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Enfoque Mundial

Inseguridad creciente , una amenaza planetaria

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Por Ricardo Angoso

@ricardoangoso

ricky.angoso@gmail.com

Pese al aumento del nivel de vida, la emergencia de una clase media en China y otros países latinoamericanos y una bajada constatada de la pobreza extrema, tal como ha ocurrido en numerosas naciones en América Latina, la inseguridad sigue mostrando indicadores preocupantes en numerosos partes del mundo. Según el Global Peace Index, que mide la violencia en el planeta, en el año 2016 la seguridad pública empeoró en 79 países y entre las naciones que muestran tasas de homicidios, violencia e inseguridad creciente con niveles preocupantes se encuentran Venezuela, Colombia, Turquía, Nigeria, Rusia, Pakistán, Libia, Sudán, Ucrania, Yemen, Afganistán, República Centroafricana, Irak y Siria. 

Igual de preocupante es la situación en América Latina, en donde países como Honduras, El Salvador y Venezuela rivalizan por ocupar el primer puesto en el ranking de homicidios cada 100.000 habitantes. El Salvador, con casi 100 homicidios cada 100.000 habitantes, ocupa tan deshonroso puesto, mientras que Venezuela con casi 30.000 homicidios el año pasado llegó a los 91,8 por la misma porción de población. No se queda a la zaga Honduras, que cuenta con una de las ciudades más peligrosas del mundo, San Pedro de Sula. Nueve de las ciudades más peligrosas del mundo, informaba un reciente informe de la CNN, están en América Latina. 

Venezuela se encuentra entre los países más paradigmáticos del mundo en lo que se refiere a la inseguridad. Todos los años la situación empeora y el actual gobierno, presidido por Nicolás Maduro, se muestra incapaz de poner coto a tan maño desafío. Según el Observatorio Venezolano de Violencia, una ONG independiente que estudia el fenómeno y lo analiza en profundidad, en el año 2016 se batieron nuevos récords y hubo casi 30.000 homicidios en el país, unos 68 al día. Venezuela ocupa el segundo puesto en el mundo en asesinatos y número de actos delictivos, pese a que miles de delitos ya no se denuncian y la policía, una de las más corruptas del mundo, apenas actúa para prevenir los delitos y detener a los delincuentes. El inepto gobierno bolivariano, que ya lleva más de dieciocho años en el poder sin saber que hacer con un país que ha destruido literalmente, ha aprobado en estos años 26 planes contra la violencia que no han tenido resultado alguno ni traducción en las calles. La violencia más primaria sigue campando a sus anchas en las ciudades venezonalas.

A este aumento sin duda en la inseguridad en el mundo han contribuido los conflictos abiertos en una buena parte de la geografía planetaria. Aparte de las guerras civiles de Irak, Siria y Afganistán, que ya hace años comenzaron sin que se atisben señales de que vayan a concluir, se le han venido a unir nuevos conflictos, como el de Yemen y los nunca cerrados en toda Africa (Sudán, Somalia, República Democrática del Congo y Eritrea, por citar solo algunos).

PERCEPCIÓN DE UNA MAYOR INSEGURIDAD EN TODO EL MUNDO

Sin querer ligar el asunto de la inmigración con la percepción de la inseguridad en Europa, hay que reseñar que todos los estudios de opinión señalan que los ciudadanos perciben un aumento en la inseguridad en muchos países del continente en los últimos años. Los ataques terroristas contra los Estados Unidos, el Reino Unido, Francia, Alemania y España, junto con otros de menor entidad, han revelado que las sociedades occidentales son vulnerables al terrorismo y que los conflictos se pueden revelar con fuerza más allá de las latitudes donde se desarrollan. Los europeos ya no son ajenos a la guerra que libra  el Estado Islámico y otros grupos yihadistas contra la civilización occidental, sino que son, quizá, su principal objetivo y sus víctimas propiciatorias. 

