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Afganistán , un final precipitado. ¿Qué viene ahora?

Francisco

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EP New York/otros medios

Un final precipitado y un comienzo oscuro en Afganistán

El último vuelo estadounidense que salió de Kabul deja tras de sí una estela de promesas incumplidas y preguntas difíciles sobre el destino del país.

El final de la guerra más larga de Estados Unidos no fue muy ceremonioso: la basura volaba por la única pista de aterrizaje del aeropuerto de Kabul, los afganos estaban afuera de las puertas de embarque con la vana esperanza de poder ser evacuados del país y los talibanes lanzaban disparos de triunfo hacia el firmamento nocturno.

En sus últimos días, dos marines estadounidenses se despedían con un apretón de manos de los combatientes talibanes en medio del tenue resplandor de la terminal de vuelos nacionales. Había filas de personas hambrientas y deshidratadas que serían evacuadas en aeroplanos grises con rumbo a futuros inciertos. La dirigencia de los talibanes era la que dictaba las condiciones mientras una generación de afganos experimentaba el final de 20 años de una suerte de esperanza generalizada.

Por todo Estados Unidos hay pasos a desnivel y bancas en parques que han sido bautizadas en honor a las personas fallecidas en la guerra.

El final, al menos para los estadounidenses y sus aliados occidentales, llegó un lunes, después de que —en las últimas horas de una guerra perdida— los miles de soldados estadounidenses que defendían el Aeropuerto Internacional Hamid Karzai salieron en enormes aviones de transporte, uno tras otro, hasta que ya no quedó ninguno.

A diferencia del legado de los soviéticos que fueron derrotados antes que ellos, el de los estadounidenses no fue un entorno plagado de restos de vehículos blindados destrozados. Más bien, dejaron todas las armas y el equipo necesarios para abastecer a los talibanes, los vencedores, durante los próximos años, el resultado de dos décadas y 83.000 millones de dólares gastados en entrenamiento y equipamiento para el ejército afgano y las fuerzas policiales que se desmoronaron frente a un mal liderazgo y un respaldo estadounidense cada vez más escaso.

Credit…Jim Huylebroek para The New York Times

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Credit…Jim Huylebroek para The New York Times

Una vez más, Afganistán concluye un ciclo que ha definido en repetidas ocasiones los últimos 40 años de violencia y conmoción: por quinta vez desde la invasión soviética de 1979, ha fracasado un mandato y ha surgido otro. Lo que ha venido después de cada una de esas conclusiones ha sido venganza, ajuste de cuentas y, con el tiempo, otro ciclo de guerra y caos.

Ahora les toca a los talibanes decidir si van a perpetuar el ciclo de venganza, como lo hicieron en 1996 al arrebatarle el poder a un grupo de caudillos en conflicto, o si en verdad emprenderán el nuevo rumbo que sus dirigentes han prometido en los últimos días: uno de tolerancia y reconciliación.

Han pasado casi 20 años desde que Osama bin Laden y Al Qaeda ejecutaron los atentados terroristas del 11 de septiembre de 2001 en Estados Unidos y el presidente George W. Bush anunció que su país invadiría Afganistán como la primera acción de una guerra mundial contra el terrorismo. Ahora, Estados Unidos tiene que definir su relación con los mismos gobernantes islamistas que derrocó en 2001 —una vez más, una cuestión de venganza o tolerancia— y tratar de evitar el resurgimiento de cualquier amenaza terrorista internacional que provenga de Afganistán.

Ahora son menos probables los ataques aéreos en las zonas rurales afganas que convierten a las personas fallecidas en simples puntos de los gráficos de barras de los informes de Naciones Unidas que casi nadie lee. No habrán más bombas enterradas, de manera presurosa, a orillas de la carretera al caer la noche, y que podrían explotar al paso de un vehículo gubernamental o un minibús lleno de familias.

Lo que hay es una angustia generalizada sobre la verdadera tendencia que proyectará el gobierno talibán ahora que los estadounidenses se han ido. Además, existe el temor de que la caótica precipitación del desmoronamiento del gobierno durante el avance de los talibanes deje una economía irreparable, hambruna y muchas ruinas.

El conflicto de Estados Unidos en Afganistán fue una guerra larga con un final apresurado, o eso pareció. Pero los planes de la retirada se prepararon hace más de 18 meses, cuando el gobierno de Donald Trump firmó un acuerdo con los talibanes para retirarse del país antes del 1 de mayo de 2021. A cambio, los talibanes acordaron dejar de atacar a los estadounidenses, suspender los ataques en los que hubiera un gran número de víctimas en ciudades afganas y evitar que Al Qaeda y otros grupos terroristas hallaran refugio en su territorio.

