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Sin Censura

Bayron Lima , el “rey” de las cárceles de Guatemala y el misterio de su asesinato

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Por:  Anthony W. Fontes

El 18 de julio, Byron Lima Oliva, el prisionero más infame —y poderoso— de Guatemala, fue asesinado en el Penal de Pavón, en las afueras de la Ciudad de Guatemala. Aunque fue otro recluso quien le disparó dos veces en la cabeza, con toda probabilidad los autores intelectuales del asesinato de Lima se encuentran en los niveles más altos del Estado y en la élite adinerada.

En Guatemala a menudo es imposible establecer dónde termina el Estado y dónde empieza el mundo criminal. Resulta un final apropiado para Lima, quien se volvió rico en prisión gracias a las alianzas que tenía a ambos lados de la ley. Como lo demuestra el actual escándalo de corrupción que depuso al expresidente Pérez Molina y a sus cómplices, Lima no operaba solo al usar conexiones en el gobierno para actividades criminales.

De muchas maneras, Lima, un excapitán del ejército de 46 años, personificó la difícil transición de la guerra a la paz en Guatemala. Dos décadas después del final de una de las guerras civiles más sangrientas y largas de América Latina, el país está sumido en la violencia criminaly exprimido por una clase política parasitaria.

 Lima pasó de ser un combatiente de la Guerra Fría a asesino político y “rey” del sistema penitenciario. Tanto su estilo de vida como las circunstancias de su muerte son una demostración reveladora sobre la evolución de la corrupción y el poder clandestino en Guatemala. Conocí a Lima en 2013, en la prisión de Pavoncito, muy cerca del lugar donde murió. Llevaba puesta su característica camiseta negra con la frase “Preso político, 100 % Anticomunista”.

En esa entrevista, y hasta el fin de sus días, Lima negó haber cometido el crimen por el cual fue encarcelado: el asesinato del obispo Juan José Gerardi, dos días después de que publicara un informe sobre los crímenes de guerra cometidos por el Ejército. Lima acusó a los grupos de derechos humanos y a la Iglesia católica de usarlo como chivo expiatorio. “Me satanizaron”, dijo. “Fue una campaña política para calumniar al Ejército. Querían venganza por su derrota en la guerra y yo fui un blanco fácil”.

El conflicto de la Guerra Fría enfrentó en Guatemala a un ejército respaldado por Estados Unidos que protegía a la élite gobernante contra un conjunto de movimientos sociales de izquierda y grupos guerrilleros. El Ejército ganó la guerra de forma irrefutable, pero su exceso de violencia provocó el reproche internacional y originó juicios por crímenes de guerra. Mientras tanto, el avance hacia la equidad social y la prosperidad colectiva que se prometió en los acuerdos de paz nunca se materializó.

 Lima transitó de la guerra a la paz convirtiéndose en uno de los consentidos de la élite económica de Guatemala. Cuando la guerra de 36 años terminó oficialmente, los secuestros se generalizaron y aterrorizaron a los ricos. Lima formó parte de la unidad antisecuestros del gobierno que coordinaba los esfuerzos para rescatar a los secuestrados. Vinculado a través de su padre con los líderes militares también integró el equipo de seguridad del presidente Álvaro Arzú.

Su ascenso a un cargo prominente se vio interrumpido cuando, junto con su padre y otras dos personas, fue condenado por el asesinato de Gerardi y sentenciado a 20 años tras las rejas. No obstante, la cárcel solo fue el comienzo de una nueva vida profesional. Los penales sobrepoblados y con poco financiamiento de Guatemala se habían convertido en la base de operaciones de todo tipo de organizaciones criminales. Lima estaba decidido a liderarlas y recibió ayuda.

Muchos creen que el asesinato de Gerardi fue planeado y ejecutado por una red militar que se extendía más allá de Lima. A cambio de su silencio, los aliados de Lima que pertenecen a “los poderes en las sombras” de Guatemala (generales de alto rango y élites económicas vinculadas al crimen organizado) apoyaron sus actividades desde la cárcel. Con sorprendente rapidez tomó el poder de las prisiones. Arrebató el control de la venta de drogas, teléfonos celulares, sexo (los mercados negros más lucrativos) y le cobró cuotas a restaurantes, tiendas y otros negocios manejados por los convictos. Gracias a tratos y sobornos tenía a los oficiales de la prisión, desde guardias hasta directores, en sus manos. Los guardias se dirigían a él como “mi capitán”.

