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ENTREVISTA A JUAN CARLOS BLANCO, EL CANCILLER EN LA TORMENTA

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MINISTRO DE ASUNTOS EXTERIORES DE URUGUAY DURANTE EL GOBIERNO DEL PRESIDENTE JUAN MARÍA BORDABERRY

por Ricardo Angoso

rangoso@iniciativaradical.org

 Juan Carlos Blanco fue el canciller del presidente Juan María Bordaberry durante lo que se conoció como el período cívico-militar que dio paso después a la dictadura militar (1973-1985). Blanco tuvo el dudoso honor de ser uno de los pocos civiles procesados, juzgados y condenados por hechos ocurrido en esa época, junto con el mismo Bordaberry, y en la actualidad cumple una condena de veinte años por un delito de desaparición que niega.

TITULARES:

“Bordaberry, pese a lo que se ha dicho, siempre trató de defender la legalidad de la autoridad civil frente a los militares”;

“Una gran responsabilidad de lo que aquí ocurrió la tienen los Tupamaros que, una vez fracasados en las urnas, llegaron a decir que “por aquí, por las urnas, no va la cosa”;

“Yo siempre fui muy claro y mantuve una línea de defensa de la constitucionalidad y de las instituciones representativas”;

“Guardo la esperanza de que algún día otra generación reflexione sobre todo lo que ocurrió en Uruguay y lo que hicieron con nosotros. Y se preguntará:¿qué fue lo que pasó en ese momento? Y se comprobarán las tropelías que se cometieron con nosotros”;

“Mi vida hasta el 15 de noviembre de 2035 es estar aquí, en la cárcel. Tengo 80 años y eso significa que me han condenado de por vida”;

“Se han vulnerado los acuerdos iniciales que teníamos en la transición democrática. El origen de estos procesos viene de no haber buscado la concordia y la tradición clásica de Uruguay”.

Ricardo Angoso:¿Fue usted el primer procesado en Uruguay por asuntos o delitos relativos a la dictadura militar?

Juan Carlos Blanco: Si, así fue. Pero no quiero hacer declaraciones y menos públicas, si puedo ayudarle en su trabajo, lo hago, pero sin publicaciones, ni mucho menos.

R.A.:¿Cómo llegó a la Cancillería de Uruguay en 1972?

J.C.B.:Me remito a lo que cuento en libro. Estuve trabajando en la Organización de Estados Americanos (OEA) y fui llamando por el presidente constitucional Jorge Pacheco Areco para trabajar en la cancillería uruguaya. Luego, en noviembre de 1972, el presidente Juan María Bordaberry me nombra canciller a los 36 años, en un hecho sin precedentes en la historia de Uruguay. Yo era un funcionario y llegue de una forma accidental al gobierno, nada de participar en golpes de Estado u otras historias.

R.A.:Realmente, ¿fue Bordaberry el artífice del golpe de Estado llevado a cabo por los militares?

J.C.B.: No, nada de eso. El gobierno constitucional de 1971 de Pacheco ya había encomendado antes a las Fuerzas Armadas luchar contra la subversión, considerando que para derrotarla era necesario emplear todos los medios. Entonces, cuando Bordaberry llega al poder ya estaban las Fuerzas Armadas tomando partido en la lucha contra el terrorismo. El gobierno legal llamó a las Fuerzas Armadas para que lucharan junto con la policía en la lucha contra el terrorismo; más adelante, los militares consideraron que se debían de hacer algunos cambios en las Leyes para luchar más efectivamente contra la subversión.

R.A.:¿También hubo problemas entre Bordaberry y los militares?

J.C.B.:Siempre hubo problemas. Se dice que Bordaberry llamaba  a los militares para dar un golpe de Estado y fue todo lo contrario. Los imitares trataban de ir ocupando espacios sobre los civiles y Bordaberry trataba de proteger estos espacios e instituciones. Bordaberry, pese a lo que se ha dicho, siempre trató de defender la legalidad de la autoridad civil frente a los militares. Se dieron situación de tensión, como era lógico. Nadie quería que los militares se hicieran totalmente con el poder.