La influencia de los talibanes, adquirida tras años de luchar contra el ejército más desarrollado del mundo, se multiplicó cuando tomaron el control de retenes y puestos de avanzada más remotos, seguidos de distritos y aldeas rurales y luego, las carreteras que los conectaban. Para inicios de este año, los talibanes se habían apostado cerca de varias ciudades clave, al tiempo que el recién inaugurado gobierno de Joe Biden analizaba si se debía respetar el acuerdo de retirada que fue firmado por Trump.

En abril, para cuando el presidente Joe Biden y la OTAN anunciaron el retiro de Estados Unidos y de las fuerzas de la coalición antes del 11 de septiembre, los talibanes ya estaban tomando un distrito tras otro. Las fuerzas de seguridad afganas se estaban rindiendo o estaban siendo diezmadas de manera masiva. Pese al poderío aéreo de Estados Unidos y un ejército afgano que, según Biden y otros altos funcionarios, tenía casi 300.000 soldados, las capitales de provincia pronto fueron sitiadas. Pero, de acuerdo con las autoridades estadounidenses, en los días finales, las fuerzas de seguridad afganas solo contaban con una sexta parte de eso.

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Credit…Jim Huylebroek para The New York Times

Más que pelear, los soldados afganos huían, pero quienes murieron enfrentando al enemigo, lo hicieron por una causa en la que, al parecer, ni siquiera sus líderes creían.

Incluso antes del anuncio de Biden y el acuerdo de Trump con los talibanes, Estados Unidos había empezado a retirarse desde diciembre de 2009, cuando el presidente Barack Obama anunció tanto un aumento de decenas de miles de tropas como su salida para 2014.

Desde entonces, los afganos y los aliados de Estados Unidos han experimentado distintas etapas de alarma y dudas, mientras intentan asegurar su futuro y sus intereses comerciales. Esta incertidumbre reforzó la corrupción endémica que Occidente denunció, pero que continuó impulsando con miles de millones de dólares con la esperanza de que algo pudiera cambiar en el país.

Ahora, al final, los políticos y empresarios afganos y la élite que se alimentaba de las arcas de la guerra han huido en gran medida. Los últimos aviones militares estadounidenses partieron, dejando atrás a unos 100.000 afganos elegibles para el reasentamiento en los Estados Unidos por su trabajo con el gobierno estadounidense.

La evacuación, que comenzó en julio como una reubicación ordenada y modesta de unos pocos miles de afganos, se convirtió en un éxodo apocalíptico cuando Kabul colapsó el 15 de agosto. Cientos, luego miles, se reunieron en las puertas del aeropuerto; la gente abandonó sus coches; y las fuerzas estadounidenses observaron con cámaras infrarrojas cómo la gente invadía sus defensas, no con tanques o explosivos, sino como una gran masa de personas.

Luego, los estadounidenses y los talibanes trabajaron juntos para despejar el aeropuerto y establecer un perímetro después de que varios afganos frenéticos cayeran desde los aviones de transporte y se escuchara el ruido sordo de los helicópteros que evacuaron la Embajada de Estados Unidos, una de las misiones diplomáticas más grandes del mundo. La evacuación se vio plagada de escenas que evocaban las de otra guerra estadounidense cuando Saigón cayó y los helicópteros fueron empujados desde los barcos hacia el mar.

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Credit…Jim Huylebroek para The New York Times

“Tenemos una relación mutuamente beneficiosa con los talibanes”, dijo un soldado de manera irónica este mes, mientras estaba apostado frente al mar de personas con carteles, documentos y pasaportes en la oscuridad de la noche. La única iluminación provenía de las linternas de los rifles que sostenían los soldados estadounidenses que gritaban para que dejaran de empujar y retrocedieran. Una persona quedó atrapada entre el alambre de púas y sus familiares aterrados la sacaron, mientras se colocaban más barreras de acero.

Hace un año, o diez, o quince, los talibanes eran sombras detrás de una fila de árboles cercanos, eran los fantasmas ocultos que abrían la tierra frente a los soldados de Estados Unidos, de la OTAN y de Afganistán para entrar a un infierno atestado de minas. Cada paso planteaba el problema de qué hacer si de pronto un amigo que estaba enfrente explotaba en dos: el torniquete va aquí, el tipo de sangre es O positivo.

Sin embargo, en las últimas horas de la guerra estadounidense, los talibanes se materializaron en toda su expresión: justo en la carretera o al otro lado de la reja de la capital del país. De pronto estaban por todas partes, con sus banderas blancas con negro ondeando en torno a las posiciones estadounidenses, para controlar a la multitud y dejar que Estados Unidos terminara la guerra… pero no bajo sus condiciones.