Lima también tenía enemigos poderosos y sus riñas en prisión le generaron nuevos adversarios. Sufrió un primer intento de asesinato en 2003, cuando cientos de miembros de pandillas irrumpieron en su sector para matarlo. Según los rumores, un guardia lo previno. Lima se salvó y dejó morir a sus aliados. En marzo le pregunté cómo había escapado. Me respondió con una pregunta: “¿Crees en Dios?”. “Claro”, le respondí, y me dijo: “Bueno, entonces caminé frente a todos los pandilleros sin que me vieran. Dios me hizo invisible”.

Todo el tiempo, Lima decía ser un reformador de las prisiones. En medio del caos del sistema penitenciario, posó como modelo de orden y disciplina. Siempre que lo visitaba, debía pasar por dos cateos de seguridad diferentes: el primero, por las autoridades de la prisión, y el segundo, por su guardia de seguridad personal conformada por prisioneros con entrenamiento militar.

A diferencia de los guardias de la prisión, los hombres de Lima eran minuciosos y usaban detector de metales. El dominio de la vida al interior del penal solo fue el principio. Lima buscaba controlar el sistema penitenciario. Su poder llegó a su punto más alto cuando el exgeneral Pérez Molina alcanzó la presidencia en 2012. Debido a las conexiones militares que tenía, pudo concertar directamente los nombramientos de oficiales de todos los rangos en la cárcel. Usó su poder para sacarle grandes sumas de dinero a los prisioneros ricos. Aquellos que no pagaban eran golpeados y torturados por los guardias. El dinero de esa y otras maniobras era distribuido entre sus cómplices en ambos lados de la ley.

Sin embargo, el control que tenía de la prisión —y su utilidad para la élite gobernante— terminó de manera abrupta. Con el expresidente Molina —y gran parte de su equipo— destituido y enfrentando cargos, y al ser expuesta públicamente su propia red de lucro en la prisión, Lima se convirtió en un lastre. No obstante, ni su muerte ni los juicios actuales por corrupción servirán para cambiar el violento statu quo de Guatemala. Estos hombres solo son la punta del iceberg. Los verdaderos poderes fácticos no se exponen a sí mismos siendo presidentes, y mucho menos yendo a la cárcel.

Anthony W. Fontes es becario Mellon en la Universidad de Wisconsin, Madison /The New York Times

Columnistas

El día en que murió nuestra libertad

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EP New York/Sin censura

Por: Níkolas Stolpkin

“La naturaleza humana no es una máquina que se construye según un modelo y dispuesta a hacer exactamente el trabajo que le sea prescrito, sino un árbol que necesita crecer y desarrollarse por todos lados, según las tendencias de sus fuerzas interiores, que hacen de él una cosa viva”. John Stuart Mill

La libertad para desplazarnos, o ejercer libremente una labor legal, quedó interrumpida por la actual pandemia y se desconoce aún para cuándo volveremos a gozar nuevamente de dicha libertad. Más que “adultos responsables” ahora las autoridades ven derechamente a las personas como a “niños”, al cual se les debe felicitar levantando un “confinamiento” o se les debe castigar imponiendo el mismo. Los “niños responsables” avanzan y los “niños irresponsables” retroceden.

¿A dónde fue a parar nuestro derecho a ejercer libremente nuestra responsabilidad, como adultos que somos? ¿Por qué ahora nos tratan como si fuéramos niños del kindergarten? ¿No podemos asumir la gravedad de un problema y al mismo tiempo asumir nuestra responsabilidad libremente? ¿Por qué tantos obstáculos a nuestra libertad? ¿Por qué la mayoría de las protestas contra las restricciones en pandemia se deben dar en países desarrollados o con niveles de vida y educación muy superiores, contrario a lo que sucede en países en vías de desarrollo o con niveles de vida y educación inferiores, donde las personas parecieran ser más obedientes o no tienen ánimos de contrariar a sus autoridades?

