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Enfoque Mundial

Entrevista Ramon Custodio/ Ricardo Angoso

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LA TRISTE REALIDAD DE HONDURAS

ENTREVISTA A RAMÓN CUSTODIO, EXDEFENSOR DEL PUEBLO DE HONDURAS (CONADEH)

Por: Ricardo Angoso

“La policía se prestó a todo tipo de manejos turbios y sucios, como  avalar el cobro de las extorsiones a empresarios que eran amenazados por bandas juveniles y también criminales”; “Pese a que la corrupción ha minado a nuestras instituciones, no es  menos cierto que hemos conseguido salvar en Honduras la libertad de pensamiento y expresión en este país. Somos una nación plenamente democrática”.

Ramón Custodio fue durante muchos años el Comisionado Nacional de los   Derechos Humanos (CONADEH) de Honduras -una suerte de institución  parecida al Defensor del Pueblo-, desde donde tuvo un papel determinante en la defensa de la democracia y las instituciones representativas durante la crisis política que padeció Honduras en el año 2009. En los años ochenta, durante uno de los periodos más controvertidos de su país, fue un activista muy conocido en defensa de los derechos humanos y también de los hondureños más desfavorecidos.

LA CORRUPCIÓN, ¿PRIMER PROBLEMA DE HONDURAS?

Ricardo Angoso:  Recientemente se han descubierto conexiones de la cúpula policial hondureña con el crimen organizado y con el narcotráfico, ¿qué impresión le produjo este suceso?

Ramón Custodio: Lo que estamos viendo confirma que las dudas y sospechas que teníamos, en el sentido de que la policía hondureña era un cuerpo corrompido, eran ciertas. Una corrupción que no solo afecta a la cúpula policial, sino también a los mandos intermedios y también a meros agentes. La corrupción no solo englobaba a la cúpula sino que funcionaba con el asentimiento de los cuadros medios y también bajos. Estos eran los verdaderos agentes de esta trama de corrupción organizada dentro de la policía. Esto ha ocurrido como consecuencia de que la Fuerza de Seguridad Pública, que eran parte de las Fuerzas Armadas hondureñas, llegó a ser tan corrupta como todas las policías que tuvimos en el pasado, agregando el hecho del carácter de represión política que tuvo en la década de los ochenta. El problema vino de una Ley Orgánica que otorgó a la Policía Nacional Civil (PNC) las competencias de asuntos  internos, lo que significaba, de hecho, que el propio delincuente se  investigase a sí mismo. Este error legislativo se trató de compensar creando una alianza de fuerzas políticas y de miembros de la sociedad civil a través de una entidad que se denominó Consejo Nacional de la Seguridad Interior. Pero realmente nunca llegó a funcionar porque  quien llegaba a responsable de la seguridad a nivel nacional percibía que ese organismo les restaba autoridad. Así fue posible, gracias a  esa búsqueda del poder absoluto, que decayera y se convirtiera en un ente infuncional el Consejo de Seguridad Interior y que tan solo tuviera algún momento de esplendor durante el gobierno provisional del año 2009.

   foto by/quienopina.com

La policía se prestó a todo tipo de manejos turbios y sucios, como avalar el cobro de las extorsiones a empresarios que eran amenazados por bandas juveniles y también criminales. Incluso se sospecha que algunos miembros de la policía han participados en ejecuciones (asesinatos) extrajudiciales; algunos agentes se convirtieron en sicarios o gavilleros al servicio del crimen organizado. Lo que que ahora estamos escuchando, en forma de denuncias, y de cómo fueron planificados algunos crímenes conocidos, como el del “zar antidrogas” Julián Arístides González, es que dentro de la policía había un cuerpo de sicariato que ejecutaba los crímenes. Incluso hubo un reparto de corredores para el paso de la droga por parte de algunos responsables policiales y políticos, la mafia estaba instalada dentro del Estado.

 EL NARCOTRÁFICO, OTRO FLAGELO

 R.A.: ¿Parece que el narcotráfico “contaminó” a todas las estructuras del Estado, incluyendo a la policía?

 R.C.: Definitivamente, el reparto de los corredores del tráfico de drogas por parte de dos altos responsables políticos de la seguridad en Honduras muestra a las claras que hay estructuras permanentes ligadas al narcotráfico y que actúan con toda impunidad.

 R.A.: ¿Qué opinión le merece esa idea que se abre paso de que para vencer el narcotráfico, hay que legalizar las drogas?

