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Columnistas

Enrique Santiago , un peligro inminente para la democracia de España

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EP EE.UU/Opinión 

¿QUIÉN ES ENRIQUE SANTIAGO QUE OCUPARÁ UN ALTO CARGO EN EL GOBIERNO DE ESPAÑA?

por Ricardo Angoso

El nombramiento del Secretario General del Partido Comunista de España, Enrique Santiago, para un alto cargo del gobierno del Reino de España es realmente preocupante, el emblema de esta época decadente y gris por la que atraviesa nuestro país y que nos ha llevado a uno de los peores momentos de nuestra joven democracia. Santiago, aparte de haber sido asesor de la organización terrorista y criminal Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), considera que el Estado de Israel es una entidad terrorista que atropella los derechos humanos y que no tiene, como piensan todavía muchos izquierdistas en España, ningún derecho a su existencia pacífica.

El sujeto, tal como ha colocado en muchos de sus comentarios en Twitter, considera legítimos los ataques terroristas de Hamas y Hezbollah contra objetivos civiles israelíes, ataca sin piedad a los líderes de Israel elegidos democráticamente y considera casi como unos héroes a los asesinos que siembran y han sembrado el terror en el Estado hebreo durante décadas. Muchos jóvenes palestinos asentados en España, que comulgan con esas ideas, se han integrado en Izquierda Unida -la coalición de la cual forman parte los comunistas españoles- y se movilizan periódicamente contra Israel en las calles españolas y a favor del movimiento BDS (Boicot, Desinversiones y Sanciones es un movimiento propalestino que aboga por una campaña global para incrementar la presión económica contra el Estado hebreo). También ha apoyado la legitimidad de la violencia política en Colombia, más concretamente de las FARC, y es una de las escasas voces que todavía defiende la dictadura comunista cubana en España sin pudor alguno.

Lo preocupante del asunto es que salvo una breve nota en Twitter de la organización ACOM, que se dedica a denunciar actos antisemitas, la noticia ha pasado desapercibida cuando no tenía que haber sido así, dada las intensidad y la profusión, cada vez mayor, de actos antisemitas en España, como la cada vez más insistente aparición de pintadas antisemitas en varias ciudades del país y la reciente profanación de un conocido cementerio hebreo en Madrid.

A este nombramiento, ya de por sí lamentable, se le viene a unir la noticia que no concitó la rotunda condena social y política que hubiera merecido el reciente alegado antisemita de una joven fascista en un acto de homenaje a la División Azul, asunto ha volvió a encender las alarmas en la comunidad judía española. La joven fascista, de nombre Isabel Peralta, emulando quizá a Ramón Serrano Suñer cuando despidiendo a la División Azul lanzó su grito de guerra de que “Rusia es culpable”, fue jaleada por tres centenares de neonazis cuando aseguró que “el judío es culpable”. Luego esta horda neonazi se manifestó impunemente en un barrio de Madrid sin que la policía, siempre tan atenta a otras cosas menores, hiciera acto de presencia.

Todos los partidos políticos, desde Vox hasta el PSOE, condenaron la lamentable arenga, aunque si ir más allá, como haber demandado medidas legislativas y punitivas para perseguir tales actos. Lo que no quedó tan claro es de que son culpables los judíos. El partido político Podemos, del que forma parte el susodicho Santiago, por su parte, hasta el día de hoy no ha condenado los hechos, algo habitual y lógico en esta formación financiada por Irán y con nexos conocidos con Hamas, Hezbollah y otras organizaciones antisemitas. También se ha demostrado con todo lujo de detalles que reciben dinero del sátrapa venezolano, Nicolás Maduro, otro notable enemigo de Israel y aliado de Irán en la escena internacional. El nuevo antisionismo es el antisemitismo del siglo XXI, habiendo un hilo conductor entre el viejo nazismo que no ha muerto y los nuevos defensores de la causa palestina. Odiar a Israel es más progre, claramente, que atacar a los judíos porque ellos, tan nobles en sus ideas, no son supuestamente racistas.

