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Blog de Sucesos y Noticias

Independentismo Catalán: Una “cruzada” nacionalista sin objetivos políticos

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POR QUÉ SE PERDIÓ LA “BATALLA” DE CATALUÑA

Definitivamente, y dejando atrás la pasión política vivida en estos días, se puede decir que el nacionalismo catalán sale seriamente derrotado después de haber librado la batalla política más intensa y virulenta en los cuarenta años de historia democrática española. La apuesta por el independentismo debería haber concitado un mayor consenso en la sociedad catalana y puestos a embarcarse en una “cruzada” de estas características, tal como tenían previamente planeado, deberían haber llamado a una suerte de pacto nacional de mínimos para lograr sus objetivos políticos. 

por Ricardo Angoso

ricky.angoso@gmail.com

No deberían haber perdido de vista que en las últimas elecciones autonómicas en Cataluña el independentismo obtuvo el 47% de votos y que fue en función de una distorsión electoral manifiesta por la que obtuvieron mayoría en el parlamento catalán. Confundir el deseo con la realidad es una pulsión muy loable en poesía, pero resulta realmente patética y grotesca en política. Decía un presidente de Cataluña, Josep Taradellas, que “en política puedes hacer de todo menos el ridículo”. Eso es, precisamente, lo que han hecho aquellos que se embarcaron en una “cruzada” destinada a ser un manifiesto naufragio sin remisión, por mucha ilusión que hubieran puesto en la misma.

 Los nacionalistas catalanes se miraron siempre en el espejo de los procesos independentistas acontecidos en los países bálticos -Estonia, Letonia y Lituania- y en la antigua Yugoslavia para fijar su hoja de ruta, pero no deberían haber perdido de vista que en todos estos casos los porcentajes de apoyo a la independencia -si exceptúamos el caso montenegrino- superó el 90% de los sufragios y concitó un consenso casi unánime en casi todas estas sociedades. La guerra de Bosnia, precisamente, reveló dramáticamente cómo la falta de un consenso entre todas las comunidades convivientes en ese país llevó a una guerra interétnica entre serbios, croatas y bosnios que duró tres años, causó 200.000 muertes, dos millones de refugiados y cuantiosos daños materiales, aparte de un odio que al día de hoy no se ha apagado.

 

A la torpeza política manifiesta de los elementos más radicales que defendían la causa independentista, hay que añadir la titubeante acción de su máximo líder, el presidente Carlos Puigdemont, la  escasa capacidad para atraer fuerzas de los sectores indecisos por su propuesta extremista y marginal y su ceguera por seguir adelante con un proceso que tenía todos los visos desde sus inicios de acabar como, previsiblemente, terminó concluyendo. Actuar sin tener en cuenta el abanico de escenarios en que puede acabar una crisis es una imprudencia política que se paga con el fracaso absoluto, tal como les ha ocurrido a los líderes nacionalistas catalanes.

 Luego la consulta electoral convocadada para el uno de octubre fue una auténtica chapuza, un despropósito manifiesto nunca visto en un país europeo y desarrollado. El referéndum, si es que se le puede llamar así a ese sainete impresentable, adolecía de un censo legal y aceptado por todos, las papeletas no se atenían a la norma legal, algunos electores llegaron a votar varias veces, no hubo una campaña electoral sobre el asunto que se sometía  a la votación y nadie sabía a ciencia cierta donde estaban las mesas electorales para depositar las papeletas. Hubo centenares de irregularidades en todos el proceso, como por ejemplo en el nombramiento absolutamente irregular de los funcionarios elegidos para recibir los votos y controlar las secciones electorales, y también a la hora de ofrecer los resultados, previamente cocinados por quien estaba al frente del proceso y sin las mínimas garantías de ofrecer una mínima legitimidad democrática a la susodicha consulta. Tampoco hubo observadores electorales ni misiones exteriores o nacionales de observación electoral. La credibilidad de la consulta fue nula y nadie en la escena nacional o internacional le dio algún viso de legalidad a la misma. 

 

En esa consulta no se expresó la voluntad de los catalanes, sino más bien lo contrario: fue la expresión de una andanada irreflexiva y burda contra el Estado Español sin pararse a pensar en las secuelas que iban a dejar las torpes acciones llevadas a cabo por los líderes nacionalistas catalanes. Incluso el diario La Vanguardia, cercano al universo separatista, lo señalaba muy adecuadamente en uno de sus editoriales:” La voluntad real de los catalanes sólo se podrá verificar en unas nuevas elecciones –que posiblemente tengan lugar antes de que llegue el próximo verano– o en una consulta acordada con el Estado español de acuerdo con los márgenes que ofrece la Constitución, por ejemplo, su artículo 92. El asalto a la Constitución no es el camino, aunque centenares de miles de personas simpaticen con esa idea. No será fácil salir del actual laberinto. Reiteramos nuestras propuestas: reconocimiento del problema, respeto a la ley, espíritu democrático, serenidad, ánimo constructivo, diálogo y defensa de la convivencia”. Y, desde luego, ese editorial ha sido premonitorio: el presidente de Gobierno español, Mariano Rajoy, que hasta ahora había actuado con tibieza, lentitud y pusilanimindad manifesta, ya ha convocado elecciones autonómicas para Cataluña el próximo 21 de diciembre.