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Credit…Victor J. Blue para The New York Times

Durante las últimas semanas de la guerra, las fuerzas estadounidenses no estaban patrullando o realizando operaciones de contrainsurgencia, ni construyendo refugios o trabajando en la construcción de la nación afgana. No hicieron redadas en los escondites de armas de los talibanes ni en las fábricas de bombas porque los fabricantes y sus comandantes ahora controlaban la ciudad.

En cambio, los jóvenes soldados e infantes de marina encontraron formas de ayudar a quienes tenían la suerte de llegar a las puertas del aeropuerto. Los llevaron hacia lo que muchos afganos creían que sería una vida mejor. A veces, esas personas no tenían los documentos adecuados, por lo que fueron rechazados.

Más allá del trauma de tener que dar ese rechazo y enfrentar esas escenas de desesperación, los estadounidenses enfrentarían una vez más la pérdida de camaradas en Afganistán durante esas horas finales: 13 militares estadounidenses fueron asesinados por un ataque terrorista del Estado Islámico el jueves cuando intentaban organizar a una multitud de afganos para que mostraran sus documentos. Casi 200 afganos murieron en el mismo incidente, en una devastadora carnicería bélica.

En Catar, Kuwait, Alemania y Estados Unidos, decenas de miles de afganos se sientan en centros de procesamiento, fuera del alcance del gobierno de los talibanes, pero sin saber cuándo o cómo llegarán a Estados Unidos.

En Estados Unidos, los historiadores y analistas estudiarán las soluciones fallidas, las estrategias equivocadas y los argumentos de los generales que aseguraron la victoria a pesar de que en sesiones informativas extraoficiales y reuniones confidenciales reconocieron que Estados Unidos estaba perdiendo la guerra. Quizás el pueblo estadounidense exigirá rendición de cuentas por las miles de vidas y los billones de dólares gastados, solo para que los talibanes vuelvan a tener el control, más poderosos de lo que eran hace 20 años.

O tal vez no les importe, y seguirán adelante en Estados Unidos, un país que seguirá siendo profundamente moldeado, política, económica y personalmente, por la guerra, aunque eso no sea evidente a simple vista.

En cuanto a los que se quedaron en Afganistán, un país de 38 millones menos los miles que han huido o muerto en las últimas semanas, todo lo que pueden hacer es mirar hacia adelante, preguntarse a sí mismos y a todos los que quieran escuchar: ¿Qué viene ahora?

Publicado en New York Times

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Thomas Gibbons-Neff es corresponsal en la oficina de Kabul y fue un soldado de la infantería de marina. @tmgneff


 

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New York y New Jersey celebran desfile de las flores

Francisco

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EP NEW YORK | FLORIDA NEWS |

Desfile de las flores | New York

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Agencias

¿Atentado contra Donald Trump cambiará la carrera presidencial de EE.UU. ?

Francisco

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EP NEW YORK | Elecciones EE.UU. 2024

AGENCIAS

Después del tiroteo de Trump, la carrera presidencial cambiará drásticamente. Y posiblemente violentamente.

WASHINGTON, 14 jul  – En un país que ya está en vilo, el Intento de asesinato. sobre el ex Presidente Donald Trump. ha enfurecido a sus partidarios, ha detenido la campaña demócrata y ha aumentado los temores de más violencia política en el período previo a las elecciones de noviembre.

Los aliados republicanos de Trump lo pintaron como un héroe el sábado, aprovechando la imagen de él con la oreja ensangrentada y el puño levantado, apareciendo para pronunciar las palabras “¡Lucha! ¡Lucha! ¡Lucha!”

Mientras que Trump ha usado regularmente lenguaje violento con sus seguidores, asesores y aliados del ex presidente le dio la vuelta al guión a su oponente demócrata, el presidente. Joe Biden., diciendo que fue la demonización del candidato presidencial republicano lo que llevó al intento de asesinato.

“Hoy no es solo un incidente aislado. La premisa central de la campaña de Biden es que el presidente Donald Trump es un fascista autoritario que debe ser detenido a toda costa. Esa retórica llevó directamente al intento de asesinato del presidente Trump”, dijo el senador estadounidense J. D. Vance de Ohio, uno de los principales candidatos para ser compañero de fórmula de Trump, en X.

Biden se movió rápidamente para tratar de desactivar la situación, denunciando el ataque como violencia política inaceptable y retirando los anuncios electorales que atacan a Trump.

“No hay lugar en Estados Unidos para este tipo de violencia. Está enfermo”, dijo Biden a los periodistas.

Todavía no se conoce la motivación del tirador. El sospechoso, Thomas Matthew Crooks, de 20 años, de Bethel Park, Pensilvania, era un republicano registrado, según los registros estatales de votantes. Anteriormente hizo una donación de $15 a un comité de acción política que recauda dinero para políticos izquierdistas y demócratas.