 R.C.: Esa tesis se ha ido imponiendo en los últimos tiempos y está en boga incluso hoy. Pero yo, en mi opinión personal, me he opuesto a esa tesis. Sin embargo, viendo lo que ha pasado en el Uruguay del  presidente Múgica, en el sentido de que legalizó algunas drogas no dañinas, como la marihuana, creó que fue positivo ese hecho y consiguió luchar contra el crack, que golpeaba a los jóvenes más pobres.

 R.A.:¿No cree que sin una mayor implicación de Estados Unidos en la lucha contra el narcotráfico no hay nada que hacer?

 R.C.: Mientras los Estados Unidos no pongan orden dentro de su casa, muy pocas esperanzas podemos tener los países en donde se efectúa el tránsito de la droga, que además pasamos de ser de tránsito a países consumidores, como ya está ocurriendo en Honduras. El narcotráfico, no o olvidemos, no solo paga con dinero, sino con drogas, y fomentan el mercado, el consumo interno de las drogas. Ya digo, mientras Estados Unidos siga siendo el país que más consume drogas del mundo, nosotros estamos condenados, como países de tránsito, a un calvario indescriptible. O se frena el consumo en Estados Unidos de alguna forma o no hay nada que hacer en la lucha contra el narcotráfico.

 R.A.:¿Qué haría para hacer frente a la corrupción ligada al narcotráfico?

 R.C.:Mientras la cocaína no tenga un sustituto del cual puedan vivir  en igual o mejor forma los cultivadores de coca en los países de origen de la misma, va a ser difícil encontrar un modelo económico que oferte salidas a estos campesinos que cultivan la droga y viven de ella. No ha habido ninguna respuesta a este tráfico que haya dado soluciones al problema. La droga ha encontrado nuevas rutas alternativas a las aéreas y ahora, por ejemplo en el caso de Honduras, la droga sale por la vía terrestre y marítima, a través del Pacífico y el Atlántico, hacia los Estados Unidos. Incluso se utilizan hasta  submarinos sin piloto que acaban llegando a su destino.  Pero no ha habido ningún país ni gobierno que sin la ayuda de los Estados Unidos pueda poner fin a este tráfico de drogas.

 LA INSEGURIDAD, OTRO AZOTE HONDUREÑO

 R.A.: ¿No cree que la imagen de Honduras está muy dañada por esta alarmante cifra de delitos y homicidios que se perpetran en el país?

 R.C.:San Pedro Sula, por ejemplo, en el 2012 fue la ciudad más violenta del mundo, pero desde ese año hasta ahora ha habido una política de seguridad pública en donde se está tratando de reducir la tasa de homicidios, que ya ha bajado algo tal como revelan las últimas estadísticas publicadas. Hemos pasado de 86,6 homicidios por cada 100.000 habitantes a 56, una bajada alta y considerable que revela una  mejora sustancial. El problema sigue siendo que la corrupción en la policía es muy alta e incluso algunos agentes han participado en matanzas ocurridas en Honduras.

 R.A.:¿Cuáles son las razones por las que se ha generado la inseguridad en Honduras?

 R.C.: Yo creo que hay varios factores. El primero de ellos es que es un dinero fácil para la gente que no tiene trabajo ni otras alternativas de obtener recursos. La gente se ha vuelto muy consumista y quiere tener todo tipo de objetos que la sociedad de consumo le  ofrece. Luego está la corrupción policial, que no afronta estas amenazas que están en la calle. Pero ya le digo que es una conjunción de factores que deberíamos analizar en detalle y que atienden a varios elementos.

 R.A.:¿No cree que este auge de la inseguridad también revela el fracaso de las últimas administraciones de Honduras?

 R.C.:Desgraciadamente, cada vez se mencionan a más familiares y gente cercana al núcleo de algunos presidentes como implicados en graves delitos, tales como el narcotráfico y el blanqueo del dinero  procedente del mismo. Hay hijos de presidentes capturados infraganti, como el hijo del presidente Pepe Lobo, detenido en Haití por tráfico de drogas. Y otro presidente, Rafael Leonardo Callejas, está detenido  y procesado en los Estados Unidos. También hay rumores de otros hijos de presidentes implicados en actividades ilícitas. La criminalidad ha llegado hasta las más esferas en Honduras.

 Ricardo Angoso : Por todas las vías: terrestre, aérea y marítima. El destino final es los Estados Unidos, como la emigración que siempre va de sur a norte.