Harían muy mal los Estados Unidos en este contexto de globalización del terror en aislarse y tapiar sus fronteras para tratar de ocultar los conflictos y contenciosos de nuestro tiempo. Solamente desde un enfoque global, buscando un consenso trasnacional y respuestas adecuadas que garanticen seguridad y estabilidad, se podrá hacer frente a uno de los mayores retos que tiene la humanidad en estos momentos. La guerra en Siria ha demostrado como un foco de conflicto absolutamente descontrolado, pese a la ayuda rusa al régimen del carnicero de Damasco, Bashar al-Asad, puede afectar a una región entera y romper los frágiles equilibrios que hasta ahora pervivían en Oriente Medio y llevar la inestabilidad y la guerra a sus vecinos. Tanto Israel, Irak, Irán, Jordania, Líbano y Turquía se han visto implicadas, en mayor o menor medida, en el conflicto sirio y estas naciones han sido sacudidas por la inestabilidad creciente en este país. La inseguridad ya no es un asunto local, sino que traspasa la fronteras y se convierte en un problema global.

Pero también la guerra siria ha afectado notablemente a las relaciones internacionales, pues las diferencias acerca de cómo abordar el fin de la contienda han generado suspicacias y tensiones entre Rusia y los Estados Unidos que no se conocían desde el final de la Guerra Fría. También la Unión Europea (UE) ha mantenido posiciones muy diferentes a las de las dos grandes superpotencias, aunque siempre apostando por un diálogo entre todas las partes para poner fin al conflicto  excluyendo del mismo (y exigiendo su salida de la escena) de Bashar al-Asad.

Además, la terrible situación que padece Siria ha provocado uno de los mayores éxodos de este siglo: más de once millones de sirios se han visto desplazados en su propio país o han tenido que partir como refugiados hacia Europa. La crisis se reveló con crudeza en Turquía, Grecia y una buena parte de los países de los Balcanes, que vieron cruzar sus fronteras a miles de personas carentes de lo más básico y huyendo de una guerra bárbara. Media Europa echó el grito en el cielo, cundió el pánico, se extendió una ola de insolidaridad creciente y las fronteras se vieron desbordadas por una muchedumbre nunca vista hasta ahora en el continente.  

Alemania ofreció alojamiento y acogida a más de un millón de inmigrantes sirios y de otros países en conflicto que fueron recibidos con entusiasmo y alegría por miles de alemanes. Pero en pocas semanas ese recibimiento se agrió y el rechazo por una parte de la sociedad alemana, que creía que su bienestar y sus puestos de trabajo peligraban, se hizo evidente. La extrema derecha no deja de crecer desde que Angela Merkel abrió las fronteras alemanas, mejor regalo no le puede haber hecho a los ultras.Luego se sucedieron los sucesos de Colonia, en que decenas de mujeres alemanas fueron vejadas y agredidas sexualmente por un millar de hombres supuestamente inmigrantes (¿?). Lo fueran o no, cundió la alarma y un manto de intolerancia y xenofobia cayó sobre las ciudades alemanas. En apenas unas semanas, se pasó de la crisis a una grave tragedia europea, con lo que se reveló que en el siglo XXI los problemas ya no son locales sino globales y que influyen en nuestra plácida cotidianidad aunque queramos permanecer al margen de los mismos. 

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Agencias

Rusia ataca el Este de Ucrania. “El Donbás” de la guerra

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EP New York/ Guerra de Ucrania

Kiev, 18 abr – El presidente ucraniano, Volodímir Zelenski, informó la noche de este lunes a su país de que Rusia “ha empezado la gran batalla por el Donbás”, en alusión a la esperada gran ofensiva del ejército ruso para controlar todo el este del país.

“Podemos confirmar que las tropas rusas han comenzado esa batalla”, aseguró, en un mensaje difundido por vídeo, difundido por el canal informativo Ukrinform, para añadir a continuación que los soldados ucranianos “batallarán” y que “no cederán” nada del territorio del país.

“El ejército ruso ha concentrado gran parte del total de sus efectivos ahí para concentrarse en su ofensiva”, asegura, para sostener luego que “no importa cuantas tropas rusas se desplieguen: nosotros lucharemos”.

El mensaje del líder ucraniano sigue a los bombardeos registrados durante todo este lunes en el Donbás y después de que a primera hora de la mañana el gobernador regional de Lugansk, Serhiy Gaidai, proclamara el inicio de la ofensiva en una de sus ciudades, Kreminna.

“La situación ha cambiado radicalmente”, anunció entonces Gaidai, a través de Telegram, para informar luego de los primeros combates en las calles.

En paralelo a la alarma en el este del país, desde Leópolis, en el oeste y a 80 kilómetros de la frontera con Polonia, se reportaron asimismo ya por la mañana cinco ataques con misiles, que dejaron al menos siete muertos.

