insistir en que todo lo dicho ahí es poesía. Porque la poesía nunca muere, aunque sus escribientes pasen de hojas y de tiempos. Aunque los dolores del alma convertidos en risas de júbilo o en rabiosas recriminaciones de auto flagelación, apenas sean para otros los bostezos de soñantes algo enguayabados.

Aquí no hay resacas: el único que no tiene ninguna culpa en lo descrito, es justo el alcohol. Somos fruto de una cultura patrocinadora de todo lo bueno (educación, cultura, salud) con los réditos de estancos no siempre bien administrados. Resultados de una jugarreta entre consumidores de bebidas alcohólicas y apostadores entre esa lógica endemoniada de emborrachar a los padres, para educar a los hijos. O jugarse cualquier lotería, para sanear sus organismos. Pero apenas dejamos señas de lo que pudimos escribir en más de 40 años de escribientes de todas las formas de productividad en un país así postrado en su propio subdesarrollo.

De las ironías de eso y de un Estado que nos exigió hacer una carrera, pagar la universidad y luego nos lanzó a los lodazales de la libertad para informar y ser informados, en igualdad con todos los que nada aprendieron pero si explotan a su amaño de cualquier manera y en la impune legalidad de Cortes sin congruencia. Ese es el oficio que practicamos.

Gabriel Angel Ardila

Periodista y escritor pereirano, ha publicado: Fórmulas para sonreírle al hambre. Poemas. Editorial Dinamarca, Bogotá. 1981. Cosecha de besos. Novela. Litográficas Sierra Impresores, Pereira. 2001. La alegría de vivir. Colección de cuento infantil. Frisby Pereira 15 años. Editorial Litocencoa, Cali. 1994. Manual de crédito y financiamiento. Impresiones Italgraf, Bogotá. 1987. Es coautor de los libros: Plan de Desarrollo de Pereira, 1998 – 2000. Editores Metropolitana, Pereira. 1999. Textos para la reconstrucción del Eje Cafetero. Vol. 2. Ediciones Bolívar, Pereira. 1999. Cosecha de besos narra la vida de Ariel, un hombre que decide abandonar la ciudad a causa de la violencia que encarna y que el personaje presencia en Pereira y Bogotá. Agotado por esta violencia, Ariel decide migrar al campo donde inicia una vida que el narrador alterna con anécdotas y pasajes de la vida rural y cafetera. De forma lineal, vemos como el personaje consigue la tranquilidad económica y, finalmente, el amor idílico. Portal literario del eje cafetero

 

Blog de Sucesos y Noticias

El gran “houdini” vive , opera y actúa en el El Dorado de Bogotá

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EP New York/opinión-columnistas

ASÍ ME ROBARON EN EL DORADO: ¡AVISO PARA NAVEGANTES!

por Ricardo Angoso

Cada persona que es robada en Colombia se convierte, en su país, en un embajador en contra de nuestra querida nación; es un desalmado que no merece ni compasión ni perdón, alguien que debería ser juzgado con la mayor severidad como traidor a la patria, como aquellos deleznables taxistas que mataron a un agente de la DEA para robarles sus pertenencias y mancharon el nombre de nuestra nación en todos los medios del mundo mundial, y valga la redundancia.

Vuelo 6585 de Madrid hacia Bogotá aterriza en la capital colombiana el día 21 de octubre a las 19,05 de la tarde. Todo normal, vuelo excelente, aterrizaje óptimo, pasamos el control migratorio y nos dirigimos a buscar nuestro equipaje. Tras una hora de espera interminable, a raíz del cansancio de más de diez horas de viaje, el equipaje nunca llega.

Trámites en Iberia, presentación de la reclamación oportuna ante la negligente y lenta funcionaria, expedición del documento por la pérdida y hastío mortal rayano al suicidio ante tanta espera, cansancio y letanía de justificaciones sin justificación alguna. Mal final de viaje y presagio de que las cosas, aún en el infortunio, todavía pueden empeorar. Y es que, como siempre, siguiendo el viejo adagio de la Ley de Murphy, «si algo malo puede pasar, pasará».

