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Sangriento “domingo de ramos” en Egipto. Dos atentados dejan más de 40 muertos

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 El terrorismo islamista ha vuelto a golpear a los cristianos de Egipto. Dos atentados terroristas, uno en las cercanías de El Cairo, y otro en Alejandría, han dejado decenas de muertos.

 Un primer artefacto hizo explosión durante la celebración de la Misa del Domingo de Ramos en la iglesia copta de San Jorge, en la localidad egipcia de Tanta, cerca de El Cairo, ha provocado más de 25 muertes y más de 70 heridos. El templo se encontraba repleto de fieles. Según informaron fuentes de las fuerzas de seguridad egipcias, la bomba estaba colocada debajo de uno de los bancos para los fieles.

 

 Horas después, una segunda bomba explotó en la iglesia de Morkoseya, en Alejandría. Según informan medios de comunicación egipcios, en este segundo ataque habrían muerto 2 personas y decenas habrían resultado heridas. Durante el rezo del Ángelus, en la Plaza de San Pedro, en el Vaticano, el Papa Francisco condenó este atentado y mostró su solidaridad con las víctimas.

 “Confío a la Virgen Santa las víctimas del atentado que tuvo lugar esta mañana en El Cairo en una iglesia copta. A mi querido hermano, Su Santidad el Papa Tawardos II, a la Iglesia Copta y a toda la querida nación egipcia expreso mis condolencias, rezo por las víctimas, por los muertos, por toda la comunidad. Permanezco cercano a ellos. Que el señor convierta los corazones de los hombres que siembran terror, violencia y muerte; que convierta también el corazón de aquellos que fabrican y trafican con armas”, dijo el Santo Padre.

 En su mensaje, Francisco también recordó a las víctimas del reciente atentado terrorista en Estocolmo, Suecia. Estos ataques se producen pocos días antes del viaje del Papa a Egipto, que tendrá lugar del 28 al 29 de abril. Esta visita tendrá un fuerte contenido ecuménico e interreligioso. Desde hace meses, la comunidad cristiana de Egipto está siendo víctima de una persecución sin medida por parte del grupo yihadista Estado Islámico.

 El pasado 23 de febrero, tres cristianos murieron asesinados por terroristas de esta organización en la península del Sinaí. Aquel acto terrorista provocó el éxodo de cientos de cristianos coptos que huyeron ante la inseguridad reinante en la región. Antes, el 19 de febrero, el Estado Islámico había amenazado a los cristianos egipcios mediante un vídeo en el que anunciaba nuevos atentados contra iglesias. Aquel vídeo incluía una reivindicación del atentado suicida con coche bomba que el pasado mes de diciembre provocó la muerte de 27 cristianos en la catedral copta de San Marcos, en El Cairo.

 Egipto, con casi 84 millones de habitantes, tiene una de las minorías cristianas más grandes del mundo islámico. Entre el 5 y el 10 % de sus habitantes es cristiano, la mayoría de ellos de la Iglesia Copta Ortodoxa, aunque también hay una minoría católica.

 El Estado Islámico, y otros grupos terroristas, han conseguido hacerse fuertes en la península del Sinaí. Los ataques contra la comunidad cristiana son constantes en esta región. Desde el pasado 16 de octubre, el ejército egipcio está desarrollando una gran operación contra Estado Islámico en la península del Sinaí, sin que de momento hayan conseguido grandes resultados.

 Actualización:

 El número de fallecidos en los atentados de hoy contra dos iglesias cristianas en el norte de Egipto se eleva ya a 43 y los heridos a 118, según el último balance del Ministerio egipcio de Sanidad. Veintisiete personas perdieron la vida y 77 resultaron heridas en un primer ataque contra el templo de San Jorge, en la ciudad de Tanta, a 120 kilómetros al norte de El Cairo, informó la agencia de noticias estatal MENA, que citó un comunicado ministerial.