 DURO VARAPALO EN EL EXTERIOR A LA CAUSA CATALANA

Todo el proceso estaba desautorizado internamente, era absolutamente ilegal y no se atenía al ordenamiento constitucional español ni a las Leyes en vigor que también rigen en Cataluña. Si lo que se pretendía era cambiar la Constitución española, nuestra Carta Magna tiene varios procedimientos para hacerlo por vías legales y no provocando una ruptura constitucional ilegal y unilateral. Como señalaba un atinado editorial del diario El País, “violar las leyes, forzar las normas democráticas, romper la convivencia y, sobre todo, pretender privar ilegalmente de su ciudadanía y derechos a millones de catalanes y a sus representantes políticos legítimos dista mucho de constituir un comportamiento cívico y ejemplar”.

Ese comportamiento ha tenido mucho que ver con el nulo reconocimiento internacional que ha tenido la declaración de independencia aprobada en los últimos días en el parlamento catalán con el apoyo de 70 diputados sobre 135 que componen la cámara. La Unión Europea, los Estados Unidos, las Naciones Unidas e incluso Rusia han apoyado sin fisuras al gobierno español. A esos apoyos hay que sumar los de todos los países latinoamericanos a excepción de Venezuela.  

 El autoproclamado “ministro de exteriores” de Cataluña, Raúl Romeva, ha cosechado un notable y rotundo fracaso en la escena internacional, pese a haber gastado millones de euros en viajes, “embajadas”, reuniones, presentaciones y actos protocolarios para tratar de vender la causa separatista en el exterior. Ni un solo reconocimiento internacional han logrado los nacionalistas catalanes. Su soledad en la escena internacional es total y tendrían que haber entendido el mensaje: sin atenerse a la legalidad constitucional española nunca habrá diálogo ni reconocimiento alguno. Ahora habrá que esperar a ver qué ocurre en las próximas elecciones. Una victoria de los indepedentistas sería letal para Madrid, pero pase lo que pase las dos partes deberían haber entendido y sacado a alguna lección de la presente crisis en el sentido de que sin negociaciones no puede haber una salida al actual punto muerto. Las espadas siguen en alto, pero la crisis puede ser reconducida si algunos abandonan las precondiciones previas -no renunciar a la independencia- y otros tienden la mano a aquellos que han salido claramente derrotados.

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Agencias

Biden renuncia a candidatura presidencial y respalda a Kamala Harris

Francisco

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EP NEW YORK. | ELECCIONES EE.UU. 2024

Joe Biden se retira de la contienda presidencial

El presidente de EE. UU. anunció que no buscaría la reelección. Indicó por escrito que retirarse era “por el bien de mi partido y del país”.

El presidente Joe Biden, de 81 años, abandonó su candidatura a la reelección y sumió en el caos la contienda presidencial de 2024 el domingo, cediendo a la implacable presión de sus aliados más cercanos para que abandonara la carrera en medio de profundas preocupaciones de que es demasiado mayor y frágil para derrotar al expresidente Donald Trump.

Después de tres semanas de negativas, a menudo airadas, a dar un paso al lado, Biden finalmente cedió ante un torrente de encuestas devastadoras, llamados urgentes de legisladores demócratas y señales claras de que los donantes ya no estaban dispuestos a pagar para que continuara.

La decisión de Biden pone un abrupto fin a una crisis política que comenzó cuando el presidente protagonizó un calamitoso debate contra Trump el 27 de junio. Pero para el Partido Demócrata, la retirada de Biden desencadena una segunda crisis: con quién reemplazarlo y, específicamente, si organizarse en torno a la vicepresidenta Kamala Harris o iniciar un rápido esfuerzo para encontrar a alguien más para ser el candidato del partido.

El anuncio de Biden, que se encuentra aislado con covid, se produjo apenas tres días después de que Trump pronunciara un discurso incendiario y cargado de insultos para aceptar la nominación de su partido y tener la oportunidad de volver a la Casa Blanca para un segundo mandato. Trump, que lleva años preparándose para la revancha con Biden, se enfrentará ahora a un contrincante demócrata diferente —y hasta ahora desconocido—, cuando solo quedan 110 días para el día de las elecciones.

