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Blog de Sucesos y Noticias

79 aniversario de “la noche de los cristales rotos”

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 “La noche de los cristales rotos”  o “Kristallnacht”  como preludio del Holocausto

EP New York / Opinión / por Ricardo Angoso/

El odio fue un elemento central en la cultura nazi. Odio al diferente, al judío, al “parásito social”, al homosexual, al “vago”, al gitano y, en resumen, a cualquier forma de disidencia que no encajara con el modelo del “buen alemán” en todos los aspectos -cultural, social, racial y político- que el régimen había recreado y esculpido a través de una suerte de idealización de la pureza etnicista del espíritu alemán tradicional ajeno a todas las influencias externas. Pero también el odio fue un elemento fundamental en la movilización de una población que tenía que, llegado el caso, hasta participar en la eliminación de esos enemigos simbólicos que muchas veces ni siquiera conocía, como pasaba con los judíos, que muchos alemanes ni siquiera tenían como vecinos y con los que nunca habían tratado.

Poco a poco se fue incubando en una sociedad propensa a ese discurso y presa del terror infundado desde el poder para acallar cualquier forma de crítica, un clima antijudío nunca visto en la historia de Alemania y desconocido hasta para los antisemitas más acérrimos. Hitler mismo seguía clamando venganza por lo sucedido en 1918 -la derrota de Alemania a manos de los aliados-y la culpa de los judíos en el inmenso pero inútil sacrificio alemán durante la contienda de 1914-1918, seguida de la humillante derrota y la calamitosa revolución “bolchevique” y “judía” que aconteció después.

PROCESO DE ADOCTRINAMIENTO COLECTIVO DEL PUEBLO ALEMÁN

El caldo de cultivo para el gran ataque por parte del régimen contra los judíos se estaba preparando. Se estaba educando, en resumen, a la población no judía para aceptar lo inevitable y poner en marcha el exterminio. “Los judíos estaban cada más despersonalizados, obligados a evitar el contacto social y económico con los no judíos, alejados de la vida cotidiana de la ciudadanía y efectivamente reducidos a un antisímbolo ideológico. La consecuencia de todo ello para la conformación de la opinión popular fue menos la creación de un odio dinámico que una indiferencia fatídica hacia el destino de la población judía. Cuanto más se alejaban los judíos del “mundo real” de la vida diaria, más aparente era la indiferencia de la población no judía. El relativamente tranquilo curso de la política antijudía en los años previos a la guerra reflejaba una esfera ideológica de la política nazi -el objetivo utópico de la “eliminación de los judíos”- que tenía una aprobación amplia y apenas ningún rechazo, principalmente porque casi no tocaba en ningún sentido las experiencias diarias de la inmensa mayoría de la población”, aseguraba el historiador Ian Kershaw al referirse a este momento histórico.

De la misma forma y en idéntica dirección el profesor Jeffrey Herf señalaba que “la lectura más plausible de la evidencia es que una minoría fanática (aunque no una minoría pequeña), incluida o girando en torno a las principales organizaciones del partido nazi quedó completamente convencida por la propaganda radical de que los judíos eran responsables de la guerra y de que estos fanáticos estaban rodeados por una sociedad en la que ciertas formas de antisemitismo estaban perfectamente extendidas”.

Entre 1933 y 1938, ya con los nacionalsocialistas monopolizando todas las instituciones y espacios de la sociedad alemana, el discurso antisemita, hasta en sus formas más populares, se extendió por toda Alemania atizado por al aparato de propaganda nazi y los líderes del partido. Ya en abril de 1933 se había puesto en marcha, alentado por el propio gobierno, una jornada de boicot a nivel nacional de las tiendas judías, aunque la respuesta del público fue más bien fría. Pero los nazis sabían que había que seguir con la presión hasta que toda la sociedad acabara sucumbiendo y aceptando la introducción gradual y paulatina de una cascada de medidas antisemitas que llevarían al total ostracismo a la comunidad judía alemana. 

