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Tiembla la Casa Blanca, ex asesor presidencial dispuesto a declarar en contra de Donald Trump

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EP New York Internacional/ El ex asesor de seguridad nacional del presidente Trump, Michael T. Flynn, se declaró culpable el viernes de mentirle a F.B.I. sobre las conversaciones con el embajador ruso en diciembre pasado, convirtiéndose en el primer alto funcionario de la Casa Blanca en cortar un acuerdo de cooperación en la amplia investigación del abogado especial sobre la interferencia electoral , han publicado hoy medios estadounidenses.

Las conversaciones de Flynn con Sergey I. Kislyak, el embajador ruso, fueron parte de un esfuerzo coordinado de los ayudantes de Trump para crear una política exterior antes de que estuvieran en el poder, revelan los documentos publicados como parte de la declaración de culpabilidad del ex asesor presidencial. Sus esfuerzos  socavaron la política existente del presidente Barack Obama y burlaron una advertencia de un alto funcionario de la administración Obama de que dejara de inmiscuirse en asuntos exteriores antes de la toma de posesión , señalan los investigadores.

Los documentos no revelan lo que Trump sabía sobre las discusiones de Flynn , Pero en al menos un caso, dicen los fiscales,  fue dirigido por un “miembro muy importante” del equipo de transición presidencial para discutir una resolución de las Naciones Unidas. Los abogados de Trump creen que un asesor anónimo fue el yerno y asesor cercano de Trump, Jared Kushner, según un abogado que recibió información sobre el asunto.

 

El equipo de transición fue dirigido por el vicepresidente Mike Pence. Sus miembros principales incluyen al Sr. Kushner; Reince Priebus, primer jefe de personal de Trump; y K.T. McFarland, quien fue el diputado de Michael Flynn y luego fue nombrado embajador en Singapur. Flynn habló con la Sra. McFarland sobre otra de sus conversaciones con el Sr. Kislyak, según el abogado.

La decisión del Sr. Flynn de declararse culpable de mentir a los investigadores sobre esas conversaciones marcó una fase nueva e importante en la investigación del abogado especial, Robert S. Mueller III, y un desarrollo políticamente traicionero para el presidente y sus colaboradores más cercanos, cuyas actividades en el West Wing están siendo examinados por el FBI , legisladores, fiscales federales y medios de comunicación.

Las admisiones del Sr. Flynn tienen el potencial de cambiar la forma en que el público entiende lo que los asociados del presidente dijeron e hicieron en los días posteriores a la inesperada victoria electoral del Sr. Trump. Y sugieren que los fiscales ahora tienen una fuente de información cooperativa desde el interior de la Oficina Oval durante las caóticas primeras semanas de la administración.

Pero lo que más preocupa a la Casa Blanca es que el ex consejero para la Seguridad Nacional se habría manifestado dispuesto a declarar en contra del presidente. Y, según dejaron trascender algunas fuentes, ya le habría explicado a los investigadores que la orden de contratar al diplomático ruso la recibió directamente de algunos responsables del equipo de Trump durante el período de transición de la presidencia de Barack Obama a la del republicano.

De repente, el ex general Flynn -quien podría ser condenado a cinco años de cárcel pero prometió su máxima colaboración con los investigadores- pasó de ser uno de los hombres más fieles de Trump a su peor pesadilla. Es la cuarta persona en ser acusada por el caso del Rusiagate, pero la primera que tuvo un rol de máxima importancia en la Casa Blanca. Y detrás de su cabeza podrían caer otras del círculo íntimo de Trump: la primera, la de su yerno, Jared Kushner, investigado desde hace tiempo.

También, la de Donald Junior. Tanto el esposo de Ivanka como el hijo mayor del presidente están también involucrados en las reuniones que mantuvo Flynn con el embajador Kislyak. Son dos los episodios sobre los que Flynn admitió haber mentido al FBI en enero pasado. En el primer encuentro con el diplomático ruso, el ex consejero para la Seguridad Nacional habría presionado para que Moscú ayudase a Estados Unidos e Israel a “asesinar” en el Consejo de Seguridad de la ONU una resolución que condenaba los asentamientos israelíes en territorio palestino. Habría sido el premier israelí, Benyamin Netanyahu, quien le habría pedido a Trump que hiciera lobby en el Kremlin. En la segunda conversación, que terminó en la mira del fiscal especial Robert Mueller, Flynn habría discutido con Kislyak las sanciones estadounidenses a Moscú.