Especialmente dramática es la situación en Mariúpol, la estratégica ciudad portuaria del Mar Negro, que sufre a diario los bombardeos rusos desde el inicio de la invasión, el 24 de febrero.

Las autoridades ucranianas informaron este lunes, por segundo día consecutivo, de que no es posible abrir corredores humanitarios para proceder a la evacuación de los civiles porque, según Kiev, por parte de Rusia no hay garantías de seguridad.

La viceprimera ministra, Iryna Vereshchuk, instó a través de la cuenta oficial en Telegram a Rusia a abrir uno de estos corredores humanitarios para posibilitar esas operaciones.

Según fuentes ucranianas, en una acería de Mariúpol hay cerca de un millar de civiles refugiados. Ahí se encuentran también atrincherados los últimos soldados ucranianos que tratan de resistir el ataque ruso a esa ciudad.

Información de EFE

 

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El mundo no será el mismo a partir de la guerra de Ucrania.

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EP New York/ Ucrania_opinión

Las ocho palabras más peligrosas del periodismo son: “El mundo nunca volverá a ser el mismo”. En más de cuatro décadas como periodista, rara vez me he atrevido a usar esa frase. Pero ahora, tras la invasión de Vladimir Putin a Ucrania, la utilizaré. 《Thomas L  Friedman》

Nuestro mundo nunca volverá a ser el mismo porque esta guerra no tiene ningún paralelo histórico. Es una descarnada toma territorial, estilo siglo XVIII, por parte de una superpotencia, pero en un mundo globalizado del siglo XXI. Esta es la primera guerra que será cubierta en TikTok por personas increíblemente empoderadas, armadas solo con teléfonos inteligentes, por lo que los actos de brutalidad se documentarán y transmitirán por todo el mundo sin editores ni filtros. El primer día de la guerra, vimos cómo los tanques rusos invasores quedaban expuestos de forma inesperada por Google Maps, porque Google quiso alertar a los usuarios conductores que los vehículos blindados rusos estaban provocando atascos de tráfico.

Nunca hemos visto algo como esto.

Sí, el intento ruso de apoderarse de Ucrania recuerda a siglos anteriores —antes de las revoluciones democráticas en Estados Unidos y Francia—, cuando un monarca europeo o un zar ruso simplemente podía decidir que quería más territorio, que había llegado el momento de apoderarse de él, y lo hacía. Y todos en la región sabían que devoraría todo lo que pudiera y que no había una comunidad internacional que lo detuviera.

Sin embargo, al actuar de esta manera ahora, Putin no solo se ha dispuesto a reescribir de forma unilateral las reglas del sistema internacional que han estado vigentes desde la Segunda Guerra Mundial —es decir, que ninguna nación puede solo devorar a la nación vecina—, sino que también está tratando de alterar el equilibrio de poder que siente que se le impuso a Rusia después de la Guerra Fría.

Ese equilibrio —o desequilibrio, según Putin— fue el humillante equivalente a las imposiciones del Tratado de Versalles sobre Alemania tras la Primera Guerra Mundial. En el caso de Rusia, significó que Moscú tuviera que tolerar la expansión de la OTAN no solo para incluir a los antiguos países de Europa del Este que habían sido parte de la esfera de influencia de la Unión Soviética, como Polonia, sino incluso, en principio, Estados que formaban parte de la propia Unión Soviética, como Ucrania.

Veo a muchas personas citar el excelente libro de Robert Kagan The Jungle Grows Back como una manera de abreviar el regreso a este estilo cruel y brutal de geopolítica que se manifiesta en la invasión de Putin. Pero esa imagen está incompleta. No estamos en 1945 o 1989. Puede que estemos de regreso en la jungla, pero esa jungla en la actualidad está interconectada de forma más íntima que nunca por las telecomunicaciones, los satélites, el comercio, internet, las redes viales, ferroviarias y aéreas, los mercados financieros y las cadenas de suministro. Así que, si bien el drama de la guerra se está desarrollando dentro de las fronteras de Ucrania, los riesgos y repercusiones de la invasión de Putin se están sintiendo en todo el mundo, incluso en China, que tiene buenos motivos para preocuparse por su amigo en el Kremlin.

Bienvenidos a la Interconectada Guerra Mundial: la primera guerra en un mundo totalmente interconectado. Algo así como si los cosacos se mezclaran con la red informática mundial. Como dije antes, nunca hemos visto algo como esto.

