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Final de Copa Libertadores , una verguenza “monumental”

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EP New York/ agencias

Hace una semana fue el diluvio, hoy le tocó el turno a la violencia y la histórica final de la Copa Libertadores entre River Plate y Boca Jrs volvió a quedar sin definición, al menos hasta el domingo.

Casi tres horas después del horario pautado para el inicio de la revancha entre los dos equipos más populares de Argentina, la Conmebol anunciaba oficialmente lo que el sentido común dictaba desde hacía largo rato.

“Se juega mañana a las 17 horas (20 GMT) con público”, afirmó el presidente de la entidad, el paraguayo Alejandro Domínguez, tras reunirse con Rodolfo D’Onofrio, titular de River, y su par de Boca, Daniel Angelici.

“Quiero felicitar a ambos presidentes porque fue un pacto de caballeros en el que uno no puede jugar y el otro no quiere ganar en estas circunstancias”, destacó Domínguez sobre el encuentro con ambos dirigentes.

“Unos pocos inadaptados que no entienden que esto es deporte, una diversión y no vamos a tolerar a ningún inadaptado”, completaba el titular de Conmebol, mientras en el interior del Monumental se registraban corridas y afuera seguía el caos.

“Se desnaturalizó el juego. Son personas las que entran a la cancha, no es una guerra. Hubo rasguños y gas, otros jugadores con lesiones”, recordó Domínguez en alusión a los heridos en el plantel de Boca por el ataque perpetrado por hinchas de River.

Consultado sobre la decisión previa de postergar el inicio del partido en dos ocasiones para este mismo sábado, respondió que “hay un protocolo que se debe seguir” y agregó que “la organización está aquí para acompañar, no para exigir”.

Domínguez fue consultado luego que la prensa local difundió una versión según la cual el presidente de la FIFA, Gianni Infantino, presente en el estadio, intimó a Boca a jugar la final, de lo contrario se le daría por perdido el partido.

“A efectos de cumplir con el cronograma de la final, el partido empezará a las 19:15 horas (22:15 GMT)”, se leía en un mensaje que Conmebol publicó en su cuenta oficial de Twitter. Esa nota actualizó un mensaje previo, en el que indicaba que ante “los hechos sucedidos con el autobús del Club Boca Juniors, el partido ha sido postergado hasta las 18 locales (21 GMT)”.

El texto aludía a la agresión al autobús del plantel de Boca y a los desmanes ocurridos cuando la delegación “xeneize” arribaba al Monumental, en cuyos alrededores la policía y la prefectura reprimían a los revoltosos varias horas después.

“Tenemos que asumir nuestros errores, queremos mostrar una imagen al mundo que no es real”, afirmó Carlos Tévez en la puerta del vestuario visitante junto a Fernando Gago, el otro referente del plantel “xeneize” ante la ausencia de Pablo Pérez.

El capitán y el defensor Leonardo Jara sufrieron cortes en el ataque y el juvenil Gonzalo Lamardo se vio afectado por los gases lacrimógenos lanzados por la policía para dispersar a los agresores.

“No se puede creer que nos hagan jugar. Entiendo que tienen mucha presión, el medico tiene que hacer su trabajo, está todo filmado”, indicó Tévez sobre los especialistas de la Conmebol. El “Apache” aludía al comunicado de Conmebol en el que reportó el informe de sus médicos sobre los jugadores de Boca, en especial Pérez, quien debió ser trasladado a un hospital para ser revisado por una herida en su ojo izquierdo.

“Me dieron ganas de vomitar y me ardía la garganta. Son situaciones que no tendríamos que pasar”, relató Tévez para luego cuestionar la falta de solidaridad de los jugadores de River para con el plantel de Boca tras la agresión.

Una imagen que remontó a aquel “Superclásico” interrumpido en la Bombonera en octavos de final de la Libertadores 2015, cuando la afición de Boca lanzó gas pimienta a los jugadores de River en la manga de ingreso al campo de juego.

La única señal de solidaridad pública de parte de River surgió del DT Marcelo Gallardo, quien afirmó al canal de TV C5N que “en estas condiciones la final no se puede jugar”.

Gago reconoció que se sorprendió “mucho por las agresiones que sufrió en el micro (autobús)” y reveló que tuvo “una reacción alérgica” por el gas lacrimógeno mientras que “a otros jugadores les costó respirar”.