Todos sabemos lo dañino que puede resultar ser a la larga el consumo de alcohol, tabaco, drogas o la comida chatarra. Sabemos que está bajo nuestra responsabilidad consumir sustancias tanto legales como ilegales. Como adultos, sabemos también lo que puede resultar traspasar los límites de la legalidad y sus consecuencias. También sabemos que está bajo nuestra responsabilidad el uso o no uso del preservativo en las relaciones sexuales. Sin embargo, pareciera ser que, como adultos que somos, no estuviéramos capacitados para ejercer nuestra responsabilidad libremente con respecto al COVID-19.

¿Por qué no estamos capacitados para ejercer esa responsabilidad libremente con respecto al COVID-19, pero siempre hemos estado capacitados para ejercerla con respecto al uso de los preservativos o al consumo de alcohol, tabaco y la comida chatarra?

El alcohol, el tabaco y la comida chatarra bien sabemos que son legales y que son muy perjudiciales para nuestra salud, matando cada año a millones y millones de personas. ¿Hemos visto a las autoridades, tal como las vemos ahora, tan “preocupadas” por nuestra salud con respecto al consumo de los mismos? ¿La población ha estado siendo bombardeada constantemente con el miedo hacia el consumo del alcohol, tabaco y la comida chatarra, tal como se bombardea hoy con respecto al COVID-19 dizque “preocupados” por nuestra salud? ¿Desde cuándo la “preocupación” por la salud de las personas ha sido prioridad y merece el sacrificio de las economías? ¿Se desea primero estrangular  a las economías para después dejar que los grandes intereses puedan ofrecer sus “grandes soluciones”?

Pongamos un ejemplo muy similar al COVID-19, si lo anterior no nos parece o está fuera de lugar. Todos sabemos la existencia y peligrosidad de contraer el VIH/SIDA, y que la mayoría de los casos se da por las relaciones sexuales. Somos responsables de usar o no los preservativos en las relaciones sexuales. Sin embargo, a pesar de que el VIH/SIDA mata en promedio un millón de personas en el mundo cada año y que, actualmente, hay más de 42 millones de infectados, la economía mundial no se había visto perjudicada, ni impuesto medidas draconianas con las cuales hoy estamos sujetos respecto al COVID-19. ¿Escuchamos alguna vez de algún “confinamiento” para frenar la propagación del VIH/SIDA? ¿Escuchamos alguna vez del cierre de fronteras, aeropuertos, moteles, etcétera, para frenar el VIH/SIDA? ¿Escuchamos alguna vez de “cordones sanitarios”, toques de queda… para frenar la propagación del VIH/SIDA? Pues el VIH/SIDA sigue existiendo y aún no existe una vacuna. Tampoco se nos ha bombardeado diariamente con cifras de contagiados y muertos por el VIH/SIDA para que tengamos miedo.

¿Por qué tiene que ser distinto con el COVID-19? ¿Qué hay detrás de toda esta maquinaria propagandística? ¿Por qué se nos tiene que vender nuevamente aquello de que “el mundo ya no será como era antes”, tal como sucedería con el episodio de las Torres Gemelas del 2001? ¿Acaso todo esto se trata de importar subrepticiamente el modelo chino de control? ¿Prolongar el no ejercer nuestra libre responsabilidad tiene que ver mucho con el desembarco de los gigantes tecnológicos? ¿Acaso se trata de frenar en Occidente la creciente influencia china? ¿Es realmente una pandemia o es una gran maniobra de ingeniería social de las élites económicas para lograr ciertos objetivos permanentes, teniendo como base el miedo y así poder ejercer un completo control? Algo tiene que haber porque no es normal que la libertad, tal como la hemos conocido en Occidente, hoy quiera ser vista como una “irresponsabilidad” y la obediencia ciega (hacia las autoridades) quiera ser vista como una “responsabilidad”.

En promedio, cada año en el mundo mueren 2.8 millones de personas por el consumo de alcohol; 5 millones de personas mueren por la contaminación del aire; 9,6 millones de personas mueren por el cáncer; 2,6 millones mueren cada año por neumonía; en conjunto el consumo de alcohol, tabaco y drogas ilícitas matan cada año a 11,8 millones de personas en el mundo. La diferencia es que no nos han bombardeado permanentemente con cifras para que tengamos miedo, así como lo han hecho con el COVID-19. La diferencia es que sí nos han permitido hacer uso de nuestra responsabilidad, libremente, con respecto a aquellos. ¿No creen que si estuvieran tan “preocupados” por nuestra salud, como curiosamente les ha dado ahora, prohibirían el tabaco, el alcohol y la comida chatarra?