Esto es lo que hay que saber:

• Permanencia en el cargo:

Biden ha dicho que no renunciará a la presidencia y que tiene intención de terminar su mandato aunque deje en manos de otros el intento de derrotar a Trump. En los próximos meses, se enfrenta a la guerra en curso en Ucrania y a los esfuerzos cada vez más desesperados por alcanzar un acuerdo para poner fin a los combates entre Israel y Hamás en Gaza.

• Una primicia política:

Ningún presidente estadounidense en ejercicio había abandonado una carrera tan tarde en el ciclo electoral. La Convención Nacional Demócrata, en la que Biden iba a ser nominado formalmente por 3939 delegados, comenzará el 19 de agosto en Chicago. Eso deja menos de un mes para que los demócratas decidan quién debe reemplazar a Biden en la candidatura y poco menos de cuatro meses para que esa persona monte una campaña contra Trump.

• Kamala Harris bajo los reflectores.

La decisión del presidente pone a la vicepresidenta bajo un renovado escrutinio; algunos demócratas argumentan que ella es la única persona que puede desafiar eficazmente a Trump a estas alturas de las elecciones. Y dicen que el partido se fracturará si se considera que los líderes demócratas han pasado por alto a la primera vicepresidenta negra. Pero otros argumentan que el Partido Demócrata debería evitar una coronación, especialmente dadas las debilidades políticas de Harris en los últimos tres años y medio.

• La edad es una de las principales preocupaciones:

El intento de reelección de Biden se vio frenado por la preocupación que suscitaba su edad y su capacidad física y mental para desempeñar el cargo. Incluso antes del debate, las encuestas mostraban constantemente que la gente pensaba que era demasiado viejo, y la mayoría —también de los demócratas— querían que alguien más joven fuera presidente. Biden nació durante la Segunda Guerra Mundial y fue elegido senador por primera vez en 1972, antes de que nacieran dos tercios de los estadounidenses de hoy. Biden tendría 86 años al final de su segundo mandato.

• El momento del debate:

La Casa Blanca y los asesores más cercanos a Biden negaron durante años que su edad tuviera algún impacto en su capacidad para hacer su trabajo. Pero el debate con Trump a finales de junio, que vieron más de 50 millones de personas, puso claramente de manifiesto sus limitaciones. Se mostró frágil, vacilante, confuso y disminuido, y fue incapaz de presentar argumentos contra Trump, un delincuente convicto que intentó anular las últimas elecciones presidenciales.

Agencias / NYT

 

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Articulos Destacados

Trump , convención republicana y deportación masiva

Francisco

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EP NEW YORK  | Convención republicana

¿Trump podría cumplir su promesa de deportar a millones de migrantes?

Donald Trump promete el mayor programa de deportaciones de la historia de Estados Unidos. Los costos y los obstáculos serían enormes, según los expertos.

Cuando Donald Trump se postuló a las elecciones presidenciales de 2016, prometió construir un muro para cerrar la frontera y evitar que los delincuentes entraran en el país. Esta vez su campaña tiene un objetivo nuevo: un programa de deportación masiva sin precedentes en el país.

La plataforma de su partido, ratificada en la convención republicana de Milwaukee, promete el “mayor esfuerzo de deportación de la historia de Estados Unidos”, y la inmigración fue el tema de la reunión del martes.

¿Qué se necesitaría para deportar a millones de personas? ¿Es posible?

¿Cuántos inmigrantes están en el país de manera ilegal?

Había 11 millones de inmigrantes viviendo en Estados Unidos sin permiso legal en 2022, según los últimos cálculos del gobierno, y más de 8 de cada 10 llevan más de una década en el país. Trump dijo durante el debate del mes pasado que había 18 millones, lo que carece de fundamento.

Con el fin de huir de la agitación política y económica, los migrantes de países como Venezuela han cruzado la frontera en cifras récord durante el gobierno de Biden.

¿Quiénes serían los deportados y qué tan fácil sería expulsarlos?

Trump y la plataforma republicana han hecho declaraciones muy generales, pero hasta ahora han ofrecido muy pocos detalles sobre la operación que pretenden realizar.

El expresidente ha sugerido que cualquier inmigrante que carezca de estatus legal podrá ser expulsado.

La plataforma del partido afirma que se daría prioridad a “los criminales más peligrosos”.

También dice: “El Partido Republicano se compromete a enviar a los extranjeros ilegales de vuelta a su casa y a expulsar a quienes hayan violado nuestras leyes”.