Claro que pasó. 20,40 horas, llamada de la oficina de Iberia en Colombia, anunciándome que mi maleta, por obra y milagro de la Virgen de Lourdes, había aparecido. Me la entregarían en la oficina de Colsubsidio que estaba a las afueras de la salida de vuelos internacionales. Todo iba bien, aparentemente, pero las cosas, siguiendo los inescrutables designios de la inexorable Ley de Murphy, se tendrían que torcer, no había otra salida posible en esa gélida y lluviosa tarde bogotana.

Llegó a mi apartamento, casi dos horas después de la casi misteriosa desaparición de mi maleta, y abro mi equipaje. ¡Sorpresa! Había desaparecido casi la mitad del mismo; alimentos, enseres personales, una chaqueta, unas tenis, hasta un queso feta de Grecia y un sinfín de otros objetos más. ¡El gran Houdini * vive en El Dorado y no hace falta ir a verlo a otros escenarios! Qué gran misterio, dónde se habrían evaporado mis cosas, en qué agujero negro se habrían perdido las mismas.

Pero cuando a uno le roban, la odisea comienza después del robo y lo que empieza mal acaba peor todavía de lo imaginable a priori. La estación de la policía nacional de El Dorado nunca coge el teléfono y solamente lo hace los años bisiestos que terminan en treinta en diciembre; la oficina de Iberia Colombia aplica la misma norma salvo restricciones para aquellos que tienen la suficiente plata para llamar a las oficinas de esta compañía en Madrid que, de vez en cuando, incluso atienden el teléfono; y luego, en el aeropuerto de El Dorado, ni siquiera existen teléfonos de atención al público, porque esa chusma, que por cierto les mantienen a todos ellos, no se merece nada de nada. Ni siquiera el olvido.

Un país donde la policía no atiende el teléfono, donde las compañías aéreas te tratan con absoluta inmisericordia y donde los operarios que tienen que devolver las maletas a sus sufridos viajeros les roban, ¿es acaso un país?  ¿O qué es? He viajado por más de cien países del mundo y  nunca me robó nadie nada de nada y menos una compañía aérea. Yo entregué mi maleta a Iberia en Madrid y en Bogotá la misma empresa me la devolvió; la responsabilidad es suya y de los ladrones de ese aeropuerto que sustrajeron mis bienes. ¿Dónde estarán ya?

Si escribo estas líneas, desde la impotencia, la ira y la rabia, es por si las mismas pueden a ayudar a otros incautos que se les ocurre llevar su equipaje en bodega y confiar en su línea aérea de siempre. Tengo todo el respeto por Iberia, siempre he viajado en esta compañía, y estoy seguro que lo ocurrido no es responsabilidad suya, sino de unos desalmados que denostan y erosionan el nombre de Colombia en el mundo. Cada persona que es robada en Colombia se convierte, en su país, en un embajador en contra de nuestra querida nación; es un desalmado que no merece ni compasión ni perdón, alguien que debería ser juzgado con la mayor severidad como traidor a la patria, como aquellos deleznables taxistas que mataron a un agente de la DEA para robarles sus pertenencias y mancharon el nombre de nuestra nación en todos los medios del mundo mundial, y valga la redundancia.

Epílogo: Como estaremos de mal en nuestra querida Colombia que nadie, al día de hoy, me contestó de ninguna instancia a la que me dirigí, por varios medios, para denunciar mi robo, pero esta mañana, para mi sorpresa, desde Iberia España me contestaron que estaban estudiando el asunto para reponerme monetariamente del daño causado. Así estamos acá, en el más cruel de los desamparos y abandonados a la intemperie sin que nadie nos auxilie. ¡Qué tristeza de país! Lloro porque también soy colombiano como todos ustedes y veo que estamos cada vez peor y peor sin que nadie lo remedie.