Así llegamos al año 1938, en que los nazis tras cinco años ejerciendo el poder más omnímodo que nadie antes había tenido en Alemania han acabado con toda forma de disidencia, han cerrado las instituciones democráticas y han eliminado a sus oponentes -muchos de ellos físicamente-. Se estaba gestando el gran ataque a los judíos, la sociedad ya había sido adoctrinada para aceptarlo sin rechistar y Hitler sabía que la comunidad internacional no haría nada para evitarlo. Si Francia, Inglaterra y los Estados Unidos no habían hecho nada para defender los Sudetes en Checoslovaquia, que Hitler se había anexionado en octubre de 1938, ¿por qué iban a hacerlo por un puñado de judíos alemanes indefensos y desarmados?

LA CHISPA QUE ENCENDIÓ LA MATANZA

“El ataque lanzado contra los judíos a escala nacional, conocido como la “noche de los cristales rotos”, (“Kristallnacht”), el 9-10 de noviembre de 1938 comenzó en París el 7 de noviembre, cuando un judío polaco de 17 años, Herschel Grynszpan, disparó contra un oficial de baja graduación (Ernst Vom Rath), en la embajada alemana. El motivo de semejante acto era, en parte, que sus padres, en otro tiempo residentes en Alemania, habían sido deportados de este país. La deportación de los judíos de nacionalidad polaca se vio acelerada cuando este gobierno invalidó los pasaportes de los ciudadanos polacos residentes en el extranjero si no se les ponía un nuevo sello.

En respuesta a la medida, el 26 y 27 de octubre de 1938, Himmler ordenó detener y deportar a todos los judíos polacos. Los nazis utilizaron estas deportaciones para desembarazarse de los judíos que llevaban varios años viviendo en el país, pero no habían obtenido la ciudadanía alemana, y el 7 de noviembre el joven Grynszpan decidió vengarse”, escribía al referirse a este episodio el profesor Robert Gellately.

Pero el asunto ya venía de antes, tal como relata el periodista  Jorge Peirano:”Grynspan le proporcionó la excusa y el momento, pero el proyecto ya venía desarrollándose solapada y dosificadamente desde enero de 1933. Desde que fuera nombrado canciller por el presidente Hindenburg, Hitler había empezado la expulsión de todos los puestos sociales, culturales, científicos, industriales, comerciales y administrativos de los judíos y otros ciudadanos alemanes considerados “inferiores”. Su crimen era no pertenecer a la raza aria, una “raza superior” desde el punto de vista del Tercer Reich. Paradójicamente, el propio Hitler no era alemán de origen y la mayor parte de miembros no militares de su Gobierno eran enfermizos o sociópatas. El resultado fue la expulsión de más de 200.000 ciudadanos alemanes “no arios”, incontables asesinatos y la confiscación de bienes de todo tipo en beneficio del Reich”.

Tras el atentado del joven polaco contra el diplomático, los acontecimientos se fueron sucediendo en cadena y sirvieron como la mejor coartada para que los nazis desataran la mayor “cacería” contra los judíos alemanes ante la pasividad internacional y el silencio interior en el seno de una de las dictaduras más brutales de la historia de la humanidad. El funcionario de la embajada alemana no murió en el momento del atentado y los líderes nazis utilizaron este acto para lanzar a las hordas enfurecidas contra las instituciones, negocios y viviendas judías. En todo el país se produjeron ataques contra intereses judíos en “respuesta” al ataque al diplomático alemán, asunto que fue sobredimensionado e incluso presentado como “asesinato” en los medios alemanes incluso antes de producirse la muerte, que se aconteció unos días después.