Cuando la Conmebol confirmaba que el partido se jugaría el domingo, se registraron incidentes en una platea y en uno de los anillos internos del estadio, donde se bloqueó el eventual contacto de los aficionados de River con el plantel de Boca.

La policía reprimía con balas de goma a fanáticos de River que circulaban por los alrededores del estadio tras haber sido repelidos luego de su intento por ingresar a ver la final sin entradas.

Un cuadro dantesco que enciende las alertas a una semana del inicio de la cumbre del G20 en Buenos Aires y cuando la ministra de Seguridad, Patricia Bullrich, se jactara de poder organizar sin problemas este partido pese al temor de incidentes. Bullrich había avalado el pedido del presidente Mauricio Macri, titular de Boca durante 12 años, de jugar las finales con aficionados visitantes, una medida que finalmente no prosperó pese al deseo del mandatario argentino.

“Vamos a demostrarle al mundo que hemos cambiado”, decía entonces Macri. Habrá que ver qué opina ahora, consumado el bochorno monumental en el que se transformó la tan esperada fiesta del fútbol nacional, una vez más, lamentablemente. (Ansa)


Otros temas de interés: Fútbol , emociones y sentimientos


 

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Talibanes celebran salida estadounidense de Afganistan y toman control de Kabul

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EP Newyork/Afganistan

Durante la evacuación, las fuerzas estadounidenses ayudaron a trasladar a unos 120.000 ciudadanos estadounidenses, afganos y de otros países, según la Casa Blanca

El Talibán proclama su victoria en Kabul y promete seguridad
KABUL — El Talibán hizo un recorrido triunfal el martes por el aeropuerto internacional de Kabul, horas después de la retirada de tropas que puso fin a la guerra más larga de Estados Unidos. De pie en la pista, líderes del grupo prometieron asegurar el país, reabrir el aeropuerto y dar una amnistía a sus antiguos rivales.

En una demostración de control, líderes talibanes caminaron por la pista escoltados por miembros de la unidad de élite Badri. Los comandos posaron con orgullo para la prensa vestidos con uniformes de camuflaje.

Poner el aeropuerto de nuevo en funcionamiento es uno de los considerables desafíos que afronta el Talibán para gobernar un país de 38 millones de habitantes que durante dos décadas sobrevivió con miles de millones de dólares en ayuda extranjera.

“Afganistán es libre por fin”, dijo a The Associated Press en la pista del aeropuerto Hekmatula Wasiq, un líder talibán. “El lado militar y el civil (del aeropuerto) están con nosotros y bajo control. Esperamos anunciar nuestro gobierno. Todo es pacífico. Todo es seguro”.

Wasiq instó a la gente a regresar al trabajo y reiteró la promesa talibán de ofrecer una amnistía general. “El pueblo debe ser paciente”, dijo. “Poco a poco devolveremos todo a la normalidad. Llevará tiempo”.

Un miembro destacado de la oficina política del Talibán felicitó a los afganos por su “gran victoria” al lograr la “plena independencia del país” con la salida de las fuerzas estadounidenses.

Shahabuddin Delawar habló ante un centenar de personas, aparentemente todos hombres, en un evento en Kabul transmitido por la televisión estatal. Delawar fustigó al enemigo —las fuerzas de Estados Unidos y la OTAN— y acusó a Occidente de difundir propaganda para socavar al Talibán.

“Pronto se verá el progreso” de la nación. La imagen en la TV estatal aparecía con el subtítulo “Celebración del Día de la Independencia y el fin de la invasión estadounidense de Afganistán”.

Apenas unas horas antes, el Ejército estadounidense completó su mayor evacuación aérea de personas no combatientes en la historia.

El martes por la mañana aún quedaban signos del caos registrado en los últimos días. En la terminal se veían maletas y ropas tiradas entre montones de documentos. Había alambres de cuchillas para separar zonas y autos volcados y vehículos estacionados bloqueaban rutas en torno al aeropuerto civil, un indicio de las medidas tomadas para proteger contra posibles ataques suicidas con vehículos.

Varios vehículos con combatientes talibanes recorrían la única pista del Aeropuerto Internacional Hamid Karzai, en la zona militar al norte del aeropuerto. Antes del amanecer, combatientes fuertemente armados caminaban por los hangares de la zona militar entre algunos de los siete helicópteros CH-46 que utilizó el Departamento de Estado en sus evacuaciones antes de inutilizarlos.