Pese a la presencia de Podemos en el gobierno, eso no fue óbice para que la ministra de Exteriores de España, Arancha González Laya, visitará Israel el pasado mes de diciembre y que aprovechará  la ocasión para defender la necesidad del diálogo entre israelíes y palestinos, algo que manifestó con vehemencia en todos sus encuentros con representantes del ejecutivo israelí. En su opinión, un acuerdo entre las partes debería estar en consonancia con el “espíritu de la conferencia de Madrid”, celebrada hace ya casi tres décadas, y también con la vieja fórmula que pasa por “la solución de los dos Estados”. Posiciones que están, desde luego, en las antípodas de lo que postula Podemos oficialmente, mucho más cercanas a las tesis terroristas de algunos grupos palestinos que la invocación a un diálogo al día de hoy casi imposible por muchos motivos que desbordarían el interés de esta nota.


RICARDO ANGOSO GARCÍA
Coordinador del Foro Ideas para la Democracia:

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Articulos Destacados

El otro “holocausto” desconocido en los campos de concentración Nazis

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EP EE.UU./ opinión

EL HOLOCAUSTO DESCONOCIDO: GAYS EN LOS CAMPOS DE CONCENTRACIÓN NAZIS

El 27 de enero es el día internacional en recuerdo a las víctimas del Holocausto, entre las que se encontraban, aparte de los judíos, miles de gitanos, prisioneros de guerra, opositores al nazismo y los siempre olvidados de esta historia: los gays.

por RICARDO ANGOSO

El 30 de enero de 1933, Adolfo Hitler fue nombrado canciller de Alemania tras haber ganado unas elecciones democráticas y habiéndose rendido el país a sus pies. En apenas unos meses, la maquinaría nazi creada por Hitler y sus acólitos cerraría el

parlamento, ilegalizaría los partidos políticos y los sindicatos e iniciaría la persecución de judíos, homosexuales, disidentes políticos, gitanos y “elementos antisociales”. La policía política del nuevo régimen, la Gestapo, crearía todo un tejido de informadores, colaboradores y simples acusadores voluntarios que convertirían a toda Alemania y los territorios que más tarde ocuparía en una gran cárcel. Nada ni nadie debía escapar a su absoluto control sobre la vida y la muerte. Había comenzado una de las mayores pesadillas de la historia de la humanidad: el régimen nazi.

Como era de prever, la homosexualidad, que antes de la llegada de Hitler al poder era tolerada por las autoridades, sería considerada por el nazismo como uno de los delitos más graves que un hombre podía cometer. Miles de alemanes y austriacos pasarían por los campos de concentración nazis por el simple hecho de ser homosexuales; tras la guerra, al ser criminalizados por la misma sociedad que un día les encerró, ni siquiera pedirían reclamaciones y el reconocimiento de la persecución que sufrieron. Aparte de ser recluidos por su condición y orientación sexual, fueron doblemente condenados al sufrir el olvido para siempre.

La doctrina oficial del nazismo sobre este asunto la dejó bien sintetizada y explicitada el propio Adolfo Hitler en uno de sus discursos: “La homosexualidad hace encallar todo rendimiento, destruye todo sistema basado en el rendimiento. Y a esto se añade el hecho de que un homosexual es un hombre radicalmente enfermo en el plano psíquico. Es débil y se muestra flojo en todos los casos decisivos… Nosotros debemos comprender que si este vicio continua expandiéndose en Alemania sin que lo combatamos, será el final de Alemania, el fin del mundo germánico.Hay que abatir esta peste mediante la muerte”.

Las primeras medidas contra los homosexuales

Muy pronto comenzó en la Alemania la represión de la vida homosexual. Un mes después de la llegada de Hitler al poder, en febrero de 1933, todos los bares gays de Berlín son cerrados por órdenes de las nuevas autoridades nazis. Lo mismo ocurriría con los bares gays de otras ciudades alemanas, que como Bremen, Hamburgo y Munich también poseían una rica vida nocturna.

Un año más tarde de la llegada de Hitler al poder, en 1934, la Gestapo crea una división especializada en la persecución a los homosexuales. La primera medida impulsada por esta nueva sección policial fue elaboración de las denominadas “listas rosas” con la ayuda de los servicios secretos y la policía. Miles de gays serían fichados y los primeros detenidos por esta causa eran duramente torturados para que delataran a otros y así ir ampliando la lista de “degenerados” y “antialemanes”.