R.A.:¿Más tarde se produjo la salida del gobierno de Bordaberry?

J.C.B.:Fue en el año 1976. Ese año tenía que haber habido elecciones. Bordaberry, entonces, disolvió el parlamento y aseguró que entregaría el gobierno al ciudadano que fuera electo para el cargo de presidente de la República. Tenía la idea y la voluntad de convocar elecciones. Luego Bordaberry presentó una propuesta para crear un régimen de corte corporativista, en lo que yo no estaba de acuerdo, y hubo un choque con algunos sectores. Así se llegó a una situación en la que se produjo la anomalía de que la institucionalidad no se respetó ni tampoco hubo elecciones. Llegados a ese punto, y en un momento de protagonismo de los militares, yo decidí renunciar y abandonar el cargo.

R.A.:¿Y que hizo desde 1976 hasta 1985, en que abandonan los militares el poder?

J.C.B.:No tuve responsabilidades políticas, aunque ocupe los últimos tres años un cargo en las Naciones Unidas para acompañar a la transición democrática y darle una visibilidad. Estuve en ese periodo pero no en posición de gobierno, sino como diplomático.

R.A.:¿Más tarde fue senador?

J.C.B.:Eso fue posteriormente, cuando se recuperó la normalidad y las instituciones recuperaron todo su vigor. Fui electo en las elecciones de 1990 y hasta el año 1995 ocupé esa responsabilidad.

R.A.:¿Cómo se volvieron abrir estas heridas que parecían dormidas en la historia de Uruguay, cómo fue que le procesaron?

J.C.B.:Sin lugar a dudas, fue un hecho sorprendente y contrario a lo que había sido la tradición uruguaya hasta nuestros tiempos. Nunca en nuestra historia se había llegado a este estado de cosas. Aquí nunca hubo ni vencidos ni vencedores, siempre se apeló a la concordia y a la reconciliación. Y hubo clemencia siempre para los vencidos.

R.A.:¿Y qué argumentaron en su contra para procesarle?

J.C.B.:En las dos causas que me llevaron a la condena, sin pruebas de ningún tipo, fueron asuntos de índole internacional. El primer caso fue una persona que se asiló en la embajada de Venezuela y fue secuestrada por agentes no identificados que después la hicieron desaparecer. Nunca se conoció quién la secuestro. Luego también se me acusó del asesinato de cuatro uruguayos en Buenos Aires. Nunca tuve ninguna conexión ni relación con esos delitos. Ni siquiera se llegó a demostrar mi responsabilidad en los mismos. Me acusan de haber sido coautor de estos crímenes. ¡Pero ni siquiera nadie habló de estos asuntos cuando yo estaba en la Cancillería! No tuve participación en ninguno de estos asuntos ni tome parte en actos represivos, ya que no era mi misión ni función. Ni remotamente tuve alguna relación con esos actos.

R.A.:¿Y había testigos en su contra?

J.C.B.:No hay testigos ni documentos, realmente no hay nada de nada que pueda avalar esta condena que sufro injustamente. Ya le he dicho que ni remotamente tuve alguna relación con ese asunto. Ni siquiera los militares nos consultaban acerca de esos asuntos, actuaban con total autonomía. Si lo hicieron, nadie me consultó ni me dijo nada en su momento.

R.A.:¿Su relación con Bordaberry fue buena?

J.C.B.:Luego que abandoné la Cancillería tuve menos relación con él. Estaba muy desencantado por el curso que habían tomado las cosas y por la forma en que los militares se habían entrometido en la vida del país. Buscó un modus vivendi con los militares en unas circunstancias difíciles. Pero, en mi caso, yo siempre fui muy claro y mantuve una línea de defensa de la constitucionalidad y de las instituciones representativas. Bordaberry, todo hay que decirlo, siempre me apoyó y me dejó que me desempeñara en mis funciones y atribuciones.

R.A.:¿Bordaberry también fue procesado?