El consenso entre los expertos en inmigración y exfuncionarios de seguridad nacional es que los obstáculos logísticos, legales, burocráticos y de costos harían prácticamente imposible realizar las deportaciones masivas que pretende Trump en el lapso de un mandato presidencial de cuatro años.

“Incluso si contara con un Congreso dispuesto a promulgar reformas legislativas drásticas y a asignar las decenas de miles de millones necesarios, no hay forma de que un sistema de este tipo pueda estar plenamente operativo en un plazo de cuatro años”, afirmó John Sandweg, funcionario de seguridad nacional en el gobierno de Barack Obama.

¿Qué otros obstáculos habría?

Los inmigrantes que han vivido durante años en el país tienen protección legal y derecho a un proceso jurídico justo.

En los últimos años, quienes han entrado de manera ilegal en el país han sido procesados en la frontera y luego puestos en libertad con órdenes de comparecer ante la corte para las audiencias de deportación. Mientras sus casos se tramitan en la corte de inmigración, lo que suele tardarse varios años más, tienen derecho a permanecer en Estados Unidos.

“Trump tendría que triplicar el tamaño de las cortes de inmigración para lograr algo que se acerque a los números de los que está hablando”, dijo Sandweg. “Incluso así, necesitaría financiación para construir nuevos juzgados, contratar personal de apoyo y formar a los jueces”.

Varias décadas de escasez de fondos y un gran número de solicitudes de asilo han agravado los retrasos.

“Un individuo debe recibir una orden de deportación; un presidente no podría simplemente ignorar eso”, afirmó Janet Napolitano, secretaria de Seguridad Nacional durante el gobierno de Obama. “Se necesitaría un cambio en la ley, y el Congreso tendría que ser un socio activo en esto”.

¿Hay suficiente personal, instalaciones, aviones y otros medios de transporte para una operación de deportación?

Durante el gobierno de Trump, hubo unas 936.000 deportaciones, según datos oficiales. Hasta febrero, el gobierno de Biden había expulsado a unas 340.000 personas.

Para identificar y detener a millones de personas en el interior del país se necesitarían decenas de miles de agentes de inmigración más, aseguró Napolitano.

Trump ha dicho que recurriría a la Guardia Nacional y a otros recursos del ejército para ejecutar su plan.

Las fuerzas del orden locales podrían ser delegadas para identificar a las personas sin estatus legal y entregarlas al Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE, por su sigla en inglés), lo que ya ha ocurrido en el pasado en algunas localidades.

Pero Chicago, Denver, Los Ángeles y Filadelfia son solo algunas de las ciudades que se niegan a colaborar con el ICE, por temor a que esa cooperación promueva la elaboración de perfiles raciales y lleve a los inmigrantes que han cometido delitos menores, como infracciones de tráfico, a procedimientos de deportación.

“Habrá zonas que no quieran tener nada que ver con esto”, señaló Michael Neifach, experto en seguridad fronteriza que fue asesor jurídico principal del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas durante el gobierno de George W. Bush.

Toda persona que pudiera ser deportada potencialmente es retenida en un centro de detención, y en el actual ejercicio fiscal, el Congreso financió la detención de 41.500 inmigrantes diarios con un costo de 3400 millones de dólares, una cifra que tendría que aumentar exponencialmente.

¿Dónde hay margen para que Trump acelere el ritmo de las expulsiones?

Un nuevo gobierno de Trump podría acelerar las deportaciones poniendo fin a programas que el gobierno de Biden introdujo.

Por ejemplo, desde 2022, a unas 500.000 personas de Cuba, Haití, Nicaragua y Venezuela se les ha permitido volar a Estados Unidos y vivir y trabajar durante dos años, siempre que tengan un patrocinador financiero. Biden también ha permitido que casi 700.000 migrantes que pidieron cita en una aplicación móvil puedan cruzar la frontera por un puerto de entrada oficial y recibir permisos de trabajo.

“Trump podría apretar el interruptor y revocarlo”, dijo Neifach. Pero, añadió, muchos de los migrantes podrían presentar solicitudes de asilo y pasar a engrosar las cortes saturadas.

¿Habría alguna excepción entre los deportados?

Trump no ha abordado si ejercería alguna discreción o haría alguna excepción.

Más de un millón de estadounidenses están casados con una persona sin estatus legal, y una gran parte de los inmigrantes tienen hijos que son ciudadanos estadounidenses.

“Cuando se habla de ese tipo de cifras y de presencia de las fuerzas del orden, a fin de cuentas hay que pensar: ¿qué le hace eso a la atmósfera del país?”, comentó Napolitano, exsecretaria de Seguridad Nacional.

Publicado en NYT

 

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New York y New Jersey celebran desfile de las flores

Francisco

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EP NEW YORK | FLORIDA NEWS |

Desfile de las flores | New York

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