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Agencias

Bolsonaristas asaltan el Congreso , el Supremo y palacio presidencial en Brasil

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EP New York | Latinoamérica | Agencias

Brasil busca castigar a los que atacaron edificios oficiales

RÍO DE JANEIRO — Las autoridades brasileñas recogían e investigaban el lunes después de que miles de partidarios del expresidente Jair Bolsonaro asaltaran el Congreso, el Supremo Tribunal Federal y el palacio presidencial y después causaran destrozos en las principales sedes de poder del país.

Los manifestantes reclamaban una intervención militar que reinstaurase al ultraderechista Bolsonaro en el poder o expulsara al presidente izquierdista Luiz Inácio Lula da Silva, recién instalado en el cargo, en escenas de caos y destrucción que recordaban a la insurrección del 6 de enero de 2021 en el Capitolio de Estados Unidos.

Alborotadores vestidos con los colores verde y amarillo de la bandera nacional rompieron ventanas, derribaron muebles y arrojaron computadoras e impresoras al suelo. Agujerearon en cinco puntos un enorme cuadro de Emiliano Di Cavalcanti, volcaron la mesa con forma de U donde se reúnen los jueces del Supremo Tribunal Federal, arrancaron la puerta del despacho de un juez y vandalizaron una emblemática estatua ante la corte. Los interiores de los edificios monumentales quedaron en estado de ruina.

En una conferencia de prensa el domingo por la noche, el ministro brasileño de relaciones institucionales dijo que se inspeccionarían los edificios para buscar pruebas como huellas dactilares e imágenes para que la gente rindiera cuentas, y señaló que los alborotadores al parecer pretendían emprender acciones similares en todo el país. El ministro de Justicia, Flávio Dino, dijo que los actos equivalían a terrorismo y amenaza de golpe de Estado y que las autoridades habían empezado a identificar a las personas que pagaron los autobuses que llevaron a los inconformes a la capital.

“No tendrán éxito en destruir la democracia brasileña. Debemos decirlo con rotundidad, con toda la firmeza y convicción”, dijo Dino. “No aceptaremos la senda de la criminalidad para librar batallas políticas en Brasil. A un delincuente se le trata como delincuente”.

Por ahora han sido detenidas 300 personas, según dijo en Twitter la policía civil del distrito federal.

En los meses que siguieron a la derrota electoral de Bolsonaro el 30 de octubre, Brasil estuvo en vilo, receloso de cualquier vía que pudiera seguir el mandatario saliente para aferrarse al poder. Bolsonaro había avivado entre sus seguidores más fieles la creencia de que el sistema de voto electrónico era propenso al fraude, aunque nunca presentó ninguna prueba. Y su hijo, el legislador Eduardo Bolsonaro, celebró varias reuniones con el expresidente de Estados Unidos Donald Trump, Steve Bannon, viejo aliado de Trump, y su destacado asesor de campaña Jason Miller.

Los resultados de las elecciones brasileñas —las más ajustadas en tres décadas— fueron reconocidas con rapidez por políticos de todo el espectro político, incluidos algunos aliados de Bolsonaro, y docenas de gobiernos. Y Bolsonaro sorprendió casi a todo el mundo al desaparecer de la vista. No admitió la derrota ni denunció un fraude, aunque su partido y él solicitaron la anulación de millones de votos, una petición desestimada con prontitud.

Los brasileños utilizan el voto electrónico desde 1996. Expertos de seguridad electoral lo consideran un sistema menos seguro que las boletas marcadas a mano porque no dejan un registro en papel que pueda auditarse. Sin embargo, el sistema brasileño está vigilado de cerca por las autoridades y por observadores internacionales, que nunca han encontrado pruebas de manipulaciones para cometer fraude.

Aun así, seguidores de Bolsonaro rechazaron los resultados. Cortaron carreteras y acamparon ante edificios militares, instando a las fuerzas armadas a intervenir. Las protestas fueron pacíficas en su gran mayoría, aunque las amenazas aisladas de terrorismo —como una bomba hallada en un camión de combustible camino del aeropuerto de Brasilia— aumentaron las preocupaciones de seguridad.