J.C.B.:Bordaberry fue acusado de varios delitos, entre ellos el mismo del que yo fui acusado como coautor. Se trata de los cuatro crímenes de Buenos Aires a los que antes me referí. Pero también le acusaron de otras violaciones de Derechos Humanos. Se confundió, en estos casos, la responsabilidad política con la penal. Es un error que por responsabilidades políticas sean juzgados los responsables de ese periodo.

R.A.:¿Habló con Bordaberry cuando estuvo encarcelado?

J.C.B.:No, nunca traté con él. Creo que nos encontramos en algún juzgado por estos asuntos, pero nada más. Incluso yo estaba preso y él estaba en la casa arrestado. Tuvimos una relación normal, pero no tuvimos muchas ocasiones de volver a hablar.

R.A.:¿Y cómo puede evolucionar su causa, tiene esperanzas de salir?

J.C.B.:He agotado todas las vías, no hay esperanzas. Mi vida hasta el 15 de noviembre de 2035 es estar aquí, en la cárcel. Tengo 80 años y eso significa que me han condenado de por vida. Formalmente, me han condenado de por vida. No se respeta nada, ni las reglas básicas jurídicas. Han hecho la excepción para que incluso en un caso como el mío no me pueda beneficiar de la edad.

R.A.:¿No esperó alguna medida de gracia del presidente José Mujica, que había sido guerrillero y participado en la lucha armada?

J.C.B.:Mujica había dicho antes de llegar al gobierno que no quería que los viejos estuvieran presos pero luego se desdijo y no se concretó nada. Y aquí estamos, todavía presos y sin esperanza. No olvidemos que Mujica pertenecía a los Tupamaros y fueron ellos los que iniciaron el conflicto en Uruguay, cuando atacaron el orden constitucional y a un gobierno democrático.

Los Tupamaros arrancan con sus actividades terroristas en 1963, en pleno gobierno democrático. Teníamos un gobierno democrático votado por más del 90% de los ciudadanos. Eramos un país libre, con todas las libertades y derechos, y sin presos políticos. Ese es el contexto en que vivíamos y en el que los Tupamaros actúan. Uruguay no era una dictadura, entonces, y algunos prefirieron utilizar la vía armada para llegar al poder que las vías políticas. Aquí, además, no se dio la represión que se dio en otros lugares, como la Argentina y Chile.

Se creó una comisión de la verdad y la paz para determinar que había ocurrido con la represión y determinó que tan solo había habido en la dictadura 28 desaparecidos. Uno es terrible, pero no se llegó a la represión de otras partes. Solo uno es censurable, pero no es la magnitud de otros países. En doce años de dictadura militar solo hay 28 muertos, no es un genocidio, eso está claro. Seamos objetivos y veamos eso en perspectiva. En Uruguay ni hubo ni genocidio ni exterminio. No se puede comparar con lo que ocurrió en Argentina, donde hubo miles de muertos.

R.A.: ¿Considera como algunos que con ustedes ha habido una justicia asimétrica?

J.C.B.:Se han vulnerado los acuerdos iniciales que teníamos en la transición democrática. El origen de estos procesos viene de no haber buscado la concordia y la tradición clásica de Uruguay. Yo ya he terminado todos mis recursos y no veo salida. Pese a todo lo que han hecho, yo perdono, incluso a los que me han condenado y buscado la venganza. Creo que algún día llegará alguien y ponga fin a esta situación, alguien que en el futuro se pregunte por qué fuimos condenados. Yo busco la paz y la concordia, ofrezco mi mano y el perdón, que son patrimonio de todos los uruguayos. Luego, como católico, no le guardo rencor a nadie y nos les guardo rencor a mis enemigos.

Me han dado muy duro y me atribuyeron un poder que nunca tuve. Yo abandoné en 1976 y durante diez años no tuve ningún poder ni actividad. Me tengo que reír ante esta situación, no he querido perder el sentido del humor. Nunca he sido una persona agresiva ni violenta, es una paradoja, algo irreal, que yo esté pasando por esta situación. Estoy preso sin pruebas ni fundamentos.