Casi todos los dirigentes nazis se encontraban en Munich celebrando el aniversario del Putsch de la Cervecería de 1923 cuando llegó la noticia del atentado y posterior muerte del atacado. Hitler dio, al parecer, el permiso a Joseph Goebbels para que procediera a los ataques en todo el país contra la población judía pero sin sobrepasarse y procediendo a la detención de miles -unos 20.000- prominentes judíos. La Gestapo y la policía debían quedar al margen, mirando como se producían los ataques “espontáneos” del “pueblo alemán, y permitiendo la destrucción de los bienes judíos. Tanto Reinhard Heydrich como  Goebbels, Hitler y otros líderes del partido estaban al tanto de las acciones llevadas al cabo entre el 9 y el 10 de noviembre de 1938, y habían dado instrucciones a la cuerpos policiales y a los tribunales de justicia para que no tomaran acciones contra los responsables de los actos perpetrados en esos días. Los alemanes pasaban a la acción la maquinaría criminal del Holocausto se había puesto en marcha; ya nada la detendría hasta la derrota de Hitler y su posterior suicidio.

En un informe oficial acerca de estos acontecimientos, Hiedrich infomó a Göring el 11 de noviembre de 1938, basado según sus propias palabras en concreto, que había sido detenidos 20.000 judíos, 36 habían muerto y 36 otros habían resultado heridos de gravedad. Según Gellately, los detenidos podrían haber llegado a los 30.000, los muertos al centenar y también se produjeron entre 300 y 500 suicidios a raíz de estos hechos y del clima de persecución antisemita que ya se había extendido por todo el país. 

Los sucesos de “la noche de los cristales rotos” fueron un punto de inflexión en la Alemania nazi, en el sentido de que los nazis habían decidido pasar a la acción tras años de atizar el discurso antisemita en los medios, las escuelas, las universidades y, en general, en todos los actos públicos. Hasta los sucesos de noviembre de 1938 los nazis habían llevado a cabo acciones de boicoteo de los negocios judíos, actos intimidatorios, medidas políticas y judiciales con el fin de aislar a los hebreos y exhibían un discurso antisemita feroz y brutal, pero “la noche de los cristales fotos” fue más allá y dio rienda suelta a lo peor que llevaba el nazismo en su interior. 

Quizá miles de alemanes, llevados por cinco años de exposición al odio, participaron en estos actos. Se daba una nueva vuelta de tuerca y comenzaban las deportaciones de judíos hacia los campos de concentración sin que nada ni nadie -tanto dentro como fuera de Alemania- fuera a hacer nada por evitarlo. La broma macabra y la nota final a estos acontecimientos la puso el propio régimen nazi cuando impuso a la comunidad judía alemana una multa de mil millones de marcos para pagar los daños y perjuicios sufridos, a la que fueron obligados a contribuir obligatoriamente todos los judíos alemanes. A la crueldad exhibida por los nazis, cuando no por toda Alemania, se le venía a unir el carácter grotesco de la ignominiosa multa.

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Agencias

China cada vez más cerca de ser la potencia mundial espacial

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EP New York/ Era espacial China

EP Redacción. Gustavo Lugo

El salto que llevó a los asiáticos a construir su propia estación, fue cuando los estadounidenses se negaron a aceptar astronautas chinos en la Estación Espacial Internacional (ISS).

En abril de este año, la nación asiática empezó la construcción de una estación espacial con el lanzamiento de Tiangong (que significa Palacio Celestial), el primero y más grande de los tres módulos de la construcción a su propia estacion espacial, y este será el hogar y lugar de trabajo de tres astronautas durante los próximos 180 días, tendrán que continuar con la construcción de la estación, revisar los equipos, realizar experimentos científicos para obtener datos y también harán algunas salidas por el espacio (caminata espacial).

A medida que el programa espacial chino se ha ido ampliando, algunos países, como Rusia, se han ofrecido a colaborar, pero otros siguen siendo cautelosos, esta por verse si la Unión Europea cooperará con China en el ámbito espacial, miestras Estados Unidos se mantiene alejado amparado en la enmienda Wolf de 2011 que cierra el camino a la verdadera cooperación bilateral en el espacio al prohibir a la NASA a invertir dinero en interacciones con China. 