Ricardo Angoso es un recoocido escritor y periodista español que ha entrevistado presidentes , militares y altos personajes de la vida pública y privada . A través de sus diálogos y entrevistas y su indiscutible investigación , hemos conocido la historia que otros medios difícilmente pueden revelar y que en Enfoque Periodístico y en sus distintos blogs informativos miles de lectores han conocido la realidad de América Latina y el mundo en general

 @ricardoangoso

rangoso@iniciativaradical.org

Agencias

Yulia Navalnaya continuará con legado político de Navalny

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EP New York | enfoque mundial

Yulia Navalnaya incursiona en política para preservar el legado de Navalny

La esposa de Alexéi Navalny había evitado la atención mediática, pero la muerte del líder opositor más famoso de Rusia puede hacer que eso sea imposible. “No tengo derecho a rendirme”, dijo.

Era agosto de 2020, Yulia Navalnaya, la esposa del líder opositor más famoso de Rusia, daba grandes zancadas por los pasillos desgastados y sombríos de un hospital provincial ruso en busca de la habitación donde su esposo yacía en coma.

Alexéi Navalny había colapsado tras recibir lo que investigadores médicos alemanes después declararían como una dosis casi fatal de la neurotoxina novichok, y su esposa, a quien policías amenazantes le impedían moverse por el hospital, volteó hacia la cámara de un celular que tenía un integrante de su equipo.

Con voz tranquila en un momento impactante que luego se incluyó en >Navalny< un documental ganador del premio Oscar, Navalnaya dijo: “Exigimos la liberación inmediata de Alexéi, porque en este instante en este hospital hay más policías y agentes del gobierno que médicos”.

Hubo otro suceso similar el lunes, cuando bajo circunstancias incluso más trágicas, Navalnaya habló ante una cámara tres días después de que el gobierno ruso anunció que su marido falleció en una brutal colonia penal de máxima seguridad en el Ártico. Su viuda culpó al presidente Vladimir Putin por la muerte y anunció que ella asumiría la causa de su esposo y exhortó a los rusos a unírsele.

En un discurso breve y pregrabado que fue publicado en redes sociales, Navalnaya dijo: “Al matar a Alexéi, Putin mató a mi mitad, la mitad de mi corazón y la mitad de mi alma. Pero me queda otra mitad y esta me dice que no tengo derecho a rendirme”.

Durante más de dos décadas, Navalnaya había evitado asumir cualquier papel político en público porque alegaba que su propósito en la vida era apoyar a su esposo y proteger a sus dos hijos. “Considero que mi labor es que nada cambie en nuestra familia, que los niños sean niños y el hogar sea un hogar”, dijo Navalnaya a la edición rusa de la revista Harper’s Bazaar en 2021, una de las pocas entrevistas que ha concedido.

Pero eso cambió el lunes.

Navalnaya enfrenta el gran reto de intentar que vuelva a funcionar el desmotivado movimiento de oposición desde el extranjero, ya que cientos de miles de sus simpatizantes han sido obligados a exiliarse por un Kremlin cada vez más represivo que ha respondido a cualquier crítica a su invasión a Ucrania, que inició hace dos años, con duras sentencias de cárcel. El movimiento político y la fundación de su esposo, que expusieron la corrupción en las altas esferas del poder, fueron declaradas como organizaciones extremistas en 2021 y se les prohibió operar en Rusia.

Aunque no desestiman las dificultades, sus amigos y asociados creen que Navalnaya, de 47 años, tiene una oportunidad de éxito gracias a lo que llaman su combinación de inteligencia, porte, determinación férrea, resiliencia, pragmatismo y carisma.

Su presencia es algo inusual en Rusia: una mujer destacada en un país donde las mujeres reconocidas en la política son poco comunes, a pesar de sus muchos logros en otros campos. Analistas afirman que, aparte de la amplia autoridad moral que ha adquirido tras la muerte de su marido, Navalnaya podría beneficiarse de una brecha generacional en Rusia, donde los rusos más jóvenes y postsoviéticos aceptan más la equidad de género.

Tan pronto como Navalnaya hizo su declaración el lunes, la maquinaria propagandística estatal rusa se puso en acción, por lo que trató de presentarla como una herramienta de las agencias de inteligencia de Occidente y alguien que frecuentaba complejos turísticos y fiestas de celebridades.