El comienzo de este proceso fue muy difícil. Realicé mi defensa, pero fue inútil y nadie me escuchó. En algún momento alguien se preguntará algo y quizá ya no estemos aquí para luchar por nuestra inocencia; la mayor parte de mis amigos ya están muertos y yo ya tengo muchos años. La mayor parte de los actores de ese periodo han muerto. Pero guardo la esperanza de que algún día otra generación reflexione sobre todo lo que ocurrió en Uruguay y lo que hicieron con nosotros. Y se preguntará:¿qué fue lo que pasó en ese momento? Y se comprobarán las tropelías que se cometieron con nosotros.

Yo no tuve mando ni autoridad para cometer esos crímenes, pero incluso voy más allá y le aseguró que desde el gobierno no se dieron esas órdenes para cometer esos crímenes de los que nos acusan. No creo que ni Bordaberry diera esas órdenes a nadie. Hubo víctimas lamentables en una situación de violencia que se produjo por la irrupción del terrorismo en la vida política de Uruguay. Creo que la intervención de los militares tenía que haber durado menos tiempo, pero sin perder de vista que cuando los soldados salen a la calle a patrullar y restaurar el orden, la gente aplaudía y veía con satisfacción esa intervención. Una gran responsabilidad de lo que aquí ocurrió la tienen los Tupamaros que, una vez fracasados en las urnas, llegaron a decir que “por aquí, por las urnas, no va la cosa”. No sacaron ni un solo diputado y apelaron a las armas para tomar el poder.

R.A.:¿No le permiten salir ni un día al mes?

J.C.B.:Alguna vez, unas horas al mes. Pero hay que tomarse este asunto con mucha paciencia. Gracias a Dios soy una persona religiosa y tengo fe en que algún día todo pasará. También mi familia me apoya mucho y viene a visitarme con frecuencia. No me quiero dejar ganar por el odio. Uruguay nunca fue un país de odio, que es un valor incalculable. No somos un país de gente violenta o que odie. Nuestra moderación es una realidad. Estoy bien y apelo a la paciencia. Me han tratado como un monstruo y me hace gracia. Incluso uno de los crímenes de los que se me acusan era uno de mis mejores amigos, cómo puede ser posible. Dicen que soy coautor del asesinato de un amigo y claro que no es cierto.

Yo sufro por mi familia, que quizá se ha llevado la peor parte en esta historia, pero yo me encuentro tranquilo porque sé que soy inocente. Fuerza y paciencia son las dos claves a las que he apelado para sobrevivir en estas circunstancias tan adversas. Incluso charló y he tenido amigos carceleros, veo todo este estado de casos como algo surrealista. Llevo nueve años presos y ya me he familiarizado con la cárcel. Solo lo siento por mi familia, que padece estas circunstancias. Mis amigos ya han muerto. Lo que sientes aquí es que algunos que quizá deberían haber venido a verte no vinieron, mientras que te sorprende que, por ejemplo, te venga a ver un policía que te conoció en la cárcel cuando te vigilaba.

TEXTOS DEL LIBRO “EL CANCILLER EN LA TORMENTA”

“…he sido objeto de reiteradas denuncias y procedimientos en los que nunca hubo una sola prueba concreta que apoyara las acusaciones.
Durante un lapso de veintidós años he sido hostilizado sin tregua, moviéndose en mi contra todos los resortes del Estado más la consiguiente repercusión en los medios de comunicación. Mientras en los miles y miles de fojas de actuaciones en los tres Poderes y en las comisiones relacionadas con derechos humanos nada me involucra en ningún hecho criminal…”

“…Es la culminación de la ola de la izquierda cambiando la historia, la marea de la historia recientes incidiendo sobre la política del presente…”

“…mi prisión es mostrada como prueba de que hay una nueva actitud con respecto a los Derechos Humanos y los excesos de la dictadura son castigados. El hecho de que yo sea inocente es, a esos efectos, un detalle menor… A la manera de los sacrificios bárbaros, mi prisión sirve en alguna forma para aplacar en el terreno político a las fieras, dándoles algo, o alguien, para devorar…”