Rusia, Canadá, Europa y Japón son miembros de la estacion internacional espacial (ISS).

Lo mas probable es que China no necesite la ayuda de Estados Unidos, los asiaticos ya estan por delante de Europa, y para colmo ya le pisaron los talones a los estadounidenses, Y el proposito de China es de completar la estación y tener su tripulación completa para diciembre de 2022, y consolidarse como la primera potencia mundial espacial.

Este Sabado partio la nave espacial Shenzhou-13 en el cohete Long March-2Fcon tres astronautas, dos hombres y una mujer, desde el Centro de Lanzamiento de Satélites Jiuquan en la provincia noroccidental de Gansu, a la nueva estacion en plena construccion.

Durante rueda de prensa Lin Xiqiang, subdirector de la Agencia de Vuelos Espaciales Tripulados de China, dijo que la astronauta china Wang Yaping, a bordo de Shenzhou-13, dará una clase mientras se encuentra en órbita, y se trata de la segunda vez que la astronauta transmita una conferencia en directo desde el espacio, su primera transmicion fue en junio de 2013, cuando realizó una charla sobre ciencia que fue transmitida por la televisión china durante la misión espacial Shenzhou-10.

LOS TRIPULANTES 3 (Taikonautas)

Zhai Zhigang, (55 años), es el comandante de la misión. el astronauta llevó a cabo la primera caminata espacial de China en 2008 y ahora, Shenzhou-13, es su segunda misión espacial.

Ye Guangfu (41 años) se trata de su primer viaje al espacio.

Wang Yaping, (41 años), expiloto de la fuerza aérea, viajó por primera vez al espacio en 2013, en ese entonces, se ganó el titulo de la “primera maestra espacial de China”, según medios de ese país, ya que realizó una conferencia desde el espacio para cerca de 60 millones de estudiantes que, sorprendidos y entusiasmados, la escucharon hablar sobre diferentes temas científicos.

Erik Seedhouse, profesor especializado en operaciones espaciales de la Universidad de aeronáutica Embry-Riddle, en Estados Unidos, “el motivo de esta estancia prolongada es adquirir experiencia en misiones de larga duración”, dijo el experto a la agencia de noticias AFP. Seedhouse agregó que la mayor dificultad para los astronautas “será mantener la masa muscular y reducir la pérdida ósea” en un entorno sin gravedad que lentamente va debilitando los organismos del cuerpo humano.

En parte de los preparativos para esta mision de 6 meses por fuera de la tierra, el mes pasado, un buque de carga entregó 6 toneladas métricas de alimentos, agua, botellas de oxígeno, trajes espaciales y otras necesidades para la estación, hay que recordar que el mes pasado, otros tres astronautas chinos completaron con éxito una estadía de tres meses a bordo, durante los cuales trabajaron en el módulo central de la estación y realizaron dos caminatas espaciales para instalar equipos.

China es el primer pais en alunizar con exito una sonda en la parte oscura de la luna, (Chang’e 4), la Chang’e 5alunizó en la luna y recogio muestras lunares que seran estudiadas en la tierra.

El termino taikonauta se puede definir como un termino hibrido chino taikong” (espacio) y del griego “naut” (viajero).  La Union Sovietica usa el termino “cosmonauta”, y los estadounidenses “astronauta”.

Los tres astronautas deben volver a la Tierra en abril de 2022, después de esto, China desplegará seis misiones más, incluidas las entregas del segundo y tercer módulo de la estación espacial y dos misiones finales con tripulación.