Dos días antes de la investidura de Lula el 1 de enero, Bolsonaro voló a Estados Unidos y se instaló de forma temporal en Orlando. Muchos brasileños expresaron su alivio porque, aunque declinara participar en la transición de poder, su ausencia permitiera que ocurriera sin incidentes. O así era, hasta el domingo.

“El bolsonarismo imita las mismas estrategias que el trumpismo. Nuestro 8 de enero, una manifestación sin precedentes en la política brasileña, está claramente copiado del 6 de enero en el Capitolio”, dijo Paulo Calmon, profesor de ciencias políticas en la Universidad de Brasilia. “Los tristes episodios de hoy suponen un nuevo intento de desestabilizar la democracia y demuestran que el radicalismo populista y autoritario de la extrema derecha brasileña sigue activo al mando del expresidente Bolsonaro, el ‘Trump de Latinoamérica’”.

El presidente de Estados Unidos, Joe Biden, describió los disturbios como un “ataque a la democracia y al traspaso pacífico de poder en Brasil” en un tuit, y dijo que estaba deseando seguir trabajando con Lula.

En una conferencia de prensa desde el estado de Sao Paulo, Lula leyó un decreto recién firmado por el gobierno federal para asumir el control de la seguridad en el distrito federal. Los “fanáticos fascistas” y todos los que financiaran sus actividades deben ser castigados, señaló. El mandatario también acusó a Bolsonaro de instarles a la insurrección.

Bolsonaro rechazó la acusación del presidente el domingo por la noche. En un tuit afirmó que la protesta pacífica forma parte de la democracia, pero el vandalismo y la invasión de edificios públicos eran “excepciones a la norma”. No mencionó de forma específica las acciones de los manifestantes en Brasilia.

“Evidentemente, es el mentor intelectual de lo que está ocurriendo, de modo que no puede distanciarse de ello”, dijo Mario Sérgio Lima, analista político en Medley Advisors. “Estos grupos fueron creados por él, por el radicalismo que impuso a la política. Y no hay modo de deshacerlo (…) Parece que su grupo ya ha cruzado el Rubicón”.

A diferencia del ataque de 2021 en Estados Unidos, pocos funcionarios trabajaban en los principales edificios del gobierno en un domingo. Y los videos del suceso mostraban una presencia limitada de la policía militar capitalina. Eso hizo que muchos se preguntaran en Brasil si la policía había ignorado los numerosos signos de alarma, subestimado su capacidad o había sido cómplice de algún modo.

Un video mostraba un grupo de manifestantes que se abría paso a través de una barricada policial tras un escaso forcejeo, y apenas unos pocos agentes empleaban gas lacrimógeno. En otro se veía a agentes parados mientras los manifestantes asaltaban el Congreso, incluido uno que grababa imágenes con su celular.

“Este fue un grave error del gobierno del distrito federal. Era una tragedia anunciada”, dijo Thiago de Aragão, director de estrategia en la consultora política con sede en Brasilia Arko Advice. “Todo el mundo sabía que (los manifestantes) venían a Brasilia. Se esperaba que el gobierno del distrito federal preparase una respuesta para proteger la capital. No hicieron nada de eso”.

En su conferencia de prensa, Lula denunció “incompetencia o mala fe” por parte de la policía y prometió que algunos serían castigados.

El gobernador del distrito federal, Ibaneis Rocha, confirmó en Twitter que había destituido al jefe de seguridad pública de la capital, Anderson Torres. Medios locales informaron que Torres estaba en Orlando de vacaciones y que negaba haberse reunido allí con Bolsonaro.