“…Sé sin asomo de duda que mi participación en ese tiempo turbado fue con la intención indeclinable de perseverar todo los posible de un Uruguay que se debatía en un conflicto sin precedentes y de encontrar en medio de la tormenta los caminos que nos llevaran hacia adelante conforme a nuestras tradiciones…”

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Palestinos reclaman victoria en Gaza tras inicio de tregua

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EP EE.UU/ agencias

CIUDAD DE GAZA, Franja de Gaza  — Miles de palestinos se manifestaron en la madrugada del viernes tras la entrada en vigor de un alto el fuego en la última guerra de Gaza, visto por muchos como una costosa pero clara victoria para el grupo insurgente islamista Hamas sobre un Israel mucho más poderoso.

Los 11 días de guerra causaron más de 200 muertos, en su gran mayoría palestinos, y una devastación generalizada en la ya empobrecida Franja de Gaza, gobernada por Hamas. Pero las oleadas de proyectiles que paralizaron la vida en gran parte de Israel son consideradas por muchos palestinos como una respuesta valiente a lo que se percibió como abusos israelíes en Jerusalén, el corazón emocional del conflicto.

La tregua enfrentará una primera prueba el viernes, cuando docenas de miles de palestinos acudan a las oraciones semanales en el complejo de la mezquita de Al-Aqsa en Jerusalén, un sitio sagrado tanto para musulmanes como para judíos. Las manifestaciones de celebración podrían provocar confrontaciones con la policía israelí e iniciar una nueva escalada como la que derivó en el conflicto de los últimos días.

Miles de personas salieron a las calles de Gaza al inicio del alto el fuego a las 02:00 de la madrugada. Hombres jóvenes ondearon banderas palestinas y de Hamas, repartieron dulces, hicieron sonar bocinas y prendieron fuegos artificiales. Las celebraciones espontáneas se repitieron en Jerusalén este y en toda la Cisjordania ocupada.

El ambiente era más sombrío en Israel, donde el primer ministro, Benjamin Netanyahu, enfrentó las airadas acusaciones de su base conservadora que considera que detuvo los enfrentamientos demasiado pronto.

Como en las tres guerras previas entre los enemigos acérrimos, la última ronda de combates concluyó sin un claro ganador. Israel reclamó haber causado grandes daños a Hamas con cientos de demoledores ataques aéreos pero, de nuevo, no pudo detener el lanzamiento de cohetes.

Hamas también reclamó la victoria a pesar de las terribles consecuencias de la guerra para incontables familias palestinas que perdieron a sus seres queridos, sus casas y sus negocios. Ahora enfrenta el enorme desafío de reconstruir un territorio afectado por una elevada tasa de desempleo y por la pandemia del coronavirus.

La tregua estuvo mediada por el vecino Egipto luego de que Estados Unidos presionó a Israel para parar su ofensiva. Netanyahu anunció que su país había aceptado la propuesta el jueves en la noche e hizo hincapié en que “la realidad sobre el terreno determinará el futuro de la campaña”.

Los enfrentamientos comenzaron el 10 de mayo, cuando insurgentes de Hamas en Gaza dispararon cohetes de largo alcance hacia Jerusalén. Los proyectiles llegaron tras días de choques entre manifestantes palestinos y policías israelíes en Al-Aqsa. Las severas tácticas policiales desplegadas en el complejo y la amenaza de desahucio de docenas de familias palestinas por porte de colonos judías avivaron las tensiones.

Hamas y otros grupos insurgentes lanzaron más de 4.000 proyectiles hacia Israel durante la guerra. Docenas de ellos llegaron hasta Tel Aviv, la bulliciosa capital comercial del país. Israel respondió con cientos de ataques aéreos contra lo que calificó de infraestructura militar de Hamas, incluyendo una vasta red de túneles.

Al menos 230 palestinos murieron, incluyendo 65 menores y 39 mujeres, y 1.710 más resultaron heridos, según el Ministerio de Salud de Gaza, que no distingue entre combatientes y civiles. En Israel fallecieron 12 personas, entre ellos un niño de cinco años y una joven de 16.