Dos años más tarde del año cero del régimen, en septiembre de 1935, y en plena campaña represiva de los nazis contra sus oponentes y los elementos “antisociales” y “degenerados”, se promulgan las primeras leyes antihomosexuales, que comprenden duras penas y cargas a los que sean detenidos por esta causa. A partir de este momento, pero sobre todo desde 1936, comienzan las primeras persecuciones sistemáticas y organizadas contra los homosexuales.

Sin embargo, las mayores persecuciones y detenciones arbitrarias se producirían entre 1937 y 1939, donde miles de hombres serían detenidos, encarcelados, torturados, vejados e internados en prisiones o campos de concentración. El nazismo se ensañó especialmente con los homosexuales, que eran señalados con un triángulo rosa en los lugares donde cumplían sus condenas para que así fueran reconocidos por los otros presos y sufrieran la ira y las continuas agresiones de los otros reclusos, tal como han relatado muchos de los supervivientes de esta tragedia. Para el nazismo, los gays eran junto los judíos la “escoria social” más baja.

Nazismo y homosexualidad

Pese a todo, y paradójicamente, en el Partido Nacional Socialista (NSDAP) había numerosos homosexuales y algunos muy notorios, como el jefe de las Secciones de Asalto (SA) del movimiento nazi, Ernst Röhm. Amigo íntimo de Hitler y buen conocedor de todas las intrigas y miserias del régimen, Röhm se convirtió en un elemento molesto para el nazismo y en el depositario de demasiada información y, quizá, de algún secreto que el líder máximo de la causa no quería que nadie conociese.

Pero las cosas cambiaron súbitamente para las Secciones de Asalto y su máximo jefe. Hilter inicialmente protegió a Röhm de otros elementos del régimen que consideraban su homosexualidad como una violación de la estricta política del partido contra los homosexuales. Sin embargo, un tiempo después Hitler creyó ver en Röhm una amenaza a su poder o, quizá, un hombre molesto porque conocía un pasado que pretendía ocultar a toda costa. Y así, de la noche a la mañana, la suerte de Röhm estaría echada.

El 28 de junio de 1934, en un episodio que es conocido como la  Noche de los Cuchillos Largos, Hitler ordena el asesinato de Röhm y de todos sus partidarios. A una semana del hecho, Hitler invoca la homosexualidad de hasta entonces amigo para justificar su asesinato y el de todos sus seguidores. También anuncia que el partido nazi será “limpiado” para siempre de homosexuales, a los que acusa de antialemanes, y disuelve las Secciones de Asalto.

Los campos de  la muerte

Se calcula que entre 10.000 y 15.000 homosexuales serían enviados a los campos de la muerte, donde los hombres que eran obligados a llevar el triángulo rosa eran especialmente maltratados por los guardias. También fueron objeto de crueles experimentos médicos. Estos experimentos eran tolerados y ordenados por el mismo jefe de las SS, Himmler, y su estado mayor, quienes consideraban una cuestión de honor convertir a estos “elementos antisociales” en alemanes de primera.

Esta difícil situación para los miles de gays de Alemania y los territorios ocupados llevaría a miles de dramas humanos. Aparte de la cárcel y los campos, miles de personas huirían de su país para siempre, muchos se suicidaron y otros miles fueron obligados a llevar una doble vida, incluso casándose, en el “paraíso” nazi. La sociedad alemana de entonces, cargada de complacencia, prefería mirar para otro lado antes de condenar la barbarie de un sistema brutal y terrible. Resulta increíble que hasta una fecha tan tardía como 1944 los militares alemanes no preparasen una conjura para eliminar de la escena a Hilter. Justo un año antes de la miserable y nada heroica caída del régimen nazi.

En 1945 cae el régimen nazi a merced de la derrota alemana en la guerra y el mundo descubre la gran vergüenza de los campos de concentración, pero para los gays no cambian mucho las cosas. Tras la guerra, los presos gays  que habían estado en los campos fueron considerados por las nuevas autoridades alemanas como “criminales”, pues la homosexualidad seguía prohibida en las dos Alemanias, y, por tanto, quedaban exentos de recibir ninguna indemnización por los años pasados en el infierno nazi. Tampoco sus familias pudieron reclamar ninguna pensión, pues eran un grupo considerado al margen de los demás. Tan sólo en la década de los sesenta y los sesenta algunos hombres del triángulo rosa se atrevieron a contar sus padecimientos y dar testimonio de su silencio sufrimiento durante décadas.