“Han pasado menos de 24 horas desde que Rusia invadió Ucrania, pero ya tenemos más información sobre lo que está pasando allí de lo que tuvimos en una semana durante la guerra de Irak”, escribió en Slate Daniel Johnson, quien fue oficial de infantería y periodista con el ejército de Estados Unidos en Irak, el jueves 24 de febrero por la tarde. “Lo que está saliendo de Ucrania es simplemente imposible de producir a tal escala sin que los ciudadanos y soldados de todo el país tengan fácil acceso a teléfonos móviles, internet y, por extensión, aplicaciones de redes sociales. Una guerra moderna a gran escala se transmitirá en directo, minuto a minuto, batalla por batalla, muerte por muerte, al mundo. Lo que está ocurriendo ya es horrible, según la información publicada tan solo en el primer día”.

¿Putin será derribado por un exceso de ambición imperial? Es demasiado pronto para decirlo. Pero estos días recuerdo la reflexión de otro líder retorcido que decidió devorar a sus vecinos en Europa. Su nombre era Adolf Hitler, y dijo: “El comienzo de cada guerra es como abrir la puerta a un cuarto oscuro. Uno nunca sabe lo que está escondido en la oscuridad”.

En el caso de Putin, me pregunto: ¿sabe lo que se esconde a plena vista y no solo en la oscuridad? ¿Conoce no solo las fortalezas de Rusia en el nuevo mundo de hoy, sino también sus debilidades? Permítanme enumerarlas.

Rusia está en proceso de apoderarse por la fuerza de un país libre con una población de 44 millones de personas, que es un poco menos de un tercio del tamaño de la población de Rusia. Y la mayoría de estos ucranianos han estado luchando por ser parte del Occidente democrático y de libre mercado durante 30 años y ya han forjado innumerables lazos comerciales, culturales y digitales con empresas, instituciones y medios de comunicación de la Unión Europea.

Sabemos que Putin ha mejorado mucho las fuerzas armadas de Rusia. Les ha agregado de todo, desde misiles hipersónicos hasta herramientas avanzadas para ataques cibernéticos. Tiene la potencia de fuego necesaria para doblegar a Ucrania. Pero en esta era moderna nunca hemos visto a un país no libre, Rusia, tratar de reescribir las reglas del sistema internacional y apoderarse de un país libre tan grande como Ucrania, en especial cuando el país no libre, Rusia, tiene una economía más pequeña que la de Texas.

Luego, pensemos en esto: gracias a la globalización vertiginosa, la UE ya es el mayor socio comercial de Ucrania, no Rusia. En 2012, Rusia era el destino del 25,7 por ciento de las exportaciones ucranianas, en comparación con el 24,9 por ciento destinado a la UE. Solo seis años después, tras la brutal toma de Crimea por Rusia y el apoyo a los rebeldes separatistas en el este de Ucrania, y la creación de vínculos económicos y políticos más estrechos de Ucrania con la UE, “el porcentaje de Rusia en las exportaciones ucranianas ha caído a solo el 7,7 por ciento mientras que el porcentaje de la Unión Europea se disparó al 42,6 por ciento”, según un análisis reciente publicado por Bruegel.org.

Si Putin no desenreda esos lazos, Ucrania seguirá acercándose a los brazos de Occidente. Si los logra desenredar, estrangulará la economía de Ucrania. Y si la UE boicotea a una Ucrania controlada por Rusia, Putin tendrá que usar dinero ruso para mantener a flote la economía de Ucrania.

¿Incluyó eso en sus planes de guerra? Pareciera que no. O como me escribió por correo electrónico un diplomático ruso retirado en Moscú: “¿que cómo termina esta guerra? Por desgracia, no hay nadie en ningún lugar a quién preguntarle”.

Pero todos en Rusia podrán verlo. A medida que esta guerra se desarrolle en TikTok, Facebook, YouTube y Twitter, Putin no podrá aislar a la población rusa —y mucho menos al resto del mundo— de las horribles imágenes que se produzcan en esta guerra cuando entre en su fase urbana. Tan solo en el primer día de la guerra, más de 1300 manifestantes en toda Rusia —muchos de quienes coreaban “¡no a la guerra!”— fueron detenidos, según informó The New York Times, citando a un grupo de derechos humanos. Esa no es una cantidad pequeña en un país donde Putin tolera muy poca disidencia.