Desde el inicio de los combates, las infraestructuras de Gaza, que ya estaban debilitadas por un bloqueo de 14 años, se han deteriorado rápidamente y la ofensiva aérea causó daños en escuelas y centros de salud.

<span;>Los suministros médicos, el agua y el combustible para generar electricidad escasean en la Franja, sobre la que Israel y Egipto impusieron un bloqueo cuando Hamas le arrebató el poder a la Autoridad Palestina en 2007. Desde entonces, el presidente palestino, Mahmud Abás, gobierna las áreas autónomas de la Cisjordania ocupada por Israel y tiene una limitada influencia en Gaza.

<span;>___

<span;>Krauss informó desde Jerusalén.

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Agencias

Colombianos reclaman cese de violencia policial en paro nacional

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EP EE.UU/ agencias

Bogotá , Colombia — “¡A parar para avanzar, viva el Paro Nacional!”. Con esta arenga miles de colombianos se manifestaban masivamente el miércoles durante la decimoquinta jornada de protestas nacionales en contra de las reformas del gobierno y los excesos de la fuerza pública en las manifestaciones.

“Entre las prioridades que tenemos están las garantías a los derechos humanos, el desmonte del ESMAD (policía antimotines) y todo este trato guerrerista que se le ha dado a la protesta social, la atención de las agendas de los jóvenes en este país, la renta básica (subsidio) y que se retire la reforma a la salud”, dijo a The Associated Press Francia Márquez, líder social que protestaba en Cali, al suroeste del país y epicentro de movilizaciones masivas y focos de violencia.

El ministro de Defensa, Diego Molano, informó que la jornada fue pacífica y rechazó los bloqueos viales en 99 puntos del país y afectan el paso de alimentos, insumos médicos y gasolina. Sin embargo, entrada la noche se presentaron algunos disturbios en ciudades como Barranquilla, Popayán, Bucaramanga y Neiva, donde incineraron un bus de servicio público.

La nueva jornada de protesta fue convocada por los principales sindicatos y movimientos sociales agrupados en el denominado Comité del Paro tras un fallido intento de diálogo con el presidente Iván Duque el 10 de mayo. Un día después, el gobierno propuso una mesa de negociación formal con los manifestantes con el acompañamiento de la Iglesia Católica y Naciones Unidas para la cual aún no hay fecha.

El descontento social creciente inició hace dos semanas en contra de una reforma tributaria que propuso el gobierno para financiar los programas estatales en medio de la crisis económica causada por la pandemia. Días después el presidente Duque aceptó retirarla, sin embargo, las protestas no cesaron, sino que tomaron fuerza y se mantienen ante una ola de denuncias de exceso de la fuerza pública y uso de armas contra la población.

“En estos días los actos de la policía han sido una completa violación de los derechos humanos contra los manifestantes que estamos protestando en paz en Bogotá y en ciudades como Cali y Medellín”, dijo a la AP el estudiante Cristian Ureña en Bogotá.

Las cifras oficiales dan cuenta de una afectación cada vez mayor. Según la Defensoría del Pueblo, entidad estatal de derechos humanos, se han reportado 41 civiles y un policía muertos durante las protestas, mientras que el Ministerio de Defensa contabiliza 33 fallecidos y más de mil heridos: 716 civiles y 849 miembros de la fuerza pública.

“Todas las órdenes operativas que se imparten siempre se enmarcan en la garantía de los Derechos Humanos y si se presentan violaciones por conductas individuales de la fuerza pública éstas se judicializan y se investigan… También se reclama que se hagan las investigaciones frente a las agresiones que se han presentado contra miembros de la fuerza pública”, dijo el presidente Duque el martes desde Cali en una declaración oficial.

Los hechos están en etapa de investigación. El fiscal general, Francisco Barbosa, explicó el miércoles ante el Congreso que han identificado 14 muertes relacionados con las protestas y hasta ahora han esclarecido cuatro casos de homicidios: tres de ellos “fueron cometidos por policías”. El presidente Duque explicó el martes que abrieron 65 acciones disciplinarias a miembros de la fuerza pública. De éstas, ocho son casos por presunto homicidio y 27 por abuso de autoridad. Sin embargo, la organización no gubernamental Temblores advierte 1.956 casos de violencia policial.