“Dos años después del 6 de enero, el legado de Trump sigue envenenando nuestro hemisferio”, tuiteó el senador estadounidense Bob Menendez, que preside el comité de relaciones exteriores del Senado, y añadió que culpaba a Bolsonaro de incitar las acciones en Brasilia. “Proteger la democracia y exigir responsabilidades a actores malignos es esencial”.

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Agencias

Pelé , la leyenda del fútbol , más allá del “jogo bonito”

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EP New York | Agencias

Por Gustavo Lugo

Muere Pelé, el rey del ‘jogo bonito’

SAO PAULO  — Pelé, el rey brasileño del fútbol, único en ganar tres Copas del Mundo y una de las máximas figuras deportivas del último siglo falleció el jueves. Tenía 82 años.

El astro, cuyo nombre se convirtió en sinónimo de excelencia del fútbol y símbolo del “jogo bonito” brasileño, se había sometido a un tratamiento contra el cáncer de colon desde 2021 y permaneció hospitalizado el último mes, con una serie de padecimientos adicionales.

El Hospital Albert Einstein, donde estaba el exdeportista, informó que el fallecimiento ocurrió a consecuencia de una falla orgánica múltiple, derivada del cáncer.

“Pelé cambió todo. Transformó el fútbol en arte y entretenimiento”, dijo Neymar, figura actual de la selección brasileña. “Dio voz a los pobres, a los negros y, por encima de todo, dio visibilidad a Brasil. ¡El fútbol y Brasil elevaron su posición gracias al Rey! Ahora se ha ido, pero su magia perdurará. ¡Pelé es eterno!”.

Está planeado el funeral para el lunes y martes y su féretro será trasladado por las calles de Santos, la ciudad costera en donde inició su carrera, antes del entierro.

Considerado ampliamente como uno de los mejores futbolistas de la historia, Pelé pasó casi dos décadas fascinando a los aficionados y superando a sus rivales, como el máximo goleador en la historia del club brasileño Santos y de la selección.

Su gracia, virtudes atléticas y habilidad increíble hipnotizaron a seguidores y rivales por igual. Orquestó un estilo rápido y fluido de juego que revolucionó el fútbol –una suerte de baile semejante a la samba que llevaba además la elegancia de Brasil a la cancha.

“Todo lo que somos es gracias a ti”, escribió su hija Kely Nascimento en Instagram. “Te amamos infinitamente. Descansa en paz”.

Pelé condujo a Brasil a la elite futbolística y se convirtió en un embajador global de su deporte a lo largo de una trayectoria que comenzó en las calles del estado de Sao Paulo, donde pateaba una pelota improvisada con una media rellena de trapos o papeles.

En el debate sobre quién ha sido el mejor futbolista de la historia, el nombre de Pelé aparece siempre, a menudo junto al del también fallecido Diego Maradona y a los de dos jugadores aún en activo: Lionel Messi y Cristiano Ronaldo.

Fuentes distintas, que contabilizan diferentes series de partidos, estiman que el total de goles de Pelé oscila entre 650 (encuentros de liga) y 1.281 (todos sus cotejos profesionales sin límite de edad, incluidos algunos de categorías inferiores).

“O Rei” saltó a la fama a los 17 años, durante el Mundial de 1958 realizado en Suecia. Es el jugador más joven en la historia de la Copa del Mundo.

Sus compañeros lo sacaron de la cancha en hombros luego de que marcó dos goles para que la selección brasileña ganara su primer título, al imponerse 5-2 sobre el anfitrión en la final.

Una lesión lo limitó a jugar sólo dos partidos en el Mundial de 1962 en Chile, donde Brasil refrendó su cetro. En cambio, fue el emblema del equipo que se consagró campeón en 1970, en México.

Durante la final en el Estadio Azteca anotó un gol y abasteció a Carlos Alberto mediante un pase a ciegas para que la Seleção aplastara 4-1 a Italia y se convirtiera en la primera tricampeona de la historia.