Navalnaya nació en Moscú en una familia de clase media; su madre trabajaba para un ministerio gubernamental y su padre era empleado de un instituto de investigación. Sus padres se divorciaron al poco tiempo y su padre murió cuando ella tenía 18 años. Navalnaya se graduó en Relaciones Internacionales y después trabajó brevemente en un banco antes de conocer a Navalny en 1998 y casarse con él en 2000. Ambos eran cristianos ortodoxos rusos.

Una hija, Daria, que ahora estudia en California, nació en 2001, y un hijo, Zakhar, nació en 2008, quien asiste a la escuela en Alemania, donde vive Navalnaya.

Aunque no era abiertamente política, Navalnaya siempre estuvo al lado de su esposo. Lo acompañó en manifestaciones y durante sus numerosos procesos judiciales y sentencias de prisión. Navalnaya estaba con él durante su campaña para alcalde de Moscú en 2013, y en 2017, cuando un ataque con un tinte químico verde casi lo deja ciego de un ojo.

En 2020, cuando Navalny fue envenenado, Navalnaya le exigió de manera pública a Putin que su marido fuera evacuado en ambulancia aérea a Alemania y, durante sus 18 días en coma, ella permaneció a su lado, habló con él y reprodujo sus canciones favoritas como “Perfect Day” de Duran Duran. Tras recuperar el conocimiento, Navalny escribió en redes sociales: “Yulia, me salvaste”.

Navalnaya sobrevivió un intento de envenenamiento en Kaliningrado un par de meses antes que seguramente estaba dirigido a él, dijeron sus amigos, pero ella no siguió pensando en eso.

Navalnaya ha sido comparada con otras mujeres que han continuado las batallas políticas de sus maridos asesinados o encarcelados. Entre ellas se encuentran Corazón Aquino, cuyo esposo fue asesinado en 1983, cuando bajaba de un avión en Filipinas al regresar de su exilio; luego, derrotó al entonces presidente Ferdinand Marcos. También está Sviatlana Tsikhanouskaya, quien lideró la oposición en las elecciones presidenciales de 2020 en Bielorrusia, país vecino de Rusia, después de que su marido fuera encarcelado. Ella misma se vio obligada al exilio.

Al final, los analistas indican que una “persona normal” con autoridad moral podría tener éxito donde alguien dedicado a la política no podría.

“Ella quiere terminar la tarea que Alexéi trágicamente dejó incompleta: hacer que Rusia sea un país libre, democrático, pacífico y próspero”, dijo Sergei Guriev, un amigo de la familia y un destacado economista ruso que es director académico del Instituto de Estudios Políticos de París. “Ella también va a demostrarle a Putin que eliminar a Alexéi no acabará con su causa”.

Publicado en New York Times

 

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Agencias

Por qué el modelo “Bukele” no puede aplicarse a otros países de A.L.

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EP New York. | Latinoamérica | El Salvador

Por qué el modelo Bukele no va a funcionar en otros países de América Latina

Aunque todavía se están contando los votos, el presidente Nayib Bukele se adjudicó una victoria aplastante las elecciones y afirmó que ganó con más del 85 por ciento de los votos. Si esos resultados se mantienen cuando se anuncie el conteo oficial, ni siquiera los presidentes populistas más conocidos de América Latina, como el presidente venezolano Hugo Chávez o el boliviano Evo Morales, habrán estado cerca de ganar unas elecciones con esos márgenes.

El ascenso sin precedentes de Bukele se explica debido a un factor: el sorprendente descenso en la tasa de delincuencia de El Salvador. Desde que asumió la presidencia en 2019, la tasa de homicidios intencionales ha bajado del 38 por cada 100.000 ese año a 7,8 en 2022, muy por debajo del promedio en América Latina del 16,4 para el mismo año.

Las medidas enérgicas que Bukele ha encabezado para combatir el crimen organizado prácticamente han desmantelado a las pandillas que aterrorizaron a la población durante décadas. También ha cobrado un precio oneroso a los derechos humanos, las libertades civiles y la democracia de los salvadoreños. Desde marzo de 2022, cuando Bukele declaró un estado de excepción que dejó suspendidas algunas libertades civiles básicas, las fuerzas de seguridad han encarcelado aproximadamente a 75.000 personas. Uno de cada 45 adultos en el país está en prisión.