Las manifestaciones ocurren en al menos 25 departamentos de los 32 que tiene el país y recogen la inconformidad de sectores diversos de la sociedad como los estudiantes, sindicatos, trabajadores informales y comunidades étnicas que reclaman en primera medida garantías para protestar.

“Estamos con la flauta porque eso es lo que nos identifica: frente a la brutalidad policial respondemos con la música y la danza”, dijo a la AP Didier Chirimuscay, líder Misak del movimiento de Autoridades Indígenas del Sur Occidente (AISO), quien protestaba en el centro de Bogotá. “Marchamos contra el mal gobierno, retiraron la reforma (tributaria), pero el gobierno va a insistir para ponerla”, agregó.

En Pereira, al oeste del país, las movilizaciones giraron en torno a la memoria de Lucas Villa, el estudiante de Ciencias del Deporte que falleció tras recibir disparos en una marcha pacífica el 5 de mayo. Los manifestantes ondearon banderas de Colombia y levantaron rosas y carteles con la frase “Lucas vive”. Villa, de 37 años, se convirtió en un símbolo nacional de las víctimas de la violencia durante las protestas.

Ante la presión social, el presidente prometió que subsidiará las matrículas de los estudiantes de estratos más bajos de las universidades públicas durante el segundo semestre de 2021. El Ministerio de Educación calcula que la iniciativa costará 160 millones de dólares. Sin embargo, los estudiantes piden que la gratuidad de la educación universitaria se extienda a toda la población, se mantenga en el tiempo y finalmente se cumpla.

“Estamos en alerta y hemos pasado de inmediato un derecho de petición al gobierno nacional de Iván Duque y al Ministerio de Educación, porque en los pasados anuncios de matrícula cero han sido tramposos”, indicó el miércoles la Asociación Colombiana de Representantes Estudiantiles de la Educación Superior en un comunicado.

En paralelo a las manifestaciones, el presidente Duque se reunió con algunos líderes juveniles en Bogotá buscando acuerdos para desbloquear el país. La alcaldesa de Bogotá, Claudia López, pidió al gobierno concertar con los manifestantes para detener las manifestaciones en medio del tercer pico de contagios y muertes por COVID-19.


https://youtu.be/MkWf1kTMZFI

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Agencias

Se desploma metro en México dejando varios muertos y decenas de heridos

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EP New York/agencias

CIUDAD DE MEXICO — Mientras la madrugada del martes avanzaba en México, algunos se fueron a dormir apesadumbrados y otros recorrían hospitales en busca de familiares que al parecer viajaban en vagones de la Línea 12 del metro, que el lunes por la noche se desplomó sobre una avenida de la capital del país.

El accidente ocurrió alrededor de las 22:30 y dejó al menos 23 muertos y 70 heridos, informó la alcaldesa de Ciudad de México, Claudia Sheinbaum. Unas cinco horas después, la cifra de hospitalizados ascendía a 65, siete de ellos se encontraban en quirófano en estado grave. Entre los fallecidos había menores aunque las autoridades no concretaron el número.

Sheinbaum pidió “no especular y esperar a los peritajes para saber qué ocurrió”, pero garantizó que se realizaría una investigación “profunda” para deslindar responsabilidades. “Si es necesario un peritaje externo, también se realizará”, señaló. Después se informó que la operación de la línea se suspendería por completo y como transporte alternativo para los capitalinos se ofrecerían casi 500 autobuses. La avenida sobre la que ocurrió el occidente también permanecería cerrada.

En las primeras horas después del caos, el presidente Andrés Manuel López Obrador no realizó ningún pronunciamiento, lo que desató críticas de cientos de usuarios en redes sociales.

Los testigos en la zona dijeron escuchar un gran crujido, como un trueno, cuando se venció una trabe justo al paso un tren. Un automóvil quedó aprisionado debajo con una pareja dentro. La estructura estaba a unos cinco metros de altura por encima de la avenida.