Y si queremos ver todo esto como una carrera de muertos, al día de hoy del presente año ya llevamos más de 971 mil muertos en el mundo por el COVID-19; más de 1,8 millones de muertos por el alcohol; más de 3,6 millones de muertos por el tabaco; más de 5,9 millones de muertos por el cáncer; más de 1,2 millones de muertos por el VIH/SIDA; más de 8,1 millones de muertos por el hambre… Sin embargo, lo que vemos es que el mundo se ha detenido o desacelerado por el COVID-19, “preocupados” dizque por nuestra salud –no por el cáncer, el VIH/SIDA, el tabaco o el alcohol, ni mucho menos por el hambre.

¿Recuperar nuestra libertad, tendrá que ser obra de rebelarse contra nuestras autoridades?

@NStolpkin

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Analista político nacional e internacional – Political Analyst – Crítico de política y Cultura Contemporánea.

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En cuatro meses de pandemia , sólo quedan cifras , muertos , contagios y miedo

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EP New York/opinión

Pandemia COVID-19: ¿Y si todos los muertos importaran?

Por: Níkolas Stolpkin

No deja de ser interesante toda esta situación que se está viviendo a nivel mundial. No estamos viviendo el escenario de una guerra mundial o de una dictadura de esas típicas Latinoamericanas del siglo pasado.  Lo que no quita que todo esto pueda tener algo de uno o de otro (cierre de fronteras, cierre de negocios, toques de queda, militares en las calles, restricciones para movilizarse, etc.). El escenario pareciera ser el mismo en todas partes (Fase 1, Fase 2, Fase 3, Fase 4…).

La presente escena pandémica es como si se tratara de la resulta útil de una guerra mundial o una dictadura, pero también la resulta “mejorada” de la “Gripe Porcina” (H1N1), más la “Guerra contra el Terrorismo” (Al Qaeda, “Estado Islámico”, ISIS). Y la labor de los Grandes Medios de Comunicación, por otra parte, pareciera ser la resulta “mejorada” de su desempeño en “La Guerra del Golfo”, “La Guerra de los Balcanes”, “La Guerra de Irak” y “Los atentados a las Torres Gemelas”. El actual bombardeo sistemático de información (propaganda) relacionado al COVID-19, hoy es un hecho. 

Algunos dirán que es “necesaria” toda la información o propaganda que los Grandes Medios difunden día a día con respecto al COVID-19 (cifras de muertos, “contagiados confirmados”, “casos activos” –pero, ojo, que no se noten mucho los “casos recuperados”) o que es “necesaria” toda la propaganda alrededor del COVID-19 (propaganda en redes sociales, radio, etc). Pero en el fondo todo se trata de conservar ciertos niveles de miedo sobre la población. Que algunos no quieran verlo, ya es otro tema. 

El miedo ya está simbolizado en una mascarilla o en conductas de un fiel “soldado” que respalda a las autoridades y asiente en todo lo que emiten los Medios oficiales. Todo disidente que se salga de los parámetros de las autoridades o de los Grandes Medios de Comunicación son un “enemigo” al cual hay que “aplastar”, censurar, ignorar o ridiculizar.

Puede que la primera vez que se nos quiso alarmar a nivel mundial con una enfermedad o virus, fuera a finales del siglo XX con el VIH/SIDA. Sin embargo, el nivel de alarma de aquella época nunca fue tanto como para detener gran parte de la economía mundial. No se cerraron fronteras, no sacaron a los militares, no cerraron los negocios, no hubieron cuarentenas o confinamientos estrictos, etc. La gente siguió viviendo sus vidas, trabajando, viajando, pero informada de la peligrosidad del VIH/SIDA. Incluso cada año se hacían campañas para prevenir el VIH/SIDA, que en el fondo eran campañas para que se vendieran preservativos, pero con el tiempo aquellas campañas se fueron apagando progresivamente. Hoy prácticamente no queda mucho o nada de las mismas.