 En especial, habría solicitado evitar una escalada en las relaciones con Washington tras las medidas anunciadas por el gobierno de Obama, destinadas a castigar a Rusia por sus interferencias en las elecciones presidenciales estadounidenses. La Casa Blanca parece tirar agua al fuego: “el caso Flynn involucra solo a él y a ninguna otra persona”, aseguró un portavoz. Pero en los pasillos se respira tensión. A tal punto que quedó en segundo plano el esperado almuerzo del presidente con el secretario de Estado Rex Tillerson, cuya posición parece cada vez más en el aire.

El temor de contragolpes a la presidencia de Trump es tal, que tras la declaración de culpabilidad de Flynn, los mercados acusaron el impacto, con Wall Street a la cabeza, que tras días de récord fue protagonista de un estruendo: en pocos minutos el índice Dow Jones perdió más de 300 puntos.

Solamente el anuncio de que la reforma de impuestos estaría por llegar provocó algo de confianza en los inversores. Pero lo que debía ser una fiesta para Trump se transformó, de hecho, en una de las jornadas más negras de su mandato.

 

Agencias

Biden renuncia a candidatura presidencial y respalda a Kamala Harris

Francisco

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EP NEW YORK. | ELECCIONES EE.UU. 2024

Joe Biden se retira de la contienda presidencial

El presidente de EE. UU. anunció que no buscaría la reelección. Indicó por escrito que retirarse era “por el bien de mi partido y del país”.

El presidente Joe Biden, de 81 años, abandonó su candidatura a la reelección y sumió en el caos la contienda presidencial de 2024 el domingo, cediendo a la implacable presión de sus aliados más cercanos para que abandonara la carrera en medio de profundas preocupaciones de que es demasiado mayor y frágil para derrotar al expresidente Donald Trump.

Después de tres semanas de negativas, a menudo airadas, a dar un paso al lado, Biden finalmente cedió ante un torrente de encuestas devastadoras, llamados urgentes de legisladores demócratas y señales claras de que los donantes ya no estaban dispuestos a pagar para que continuara.

La decisión de Biden pone un abrupto fin a una crisis política que comenzó cuando el presidente protagonizó un calamitoso debate contra Trump el 27 de junio. Pero para el Partido Demócrata, la retirada de Biden desencadena una segunda crisis: con quién reemplazarlo y, específicamente, si organizarse en torno a la vicepresidenta Kamala Harris o iniciar un rápido esfuerzo para encontrar a alguien más para ser el candidato del partido.

El anuncio de Biden, que se encuentra aislado con covid, se produjo apenas tres días después de que Trump pronunciara un discurso incendiario y cargado de insultos para aceptar la nominación de su partido y tener la oportunidad de volver a la Casa Blanca para un segundo mandato. Trump, que lleva años preparándose para la revancha con Biden, se enfrentará ahora a un contrincante demócrata diferente —y hasta ahora desconocido—, cuando solo quedan 110 días para el día de las elecciones.

Esto es lo que hay que saber:

• Permanencia en el cargo:

Biden ha dicho que no renunciará a la presidencia y que tiene intención de terminar su mandato aunque deje en manos de otros el intento de derrotar a Trump. En los próximos meses, se enfrenta a la guerra en curso en Ucrania y a los esfuerzos cada vez más desesperados por alcanzar un acuerdo para poner fin a los combates entre Israel y Hamás en Gaza.

• Una primicia política:

Ningún presidente estadounidense en ejercicio había abandonado una carrera tan tarde en el ciclo electoral. La Convención Nacional Demócrata, en la que Biden iba a ser nominado formalmente por 3939 delegados, comenzará el 19 de agosto en Chicago. Eso deja menos de un mes para que los demócratas decidan quién debe reemplazar a Biden en la candidatura y poco menos de cuatro meses para que esa persona monte una campaña contra Trump.

• Kamala Harris bajo los reflectores.