La imagen de Pelé con la camiseta amarilla y el número 10 estampado en verde sobre los dorsales, perdura en la mente de los aficionados en todo el mundo, lo mismo que su característica celebración de los goles –saltando en el aire con el puño derecho por encima de la cabeza.

Su fama fue tal que los bandos de la guerra civil de Nigeria acordaron un cese al fuego en 1967 para que Pelé pudiera jugar en un partido de exhibición en el país africano.

Cuando visitó Washington, en un intento por popularizar el fútbol en Estados Unidos, fue el presidente de la nación el primero en estrecharle la mano.

“Mi nombre es Ronald Reagan y soy el presidente de los Estados Unidos”, dijo el anfitrión al visitante. “Usted, en cambio, no necesita presentarse, porque todos sabemos quién es Pelé”.

Pelé fue el primer héroe nacional brasileño de raza negra en la historia moderna. Sin embargo, rara vez habló de racismo en un país donde los ricos y poderosos suelen pertenecer a la minoría blanca.

Aficionados rivales llegaron a insultar a Pelé con ruidos semejantes a los de un mono, tanto en su país como en el extranjero.

“Él dijo que jamás habría jugado si hubiera tenido que parar cada vez que escuchaba esos cánticos”, dijo Angelica Basthi, una biógrafa de Pelé. “Él ha sido clave para el orgullo de la gente negra en Brasil, pero jamás quiso ser un abanderado”.

Después de su retiro del fútbol, Pelé incursionó en muchas actividades. Fue político –ministro extraordinario para el deporte en Brasil–, empresario adinerado y embajador para la UNESCO, la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura.

También participó en varias películas, telenovelas y hasta compuso canciones y grabó discos de música popular brasileña.

En 1981, Pelé fue coprotagonista de la película Victoria, junto a Sylvester Stallone y Michael Caine, en la que varios prisioneros utilizan un juego de fútbol para escapar de un campo de concentración durante la Segunda Guerra Mundial.

A medida que su salud se deterioró, sus viajes y apariciones públicas se volvieron menos frecuentes.

En sus últimos años, se le solía ver en silla de ruedas. No asistió a una ceremonia para develar una estatua inspirada en su imagen a fin de conmemorar al equipo campeón en 1970.

Pasó su 80mo cumpleaños apenas con unos pocos amigos en un casa de playa.

Nació con el nombre de Edson Arantes do Nascimento en la pequeña localidad de Três Corações, en el estado de Minas Gerais, el 23 de octubre de 1940. En su niñez, lustraba zapatos para comprar su modesta indumentaria de fútbol.

Su talento llamó la atención cuando tenía 11 años y un jugador profesional de la región lo llevó a las fuerzas inferiores de Santos. No pasó mucho tiempo para que llegara al primer equipo.

Pese a su juventud y a su estatura de 1,72 metros, anotaba ante jugadores más corpulentos y experimentados con la misma facilidad con que lo lograba frente a sus amigos de la infancia.

Debutó con el club brasileño en 1956, a los 16 años, y el club ganó rápidamente reconocimiento mundial.

El nombre de Pelé surgió de él mismo, quien no pronunciaba adecuadamente el nombre de un jugador llamado Bilé.

Acudió al Mundial de 1958 como suplente, pero se convirtió en un jugador clave para la selección que consiguió el campeonato.

Su primer gol en la final, en el que le hizo un sombrerito a un defensor para luego definir de volea, fue señalado como uno de los mejores en la historia de los mundiales.

El Mundial de Inglaterra 1966, ganado por los dueños de casa, fue amargo para Pelé. Luego de anotar un gol en el debut, un triunfo ante Bulgaria, Pelé fue descartado por lesión para el segundo compromiso que los brasileños perdieron contra Hungría.

Mermado físicamente por el juego brusco, gravitó poco en la derrota ante Portugal que decretó la eliminación brasileña en la fase de grupos.

Furioso por las faltas en su contra, Pelé juró que había disputado su último Mundial.