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Triunfo taliban en Afganistán pone en riesgo liderzgo de occidente

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EP New York/ opinión

OCCIDENTE, SIN RUMBO NI LIDERAZGO, EN PELIGRO

La derrota de los Estados Unidos en la guerra de Afganistán, dejando en el poder a los talibanes y abandonando a su suerte a la administración instalada por los occidentales en Kabul, significa una dura derrota para Occidente y el avance del totalitarismo frente a la democracia. Las consecuencias de esta debacle pueden ser fatales para el mundo libre.

por Ricardo Angoso

Occidente, liderado por los Estados Unidos, la OTAN y los principales países europeos, ha sido derrotado y humillado en Afganistán. La retirada caótica, vergonzante, desordenada y precipitada de Kabul, abandonando a miles de colaboradores de las tropas occidentales durante estos veinte inútiles años, ha sido la guinda de la tarta de una desabrida guerra con sabor a desastre. Primero fue el  erróneo anuncio de Donald Trump, a bombo y platillo, de que las tropas norteamericanas saldrían del país, lo que alimentó el voraz apetito de los talibanes y precipitó al país al abismo, y después llegaría la retirada total programada (¿?) por el nuevo inquilino de la Casa Blanca, Joe Biden.

El reconocimiento de los talibanes por Trump, que sirvió para torpedear y acabar con las negociaciones de Doha entre las autoridades de Kabul y el Talibán, precipitaron la ofensiva militar de los mismos y su rápida victoria, avanzando en todos los frentes, que les llevó a la capital de Afganistán y a conquistar todo el poder, mientras que el régimen instalado por los occidentales se derribaba como un castillo de naipes.Su presidente,  Ashraf Ghani, huyó cargado de maletas repletas de millones de dólares, abandonando a  su suerte a sus colaboradores y al maltrecho país. 

Entre ambos, Trump y Biden, han tirado a la basura veinte años de trabajo en Afganistán para democratizar y modernizar el país, miles de millones de dólares gastados en una inútil guerra y miles de muertos dejados en el camino. Este esfuerzo casi sobrehumano al final no ha servido para nada de nada, apenas para destruir materialmente y económicamente a Afganistán quizá por décadas. Cuatro presidentes norteamericanos, durante veinte largos años (2001-2021), bastaron para acabar en el mismo contexto político y en el mismo lugar, en un Kabul  nuevamente angustiado y dominado por la pesadilla del Talibán.

Pero aparte de estas consideraciones a la hora de hacer un balance de lo ocurrido, la guerra perdida de Afganistán nos deja muchas más lecciones. Estados Unidos pierde peso, influencia, prestigio y poder en esta zona del mundo, habiendo dejado el testigo a Rusia y China, que ya se aprestan a hacer negocios con los talibanes y a trabajar por la reconstrucción del país.

Pero también Irán sale ganando, contemplando la derrota de su sempiterno enemigo, los Estados Unidos, y consolidando así, al recomponer sus relaciones con los talibanes en los últimos tiempos, un eje de influencia y poder regional que arranca en Kabul y pasa por Irán mismo, Irak, donde los iraníes siguen armando a los grupos chiítas radicales, Siria, Líbano -país controlado por la guerrilla proiraní de Hezbolá- y concluye en Gaza, controlada por sus acólitos de Hamas. Nunca Teherán había tenido tanta fuerza y poder de desestabilizar a casi todos sus vecinos; Israel debe estar alerta.

RECOMPOSICIÓN DE LA OTAN Y UN NECESARIO EJÉRCITO EUROPEO

La OTAN, además, debe iniciar una revisión estratégica tras esta derrota rotunda y contundente, en la que varios de sus principales socios, entre los que destacan Estados Unidos, el Reino Unido, Francia, Alemania, Polonia, España e Italia, tuvieron centenares de bajas y derrocharon ingentes recursos  en la reconstrucción del país. Desde el final de la Guerra Fría y la implosión de la Unión Soviética (1991), la OTAN quedó con un papel muy desdibujado y sin enemigos claros con los que batirse; extendió sus fronteras hasta Rusia, integrando al mundo poscomunista que había salido de la tutela soviética, y no supo definir sus nuevos intereses geoestratégicos ni sus enemigos.