No obstante, la peligrosidad del VIH/SIDA siguió estando. Incluso quedó en nuestro subconsciente de que para tener relaciones sexuales debíamos usar preservativos. Sólo que, no se nos siguió alarmando. ¿Se imaginan hoy si el VIH/SIDA hubiera sido la enfermedad del momento, tal como lo es hoy el COVID-19, y cerráramos negocios, fronteras, restaurantes, hoteles…? ¿Se imaginan el resultado de haber exagerado la nota tal como lo estamos haciendo ahora? 

Pues bien, hasta el día de hoy existe el VIH/SIDA y su peligrosidad. Y en lo que va del año 2020, las cifras de muertos por VIH/SIDA son superiores a las muertes por COVID-19. Sí, ya estamos bordeando los 800 mil muertos por VIH/SIDA. ¿Se nos ha querido alarmar con todas esas muertes? No, ¿verdad? Además existen actualmente más de 41 millones de contagiados por VIH/SIDA en el mundo. ¿Se nos ha querido alarmar con toda esa cifra de contagiados? No, ¿verdad? ¿Por qué? No lo sabemos.

¿Es necesario tanto escándalo por las muertes por COVID-19? ¿Por qué ahora tanto escándalo y antes no se escandalizaban por otras muertes? ¿Por qué las muertes que importan hoy son por COVID-19 y las demás no importan? ¿Qué se persigue al escandalizar la nota de ciertas cifras e ignorar otras igual o más significativas?

Claro que existe el COVID-19, no lo negamos. ¿Pero es necesario llegar a tanto escándalo y alboroto? Antes de la pandemia COVID-19, en promedio morían en el mundo 150 mil personas cada día, por distintas causas. ¿Se hacía algún escándalo por ello? Hoy en día ese promedio sigue manteniéndose desde el 2017. 

Supongamos que todas las muertes importaran… –Vamos, hagamos este ejercicio. ¿Se imaginan lo que eso podría significar si traspasáramos a todas ellas (las otras muertes) los niveles de exageración que estamos teniendo hoy con nuestras autoridades y Medios? Para empezar la actual industria alimentaria se iría hacia abajo. Lo mismo que la industria del tabaco y el alcohol. ¿Por qué nuestras autoridades y Medios no se escandalizan igualmente con las muertes por el hambre, el cáncer, el tabaco o el alcohol que cada año y día suceden? ¿Dónde están los informes diarios de aquellos? ¿Las muertes por COVID-19 son las únicas muertes que valen? 

¿Sabrá toda esa gente que se escandaliza por las muertes por COVID-19 que en lo que va del año (2020) en el mundo ya llevamos más de 5 millones de muertes por el hambre? ¿Sabrá toda esa gente que en lo que va del año en el mundo ya nos estamos acercando a los 4 millones de muertos por el cáncer? ¿Sabrá toda esa gente que en lo que va del año en el mundo ya pasamos el millón de personas muertas por el alcohol y pasamos los 2 millones de muertos por el tabaco? Y si nos pusiéramos “políticamente incorrectos”… ¿sabrá toda esa gente que en lo que va del año ya llevamos en el mundo más de 20 millones de abortos? Pero a quién le importa. Los únicos muertos que importan son por COVID-19, ¿verdad?

¿O acaso infundir miedo será el medio ideal para implantar medidas específicas que sin miedo no se podrían? ¿Estamos ante una prueba de resistencia? ¿Somos algo así parecido al perro de Iván Pávlov?

Aldous Huxley en su ensayo Nueva visita a un mundo feliz (1958) señalaba: “Todo hombre, como todo perro, tiene su propio límite individual de resistencia. La mayoría de los hombres llegan a su límite después de más o menos unos treinta días de continua tensión en las condiciones del combate moderno. Los que son más impresionables que el promedio sucumben en sólo quince días. Los más duros que el promedio pueden resistir unos cuarenta y cinco y hasta cincuenta días. Fuertes o débiles, todos acaban derrumbándose a la larga. Todo, es decir, todos aquellos inicialmente sanos. Porque, de modo bastante irónico, los únicos que pueden resistir indefinidamente la tensión de la guerra moderna son los psicopáticos. La locura individual es inmune a todas las consecuencias de la locura colectiva”.