Incluso se da el vergonzoso hecho que después de que los campos fueron liberados al final de la Segunda Guerra Mundial, muchos de los prisioneros encarcelados por homosexualidad fueron reencarcelados por la República Federal Alemana (RFA) establecida por los aliados. Las enmiendas nazis al artículo 175, que convirtieron la homosexualidad de un delito menor en un delito grave, permanecieron intactas en la Alemania comunista hasta 1968 y en la democrática hasta 1969.

Aunque hay datos contradictorios entre las distintas fuentes históricas, una estimación objetiva y más o menos realista cifraría en unos 100.000 los homosexuales alemanes que fueron detenidos entre 1933 y 1945, año en que los aliados liberan los campos y ponen fin a la pesadilla nazi. Unos 50.000 de estos detenidos serían enviados por los nazis a centros de reeducación, cárceles comunes y un pequeño grupo que oscilaría entre los 10.000 y los 15.000 pasaría por los campos de la muerte. Algo más de 10.000 morirían en estos recintos del horror y la muerte.

Sesenta años después de que las tropas soviéticas y aliadas liberaran los campos de concentración y descubrieran, tras aquellas rejas, el horror y la maquinaría del crimen creada por los nazis, los homosexuales, los grandes olvidados de toda esta historia, eran relativamente reconocidos por poderes públicos y las instituciones europeas. Desgraciadamente, la mayor parte de ellos nunca tuvo conocimiento de este tardío homenaje a sus sufrimientos, pues bien o pereció en los campos de la muerte o murió antes de estos ejercicios de reconocimiento a las víctimas. Tan sólo unas decenas de estos homosexuales que sufrieron tantas penalidades y torturas han podido ver como llegaba el día en que eran públicamente reconocidos por la sociedad alemana y otras instituciones.


RICARDO ANGOSO GARCÍA
Coordinador del Foro Ideas para la Democracia:

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Ciencia y Tecnología

Bienvenido siglo XXI , el siglo de la aparente normalidad

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EP New York/ opinión

EL SIGLO XX HA MUERTO, ¡BIENVENIDOS AL SIGLO XXI!

El covid-19 nos ha revelado, de una forma brutal y trágica, que nuestra aparente normalidad era una sensación artificial y también ha puesto sobre la mesa la vulnerabilidad de la especie humana. ¡Bienvenidos al siglo XXI!

EL SIGLO XX HA MUERTO, ¡BIENVENIDOS AL SIGLO XXI!

Por : Ricardo Angoso

El covid-19 nos ha revelado, de una forma brutal y trágica, que nuestra aparente normalidad era una sensación artificial y también ha puesto sobre la mesa la vulnerabilidad de la especie humana. ¡Bienvenidos al siglo XXI!

El mundo daba vueltas sobre su eje plácidamente y ajeno a los nuevos retos y desafíos que estaban por venir, mientras sus habitantes disfrutaban, sin apenas saberlo, de la monótona tranquilidad que consiste en vivir ajeno a la gran tormenta que se está largando en las alturas. Así se sucedía la vida, como si fuera un río que se conduce a través de las fértiles tierras sin mirar hacia atrás, hasta la aparición de un hecho inesperado, de un silencioso trueno que vino a turbar nuestra frágil paz y anodina existencia.

En apenas unas semanas, las que van desde los primeros días de enero hasta mediados de marzo, en que ya medio planeta estaba confinado, el mundo cambió para siempre sin que sus aterrorizados moradores apenas lo intuyeran en esos momentos. El planeta cesó su actividad, los hombres invernaron en sus casas, esperando mejores días, y el virus, acechante con su hacha de muerte, se propagaba con una velocidad “exponencial”, al menos eso decían los expertos, y dejaba un reguero interminable de fallecidos, afectados y enfermos.