El vocero del grupo, Zabihula Muyahid, se dirigió a los miembros presentes de la unidad Badri. “Confío en que sean muy prudentes al tratar con el país”, dijo. “Nuestro país ha sufrido guerra e invasión y el pueblo no tiene más tolerancia”.

Tras su intervención, los combatientes exclamaron: “¡Dios es el más grande!”.

En otra entrevista con la televisora estatal afgana, Muyahid habló sobre reanudar la actividad en el aeropuerto, que sigue siendo una vía crucial para los que quieren salir del país.

“Nuestro equipo técnico comprobará las necesidades técnicas y logísticas del aeropuerto”, dijo. “Si podemos arreglarlo todo por nuestra cuenta, no necesitaremos ayuda. Si hace falta ayuda técnica o logística para reparar la destrucción, entonces pediremos ayuda a Qatar o Turquía”.

El vocero no entró en detalles sobre qué estaba destruido.

El general de la Infantería de Marina Frank McKenzie, responsable del Comando Central del Ejército de Estados Unidos, había dicho antes que las tropas habían “desmilitarizado” el sistema para que no pudiera volver a utilizarse. Las autoridades dijeron que las tropas no habían volado equipamiento para asegurar que el aeropuerto podía utilizarse para operar vuelos en el futuro. Además, McKenzie señaló que las tropas estadounidenses habían inutilizado 27 camionetas Humvee y 73 aeronaves.

En el aeropuerto se produjeron escenas dramáticas después de que los Talibanes conquistaran Afganistán en una ofensiva relámpago y tomaran Kabul el 15 de agosto. Miles de afganos rodearon el aeropuerto, y algunos murieron tras aferrarse con desesperación al lateral de un avión de transporte C-17 del Ejército estadounidense que despegaba. La semana pasada murieron al menos 169 afganos y 13 militares de Estados Unidos en un ataque suicida del grupo extremista Estado Islámico en una puerta del aeropuerto.

Durante la evacuación, las fuerzas estadounidenses ayudaron a trasladar a unos 120.000 ciudadanos estadounidenses, afganos y de otros países, según la Casa Blanca. Las fuerzas de la coalición también evacuaron a sus ciudadanos y a más afganos. Pero pese a todos los que salieron, Estados Unidos y otros países admitieron que no habían evacuado a todos los que querían marcharse.

Pero el martes, tras una noche en la que combatientes talibanes dispararon al aire en señal de triunfo, nuevos guardias mantenían alejados a los curiosos y a los que de algún modo aún aspiraban a tomar un vuelo para marcharse.

“Después de 20 años hemos derrotado a los estadounidenses”, dijo Mohammad Islam, un guardia talibán en el aeropuerto, procedente de la provincia de Logar y que sostenía un rifle Kalashnikov. “Se han marchado y ahora nuestro país es libre”.

“Está claro lo que queremos”, añadió. “Queremos sharía (ley islámica), paz y estabilidad”.

Zalmay Khalilzad, el representante especial de Estados Unidos en Afganistán que supervisó las conversaciones de Estados Unidos con el Talibán, escribió en Twitter que “los afganos afrontan un momento de decisión y oportunidad” tras la retirada.

“El futuro del país está en sus manos. Elegirán su camino con plena soberanía”, escribió. “Esta es la oportunidad de poner fin a su guerra también”.

Pero el Talibán afronta lo que podría ser una sucesión de grandes crisis mientras toma el control del país. La mayoría de los miles de millones de dólares que tiene Afganistán en divisas extranjeras están ahora congelados en Estados Unidos, lo que presiona a una moneda local en franca caída. Los bancos han impuesto controles a la retirada de dinero por temor a una fuga de depósitos en el clima de incertidumbre. Funcionarios de todo el país dicen que llevan meses sin recibir sus salarios.

El equipo médico sigue escaseando y miles de personas que huyeron del avance talibán viven en condiciones penosas. Además, una fuerte sequía ha reducido la producción de alimentos en el país y hecho aún más importantes las importaciones, al tiempo que aumenta el riesgo de hambruna.

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Akhgar informó desde Estambul. El periodista de Associated Press Jon Gambrell en Dubái, Emiratos Árabes Unidos, contribuyó a este despacho.

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