Y quién sabe cómo afectarán esas imágenes a Polonia, particularmente cuando esté desbordada por refugiados ucranianos. Menciono particularmente a Polonia porque es el puente terrestre clave de Rusia hacia Alemania y el resto de Europa Occidental. Como señaló el estratega Edward Luttwak en Twitter, si Polonia simplemente detiene el tráfico de camiones y trenes de Rusia a Alemania, “como debería”, crearía un caos inmediato para la economía de Rusia, porque las rutas alternativas son complicadas y tendrían que pasar por una Ucrania recientemente muy peligrosa.

¿Alguien dijo huelga de camioneros anti-Putin que evite que los productos rusos pasen por Europa Occidental a través de Polonia? Vigilemos ese espacio. Algunos ciudadanos polacos superempoderados con unos cuantos controles de caminos, camionetas y cargados con celulares podrían asfixiar a toda la economía de Rusia en este mundo interconectado.

Esta guerra sin paralelo histórico no será una prueba de resistencia solo para Estados Unidos y sus aliados europeos. También lo será para China. En esencia, Putin ha retado a Pekín: “¿vas a apoyar a quienes quieren derrocar el orden liderado por Estados Unidos o vas a unirte a la pandilla del alguacil de Estados Unidos?”.

No debería ser —pero lo es— una pregunta complicada para Pekín. “Los intereses de China y Rusia no son idénticos en este momento”, me dijo Nader Mousavizadeh, fundador y director ejecutivo de la consultora global Macro Advisory Partners. “China quiere competir con Estados Unidos en el Super Bowl de la economía, la innovación y la tecnología, y cree que puede ganar. Putin está listo para incendiar el estadio y matar a todos los que estén allí con tal de satisfacer sus agravios”.

El dilema para los chinos, agregó Mousavizadeh, “es que su preferencia por el tipo de orden, estabilidad y globalización que ha permitido su milagro económico está en fuerte tensión con su autoritarismo renaciente en casa y su ambición de suplantar a Estados Unidos —ya sea por la fuerza de China o la debilidad de Estados Unidos— como la superpotencia dominante del mundo y el impositor de reglas”.

Tengo pocas dudas de que, en el fondo, el presidente de China, Xi Jinping, espera que Putin se salga con la suya y logre secuestrar a Ucrania y humillar a Estados Unidos, pues eso ablandaría al mundo ante su deseo de apoderarse de Taiwán y fusionarla de nuevo a China.

Pero Xi no es ningún tonto. He aquí un par de datos interesantes sobre el mundo interconectado: en primer lugar, la economía de China depende más de Ucrania que de Rusia. Según Reuters, “China superó a Rusia para convertirse en el mayor socio comercial individual de Ucrania en 2019, con un comercio total de 18.980 millones de dólares el año pasado, un aumento de casi el 80 por ciento con respecto a 2013. […] China se convirtió en el mayor importador de cebada ucraniana en el año comercial 2020-2021”, y alrededor del 30 por ciento de todas las importaciones de maíz de China el año pasado provinieron de granjas en Ucrania.

En segundo lugar, China superó a Estados Unidos como el mayor socio comercial de la Unión Europea en 2020, y Pekín no puede permitirse que la UE se vea envuelta en un conflicto con una Rusia cada vez más agresiva y un Putin cada vez más inestable. La estabilidad de China —así como la legitimidad del Partido Comunista gobernante— depende de la capacidad de Xi de sostener y hacer crecer su ya inmensa clase media. Y eso depende de una economía mundial estable y en crecimiento.

No creo que China le imponga sanciones a Rusia, y mucho menos que suministre armas para los ucranianos, como Estados Unidos y la Unión Europea. Lo único que Pekín ha hecho hasta el momento es refunfuñar que la invasión de Putin “no fue lo que esperábamos ver”, y casi de inmediato dejar implícito que Washington había sido el “culpable” por “avivar las llamas” con la expansión de la OTAN y sus recientes advertencias de una inminente invasión rusa.

Entonces queda claro que China está indecisa, pero, de las tres superpotencias clave con armas nucleares —Estados Unidos, China y Rusia— China, con su postura, tiene un enorme voto decisivo sobre si Putin podrá salirse con la suya en Ucrania o no.

Liderar equivale a tomar decisiones, y si China pretende suplantar a Estados Unidos como líder mundial, tendrá que hacer algo más que hablar entre dientes.