Pero, incluso, los que no enfermaban también estaban enfermos pero de otra forma, alimentando su paranoia con el miedo, la angustia, el insomnio y una larga espera que nunca tenía fin, pues, en definitiva, nadie sabía lo que estaba esperando.Eramos, quizá como en ese poema de Pessoa, aquellos que siempre  aguardaron que les abrieran la puerta frente a un muro que no tenía puerta. No había otra salida que esa salida, es decir, era un juego de suma cero de imposible resolución o un viaje hacia ninguna parte porque no había un destino donde llegar. Qué locura tan irracional.

PUNTO Y FINAL AL SIGLO XX

Este manotazo homicida, este rayo asesino y desolador, nos despertó de nuestro letargo, de nuestra falsa tranquilidad, y puso el punto y final a un siglo XX sosegado y convencional que se alargó durante veinte anodinos años. Quizá esta pandemia es nuestra definitiva entrada en la modernidad, descubriendo,  de la forma más brutal y demoledora, cuán frágil era nuestra aparente normalidad, pero también para revelarnos, de una manera vertiginosa y con la velocidad de un rayo supersónico, qué vulnerables éramos. Qué frágiles, en definitiva, éramos, como leños perdidos que el mar anega o levanta caprichosamente, tal como habría dicho el genial Luis Cernuda.

Lo que nos ha pasado en los últimos meses, cuarentenas, confinamientos, estado de alarma y millones de fallecidos en el camino, nos ha revelado la verdadera dimensión del ser humano, su debilidad ante las nuevos amenazas no computadas con anterioridad y ante hechos que se le escapan  a su comprensión, como ha ocurrido ahora con la pandemia del covid-19. Esta crisis nos turba, nos ha cambiado para siempre sin saberlo, y ha puesto una nota de color, aunque sea de negro luto, a este siglo que ahora sí comienza verdaderamente.

Son ya muchos los que han dicho que siempre habrá un antes y después de esta crisis, que el mundo no volverá a ser el mismo y que nuestros destinos, para siempre, estarán marcados con la señal casi diabólica del 2020, un año para el desván del olvido y que deberíamos resetear de nuestra memoria colectiva. El siglo XXI ha irrumpido en la cacharrería de la historia con estruendo y causando estupor entre todos nosotros, que no alcanzamos a explicarnos qué está pasando y sustrayéndonos del mundo lógico y normal que conocíamos hasta hace apenas unos meses, en que no sabíamos que el mundo iba a cambiar para siempre en unas cortas semanas. Continuará en el 2021.

RICARDO ANGOSO GARCÍA
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Articulos Destacados

EE.UU. , entre el azote de la pandemia y una cita electoral casi histórica

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EP New York/ Elecciones USA 2020

por Ricardo Angoso

La campaña electoral norteamericana se celebra bajo el telón de fondo de la pandemia del covid-19, con más de ocho millones de afectados, y el dominio del candidato demócrata, Joe Biden, en casi todas las encuestas

De no haber sorpresas o sacarse algún conejo de su chistera, el candidato de los republicanos y presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, parece que perderá las próximas elecciones presidenciales a celebrar el 3 de noviembre de este año. Pese a todo, hay que tener en cuenta que el sistema electoral norteamericano es muy complejo, ya que los votos finales los otorgan los Estados a un colegio electoral conformado por todo el país, y que en las últimas elecciones presidenciales la candidata de los demócratas, Hillary Clinton, le sacó  tres millones de votos a Trump pero perdió frente al candidato republicano porque obtuvo menos delegados de los asignados por los Estados.

Clinton superó los 65 millones de votos frente a los 62 de Trump, pero solamente consiguió 227 delegados del colegio electoral frente a los 334 del actual presidente. Paradojas del sistema norteamericano, pero que ninguno de los dos grandes partidos ha querido reformar nunca y que acepta como legítimo pese a ser claramente injusto.

¿Podría repetirse un escenario parecido en estas elecciones? Cuando apenas queda ya tiempo de campaña electoral, las últimas encuestas señalan que la diferencia entre el candidato demócrata y el republicano son cada vez mayores, liderando Biden las mismas con una diferencia que ronda entre los ocho y los diez puntos a su favor frente a Trump.

Por ejemplo, dos recientes encuestas señalan esa tendencia favorable hacia Biden: la de cadena de noticias ABC y The Washington Post le otorga un 54% frente al 42% del presidente Trump; y otra  realizada por la cadena CBS y YouGov muestra que en dos estados claves, como son Michigan y Nevada, Biden lidera con 52% frente al 46% del mandatario estadounidense.