Ante esta situación, otros líderes de la región han debatido la posibilidad de adoptar muchas de las mismas medidas drásticas para combatir la violencia delictiva en su país. Sin embargo, aunque estuvieran dispuestos a hacer los mismos compromisos que ha hecho el gobierno de Bukele —calles más seguras empleando métodos diametralmente opuestos a la democracia— quizá no conseguirían los mismos resultados. Las condiciones que hicieron posible el éxito de Bukele y su notoriedad política son únicas de El Salvador y no son exportables.

En nuestro recorrido por las calles de la capital, San Salvador, en los días anteriores a las elecciones, vimos cómo las familias han regresado a los parques. Ahora, las personas pueden atravesar las fronteras entre distintos barrios que antes estaban controlados por pandillas y eran imposibles cruzar. El centro de la ciudad, que por años quedaba casi vacío al atardecer, ahora está activo hasta altas horas de la noche.

El problema es que El Salvador, que emprendió una transición hacia la democracia en la década de 1990, se ha desviado de esa ruta. Bukele tiene control en los poderes del gobierno. La nación de 6,4 millones de habitantes funciona como un Estado policial: no es inusual que soldados y policías retiren a los ciudadanos de las calles y los encarcelen de manera indefinida sin ninguna razón y sin darles acceso a un abogado. Hay noticias creíbles de que los reclusos han sido torturados. Varios críticos del gobierno comentaron que los han amenazado con presentar acusaciones en su contra, además de que se han empleado programas espía para monitorear a algunos periodistas. Incluso la votación del domingo pasado se encuentra bajo el microscopio porque el sistema de transmisión de los resultados de la votación preliminar dejó de funcionar de manera muy inusual.

Como politólogos, con experiencia en el estudio de la política latinoamericana, le hemos dado seguimiento al creciente grupo de seguidores de Bukele en la región. En el vecino Honduras, la presidenta de izquierda, Xiomara Castro, declaró una “la guerra a la extorsión” contra las pandillas a finales de 2022. Al igual que en El Salvador, Castro decretó un estado de excepción, pero, aunque la tasa de homicidios ha bajado, las pandillas todavía conservan mucho poder.

Más al sur, Ecuador se tambalea por su propio brote de violencia de las bandas. Cuando uno de nosotros fue de visita el año pasado, varias personas entrevistadas señalaron que les encantaría que “alguien como Bukele” llegara a poner orden. Incluso en Chile, que históricamente ha sido una democracia más sólida y un país más seguro que El Salvador, pero en donde la criminalidad va en aumento, Bukele cuenta con un porcentaje de aprobación del 78 por ciento.

No es ningún misterio por qué el modelo de medidas estrictas contra el crimen de Bukele es tan atractivo en América Latina. En 2021, según un grupo de investigación mexicano, en la región se encontraban 38 de las 50 ciudades más peligrosas del mundo. En un año típico, esta región en la que ahora vive solo el ocho por ciento de la población mundial, sufre alrededor de un tercio del número total de asesinatos.

Pero quienes copian las medidas de Bukele y aquellos que creen que su modelo puede replicarse en cualquier lugar no han considerado un punto clave: no es probable que las condiciones que le permitieron controlar a las pandillas en El Salvador se presenten en otras partes de América Latina.

Las pandillas de El Salvador son únicas y están lejos de ser como las organizaciones criminales más sólidas de la región. Durante décadas, unas cuantas pandillas se enfrentaron entre sí para conseguir el control de territorios y ganaron poder social y político. Pero, a diferencia de los cárteles en México, Colombia y Brasil, las pandillas de El Salvador no han sido actores importantes en el comercio global de drogas y habían estado más bien enfocadas en la extorsión. En comparación con estos otros grupos, contaban con finanzas limitadas y no tenían tanto armamento.

Bukele comenzó a desactivar a las pandillas mediante negociaciones con sus líderes, según algunos reportes periodísticos de investigación salvadoreños y una investigación criminal encabezada por un antiguo fiscal general (algo que el gobierno niega). Después, cuando Bukele comenzó a detener a sus soldados de a pie en redadas masivas que llevaron a muchas personas inocentes a las prisiones, las pandillas colapsaron.