La decisión del presidente pone a la vicepresidenta bajo un renovado escrutinio; algunos demócratas argumentan que ella es la única persona que puede desafiar eficazmente a Trump a estas alturas de las elecciones. Y dicen que el partido se fracturará si se considera que los líderes demócratas han pasado por alto a la primera vicepresidenta negra. Pero otros argumentan que el Partido Demócrata debería evitar una coronación, especialmente dadas las debilidades políticas de Harris en los últimos tres años y medio.

• La edad es una de las principales preocupaciones:

El intento de reelección de Biden se vio frenado por la preocupación que suscitaba su edad y su capacidad física y mental para desempeñar el cargo. Incluso antes del debate, las encuestas mostraban constantemente que la gente pensaba que era demasiado viejo, y la mayoría —también de los demócratas— querían que alguien más joven fuera presidente. Biden nació durante la Segunda Guerra Mundial y fue elegido senador por primera vez en 1972, antes de que nacieran dos tercios de los estadounidenses de hoy. Biden tendría 86 años al final de su segundo mandato.

• El momento del debate:

La Casa Blanca y los asesores más cercanos a Biden negaron durante años que su edad tuviera algún impacto en su capacidad para hacer su trabajo. Pero el debate con Trump a finales de junio, que vieron más de 50 millones de personas, puso claramente de manifiesto sus limitaciones. Se mostró frágil, vacilante, confuso y disminuido, y fue incapaz de presentar argumentos contra Trump, un delincuente convicto que intentó anular las últimas elecciones presidenciales.

Agencias / NYT

 

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Articulos Destacados

Trump , convención republicana y deportación masiva

Francisco

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EP NEW YORK  | Convención republicana

¿Trump podría cumplir su promesa de deportar a millones de migrantes?

Donald Trump promete el mayor programa de deportaciones de la historia de Estados Unidos. Los costos y los obstáculos serían enormes, según los expertos.

Cuando Donald Trump se postuló a las elecciones presidenciales de 2016, prometió construir un muro para cerrar la frontera y evitar que los delincuentes entraran en el país. Esta vez su campaña tiene un objetivo nuevo: un programa de deportación masiva sin precedentes en el país.

La plataforma de su partido, ratificada en la convención republicana de Milwaukee, promete el “mayor esfuerzo de deportación de la historia de Estados Unidos”, y la inmigración fue el tema de la reunión del martes.

¿Qué se necesitaría para deportar a millones de personas? ¿Es posible?

¿Cuántos inmigrantes están en el país de manera ilegal?

Había 11 millones de inmigrantes viviendo en Estados Unidos sin permiso legal en 2022, según los últimos cálculos del gobierno, y más de 8 de cada 10 llevan más de una década en el país. Trump dijo durante el debate del mes pasado que había 18 millones, lo que carece de fundamento.

Con el fin de huir de la agitación política y económica, los migrantes de países como Venezuela han cruzado la frontera en cifras récord durante el gobierno de Biden.

¿Quiénes serían los deportados y qué tan fácil sería expulsarlos?

Trump y la plataforma republicana han hecho declaraciones muy generales, pero hasta ahora han ofrecido muy pocos detalles sobre la operación que pretenden realizar.

El expresidente ha sugerido que cualquier inmigrante que carezca de estatus legal podrá ser expulsado.

La plataforma del partido afirma que se daría prioridad a “los criminales más peligrosos”.

También dice: “El Partido Republicano se compromete a enviar a los extranjeros ilegales de vuelta a su casa y a expulsar a quienes hayan violado nuestras leyes”.

El consenso entre los expertos en inmigración y exfuncionarios de seguridad nacional es que los obstáculos logísticos, legales, burocráticos y de costos harían prácticamente imposible realizar las deportaciones masivas que pretende Trump en el lapso de un mandato presidencial de cuatro años.

“Incluso si contara con un Congreso dispuesto a promulgar reformas legislativas drásticas y a asignar las decenas de miles de millones necesarios, no hay forma de que un sistema de este tipo pueda estar plenamente operativo en un plazo de cuatro años”, afirmó John Sandweg, funcionario de seguridad nacional en el gobierno de Barack Obama.

¿Qué otros obstáculos habría?