Pero cambió de opinión y lució rejuvenecido en el Mundial de 1970. Con un cabezazo, Pelé marcó aquel gol de la final en su último partido mundialista.

En total, Pelé disputó 114 partidos con la selección nacional para fijar un récord de 95 goles, incluidos 77 en partidos oficiales.

Su estadía con Santos abarcó tres décadas. Tras la campaña de 1972 permaneció semirretirado.

Clubes acaudalados de Europa trataron de ficharlo, pero el gobierno brasileño intervino para impedir su transferencia, al considerarlo patrimonio nacional.

En la cancha, la energía, visión e imaginación de Pelé fueron cruciales para una talentosa selección, con un estilo veloz y hábil que ejemplificó el “Jogo Bonito” o Juego Bonito.

En su autobiografía de 1977, Pelé volvió la expresión una parte del léxico mundial del fútbol, al titularla “Mi Vida y el Jogo Bonito”.

En 1975, se incorporó al Cosmos de Nueva York, de la North American Soccer League. Aunque tenía 34 años y había dejado atrás su época de mayores facultades, dio una prominencia fugaz al fútbol en Estados Unidos.

Guio al Cosmos al título de liga en 1977 y anotó 64 goles en tres campañas.

Pelé puso punto final a su carrera el 1 de octubre de 1977, con un partido amistoso entre el Cosmos y Santos ante una multitud de unos 77.000 espectadores en Nueva Jersey y jugando una mitad con cada club.

Entre los dignatarios que asistieron al partido figuró el único deportista que quizás rivalizaba con la fama mundial de Pelé –Muhammad Ali.

Pelé celebra los ‘100’ de su madre Celeste

Celeste , su madre , acaba de cumplir 100 años. Estuvo casada con Joao Ramos do Nascimento, un futbolista mineiro. Tuvieron tres hijos: María Lucia, Jair y Edson. Edson pasó a la historia como Pelé, el astro brasileño que ganó tres Mundiales, revolucionó el fútbol y murió este jueves en San Pablo. Celeste era su doña Tota.

Poco se sabe de Celeste Arantes do Nascimento, la mujer que acunó los sueños de su hijo cuando aún no había sido entronizado como O Rei. El 20 de noviembre, mientras se palpitaba el comienzo del Mundial de Qatar 2022, Pelé celebró el centenario cumpleaños de su mamá.

“Desde pequeño me enseñó el valor del amor y la paz. Tengo más de cien razones para estar agradecido por ser tu hijo. Les comparto estas fotos, con mucha emoción para celebrar este día. Gracias por cada día a tu lado, mamá“, manifestó el campeón del mundo en Suecia 1958, Chile 1962 y México 1970. 

En su vida personal, Pelé vivió momentos difíciles, particularmente cuando su hijo Edinho fue arrestado por cargos de drogas.

Pelé tuvo dos hijas fuera del matrimonio. Procreó cinco hijos en sus primeros dos matrimonios, con Rosemeri dos Reis Cholbi y Assiria Seixas Lemos.

Se casó después con la empresaria Marcia Cibele Aoki.

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Catar 2022 : El mundial de las controversias

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EP New York | Mundial de Catar

Catar obtuvo la Copa del Mundo que anhelaba

Al final, después de un torneo ensombrecido por la controversia desde que le otorgaron los derechos para ser el anfitrión, Catar tuvo la oportunidad que buscaba: ser el centro de atención mundial.

El pequeño Estado del desierto, una península con forma de pulgar, no ansiaba otra cosa que ser más conocido, que ser un actor en el escenario mundial en el momento de 2009 en que lanzó lo que parecía un intento poco probable de ser la sede de la Copa del Mundo varonil, el evento más popular del deporte en el planeta. Organizar el torneo ha costado más de lo que nadie pudo imaginar: en dinero, en tiempo, en vidas.