A corto plazo, el ataque probablemente impulsará las apariciones de Trump en Milwaukee esta semana en la Convención Nacional Republicana mientras acepta la nominación presidencial de su partido, fortaleciendo el sentido de agravio y distanciamiento que sus partidarios ya sienten hacia la clase política de la nación.

Pocas horas después del tiroteo, la campaña de Trump envió un mensaje de texto pidiendo a los votantes que contribuyeran a la campaña. “No me persiguen, te persiguen”, decía el mensaje.

Los multimillonarios Elon Musk y Bill Ackman también respaldaron rápidamente a Trump. “Apoyo totalmente al presidente Trump y espero su rápida recuperación”, dijo Musk en X, el sitio de medios sociales que posee.

Chris LaCivita, el co-gerente de la campaña de Trump, dijo en X que “durante años e incluso hoy, activistas de izquierda, donantes demócratas y ahora incluso Joe Biden han hecho comentarios y descripciones repugnantes de disparar a Donald Trump… ya es hora de que rindan cuentas por ello… la mejor manera es a través de las urnas”.

Aparentemente, LaCivita se refería a los recientes comentarios de Biden hechos en el contexto de pedir a sus partidarios que se concentren en vencer a Trump en lugar de su propio desempeño. “Entonces, hemos terminado de hablar sobre el debate, es hora de poner a Trump en un blanco”, dijo Biden, quien siempre ha condenado cualquier violencia política.

Con información de Reuters

 

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Agencias

Biden seguirá en contienda presidencial pese a escepticismo democrático

Francisco

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EP NEW YORK  | Elecciones EE.UU. 2024

Gustavo Lugo | SDP

La pésima actuación en el debate del jueves hace dos semanas, sigue generando nuevas inquietudes sobre el estado de salud mental del presidente más longevo de EE.UU. y si esta apto para desempeñar por otros cuatro años como presidente a sus 81 años.

A biden le llueve sobre mojado, Biden y su equipo presentaron las razones para explicar su desastroso desempeño en el debate. Inicialmente, Karine Jean-Pierre, portavoz de la Casa Blanca, afirmó que la mala actuación de Biden en el debate se debió a que el presidente había tenido “una mala noche”, además de un resfriado. y un día después, agregó que el mandatario estaba cansado debido a varios viajes y señaló que no se trataba de “excusas”, sino de “explicaciones”, pero Biden no se encontraba fuera de EE.UU. y pasó una semana completa en Camp David, desde el 20 de junio, preparándose para el debate antes de partir hacia Atlanta, mejor la preparación para el debate de nada le sirvió.

Los cuestionamientos de continuar en la carrera como candidato presidencial para las elecciones del 5 de noviembre se incrementaron después del debate con el republicano Donald Trump el 27 de junio donde se le vio sin fuerza en la voz, y desconcentrado, ademas tropezó en varias ocasiones con las palabras que pronunciaba y se quedó paralizado por unos momentos mirando al vacío, esto hiso sonar las alarmas del partido demócrata cuestionando la salud del presidente.

Joe Biden, aseguró este lunes que seguirá en “carrera hasta el final” para las elecciones de noviembre, a pesar de los llamados de algunos demócratas a que abandone su candidatura, y pidió a sus compañeros del partido que acaben con el debate. En una carta enviada a los demócratas en el Congreso, Biden dijo que no volvería a presentarse “si no creyera absolutamente” que es “el mejor” para vencer a Trump.

Nuevos informes recientes indican que un especialista en la enfermedad de Parkinson realizó al menos ocho visitas en ocho meses a la Casa Blanca.

En la rueda de prensa este lunes, la portavoz de la Casa Blanca, Karine Jean-Pierre, respondió a las preguntas de los periodistas sobre la salud de Joe Biden, ante los crecientes rumores de que el presidente estadounidense, de 81 años, está recibiendo tratamiento para la enfermedad de Parkinson, Jean-Pierre tuvo con los periodistas tenzos intercambios sobre si la Administración había sido sincera sobre la salud del mandatario tras su desastrosa participación en el primer debate presidencial con Donald Trump, que inicio los llamados en los círculos demócratas para que Biden abandone su candidatura a la reelección.

La marca que dejo Biden el dia del debate, lo pone en la mira de todos, porque todo lo que haga, su mirada, sus pasos, sus movimientos, su hablar o confusion estarán al analices de todos.

En la cumbre de la OTAN en capital de la nación, Washington, DC, que se realizará este año del 9 al 11 de julio de 2024, sera el escenario apropiado para que Biden se muestre como el candidato demócrata capaz de derrotar a Trump.

A cuatro meses de las elecciones presidenciales Biden tiene que seguir luchando para mantenerse firme y al frente del partido demócrata.

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