*(Harry Houdini era un escapista estadounidense nacido en Hungría, ilusionista, acrobático y misterioso, conocido por sus actos de fuga y desaparición)


analista politico

RICARDO ANGOSO GARCÍA

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Agencias

CIDH hace sugerencias sobre violencia en Colombia pero gobierno las rechaza

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EP New York/Colombia

Una de las principales sugerencias de la CIDH a Colombia fue la de “promover y reforzar” un “diálogo nacional genuino” de carácter regional que permita a “todos los sectores” ser escuchados, en particular los “más afectados por discriminación histórica, social y estructural en el país”.

Además de dialogar, la Comisión le propuso al Estado hacer lo necesario para “reforzar la confianza” ciudadana y evitar a toda costa la estigmatización hacia los manifestantes por parte de funcionarios.

La Comisión de la CIDH estuvo en “visita de trabajo” entre el 8 al 10 de junio, tiempo durante el cual recibió 302 testimonios y escuchó a mas de 500 personas, incluidos funcionarios, víctimas y organizaciones civiles.

Producto de la recolección de esos testimonios y entrevistas, la Comisión llegó a la conclusión de que “la respuesta del Estado” al estallido social “se caracterizó por el uso excesivo y desproporcionado de la fuerza, en muchos casos, incluyendo la fuerza letal”.

Aunque la CIDH citó varias cifras y balances de víctimas en las protestas tomadas de diferentes fuentes, los datos solos suministrados por la Fiscalía y otros despachos oficiales respecto de lo que ocurrió entre el 28 de abril y el 5 de mayo son espeluznantes.

Al menos 51 muertos, 21 de ellos en el marco del paro nacional, unos 1.113 civiles lesionados, de acuerdo a datos que entregó la Consejería Presidencial para los Derechos Humanos y Asuntos Internacionales, además de 18 personas con lesiones oculares, según la Defensoría del Pueblo.

Tras esos datos, una de las recomendaciones del organismo fue pedirle al Estado “respetar y garantizar el pleno goce del derecho a la protesta, a la libertad de expresión, a la reunión pacífica y a la participación política de toda la población”.

Frente a la violencia policiaca, la CIDH sugirió separar esa institución del Ministerio de Defensa, a fin de que se “consolide y preserve la seguridad con un enfoque ciudadano y de derechos humanos” y evitar “toda posibilidad de perspectivas militares”.

Respecto de los bloqueos de vías, el tema por el que se decantó el gobierno de Iván Duque frente a todo lo ocurrido en las semanas de protestas, la Comisión recomendó al Estado “abstenerse de prohibir de manera generalizada y a priori los cortes de ruta como modalidades de protestas”.

Ante ese panorama y las cifras expuestas en su informe, la CIDH anunció la “instalación de un Mecanismo Especial de Seguimiento en Materia de Derechos Humanos para Colombia que contribuya a la consolidación de la paz en los diversos sectores de la sociedad”.

Las respuestas de Bogotá no se hicieron esperar.

En un comunicado, Cancillería dijo que coincidía con “algunas de las observaciones” hechas por la Comisión, pero se apartó de la posibilidad de que se establezca el mecanismo de observación de derechos humanos al advertir que no es necesario, dado que el Estado posee una “institucionalidad” “robusta”, “sólida” y democrática.

Sobre la separación de la policía del ministerio de Defensa, Bogotá precisó que la Constitución establece que esa institución es “un cuerpo armado permanente de naturaleza civil”, lo cual ahuyenta, según la visión oficial, la preocupación del enfoque militar.

También rechazó la “sugerencia del presunto uso de la fuerza contra poblaciones específicas”, que fue explícita en el informe, sumado a la “estigmatización estructural” y criticó que algunas de las cifras citadas no hubiesen sido contrastadas, ni tuvieran fuentes.