Pero la noche del domingo, cuando los fuegos artificiales iluminaron el firmamento en Lusail, cuando los hinchas argentinos cantaron y su astro, Lionel Messi, brilló al aferrarse a un trofeo que esperó toda una vida para alzar, ya todos conocían a Catar.

El desenlace espectacular, una final de ensueño que enfrentó a Argentina contra Francia, un primer título de Copa del Mundo para Messi, el mejor jugador del mundo, un partido palpitante que se definió luego de seis goles y una tanda de penales, se cercioró de que fuera así. Y, como para asegurarse, para ponerle la huella final al primer Mundial en el Medio Oriente, el emir de Catar, Tamim Bin Hamad al Thani, detuvo a un Messi resplandeciente que iba a recoger el mayor reconocimiento del deporte y lo apartó. Había algo más.

Sacó un >bisht< de bordes dorados, esa capa negra que en el Golfo se usa en las ocasiones especiales y la puso en los hombros de Messi antes de entregarle el trofeo de oro de 18 kilates.

La celebración era el fin de una tumultuosa década de un torneo que se adjudicó en un escándalo de sobornos, manchado por denuncias de abuso a los derechos humanos y lesiones contra los trabajadores migrantes contratados para construir una Copa del Mundo que costó 200.000 millones de dólares a Catar y que fue ensombrecida por decisiones polémicas sobre todo tipo de asuntos, desde el alcohol hasta las bandas de los capitanes en el brazo.

Sin embargo, durante un mes, Catar ha sido el centro del universo y ha logrado una hazaña que ninguno de sus vecinos en el mundo árabe ha conseguido, una que en ocasiones parecía impensable en los años desde que Sepp Blatter, el expresidente de la FIFA, hizo el sorprendente anuncio en un salón de conferencias de Zúrich el 2 de diciembre de 2010, cuando dijo que Catar sería la sede de la Copa del Mundo de 2022.

Es poco probable que el deporte vuelva a encontrarse pronto con un anfitrión como este. Catar tal vez haya sido la sede más inadecuada para un torneo de la dimensión de la Copa del Mundo, un país al que le faltaban tantos estadios e infraestructura e historia que su postulación fue clasificada como de “alto riesgo” por los propios evaluadores de la FIFA. Pero aprovechó la materia prima de la que disponía en abundancia para lograrlo: dinero.

Catar, respaldado por un abastecimiento de presupuesto, al parecer sin fondo, para impulsar sus ambiciones, se embarcó en un proyecto que exigía nada menos que la construcción, o reconstrucción, del país entero en aras de un torneo de fútbol que dura un mes. Esos miles de millones de dólares se gastaron dentro sus fronteras: se edificaron siete estadios nuevos, así como otros grandes proyectos de infraestructura con un costo económico y humano inmenso. Pero cuando eso no bastó, también gastó generosamente más allá de sus fronteras, comprando equipos deportivos y derechos de transmisión con valor de miles de millones de dólares y contratando a estrellas deportivas y celebridades que apoyaran su emprendimiento.

Y todo eso se desplegó en Lusail. Para cuando el partido final se jugó en el estadio de Lusail, con valor de mil millones de dólares, Catar no podía perder. El juego se emitía por todo el Medio Oriente en beIN Sports, un gigante de la televisión deportiva que se estableció luego de que Catar aseguró los derechos de organizar la Copa del Mundo. También podía reclamar como suyos a los dos mejores jugadores de la cancha: Messi, de Argentina, y el goleador francés Kylian Mbappé, ambos en la nómina del club francés Paris Saint-Germain, de propiedad catarí.

Mbappé, quien había anotado el primer triplete de una final en medio siglo, acabó el partido sentado en el césped, consolado por el presidente de Francia, Emmanuel Macron, invitado del emir, mientras los seleccionados de Argentina bailaban y festejaban a su alrededor.