“(…) se ha comprobado que la deliberada inducción de MIEDO, ira o ansiedad aumenta notablemente la impresionabilidad del perro. Si estas emociones se MANTIENEN a un alto nivel de intensidad por un tiempo lo bastante prolongado, el cerebro «va a la huelga». Cuando sucede esto, cabe IMPLANTAR nuevas normas de conducta con SUMA FACILIDAD.”

Podríamos entender que las demás muertes no sean tan importantes para las élites económicas y así  ellos poder salvaguardar ciertos intereses (la industria alimentaria, la industria del tabaco, la industria del alcohol, la industria química, etc.). Lo que nos gustaría saber es por qué las muertes por COVID-19 son mucho más importantes que las demás muertes, siendo que las demás muertes (por cáncer, hambre, VIH/SIDA, alcohol, tabaco),  podrían escandalizar mucho más que las muertes por COVID-19, si nos atuviéramos rigurosamente a las cifras. 

Y fíjense bien que no estamos hablando de “teorías conspirativas”, “5G”, “microchips”, ni nada de eso. Estamos hablando de cifras reales, existentes, y verificables, que cualquier persona podría ver. ¿Tan difícil es contestar a lo anterior?

@NStolpkin

FUENTES:
1. Worldometers 2. Our world in data 3. Nueva visita a un mundo feliz (1958), Aldous Huxley.

Níkolas Stolpkin

Analista político nacional e internacional – Political Analyst – Crítico de política y Cultura Contemporánea.

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Columnistas

Hay que investigar a China y OMS por los daños causados por el coronavirus , Jorge Buxadé

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EP New York/ opinión política-España

ENTREVISTA A JORGE BUXADÉ, EURODIPUTADO Y PORTAVOZ DE VOX EN EL PARLAMENTO EUROPEO

“El Gobierno de Sánchez ha actuado de una forma negligente y sin escuchar, en su momento, las voces de alarma ante la pandemia”

“Tenemos que establecer, cláramente, las responsabilidades del gobierno comunista de China en esta crisis, pero también de la OMS”

“Hay que dejar atrás la agenda política de las instituciones europeas y apostar por la salvación de millones de empresas en Europa que son las que garantizan el empleo”

“España debe exigir el respeto, como cuarta potencia económica que es, en la Unión Europea y sin olvidar los sacrificios que ha hecho el país en la industria y la agricultura”

por Ricardo Angoso

Abogado del Estado, jurista de formación, antiguo profesor de universidad y con alguna experiencia en la vida política, Jorge Buxadé es, a sus 44 años, el portavoz de VOX en el parlamento europeo tras el éxito de su formación política en las últimas convocatorias electorales y la irrupción de la misma en la vida política española y europea. También ha tenido un notorio protagonismo en los últimos meses en la vida nacional, cuando ha denunciado con vehemencia y convicción la pésima gestión del ejecutivo español en la crisis provocada por el coronavirus.

Ricardo Angoso: ¿Qué impacto tendrá esta crisis en la sociedad española y cómo juzga la gestión del ejecutivo español en la gestión de la pandemia?

Jorge Buxadé: La primera fase este gobierno ha actuado de una forma absolutamente ineficiente, por no haber respondido y atendido las alarmas que venían de numerosas partes del mundo y cuando ya la pandemia se estaba extendiendo en numerosos países. Hubo una absoluta  imprevisión a la hora de haber escuchado ese mensaje de alarma y por no haber hecho acopio de medios de protección sanitaria, tales como mascarillas y otros materiales médicos, en definitiva, de no haberse puesto en alerta y planificando un plan de choque para hacer frente a la pandemia.

Luego, en lo que respecta a la gestión política, el gobierno ha utilizado de una forma desmedida y diría que desproporcionada el estado de alarma. El estado de alarma, como hemos dicho desde VOX en numerosas ocasiones, es un procedimiento que no se puede utilizar repetidamente y sin medida, tal como ha hecho el gobierno Sánchez, y es algo que ya han dicho numerosos juristas. Aparte de estas consideraciones jurídicas, el estado de alarma no permite ni suprimir ni restringir derechos fundamentales para finalmente utilizar el mismo para que fuera una suerte de estado de excepción encubierto, ocultando la verdadera agenda política de Sánchez que pasaba, junto a otras cosas, por colocar a Pablo Iglesias en el Centro Nacional de Inteligencia (CNI), para regar de dinero a los medios de comunicación afines y así afianzar el control social por parte de este gobierno que no oculta ya sus fines ideológicos.