Finalmente, hay algo más que Putin encontrará escondido a plena vista. En el mundo interconectado de hoy, la “esfera de influencia” de un líder ya no es un derecho automático que da la historia y la geografía, sino algo que debe ganarse y volver a ganarse todos los días al inspirar y no obligar a otros a seguirlo.

La cantante y actriz Selena Gomez tiene el doble de seguidores en Instagram (más de 298 millones) que ciudadanos de Rusia. Sí, Vladimir, puedo oír cómo te ríes desde aquí y recordar la broma de Stalin sobre el papa: “¿cuántas divisiones de ejército tiene Selena Gómez?”.

No tiene ninguna. Pero ella es una persona influyente con seguidores, y hay miles y miles de Selenas en internet, incluidas celebridades rusas que publican en Instagram sobre su oposición a la guerra. Y si bien no pueden hacer retroceder tus tanques, sí pueden hacer que todos los líderes de Occidente extiendan la alfombra roja para que tú y sus compinches nunca puedan viajar a sus países. Ahora eres oficialmente un paria global. Espero que te guste la comida china y norcoreana.

Por todas estas razones, en esta etapa temprana, me aventuraré a dar solo una predicción sobre Putin: Vladimir, el primer día de esta guerra fue el mejor día del resto de tu vida. No tengo duda alguna de que, en el corto plazo, tus fuerzas militares prevalecerán. Pero, a la larga, a los líderes que tratan de enterrar el futuro con el pasado no les va bien. Con el tiempo, tu nombre terminará viviendo en la infamia.

Ya sé, Vladimir, ya sé: no te importa, no más de lo que te importó comenzar esta guerra en medio de una pandemia virulenta. Y tengo que admitir que eso es lo que más miedo da de esta Interconectada Guerra Mundial. El largo plazo puede ser muy lejano y el resto de nosotros no estamos aislados de tu locura. Es decir, desearía poder predecir alegremente que Ucrania será el Waterloo de Putin, un desastre solo para él. Pero no puedo, porque en nuestro mundo interconectado, lo que pasa en Waterloo no se queda en Waterloo.

De hecho, si me preguntas cuál es el aspecto más peligroso del mundo actual, diría que es el hecho de que Putin tiene más poder sin controles que cualquier otro líder ruso desde Stalin. Y Xi tiene más poder sin controles que cualquier otro líder chino desde Mao. Pero en la época de Stalin, sus excesos se limitaron en gran medida a Rusia y las fronteras que controlaba. Y en la época de Mao, China estaba tan aislada que sus excesos afectaron solo al pueblo chino.

Ya no, el mundo actual se basa en dos extremos simultáneos: los líderes de dos de las tres naciones nucleares más poderosas, Putin y Xi, nunca han tenido más poder sin controles y nunca se ha conectado a más personas de un extremo del mundo al otro al tiempo que cada vez tienen menos amortiguadores. Así que lo que esos dos líderes decidan hacer con su poder sin límites nos tocará prácticamente a todos, directa o indirectamente.

La invasión de Putin a Ucrania es nuestra primera muestra real de lo delirante e inestable que puede llegar a ser este tipo de mundo interconectado. No será el último.


Thomas L. Friedman es columnista de Opinión sobre temas internacionales.

 

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Agencias

Putin y ejército ruso avanzan mientras piden a Ucrania que deponga las armas para dialogar

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EP New York/agencias

La ofensiva rusa avanza mientras presidente de Ucrania , Zelennskyy , pide ayuda a líderes mundiales.
KIEV, Ucrania  — La ofensiva de Rusia sobre Ucrania llegó el viernes a las inmediaciones de la capital luego de lanzar ataques aéreos sobre ciudades y bases militares y de entrar al país desde tres flancos en una invasión que podría reescribir el orden de la seguridad mundial tras la Guerra Fría.

El sonido de las explosiones sacudió Kiev antes del amanecer y más tarde se escucharon disparos cerca del barrio gubernamental, mientras los líderes occidentales convocaban una reunión de urgencia y el presidente de Ucrania pedía ayuda internacional para frenar un ataque que podría derrocar a su gobierno elegido democráticamente, causar un gran número de víctimas y provocar daños en la economía mundial.