La competencia brindó tramas persuasivas —y a veces inquietantes— desde el inicio, al celebrarse una inauguración intensamente política en el estadio Al Bayt, un estadio enorme diseñado para parecer una tienda beduina. Esa noche, el emir de Catar estuvo sentado junto al príncipe heredero Mohamed bin Salmán, el gobernante de hecho de Arabia Saudita, menos de tres años después de que este último liderada un bloqueo severo contra Catar.

Durante meses se discutieron acuerdos y se hicieron alianzas. El equipo catarí no era de importancia en su debut de Copa del Mundo. Perdería su primer juego y luego iría por dos derrotas más y saldría de la competencia con el peor desempeño de cualquier anfitrión en la historia del torneo.

Habría otros desafíos, algunos de ellos ocasionados por el propio Catar, como la repentina prohibición de vender alcohol en las inmediaciones de los estadios a solo dos días del juego inaugural, una decisión de último minuto que dejó a Budweiser, patrocinador histórico de la FIFA, furiosa en el banquillo.

En el segundo día del torneo, la FIFA aplastó la campaña de un grupo de equipos europeos para llevar una banda que promovería la inclusión, como parte de los esfuerzos prometidos a los grupos de activistas y críticos en sus países de origen, y luego Catar aplastó los esfuerzos de la hinchada iraní para llamar la atención sobre las protestas en su país.

Pero en la cancha, la competencia cumplió. Hubo grandes goles y grandes partidos, derrotas sorprendentes y un exceso de goles que hicieron titulares y crearon nuevos héroes, sobre todo en el mundo árabe.

Primero llegó Arabia Saudita, que ahora puede presumir de haber derrotado al campeón del Mundial en la fase de grupos. Marruecos, que solo una vez antes había alcanzado la fase de eliminación se convirtió en el primer equipo africano en llegar a las semifinales, logrando una sucesión de victorias apenas creíbles por encima de los pesos pesados del fútbol europeo: Bélgica, España y luego el Portugal de Cristiano Ronaldo.

Esos resultados ocasionaron festejos por todo el mundo árabe y en un puñado de grandes capitales europeas, mientras que también le dieron una plataforma a los hinchas en Catar para promover la causa palestina, la única intromisión de la política que las autoridades cataríes no intentaron acallar.

En las gradas, el escenario era peculiar: en varios partidos que parecían poco llenos, los vacíos se llenaban minutos después de la patada inicial, cuando las puertas se abrían para permitir que los espectadores —muchos de ellos, migrantes del sur de Asia— ingresaran sin pagar la entrada. Es probable que nunca se conozca la cantidad precisa de espectadores que pagaron, sus asientos ocupados por miles de los trabajadores y migrantes que construyeron el estadio y el país, y que lo mantuvieron en acción durante la Copa del Mundo.

Fue ese grupo de personas, originario en mayor parte de países como India, Bangladés y Nepal, que fue el rostro más visible de Catar para los casi un millón de visitantes que viajaron a la Copa del Mundo. Fungieron como voluntarios en los estadios, sirvieron la comida y operaron las estaciones de metro, pulieron los pisos de mármol y sacaron brillo a los pasamanos y las manijas de las puertas de la multitud de hoteles y complejos de apartamentos recién construidos.

Para el final del torneo, la mayoría de esos aficionados se habían ido, dejando a los argentinos —una población flotante que se calculaba en 40.000 almas— para servir como entretelón sónico del último día y el último partido. Vestidos con franjas albicelestes, se reunieron en el estadio de Lusail, para crear una atmósfera digna de Mundial —saltando y cantando los 120 minutos del encuentro y mucho después de ello— que ningún dinero catarí podría comprar.

Habían logrado exactamente lo que querían de la Copa del Mundo. Igual que Catar.

Publicado en the New York Times por Tarik Panja

Tariq Panja cubre algunos de los rincones más oscuros de la industria del deporte mundial. También es coautor de “Football’s Secret Trade”, una exposición sobre la industria multimillonaria de comercio de jugadores de fútbol.

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