Como consecuencia de la no adopción de las medidas sanitarias adecuadas y la imprevisión a la hora de tomar decisiones que pusieran coto a la pandemia, dejaron a miles de ancianos desprotegidos en las residencias, muchos de los cuales han muerto solos y abandonados, sin asistencia ninguna. Por otra parte, el confinamiento total de toda la población española nos ha llevado a una ruina económica sin precedentes, con una economía paralizada y miles de trabajadores y empresarios realmente preocupados acerca de cuándo y cómo van a poder reiniciar sus actividades laborales. Millones de españoles ahora están con el temor de si van a conservar o no sus empleos, aparte de que  millones de ERTES -contratos de regulación de empleo temporal- se van a pagar en  el mes de junio, dejando a millones de personas sin sustento para estas semanas de terrible crisis. Esta situación, que  es un auténtico desastre, está provocando un profundo malestar en la sociedad española, cada vez más preocupada ante lo que pasa.

Como consecuencia de la misma, y como reacción ante este estado de cosas, miles de españoles están saliendo a las calles a protestar por la actual situación, exigiendo al gobierno su dimisión y lo que es más importante, libertad, en un auténtica revuelta popular que algunos llaman ya de las mascarillas.

EL PAPEL DE CHINA Y LA OMS EN LA PANDEMIA

R.A.:¿Qué opinión te merecen las acusaciones del presidente norteamericano, Donald Trump, contra China, por ocultar información, y a la Organización Mundial de la Salud, por su negligencia?

J.B.: Creo que cada hay más certezas y elementos que permiten demostrar las conexiones entre el gobierno comunista de China con la Organización Mundial de la Salud (OMS) durante esta crisis. Nosotros, desde VOX Europa, junto con el grupo de reformistas y conservadores en la cámara europea, hemos exigido que por parte de la Comisión Europea, el Consejo y la Unión Europea haya una investigación acerca de la responsabilidad del gobierno comunista chino en la propagación internacional del coronavirus que, al parecer, nació en la ciudad de Wuhan y también  por la responsabilidad de la OMS cuando no hizo caso de la alerta temprana que hacía prever la extensión de la pandemia por todo el planeta, tal como había alertado Taiwán en su momento. Creemos que este asunto se tiene que esclarecer y dilucidar. Yo creo que ahora mismo no hay evidencias claras pero si hay muchas certezas que, una detrás de otra, nos llevan a poner bajo sospecha al gobierno comunista chino y a la OMS. Por ejemplo, durante la pandemia se han vendido y comerciado numerosos productos farmacéuticos y médicos fraudulentos cuyo origen es China, principalmente, y son hechos que deben investigarse y llegar hasta el final para determinar las responsabilidades finales. Ahora mismo, lo que sí está claro es que la OMS es una organización bajo sospecha y, si de veras se la quiere darle viabilidad, habrá que dirimir las responsabilidades y depurar a sus responsables porque, si no se hace, acabará perdiendo toda su credibilidad en la escena internacional y en el campo de la salud, obviamente.

R.A.:¿Crees que Europa ha estado a la altura de las circunstancias cuando varios de sus Estados han estado gravemente afectados por la pandemia?

J.B.: La UE está actuando tarde y relativamente mal, aunque es verdad  que ahora se están hablando de algunas ayudas financieras por parte de sus miembros. Creo que tampoco se está poniendo sobre la mesa la verdadera dimensión de la tragedia sanitaria y la ruina económica a la que nos veremos abocados países como Italia, España y Francia, por citar tan solo algunos de los países más afectados por el conavirus, y, por tanto, es hora de dejar atrás la agenda política y determinar en este momento, por parte de las instituciones europeas, lo que es realmente prioritario e importante. La única solución, ante un debate político que sigue presa de la inercia del pasado, es apostar por poner nuestros recursos al servicio de salvar vidas y empleos. Hay que dejar atrás la agenda ideológica y trasladar los fondos previstos para la transición ecológica y otros asuntos a la ayuda directa a las empresas y así, entre todos, salvar los empleos de millones de trabajadores en Europa. Tenemos que salvar a millones de empresas, que ahora están en crisis, porque son las que garantizan el empleo en Europa. Otra buena medida sería que las instituciones europeas tomen decisiones rápidas ante la grave crisis y que no dejen la gestión de la misma a la espera de grandes acuerdos entre los principales Estados de la UE.