Los inmigrantes que han vivido durante años en el país tienen protección legal y derecho a un proceso jurídico justo.

En los últimos años, quienes han entrado de manera ilegal en el país han sido procesados en la frontera y luego puestos en libertad con órdenes de comparecer ante la corte para las audiencias de deportación. Mientras sus casos se tramitan en la corte de inmigración, lo que suele tardarse varios años más, tienen derecho a permanecer en Estados Unidos.

“Trump tendría que triplicar el tamaño de las cortes de inmigración para lograr algo que se acerque a los números de los que está hablando”, dijo Sandweg. “Incluso así, necesitaría financiación para construir nuevos juzgados, contratar personal de apoyo y formar a los jueces”.

Varias décadas de escasez de fondos y un gran número de solicitudes de asilo han agravado los retrasos.

“Un individuo debe recibir una orden de deportación; un presidente no podría simplemente ignorar eso”, afirmó Janet Napolitano, secretaria de Seguridad Nacional durante el gobierno de Obama. “Se necesitaría un cambio en la ley, y el Congreso tendría que ser un socio activo en esto”.

¿Hay suficiente personal, instalaciones, aviones y otros medios de transporte para una operación de deportación?

Durante el gobierno de Trump, hubo unas 936.000 deportaciones, según datos oficiales. Hasta febrero, el gobierno de Biden había expulsado a unas 340.000 personas.

Para identificar y detener a millones de personas en el interior del país se necesitarían decenas de miles de agentes de inmigración más, aseguró Napolitano.

Trump ha dicho que recurriría a la Guardia Nacional y a otros recursos del ejército para ejecutar su plan.

Las fuerzas del orden locales podrían ser delegadas para identificar a las personas sin estatus legal y entregarlas al Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE, por su sigla en inglés), lo que ya ha ocurrido en el pasado en algunas localidades.

Pero Chicago, Denver, Los Ángeles y Filadelfia son solo algunas de las ciudades que se niegan a colaborar con el ICE, por temor a que esa cooperación promueva la elaboración de perfiles raciales y lleve a los inmigrantes que han cometido delitos menores, como infracciones de tráfico, a procedimientos de deportación.

“Habrá zonas que no quieran tener nada que ver con esto”, señaló Michael Neifach, experto en seguridad fronteriza que fue asesor jurídico principal del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas durante el gobierno de George W. Bush.

Toda persona que pudiera ser deportada potencialmente es retenida en un centro de detención, y en el actual ejercicio fiscal, el Congreso financió la detención de 41.500 inmigrantes diarios con un costo de 3400 millones de dólares, una cifra que tendría que aumentar exponencialmente.

¿Dónde hay margen para que Trump acelere el ritmo de las expulsiones?

Un nuevo gobierno de Trump podría acelerar las deportaciones poniendo fin a programas que el gobierno de Biden introdujo.

Por ejemplo, desde 2022, a unas 500.000 personas de Cuba, Haití, Nicaragua y Venezuela se les ha permitido volar a Estados Unidos y vivir y trabajar durante dos años, siempre que tengan un patrocinador financiero. Biden también ha permitido que casi 700.000 migrantes que pidieron cita en una aplicación móvil puedan cruzar la frontera por un puerto de entrada oficial y recibir permisos de trabajo.

“Trump podría apretar el interruptor y revocarlo”, dijo Neifach. Pero, añadió, muchos de los migrantes podrían presentar solicitudes de asilo y pasar a engrosar las cortes saturadas.

¿Habría alguna excepción entre los deportados?

Trump no ha abordado si ejercería alguna discreción o haría alguna excepción.

Más de un millón de estadounidenses están casados con una persona sin estatus legal, y una gran parte de los inmigrantes tienen hijos que son ciudadanos estadounidenses.

“Cuando se habla de ese tipo de cifras y de presencia de las fuerzas del orden, a fin de cuentas hay que pensar: ¿qué le hace eso a la atmósfera del país?”, comentó Napolitano, exsecretaria de Seguridad Nacional.

Publicado en NYT

 

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New York y New Jersey celebran desfile de las flores

Francisco

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EP NEW YORK | FLORIDA NEWS |

Desfile de las flores | New York

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