“El gobierno difiere en que los bloqueos (llamados por la CIDH “cortes de ruta”), constituyan en general una forma legítima de manifestación y que sólo en casos concretos el Estado pueda actuar”, agregó en su respuesta del ministerio de Exteriores.

El presidente Duque también se manifestó al respecto, al sostener que “nadie puede recomendarle a un país ser tolerante con actos de criminalidad”, al reiterar que “los actos” de “vandalismo”, de “terrorismo urbano de baja intensidad” y los “bloqueos que atentan en contra de los derechos de los ciudadanos”. (ANSA).

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Agencias

Luto en la música colombiana: Falleció Álvaro Villalba, la otra mitad del dueto Silva y Villalba

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EP New York/Colombia

Bogotá _ Colombia/ Con su partida, en medio del olvido y la penuria económica, concluyó una de las páginas gloriosas del género andino de Colombia.

De complicaciones derivadas de una isquemia cerebral transitoria, falleció a los 89 años Álvaro Villalba, cantautor e intérprete del dueto Silva y Villalba , uno de los más reconocidos por varias generaciones de colombianos que crecieron escuchando sus canciones emitidas a través de la radio.

El maestro Villalba sufrió de varios achaques de salud en los últimos años, como Parkinson e hipertensión, que lo postraron en sus últimos años haciéndole abandonar la composición e interpretación de aires andinos.

Nacido en el año de 1932 , en Espinal Tolima, Villalba inició su carrera de joven con su compañero de estudios Elberto Guzmán. Con él desarrolló su talento como compositor y mejoró su técnica vocal, pero el salto hacia el reconocimiento ocurrió en 1967 cuando topó con Rodrigo Silva durante las fiestas de San Pedro en El Espinal .

Ambos comenzaron a ensayar juntos y un año después participaron en el concurso Orquídea de Plata Philips , en el que obtuvieron el primer lugar. Esta victoria musical, respaldada por un LP (Long-Play), los impulsó a consolidar una carrera sostenida de giras, éxitos radiales y conciertos en el país, así como en los Estados Unidos, México, España y Canadá

El equilibrio en el dueto consistió en que <span;>ambos supieron desplegar sus talentos en armonías vocales y arpegios de cuerdas que evocaban la belleza de la cordillera colombiana. El dueto Silva y Villalba publicó 50 discos que son la base del género andino en Colombia.

Recordada es su etapa de colaboración con el compositor Jorge Villamil, quien fue una pieza angular de la música colombiana entre las décadas del sesenta y el setenta. Esta alianza con Villamil condujo a que Silva y Villalba fueran considerados los sucesores de otro dueto histórico del cancionero colombiano, como el de Garzón y Collazos.

Los tiempos cambiaron y el panorama musical del país se movió a otros géneros, cuando Silva y Villalba se retiraron de la escena, con esporádicas apariciones en el festival de la música andina “Mono Núñez” en Ginebra, Valle o en conciertos en Ibagué, la capital musical de Colombia, en el marco del perenne Festival de la Música Colombiana.

Rodrigo Silva falleció en 2018 a causa de complicaciones de un cáncer que combatió por casi 20 años.

El maestro Villalba, como tantos otros músicos colombianos, tuvo que luchar contra el olvido y la pobreza en sus últimos años. De acuerdo con el reporte de sus allegados, su esposa interpuso una tutela ante Coomeva EPS para que le fuera asignado un cuidador a Villalba por sus quebrantos de salud.

El legado de Silva y Villalba, denominados como “Los Príncipes de la Canción”, al repertorio tradicional colombiano alcanza 500 canciones que han sido interpretadas por cientos de músicos en distintas adaptaciones y géneros : Espumas, Los Guaduales, Campesina Santandereana, Si pasas por San Gil, Soy Colombiano e incluso su versión del clásico Pueblito Viejo, son parte del patrimonio cultural del país.

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