LA INFLUENCIA DEL COVID-19 EN LAS ELECCIONES

También está por ver la influencia que va a tener la pésima gestión de la pandemia por parte de la administración  Trump, que no midió su verdadero alcance e incluso se negó a tomar medidas sanitarias urgentes, y el contagio del mismísimo presidente y su esposa, cuya actitud negligente e irresponsable no ha estado a la altura de la gravedad de las circunstancias. Negarse a usar la mascarilla protectora frente al virus era un gesto pueril, absolutamente innecesario y no muy propio de un estadista que debe mostrar a su pueblo un verdadero sentido de la responsabilidad frente a un amenaza, como la que estamos padeciendo todos en estos momentos en todo el planeta, que requería respuestas eficaces y didácticas.

Fruto de no haber tomado las medidas oportunas a tiempo y no haber definido una estrategia de contención de la pandemia, tal como le demandaban numerosos expertos e incluso asesores, el covid-19 se propagó masivamente por los Estados Unidos y más de ocho millones de personas se contagiaron. Además, como guinda de la tarta, la cifra de fallecidos es la más alta del planeta y ya supera los 220.000, en una tendencia que sigue al alza e imparable a merced de una errática gestión de la crisis sanitaria más grave en el último siglo. ¿Se podía haber gestionado peor la pandemia?  Seguramente, no.

¿Cómo pueden influir estos trágicos datos en las elecciones presidenciales?

Es un asunto central en la campaña y, evidentemente, tendrá su influencia en el voto de millones de norteamericanos, preocupados por la evolución de la pandemia y también por la crítica situación económica. El desempleo ya está rozando el 8% -datos de septiembre-, la caída del Producto Interior Bruto se prevé supere el 5% y miles de empresas, sobre todo las vinculadas al turismo, el transporte y el ocio, como ha ocurrido en otras partes del mundo, han cerrado sus puertas quizá para siempre.

Los norteamericanos siempre han prestado una especial atención a sus cuentas y al estado de sus bolsillos, una preocupación muy bien resumida en aquella famosa frase de “es la economía, estúpido”, que llevaría al candidato Bill Clinton a ganar las elecciones de 1992 frente a George Bush (padre), por cierto, uno de los pocos presidentes que no fue reelegido en el siglo pasado, en un escenario político que recuerda mucho al actual.

En estas circunstancias, y a tenor de los sondeos e indicios, revertir la tendencia favorable del candidato Biden no parece nada fácil para Trump, aunque algo parecido pasaba en las elecciones presidenciales del año 2016 y finalmente se impuso el republicano contra todo pronóstico, derrotando a las encuestas que le daban la victoria a Clinton y a unos medios de comunicación que  le eran muy poco favorables. Trump, que rehuye los debates, se niega a ponerse la mascarilla protectora para evitar contagiarse y exhibe su supuesta inmunidad en actos públicos absolutamente contrarios a las más mínimas normas sanitarias recomendadas por todos los expertos, tiene poco tiempo para cambiar esta  inclinación desfavorable que ya hemos reseñado anteriormente.

Las encuestas no son las elecciones ni son resultados electorales, pero nos muestran una tendencia del electorado y por donde pueden ir los resultados el próximo 3 de noviembre.

En cualquier caso, estas elecciones están muy condicionadas por la evolución de la pandemia y por la gravedad con que la misma ha golpeado a la sociedad norteamericana, todavía padeciendola con intensidad y sin que aminore el ritmo exponencial en su crecimiento. Además, de producirse la anunciada derrota de Trump, sería un hecho histórico de una gran trascendencia, ya que el actual inquilino de la Casa Blanca sería uno de los cuatro presidentes desde el año 1900 en no ser reelegido y porque podría suponer, de ganar Biden, el regreso de los Estados Unidos a la escena internacional tras haber abandonado en estos años numerosos escenarios estratégicos para Occidente, tales como Oriente Medio, el Mediterráneo oriental, la OTAN e incluso Europa. ¿Será así? La respuesta la tendremos el próximo 3 de noviembre en las urnas.

RICARDO ANGOSO GARCÍA

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