La historia no sería tan sencilla en otras partes de América Latina, donde las organizaciones criminales tienen más dinero, tienen más conexiones internacionales y están mucho mejor armadas de lo que estaban las pandillas de El Salvador. Cuando otros gobiernos de la región han intentado acabar con los líderes de pandillas y cárteles, estos grupos no se han desmoronado. Han contraatacado, o bien han surgido nuevos grupos delictivos para llenar rápidamente el vacío, interesados en los enormes ingresos que ofrece el comercio de drogas. La guerra de Pablo Escobar contra el Estado en las décadas de 1980 y 1990 en Colombia, la reacción violenta de los cárteles a las acciones de las autoridades mexicanas desde mediados de la década de los 2000 y la respuesta violenta a las recientes medidas del gobierno de Ecuador contra las pandillas son solo unos cuantos ejemplos.

Además, El Salvador tenía fuerzas de seguridad más profesionales, que se comprometieron a acabar con las pandillas cuando Bukele las convocó, en comparación con algunos de sus vecinos. Un ejemplo es Honduras, donde, se ha reportado, la corrupción propiciada por las pandillas entre las fuerzas de seguridad es un problema muy profundo. Esta situación contribuyó al fracaso, desde un principio, de las acciones inspiradas en Bukele emprendidas por Castro. En otros países, como México, también se dice que los grupos delictivos han logrado cooptar a miembros de alto rango del ejército y la policía. En Venezuela, se ha informado que algunos funcionarios militares han tenido su propia operación de tráfico de drogas. Incluso si los mandatarios enviaran soldados y policías a realizar redadas masivas como las de Bukele, es posible que las fuerzas de seguridad no estén preparadas o tengan incentivos para socavar la misión.

Por último, Bukele enfrenta una oposición política muy disminuida, pues los dos partidos políticos tradicionales del país se han debilitado significativamente desde 2019 y, por lo tanto, no son capaces de contener las acciones del nuevo presidente para establecer control sobre las instituciones públicas. En muchos otros países de América Latina hay partidos políticos más sólidos o existen fuerzas de oposición que ayudarían a exigir una rendición de cuentas a un poder ejecutivo que pretendiera extender su control.

Si otros Bukeles en potencia intentan copiar lo que él ha hecho, es más probable que solo imiten el lado sombrío del modelo de El Salvador y no sus logros.

Los gobiernos podrían verse sumidos en el caos si se multiplican los grupos delictivos o contraatacan con violencia. Además, en el proceso podrían quitarle espacios a la sociedad civil y a la prensa, reducir la transparencia del gobierno, llenar con más detenidos las prisiones, que ya están abarrotadas, y debilitar a los tribunales. Históricamente, los presidentes de América Latina que no tienen un compromiso absoluto con la democracia ya han dado algunos de estos pasos, o todos ellos, para su beneficio político de cualquier manera. Combatir el crimen es la excusa perfecta.

A pesar de su éxito en la reducción de la delincuencia, el modelo de Bukele tiene un costo muy importante. Los imitadores deben tener cuidado: seguir el modelo de El Salvador no solo no funcionará, sino que, en el camino, intentar hacerlo podría causarle daños perdurables a la democracia.

Publicado en New York Times

 

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Agencias

Kremlin confirma muerte de líder opositor ruso Alexei Navalny

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EP New York | Política Mundial

MOSCOW, 16 de febrero  – El líder de la oposición más destacado de Rusia Alexei Navalny colapsó y murió el viernes después de un paseo en la colonia criminal ártica “Polar Wolf” donde estaba sirviendo a una larga duración de la cárcel, el Servicio penitenciario ruso dijo.

Navalny, un ex abogado de 47 años, se hizo un lugar de prominent hace más de una década con blogs sobre lo que dijo que era una gran corrupción y opulencia entre los “crooks y ladrones” de la élite de Rusia.

El Servicio Penitenciario Federal del Distrito Autónoma de Yamalo-Nenets dijo en un comunicado que Navalny se sintió mal después de un paseo en la colonia penal de IK-3 en Kharp, a unos 1.900 km (1.200 millas) al noreste de Moscú hacia el Círculo Ártico.

Él perdió la conciencia casi de inmediato, dijo. “Todas las medidas de reanificación necesarias se llevaron a cabo, que no dieron resultados positivos”, dijo el servicio penitenciario, añadiendo que se estaban estableciendo causas de muerte.

El Kremlin dijo que el presidente Vladimir Putin fue informado de la muerte, que trajo un torrente de indignación del oeste, algunos diciendo que el líder ruso tenía responsabilidad.

Los partidarios de Navalny dijeron que no podían confirmar que estaba muerto, pero que si lo era entonces creían que había sido asesinado.

Con información de Reuters

 

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