R.A.:¿Cómo valoras la gestión de la crisis de la pandemia por parte de países como Brasil, México e incluso Estados Unidos?

J.B.: Por desgracia, ha habido dos elementos; en una primera fase, por ejemplo, ha faltado una información fiable acerca de lo que estaba pasado con respecto al coronavirus, que apunta su responsabilidad a la OMS, y que, coordinadamente con el gobierno comunista chino, nos ocultaron la gravedad de lo que estaba ocurriendo y los datos acerca de lo que pasaba, eso está meridianamente claro aunque habrá que determinar las responsabilidades; y, luego, como segundo elemento, hay que tener en cuenta que los gobiernos han primado sus agendas ideológicas y sus compromisos políticos previos, e incluso sus prejuicios, al hecho de salvar vidas y de no arruinar la economía, ya que se trataba de hacer ambas cosas a la vez. Nosotros, una vez que la pandemia estalló con toda su agresividad, ya sabíamos que iba a venir y los gobiernos, en muchos lugares, tomaron medidas absolutamente erróneas, mientras que otros países, con datos y estadísticas en la mano, lo hicieron bien a la hora de gestionar el problema, como es el caso de Japón, e incluso en Europa, como es el caso de Polonia, que tomaron medidas adecuadas sin parar su economía. Cuando un país para su economía y otros siguen trabajando, los demás te van tomando la delantera y ocupan cuotas de mercado que antes tenían nosotros. Cada día que perdemos con el confinamiento, con toda nuestra economía parada, son miles de millones  de euros que se pierden para siempre, hundiendo nuestro Producto Interior Bruto (PIB), que no deja de ser una estadística, pero que significa en la práctica la ruina y el cierre de miles de empresas y el desempleo para millones de trabajadores, que contemplan como sus proyectos vitales y familiares se vienen abajo. Millones de trabajadores, por las deficientes decisiones políticas de nuestros gobiernos, que pararon nuestras economías, se van a encontrar en una situación de vulnerabilidad social y económica a cuenta de estas malas políticas, algo que, a mi entender, es inadmisible.

R.A.: ¿No cree que España debería tener un papel más relevante al que ahora no tiene en la escena europea e internacional?

J.B.: Por desgracia, como español, creo que es así y también pienso que la mayoría de los españoles somos conscientes de esa carencia. Hay numerosos ejemplos que revelan de que España no tiene el papel que debería y solamente le voy  a dar algunos ejemplos, como cuando perdimos un dinero que nos daba la UE para material sanitario y mascarillas, perdiendo un millón y medio de euros a cuenta de esta negligencia clara, y tampoco fuimos capaces de nombrar y postular a un español, tal como hemos denunciado desde VOX, para un subcomité científico que se creó en la UE para hacer propuestas y hacer frente a la amenaza que representa el coronavirus. España tuvo dos puestos a su disposición, tal como hemos sabido después, pero no fue capaz de ocuparlos porque no fue capaz de solicitarlos. ¡Qué lamentable actuación!

Hay que estar en las instituciones y dar la batalla en todos los frentes para defender los intereses nacionales de España y estar a la altura, como potencia que somos, sin complejos, en nuestras obligaciones internacionales y europeas. Tenemos un peso importante en la zona euro, siendo la cuarta economía, y, por tanto no nos debemos minusvalorar como potencia, resaltando los sacrificios que hemos hecho para estar en la UE en numerosos campos, como en la agricultura y la industria, por poner solamente dos ejemplos. España, además, es frontera de la UE y hacemos enormes sacrificios en  todos los frentes, como por ejemplo gestionando el problema de la entrada de millones de inmigrantes ilegales, y, por tanto, tenemos el derecho a exigir en las instituciones europeas el respeto debido a una nación como la nuestra.


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