En lo que respecta a la Unión Europea (UE), una vez definidas sus verdaderas fronteras tras la salida del Reino Unido, va quedando meridianamente claro que para su verdadera puesta en escena en el mundo necesita una verdadera diplomacia europea y un ejército con capacidad para operar en el exterior, liderar misiones internacionales y garantizar la defensa de las fronteras de Europa ante las nuevas amenazas y desafíos. No queda tan claro si realmente nuestros líderes políticos tienen voluntad de seguir adelante con el proyecto porque eso implicaría riesgos para las dos potencias que ahora lideran la UE, es decir, Francia y Alemania, que quizá prefieran seguir con esta diplomacia tutelada que inspiran desde hace años y en la que modelan a su antojo el proyecto, condicionado al resto de socios o imponiendo sus decisiones en materia de inmigración, seguridad fronteriza y otras materias, tal como han hecho en numerosas ocasiones.

Pese a todo, los desafíos para Occidente son ingentes y requerirán un trabajo de ingeniería política y un nuevo liderazgo, del que carecemos en estos momentos debido a la decadencia de los Estados Unidos, presente y permanente durante el mandato de Trump y agudizada ahora con Biden, y a la falta de nervio político en el interior de la UE. Se echa en falta la década de los ochenta, caracterizada por el hiperliderazgo de dirigentes como Ronald Reagan, el primer Bush, Margaret Thatcher, Helmut Kohl y Francois Mitterrand, y por haber sentado los rieles para la derrota del bloque comunista, la democratización de Europa Central y del Este, la reunificación alemana y la desintegración de la Unión Soviética. Europa era una fiesta compartida por unos Estados Unidos victoriosos, mientras que el mundo contemplaba atónito la sucesión vertiginosa de cambios y reformas.

Ahora todo es bien distinto y las cosas han tomado derroteros inesperados. Rusia está más fuerte que nunca en la escena internacional e impone su orden neoimperial en toda su periferia, habiendo ocupados territorios de Georgia, Moldavia, Ucrania e incluso Azerbaiyán, donde instaló recientemente una base militar para “observar” el proceso de paz de ese país con Armenia. La tiranía como forma de gobierno se ha impuesto en numerosos países del mundo, tales como Siria, Bielorrusia, Cuba, Nicaragua y Venezuela, por citar solamente algunos, y la democracia está seriamente cuestionada hasta en países miembros de la OTAN, como la Turquía del sátrapa Erdogan, que ha establecido una suerte de triple alianza con Rusia e Irán. Occidente, compuesto por la alianza fundamental a través del vínculo transatlántico entre los Estados Unidos y Canadá con Europa, observa impávido que se ha convertido en una suerte de fortín democrático acosado por el populismo creciente, la amenaza integrista, el auge del autoritarismo en el mundo, la inmigración creciente y desbordada y nuevas provocaciones, como los programas nucleares puestos en marcha por Irán y Corea del Norte.

La gran cuestión que planea sobre todos estos asuntos y  retos sobre la mesa, es ¿si los líderes occidentales, sin un verdadero liderazgo de los Estados Unidos en estos momentos, serán capaces nuevamente de vertebrar y articular respuestas desde la política y la diplomacia a todos estos asuntos, tal como lo hicieron tantas veces desde el final de la Segunda Guerra Mundial? O, por el contrario, si, perdidos en estereotiopadas visiones provincianas, acabarán dejando que la actual realidad multipolar acabe siendo liderada por países como China y Rusia, potencias ambas sin principios democráticos ni respetuosas con los derechos humanos, sino más bien lo contrario, como han demostrado tantas veces a lo largo de su historia. De ser así, la más negra de las noches puede estar por llegar a todo el planeta y la sombra del totalitarismo se asomará por todo el mundo libre. ¡Atentos!

Ricardo Angoso García , analista y columnista internacional. 
 

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Agencias

9/11 , 20 años después del dolor

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EP New York/ 9/11

Nueva York, una ciudad herida pero cambiada 20 años después del 11S

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