La mujer fue sacada del coche, aparentemente con vida, según dijo a periodistas Adrián Loa Martínez, su cuñado. Su hermano permanecía atrapado entrada ya la madrugada. “Está ahí abajo ahorita”, explicaba. “Tantas toneladas ahí arriba… imagínese para mover todo eso”.

En cuestión de minutos, la zona en torno a la estación Olivos se llenó de ambulancias, rescatistas, camiones de bomberos, patrullas de la Guardia Nacional, del ejército y de la Marina. Centenares de personas se arremolinaban nerviosas, incluidos los familiares y amigos que buscaban a los seres queridos que no habían llegado a la casa a la hora prevista y solían utilizar esa línea. En lo alto, se podía observar el vagón totalmente partido.

A medianoche se interrumpió temporalmente el rescate porque el tren estaba “muy débil” y todavía quedaban personas dentro, aunque se desconocía si seguían con vida. Los trabajos se reanudaron cuando llegó una grúa para asegurar el tren e impedir que terminara de caerse.

Fuerzas de seguridad de todos los niveles de gobierno colaboraban en el operativo mientras el gobierno de la ciudad montaba un centro de mando para informar a los familiares y había puesto un cerco para que nadie se acercara.

Con el paso de las horas, la desesperación crecía mientras las autoridades trabajaban en identificar a las víctimas. Algunas listas de heridos y trasladados a hospitales se publicaron al paso de las horas en las redes sociales de las autoridades, pero varios familiares de personas que al parecer viajaban en el metro no lograban encontrar a sus seres queridos. Muchos publicaban fotografías y señas de identidad en redes sociales esperando conseguir alguna pista; otros iban de un hospital a otro y diversas imágenes de televisoras locales los mostraban a las afueras de las clínicas mientras ansiaban obtener información.

Sheinbaum aseguró que había una línea telefónica habilitada para dar información, pero algunos afectados aseguraban a medios que ésta se había colapsado por la alta demanda.

“No nos dan informes, la policía nos empuja, no nos dicen nada, solo se amontona la gente”, explicaba desde el lugar del accidente Oscar López, de 26 años, que buscaba alguna señal de su amiga Ariana Salas, una dentista de su misma edad y embarazada de seis meses que regresaba a su casa después del trabajo.

La madre de la joven le marcó para que acudiera al lugar en cuanto supo la noticia. Al llegar, no podía acercarse, ni encontraba información en los hospitales, con gran actividad previa debido a la pandemia de COVID-19. “Es como mi hermana, no me creo que esté pasando todo esto”, lamentaba. “Algo iba a pasar en este metro”.

El suceso tuvo lugar en la Línea 12 del metro, cuya construcción fue objeto de numerosas denuncias e irregularidades, lo que alimentaba los rumores por mucho que la alcaldesa pidiera esperar a los resultados de los peritajes e insistiera en que siempre hablarían con la verdad por delante.

“Deben investigarse causas y deslindarse responsabilidades”, escribió en Twitter el canciller Marcelo Ebrard, exalcalde de la ciudad de 2006 a 2012. “Me reitero a la entera disposición de las autoridades para contribuir en todo lo que sea necesario”.

“Lo ocurrido hoy en el Metro es una terrible tragedia” agregó. “Mi solidaridad a las víctimas y sus familias”.

El Metro de Ciudad de México, uno de los más grandes y transitados del mundo, ha tenido al menos tres accidentes graves desde su inauguración hace medio siglo.

En marzo del año pasado, un choque entre dos trenes en la estación de Tacubaya dejó un pasajero muerto y causó lesiones a 41 personas.

En 2015, un tren que no frenó a tiempo se estrelló contra otro en la estación de Oceanía, causando heridas a 12 personas, en lo que las autoridades calificaron luego de un “doble error humano”.

El accidente más grave fue un choque en la estación Viaducto en 1975, hubo 31 muertos y más de 70 heridos, de acuerdo con el diario El Universal.


(Con información de AP/EFE)

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