Entre los indicios de la que capital ucraniana estaba bajo una creciente amenaza, el ejército dijo el viernes que un grupo de espías y saboteadores rusos fue visto en un distrito a las afueras de Kiev, y la policía pidió a la gente que no saliese de una céntrica estación de metro por los tiroteos en la zona. En otros puntos de la ciudad, los soldados establecieron posiciones defensibas en puentes y los vehículos blindados recorrían las calles, mientras muchos residentes esperaban inquietos en el portal de sus edificios de departamentos.

El secretario de Estado de Estados Unidos, Antony Blinken, señaló que Kiev “bien podría quedar bajo un asedio” en lo que funcionarios de Washington creen que es un intento descarado del presidente ruso, Vladimir Putin, de instalar su propio régimen.

La agresión, anticipada desde hace semanas por Estados Unidos y sus aliados occidentales, es la mayor guerra terrestre en Europa desde la Segunda Guerra Mundial. Tras semanas negando estar planeando una invasión, al autocrático Putin lanzó su ataque contra un país que se ha inclinado cada vez más hacia la democracia occidental alejándose de la órbita de Moscú.

Con su poder cada vez más en duda, el presidente Volodymyr Zelenskyy pidió a los líderes mundial sanciones aún más severas que las impuestas por los aliados y asistencia en materia de defensa.

“Si no nos ayudan ahora, si no ofrecen una ayuda potente a Ucrania, mañana la guerra llamará a su puerta”, afirmó el mandatario, que cortó los lazos diplomáticos con Moscú, declaró la ley marcial y ordenó una movilización total del ejército para los próximos 90 días.

Zelenskyy dijo que él es el objetivo número uno de los rusos, pero apuntó que tenía previsto quedarse en Kiev. La primera ministra de Suecia, Magdalena Andersson, señaló a primera hora del viernes que el ucraniano asistió a una reunión de líderes de la Unión Europea por videollamada desde lo que parecía ser una especie de búnker.

Mientras las sirenas antiaéreas sonaban en Kiev en la madrugada del viernes, los huéspedes de un hotel en el centro de la ciudad eran dirigidos a un refugio improvisado en el sótano, forrado con pilas de colchones y botellas de agua. Los trabajadores, todos estudiantes universitarios locales, servían té y galletas a los clientes. Algunas personas salieron a un patio para fumar o tomar el aire.

“Todos estamos asustados y preocupados. No sabemos qué hacer, qué va a pasar en unos días”, señaló una de las empleadas, Lucy Vashaka, de 20 años.

La invasión comenzó en la madrugada del jueves con una serie de ataques con misiles, muchos de ellos a instalaciones gubernamentales y militares clave, seguidos de inmediato por un asalto terrestre por tres flancos. Según funcionarios ucranianos y estadounidenses, las fuerzas de Moscú estaban atacando desde el este hacia Járkiv, la segunda ciudad del país; desde la región sureña de Crimea, que Rusia se anexionó en 2014, y desde Bielorrusia por el norte.

Después de que las autoridades ucranianas reportaran haber perdido el control de la clausurada central nuclear de Chernóbil, escenario del peor desastre nuclear del mundo, Rusia dijo el viernes que colaboraba con ucranianos para asegurarla, pero el bando local no corroboró dicha cooperación.

En discurso, Zelenskyy anunció el fallecimiento de 137 “héroes”, entre ellos 10 oficiales militares, mientras que uno de sus asesores dijo que en el lado ruso murieron alrededor de 400 soldados. Moscú no ofreció datos. Ninguna de las afirmaciones pudo verificarse de forma independiente.

Muchos de los que, por temor a los bombardeos, pasaron la noche en búnkeres improvisados, salieron a primera hora del viernes a una ciudad en relativa calma. Por las autovías circulaban algunos autos, además de las columnas del ejército. Las filas de la víspera en las gasolineras habían desaparecido.

Con las redes sociales amplificando el torrente de afirmaciones militares de Moscú y Kiev, es difícil determinar qué ocurre exactamente sobre el terreno.

Rusia dijo que no está atacando ciudades, pero los periodistas vieron destrozos en muchas zonas civiles y el alcalde de Kiev, Vitaly Klitschko, dijo que un proyectil causó un incendio en un edificio residencial de varias plantas. Por su parte, el regidor de una ciudad del este controlada por los rebeldes, señaló que las tropas ucranianas habían bombardeado una escuela.

Con información de los corresponsales de AP y EFE.

 

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